• Las Mitzvot

    mitzvot

    Las Mitzvot
    ( Preceptos, mandamientos, ordenanzas)

    *texto publicado por el Licenciado Yeuda Ribko en la página de internet Darjei Noam.

    ¿Qué son?
    La voz mitzvá, en español, puede ser traducida como precepto, mandamiento u ordenanza.
    ¿Cuál es Halajá?
    Como queda claro, el judaísmo no es conjunto de dogmas y de creencias acerca de H’, el Hombre y el universo. Aunque parezca banal, el judaísmo es un estilo de vida, con numerosas reglas y prácticas que afectan cada aspecto de vida; desde el despertar por la mañana, lo que se come o deja de comer, la actitud hacia el propio cuerpo, las relaciones comerciales, los estudios, los ratos de ocio, la vida íntima, el trato con amigos e hijos, el uso del tiempo, la forma de encauzar todas las relaciones interpersonales, el trato hacia el resto de la creación, todo, hasta el mismo momento de ir a descansar está prescrito con detalle.Esto conjunto de reglas y prácticas es conocido como halajá.
    La palabra “halajá” normalmente se traduce como “la Ley judía,” aunque una traducción más literal podría ser “el camino que uno anda.” La palabra se deriva de la raíz verbal hebrea Heh-Lamed-Kaf, queriendo indicar, caminar o viajar. Es decir, el modo de andar por la vida, ya que el camino está indicado, e incluso la forma de dar cada paso se enseña al judío.
    Algunos no judíos y los judíos no observantes de las mitzvot critican este aspecto legalista de judaísmo tradicional, diciendo que reduce la religión a un juego de rituales desprovisto de espiritualidad. Otros alegan la intromisión obsesiva que en apariencia no permite un rescoldo de libertad para la acción del individuo.
    Si bien hay algunos judíos que observan la halajá de esta manera meticulosa y extraviadamente obsesiva, podemos afirmar que la privación del libre albedrío no es la intención de la halajá, y más aun, esta ni siquiera es la manera correcta de observar la halajá.
    Al contrario, cuando se anda propiamente dentro del marco delimitado por la halajá aumenta la espiritualidad en la vida de una persona, porque los actos más triviales, mundanos, como comer o vestirse, se transforman en actos plenos de importancia religiosa, y de amor a la tradición y al Eterno.
    Si una persona deseara llenar su vida de espiritualidad, seguramente no lo conseguirá merced al vacuo sentimentalismo, o a las ilusiones de amor sensual hacia H’ o las personas, o su contrario; la única forma real es la observancia apropiada de la halajá.
    Preservando las acciones, guardando las palabras, adecuando las actitudes se logra educar el espíritu, no tan sólo la carne, en la integridad y en el apego a las mitzvot de H’. Por lo cual, las mitzvot, y su aplicación práctica como halajot elevan a la persona, hacia la meta que le es indicada desde lo alto, por H’.
    ¿Tienen motivo las mitzvot?
    Obviamente que sí, aunque no interesa conocerlo, si es que está a nuestro alcance el hacerlo. Hay algunas que tienen explicación dada en la Torá, por ejemplo, la mitzvá que establece que el rey hebreo no debe tener muchas esposas, porque en ese caso, ellas perturbarían su dignidad y extraviarían su corazón y entendimiento.
    Otras mitzvot son explicados por los jajamim (sabios), por ejemplo, algunos explican que todas las leyes relativas a la kashrut (aptitud de los alimentos para ser ingeridos) tienen como finalidad la de educar al hombre en la autodisciplina, en la trascendencia de las apetencias y pulsiones que nos aproximan a los animales. Al respecto podemos citar Bereshit Rabá 44:1, donde Rav enseña que: “…las mitzvot fueron instituidas únicamente para disciplinar y refinar a los hombres. ¿Qué más le da a H’ si un animal es sacrificado de una manera más bien que de otra? Las leyes respectivas son medidas disciplinarias, para refinar a los que las cumplen”.
    Otras mitzvot pueden ser entendidos con la lógica humana, sin recurrir a grandes elaboraciones, por ejemplo, no robar, porque si lo hago, ¿quién me protege de que a otro se le ocurra robarme?.
    Pero hay varias mitzvot que sus fundamentos permanecen en secreto para los hombres, por ejemplo, la purificación por intermedio del ritual de ‘La vaca roja’.Todos los que son fieles a la Torá aceptan que sean comprensibles o no, sean ‘fáciles’ de hacer o en extremos complicadas, igualmente (si es posible) deben ser respetadas. En definitiva, el entendimiento humano jamás podrá expresar la Realidad de H’, ni comprender todas Sus acciones, por lo cual, aunque creamos conocer el fundamento de las mitzvot, eso no nos libra de permanecer en la incertidumbre, y en la obligación de su cumplimiento.

