• Guía de duelo

    guia de abelutGUIA PARA DOLIENTES-UNA ORIENTACION ANTE EL FALLECIMIENTO

     

    Rabino Eliahu Birnbaum

    En la Eterna memoria de: RITA SUSANA LEWY Z”L

    Dedicado con carino por sus padres y hermano.

    “Dor olej vedor va vehaaretz leholam omedet…. Las
    generaciones se suceden y únicamente la

    tierra está establecida por siempre.” (Ecleciastés 1,4)

     INDICE

    Introducción Tziduk
    Hadin, Hesped – ceremonia fúnebre
    Oraciones y
    meditaciones
    Antes del
    entierro
    La
    llegada a casa – la comida de condolencia
    Meditación
    antes del Kadish y Kadish en fonetica
    Preparaciones
    para el entierro

    Los tres períodos de luto

    Matzeva-
    Lápida en memoria del difunto
    Aninut-Entre la muerte y el entierro Shiva – la semana de luto Visitas al cementerio
    Sobre
    quién se observa el luto
    Nijum
    Avelim – la consolación de los deudos
    Izkor – Oración de
    recordación
    Velatorio Shloshim Lecturas de reflexión
    Cuando debe realizarse el entierro Avelut – doce meses de
    luto
    El hombre único – Rabino
    Yosef D. Soloveitchik
    Comunicación
    a los parientes
    Kadish El sentido de la vida y la muerte – Rabino Eliahu
    Birnbaum
    El entierro El significado del Kadish Fallecimiento y duelo – Rabino Jaim Halevy Donin
    Z”L
    Keriá – la
    desgarradura de la ropa
    Períodos de duelo y
    recordación
    Preparándose para la eternidad –
    Rabino Arie Kaplan Z”L

     

    Introducción

     

    Hoy es un día muy triste para Usted.

    No es nuestra intención interferir en sus sentimientos. Antes
    bien, nos

    gustaría orientarlo en las normas judías que enseñan cómo
    debemos honrar

    al ser querido en las etapas posteriores a su fallecimiento.

    Las leyes a observar en materia de luto son numerosas y abarcan
    una

    amplia gama de situaciones (parentezco, edad, etc.) Esta guía no

    pretende ser exhaustiva, por lo tanto, se menciona en ella sólo
    lo

    esencial. Cualquier consulta puntual será atendida en el
    Rabinato.

    Lejos del lenguaje halájico tradicional, este breve resumen fue

    redactado en base a las dudas y preguntas que personas de la
    Comunidad

    presentaron en diferentes ocasiones. Ameno y didáctico quiere ser
    su

    lenguaje, así como directo y objetivo el abordaje de los
    diferentes

    temas. Esta guía está destinada a acompañarlo de la mano, a
    quedar a su

    lado en forma serena y suave como la voz del silencio.

    Las normas que aquí se explican están entre nosotros desde hace

    milenios, e implican un cambio en la rutina y los hábitos del
    día a

    día. Tal vez usted no este familiarizado con ellas, por lo que
    esperamos

    que lea este trabajo y, dentro de sus posibilidades, cumpla con
    aquello

    que le dicte su conciencia.

    En nombre del Rabinato de la Comunidad Israelita del Uruguay,
    nuestras

    condolencias y la bendición tradicional a los enlutados:
    “AMakom Ienajem

    Etjem Betoj Shear Avelei Tzión Virushalaim Velo Tosifu Ledaava
    Hod – Que

    Dios les de consuelo junto a los dolientes del Pueblo de Israel y
    no

    sepan más de dolor.

    Las observancias tradicionales judías relativas a la muerte y al
    luto

    cumplen con el propósito múltiple de recordar al fallecido,
    honrar su

    memoria exaltando en nombre de su alma al Creador y confortar a
    los

    enlutados.

    Quiera Dios que, a través de la observancia de los rituales
    fúnebres

    destinados a la honra y el respeto debidos a los seres humanos sin
    vida,

    El torne realidad el versículo que dice:

    “El suprimirá la muerte para siempre; El Eterno Dios
    limpiará las

    lágrimas de cada rostro”

    Rabino Eliahu Birnbaum

    ANTES DEL ENTIERRO

     

    PREPARACIONES PARA EL ENTIERRO

     

    Los familiares y amigos cercanos del fallecido tienen a su cargo
    los

    cuidados del cuerpo y su lavado (Tahará), los preparativos para
    el

    entierro, conseguir la mortaja mortuoria, el cajón y la
    documentación

    legal, así como ocuparse del velatorio y del propio entierro. En
    estos

    deberes religiosos sagrados, son secundados por personas que la

    Comunidad destina para esta sagrada tarea.

    ANINUT – ENTRE LA MUERTE Y EL ENTIERRO

     

    Los momentos previos al entierro, conllevan sentimientos de

    incertidumbre y desorientación. Son momentos en los cuales los

    familiares no pueden aún asumir y aceptar la tragedia sucedida, y
    se

    encuentran “entre cielo y tierra”. Nuestra tradición es
    sensible a esta

    situación y libera a la persona de sus obligaciones religiosas
    (mitzvot

    hasé), para que pueda expresar plenamente sus sentimientos y
    preparar lo

    necesario para el entierro.

    La persona que pierde uno de sus parientes cercanos sobre los
    cuales

    debe observar el luto se denomina Onén, desde el momento del

    fallecimiento hasta finalizar el entierro.

    El onen no debe comer en la habitación que ocupa el fallecido;
    tampoco

    debe comer carne, tomar vino, cortarse el pelo, trabajar ni
    participar

    en festejos.

    SOBRE QUIEN SE OBSERVA EL LUTO

     

    Los siete parientes por los cuales hombres y mujeres deben guardar
    las

    leyes de luto son:

    Padre ó madre

    Hijo ó hija

    Hermano ó hermana (por parte de padre o madre)

    Esposo ó esposa

    El término Avel, “persona de luto” se aplica a personas
    que perdieron a

    uno de los familiares mencionados (incluyendo a medios hermanos y

    hermanas).

    VELATORIO

     

    Es deber acompañar al muerto (Halvaiat hamet ) en el velatorio y
    la

    sepultura, en señal de respeto por el fallecido y consuelo para

    familiares (Guemilut jasadim )

    Hasta la sepultura, debe dejarse que los enlutados dejen aflorar
    su

    aflicción y dolor, y no se deben ofrecer condolencias.

    En el recinto en el que se encuentra el cuerpo se debe encender
    dos

    velas que se mantendrán encendidas hasta la salida del ataúd.

    Las personas deben leer Salmos dedicados al alma del fallecido,

    mencionar las virtudes y las buenas obras que realizó, y mantener
    un

    ambiente de circunspección y sobriedad. No se debe comer, fumar o

    mantener conversaciones sin importancia en la habitación en que
    se

    encuentra el fallecido.

    Exhibir al muerto se considera deshonroso y falto de respeto. Por

    consiguiente, durante el velatorio el cuerpo permanece cubierto.

    En lo concerniente al envío de flores, éste es un procedimiento
    que no

    se acostumbra en el judaísmo. Las flores o coronas de flores que
    por

    ventura fuesen enviadas para honrar al fallecido (principalmente
    por

    personas no judías) deben ser aceptadas, pero no se las debe
    colocar

    sobre el cajón ni llevar al cementerio; deben ser colocadas en
    una sala

    próxima al lugar del velatorio.

    Asistir a un funeral y acompañar los restos mortales hasta el
    cementerio

    es una de las mayores mitzvot de nuestra religión.

    Acompañar al cortejo fúnebre (Levaiá) y llevar al muerto a su
    última

    morada es un deber tan sagrado que incluso permite, en algunos
    casos,

    interrumpir el cumplimiento de otros preceptos religiosos.

    ¿CUANDO DEBE REALIZARSE EL ENTIERRO?

     

    Es de suma importancia que el entierro sea realizado lo antes
    posible.

    El servicio del velatorio y el entierro deben acontecer lo más
    rápido

    posible después del fallecimiento, preferentemente el mismo día.
    Sin

    embargo, en caso de necesitar su postergación por motivos
    especiales

    debe consultarse primero a un rabino.

    La postergación del entierro hasta el día siguiente, sólo es
    permitido

    si su objetivo es honrar al fallecido, o aguardar la llegada de

    parientes cercanos que vienen de países distantes, o por causa de

    Shabat, de un Iom Tov; o a fin de enterrarlo en la Tierra de
    Israel.

    En caso de fallecimiento en viernes (víspera de Shabat), después
    de

    determinado horario, el entierro es pospuesto para el domingo; en
    caso

    de Iom Tov, para el segundo día de Iom Tov.

    COMUNICACION A LOS PARIENTES

     

    Se comunica a los hijos el fallecimiento de sus padres inclusive
    si

    están en el exterior. Se procede así para que los hijos puedan
    decir el

    Kadish.

