PERASHA SHEMOT:
Agradecemos a Alberto Sueke por darnos autorización
de publicar esta sección
"La fórmula de la redención"
Después del clamor de los hijos de Israel al Todopoderoso por la
esclavitud a la que los egipcios los sometían, el Creador determinó que había
llegado el momento de la liberación. Ciertamente, no se habían completado los
cuatrocientos años que Hashem le había dicho a Abraham Abinu que su
descendencia estaría esclavizada en tierra extraña, pero el terrible trabajo
de esos doscientos diez años equivalían al tiempo verdadero que debían estar.
Por este motivo es que Hashem se le presentó por primera vez a Moshe en la
zarza ardiente para encomendarle su misión: sería el primer dirigente de esta
nueva nación, el intermediario de Hashem para poner en práctica los milagros
que sucederían y sería también quien dirigiría al pueblo en la salida a la
libertad y en el desierto. Tendría el mérito -por otra parte- de recibir la
Torá y entregársela al pueblo de Israel.
No fue en forma casual que Moshe fue elegido para esta función. Fue
probado en varias oportunidades demostrando su lealtad hacia sus hermanos y su
predisposición a sufrir por ellos, pese a pertenecer a la tribu de Levy que no
fue esclavizada. Más aún, Moshe creció en el palacio del Faraón con todos
los honores, pero al ver el sufrimiento de sus hermanos los ayudaba en el
trabajo quitándose su ropa esplendorosa con el argumento de que debía pagar al
Faraón todo lo que había hecho por él. Cuando Moshe vio que sus hermanos no
descansaban en toda la semana, le dijo al Faraón que tenía una idea espléndida
para mejorar el rendimiento de los esclavos y para que no murieran con ese
trabajo agotador: un día de descanso serviría para que pudieran recuperar las
fuerzas. El Faraón estuvo de acuerdo y Moshe eligió el día séptimo: el
Shabat. Por eso decimos en la Tefilá: "Que se alegre Moshe con el regalo
que eligió", ya que el Shabat fue el mismo día de descanso que
posteriormente Hashem determinaría para el pueblo de Israel.
Un día en el que Moshe salió del palacio a ver a sus hermanos, observó
cómo un egipcio castigaba a un Iehudi. Al ver con su profecía que ninguna
descendencia correcta saldría de ese egipcio a lo largo de todas las
generaciones, lo mató pronunciando uno de los nombres de Hashem compuesto por
setenta y dos letras. Instantáneamente, la tierra se abrió para que pudiera
ocultarlo sin que ningún egipcio se enterara. Cuando al otro día Moshe observó
a dos judíos que peleaban y uno de ellos levantaba su mano para golpear a su
compañero, le dijo: "¡perverso, por qué golpeas a tu compañero!" (Shemot
2). El perverso le respondió: "¿quién te ha nombrado como ministro y
juez sobre nosotros?, ¿acaso me matarás como al egipcio?". Esos propios
Iehudim -Datán y Abirám eran sus nombres- lo delataron ante el Faraón quien
decidió matar a Moshe con una espada filosa. En forma milagrosa el cuello de
Moshe se transformó en mármol y se partió la espada con la que quisieron
matarlo. Así es como Moshe debió escapar a la tierra de Midian, donde el Faraón
no podría encontrarlo.
En Midian, Moshe demostró que su piedad no era sólo por sus hermanos
sino incluso por el rebaño de ovejas que pastoreaba. Durante cuarenta años
cuidó las ovejas de su suegro Itró sin que a ninguna de ellas le sucediera daño
alguno. Cuando en una oportunidad una pequeña oveja se escapó del rebaño,
Moshe la persiguió -para que no se perdiera- hasta un pequeño arroyo de agua
donde se detuvo a beber. Moshe tuvo tanta piedad de ella que la alzó sobre sus
hombros y la devolvió al rebaño. En ese momento Hashem dijo: "quien tiene
tanta piedad incluso por una pequeña oveja es la persona adecuada para liberar
a mis hijos de la esclavitud de Egipto".