    ¿Hay qué esperar recompensa material por el cumplimiento de las mitzvot?
    Nuestros jajamim enseñaron que en nuestra relación con H’ no hay que hacer como los empleados que trabajan a cambio de ganancias (ver Avot 1:3), sino que hay que servirLo con amor y respeto. Por lo cual no hay que esperar tener recompensas por el cumplimiento de las mitzvot. El mejor premio es haber cumplido la palabra de H’, y la oportunidad de hacer otra mitzvá derivada de la anterior, como ya anotáramos más arriba.Sin embargo, los jajamim enseñan además de los beneficios por el aporte a la convivencia y a la concordia entre las personas, la verdadera recompensa la obtiene la persona luego de su defunción, en el Olam Habá, el Mundo Venidero. Por ejemplo, Pea 1:1 (también Talmud Bablí, Shabat 127a), enseña las acciones merced a las cuales la persona “goza de su realización en la vida terrena, mientras su rédito perdura en la Eternidad”, por lo cual es fácil de entender que hay dos tipos de ‘ganancias’, una pasajera y efímera que se da en Este Mundo, y la principal que se obtiene Más Allá. Maimónides al comentar esta mishná afirma que cada acción positiva que la persona ejerce sobre el prójimo le trae recompensa en este mundo.
    Más modernamente, tal como enseñara Rav Mitrani (‘Bet Elokim’) parte de la retribución por las mitzvot sociales se obtienen en este mundo, ya que posibilitan o facilitan la vida material.
    Pero, para todas las mitzvot, aunque preferentemente las relativas a H’, la recompensa se halla el Mundo Venidero. Ya que, las mitzvot sirven también como ‘entrenamiento’, como aliento y fortaleza del espíritu humano, que a su tiempo retornará al Creador, como está dicho: “Y el polvo se torne a la tierra, como era, y el espíritu se vuelva a Dios que lo dio.” (Kohelet 12:7). Éste es el afamado paraíso de los justos (de todas las naciones). El paraíso en el tiempo de retorno a H’, en una condición pura y ‘trabajada’ del espíritu. Pureza que se obtiene a través del correcto cumplimiento de las mitzvot en este mundo. Paraíso que es el espíritu que goza y aprehende la “Gloria de la Shejiná” (Rav Shneur Zalman, ‘Igueret HaKodesh, 17).
    ¿Son ‘evolutivas’ las mitzvot?
    Si seguimos atentamente la lectura hasta este punto, fácilmente podemos asegurar que para el creyente en la divinidad de las mitzvot, la evolución de las mismas no sólo es un impensable, sino un pecado (por ejemplo, Devarim 4:2) proscrito por la Torá.Sin embargo, podemos argumentar que las condiciones sociales y materiales de existencia humana si son variables y mutables. En nuestra época podemos aseverar que las numerosas mitzvot referidas a los esclavos y siervas hebreas están fuera de uso, y que presumimos jamás volverán a ser necesarias. Esto no nos habilita a eliminar su presencia en el conjunto, en la estructura más bien, de las mitzvot. Las sociedad cambian, las culturas, las condiciones y las ideologías, por lo tanto, lo que varían son las perspectivas, los puntos de vista que las personas pueden tener acerca de las mitzvot.
    Esas perspectivas, merced al contexto, pueden promover a un desuso de alguna mitzvá, pero no a su derogación.
    De esta manera, cada generación tiene sus intérpretes de la Torá, sus explicaciones acerca de las mitzvot; pero lo que no tiene es un cuerpo legislativo, o un organismo válido que promulgue o derogue las mitzvot de la Torá.
    En todas las épocas los sabios de la Torá hallan los mecanismos para hacer de la Torá un modo de vida para los judíos, por lo cual, podríamos decir que ‘actualizan’ la comprensión de alguna mitzvá; pero, sin cambiar nada de ella. Tenemos un ejemplo histórico y accesible de evolución de una mitzvá, sin modificar la propia mitzvá, y es los tzitzit. En Bemidbar 15:38 la Torá ordena que a todas nuestras prendas de vestir que posean cuatro esquinas le atemos los tzitzit. Los jajamim prestamente nos enseñaron que son, como se anudan, cuantos flecos debe haber como mínimo y máximo en cada punta, la berajá por usarlo, su modo de uso, etc. Pero, un hecho socio – histórico, el talit que nosotros conocemos no surgió en la historia sino hasta muchos siglos después de haberse entregado la Torá.
    Claro, hoy en día decir tzitzit es casi asociarlo al talit (gadol o catán, da lo mismo), sin embargo durante mucho tiempo decir talit, era no decir nada significativo.
    ¿Esto por qué?
    Pues, en la antigüedad los tzitzit se anudaban a las ropas que eran típicas de los habitantes de la región del Medio Oriente, similares a las que visten algunas tribus beduinas de la actualidad, por lo cual, el judío ataba sus tzitzit a sus ropas cotidianas. Con el desarrollo social, las modas en vestimenta variaron, con los traslados y las dispersiones mucho más, por lo cual, los jajamim al percatarse que la moda en ropa estaba eliminando esta importante mitzvá y símbolo recordatorio, decidieron crear el talit y prescribir su uso.
    Tenemos, pues, un exacto y bonito ejemplo de ‘evolución’ de una mitzvá, pero sin modificarla.
    El hecho es que para acompasar el cumplimiento de las mitzvot a las generaciones no es suficiente con el deseo personal, o la voluntad de algún que otro sabio o rabino, sino que es imprescindible la existencia de lo que antiguamente se llamaba Sanhedrín, o Asamblea de Notables; reunión que en la actualidad es virtualmente irrealizable. Si bien es cierto que algunas corrientes modernas del judaísmo impulsan estas evoluciones amparados en aquellos antiguos y nobles precedentes, y en asambleas de rabinos actuales.
    En definitiva, es un tema que en la actualidad roza intereses que son eminentemente políticos y no tanto ‘religiosos’, por lo cual, una solución que satisfaga a la mayoría (sino a todo) Israel, si existe, debe ser ardua de hallar y poner en práctica.
    ¿Quién las manda cumplir?
    Hashem ordenó a los hebreos, para que estos las cumplieran.
    ¿En qué consiste la Halajá?
    La halajá se compone de las mitzvot de los Torá, así como las leyes instituidas por los jajamim en las distintas épocas y circunstancias, además de las costumbres acordadas por la mayoría. Todos éstos tienen la misma dignidad y peso para el judío, estando íntimamente ligados unos a otros.En épocas del Beit HaMikdash se diferenciaban por el castigo que acarreaba violar uno u otro tipo de leyes, ya que los castigos por violar las leyes y costumbres establecidas por los rabinos son menos severas que las penas por violar mitzvot de la Torá.
    Otra diferencia es que las mitzvot elaboradas por los rabinos puede ser modificadas por consenso rabínico, en las circunstancias que sean apropiadas.
    ¿La meta de las mitzvot es tener presente constantemente a H’?