    El aviso debe ser hecho de manera de evitar impresiones fuertes.

    Se recomienda no avisar a los parientes enfermos, o hacerlo con

    asesoramiento médico y tomando todas las precauciones que sean
    del caso.

    No en todos los casos es necesario participar inmediatamente a los
    hijos

    o familiares de un fallecimiento, por cualquier consulta sobre el
    tema,

    sirvase dirigirse al Rabinato.

    EL ENTIERRO

     

    LLEGADA AL CEMENTERIO

    Llegando al cementerio, el cortejo se dirige al Bet-Tahará (Casa
    de

    Purificación), en el caso de que el cuerpo no haya sido aún
    lavado y

    purificado.

    Es aconsejable que sean amigos del difunto quienes lo carguen
    desde el

    coche fúnebre hasta la sala de purificación.

    KERIA – LA DESGARRADURA DE LA ROPA

    Rasgar la ropa (Keriá) que se esta usando, es la manera religiosa
    de

    expresar la amargura por la pérdida de un ser querido. Es una
    antigua y

    tradicional señal de luto entre los judíos, y se remonta a los
    tiempos

    bíblicos: “Y rasgó Yaacov sus ropas…y se enlutó por su
    hijo (Yosef)

    muchos días.” (Génesis 37, 34)

    Keriá es una expresión externa de las emociones interiores de
    aquel que

    está de luto. Han arrancado de la vida a un ser querido: han
    creado un

    vacío.

    La Keriá es obligatoria para los siete parientes nombrados
    anteriormente

    (padre ó madre, hijo ó hija, hermano ó hermana, esposa/o) y
    debe ser

    hecha de pie.

    Por la muerte del padre o madre, se acostumbra hacer la Keriá en
    el lado

    izquierdo, a fin de descubrir el corazón.

    Por la muerte de los demás parientes, se acostumbra hacer la
    Keriá en el

    lado derecho.

    Jóvenes menores de trece años, o niñas menores de doce años,
    deben

    también rasgar sus vestimentas cuando poseen la madurez emocional

    necesaria para comprender la pérdida familiar.

    El oficiante de la ceremonia inicia un corte vertical en la ropa
    del

    enlutado con una gilette o una tijera, y éste, con la mano,
    continúa el

    corte algunos centímetros mas. Cuando se realiza la Kería a una
    mujer,

    debe ser otra mujer quien inicie el corte de la ropa.

    Mientras realizamos la Keriá, en señal de aceptación al juicio
    Divino

    que nos ha apartado de nuestro ser amado, recitamos la siguiente

    bendición : Baruj Atá Adonay Eloheinu Mélej Ha-Olam Daián
    Ha-Emeth.

    Alabado seas Tu, Oh Señor nuestro Dios. Rey del Universo,
    verdadero

    Juez.

    El difunto Dr. Joseph H. Hertz, Gran Rabino del Imperio
    Británico,

    señaló lo siguiente sobre la costumbre de la Kería:

    “Según una antigua costumbre judía, la ceremonia en que
    rasgamos

    nuestras prendas debe realizarse de pie, ante nuestro ser más
    querido

    que yace frente a nosotros. Esto nos enseña que debemos
    sobreponernos a

    nuestro dolor con la frente en alto. Quizás el futuro sea
    incierto,

    oculto a los ojos de los mortales, pero no la forma en que debemos

    enfrentarlo. No tiene sentido maldecir la vida, rebelarse contra
    un

    destino que ha marcado nuestras vidas con momentos desagradables.
    No

    podemos establecer los términos de la vida. Esta debe aceptarse
    como se

    presenta. Pero aunque los términos de nuestra vida sean duros, la
    vida

    nunca nos ha dictado el deshonor, la injusticia, maldad o
    impiedad”.

    TAHARA – PREPARACION DEL DIFUNTO PARA EL ENTIERRO

    Nuestra tradición enseña que el cuerpo del ser humano, (que ha
    sido

    creado a “imagen y semejanza de Dios”), debe ser tratado
    con respeto

    durante su vida y también después de su muerte. Es por este
    motivo que

    el fallecido debe ser preparado para el entierro según nuestra
    milenaria

    tradición, recibiendo así el respeto que merece.

    Primero, la Jevrá Kadishá debe realizar la preparación ritual
    del

    cuerpo, conocida como Tahará (purificación). Esta consiste en
    lavar el

    cuerpo y luego vertir sobre él un flujo de agua en simbolo de

    purificación.

    El respeto por el difunto y por la dignidad humana exigen que los
    restos

    descansen en un estado de profunda limpieza física.

    Después de la Tahará se viste al difunto con los Tajrijim,
    (mortajas

    blancas) y para un hombre, se coloca sobre los tajrijim el Talit
    (manto

    de oraciones) que usó en vida.

    Las mortajas señalan la igualdad absoluta que existe entre todos
    los

    seres humanos en el momento de la muerte. De este modo, no se
    perciben

    diferencias entre ricos y pobres en el momento de despedirse de
    nuestro

    mundo.

    Es costumbre envolver a los hombres fallecidos en el Talit que lo

    acompañó durante su vida. En caso de que la persona no posea un
    Talit,

    se puede conseguir o adquirir otro para el entierro.

    TZIDUK HADIN, HESPED – CEREMONIA FUNEBRE

     

    Después de la purificación del cuerpo se lleva a cabo una breve

    ceremonia antes de continuar con el entierro.

    Para comenzar, se pronuncia Tziduk HaDín (la aceptación de la
    Justicia

    del decreto Divino),oración en la que reafirmamos nuestra fe en
    Dios,

    reconocemos haber aceptado Su Juicio, así como que aceptamos que
    Dios es

    el que otorga la vida y es quien ordena la muerte de la persona.

    En esta ocasión, es costumbre que el Rabino de la Comunidad
    pronuncie

    reflexiones sobre el tema de la muerte y sobre la persona
    fallecida.

    En días festivos o en víspera de Shabat y Iom Tov, esta oración
    se

    omite.

    LEVAIA – EN CAMINO AL SEPELIO – LA PROCESION FUNEBRE

    En camino al lugar de descanso eterno de la persona fallecida, se
    recita

    el Salmo 91 y la procesión se detiene siete veces según la
    costumbre de

    muchas comunidades antes de alcanzar el lugar escogido. La
    procesión se

    realiza como signo de respeto hacia el difunto y expresión del
    dolor que

    se siente al separarse de él.

    Es muy meritorio que el ataúd sea llevado hasta la fosa por
    amigos y

    familiares que apreciaron al fallecido, y que quieran brindarle
    los

    máximos honores en estos momentos.

    Se procede con lentitud como demostración del dolor producido por
    la

    muerte del ser querido, intentando retener la despedida cercana.

    KEVURA – LA SEPULTURA

    La obligación de enterrar a los muertos en la tierra tiene su
    origen en

    la Biblia: “…pues polvo eres y al polvo volverás”.
    (Bereshit, Génesis

    II:19) La ley judía prohíbe los entierros en mausoleos y las

    cremaciones.

    Al llegar los familiares y amigos al lugar escogido, debe bajarse

    inmediatamente el ataúd dentro de la fosa. Los presentes, como

    demostración de solidaridad judía en honra del fallecido, ayudan
    a

    llenar la fosa; muestran de este modo su respeto, tanto por el
    difunto

    como por quienes están de duelo por su muerte.

    Las personas que están echando tierra en la sepultura deben tener

    cuidado de no pasarse la pala de mano en mano, sino que deben
    dejarla en

    la tierra para que la otra persona la tome de allí, con esto se

    simboliza la voluntad de no transmitir desgracias a otra persona.

    Una vez que se ha terminado de llenar la tumba se pronuncian
    capítulos

    de Salmos y oraciones alusivas. Luego quienes están de duelo
    recitan el

    Kadish. A continuación el oficiante pronuncia la oración
    rememorativa,

    El Malé Rajamim (excepto en los días en los cuales las súplicas
    no son

    recitadas).

    Es costumbre que el oficiante pida, en nombre de la Jevrá
    Kadishá y de

    todos aquellos que se ocuparon del fallecido, disculpas por
    cualquier

    falta que involuntariamente se hayan cometido en el proceso de

    preparación para el entierro.

    Se acostumbra colocar una pequeña piedra o un puñado de tierra
    sobre la

    sepultura y despedirse del muerto antes de retirarse.

    SALIDA DEL CEMENTERIO

    Antes de salir del cementerio, los avelim, (enlutados) deben
    recibir el

    primer consuelo, como símbolo del comienzo del período de Shiva.
    Los

    dolientes se sientan en un banco bajo, mientras los asistentes
    pasan

    delante de ellos y pronuncian las palabras de consuelo
    tradicional:

    “AMakom Ienajem Etjem Betoj Shear Avelei Tzión Virushalaim
    Velo Tosifu

    Ledaava Hod – Que Dios les de consuelo junto a los dolientes del
    Pueblo

    de Israel y no sepan más de dolor.

