• Asara beTevet – el 10 de Tevet

    asara btevetEl 10 de Tevet es el día en el que el rey babilónico Nabucodonosor sitió Jerusalén, como está descrito en Reyes II 25:1-3: “En el año noveno de su reinado, en el mes décimo, el diez del mes, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia con todo su ejército contra Jerusalén; acampó contra ella y la cercaron con una empalizada. La ciudad estuvo sitiada hasta el año once de Tzidkiahu (Sedecías). El mes cuarto, el nueve del mes, cuando arreció el hambre en la ciudad y no había pan para la gente en el pueblo, se abrió una brecha en la muralla de la ciudad y el rey partió con todos los hombres de guerra, durante la noche…”

    El sitio duró más de un año y medio y el 17 de Tamuz se abrió definitivamente la brecha en la muralla. Tres semanas después, el 9 de Av, el Templo fue incendiado y este evento, más que cualquier otro, simboliza el fin de la independencia judía en su tierra y el inicio del exilio.

    En las escrituras se llama el “ayuno del décimo mes” (Zacarías 8:19).

    En Israel, este día también se observa como el Día de Kadish Nacional, al ser recitado en él la oración de kadish de duelo por las personas asesinadas durante el Holocausto, especialmente por la memoria de aquellos cuya fecha de muerte no es conocida.
    El 10 de Tevet es el único ayuno que se puede realizar también en viernes.

    Artículo sobre el 10 de Tevet
    Articulo sobre el 10 de Tebet
    Por ARTHUR J. FISCHER

    adaptado en base al articulo publicado por Hagshama sobre nuestras festividades
    Una de las conmemoraciones menos conocidas
    en el calendario hebreo, a menos que se sea obserbante, es la
    del Ayuno del Diez de Tevet. El mismo marcó el comienzo del fin
    para la historia del Primer Estado que tuvo el pueblo judío,
    pues en esa fecha decidió el rey babilónico Nabucodonosor
    poner sitio definitivo a Jerusalem. La destrucción del Primer
    Templo, aquel construido por el Rey Salomón, se acercaba
    inexorablemente.

    En la historia del pueblo judío, hay ciertos eventos que
    señalan el comienzo del descenso en la espiral de sufrimiento. Uno de
    ellos es el Ayuno del Diez de Tevet. El mismo marca el comienzo del
    sitio final de Jerusalem por Nabucodonosor, rey de Babilonia, que
    culminó en muertes masivas, destrucción y exilio.

     

    Profetas como Isaías y Jeremías habían predicho hacía tiempo
    que, por sus pecados, el pueblo judío sería conquistado y exiliado,
    y que su Templo sería destruido. Mientras algunos judíos les
    creyeron, la mayoría no lo hizo, hasta que los babilonios
    arremetieron desde el norte para cumplir las profecías. Jerusalem fue
    sitiada y el rey Joacim fue engrillado y conducido a Babilonia; su
    hijo Joaquín se convirtió en rey.

     

    Los babilonios fueron conquistadores crueles y totales: primero, se
    llevarían al liderazgo al cautiverio, y luego exiliarían al resto
    del pueblo. Así, en el 597 AEC, invadieron Judea y capturaron al rey
    Joaquín y a la capa superior de la sociedad de Judea, que incluía la
    corte, la oficialidad militar y a los artesanos:

     

    Vino también Nabucodonosor rey de Babilonia contra la ciudad,
    cuando sus siervos la tenían sitiada. Entonces salió Joaquín rey de
    Judea al rey de Babilonia, él y su madre, sus siervos, sus príncipes
    y sus oficiales; y lo prendió el rey de Babilonia… (Reyes II,
    24:11-12).

    Y el templo fue quemado

    Y EL TEMPLO FUE QUEMADO

     

    Para gobernar el país conquistado, los babilonios instalaron un
    rey-marioneta, Sedequías. Aun bajo estas circunstancias horrendas,
    algunos judíos albergaron la esperanza fútil de que un milagro los
    salvaría. El mismo Sedequías intentó rebelarse contra
    Nabucodonosor, pero fracasó.

