Agradecemos a Alberto Sueke por darnos autorización de publicar esta sección.
PERASHA BEHAR:
"La
Torá no es herencia"
La Mishná en Pirke Abot 4 comenta: "una Mizva provoca cumplir
otra Mizva y una transgresión provoca otra transgresión".
Todos comprobamos en la realidad de la vida hasta qué punto esta Mishná
menciona una verdad irrefutable. Cumplir aisladamente un precepto, puede ser
el principio de un sinnúmero de Mizvot y buenos actos. Por supuesto,
que sucede también lo inverso: de un pecado se originan nuevas
transgresiones que pueden llevar a la persona al peor de los abismos. ¿Por qué
es así? Hay muchos motivos. En
principio se trata de algo natural, como aclara Ribi Obadia Mibartenura en Pirke
Abot: "quien realiza una Mizva desea luego hacer otras y quien comete
transgresiones le es difícil separarse de ellas". Pero
evidentemente, hay otras causas espirituales ocultas ante nuestros ojos para que
así suceda. De todas
formas, el resultado final es indiscutible.
Nuestros Sabios nos aclaran que precisamente las dificultades y problemas
que se presentan en la vida son para frenar la caída estrepitosa a la que
se podría llegar. No se trata simplemente de un castigo por las malas
actitudes, sino que el objetivo real que tienen es la reacción para no
seguir cayendo en el futuro. En el mismo castigo está implícita
una señal para indicarle a la persona en donde estuvo su falta, para que
de esta forma pueda corregirla. Bienaventurado entonces quien no hace
depender de la casualidad, de la mala suerte o de la falta de éxito los
sufrimientos que se le presentan, sino que investiga en sus actos para encontrar
los motivos espirituales que los originan. De esta forma, podrá
encontrar el camino para superar esas vicisitudes. ¿Pero qué sucederá
con el pecador que a pesar de todo ni se da cuenta de lo que le sucede? Terminará
cayendo a la profundidad del abismo reiterando sus pecados.
En esta Perasha, encontramos un ejemplo claro sobre lo que nos estamos
refiriendo. Leemos en ella una sucesión de temas que no se mencionan uno
a continuación del otro en forma arbitraria, sino con un fundamento
especial, como comenta Rashi. La Perasha nos habla en principio sobre la venta
de bienes muebles, luego sobre la transferencia de campos y casas, también
sobre la prohibición de prestar con interés y finalmente sobre la
venta de un Iehudi como esclavo, no sólo a otro hermano sino también
a un gentil. Temas que aparentemente no tienen relación alguna, son
relacionados por el Talmud en Kidushim 20, como Rashi nos detalla: "Al
comienzo, la Torá advirtió sobre la prohibición de
comerciar con frutos del año séptimo. Quien codició el
dinero y transgredió ese precepto, terminará en principio
vendiendo su campo y luego su casa. El próximo paso hacia el abismo será
pedir prestado con interés, luego se venderá a sí mismo
como esclavo y si aún no reaccionó caerá en las manos de un
gentil idólatra". Podríamos pensar que una vez que se llegó
a un lugar tan bajo, ya no habrá esperanzas de poder recuperarse. Sin
embargo, la misma Torá nos aclara que no es así. Siempre existe
la posibilidad de encontrar la luz. Se pueden haber perdido los bienes, la
casa, el campo y ser un esclavo. Sin embargo, nadie, absolutamente nadie se
debe dar por perdido. La Torá nos hace saber: "Después de
haber sido vendido, la salvación podrá encontrar"(Vaikrá
28). O sea que incluso al final, en el último escalón se podrá
encontrar la salida. ¿En qué consistirá? La Torá nos
aclara: "Uno de sus hermanos lo rescatará, o su tío o su
primo o cualquier otro pariente lo rescatará". Este orden para
recuperarlo de las manos de su amo tampoco es casual. El Talmud en Kidushim 21
da la prioridad de rescate a quien tenga un parentesco más cercano:
primero, el tío; luego, el primo y así sucesivamente. Lo
sorprendente es la culminación del versículo: "o alcanzó
su mano y se rescató", o sea, que el propio esclavo encontró
medios para poder rescatarse a sí mismo de su patrón. Lo lógico
hubiese sido que la Torá relatara esta posibilidad antes que el rescate
del tío y del primo, ya que el primer parentesco que la persona tiene es
consigo mismo. ¿Por qué la Torá dejó para el final esa
posibilidad calificándola como la última posible?