    A la salida del cementerio, en cualquier ocasión, debe procederse
    al

    lavado de manos ritual, (Netilat Iadaim). Se llena un vaso o una

    jarra con agua y se la vierte primero sobre la mano derecha y
    después

    sobre la mano izquierda, tres veces sucesivamente hasta vaciar la
    jarra.

    De este modo se aleja simbólicamente la impureza creada por el
    contacto

    con la muerte.

    LA LLEGADA A LA CASA – LA COMIDA DE CONDOLENCIA

     

    Al volver del cementerio, los familiares de luto se sacan los
    zapatos y

    se sientan en sillas bajas o en el piso.

    La primer comida de los deudos, debe ser proporcionada por sus
    vecinos o

    amigos y no debe componerse de alimentos que se encuentren en la
    casa de

    quien está de duelo.

    Los parientes y amigos acostumbran a preparar una comida liviana,
    para

    que quienes están de duelo coman algo a la vuelta del cementerio.
    De

    hecho, la preparación de ésta Seudat Havrahá (comida) es una
    mitzvá

    importante y una obligación religiosa.

    El motivo de esta comida, es que una persona que ha sufrido una

    desgracia, sienta que está acompañado de amigos y vecinos
    quienes le

    brindan consuelo y ayuda.

    LA ELABORACION DEL DUELO

     

    LOS TRES PERIODOS DE LUTO

     

    Luego del entierro comienzan a regir para los siete parientes las
    leyes

    de luto.

    La ley judía estipula tres períodos sucesivos de luto, que van

    disminuyendo gradualmente de intensidad. Ellos son: Shivá,
    Shloshim y

    Avelut.

    Shivá comprende los siete primeros días de duelo; Shloshim
    abarca los

    primeros treinta días después de la muerte. El tercer
    período(Avelut),

    se extiende a los doce meses hebreos desde una muerte.

    La llegada de una festividad (Iom Tov) en el transcurso de los
    períodos

    de luto altera la cuenta normal de estas etapas. En caso de ser

    necesario, se debe consultar al respecto con una autoridad
    rabínica.

    SHIVA – LA SEMANA DE LUTO

     

    El primer período es la Shivá y comprende los siete primeros
    días del

    luto, inmediatamente después del entierro; sirve para ayudar a
    las

    personas enlutadas a enfrentar el fallecimiento acontecido.
    Durante

    estos días los pensamientos de los dolientes se concentran en la
    memoria

    de los seres queridos.

    Los deudos no deben abandonar su casa salvo por asuntos de gran

    urgencia.

    La forma más apropiada de observar la shivá es que la familia
    esté

    reunida en la casa del fallecido. Sin embargo, esto no es
    obligatorio, y

    los miembros de la familia pueden guardar el luto en cualquier
    otro

    lugar, inclusive por separado en sus propias casas, según las

    circunstancias.

    LAS COSTUMBRES EN LA CASA DEL DOLIENTE

    Al volver del cementerio, los familiares de luto se sacan los
    zapatos.

    Es costumbre usar zapatos de tela o lona y no de cuero. Los
    enlutados no

    se sientan en sillas de altura normal sino que se sientan en
    bancos

    bajos (hasta 30 cm. del piso) o sobre almohadones en el piso. De
    esta

    costumbre se originó la expresión “sentar shivá”

    Asimismo, durante la Shivá debe mantenerse una vela encendida y
    todos

    los espejos de la casa deben ser tapados, señalando que durante
    los días

    de Shivá no dedicamos esfuerzo e interés a nuestro cuerpo sino a
    la

    memoria del fallecido. El encender una vela en memoria del difunto
    es

    una antigua costumbre judía para acompañar simbólicamente el
    alma del

    fallecido.

    Una de las costumbres que caracterizan la casa de Shivá es que se
    deja

    la puerta abierta. Esto se hace en señal de que familiares y
    amigos

    pueden entrar a consolar al deudo sin tener necesidad de
    molestarlo para

    que abra la puerta.

    Durante los siete días de luto no se realiza trabajo alguno (los

    profesionales que puedan verse gravemente dañados por la
    interrupción de

    su trabajo deben consultar con el rabino; pues existen atenuantes
    para

    los diferentes casos).

    En estos días no se visten ropas nuevas, no se corta el cabello y
    la

    barba, no se mantienen relaciones íntimas y no se untan unguentos
    con el

    objeto de crear un ambiente diferente que permita percibir la
    tristeza

    de la muerte sucedida.

    Durante la Shivá no se aconseja discutir las cuestiones de
    herencia o

    testamento, así como retirar de la casa del fallecido cualquiera
    de sus

    pertenencias; definitivamente, éste no es el momento para
    hacerlo.

    LOS REZOS DURANTE LA SHIVA

    Es Mitzvá organizar en casa de los enlutados un Minián para
    recitar el

    Kadish tres veces por día: Shajarit, Minjá y Maariv. De no ser
    posible

    reunir diez adultos en la casa para formar un Minián, el enlutado
    puede

    trasladarse a la Sinagoga para orar y pronunciar el Kadish.

    En nuestra Comunidad sugerimos a las familias de duelo que
    participen en

    los rezos de la Sinagoga de la Kehilá, de tal modo que sea
    posible

    orientar y guiarlos en todo lo necesario, así como realizar un
    estudio

    en memoria y mérito de la persona fallecida durante todos los
    días de la

    Shivá.

    Las familias que realizan los rezos correspondientes en la casa
    del

    fallecido en horas de la tarde, pueden participar de los rezos
    matutinos

    en la Sinagoga.

    En ocasión de realizarse los rezos en la casa de Shivá, es
    costumbre

    compartir un breve estudio de Torá en memoria del fallecido. Se
    estima

    que el estudio es un mérito para la elevación del alma de la
    persona

    fallecida. Esto convierte a la reunión en el hogar del fallecido
    en una

    experiencia espiritual adecuada a la situación emocional en la
    que se

    encuentran los enlutados.

    SHABAT EN EL PERIODO DE LA SHIVA

    Dos horas antes de la entrada del Shabat cesa el luto; los
    enlutados

    deben cambiar su ropa, calzarse los zapatos e ir a la sinagoga. El

    Kadish sigue siendo recitado.

    Los aspectos externos y públicos del duelo son suspendidos, y los

    enlutados pueden prepararse para recibir el Shabat, pues está
    prohibido

    demostrar señales de luto, aunque el Shabat se cuente normalmente
    como

    uno de los siete días.

    Los enlutados por lo tanto, deben calzar zapatos de cuero,
    cambiarse la

    ropa rasgada y vestir ropa de Shabat normalmente, salir de la casa
    para

    ir a la Sinagoga, sentarse en sillas normales y saludar a todos
    con el

    “Shabat Shalom”; las mujeres no deben olvidar el
    encendido de las velas

    de Shabat.

    El día sabado está incluido en la cuenta total de los siete
    días de

    duelo.

    En Motzei-Shabat se vuelve al luto despues de la Havdala.

    En nuestra Comunidad, es costumbre que los familiares y amigos del

    fallecido participen en los rezos de Kabalat Shabat en la Kehilá
    con el

    fin de reunirse y pronunciar el Kadish. En dicha ocasión, el
    Rabino

    hace una breve mención a la persona fallecida.

    FINALIZACION DE LA SHIVA

    Para el recuento de los siete días se cuenta el día del entierro
    como un

    día completo, siempre que éste haya sido llevado a cabo como
    corresponde

    y que la Shivá comience antes de la puesta del sol. En el
    séptimo día se

    concluye Shivá justo después del servicio de la mañana. Así,
    si el

    entierro fue por ejemplo un lunes, el período de Shivá se
    completa el

    domingo siguiente en la mañana.

    El séptimo día después del rezo matutino (Shajarit), la familia
    sienta

    shivá por última vez y los presentes les ofrecen sus palabras de

    consuelo, se les ofrece una mano y se les ordena levantarse y
    terminar

    la shivá. Es costumbre que el Rabino u otro dignatario los
    levante de la

    Shivá y que, al levantarse, los enlutados salgan a la calle por
    unos

    minutos, simbolizando que acompañan el alma del fallecido al
    final del

    primer período de duelo y se integran nuevamente a la sociedad.

    Está permitido, visitar la tumba del familiar fallecido al
    finalizar la

    Shivá. (aun así, debe cosiderarse que hasta esa fecha aun no
    esta

    preparado el marco de cemento que cubre la fosa durante los
    primeros

    meses hasta la colocación de la Matzevá).

    NIJUM AVELIM – LA CONSOLACION DE LOS DEUDOS

     

    La preocupación por el bienestar mental, espiritual y emocional
    de los

    enlutados, y la necesidad de consolarlos, es un deber fundamental
    en el

    judaísmo. Por lo tanto,es un deber moral y religioso visitar a
    los

    deudos durante los primeros siete días y presentarles consuelo y

    participación en su dolor.