     

    En el 589 AEC, los babilonios destruyeron las fortificaciones judías
    e intensificaron el sitio. Lo que tanto había sido temido, finalmente
    ocurrió:

     

    Aconteció a los nueve años de su reinado, en el mes décimo, a
    los diez días del mes, que Nabucodonosor rey de Babilonia vino con
    todo su ejército contra Jerusalem, y la sitió, y levantó torres
    contra ella a su alrededor. Y estuvo la ciudad sitiada hasta el año
    undécimo del rey Sedequías. (Reyes II, 25: 1-2)

     

    El hambre empeoró. Los babilonios abrieron brechas en las paredes
    y ocuparon la ciudad rápidamente. Capturaron a Sedequías, que había
    huido, y lo trajeron ante el rey de Babilonia. Los hijos de Sedequías
    fueron asesinados ante sus ojos, luego lo cegaron, lo encadenaron con
    grillos y lo llevaron a Babilonia. El Templo fue quemado hasta sus
    cimientos en el 586 AEC. Muchos judíos perdieron sus vidas. Judea fue
    virtualmente vaciada de todos sus habitantes; sólo una pequeña
    comunidad, encabezada por Guedalia Ben Ajikam, fue dejado para cuidar
    el país de ser infestado por animales salvajes.

     

    Alguna forma de vida judía comenzó a cristalizar en el exilio
    babilónico. Uno de los profetas durante este período fue Ezequiel
    Ben Buzi. Un cohen (sacerdote), Ezequiel había sido llevado en
    cautiverio junto con el rey Joaquín, pero continuó enseñando sus
    visiones proféticas en Babilonia. Algún día preanunciarrá el
    glorioso retorno a Judea y la reconstrucción del Templo. Pero, por el
    momento, él también debe enfrentarse con la realidad: el liderazgo
    está exiliado en Babilonia, y es simplemente una cuestión de tiempo
    hasta que los babilonios cumplan sus planes de una conquista total y
    el exilio de todos los habitantes de Judea.

     

    El 10 de Tevet del 589 aec, al mismo tiempo que Nabucodonosor está
    sitiando Jerusalem, la temida profesía se hace voz en Ezquiel:

     

    Hijo de Hombre, escribe la fecha de este día; el rey de
    Babilonia puso sitio a Jerusalem este mismo día. (Ezequiel, 24:2)

     

    Le tocará al profeta informar a los exiliados de Babilonia acerca
    del sitio y de la inevitable destrucción. Desde ese momento, el Diez
    de Tevet será recordado como el punto de visagra en el colapso del
    Primer Estado, el principio del fin.

     

    El Diez de Tevet es uno de los cuatro días judíos de ayuno, que
    marca un hito significativo en este trágico relato de exilio y
    destrucción. Los otros tres conmemoran la penetración por los muros
    de Jerusalem (el 17 de Tamuz); la destrucción del Templo por el fuego
    (el 9 de Av); y el asesinato de Guedalia (el 3 de Tishrei).

     

    Ser testigos de la destrucción

    SER TESTIGOS DE LA DESTRUCCIÓN

     

    Tradicionalmente, el 10 de Tevet es observado (por personas
    saludables) absteniéndose totalmente de comer y beber desde el
    amanecer hasta el anochecer. Plegarias de duelo y arrepentimiento son
    agregadas a los servicios regulares. Una sección especial de la Torá
    (Exodo 32:11-14, 34:1-10) es seleccionada para su lectura pública,
    pues demuestra la voluntad de Dios de perdonar al pueblo si éste se
    arrepiente. Los rabinos del Talmud de Jerusalem (Yoma 1) enseñan:
    “Quien no vea el Templo reconstruido en su generación debiera
    considerarse a sí mismo como si hubiera atestiguado la destrucción
    del Templo”.

     

    El 10 de Tevet es único entre los cuatro días de ayuno de
    destrucción que está explícitamente mencionado en la profecía de
    Ezequiel; los otros días no están tan claramente delineados en los
    textos proféticos. Las palabras “este mismo día”, son una
    reminiscencia de la descripción del Día del Perdón: “en este
    mismo día” (Vaikrá 23:28). Como resultado de esta similitud,
    algunos de los comentarios sugieren que, del mismo modo que es
    observado el ayuno del Día del Perdón aun cuando cae en Shabat, así
    también, si el Diez de Tevet cayera en Shatat, el ayuno sería
    observado. Este punto es meramente teórico, pues en nuestro
    calendario actual el 10 de Tevet no puede caer nunca en Shabat. No
    obstante, es el único de los cuatro ayunos que puede caer en viernes
    –como lo hace este año- y por eso entramos en el Shabat mientras
    ayunamos, y sólo rompemos el ayuno con la primera comida de Shabat.