Las condiciones de Moshe para liberar al pueblo en la salida de la
esclavitud eran innegables. Sin embargo y en forma sorprendente, Moshe no aceptó
en principio la función para la que había sido designado por Hashem. Sólo
después de siete días fue convencido por el Todopoderoso. ¿Cómo es posible
que un ser humano no acepte la orden clara y directa de Hashem? Más aún, Moshe
sabía con claridad la terrible situación de sus hermanos y sufría por ellos.
El propio Creador le había hecho saber que estaba en sus manos poder
liberarlos. ¿Cómo se pudo negar a hacerlo? La respuesta la dio Moshe cuando le
dijo a Hashem: "ruego mi Señor, envía por favor por mano de quien has de
enviar" (Shemot 4). Rashi nos explica: "envía al que siempre envías,
o sea a mi hermano Aharon". Moshe no quería recibir un puesto superior al
de su hermano mayor Aharon, que era quien dirigía al pueblo en la esclavitud,
ya que -como explicamos- Moshe se había escapado a Midian. Moshe sufría por el
dolor de sus hermanos, pero de todas formas no quería recibir sobre sí mismo
la dirección del pueblo ya que esto quizás provocaría el sufrimiento de
Aharon. Moshe conocía las necesidades del momento y la importancia del cargo,
pero entendía que la salvación no llegaría si no tenía en cuenta el
sentimiento de su hermano. El razonamiento de Moshe era correcto, sólo que no
tuvo en cuenta la grandeza de su hermano Aharon. Precisamente, Hashem le
respondió: "he aquí que Aharon tu hermano .... saldrá a tu encuentro, te
verá y se alegrará en su corazón". Rashi nos aclara: "no se enojará
como tú crees porque subes al poder".
La enseñanza es clara. Incluso cuando la misión es importante, no se
deben olvidar los pequeños detalles. Por más que la salvación de todo el
pueblo dependía de Moshe, éste sabía que no podía olvidarse de la honra de
una persona. Quien no sabe valorar a cada individuo, no puede ser el salvador de
un pueblo.
Podríamos pensar que ese razonamiento de Moshe estaba basado en que se
trataba de su hermano mayor o quizás porque Aharon era también un profeta de
Hashem. La Torá nos aclara el concepto: la prohibición de despreciar la honra
de una persona recae sobre cualquier individuo por el sólo hecho de tratarse de
un ser humano. En el capítulo 6 de Shemot, Hashem le ordena a Moshe y a Aharon
que conduzcan al pueblo con paciencia y tranquilidad y que se dirijan al Faraón
con respeto. El Faraón perverso, símbolo de los enemigos del pueblo de Israel
a lo largo de las generaciones, que se bañaba con la sangre de los niños judíos
para curarse de su lepra, que con el propio cuerpo de esos niños completaba los
ladrillos de las ciudades que construía, a pesar de todo no merecía que Moshe
y Aharon le faltaran el respeto. Por eso la advertencia de Hashem al respecto,
ya que lo más probable era que se olvidaran de respetarlo por la crueldad del
Faraón hacia ellos. Moshe Rabenu cumplió la orden al pie de la letra. Incluso
cuando llegó el momento de la plaga de los primogénitos, Moshe le dijo al Faraón:
"y descenderán todos tus sirvientes a mí y se arrodillarán a mí
diciendo: retírate tú y todo el pueblo que está a tus pies...". En
realidad, Moshe se refería a que el propio Faraón le imploraría que se fueran
como luego sucedió en la práctica, sólo que al hablar con él en forma
respetuosa mencionó a los sirvientes en lugar del propio Faraón.
La base fundamental de respetar a todo individuo, la podemos observar en
otra de las actitudes de Moshe. Cuando aceptó dirigir al pueblo, no fue
inmediatamente a hacerlo. En primer lugar, fue a Midian a pedir el permiso y la
aprobación de su suegro Itró, a quien le había jurado que no se iría de
Midian sin su consentimiento. El Midrash Rabá nos aclara que lo hizo no sólo
por la promesa que había hecho, sino por la obligación básica de ser
agradecido a quien lo había recibido y brindado todo como un padre lo hace con
su hijo. Moshe sabía claramente que cada instante que él demorara significaba
más sufrimiento para sus hermanos en Egipto poniendo en peligro la vida de
ellos. Pero no podía dejar de cumplir con su obligación hacia su suegro. Puede
parecer en forma superficial como una demora innecesaria, pero en verdad si
Moshe hubiese ido directamente a Egipto olvidándose de pedir permiso a su
suegro, significaba que no era la persona adecuada para ser el salvador de
Israel. Quien no sabe agradecer a quien oportunamente le brindó lo que
necesitaba, no puede ser el conductor de un pueblo.
