pesajShabat Hagadol

¿Que tiene de diferente este Shabat a los restantes del año? Pregunta que nos parece conocida en su enunciacion, aunque no totalmente en su contenido. Estamos

preguntandonos por el “Ma Nishtana” sabido, sin duda, pero referido a este Shabat particular.

Lo primero que se nos ocurriria es decirles que por la tarde de este
sabado comenzamos un entrenamiento: leemos la Hagada de Pesaj, hasta el lugar donde
recordamos el “…esclavos fuimos del Faraon en Egipto”. Nos preparamos no solo
en lo domestico para Pesaj sino y, por sobre todo, en el “Libreto” de la
festividad.

Debemos saber, sin duda alguna, que es lo que podemos comer y que no.
Aunque no menos importante resulta el saber los por que… ¿no les parece?

Asi es como este Shabat despunta siendo “Gadol”, o sea, Grande.
No por su extension horaria sino por su contenido total y su enseñanza totalizadora.

Este Shabat es Grande porque mira a Pesaj. Porque nos asoma hacia una
ventana la cual no siempre resulto comprendida y ejercida, como es la libertad de hablar,
de comunicar, de transmitir… La ocasion excluyente cuando como padre o como hijo, como
marido o como esposa, me puedo regalar la chance de sentarme a una mesa —la misma
mesa de todos los dias— y hacerla diferente, tan pero tan distinta que hasta debo
despertar en otro la pregunta: ¿por que esta vez es diferente a las otras?

Es Shabat ha-Gadol porque algo grande habra de ocurrir: todos tenemos la
posibilidad de compartir un relato, una historia —que es la nuestra, ni mas ni
menos—, y lo principal: tener a quien contarsela… ¿Cuantos son los que transcurren
por la vida queriendo contar su historia y no hay oidos, ni ojos o cuerpos que se ofrezcan
a escucharlos?

Pesaj es la oportunidad, y este Shabat, el preparativo. Un pequeno ensayo
de lo que voy a leer, de lo que debo saber, de lo que anos y anos de Seder y Sedarim en
casa de abuelos y padres —y ahora tal vez en la mia—, no pueden fatigar, ni
aburrir, ni “acortar”… Deseamos que no. Esperamos que no… Aunque si bien
tenemos de todo, compramos de todo, despilfarramos de todo, hemos perdido algo muy
preciado en el camino: la paciencia, la capacidad de sentarnos a comer y hablar en
nuestras mesas; el mirar a los comensales y conocerlos no por su fisonomia sino por
apreciar su voz, su animo, su adentro.

Este Shabat es mas grande aun, cuando mas alla de practicar la lectura de
lo que debo decir durante dos noches seguidas, me canta desde sus Profetas, y mas
exactamente desde el ultimo Profeta que habito la tierra de Israel, llamado Malaji, algo
que debere llevarme desde esta manana de Shabat y esperemos por toda la vida: una receta
—no culinaria— para otro arte: el de vivir…

Este Profeta clama desde algun lugar de Ierushalaim que el Todopoderoso
“…habra de enviar a Eliahu ha-Nabi hacia nosotros, antes de la llegada de un Dia
grande y temible”. Sabemos por las fuentes tradicionales que Eliahu el Profeta no
murio. Sigue haciendo por nosotros. Pero hay un dia, un limite grande y temeroso que
supera nuestro calendario y esta por fuera de el. Hay un Dia —con mayuscula— que
esta mas alla, y solo D-s habra de traerlo y actuar en el. Y no es de seguro, un tiempo
facil…

Y entonces, antes de ese dia, vendra Eliahu. ¿Su mision? “…Hara
tornar (volver) el corazon de los padres hacia los hijos, y el corazon de los hijos hacia
los padres, no sea que Venga (asevera D-s) y destruya la Tierra entera”, concluye el
Profeta Malaji.

Éste es Shabat Ha-Gadol porque lo que tenemos
enfrente es mas que un Libro y una costumbre, una comida o una reunion. Es el regalo de
ser padres y de poder seguir siendo hijos. De preguntar y de cantar. De mirar las caras,
el paso del tiempo y el esfuerzo de permanecer siendo judios, con orgullo, con dignidad,
con libertad y con responsabilidad.