Agradecemos a Alberto Sueke por darnos autorización de publicar esta sección.

PERASHA BEHAR:

"La Torá no es herencia"

 

La Mishná en Pirke Abot 4 comenta: "una Mizva provoca cumplir otra Mizva y una transgresión provoca otra transgresión". Todos comprobamos en la realidad de la vida hasta qué punto esta Mishná menciona una verdad irrefutable. Cumplir aisladamente un precepto, puede ser el principio de un sinnúmero de Mizvot y buenos actos. Por supuesto, que sucede también lo inverso: de un pecado se originan nuevas transgresiones que pueden llevar a la persona al peor de los abismos. ¿Por qué es así? Hay muchos motivos. En principio se trata de algo natural, como aclara Ribi Obadia Mibartenura en Pirke Abot: "quien realiza una Mizva desea luego hacer otras y quien comete transgresiones le es difícil separarse de ellas". Pero evidentemente, hay otras causas espirituales ocultas ante nuestros ojos para que así suceda. De todas formas, el resultado final es indiscutible.

 

Nuestros Sabios nos aclaran que precisamente las dificultades y problemas que se presentan en la vida son para frenar la caída estrepitosa a la que se podría llegar. No se trata simplemente de un castigo por las malas actitudes, sino que el objetivo real que tienen es la reacción para no seguir cayendo en el futuro. En el mismo castigo está implícita una señal para indicarle a la persona en donde estuvo su falta, para que de esta forma pueda corregirla. Bienaventurado entonces quien no hace depender de la casualidad, de la mala suerte o de la falta de éxito los sufrimientos que se le presentan, sino que investiga en sus actos para encontrar los motivos espirituales que los originan. De esta forma, podrá encontrar el camino para superar esas vicisitudes. ¿Pero qué sucederá con el pecador que a pesar de todo ni se da cuenta de lo que le sucede? Terminará cayendo a la profundidad del abismo reiterando sus pecados.

 

En esta Perasha, encontramos un ejemplo claro sobre lo que nos estamos refiriendo. Leemos en ella una sucesión de temas que no se mencionan uno a continuación del otro en forma arbitraria, sino con un fundamento especial, como comenta Rashi. La Perasha nos habla en principio sobre la venta de bienes muebles, luego sobre la transferencia de campos y casas, también sobre la prohibición de prestar con interés y finalmente sobre la venta de un Iehudi como esclavo, no sólo a otro hermano sino también a un gentil. Temas que aparentemente no tienen relación alguna, son relacionados por el Talmud en Kidushim 20, como Rashi nos detalla: "Al comienzo, la Torá advirtió sobre la prohibición de comerciar con frutos del año séptimo. Quien codició el dinero y transgredió ese precepto, terminará en principio vendiendo su campo y luego su casa. El próximo paso hacia el abismo será pedir prestado con interés, luego se venderá a sí mismo como esclavo y si aún no reaccionó caerá en las manos de un gentil idólatra". Podríamos pensar que una vez que se llegó a un lugar tan bajo, ya no habrá esperanzas de poder recuperarse. Sin embargo, la misma Torá nos aclara que no es así. Siempre existe la posibilidad de encontrar la luz. Se pueden haber perdido los bienes, la casa, el campo y ser un esclavo. Sin embargo, nadie, absolutamente nadie se debe dar por perdido. La Torá nos hace saber: "Después de haber sido vendido, la salvación podrá encontrar"(Vaikrá 28). O sea que incluso al final, en el último escalón se podrá encontrar la salida. ¿En qué consistirá? La Torá nos aclara: "Uno de sus hermanos lo rescatará, o su tío o su primo o cualquier otro pariente lo rescatará". Este orden para recuperarlo de las manos de su amo tampoco es casual. El Talmud en Kidushim 21 da la prioridad de rescate a quien tenga un parentesco más cercano: primero, el tío; luego, el primo y así sucesivamente. Lo sorprendente es la culminación del versículo: "o alcanzó su mano y se rescató", o sea, que el propio esclavo encontró medios para poder rescatarse a sí mismo de su patrón. Lo lógico hubiese sido que la Torá relatara esta posibilidad antes que el rescate del tío y del primo, ya que el primer parentesco que la persona tiene es consigo mismo. ¿Por qué la Torá dejó para el final esa posibilidad calificándola como la última posible?