Por otra parte, de la misma forma que no se debía apurar la salvación
de Israel a cuenta del desprecio a una persona o la falta de agradecimiento,
tampoco se podía hacerlo a cuenta de un precepto de Hashem. Cuando Moshe se
dirigió a Egipto y mientras se encontraba en una posada, un ángel de Hashem
estuvo a punto de matarlo. ¿Qué es lo que había sucedido? Moshe se demoró en
realizarle la circuncisión a su hijo Eliezer. El Talmud en Nedarim 31 en nombre
de Ribi Iose aclara que no podemos pensar que Moshe no se ocupó de un precepto
tan importante como el de la circuncisión de su hijo. Lo que sucedió fue que
pensó que hacer el Berit Mila y salir al camino era peligroso para su hijo; si
por el contrario, le hacía la circuncisión, no podía esperar tres días hasta
que su hijo se recuperara, ya que Hashem le había ordenado ir a Egipto
inmediatamente. No tuvo otra solución que irse a Egipto sin circuncidar a su
hijo. Entonces, ¿por qué el ángel se le presentó en forma de serpiente y lo
devoraba a Moshe hasta el lugar de la circuncisión? ¡Si no hubiera sido por la
reacción de Sipora -la esposa de Moshe- de circuncidar a su hijo con una piedra
inmediatamente, el ángel hubiera matado a Moshe! El Talmud explica que la
posada estaba cerca de Egipto y Moshe podía circuncidarlo primero al llegar a
ella y luego dirigirse a Egipto a salvar al pueblo. La liberación de la
esclavitud era más que importante, pero tampoco se podía realizar a cuenta de
no cumplir un precepto de Hashem cuando las condiciones así lo permitieran. La
salida de Egipto no era un objetivo por sí misma, sino el medio indispensable
para que el pueblo recibiera la Torá en el monte de Sinai. No era posible -por
lo tanto- que ésta se concretara despreciando los preceptos escritos en ella.
Nuestros Sabios nos enseñan que hay una similitud entre la salvación de
Egipto a la Gueulá (salvación) futura del Mashiaj que tanto ansiamos. El
profeta Mijá 7 nos dice: "como los días de la salida de Egipto te mostraré
maravillas" y todos los libros de nuestros profetas están llenos de señales
de la futura Redención. Rabenu Saadia Gaon escribe al respecto que, si cuando
Hashem prometió a nuestro patriarca Abraham sólo con las dos letras con las
que se escribe en hebreo la palabra "Dan" (ajusticiaré Yo al pueblo
que los esclavizó) y sucedieron tantos milagros en Egipto para que se cumpliera
esa palabra de Hashem, las hojas y hojas de los libros de Ieshaia, Irmeia,
Iejezkel y los otros profetas que hablan sobre todas las maravillas que sucederán
en la época del Mashiaj también se cumplirán en la práctica. Sólo
debemos saber cómo actuar. La
salida de Egipto nos enseña el camino: valorar a cada individuo sin despreciar
absolutamente a nadie y, por otro lado, cumplir las Mizvot retornando a la senda
de Hashem. La relación entre Teshuba y Gueulá es tan estrecha que en el libro
Debarim 30 están escritas una al lado de la otra: "retornarás hasta
Hashem, tu Di-s, y escucharás su voz ..... Y hará volver Hashem, tu Di-s a tus
dispersos y se apiadará de tí y te reunirá de entre todas las naciones a las
que te desterró allí". La similitud es clara: así como la Gueulá es el
retorno de los dispersos a su tierra, la Teshuba también consiste en retornar a
nuestras fuentes y raíces de donde proviene nuestra alma judía, que vuelve así
a ser pura como en el momento de su creación.