Sucede que en muchos casos se cumple la regla que el Talmud menciona en
Berajot 5: "el prisionero no se puede liberar a sí mismo de la cárcel".
Sólo quien se encuentra a su lado podrá ayudarlo. A veces la ayuda
no será en la práctica misma, pero consistirá en alentarlo
a superar el problema. ¡En cuántos casos los doctores afirman -por
ejemplo- que los remedios no ayudarán a curar al paciente si éste
no posee el incentivo de querer curarse! En esos casos, los parientes o amigos
infundirán la esperanza y el aliento para que pueda mejorar. Por eso es
que la Torá nombra en primer lugar a los parientes, ya que aquellos que más
cerca se encuentren del esclavo tendrán mayor posibilidad de ayudarlo. Pero
esto no es todo. ¿Que sucederá si nadie lo ayudara? ¿Se
terminaron sus esperanzas? ¿No hay más nada por hacer? Terminantemente
no. En todo ser humano existen fuerzas internas ocultas que no salen a la luz
a lo largo de la vida y que en muchos casos no son conocidas ni siquiera por la
propia persona. Con seguridad que ese Iehudi que pecó a tal extremo,
que llegó a perder todo hasta tener que venderse como esclavo de un
gentil idólatra, posee en la profundidad de su alma una chispa Divina que
lo puede elevar en cualquier momento. Lamentablemente no está enterado de
esa verdad, ya que si lo hubiera sabido no habría descendido tanto. No
importa, ahora es el momento propicio porque tomó conciencia de que no
depende de nadie. Sólo de él mismo. En
el terreno físico suceden cosas parecidas. A veces en momentos de tensión o peligro una
persona débil descubre fuerzas insospechadas que tenía en su
interior. También en el terreno espiritual, cuando tome conciencia de
que no depende de nadie, que no tiene en quien apoyarse, se despertará
ese sentimiento oculto en su alma y así florecerá la salvación.
La mano Divina está extendida hacia todos los que deseen encontrarla para
poder subir del abismo en que se encuentran.
En realidad, esta clave de la vida la encontramos en un suceso que
aconteció en los albores del mundo. Cuando el sacrificio que Hebel le
ofreció a Hashem fue aceptado y en cambio el de su hermano Cain no fue
recibido por el Todopoderoso, la respuesta de Cain fue el enojo y la
desesperanza que luego lo llevarían a asesinar a su hermano. Pero previo
a que esto sucediera, Hashem se dirigió a Cain y le dijo: "¿Por qué
te enojas y por qué está caído tu rostro? ¡Si realizas
actos buenos te elevarás!" (Bereshit 4). Según la explicación
del Or Hajaim Hakadosh, Hashem le dijo a Cain que no debía buscar
culpables o soluciones externas a sí mismo, sino que en él
estaba la fuerza y la santidad necesaria para lograr que su sacrificio fuera
aceptado. Sólo que Cain no lo aceptó y buscó otro
camino mucho más sencillo que arreglar su comportamiento: asesinar a su
hermano.
Hashem le otorga
oportunidades a todo ser humano -incluso al más alejado- para acercarse
hacia El. A
veces por medio de una disertación de un rabino que lo hace despertar del
letargo en que está sumergido; en otras circunstancias quizás por
haberse encontrado con un amigo de la infancia a quien no veía hacía
mucho tiempo y le comenta sobre su experiencia de vida aferrado a los preceptos
de la Torá; en algunos casos la reacción puede nacer por
presenciar un casamiento ortodoxo al que fue invitado. Hashem espera a la
persona hasta el último momento de su vida. Nadie queda al margen
de tener la oportunidad , no interesa si nació en una familia ortodoxa o
no, ya que la Torá no se adquiere por herencia. Precisamente por ese
motivo es que a Moshe Rabenu lo sucedió su alumno Iehoshua y no fueron
sus propios hijos quienes lo continuaron, ya que si así hubiese ocurrido
se habría pensado que la Torá se transmite por herencia. Por el
contrario, la Torá está a disposición de quien quiera
acercarse a ella, como lo explica la Mishná en Abot 2: "Prepárate
a ti mismo para estudiar la Torá, ya que no se trata de una
herencia". El rey David nos dice en el Salmo 135: "‘La casa de
Israel bendice a Di-s, la casa de Aharon bendice a Di-s, la casa de los Levitas
bendice a Di-s, los temerosos de Di-s bendicen a Di-s". Nuestros Sabios
preguntan: ¿Por qué cuando se refirió a los temerosos de Di-s no
dijo el rey David como en los casos anteriores "la casa de los
temerosos"? La respuesta es que siempre que se recuerda la palabra
"casa" se refiere a algo eterno, que se transmite por herencia de
generación en generación. "La casa de Aharon" se refiere
a que todo descendiente de Aharon Hacohen adquiere por herencia el título
de sacerdote, como en forma paralela sucede con los levitas. En cambio, adquirir Torá y temor a Di-s cumpliendo
con sus preceptos no se recibe por herencia. Por
eso el rey David no mencionó el término "casa de los
temerosos de Di-s". La corona de la Torá está al alcance de
quien se decida a tomarla; el mérito es muy grande, pero la obligación
también lo es.
