En el presente Shabat inauguramos la lectura del 4to Libro de nuestra Torá
,
el Libro de Bemidbar. "Sefer Bemidbar" nos relata
-principalmente- los
sucesos que tuvieron lugar a lo largo de los anos de errar en el desierto,
que comenzaron a partir del 2do ano de la salida de Egipto y se
continuaron
hasta promediar el ano 40, época
en la cual las tribus de Israel acamparon
en el desierto de Moab. Este libro ha sido denominado por nuestros Sabios
-de bendita memoria- con el nombre de "Jumash ha-Pekudím", pues tanto al
principio como cerca de su final (más precisamente en el capítulo 26), se
nos relata acerca de un censo comprensivo realizado al pueblo de Israel,
por medio de Moshé, ordenado
por el Creador.
El Rabino Melamed Z"L, en su comentario a la presente sección
inagural del
Libro de Bemidbar, nos sugiere lo siguiente ("Jumash ha-Merkaz"): "Esta
perashá nos relata la
realización del segundo censo, entre el pueblo de
Israel y el orden de la distribución de las tribus en cuatro grupos de
tres, alrededor del Tabernáculo. Lo que inmediatamente resalta de este
censo es la organización en divisiones y la preparación para la entrada a
Erets Israel: 600.000 hombres aptos para la lucha, entre veinte y sesenta
anos de edad. Además la Torá quiere
hacer notar por medio del censo, la
comparación con las 'setenta almas', el total de israelitas que se habían
establecido en Egipto en la época de Iaacob, es decir, que a pesar de las
persecuciones, el pueblo de Israel se multiplicó tal como había sido
prometido a los patriarcas. Por otra parte, el censo muestra a aquellos que
viven en una comunidad y en un pueblo, que éste no es sino un agrupamiento
de individuos. La Torá se basa
en el valor individual para unirlo a la
sociedad, pues gracias a la unión de los individuos perfectos (justos, N.
de T.) se puede llegar al pueblo perfecto. Cada hombre, nos dice el
Midrash, debe saber que posee en sí mismo un valor incalculable, y debe
decir: Para mí ha sido creado
el mundo, o sea, sobre mi persona cae la
responsabilidad de la creación de un mundo mejor".
De esta lectura podemos inferir algunos criterios básicos a ser tenidos en
cuenta, en el momento de comprender los motivos de este "Mifkad", de este
Censo poblacional, el segundo, en palabras de nuestro autor, llevado a cabo
en el lapso de un ano, transcurrido desde la salida de Egipto. Máxime, si
el tema de "contar" o "contabilizar a dedo" a los presentes resulta
ser de
"mala suerte". Entonces cabe el preguntarnos: ?a qué se deben estos censos
poblacionales?
El exégeta Rashí, citando al Midrash (Bemidbar Rabá I:4 y Tanjumá, IV) nos
lo explica diciéndonos que: "Por el profundo amor que sentía el
Todopoderoso hacia Su pueblo, los contaba a 'toda hora y en todo momento'.
Al salir de Egipto los contabilizó, y al morir -como castigo- los
adoradores del becerro de oro los contó, a fin de conocer la
cantidad de
sobrevivientes, y cuando Vino a reposar Su Divinidad sobre ellos los
contó. El día 1ro de Nisán
fue erigido el Tabernáculo, y el día 1ro de Iar
los contó".
De todas formas, aún con la tentativa del Midrash por explicar los
motivos
del censo, persiste la duda. Como ya dijimos, no hacía mucho tiempo atrás
se llevó a cabo la recolección
del "Medio Shekel" - "Majatsit ha-shekel",
que sirvió a su vez para el
conteo poblacional. Por otra parte, y tal como
lo mencionamos, debemos saber qué llevó en esta ocasión
a censar "per
cápita", después de haber sido dicho -explícitamente- en la sección de "Ki
Tisá" (Libro de Éxodo), que esto está prohibido y más aún, ocasiona un gran
perjuicio: una gran mortandad. Y la prueba de mayor contundencia la tenemos
en los tiempos de David cuando: "...Y loab dio al Rey (David) la suma del
censo del pueblo... Mas el corazón de David le remordió, después de que
hubo contado al pueblo... Por lo cual el Senor envió la peste en medio de
Israel, desde aquella manana hasta el tiempo senalado; y murieron del
pueblo, desde Dan hasta Beer Sheva, setenta mil hombres..." (II Samuel,
Cap. 24:1-25).
