PERASHA MIKEZ:

Agradecemos a Alberto Sueke por darnos autorización de publicar esta sección

"El significado de los sueños"

 

En esta Perasha la Torá relata los sueños del Faraón. En principio, sueña que siete vacas flacas y de mal aspecto se devoran a siete vacas gordas; el Faraón se despierta y al soñar por segunda vez lo hace con siete espigas delgadas y disecadas por el sol que se devoran a siete espigas sanas y llenas. Al despertarse al otro día, el Faraón se preocupa por el significado de esos sueños. Como no se conforma con todas las explicaciones que los brujos de Egipto le dan, decide por consejo del ministro de la bebida, que conocía los poderes que Iosef tenía para revelar los sueños, liberarlo de la cárcel para que intente descifrarle sus sueños. Iosef se los interpreta: "el sueño del Faraón es uno: lo que Hashem hará le anunció al Faraón. He aquí que vendrán siete años de un hartazgo grande en toda la tierra de Egipto (representados por las vacas y las espigas gordas) .... Y se levantarán tras ellos siete años de hambre que harán olvidar todo el hartazgo en la tierra de Egipto .... Y al repetirse el sueño del Faraón dos veces, es seguro el hecho de parte de Hashem y se apresura a realizarlo" (Bereshit 41).

 

Esta es la explicación que Iosef dio a los sueños y podríamos pensar que descifrar el sueño era todo lo que Iosef debía hacer. Sin embargo, nos sorprendemos cuando leemos que Iosef -a pesar de tratarse de un simple sirviente - aconsejó al Faraón sin que nadie se lo hubiese pedido: "Y ahora busque el Faraón un varón entendido y sabio y colóquelo sobre la tierra de Egipto .... y prepare la tierra de Egipto en los siete años de hartazgo .... y junten toda la provisión de estos buenos años que vienen y acumulen trigo bajo la mano del Faraón, alimentos en las ciudades y guárdenlo .... Y será el alimento para la tierra para los siete años de hambre que habrá en la tierra de Egipto y no será destruida la tierra por el hambre" (Bereshit 41).

 

Una de las explicaciones que nuestros Sabios nos dan, es que no se trataba de un mero consejo, sino de la propia interpretación del sueño en su totalidad sin detenerse en la mitad del mismo. ¿Para qué soñó el Faraón simultáneamente con las vacas flacas y las espigas delgadas? Si ellas sólo representaban a los años de hambre, ese sueño podría haberlo tenido aún después de los años de hartazgo. Iosef interpretó que si Hashem le había mostrado en el sueño desde ese instante al Faraón las vacas y espigas delgadas, era para señalarle que debía preocuparse desde ese preciso momento por formar un depósito de comida para los años de hambre. El Faraón -asombrado- aceptó y designó al propio Iosef: "si Hashem te hizo saber todo esto, no existe sabio e inteligente como tú ..... Tú estarás sobre mi casa y por tu boca se conducirá todo mi pueblo".

 

Encontramos en la Torá varios sueños que se cumplieron a la perfección: los sueños de Iosef y de los ministros de las bebidas y del pan respectivamente en la Perasha anterior y los sueños del Faraón en ésta. En el libro de Daniel también encontramos un sueño del rey persa Nabucodonosor que se concretó en la realidad. Pero evidentemente que no todos los sueños son reales. El profeta Zejaria 10 nos adelanta que "los sueños en vano hablan". Incluso sobre los sueños verdaderos, el Talmud en Berajot 55 comenta: "así como es imposible que el trigo no tenga paja, también es imposible que el sueño no tenga cosas sin sentido". En la jurisprudencia (Shulján Aruj Simán 220) está determinado que quien tuvo un mal sueño y está preocupado por su contenido, debe hacer "Hatabat Jalom", o sea leer un texto preestablecido por nuestros Sabios delante de tres personas que lo aprecien, y que confirmen que el sueño fue bueno y que sólo traerá alegría. Otra de las salidas posibles que la Halajá otorga al mal sueño es el ayuno: "es bueno el ayuno para anular un sueño, como el fuego consume al lino" (Shabat 11). Muchos Sabios dictaminaron leyes haciendo "Sheelat Jalom", o sea que luego de toda una preparación que realizaban, recibían la respuesta celestial que necesitaban por medio del sueño.