     

    En muchas congregaciones sefardíes, en el Shabat anterior al Diez
    de Tevet y antes del Servicio de Musaf (Plegaria Adicional), el cantor
    litúrgico anuncia: “Hermanos, Casa de Israel, escuchen, el ayuno
    del décimo mes (Tevet) será en tal y cual día. Que el Santo bendito
    sea lo transforme en un día de felicidad y regocijo, como está
    escrito (Zacarías 8:19): Así ha dicho el Dios de las Huestes: El
    ayuno del cuarto mes, el ayuno del quinto, el ayuno del séptimo, y el
    ayuno del décimo, se convertirán para la casa de Judá en gozo y
    alegría, y en las festivas solemnidades. Amad, pues, la verdad y la
    paz”.

     

    Cuando el horror del Holocausto fue conocido por primera vez por
    todo el mundo, el Rabino en Jefe del Ishuv (la comunidad judía antes
    de la creación del estado) en Eretz Israel proclamó el Diez de Tevet
    como el día de duelo por las víctimas de la destrucción de las
    comunidades judías en Europa. En 1951, no obstante, una fecha
    diferente, el 27 de Nisán, fue designado por la Kneset como el Día
    del Holocausto y el Heroísmo.

     

    El Gran Rabinato ha decretado, de todas formas, que el Diez de
    Tevet sea el día en el que se recite el Kadish de Duelo para aquellos
    familiares, víctimas del Holocausto, cuya fecha de fallecimiento no
    es conocida, y conmemorar ese día con plegarias y estudio. En Israel
    es conocido como el día del “Kadish General”.

     

    Incluso ahora, cuando el Estado de Israel ha sido establecido para
    traer el fin del sufrimiento y el exilio judíos, recordamos cuándo
    comenzó el triste relato del exilio: hace más de 2.500 años atrás,
    un Diez de Tevet.

     

    Traducción: Marcelo Kisilevski

    Fuentes de nuestros sabios sobre los ayunos
    Dijo R. Elazar: El ayuno es más importante que la caridad.
    ¿Cuál es el motivo? En éste interviene el propio cuerpo y en
    aquélla sólo su dinero. (Berajot 32b)
    Cada persona debe afligirse con los pesares del público; así
    encontramos que el Maestro Moshé se afligió junto a todo el
    pueblo, como leemos (Shemot 17.12): “Las manos de Moshé se
    cansaron…”

    ¿Acaso Moshé no tenía alguna almohadilla o alguna frazada
    para apoyarse sobre ella? Sino que Moshé dijo así: Si todos los
    israelitas se encuentran apenados, yo he de afligirme con sus
    penas.
    Quien se aflige junto con el público merece luego ver la consolación
    de todo el público. (Taanit 11a)
    Dijo Rav: El ayuno es tan beneficioso para un mal sueño como
    el fuego para la estopa. Dijo R. Jisda, especialmente cuando se
    realiza el mismo día. (Taanit 12b)
    Dijo Reish Lakish: Un estudioso no tiene derecho a ayunar
    pues le disminuye su actividad espiritual (pues al estar débil no
    puede estudiar). (Taanit 11b)
    Está escrito en el libro “Tania”: El viernes vísperas de Shabat
    Jukat acostumbraron ciertos individuos ayunar, debido a que en
    esa fecha quemaron en Francia 20 carros llenos de libros sagrados.
    No fue establecido como ayuno la fecha calendaria de ese día,
    pues averiguaron por medio de una consulta de sueño que la
    fecha de la lectura de ese capítulo provoca este desgraciado
    decreto contra la Torá, puesto que sobre el versículo “Este es el
    estatuto de la Torá” traduce Unkelos: “Este es el decreto de la
    Torá”. Así también en el año 5408 (1648) fueron destruidas dos
    magnas comunidades en esa fecha, tal como lo encontramos en
    la Selijá escrita por el autor de “Siftei Cohen”.
    (Maguen Avraham sobre Oraj Jayim 580)
    Es costumbre (en algunos países como Alemania y Francia)
    de ayunar los días lunes, jueves y lunes posteriores a Pesaj y
    Shavuot (debido al temor que las fiestas, reuniones sociales;
    las alegres excursiones y paseos provoquen el pecado) y se convirtió
    en un ayuno público con lectura de la Torá.
    (Oraj Jayim 492, también Rema cit. Tosafot Kidushim 81,a)
    Quién se apena por Yerushalyim en este mundo, se alegrará
    con ella en el mundo venidero como leemos (Yeshaya 66,10):
    “¡Regocijaos con Yerushalayim, y alborozaos con ella, todos los
    que la amáis!” (Tosefta Taanit in fine)

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