    La tradición aconseja que el visitante no debe empezar la
    conversación

    con los enlutados, aguardando a que éstos lo hagan.

    Es adecuado hablar del fallecido y recordar las buenas cualidades
    que lo

    hicieron tan querido para quienes lo conocían. Los que
    deliberadamente

    evitan mencionar al fallecido, creyendo que así ayudan al
    enlutado a

    olvidar su dolor, desconocen la sicología de la aflicción.
    Hablar sobre

    trivialidades durante la visita representa menor consuelo que
    hablar

    sobre el fallecido.

    Antes de abandonar la casa de los enlutados, se pronuncia el
    consuelo

    tradicional:

    HaMakom Ienajem Otjá/otaj/otjem betoj shear avelei Tzion
    veIerushalaim

    Velo Tosifu Ledahavá Hod.

    “Que Dios le/s de consuelo junto con todos los dolientes del
    Pueblo de

    Israel y no sepan más de dolor”

    Se pronuncian estas palabras especiales de consuelo para recordar
    a los

    que están de luto que no pueden dejarse llevar por su dolor al
    punto de

    olvidar que son miembros de un pueblo que a pesar de que sufrió
    grandes

    tragedias, siempre tuvo la fortaleza y la ayuda necesaria para

    sobreponerse y continuar su destino. Así debe hacerlo el enlutado

    también.

    De no ser posible visitar personalmente al enlutado, es de suma

    importancia ofrecer una palabra de consuelo por teléfono o por
    escrito;

    esto permitirá que el doliente sienta el apoyo que tiene de sus

    familiares y amigos.

    SHLOSHIM

     

    Después de Shivá, quienes están de duelo entran en la etapa de
    Shloshim

    que culmina en el trigésimo día a partir del entierro. En este
    período,

    los enlutados reinician sus actividades normales, aunque siguen

    privándose de algunas cosas, en señal de respeto y de dolor.
    Durante los

    Shloshim comienzan a llevar una vida normal y vuelven a sus
    trabajos.

    Sin embargo, no puede aún cortarse el cabello ni asistir a
    fiestas o

    celebraciónes de ningún tipo.

    En caso que el doliente deba participar en una fiesta familiar
    como un

    casamiento, sugerimos consultar con el rabino.

    FINALIZACION DE SHLOSHIM

    En la noche del día 30, se realiza una Hazkará en la Sinagoga,
    (In

    Memoriam) que incluye Tfilat Arvit, estudio de Mishná, Kadish y
    “El

    Male Rajamim”. Averigue el horario de las oraciones en la
    semana

    destinada y avise telefónicamente a las oficinas del Rabinato
    acerca de

    su participación en los rezos.

    Tradicionalmente se visita el túmulo en el día 30. Después de
    ese día el

    luto deja de ser obligatorio, a no ser en caso de fallecimiento
    del

    padre o de la madre.

    Al aproximarse la fecha de los Shloshim, comuníquese con las
    oficinas de

    la Kehilá con el objeto de coordinar la fecha y el horario en el
    cual se

    realizará la ceremonia religiosa en el cementerio. La Kehilá se
    ocupará

    de enviar un oficiante para que los oriente y acompañe en esta
    ocasión.

    Si por algun motivo no se mantiene la pronunciación del Kadish
    por el

    ser querido en forma periódica, es de suma importancia y valor su

    pronunciación la noche anterior al día de los shloshim y el
    mismo día.

    AVELUT – DOCE MESES DE LUTO

     

    El tercer período de luto, observado exclusivamente por la muerte
    del

    padre o de la madre, es conocido como Avelut (“luto”).
    Este se inicia al

    salir el sol del trigésimo día a partir del entierro (Shloshim)
    y se

    extiende por doce meses (hebreos), hasta el primer aniversario del

    fallecimiento (y no del entierro).

    Terminados los doce meses, está prohibido continuar prácticas o

    abstenciones que simbolicen una continuación del luto. El
    judaísmo es

    riguroso al restringir el luto a determinados períodos. El pesar

    excesivo es considerado como falta de confianza en Dios. Se
    considera

    natural y deseable que, con el tiempo, desaparezca la amargura
    causada

    por la muerte.

    KADISH

    EL SIGNIFICADO DEL KADISH

    Una de las tradiciones más cuidadas y significativas en nuestro
    Pueblo

    es la pronunciación del Kadish. Nuestra fe nos enseña que a
    pesar de la

    separación fisíca tenemos la posibilidad de continuar actuando
    en

    beneficio de la persona fallecida por medio de la pronunciación
    del

    Kadish.

     

    Al pronunciar las palabras del Kadish los sobrevivientes se
    comprometen

    con la memoria del difunto y confirman el hecho de que la vida
    debe

    seguir su curso, asegurando así al alma del difunto que la vida
    no

    cesará por su fallecimiento. Continuarán luchando por la verdad,
    la

    justicia, la piedad y por todos los objetivos más nobles de la
    vida, de

    manera que la vida del difunto se considere como una contribución
    eterna

    a la humanidad y que no haya sido en vano.

    La tradición judía nos ha enseñado que debemos honrar a
    nuestros padres,

    incluso después de su muerte. Cuando un hijo dice Kadish todos
    los días

    en los servicios de la Sinagoga durante once meses, honra a su
    difunto

    padre o madre.

    El Kadish es una plegaria en honor a los fallecidos. Su
    recitación por

    el viviente es un factor para la redención del alma del difunto.
    Si los

    hijos del padre recientemente fallecido se levantan para
    Santificar en

    público el Nombre de Dios, ello redundará en mérito del muerto.
    El

    juicio Divino sobre la persona fallecida toma en cuenta el acto de
    sus

    hijos. De este modo “el hijo logra absolver al padre”
    (Sanhedrín 104 a).

    Por lo tanto, el Kadish es un modo de que los hijos puedan
    continuar

    demostrando su respeto y atención a sus padres, aún después de

    fallecidos. Ello concuerda absolutamente con el Mandamiento de
    “Honrarás

    a tu padre y a tu madre”, precepto éste que rige mientras
    los padres

    están vivos y presentes igual que cuando no lo están.

    El Kadish es por su esencia, una oración pública. No se lo
    recita cuando

    uno reza solo. Si no se cuenta con el número mínimo de judíos
    que

    constituyen una congregación (minian, quórum), falta el
    carácter público

    de la Santificación del Nombre de Dios.

    En la Sinagoga de la Kehilá se realizan rezos diarios. Ud. está
    invitado

    a participar y pronunciar el Kadish por su ser querido. Nosotros
    nos

    ocuparemos de orientarlo y enseñarle lo necesario para que se
    sienta

    cómodo. (Ud. recibirá el texto del Kadish, en hebreo o en
    fonética, de

    acuerdo a su necesidad).

    QUIEN DEBE RECITAR EL KADISH

    La obligación prioritaria de este acto de reverencia recae sobre
    el/los

    hijo/s hombre/s por la muerte de sus padres,aún cuando este/os no
    haya/n

    llegado a los 13 años (Bar mitzvá)

    Si la persona fallecida no tuviera hijos, la obligación recae
    entonces

    sobre su padre, si este estuviera vivo. Si fuera fallecido, los
    hermanos

    deben rezar el Kadish.

    No existiendo ninguno de esos parientes, el marido o un yerno
    podrán

    recitar el Kadish si los padres de éste hubieran fallecido o si
    lo

    autoriza un rabino en tal sentido.

    En caso de no tener el fallecido/a hijos varones y las hijas
    quieran

    cumplir con el precepto de pronunciar el Kadish, agradecemos
    dirigirse

    al Rabino para recibir la orientación correspondiente.

    En caso de que el fallecido no haya dejado a alguien que diga el

    Kadish, se puede solicitar los servicios de una persona para
    recitar

    el Kadish en su memoria.

    HASTA CUANDO SE RECITA EL KADISH

    El Kadish debe ser recitado diariamente (inclusive en Shabat y

    festividades) en los tres servicios religiosos (Shajarit, Minjá y
    Arvit)

    durante 11 meses, contados desde el día del entierro. El último
    mes se

    continúa acompañando los rezos en la Sinagoga y se pronuncia
    Kadish

    DeRabanán.

    PERIODOS DE DUELO Y RECORDACION

     

    YURTZAIT

    La fecha del fallecimiento de los padres es recordada anualmente a

    través de algunas prácticas religiosas. Esta fecha representa
    para el

    alma la posibilidad de elevación, y es observada con cariño y
    respeto

    por los hijos de los fallecidos.

    En el primer año, el Yurtzait coincide con el día de la
    finalización del

    período de los doce meses; ésto es: si el entierro ocurrió dos
    o más

    días después del fallecimiento, el primer Yurtzait será en el
    primer

    aniversario del entierro (cuando se cierra el período de los doce

    meses); en los años siguientes, la fecha a ser recordada será la
    del

    fallecimiento.

