PERASHA BO:
Agradecemos a Alberto Sueke por darnos autorización
de publicar esta sección
"Tefilin: la conexión
directa"
Nos encontramos en esta Perasha con dos de las cuatro Perashiot que están
escritas en los pergaminos del Tefilin: "Kadesh Li Jol Bejor"
(santificarás para mí todo primogénito) y "Vehaiá
Ki Iebiajá" (y será cuando te llevará). En ambas está
recordado el precepto del Tefilin: "y será para tí como señal
sobre tu mano y como recuerdo entre tus ojos, para que se encuentre la Torá
de Hashem en tu boca, porque con mano fuerte te sacó Hashem de
Egipto" (Shemot 13). Es sabido que se coloca el Tefilin sobre el brazo
frente al corazón y sobre la cabeza frente al cerebro, sometiendo así
a estos dos miembros fundamentales del ser humano a la voluntad de Hashem.
Cuando un joven judío cumple los trece años, recibe los
mismos derechos y obligaciones que toda persona mayor: completar un Minian y
responsabilizarse por cumplir todos los preceptos, tanto los 613 escritos en la
Torá como los que decretaron nuestros Sabios. Es realmente sorprendente
que siendo así, cuando queremos destacar este momento tan especial, todo
se concentra alrededor de un solo precepto: colocar el Tefilin. ¿Por qué
fue elegido este precepto como centro de todos los otros y en qué se
diferencia de ellos? Más aún, el precepto del Tefilin se cumple sólo
de día y el joven recibe sus obligaciones a partir de la noche anterior.
Se podría celebrar el acontecimiento con la Mizva de leer la Shemá
en esa misma noche o realizar Sedaká, respetar a los padres, decir Bircat
Hamazon, etc. Intentaremos dar la respuesta a todas estas preguntas. En el
precepto del Tefilin se encuentra la base de todas las Mizvot y por eso fue
elegido como el símbolo de ellas. Pero para poder entender esto, primero
debemos preguntarnos: ¿para qué fueron entregados los preceptos? ¿Por
qué se trata de 613 Mizvot con exactitud? Nuestros Jajamim nos explican
que el objetivo de las Mizvot es purificar al ser humano de su materialismo,
como está escrito en Tehilim 18: "el camino de Di-s es íntegro,
la palabra del Eterno es pura, es un escudo para todos los que se refugian en
Él". La persona nace con inclinaciones y cualidades negativas que lo
impulsan detrás del materialismo. El objetivo del ser humano en este
mundo es elevarse espiritualmente y superar los inconvenientes que se le
presenten en la vida. Para enfrentar esta tarea tan difícil, dispone de
un elemento muy precioso que le permitirá salir airoso: la Torá y
los Mizvot, como comenta el Talmud en Babá Batrá 16: "Dijo
Hashem: creé el instinto del mal, creé la Torá que es el
condimento para vencerlo". De esta forma, cada Mizva arregla y tiene
influencia sobre una parte del cuerpo. Es por eso que frente a los 248 miembros
y 365 venas del ser humano, existen 248 preceptos positivos y 365 preceptos de
no transgresión que alimentan a esos miembros y venas si se los cumple
como corresponde.
Cuando un joyero trabaja sobre la plata o el oro con la intención
de conseguir la mayor pureza posible eliminando la mínima escoria que
pudiera existir, deberá utilizar un horno cuya temperatura será
muy elevada para poder lograrlo. También el ser humano -creado de la
tierra con el materialismo que ella representa- deberá cumplir los
preceptos no sólo en forma automática y por costumbre, sino que
deberá sentir que sin ellos la vida no tiene sentido y que son tan
importantes para él como el propio aire que respira.
Pero volviendo al tema del Tefilin: ¿qué es lo que lo diferencia
de las demás Mizvot? La respuesta es que cuando un joven llega a su Bar
Mizva, es fundamental que tome conciencia del objetivo que las Mizvot tienen en
su vida. Para que ese mensaje sea claro utilizamos en forma exclusiva el
precepto del Tefilin. Se trata de la única Mizva que está unida
directamente al cuerpo de la persona -tanto en el Tefilin de la mano como en el
de la cabeza- enseñándole que no puede haber ninguna separación
entre él mismo y el cumplimiento de los preceptos. Cualquier Mizva que
deba realizar y él mismo forman un solo bloque, ya que la santidad del
precepto se posa sobre su cuerpo material transformándolo en espiritual.