 

Sucede que en muchos casos se cumple la regla que el Talmud menciona en Berajot 5: "el prisionero no se puede liberar a sí mismo de la cárcel". Sólo quien se encuentra a su lado podrá ayudarlo. A veces la ayuda no será en la práctica misma, pero consistirá en alentarlo a superar el problema. ¡En cuántos casos los doctores afirman -por ejemplo- que los remedios no ayudarán a curar al paciente si éste no posee el incentivo de querer curarse! En esos casos, los parientes o amigos infundirán la esperanza y el aliento para que pueda mejorar. Por eso es que la Torá nombra en primer lugar a los parientes, ya que aquellos que más cerca se encuentren del esclavo tendrán mayor posibilidad de ayudarlo. Pero esto no es todo. ¿Que sucederá si nadie lo ayudara? ¿Se terminaron sus esperanzas? ¿No hay más nada por hacer? Terminantemente no. En todo ser humano existen fuerzas internas ocultas que no salen a la luz a lo largo de la vida y que en muchos casos no son conocidas ni siquiera por la propia persona. Con seguridad que ese Iehudi que pecó a tal extremo, que llegó a perder todo hasta tener que venderse como esclavo de un gentil idólatra, posee en la profundidad de su alma una chispa Divina que lo puede elevar en cualquier momento. Lamentablemente no está enterado de esa verdad, ya que si lo hubiera sabido no habría descendido tanto. No importa, ahora es el momento propicio porque tomó conciencia de que no depende de nadie. Sólo de él mismo. En el terreno físico suceden cosas parecidas. A veces en momentos de tensión o peligro una persona débil descubre fuerzas insospechadas que tenía en su interior. También en el terreno espiritual, cuando tome conciencia de que no depende de nadie, que no tiene en quien apoyarse, se despertará ese sentimiento oculto en su alma y así florecerá la salvación. La mano Divina está extendida hacia todos los que deseen encontrarla para poder subir del abismo en que se encuentran.

 

En realidad, esta clave de la vida la encontramos en un suceso que aconteció en los albores del mundo. Cuando el sacrificio que Hebel le ofreció a Hashem fue aceptado y en cambio el de su hermano Cain no fue recibido por el Todopoderoso, la respuesta de Cain fue el enojo y la desesperanza que luego lo llevarían a asesinar a su hermano. Pero previo a que esto sucediera, Hashem se dirigió a Cain y le dijo: "¿Por qué te enojas y por qué está caído tu rostro? ¡Si realizas actos buenos te elevarás!" (Bereshit 4). Según la explicación del Or Hajaim Hakadosh, Hashem le dijo a Cain que no debía buscar culpables o soluciones externas a sí mismo, sino que en él estaba la fuerza y la santidad necesaria para lograr que su sacrificio fuera aceptado. Sólo que Cain no lo aceptó y buscó otro camino mucho más sencillo que arreglar su comportamiento: asesinar a su hermano.

 

Hashem le otorga oportunidades a todo ser humano -incluso al más alejado- para acercarse hacia El. A veces por medio de una disertación de un rabino que lo hace despertar del letargo en que está sumergido; en otras circunstancias quizás por haberse encontrado con un amigo de la infancia a quien no veía hacía mucho tiempo y le comenta sobre su experiencia de vida aferrado a los preceptos de la Torá; en algunos casos la reacción puede nacer por presenciar un casamiento ortodoxo al que fue invitado. Hashem espera a la persona hasta el último momento de su vida. Nadie queda al margen de tener la oportunidad , no interesa si nació en una familia ortodoxa o no, ya que la Torá no se adquiere por herencia. Precisamente por ese motivo es que a Moshe Rabenu lo sucedió su alumno Iehoshua y no fueron sus propios hijos quienes lo continuaron, ya que si así hubiese ocurrido se habría pensado que la Torá se transmite por herencia. Por el contrario, la Torá está a disposición de quien quiera acercarse a ella, como lo explica la Mishná en Abot 2: "Prepárate a ti mismo para estudiar la Torá, ya que no se trata de una herencia". El rey David nos dice en el Salmo 135: "‘La casa de Israel bendice a Di-s, la casa de Aharon bendice a Di-s, la casa de los Levitas bendice a Di-s, los temerosos de Di-s bendicen a Di-s". Nuestros Sabios preguntan: ¿Por qué cuando se refirió a los temerosos de Di-s no dijo el rey David como en los casos anteriores "la casa de los temerosos"? La respuesta es que siempre que se recuerda la palabra "casa" se refiere a algo eterno, que se transmite por herencia de generación en generación. "La casa de Aharon" se refiere a que todo descendiente de Aharon Hacohen adquiere por herencia el título de sacerdote, como en forma paralela sucede con los levitas. En cambio, adquirir Torá y temor a Di-s cumpliendo con sus preceptos no se recibe por herencia. Por eso el rey David no mencionó el término "casa de los temerosos de Di-s". La corona de la Torá está al alcance de quien se decida a tomarla; el mérito es muy grande, pero la obligación también lo es.