    El Yurtzait es siempre la fecha del calendario hebreo que
    corresponde al

    día del fallecimiento.

    Como todas las observancias religiosas, el Yurtzait debe
    conmemorarse

    desde que el sol se pone la tarde anterior hasta la puesta del sol
    al

    día siguiente.

    El Yurtzait es una ocasión en que recordamos nuestra deuda para
    con el

    pasado y nos preocupamos de mantener vivo el recuerdo de nuestros

    difuntos contribuyendo profundamente al cumplimiento de los
    ideales de

    nuestra herencia.

    Este día está especialmente indicado para realizar buenas
    acciones,

    actos de solidaridad humana y contribuciones para caridad, en
    mérito al

    alma del fallecido.

    Se acostumbra visitar el túmulo en el día del Yurtzait y recitar
    los

    Salmos 33, 16, 17, 72, 91, 104, 130.

    Si se ignora la fecha del fallecimiento, se debe escoger una fecha

    cualquiera y fijarla anualmente como el día del Yurtzait. Una
    persona

    que olvidó recitar el Kadish en el día del Yurtzait deberá
    compensarlo

    recitándolo cualquier otro día.

    Si la persona que debe pronunciar el Kadish no puede participar en
    los

    rezos en la Sinagoga, ya sea por motivos de salud o fuerza mayor,
    debe

    encomendarle a un conocido o familiar que lo recite en su lugar.
    De no

    ser posible, lo deberá pronunciar visitando la sinagoga en la
    primer

    ocasión que le sea posible.

    El Yurtzait se observa de la manera siguiente:

    Se enciende en el hogar una luz o vela conmemorativa especial
    durante

    todo el período comprendido entre ambas puestas de sol
    (venticuatro

    horas).

    Se permite utilizar lámparas recordatorias eléctricas, aunque la

    costumbre indica encender una vela.

    Los hijos del difunto dicen Kadish en los tres servicios diarios,

    teniendo siempre presente el significado del Kadish.

    Uno debe dedicar al menos una hora del Yurtzait al estudio de
    literatura

    judía sagrada como la Torá y la Mishná u otros libros que
    iluminen las

    enseñanzas e importancia de nuestra fe.

    También prevalece la costumbre de visitar la tumba del difunto en
    el

    Yurtzait o días anteriores. Existen libros especiales con las
    oraciones

    correspondientes, algunas de las cuales están al final de este
    libro.

    En el Shabat anterior al Yurtzait, el hombre que lo observa suele
    ser

    honrado con una Aliá a la Torá. Si fuese posible, debe entonar
    la

    Haftará. También debe recibir una Aliá si el Yurtzait cae en un
    día en

    que se lea la Torá.

    En nuestra Kehilá recibimos diariamente a personas y familias que

    cumplen con el sagrado compromiso de recordar y respetar la
    memoria de

    padres y familiares por medio de la pronunciación del Kadish en
    la

    Sinagoga. Cada día se dedica el estudio que se realiza en el
    intervalo

    entre Minjá y Arvit a la memoria de las personas cuyo aniversario
    del

    fallecimiento se está cumpliendo.

    Si visita la Sinagoga con motivo de un Yurtzait familiar,
    acérquese al

    Rabino y comunique su intención de honrar la memoria de ese ser
    querido.

    MATZEVA – LAPIDA EN MEMORIA DEL DIFUNTO

     

    Una de las costumbres más antiguas en nuestra tradición es la de
    señalar

    el lugar del entierro de una persona con una Matzevá. Este
    precepto

    tiene un doble sentido: que la persona fallecida descanse en paz y
    que

    los vivos tengan un lugar de recuerdo e identificación con la
    persona

    fallecida.

    La lápida puede edificarse en cualquier momento después de la
    Shivá. En

    diferentes comunidades acostumbran esperar un año antes de
    hacerlo, sin

    embargo, es posible colocar la lápida tan pronto como se pueda
    para así

    honrar al difunto. Aquellos que acostumbran a esperar 12 meses,
    alegan

    que durante el primer año el fallecido está presente de manera

    permanente en el corazón de la familia.

    En nuestra Comunidad es costumbre colocar e inaugurar la matzeva
    al

    finalizar los 12 meses después del fallecimiento. Si por
    diferentes

    motivos la familia debiera adelantar esta fecha, sugerimos
    coordinar el

    tema con el Rabinato de la Comunidad.

    Nuestros sabios aconsejan simplicidad (y no ostentación) en la

    confección de la lápida. En ella debe estar grabado o escrito el
    nombre

    del fallecido/a y el nombre de su padre, si era Cohen o Leví, la
    fecha

    de nacimiento por el calendario hebreo y el acróstico · que

    significa: “Que su alma esté ligada a la corriente de vida
    eterna”

    Se acostumbra escribir palabras alusivas a las principales

    características que tenía la persona en vida, con el fin de que
    ellas

    inspiren los sentimientos de quienes visitan su tumba.

    Aunque la leyenda sobre el difunto puede escribirse en cualquier
    idioma,

    debe también inscribirse en la lápida el nombre hebreo del
    difunto y de

    su padre así como la fecha del Yurtzait.

    Se acostumbra hacer un servicio al inaugurar una lápida con el
    fin de

    dedicarla a la memoria de la persona fallecida. Se leen salmos

    específicos, se ofrece una donación en nombre del difunto y se
    pronuncia

    el Kadish y El Malé Rajamim. Por ello es necesario que haya al
    menos un

    “Minian” (diez hombres) presentes.

    El día en que se inaugura la Matzeva, se debe pronunciar Kadish
    en la

    sinagoga, al igual que la noche anterior.

    VISITAS AL CEMENTERIO

     

    Se remonta a la época de los patriarcas la costumbre de visitar
    el

    túmulo de los familiares fallecidos. Según la Kabalá, el alma
    del

    fallecido es confortada espiritualmente cuando sus hijos,
    familiares o

    amigos llegan hasta su lugar de descanso a orar por ella y por su

    reposo.

    Se debe entrar al cementerio con la cabeza cubierta y vestido

    decorosamente (inclusive en los cálidos días de verano), con el
    debido

    respeto y sentido de reverencia.

    Tradicionalmente se visita la tumba del fallecido al finalizar la
    Shivá,

    en el día de los Shloshim y anualmente en el día del Yurtzait

    (aniversario de fallecimiento). También se acostumbra visitar el

    cementerio en vísperas de Rosh Hashaná y Yom Kipur.

    A partir del septimo día que finaliza la Shivá se puede visitar
    el lugar

    de descanso durante todo el año. (la costumbre de no visitar la
    tumba

    durante el primer año no tiene su orígen en la Halajá).

    Si los días de visita coinciden con alguna festividad religiosa,
    se

    debeentonces adelantar la visita.

    Es de suma importancia que la persona que visite a su ser querido
    en el

    cementerio, dedique meditaciones y reflexiones a la persona
    fallecida y

    a su propia vida. Asimismo, que pronuncie algunas oraciones en su

    memoria con sus propios medios. Las oraciones deben ser dirigidas
    a Dios

    y no al fallecido. Adjuntamos al final del libro algunas oraciones
    para

    ser pronunciadas cuando se visita la tumba de familiares y amigos.

    Cuando una persona se encuentra en el cementerio acompañando un
    entierro

    o un momento de recordación de un familiar o amigo, le está
    permitido

    visitar las tumbas de sus familiares. Algunos acostumbran no
    visitar

    otras tumbas cuando vienen especialmente a visitar la Matzevá del
    padre

    o la madre en señal de respeto.

    Al salir del cementerio, se debe realizar el lavado de manos
    ritual,

    vertiendo tres veces agua sobre cada mano.

    IZKOR – ORACION DE RECORDACION

     

    Es costumbre recitar el Izkor (oraciones conmemorativas) por los

    difuntos cuatro veces al año: en Iom Kipur, el octavo día de
    Sucot

    (Shemini Atzeret), el segundo día de Shavuot y el último día de
    Pésaj.

    Es obligación de por vida que los hijos, hombres y mujeres,
    pronuncien

    el Izkor en memoria de sus padres.

    Al recitar el Izkor por el alma de los extintos, efectuamos
    donaciones a

    instituciones caritativas.

    Si alguien no puede asistir a los servicios en la sinagoga puede
    recitar

    la oración recordativa en su casa.

    Es costumbre prender (antes de Iom Tov) o de la manera permitida
    una

    veladora en los días en los cuales se recita Izkor.

    Se acostumbra que aquellas personas cuyo padre y madre viven
    abandonen

    la sinagoga mientras se recita la oración conmemorativa.

    En diferentes comunidades, se estableció erróneamente que Izkor
    no debía

    recitarse durante el primer año después del fallecimiento. De
    hecho,

    debe decirse Izkor en la primer oportunidad que se tenga después
    de la

    muerte del ser querido.