El Talmud en Menajot 53 comenta que los Sabios le dijeron a Ribi Feridá:
"Ribi Ezrá, el nieto de Ribi Abtolus, que es la décima
generación de Ribi Elhazar ben Azariá, que a su vez es la décima
generación de Ezrá Hasofer espera en la puerta para ser recibido
por Usted". Les contestó Ribi Feridá: "¿Qué es
todo esto? ¿Para qué mencionan todo su linaje? Si posee Torá es
digno; si posee Torá y además linaje es digno y digno; si posee
linaje y no posee Torá es digno de que el fuego lo consuma". Ribi
Feridá resumió de esta forma las dos bases principales sobre las
que se apoya el pueblo de Israel: 1) la familia, ya que ella influye
sobre el desarrollo espiritual de los hijos 2) la propia dinastía,
ya que si ese hijo cree que se puede apoyar en lo que sus padres son sin
esmerarse en copiar sus actitudes se equivoca, porque, como explicamos, la Torá
no se adquiere por herencia. En estos días escuchamos como se pretende
confundir a la opinión pública diciendo que según los círculos
ortodoxos aquellos judíos que no son practicantes de las Mizvot son judíos
de segunda categoría. Luego de leer ese artículo comprobamos la
mala intencionalidad de esos comentarios. No hay judíos de segunda,
porque siempre está latente la posibilidad de retornar al contacto con
Di-s, incluso para quien se encuentre más alejado. Una mercadería
en las transacciones comerciales recibe el nombre de segunda por sus defectos.
Nunca podrá ser de primera. En cambio, todo Iehudi posee esa chispa
Divina que en cualquier momento puede surgir y brillar hasta alcanzar niveles
inimaginables. La Torá
no es herencia. Ni para aquellos que nacieron en cunas ortodoxas, ni
para quienes no tuvieron el mérito de recibir una educación basada
en los principios de la Torá. Depende de lo que cada uno decida de su
vida. Para todos la fuente de la felicidad de la Torá está
abierta. Que Di-s nos ilumine para que cada vez seamos más los que
disfrutemos de ella.
PERASHA BEJUKOTAI:
"Todo Israel es garante uno por el
otro"
En uno de los versículos de esta Perasha en los que se detallan
los castigos que recaerán sobre el pueblo de Israel si se apartan del
camino que Hashem les ordenó, la Torá nos enseña: "Y
los que quedarán de vosotros pondré cobardía en sus
corazones en la tierra de sus enemigos y los perseguirá el ruido de una
hoja que se mueve y huirán como se huye de la espada y caerán sin
perseguidor... y tropezarán el varón con su hermano huyendo de la
espada..." (Vaikrá 26). Nuestros Jajamim -al margen de la explicación
literal y llana del versículo- nos comentan que nos encontramos frente a
una de las bases primordiales del pueblo judío: la responsabilidad de
cada Iehudi por el comportamiento de su hermano. "Y tropezará el
varón con su hermano", o sea por el pecado de su hermano, ya que a
pesar de que él no haya transgredido, todo judío es garante uno
por el otro. ¿Lógico? A simple vista no parece, pero debemos
recordar que el pueblo judío es un sólo cuerpo y precisamente en
el cuerpo humano cuando uno de sus miembros enferma, el resto del organismo debe
buscar la solución, ya que de lo contrario todo el cuerpo sufrirá
las consecuencias.