Por eso, con el precepto del Tefilin se le señala al joven Bar Mizva
indirectamente: "debes cumplir los preceptos como un sólo cuerpo, ya
que tú eres parte de la Mizva y la Mizva es parte de tu cuerpo como
observas en el propio Tefilin pegado a ti".
Quizás con esta base podamos comprender lo que pregunta el Talmud
en Berajot 6: "¿cómo sabemos que Hashem coloca el Tefilin?".
El propio Talmud responde: "está escrito que juró Hashem por
su diestra y por la fuerza de su brazo" (Ieshaia 62); la diestra se refiere
a la Torá como está escrito en Debarim 33: "de su diestra un
fuego de ley para él" y la fuerza de su brazo se refiere al Tefilin
como está escrito en Tehilim 29: "Hashem fuerza a su pueblo dará"
y el Tefilin es la fuerza de Israel como explica Ribi Eliezer Hagadol: "y
verán todas las naciones de la Tierra que el nombre de Hashem es sagrado
sobre ti (se refiere al Tefilin de la cabeza) y temerán de ti". El
Talmud continúa con la pregunta de Rab Najman a Rab Jiá: "¿qué
está escrito en los Tefilin del Señor del Mundo?". La
respuesta de Rab Jiá es: "quien hay como tu pueblo Israel, pueblo
único en la Tierra", ya que así como el pueblo judío
consagra a Hashem como único Di-s al decir: "Shema Israel Hashem
Elo-henu Hashem Ejad", también Hashem nos proclama como el pueblo
elegido. Es evidente que los conceptos de esta Guemará son muy profundos
y no se pueden entender superficialmente, ya que Hashem no es cuerpo ni materia
por lo que no se puede entender literalmente que se coloca el Tefilin. Pero quizás
la explicación se refiera a que por medio de este precepto, cada Iehudi
une su cuerpo y alma en un sólo bloque espiritual que a su vez se une
propiamente a Hashem. En forma similar, Hashem continuamente está unido
al pueblo de Israel y quizás a eso se refiera el Talmud cuando menciona
que Hashem se coloca el Tefilin en el que están escritos versículos
que reflejan ese cariño y unión al pueblo judío.
La Torá debe ser cumplida con nuestro cuerpo material. Así
lo elevaremos y santificaremos para que adquiera la eternidad hasta el momento
de la resurrección. Los preceptos que nos rodean son la vestimenta
espiritual del cuerpo: el Tefilin en la cabeza y mano, el Sisit en la ropa, la
Mezuzá en nuestras puertas. Cada Mizva que realicemos revive al miembro
espiritual correspondiente. Quien no valora -por ejemplo- el precepto del
Tefilin, seguirá teniendo físicamente su brazo y cabeza, pero el
defecto espiritual que se crea es eterno, aunque con los ojos materiales no
pueda ser visto. Lo mismo
sucede con todos los preceptos. A tal punto llega este concepto, que cuando el
rey David al bañarse se dio cuenta de que estaba desnudo de preceptos, sólo
se consoló cuando recordó el Berit Milá que tenía en
su cuerpo y desde ese momento escribió el Salmo 12: "canto sobre el
octavo (por el Berit Milá del octavo día), canto de David".