    En nuestra Comunidad, acostumbramos que cada persona pronuncie
    Izkor en

    forma personal en silencio y a continuación, se pronuncia Izkor
    en

    memoria de los Rabinos y Presidentes fallecidos de la Kehilá, los

    mártires del Holocausto y los soldados del ejército de Israel
    caídos en

    batalla.

    LECTURAS DE REFLEXION

     

    EL HOMBRE “UNICO”

    Rabino Yosef D. Soloveitchik Z”L

    Dijeron nuestros sabios: “Así como sus caras no son iguales,
    tampoco lo

    son sus ideas”. Cada hombre es “uno” en número,
    pero es también “único”.

    Es distinto de los demás, hay en él algo especial, propio,
    original.

    Algo que no existe en los demás de esa misma forma. Esa unicidad,
    esa

    especificidad que le es propia, el hecho de que cada hombre es el
    mismo

    y por ende distinto de todos los demás hombres, es el reflejo de
    lo

    divino que existe en el hombre.

    ¿Por qué observamos el duelo? Por aquello que “perdimos y
    no olvidamos”,

    por algo que se ha perdido y que es imposible de recuperar. Esta
    actitud

    resulta clara cuando se trata de la muerte de un gran líder, de
    un genio

    sorprendente, de un ser extremadamente caritativo. Es difícil
    entonces

    llenar el hueco que ellos dejan con su partida. Pero la noción de
    duelo

    se aplica a todos los hombres, y no sólo a estos individuos
    selectos.

    Observamos duelo por el líder y por el hombre del pueblo, por el
    sabio y

    el ignorante, por el misericordioso y por el que se aprovecha de
    su

    prójimo.

    Así lo hemos aprendido: “El que se halla junto a un muerto
    en el momento

    en que el alma abandona al cuerpo, debe rasgar sus ropas. ¿A qué
    se

    parece esto? A un libro de Torá que se quema…”. De esto se
    deduce que

    es imposible reemplazar a un hombre, a cualquier hombre que ha
    muerto.

    No decimos entonces: “Se ha ido un zapatero — vendrá
    otro en su lugar,

    vendrá otro empleado en lugar del que se fue; otro vendedor
    reemplazará

    al que se ha ido…. Porque un hombre — cualquier hombre
    — no tiene

    precio, no es “uno” que se puede reemplazar por otro,
    sino el “único”,

    el dueño de aquello especial y propio que ningún otro hombre
    posee….

    Al Hatshuvá (hebreo)

    pág. 246

    FALLECIMIENTO Y DUELO

     

    Rabino Jaim Halevy Donin Z”L

    La tradición judía aprecia la vida. La Torá fue entregada a
    Israel para

    que “vosotros viváis” por sus enseñanzas y no para
    “que muráis por

    ellas”. La muerte no posee ninguna virtud ya que “No son
    los muertos los

    que alabarán al Señor…” (Salmos 115, 17).

    Sin embargo, la tradición judía fue realista respecto a la
    muerte. “Ya

    que polvo eres y al polvo volverás” (Génesis 3, 19),
    “Y el espiritu

    retorne a Dios que lo dio” (Eclesiastés 12, 7). “El fin
    del hombre es la

    muerte”, dice Rabí Yonatán (Berajot 17a). Dicho
    simplemente, todos hemos

    de morir.

    En sí, la muerte no es una tragedia. Lo que denominamos una
    “muerte

    trágica” esta determinada por la naturaleza prematura de la
    muerte, o

    por las circunstancias desafortunadas que la rodearon. Cuando una
    muerte

    pacífica sigue a una larga vida bendecida con buena salud y
    vitalidad

    del espiritu y del cuerpo, una vida rica en buenas obras, la
    muerte no

    puede considerarse como trágica, a pesar de lo inmenso de la
    pérdida y

    del pesar que ella produzca. “Bendito es aquel que ha sido
    criado en la

    Torá y cuyas acciones están basadas en la Torá, y que actúa de
    manera de

    agradar a su Creador, que creció con un buen nombre y partió con
    un buen

    nombre…” (Berajot 17a).

    El mundo en que vivimos es considerado como un pasillo que conduce
    a

    otro mundo. La creencia en otra vida, en un mundo por venir (Olam
    Habá)

    donde el hombre es juzgado y donde su alma continúa floreciendo,
    está

    arraigada en el pensamiento hebreo: “Todo Israel tiene
    participación en

    el mundo por venir”. (Mishná Sanhedrin 11,1).

    Pero cuando más valioso ha sido el individuo, más grande es la
    pérdida

    para los sobrevivientes. Cuando más ha signficado para los que le

    rodean, familia amigos, comunidad, más profunda es la congoja y
    más

    aguda la angustia. Las observancias tradicionales judías que
    rodean la

    muerte y el duelo tiene como objetivo mantener la dignidad de la
    persona

    fallecida y confortar a las personas en duelo.

    El Ser Judío. (pag. 311-2)

    PREPARANDOSE PARA LA
    ETERNIDAD

    Rabino Arie Kaplan Z”L

    ¿Por qué el hombre se torna a Dios cuando se enfrenta a la
    muerte? ¿Por

    qué el soldado que se encuentra en una trinchera individual,
    rodeado por

    bombas explotando a su alrededor, reza a Dios aunque nunca antes
    lo haya

    hecho?.

    Ningún hombre jamás ha escapado a la muerte, pero a través de
    Dios, el

    hombre puede conquistar la muerte. Solamente Dios ha prometido que
    la

    muerte transforma a la vida, que es un redespertar, el principio
    de una

    nueva vida, una vida eterna.

    Esta visión de la muerte es inherente a la forma en que la
    religión

    aprehende al ser humano, una perspectiva mucho más amplia y
    profunda que

    aquellas del bioquímico y del neurólogo. La Torá explica la
    creación del

    hombre con una inusual metáfora: “Dios creó al hombre del
    polvo de la

    tierra y sopló en sus narices aliento de vida. El hombre entonces
    se

    convirtió en una criatura viviente”. (Génesis 2:7). Dios no
    tiene

    cuerpo, imágen o forma. ¿Cuál es entonces la intención de esta
    metáfora

    antropomórfica? ¿Por qué la Torá enseña que Dios sopló un
    aliento en el

    hombre?.

    Confiando en Dios ya no tememos, pues verdaderamente no hay nada
    de qué

    temer. Y cuando una persona ya no teme a su muerte, entonces ya
    por nada

    sentirá temor. Sólo entonces, cuando ya no tememos es cuando
    realmente

    comenzamos a vivir. Entonces verdaderamente experimentamos cada
    placer y

    cada dolor. Comenzamos a vivir y estamos agradecidos por cada
    momento de

    esta vida.

    Un hombre que teme a la muerte es, en cierta manera, también
    temeroso de

    la vida, pero cuando la muerte pierde su rostro aterrador, cuando
    se

    convierte en un hecho valioso, entonces la vida merece ser vivida.
    Y

    cuando tienes algo por lo que vivir – un ideal, una meta, un
    sentimiento

    de fe- cuando la muerte llega, lo hace como un amigo bienvenido
    enviado

    para introducirnos en una nueva vida. Un nuevo nacimiento.

    La vida conciente del hombre no termina con la muerte; simplemente
    asume

    una nueva forma – liberada del yugo de la carne material. El
    cuerpo

    podrá morir, pero el espíritu continúa viviendo.

    Podemos preguntarle al doctor, al biólogo y al neurólogo: ¿Qué
    le sucede

    a una persona que ha muerto? ¿Por qué permanece inmóvil? Ellos

    contestarán que el corazón paró de latir, cesó el suministro
    de sangre a

    la mente y cientos pequeños cambios químicos han ocurrido. Un
    organismo

    viviente ha sido transformado en un trozo de materia muerta. Lo
    que una

    vez fue un ser humano con aspiraciones, que pensaba, ahora no es
    nada

    más que un pellejo muerto.

    Mas contamos con la promesa de Dios de que esta representación es

    incompleta, de que el aliento de vida que creó al hombre
    sustentará al

    cuerpo y al alma, eternamente. Tal promesa le fue efectuada al
    profeta

    Isaías: “Pero vivirán Tus muertos. Los cadáveres de mi
    pueblo se

    levantarán. Despertad y cantad, vosotros que morais en el
    polvo” (Isaías

    26:19) La misma promesa fue reconfirmada al profeta Daniel:
    “Y los

    muchos que duermen en el polvo de la tierra se despertarán,
    algunos para

    la vida eterna y otros para el oprobio eterno. Y los justos

    resplandecerán con la lucidez del firmamento y los que hallan
    vuelto a

    la justicia a muchos será, como las estrellas por siempre”.
    (Daniel

    12:2).