No es éste el único caso en que la Torá nos enseña
esta base. En el libro de Shemot 22 la Torá nos dice: "A ninguna
viuda y huérfano atormentéis... si atormentar lo atormentarás
y si clamar clamará a mí, escuchar escucharé su clamor... y
se encenderá mi furia y mataré a vosotros con la espada, y serán
vuestras mujeres viudas y vuestros hijos huérfanos". El Baal Haturim
explica que el versículo comenzó en singular: "si atormentar
lo atormentarás". Sin embargo cuando se refirió al castigo
fue general: "y mataré a vosotros". ¿Cuál es la
culpa de quienes no participaron del pecado? Otra vez el mismo concepto:
"Todo Israel es garante uno por el otro".
Asimismo, en Debarim 21 la Torá nos enseña el tema conocido
con el nombre de "Eglá Arufá". Se refiere a que en caso
de que apareciera un muerto sin saber quién había sido el asesino,
la ciudad más cercana al lugar en donde se encontró el cadáver,
debía traer una becerra y desnucarla en un valle áspero en el que
no se podía labrar ni sembrar. Luego los ancianos de esa ciudad lavarán
sus manos sobre la becerra desnucada y dirán: "nuestras manos no
vertieron esta sangre y nuestros ojos no vieron... Perdona Eterno a tu pueblo
Israel al que redimiste y no atribuyas sangre inocente en medio de Tu pueblo
Israel y les será perdonada la sangre". ¿Por qué Hashem debe
perdonar a todo el pueblo si sólo una persona fue la asesina? La
respuesta a esta altura ya es clara: todos somos responsables de los actos
que suceden a nuestro alrededor.
En los libros de los profetas se reitera el concepto. El capítulo
7 del libro de Iehoshua nos comenta que una persona llamada Aján ben Carmí
de la tribu de Iehuda, tomó del botín de guerra de la ciudad de
Ierijó luego que el pueblo de Israel la conquistara. Iehoshua había
advertido que: "todo el oro y plata y objetos de cobre y hierro serán
sagrados para Hashem, al tesoro de Hashem irán" (Iehoshua 6). Una persona del pueblo pecó. ¿Cuál fue el
resultado? La
próxima conquista era la ciudad de Haai. Los espías que envió
Iehoshua consideraron que era una ciudad fácil de ser conquistada y que
con sólo dos mil o tres mil soldados era suficiente para lograrlo. Así
hicieron, pero el resultado fue catastrófico. Debieron escapar de los
soldados de Haai y murieron treinta y seis Iehudim. Iehoshua no se fijó
en los motivos naturales que hacen perder una guerra, sino que se dirigió
a Hashem con su ropa rasgada y ceniza sobre su cabeza: "¿Para qué
has hecho cruzar a este pueblo el Jordán para entregarnos en manos del
Emorí para que nos destruya? Hubiésemos
quedado del otro lado del Jordán" (Iehoshua 7). La respuesta de Hashem fue contundente:
"pecó Israel, también transgredieron mi pacto que les ordené
y tomaron del botín, robaron, mintieron y pusieron en sus alforjas".
Finalmente todo se aclaró, Aján confesó su pecado, entregó
lo que había robado y fue ajusticiado por la orden de Hashem. En este
caso, treinta y seis personas fallecieron por algo en lo que en principio no habían
tenido participación. ¿Por qué? La respuesta de Hashem fue muy
clara al respecto: "transgredieron mi pacto..., tomaron del botín...,
robaron..., mintieron...", como si todos hubieran pecado, ya que cada uno
es garante por el otro.
En el capítulo 22 del mismo libro de Iehoshua, se relata cómo
la tribu de Reuben y de Gad y parte de la tribu de Menashé construyeron
un altar en la tierra que habían heredado. No era con intención de
ofrecer sacrificios, ya que esto sólo se podía hacer en el lugar
donde el Mishkan se encontraba, sino que la idea había sido para que
fuera un testimonio para las futuras generaciones que ellas también debían
servir a Hashem. Cuando el resto de las tribus se enteró de la construcción
del altar y ante la creencia de que era para ofrecer sacrificios, estuvieron a
punto de llegar a una lucha fraticida que finalmente se evitó cuando la
idea se aclaró. El argumento que las tribus de Israel utilizaron en ese
momento fue: "¿Acaso Aján no tomó del botín y la
furia fue contra todo Israel?". Con ese ejemplo significaban que no podían
permanecer en silencio mientras sus hermanos transgredían la prohibición
de construir un altar en un lugar que no correspondía. No existe el
concepto de "que cada uno haga lo que quiera" dentro del pueblo judío.