De acuerdo con el Rambán, Rabí Moshé ben Najmán -Najmánides-, los motivos
de este censo son varios: "1) Para mostrar Su Gran Bondad (D-s) para con Su
pueblo, quien descendió a
Egipto en pequeno número mas ahora los incrementó
cual las estrellas del cielo; 2) Por el gran amor que sentía por
ellos, los
contó para saber su número,
después de la falta por el becerro de oro. Es
costumbre en el Santo Bendito Él,
el contarlos después de cada plaga o
mortandad que los azotaba; 3) Siendo que Moshé y Aharón eran los
consagrados de D-s, cada integrante del pueblo les mencionó su nombre, para
que implorasen por ellos piedad; 4) El pueblo de Israel estaba preparado en
este momento para ingresar a la tierra y batallar con los reyes del
Emorita, por tanto Moshé y
Aharón necesitaban saber la cantidad de soldados
que habrían de luchar en las guerras por la conquista; 5) Era el deseo del
Santo Bendito Sea Él, que la
división de la tierra se realizare por partes
iguales y justas. Por tanto sabrían con exactitud cuánto le correspondería,
a nivel territorial, por cada tribu, que de no mediar el pecado de
los
espías, hubieran ingresado inmediatamente a Kenáan. Era, entonces, vital el
saber el número exacto de los integrantes tribales y sus familias".
El Rambán no considera una trasgresión al hecho del censo en sí. Él
sostiene que lo ocurrido con el Rey David, tuvo lugar pura y exclusivamente
pues el rey ordenó una cuenta
Innecesaria. "No había por entonces guerra
ninguna, y no había necesidad de conocer el número de integrantes de la
nación hebrea. La intención de David fue tan sólo la de ufanarse y alegrar
su corazón, al saber que gobernaba sobre un cuantioso pueblo", de acuerdo
con nuestro comentarista.
Por último, y para agregar una nueva dimensión a nuestro análisis posterior
a la lectura, veamos lo que nos ensena el Rabi Elimelej de Lizensk, con
respecto al tema de los censos. "Nuestros Rabinos, de bendita memoria" nos
dice el autor, "analizan la presente perashá a la luz de la Haftará del
día, perteneciente al profeta Oshea (Cap.2), que se inicia con las
palabras: 'Y será el número de
los hijos de Israel', aunque en la
continuación del versículo dice: '...no será medido ni podrá ser
contado'
-en este caso (el segundo)- cuando cumplen con la Voluntad del
Creador, y
en este otro (en el primer caso) cuando no cumplen con la Voluntad del
Creador' ".
De lo cual podemos inferir, que, cuando el pueblo de Israel contradice la
Voluntad de D-s, ingresan en la categoría de "Número", es decir que pueden
ser numerados; empero aquí, nos
dicen nuestros Sabios, que por el gran amor
que les tenía D-s, los contaba; por tanto, el censo es senal de amor y de
afecto.
"Por lo tanto" -dice el autor de Nóam Elimelej- "el sentido literal del
texto bíblico es precisamente el opuesto. Cuando no cumplimos con la
Voluntad del Creador, es ahí cuando
está prohibído el contarnos,
pues el
censo es tan sólo una cuestión cuantitativa, carente de todo sentido
espiritual. Sin embargo, cuando asumimos nuestro compromiso para cumplir
con Su Voluntad, el censo pasa a ser cualitativo, y entonces la cuenta
adquiere su valor e importancia".
Algo así como saber lo que
somos, antes de conocer, o en lugar, tal vez, de
saber cuánto somos. !Qué importante distinción nos ofrece este
maestro del
Jasidísmo! En nuestros días, en nuestro mundo donde vale lo numérico, la
cantidad, todo aquello que puede ser contabilizado, nuestra Torá nos
plantea hacer una cuenta muy especial; un censo que nos indique nuestro
grado de espiritualidad, de compromiso, del afecto que estamos poniendo al
servicio de nuestras comunidades, de nuestras familias, de nosotros mismos.
Tal vez, para "que no haya más mortandad entre nosotros"; esa "falta de
vida", esa muerte espiritual que acosa a diario nuestro balance
cuantitativo -a nivel comunitario judío general-, y que nos informa de
cuántos "ya no somos" o "dejamos de ser", porque decidimos ya
"no ser
tenidos más en cuenta"... Es hora de reflexionar, de aunar nuestras
fuerzas, y demostrar lo que somos. Pues "cuando hacemos Su voluntad", no
hay número que baste para calcularnos. Vale la pena "tenernos en cuenta".
?O no?