Este tema de la purificación del cuerpo por medio de los preceptos
y en especial por medio del Tefilin, lo comenta el Maharal de Praga en su libro
de Jidushe Agadot sobre el comentario del Talmud Rosh Hashaná 17:
"los transgresores del pueblo de Israel en su cuerpo y los transgresores
del resto de las naciones en su cuerpo, descienden al infierno donde son
juzgados por doce meses, luego de los cuales el cuerpo se desintegra, el alma es
quemada, un viento la esparce y se convierte en cenizas debajo de las piernas de
los rectos ......" "¿Quiénes son los transgresores de Israel
en su cuerpo?", pregunta el Talmud. "Las cabezas en las que no se
colocan los Tefilin" es la respuesta. El Maharal explica que la Mizva del
Tefilin es una Mizva del cuerpo para santificarlo y unirlo a Hashem. Quien no lo
hace es un pecador en su propio cuerpo, ya que no le permite recibir la
espiritualidad debida y por eso desciende al infierno. Por eso, a pesar de que
un Iehudi transgreda otros graves preceptos, no se lo considera
"transgresor en su cuerpo". Sólo si peca en preceptos como el
del Tefilin, en donde olvida la propia identidad del Iehudi en su cuerpo y alma,
recibe el nombre de transgresor en su cuerpo y el castigo del infierno.
Llegamos a la conclusión de que el ser humano al cumplir los
preceptos de la Torá, irradia espiritualidad a su cuerpo material. Con
este concepto, podemos comprender lo que sucedió con muchos Sadikim que
fueron sacados de sus tumbas después de muchos años del
fallecimiento y el cuerpo se encontraba en perfectas condiciones. Al haber
transformado en la vida al cuerpo en algo espiritual, la naturaleza que
normalmente provoca que un cuerpo se descomponga no tuvo influencia sobre lo
espiritual.
El Sefer Hajinuj comenta que en las cuatro Perashiot escritas en el
Tefilin (Shema, Vehaia Im Shamoa, Kadesh Li y Vehaia Ki Iebiaja) se encuentran
las bases de nuestra fe: recibir el yugo celestial, aceptar que Hashem es
único y recordar el tema de la salida de Egipto que expresa Su
supervisación y la posibilidad de cambiar todo lo que sucede en el mundo.
Por eso -continúa el Rab- fuimos ordenados de colocar estas bases sobre
nuestro corazón y cerebro para fortalecernos en el camino de Hashem que
nos dará la eternidad. El joven a los trece años en el día
de su Bar Mizva recibe una red de comunicación especial con Hashem
-representada por excelencia con el precepto del Tefilin- que posee una doble
corriente. En principio, Hashem mantiene el alma pura en nuestro interior.
Debemos por medio del libre albedrío, actuar de acuerdo con las
indicaciones que Hashem nos otorgó para que esa comunicación no se
corte en ningún instante.
Puede suceder que una persona se levante por la mañana
normalmente, desayune como siempre acostumbra, concurra a su trabajo, salude a
sus compañeros, regrese a su hogar, seleccione lo que desea realizar en
su vida de acuerdo con lo que su instinto decida en ese instante, pero no tome
conciencia de que cortó su comunicación con Hashem mucho tiempo
atrás. Pobre de quien toda la elección de su vida es elegir entre
una gaseosa o un jugo de naranja. Si ésta es su vida ¿para qué le
sirve? Puede haber cortado el lazo que lo unía con Hashem sin que ni
siquiera se haya dado cuenta. Cuando llegue su final -a pesar de que transcurran
muchos años-, se tratará de alguien que ha desaparecido mucho
tiempo atrás. Es lo que sucede -por ejemplo- con alguien que no abona su
factura de teléfono y la compañía le corta la línea.
No es necesario para la compañía ir a retirar el aparato telefónico,
ya que de todas formas el servicio está interrumpido. Sería muy
triste observar a quien se conforma con ver el aparato en su habitación y
cree que está teniendo provecho del mismo porque no se lo han retirado.
Quien no se une a Hashem por intermedio de los preceptos, corta esa comunicación
existente con el Todopoderoso y puede equivocadamente dejar pasar su vida en
falso sin darse cuenta de ello.
El Tefilin es una señal de amor de Hashem hacia nosotros, ya que
expresa que su propósito fundamental al crear el mundo está
relacionado íntimamente con el pueblo de Israel. Simultáneamente,
es la demostración de nuestro cariño hacia El y la aceptación
total de sus preceptos, que elevan nuestro cuerpo en forma espiritual para así
poder recibir el bien en este mundo y en el venidero.