Hay una obligación de llamar la atención y corregir los errores
porque la responsabilidad es de todos.
En efecto, cuando el Rambam en su libro de las Mizvot comenta el precepto
de: "Reprochar, reprocharás a tu prójimo y no cargarás
sobre él un pecado" (Vaikrá 19), menciona que "no es
digno pensar: por cuanto que yo no peco si otro lo hace yo no soy responsable,
ya que la idea de la Torá es completamente inversa. Todo el pueblo de
Israel recibió en el pacto del valle de Mohab ser garante uno por el
otro" (Sotá 37). El Talmud en Shabat 54 dice que "todo aquel
que puede corregir a los integrantes de su familia y no lo hace, será
responsable por su familia; a los integrantes de su ciudad y no lo hace será
responsable por ellos. Lo mismo sucederá si podía corregir hechos
que suceden en el mundo y no lo hizo".
Evidentemente, que el mayor peso de la Mizva de corregir al prójimo
recae sobre los dirigentes y Sabios del pueblo judío. Rashi en
Debarim 1 comenta sobre el versículo "Vaasimem Berashejem"
("y los pondré a la cabecera del pueblo"), que la palabra
"Vaasimem" está escrita sin una "Iod" por lo que se
puede leer "Vaashamam", que significa "la culpa". De esta
manera, se puede interpretar el versículo diciendo que "la culpa y
responsabilidad de lo que suceda es de quienes dirigen al pueblo", ya que
deben corregir los errores enderezándolos al camino correcto. Cuando el
Jafez Jaim mencionaba este tema con sus alumnos, solía recordar lo que el
Talmud en Shabat 55 comenta: "nunca un buen decreto que salió de
Hashem se dio vuelta para algo malo, con una sóla excepción".
Precisamente, esa excepción está relatada en Iejezkel 9 en donde
Hashem le había dicho al profeta que recorriera las calles de Ierushalaim
y marcara las frentes de los Sadikim con una letra "Tav" con tinta
para que los ángeles no los dañasen; en cambio, a los perversos la
letra "Tav" debía hacerla de sangre. El ángel fiscal en
el cielo reclamó delante de Hashem: "¿cuál es la diferencia
entre unos y otros?". Hashem le contestó: "¡éstos son
rectos completamente y los otros son perversos!". El ángel fiscal
insistió: "debían haberlos reprochado y no lo hicieron".
Hashem le respondió que de todas formas no habrían escuchado, pero
el ángel fiscal le dijo: "Señor del mundo, Tú lo sabías,
pero ellos no". En ese momento, se decretó el exterminio de todos y
fueron seis los ángeles que se encargaron de la destrucción, como
está detallado en el profeta Iejezkel. El Jafez Jaim les decía a
sus alumnos que "ni el argumento de Hashem protegió a los Sadikim
de esa generación, con más razón que en nuestra
época en donde las señales de la redención son evidentes no
debemos tropezar con la Mizva de reprochar y debemos corregir a las masas del
pueblo para que retornen a Hashem".
Si nos trasladamos a nuestros días la obligación es mayor aún.
Somos testigos de vivir en una generación en donde se cumple el dicho del
Talmud en Berajot 63: "si observas una generación en la que la Torá
es querida, debes desparramarla". Muchos de nuestros hermanos despiertan
del letargo en el que estuvieron inmersos a lo largo de muchos años y
retornan a sus raíces espirituales de la Torá. Profesionales
que dejan de lado sus ocupaciones y concurren a clases de Torá para poder
entender cuáles son sus obligaciones en la vida. Jóvenes
universitarios que fueron educados en colegios laicos ingresan en Ieshibot de
Israel o de muchos otros países para aprender las bases del judaísmo
e identificarse con su propia sangre. ¡Pero cuántos más hay que aún
aguardan a que alguno de nosotros le tienda una mano para acercarlos al
verdadero camino! Nuestra es la obligación y la responsabilidad. Todo
aquel que posea la facilidad de acercar a los alejados de la Torá debe
entregar parte de su tiempo para esta misión tan sagrada e importante.
El Zohar Hakadosh en la Perasha Terumá comenta que: "Todo aquel que
toma la mano de un pecador y lo convence para que abandone su mal camino, se
eleva a niveles que ninguna otra persona puede alcanzar, ya que así logra
disminuir la fuerza de la impureza y provoca que la honra de Hashem se eleve.