 

El Talmud en Menajot 53 comenta que los Sabios le dijeron a Ribi Feridá: "Ribi Ezrá, el nieto de Ribi Abtolus, que es la décima generación de Ribi Elhazar ben Azariá, que a su vez es la décima generación de Ezrá Hasofer espera en la puerta para ser recibido por Usted". Les contestó Ribi Feridá: "¿Qué es todo esto? ¿Para qué mencionan todo su linaje? Si posee Torá es digno; si posee Torá y además linaje es digno y digno; si posee linaje y no posee Torá es digno de que el fuego lo consuma". Ribi Feridá resumió de esta forma las dos bases principales sobre las que se apoya el pueblo de Israel: 1) la familia, ya que ella influye sobre el desarrollo espiritual de los hijos 2) la propia dinastía, ya que si ese hijo cree que se puede apoyar en lo que sus padres son sin esmerarse en copiar sus actitudes se equivoca, porque, como explicamos, la Torá no se adquiere por herencia. En estos días escuchamos como se pretende confundir a la opinión pública diciendo que según los círculos ortodoxos aquellos judíos que no son practicantes de las Mizvot son judíos de segunda categoría. Luego de leer ese artículo comprobamos la mala intencionalidad de esos comentarios. No hay judíos de segunda, porque siempre está latente la posibilidad de retornar al contacto con Di-s, incluso para quien se encuentre más alejado. Una mercadería en las transacciones comerciales recibe el nombre de segunda por sus defectos. Nunca podrá ser de primera. En cambio, todo Iehudi posee esa chispa Divina que en cualquier momento puede surgir y brillar hasta alcanzar niveles inimaginables. La Torá no es herencia. Ni para aquellos que nacieron en cunas ortodoxas, ni para quienes no tuvieron el mérito de recibir una educación basada en los principios de la Torá. Depende de lo que cada uno decida de su vida. Para todos la fuente de la felicidad de la Torá está abierta. Que Di-s nos ilumine para que cada vez seamos más los que disfrutemos de ella.

PERASHA BEJUKOTAI:

"Todo Israel es garante uno por el otro"

 

En uno de los versículos de esta Perasha en los que se detallan los castigos que recaerán sobre el pueblo de Israel si se apartan del camino que Hashem les ordenó, la Torá nos enseña: "Y los que quedarán de vosotros pondré cobardía en sus corazones en la tierra de sus enemigos y los perseguirá el ruido de una hoja que se mueve y huirán como se huye de la espada y caerán sin perseguidor... y tropezarán el varón con su hermano huyendo de la espada..." (Vaikrá 26). Nuestros Jajamim -al margen de la explicación literal y llana del versículo- nos comentan que nos encontramos frente a una de las bases primordiales del pueblo judío: la responsabilidad de cada Iehudi por el comportamiento de su hermano. "Y tropezará el varón con su hermano", o sea por el pecado de su hermano, ya que a pesar de que él no haya transgredido, todo judío es garante uno por el otro. ¿Lógico? A simple vista no parece, pero debemos recordar que el pueblo judío es un sólo cuerpo y precisamente en el cuerpo humano cuando uno de sus miembros enferma, el resto del organismo debe buscar la solución, ya que de lo contrario todo el cuerpo sufrirá las consecuencias.