    ¿Qué sucede entonces cuando una persona muere? Nuestra
    observación de la

    muerte nos lleva a la visión del doctor, es decir, que el hombre
    se

    convierte simplemente en un cadáver. De hecho verdaderamente
    ocurren

    pequeños cambios químicos en el tejido de la corteza cerebral.
    Cuando

    esto sucede, el alma pierde todo contacto con el cuerpo – el
    mecanismo

    receptor está muerto. El alma, una entidad constituída de
    espíritu puro,

    de puro pensamiento, está ahora libre. La Biblia describe este
    fenómeno

    en el libro Eclesiastes: “El polvo retornará a la tierra
    como lo estaba,

    y el espíritu volverá a Dios Quien lo dio”. (12:7). El
    cuerpo se

    deteriora y retorna a los elementos de la tierra.

    No sabemos a qué se parece exactamente la vida después de la
    muerte. Lo

    sabremos cuando lleguemos allí. Lo que sí sabemos, sin embargo,
    es que

    Dios ha prometido una vida de recompensa Divina, de éxtasis
    sublime.

    Dios ha prometido que nada en la experiencia humana, ya sea a
    través de

    los sentidos o de la mente, puede compararse con el regocijo, la

    felicidad y el deleite que el alma de un hombre experimenta cuando
    está

    próxima a Dios en el mundo espiritual.

    Concientizarse acerca de la propia muerte, suceda ahora o dentro
    de

    sesenta años, puede ser algo atemorizante y aterrador. Nos
    entristece y

    deprime imaginar que abandonamos todo a lo cual hemos dedicado
    nuestras

    vidas – nuestros hogares, nuestras fortunas y nuestros seres
    amados.

    Pero hay una fórmula para evitarlo. Todo lo que debemos hacer es
    creer.

    Todo lo que tenemos que hacer es recordar a Dios, recordar Su
    promesa, y

    recordar la existencia de nuestras almas.

    EL SENTIDO DE LA VIDA Y LA MUERTE

     

    Rabino Eliahu Birnbaum

    Un hombre vivo, aunque sea el hombre más simple, el más vulgar,
    el más

    malvado o aún delincuente, no puede transmitir impureza ritual
    (Tumá).

    En cambio, el hombre muerto, aunque haya sido el hombre más justo
    o el

    más santo o el más puro, dado que su alma ha sido tomada de él,

    transmite impureza ritual.

    De este modo, a través de las leyes concernientes a la pureza
    ritual, la

    Torá nos brinda una muestra más del valor de la vida. En el
    momento en

    que la vida se interrumpe, el daño es enorme y la herida
    irreparable: el

    hombre se convierte en un cuerpo que contamina.

    ¿Cómo podemos explicar la impureza que se produce por el
    contacto entre

    un hombre vivo y un hombre muerto?

    La muerte es el fin natural e inevitable, que nos espera
    pacientemente

    al final del camino. Sin embargo, el hombre no vive generalmente
    con la

    conciencia permanente acerca de la muerte, ni la sombra de ésta.
    El

    hombre es un ser dinámico que vive y cree en sí mismo, en su
    propia

    fuerza y en su propia vida. Sin embargo, el encuentro con la
    muerte

    concreta puede hacer tambalear esta actitud del hombre. El peso de
    la

    realidad de la muerte puede ser más fuerte que el de la
    conciencia

    acerca de su existencia.

    La visión sorprendente del hombre que hasta hace pocos instantes
    estaba

    con vida, respiraba y sentía, y que repentinamente deja de
    respirar,

    puede sacudir al hombre y estremecerlo con el pensamiento de que
    “el

    hombre no vale nada”, “que no vale la pena
    esforzarse”, “para qué

    luchar”. Este encuentro con la muerte provoca un sentimiento
    de

    pesimismo, que puede conducir a pensamientos individuales y
    sociales

    perjudiciales, y por ende se produce la
    “contaminación”.

    El sistema de impureza ritual es un medio de defensa del espíritu
    del

    hombre ante la muerte. Todo contacto con la muerte contamina, para

    permitir la vuelta al equilibrio, al pensamiento adecuado, para

    liberarse de la “filosofía del cementerio”, y pudiendo
    entonces volver a

    tener fe en el valor de su alma y de su vida.

    El judaísmo no se relaciona con la muerte como un problema de
    higiene o

    limpieza. El velatorio y entierro de los muertos se prolongaba
    durante

    muchos días en el mundo antiguo. También hoy se aconstumbra a
    honrar al

    muerto no llevando a cabo el entierro en forma inmediata,
    haciéndole

    permanecer entre los vivos mientras sea posible.

    Para el judaísmo sin embargo, cuanto menor sea el tiempo que
    transcurre

    entre la muerte y el entierro, es mejor. El judaísmo considera
    que la

    vida y la muerte son fenómenos reales, pero trata de llevar al
    hombre al

    equilibrio adecuado entre ambos elementos, por lo cual se hace
    necesario

    diferenciar con la mayor celeridad posible entre los vivos y los

    muertos.

    Es posible señalar otra profunda diferencia entre la vida y la
    muerte.

    En el momento de su muerte, el hombre ve a la vida como una serie
    de

    momentos pasajeros, y a la muerte como el fenómeno permanente. El

    judaísmo nos enseña lo contrario: la vida es permanente y firme,

    mientras que la muerte es algo pasajero y temporal.

    Mientras vive, el hombre debe enfrentarse a la relación entre lo

    temporal y lo permanente. La muerte enfrenta al hombre con el
    conflicto

    entre la temporalidad y la permanencia. En esta relación radica
    el

    secreto de la existencia. La vida del hombre se caracteriza por la

    búsqueda de algo duradero, algo que permanezca a lo largo de
    todos los

    cambios y transiciones. En ello consiste la búsqueda del sentido
    de la

    existencia humana, el hombre busca la existencia metafísica más
    allá de

    la mera existencia física .

    Desde el punto de vista físico, el hombre depende de las leyes
    del

    espacio y del tiempo. A nivel metafísico el hombre puede
    superarlas.

    Esto explica la necesidad de la cultura, de la fe, de algo que le

    conceda al hombre un sentido de permanencia en el mundo.

    La muerte es un fenómeno físico que tiene lugar en la dimensión
    del

    espacio. El sentido es un hecho metafísico que existe en la
    dimensión

    del tiempo. En forma paradójica , el hombre puede
    “vencer” a la muerte

    en la dimensión del espacio, en cuanto exista en el mundo del
    sentido,

    en la dimensión del tiempo, y la muerte es percibida como
    temporal y

    secundaria en relación a la continuidad y la permanencia de la
    vida

    espiritual en el mundo del sentido.

    El judaísmo santifica a la vida y ve en ella una característica

    verdaderamente humana. El hombre santifica su vida mediante la
    constante

    búsqueda de sentido a su existencia.

    ORACIONES Y MEDITACIONES

     

    Meditación sugerida ante la tumba de un padre

    Querido padre, tu fallecimiento ha dejado un vacío en mi vida que
    no

    puedo llenar. Recuerdo todos tus esfuerzos por encaminarnos en el

    sendero correcto y el de proveernos de nuestras necesidades
    materiales y

    espirituales. Siempre estuviste dispuesto al sacrificio personal
    por el

    bienestar de tu familia. Fuiste un modelo a seguir con tu
    comportamiento

    personal. Cuando enfrento una encrucijada en la vida, me
    cuestiono, ¿qué

    hubieras hecho tú en tal circunstancia? Las sagradas memorias de
    tu vida

    me dan impulso e inspiración para continuar adelante y seguir en
    los

    pasos que tu nos señalaste. Recuérdame en tus plegarias. Yo te
    recuerdo

    en las mías.

    Meditación sugerida ante la tumba de una madre

    Querida madre, te debo a tí lo que soy. ¿Qué sería de mí en
    la ausencia

    de tu ternura y amor? Tu querer y preocupación me estimularon y
    el

    recuerdo de tu vida me inspira para el futuro. Aprendí en los
    colegios,

    pero más, del ejemplo de tu conducta. Siempre antepusiste mis

    necesidades a las tuyas. lloraste conmigo, te dolía cuando yo
    sentía

    dolor, y te alegraste con mi regocijo. Aunque físicamente estamos

    separados, en espíritu somos uno. Recuérdame en tus oraciones.
    Yo te

    recuerdo en las mías.

    Meditación sugerida ante la tumba de un esposo

    Querido, recuerdo los años que vivimos juntos, cuando enfrentamos
    los

    retos y los desafíos, cuando gozamos juntos de las cosas más

    insignificantes, cuando cantamos y nos reímos, cuando lloramos y
    cuando

    nos alegramos. Fuiste un gran apoyo y sostén, un verdadero amigo
    y

    compañero. Aunque estemos separados, no se pueden olvidar los
    lazos

    espirituales matrimoniales que contrajimos. Estos vínculos
    permanecen.

    Nunca te olvidaré. Recuerdame en tus plegarias. Yo te recuerdo en
    las

    mías.