Mantiene el mundo; hereda este mundo y el venidero; ningún encargado de
juzgar podrá hacerlo con él ni en este mundo ni en el venidero;
Hashem lo bendecirá con todas las bendiciones que le otorgó a
Abraham Abinu cuando enderezó a las almas de los pecadores, tendrá
el mérito de elevarse a los setenta mundos ocultos que ninguna otra
persona puede alcanzar". El Zohar concluye diciendo: "si supieran
las personas cuántos méritos y beneficios podrían alcanzar
al hacer retornar en Teshuba al público, perseguirían a los
pecadores para corregirlos, como se persigue detrás de la vida".
¿A todo judío debemos proponernos acercar a la Torá?
Aparentemente no. Hay un concepto que es el de "Apikoros" o sea una
persona renegada, que como el Rambam lo califica en su libro Mishné Torá
Abodat Kojabim 2-5 "transgreden los principios de la Torá con
altivez a la vista de todos y dicen que no hay en ello pecado". Sobre
ellos, el propio rey Shelomo escribió en Mishle 12: "todos los que
caen en ella (renegar) no regresarán y no alcanzarán el sentido de
la vida". El Rambam agrega que por el contrario se los debe "odiar y
alejarse de ellos", ya que a pesar de que la Torá enseña a
"querer al prójimo como a ti mismo", esto se refiere "sólo
a quienes son tus compañeros en el cumplimiento de la Torá y las
Mizvot y no a los renegados". Debemos analizar si estas reglas aún
continúan en nuestros días y en nuestra sociedad. Para ello,
analicemos lo que el propio Rambam escribe con respecto a los
"Karraitas", cuyos padres sólo creían en la Torá
escrita y no en la Torá oral y provocaron que sus hijos continuaran en
ese camino. En Halajot Mamrim 3-3 el Rambam determina: "estos hijos que
fueron educados por sus padres son como pequeños que fueron llevados
cautivos y por eso no cumplen los preceptos. Se consideran como personas
impedidas. A pesar de que luego escucharon que son judíos y observan el
comportamiento de otros judíos, no son responsables porque crecieron con
esas equivocaciones... por eso es digno hacerlos retornar al camino de la
Teshuba con palabras de Shalom hasta que regresen a la Torá". De
esta regla especificada hace más de 800 años, podemos deducir para
nuestros días el comportamiento que debemos tener hacia aquellos que hoy
se apartan del camino de la Torá. La ignorancia y la falta de
identificación con el judaísmo son los fundamentos de esas
actitudes negativas que asumen. Por lo tanto, a pesar de la diferencia
abismal que separa el estilo de vida de unos y otros, debemos acercarnos a
ellos con palabras dulces y lazos de cariño para así poder
acercarlos a la Torá. Pero simultáneamente, debemos sentir en
nuestro corazón el dolor de ver cómo la Torá es
despreciada por parte de nuestros hermanos. Por otra parte, debemos tener en
cuenta cuál debe ser ese sistema para acercarlos. Debemos recordar que
por naturaleza el hombre es influenciado por su alrededor y debemos lograr que
ellos se acerquen a nuestro medio. No equivoquemos el camino creyendo que
lograremos nuestro objetivo compartiendo las actividades que ellos realizan.
Concluyamos este comentario recordando lo que la Torá en Debarim
27 dice: "maldita la persona que no levante las palabras de esta Torá".
El Ierushalmi en Sotá capítulo 7 pregunta: "¿acaso hay una
Torá que se cae...?". Rab Asé en nombre de Ribi Tanjum bar
Jaim nos da la respuesta: "quien estudió, enseñó, cuidó
e hizo y tenía la posibilidad en su mano para fortalecer y no lo hizo,
estará incluido dentro de esa maldición". El comentarista del
Talmud "Korban Haedá" aclara que el término
"fortalecer" se refiere precisamente a quien podía acercar a
sus hermanos al camino de la Torá y no lo hizo. Hoy más que nunca
debemos -cada uno de acuerdo con su nivel y categoría- ocuparnos de este
tema tan vital, no sólo por ser garantes de nuestros hermanos, sino también
porque el cariño verdadero a Hashem se refleja llamando a que Su
nombre sea querido y respetado por todos. Tengamos el mérito de
encaminarnos en esta senda para así acercar la pronta llegada del
Mashiaj. Amén.