 

El libro Nishmat Jaim divide a los sueños en tres clases. La primera de ellas comprende al sueño natural, que proviene de las condiciones físicas en las que se encuentre el cuerpo de la persona. Por ejemplo, si el cuerpo por algún motivo está con una temperatura elevada, podrá soñar con que se está calentando al lado de un fuego. Si por el contrario está frío, podrá soñar con nieve, lluvia u otros fenómenos similares que coincidan con su estado. Estos sueños no tienen ningún tipo de valor y no son reales. Dentro de este grupo se incluyen también los sueños que se originan en los pensamientos que la persona tuvo durante el día. El Talmud en Berajot 56 comenta que el César le dijo a Ribi Iehoshua bar Janania: "¡ya que ustedes son tan Sabios, dime qué soñaré esta noche!". El Rab le respondió: "soñarás que los persas te llevan cautivo, que deberás servirlos y que pastorearás cerdos con un bastón de oro". El César durante todo el día se quedó pensando en ese sueño tan extraño que tendría y finalmente lo soñó. Todos estos sueños están originados en los pensamientos de la persona y no tienen valor alguno. Lo que sucede es que en el sueño los vapores del estómago suben al cerebro y se mezclan con los pensamientos que, a su vez, se reflejan en el sueño. De esta forma, la persona sueña con todo lo que pensó durante el día: visitar otros países, realizar un gran negocio. Más aún, es probable que sueñe con aquellas situaciones que se encuentran en su subconsciente sin que él siquiera lo sepa.

La segunda clase de sueños comprende a los que provienen de la Providencia Divina. Se trata de sueños verdaderos que sueñan los Sadikim o aquellos que, a pesar de no serlo, pueden beneficiar a otra persona. Podemos mencionar por ejemplo, el sueño de Abimelej, rey de Guerar. Había soñado que moriría por haber tomado a Sará creyendo que era la hermana de Abraham Abinu, mientras que en realidad era la esposa. De esta manera, Abimelej no se acercó a Sará (Bereshit 20). Otro ejemplo de este grupo son los sueños de los encargados de las bebidas y de los panes del Faraón, que fueron interpretados por Iosef en la cárcel y sirvieron como medio para engrandecer el nombre de Iosef. Luego fue llamado por el Faraón para que le interpretara sus propios sueños como mencionamos anteriormente. Estos sueños son verdaderos y Hashem los envía para prevenir algún suceso o para que la persona vuelva en Teshuba y que así no ocurra lo que el sueño había advertido. Los ejemplos de sueños de este tipo que ocurrieron en la realidad son numerosos y seguramente que muchos de nosotros conocemos casos particulares de personas que soñaron lo que finalmente se concretó.

 

El tercer tipo de sueños se refiere al sueño profético, o sea, de aquellos profetas verdaderos a los que Hashem les revela sus secretos por medio del sueño, como los de Iaacob Abinu, del Rey Shelomo y de Daniel. En ese instante, el profeta sabe que el sueño proviene de Hashem y que se trata de una profecía.