 

No es éste el único caso en que la Torá nos enseña esta base. En el libro de Shemot 22 la Torá nos dice: "A ninguna viuda y huérfano atormentéis... si atormentar lo atormentarás y si clamar clamará a mí, escuchar escucharé su clamor... y se encenderá mi furia y mataré a vosotros con la espada, y serán vuestras mujeres viudas y vuestros hijos huérfanos". El Baal Haturim explica que el versículo comenzó en singular: "si atormentar lo atormentarás". Sin embargo cuando se refirió al castigo fue general: "y mataré a vosotros". ¿Cuál es la culpa de quienes no participaron del pecado? Otra vez el mismo concepto: "Todo Israel es garante uno por el otro".

 

Asimismo, en Debarim 21 la Torá nos enseña el tema conocido con el nombre de "Eglá Arufá". Se refiere a que en caso de que apareciera un muerto sin saber quién había sido el asesino, la ciudad más cercana al lugar en donde se encontró el cadáver, debía traer una becerra y desnucarla en un valle áspero en el que no se podía labrar ni sembrar. Luego los ancianos de esa ciudad lavarán sus manos sobre la becerra desnucada y dirán: "nuestras manos no vertieron esta sangre y nuestros ojos no vieron... Perdona Eterno a tu pueblo Israel al que redimiste y no atribuyas sangre inocente en medio de Tu pueblo Israel y les será perdonada la sangre". ¿Por qué Hashem debe perdonar a todo el pueblo si sólo una persona fue la asesina? La respuesta a esta altura ya es clara: todos somos responsables de los actos que suceden a nuestro alrededor.

 

En los libros de los profetas se reitera el concepto. El capítulo 7 del libro de Iehoshua nos comenta que una persona llamada Aján ben Carmí de la tribu de Iehuda, tomó del botín de guerra de la ciudad de Ierijó luego que el pueblo de Israel la conquistara. Iehoshua había advertido que: "todo el oro y plata y objetos de cobre y hierro serán sagrados para Hashem, al tesoro de Hashem irán" (Iehoshua 6). Una persona del pueblo pecó. ¿Cuál fue el resultado? La próxima conquista era la ciudad de Haai. Los espías que envió Iehoshua consideraron que era una ciudad fácil de ser conquistada y que con sólo dos mil o tres mil soldados era suficiente para lograrlo. Así hicieron, pero el resultado fue catastrófico. Debieron escapar de los soldados de Haai y murieron treinta y seis Iehudim. Iehoshua no se fijó en los motivos naturales que hacen perder una guerra, sino que se dirigió a Hashem con su ropa rasgada y ceniza sobre su cabeza: "¿Para qué has hecho cruzar a este pueblo el Jordán para entregarnos en manos del Emorí para que nos destruya? Hubiésemos quedado del otro lado del Jordán" (Iehoshua 7). La respuesta de Hashem fue contundente: "pecó Israel, también transgredieron mi pacto que les ordené y tomaron del botín, robaron, mintieron y pusieron en sus alforjas". Finalmente todo se aclaró, Aján confesó su pecado, entregó lo que había robado y fue ajusticiado por la orden de Hashem. En este caso, treinta y seis personas fallecieron por algo en lo que en principio no habían tenido participación. ¿Por qué? La respuesta de Hashem fue muy clara al respecto: "transgredieron mi pacto..., tomaron del botín..., robaron..., mintieron...", como si todos hubieran pecado, ya que cada uno es garante por el otro.

 

En el capítulo 22 del mismo libro de Iehoshua, se relata cómo la tribu de Reuben y de Gad y parte de la tribu de Menashé construyeron un altar en la tierra que habían heredado. No era con intención de ofrecer sacrificios, ya que esto sólo se podía hacer en el lugar donde el Mishkan se encontraba, sino que la idea había sido para que fuera un testimonio para las futuras generaciones que ellas también debían servir a Hashem. Cuando el resto de las tribus se enteró de la construcción del altar y ante la creencia de que era para ofrecer sacrificios, estuvieron a punto de llegar a una lucha fraticida que finalmente se evitó cuando la idea se aclaró. El argumento que las tribus de Israel utilizaron en ese momento fue: "¿Acaso Aján no tomó del botín y la furia fue contra todo Israel?". Con ese ejemplo significaban que no podían permanecer en silencio mientras sus hermanos transgredían la prohibición de construir un altar en un lugar que no correspondía. No existe el concepto de "que cada uno haga lo que quiera" dentro del pueblo judío. Hay una obligación de llamar la atención y corregir los errores porque la responsabilidad es de todos.