    Meditación sugerida ante la tumba de un hijo

    Mi querido hijo, sólo la memoria de tu vida me da sustento
    espiritual y

    me permite enfrentar el futuro. El recuerdo de tu cariño e
    inocencia son

    una fuente de vigor y fortaleza en la actualidad. Tenías aún
    mucho por

    conquistar y hacer, pero lograste encariñarte con todos, quienes
    te

    recuerdan con amor y ternura. Aunque adolorido, estoy agradecido
    al

    Creador por los años que estuviste con nosotros y por la alegría
    que

    trajiste a nuestro hogar. Recuérdame en tus oraciones querido
    hijo, tal

    como yo te recuerdo en las mías.

    Meditación sugerida ante la tumba de parientes y amigos

    Mi querido amigo, aún con el pasar del tiempo, el recuerdo de tu
    memoria

    es una fuente de alegría y de bendición. Recuerdo nuestros
    encuentros y

    la sinceridad de tu amistad. Recuerdo tus numerosas virtudes y

    cualidades humanas. Aprendí mucho de tí, y tu memoria es una
    fuente de

    inspiración para obrar con caridad y amor con mis prójimos.
    Recuérdame

    en tus oraciones. Yo te recuerdo en las mías.

    Oración para ser recitada cuando se visita la tumba de
    familiares:

    Recuerda Oh Señor el alma de este ser querido justo y bondadoso,

    rememora sus buenos actos, su honradez y generosidad.

    Concédele reposo y descanso de todas las penas y aflicciones en
    vida

    sufridas.

    Otórgale paz, tranquilidad y eterno reposos Oh Dios de compasión
    y

    misericordia. Concede consuelo a su familia en momentos de
    profundo

    dolor, de pérdida y tristeza, dales valor y fuerza, inspíralos
    con tu

    espíritu y tu amor. Oramos y pedimos para que el recuerdo de este
    ser

    amado sea siempre fuente de inspiración de bien. Que su alma
    descanse en

    paz. Amén.

    LECTURA DE SALMOS

    Salmo de David

    El Señor es mi pastor

    y nada me habrá de faltar,

    en prado de fresca hierba me acostara,

    por las aguas de reposo

    me conduce y conforta mi alma,

    me guía por senderos de justicia

    en gracia de su Nombre.

    Aunque por el valle de las sombras de la muerte camine,

    ningún mal he de temer

    porque tu estás conmigo.

    ¿Qué es el hombre para que lo recuerdes,

    el ser humano para que lo tomes en cuenta?

    El hombre de la tierra proviene

    y a ella habrá de retornar.

    Una vez más el polvo se torna en polvo,

    sin embargo el espíritu a Dios

    con amor regresa.

    EL MALE RAJAMIM Oración por las almas de familiares.

    Por un hombre:

    El Male Rajamim, Shojen Bamromim, Hamtzé Menujá Nejoná, Al
    Kanfei

    Hashjiná, Bemaalot Kedoshim Utehorim, Kezohar Harakya Mazirim, Le

    Nishmát ……………………… ben …………………….

    Shehalaj Leolamó, Baavur She Bli neder eten tzdaká Behad azkarat

    Nishmato, Began Eden Tehe Menujató lajen Baal Harajamim,
    Yastirehú

    Beseter Knafav Leolamim, Veytzror Bitzror Hajaym Et Nishmató,
    A-Donay Hu

    Najalató, Veyanuaj Beshalóm al Mishkavó, Venomar Amén.

    ?Ï Oh Dios compasivo que moras en lo alto pero estás lleno de
    compasión,

    conserva la Divina presencia entre los santos y los puros, cuya
    luz

    resplandece como el esplendor del firmamento, el alma de

    ……………. hijo de……………. que ha partido hacia Ti
    en su

    morada eterna, a causa de que yo — sin obligarme mediante una
    promesa —

    daré caridad en aras de él. Por este mérito, que repose en el
    Gan Eden.

    Por ello, Dios compasivo, cobíjalo en el refugio de Tus alas por
    toda la

    eternidad, y que su alma permanezca unida en los lazos de la vida.

    Hashem es su heredad, y que repose en paz en su lugar de descanso,
    y

    digamos Amén.

    Por una mujer:

    El Male Rajamim, Shojen Bamromim, Hamtzé Menujá Nejoná, Al
    Kanfei

    Hashjiná, Bemaalot Kedoshim Utehorim, Kezohar Harakya Mazirim, Le

    Nishmát ………………………….. bat ……………..
    Shehalja

    Leolamá, Baavur She Bli neder eten tzdaká Behad azkarat
    Nishmatá, Began

    Eden Tehe Menujatá lajen Baal Harajamim, Yastirehá Beseter
    Knafav

    Leolamim, Veytzror Bitzror Hajaym Et Nishmatá, A-Donay Hu
    Najalatá,

    Vetanuaj Beshalóm al Mishkavá, Venomar Amén.

    ?Ï Oh Dios compasivo que moras en lo alto pero estás lleno de
    compasión,

    conserva la Divina presencia entre los santos y los puros, cuya
    luz

    resplandece como el esplendor del firmamento, el alma de

    ……………… hija de ………….. que ha partido hacia Ti
    en su

    morada eterna, a causa de que yo — sin obligarme mediante una
    promesa —

    daré caridad en aras de ella. Por este mérito, que repose en el
    Gan

    Eden. Por ello, Dios compasivo, cobíjala en el refugio de Tus
    alas por

    toda la eternidad, y que su alma permanezca unida en los lazos de
    la

    vida. Hashem es su heredad, y que repose en paz en su lugar de
    descanso,

    y digamos Amén.

    Meditación antes del Kadish:

     

    Oh Señor, Dios misericordioso, en cuyas manos está el alma de
    todo ser

    viviente y el hálito de toda carne, a Tu cuidado encomendamos las
    almas

    de nuestros queridos seres que han desaparecido de este mundo.

    Enséñanos a aceptar el juicio de Tu voluntad inescrutable y
    haznos

    encontrar consuelo en Ti. Levanta con Tus santas palabras a los

    oprimidos por el dolor.

    En solemne testimonio a la fé inquebrantable que une a las
    generaciones,

    se recitará el Kadish para magnificar y santificar Tu nombre.

    Todopoderoso y Padre Eterno, en la adversidad y en la alegría,
    Tu,

    fuente de nuestra vida, estas siempre con nosotros. Al evocar con

    afecto la imagen de quienes has llamado a Tí, Te agradecemos por
    el

    ejemplo que nos dieron con su vida, por el cariño que nos unía
    con

    ellos, por los recuerdos y la inspiración que dejaron.

    En homenaje a nuestros queridos seres pasados a la vida eterna,

    consagraremos los dias terrestres a Tu servicio. Consuela a todos
    los

    enlutados, apesar que no comprendamos Tus propósitos, afirma
    nuestra

    confianza en Tu sabiduría.

    Oh Dios, danos fuerza en el dolor y sostén nuestra fé en Tí al
    escuchar

    el Kadish para santificar Tu gran nombre.

    KADISH DE DUELO

    KADISH

    Itgadal veitkadash shme rabá ,

    Bealmá divrá jiruté veiamlij maljuté,

    Veiatzmaj purkané, vikarev meshijé.

    Bejaieijón uveiomeijón , uvejaiei dejol beit Israel

    Baagalá uvizmán kariv, veimrú Amén.

    Iehé shme rabá mevaraj Leálam uLeálmei almaiá.

    Itbaraj veishtabaj, veitpaar, veitromam, veitnasé,

    Veithadar veithalé veithalal, shme dekudshá brij hu,

    Leeilá min kol birjatá veshiratá ,

    tushbejatá venejematá, daamirán bealmá veimrú Amén.

    Iehé shlamá rabá min shmaiá, vejaim tovim aleinu

    veal kol Israel, veimrú Amén.

    Osé shalom bimromav, hu berajamav

    iaasé shalom aleinu

    veal kol Israel, veimrú Amén

     

    È·‚„Ï
    Exaltado y santificado sea Su gran Nombre en el mundo que El ha

    creado según Su voluntad. Que El establezca Su reino, haga
    florecer Su

    redención y aproxime la venida de Su Mashiaj durante nuestros
    días y

    vuestros días y en vida de toda la Casa de Israel, rápidamente y
    en una

    época cercana y decid, Amén. Sea Su glorioso nombre bendecido
    por

    siempre y por toda la eternidad. Alabado, enaltecido, honrado,
    loado y

    venerado sea el nombre del Santo, bendito sea,

    más allá de todos los cantos de alabanza, las bendiciones y
    consuelos

    que se pronuncien sobre la Tierra. Y decid: Amén.

    Haya paz abundante del cielo y una buena vida para nosotros y para
    todo

    Israel, y decid Amén.

    El que hace la paz en los cielos, hará la paz sobre nosotros y
    sobre

    todo Israel y decid Amén.

     

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