 

El Talmud en Berajot dedica varias hojas para dar explicaciones de los distintos sueños y menciona el motivo de cada interpretación. Soñar -por ejemplo- con un elefante, significa que le sucederá alguna maravilla ya que el término "Pil" (elefante) proviene de la raíz: "Pele" (maravilla). Así sucesivamente se dan las interpretaciones de soñar con un burro, gato, caballo blanco, camello, duelo, trigo, viñas, higos, aceitunas, aceite, dátiles, patos, gallos, huevos, etc. Más aún, se dan algunas reglas como por ejemplo: "el sueño que no se interpreta es como una carta que no se abre" y "todos los sueños dependen de la boca", o sea, de la interpretación que se le otorgue. El Talmud cuenta sobre un intérprete de sueños llamado Bar Hadia que daba buenas interpretaciones a quien le pagaba por descifrarlo y malas a quien no lo hacía. Sucedió que Rabá y Abaie tenían sueños similares, como Abaie le pagaba, Bar Hadia le interpretaba el sueño para bien; en cambio, a Rabá -a pesar de tratarse del mismo sueño- se lo interpretaba negativamente. Por ejemplo, cuando ambos soñaron con el versículo de Kohelet 9: "ve a comer con alegría tu pan", Bar Hadia le dijo a Abaie que sus negocios fructificarían y podría comer y beber con alegría y tranquilidad. En cambio, a Rabá le dijo que sus negocios fracasarían y que el versículo sólo intentaba alivianarle el sufrimiento. Todas las interpretaciones de Bar Hadia se cumplían a la perfección. Cuando Rabá soñó que la puerta de su casa se caía, Bar Hadia le dijo que significaba que su esposa -cuidadora del hogar- moriría. Al poco tiempo falleció la esposa de Rabá. Finalmente, Rabá comenzó a pagarle a Bar Hadia para que le interpretara los sueños y a partir de ese instante las interpretaciones fueron positivas y se cumplieron en la realidad. En una oportunidad en la que se le cayó un libro a Bar Hadia, Rabá observó que estaba escrito en él que los sueños dependen de la interpretación que se les dé. Rabá se dio cuenta de que todas las desgracias que le habían sucedido, habían sido provocadas por Bar Hadia y sus interpretaciones. Rabá le dijo que lo perdonaba por todo menos por la muerte de su esposa - la hija de Rab Jasdá- e hizo Tefilá para que Bar Hadia cayera en manos del rey sin que éste se apiadara de él. Bar Hadia optó por ir al destierro para recibir perdón por sus pecados. No le dio resultado, ya que el Talmud comenta cómo finalmente murió en manos del reinado con una muerte terrible, ya que su cuerpo fue cortado en dos partes.

Retomando -para finalizar- la interpretación de Iosef al Faraón, debemos recoger la siguiente enseñanza: Iosef sabía que "la mano" de Hashem se encuentra en todos los actos e incluso en los sueños. ¿Por qué a su hijo primogénito lo llamó Menashé? La Torá nos da el motivo: "Me hizo olvidar Hashem de toda mi penuria y de toda la casa de mi padre" (Bereshit 41). Es realmente sorprendente, ya que -por ejemplo- Lea Imenu cuando nació su hijo Reubén quiso significar con el nombre que le dio que "vio Hashem mi sufrimiento"; cuando nació su hijo Shimhon, "escuchó Hashem que soy odiada". ¿Acaso Iosef le agradeció a Hashem porque le hizo olvidar la casa de su padre y su penuria? De ninguna manera, lo que Iosef demostró al poner el nombre de su primer hijo era su fe íntegra en Hashem. En la primera oportunidad que se le presentó, quiso pregonar delante de todos que lo que le había sucedido provenía sólo de Hashem y que no habían sido sus hermanos los responsables. No hubo penuria, dolor ni queja hacia ellos o hacia su padre. Ésa era la fe que había adquirido con Iaacob Abinu en sus primeros diecisiete años y que lo acompañó por toda su vida. También nosotros debemos llenarnos de Torá y fe en nuestros Templos y casas de estudio, para salir fortalecidos y enfrentar todas las vicisitudes que la vida nos depara. Mientras más espiritualidad adquiramos, podremos enfrentar las pruebas que se presenten sabiendo -como Iosef- que todo proviene de Hashem.