En efecto, cuando el Rambam en su libro de las Mizvot comenta el precepto de: "Reprochar, reprocharás a tu prójimo y no cargarás sobre él un pecado" (Vaikrá 19), menciona que "no es digno pensar: por cuanto que yo no peco si otro lo hace yo no soy responsable, ya que la idea de la Torá es completamente inversa. Todo el pueblo de Israel recibió en el pacto del valle de Mohab ser garante uno por el otro" (Sotá 37). El Talmud en Shabat 54 dice que "todo aquel que puede corregir a los integrantes de su familia y no lo hace, será responsable por su familia; a los integrantes de su ciudad y no lo hace será responsable por ellos. Lo mismo sucederá si podía corregir hechos que suceden en el mundo y no lo hizo".

 

Evidentemente, que el mayor peso de la Mizva de corregir al prójimo recae sobre los dirigentes y Sabios del pueblo judío. Rashi en Debarim 1 comenta sobre el versículo "Vaasimem Berashejem" ("y los pondré a la cabecera del pueblo"), que la palabra "Vaasimem" está escrita sin una "Iod" por lo que se puede leer "Vaashamam", que significa "la culpa". De esta manera, se puede interpretar el versículo diciendo que "la culpa y responsabilidad de lo que suceda es de quienes dirigen al pueblo", ya que deben corregir los errores enderezándolos al camino correcto. Cuando el Jafez Jaim mencionaba este tema con sus alumnos, solía recordar lo que el Talmud en Shabat 55 comenta: "nunca un buen decreto que salió de Hashem se dio vuelta para algo malo, con una sóla excepción". Precisamente, esa excepción está relatada en Iejezkel 9 en donde Hashem le había dicho al profeta que recorriera las calles de Ierushalaim y marcara las frentes de los Sadikim con una letra "Tav" con tinta para que los ángeles no los dañasen; en cambio, a los perversos la letra "Tav" debía hacerla de sangre. El ángel fiscal en el cielo reclamó delante de Hashem: "¿cuál es la diferencia entre unos y otros?". Hashem le contestó: "¡éstos son rectos completamente y los otros son perversos!". El ángel fiscal insistió: "debían haberlos reprochado y no lo hicieron". Hashem le respondió que de todas formas no habrían escuchado, pero el ángel fiscal le dijo: "Señor del mundo, Tú lo sabías, pero ellos no". En ese momento, se decretó el exterminio de todos y fueron seis los ángeles que se encargaron de la destrucción, como está detallado en el profeta Iejezkel. El Jafez Jaim les decía a sus alumnos que "ni el argumento de Hashem protegió a los Sadikim de esa generación, con más razón que en nuestra época en donde las señales de la redención son evidentes no debemos tropezar con la Mizva de reprochar y debemos corregir a las masas del pueblo para que retornen a Hashem".

 

Si nos trasladamos a nuestros días la obligación es mayor aún. Somos testigos de vivir en una generación en donde se cumple el dicho del Talmud en Berajot 63: "si observas una generación en la que la Torá es querida, debes desparramarla". Muchos de nuestros hermanos despiertan del letargo en el que estuvieron inmersos a lo largo de muchos años y retornan a sus raíces espirituales de la Torá. Profesionales que dejan de lado sus ocupaciones y concurren a clases de Torá para poder entender cuáles son sus obligaciones en la vida. Jóvenes universitarios que fueron educados en colegios laicos ingresan en Ieshibot de Israel o de muchos otros países para aprender las bases del judaísmo e identificarse con su propia sangre. ¡Pero cuántos más hay que aún aguardan a que alguno de nosotros le tienda una mano para acercarlos al verdadero camino! Nuestra es la obligación y la responsabilidad. Todo aquel que posea la facilidad de acercar a los alejados de la Torá debe entregar parte de su tiempo para esta misión tan sagrada e importante. El Zohar Hakadosh en la Perasha Terumá comenta que: "Todo aquel que toma la mano de un pecador y lo convence para que abandone su mal camino, se eleva a niveles que ninguna otra persona puede alcanzar, ya que así logra disminuir la fuerza de la impureza y provoca que la honra de Hashem se eleve. Mantiene el mundo; hereda este mundo y el venidero; ningún encargado de juzgar podrá hacerlo con él ni en este mundo ni en el venidero; Hashem lo bendecirá con todas las bendiciones que le otorgó a Abraham Abinu cuando enderezó a las almas de los pecadores, tendrá el mérito de elevarse a los setenta mundos ocultos que ninguna otra persona puede alcanzar". El Zohar concluye diciendo: "si supieran las personas cuántos méritos y beneficios podrían alcanzar al hacer retornar en Teshuba al público, perseguirían a los pecadores para corregirlos, como se persigue detrás de la vida".

 

¿A todo judío debemos proponernos acercar a la Torá? Aparentemente no. Hay un concepto que es el de "Apikoros" o sea una persona renegada, que como el Rambam lo califica en su libro Mishné Torá Abodat Kojabim 2-5 "transgreden los principios de la Torá con altivez a la vista de todos y dicen que no hay en ello pecado". Sobre ellos, el propio rey Shelomo escribió en Mishle 12: "todos los que caen en ella (renegar) no regresarán y no alcanzarán el sentido de la vida". El Rambam agrega que por el contrario se los debe "odiar y alejarse de ellos", ya que a pesar de que la Torá enseña a "querer al prójimo como a ti mismo", esto se refiere "sólo a quienes son tus compañeros en el cumplimiento de la Torá y las Mizvot y no a los renegados". Debemos analizar si estas reglas aún continúan en nuestros días y en nuestra sociedad. Para ello, analicemos lo que el propio Rambam escribe con respecto a los "Karraitas", cuyos padres sólo creían en la Torá escrita y no en la Torá oral y provocaron que sus hijos continuaran en ese camino. En Halajot Mamrim 3-3 el Rambam determina: "estos hijos que fueron educados por sus padres son como pequeños que fueron llevados cautivos y por eso no cumplen los preceptos. Se consideran como personas impedidas. A pesar de que luego escucharon que son judíos y observan el comportamiento de otros judíos, no son responsables porque crecieron con esas equivocaciones... por eso es digno hacerlos retornar al camino de la Teshuba con palabras de Shalom hasta que regresen a la Torá". De esta regla especificada hace más de 800 años, podemos deducir para nuestros días el comportamiento que debemos tener hacia aquellos que hoy se apartan del camino de la Torá. La ignorancia y la falta de identificación con el judaísmo son los fundamentos de esas actitudes negativas que asumen. Por lo tanto, a pesar de la diferencia abismal que separa el estilo de vida de unos y otros, debemos acercarnos a ellos con palabras dulces y lazos de cariño para así poder acercarlos a la Torá. Pero simultáneamente, debemos sentir en nuestro corazón el dolor de ver cómo la Torá es despreciada por parte de nuestros hermanos. Por otra parte, debemos tener en cuenta cuál debe ser ese sistema para acercarlos. Debemos recordar que por naturaleza el hombre es influenciado por su alrededor y debemos lograr que ellos se acerquen a nuestro medio. No equivoquemos el camino creyendo que lograremos nuestro objetivo compartiendo las actividades que ellos realizan.

 

Concluyamos este comentario recordando lo que la Torá en Debarim 27 dice: "maldita la persona que no levante las palabras de esta Torá". El Ierushalmi en Sotá capítulo 7 pregunta: "¿acaso hay una Torá que se cae...?". Rab Asé en nombre de Ribi Tanjum bar Jaim nos da la respuesta: "quien estudió, enseñó, cuidó e hizo y tenía la posibilidad en su mano para fortalecer y no lo hizo, estará incluido dentro de esa maldición". El comentarista del Talmud "Korban Haedá" aclara que el término "fortalecer" se refiere precisamente a quien podía acercar a sus hermanos al camino de la Torá y no lo hizo. Hoy más que nunca debemos -cada uno de acuerdo con su nivel y categoría- ocuparnos de este tema tan vital, no sólo por ser garantes de nuestros hermanos, sino también porque el cariño verdadero a Hashem se refleja llamando a que Su nombre sea querido y respetado por todos. Tengamos el mérito de encaminarnos en esta senda para así acercar la pronta llegada del Mashiaj. Amén.