    Puede ser que la meta última sea presentificar al Eterno a cada instante, haciendo todos nuestros actos en Su nombre, dedicando nuestra existencia a Él.

    Pero, de ser así se podría argumentar que ‘pensando’ en Él, ‘sintiendo’ Su presencia, ‘teniendo’ fe es suficiente (tal como argumentan cristianos y judíos adherentes a la Reforma).

    Sin embargo, la Torá (y los jajamim) establecen claramente que no nos interesen en sí los objetivos, sino el correcto y adecuado cumplimiento de las mitzvot. No con la intención de embotar y embrutecer el conocimiento humano, sino, todo lo contrario, para permitir que aquellos que no han sido favorecidos con sabios pensamientos, hondos sentimientos o sólidas creencias igualmente puedan aproximarse al Eterno.

    Hacer (en tanto posible) entra dentro del radio de acción de todas las personas, por lo tanto, las mitzvot igualan a las personas en su cumplimiento. Además, pensamientos, sentimientos, creencias, son llevadas por el viento de la moda, por los avatares de la ocasión. Un día siento amor por Dios, al otro ya no. Un día pienso que Dios es inmenso y al otro no tengo ese pensamiento. H’, en Su inmensa sabiduría, comprende a las personas, sabe que somos volubles y variantes, por lo cual nos establece un marco semirígido, dentro del cual vivir acorde a nuestra elevada naturaleza humana, ni animal ni espiritual. A través del cumplimiento de las mitzvot, aun si no las comprendemos, o a pesar de no tener ‘ganas’, podemos educar nuestros corazones a sentir, nuestras mentes a razonar, nuestro ser a creer, aunque en un principio nada de eso estuviera en nuestras intenciones. (Esto de acuerdo a Rav Aarón HaLeví, en la mitzvá de no quebrar ningún hueso del Korbán Pesaj (mitzvá 16ª), en su Sefer HaJinuj).

    A este respecto dijeron los jajamim (Talmud Bablí, Makot 23b): “Quiso H’ que el Pueblo de Israel fuese meritorio, por eso le encomendó mucha Torá y muchas más mitzvot, para marcar con ellas todos nuestros pensamientos y que sea la voluntad de Hashem nuestra principal meta”.
    Es decir, el pensamiento, las buenas intenciones no son suficientes, es imprescindible la acción, la praxis sobre la realidad; al respecto Shimón el hijo de Raban Gamliel, solía enseñar: “No es el estudio lo esencial, sino la práctica” (Avot 1:17). Quizás, por intermedio del cumplimiento de las mitzvot se pueda llegar a profundizar, a amar a H’ intelectualmente, pero, no sin antes haber cumplido las mitzvot.
    Y, cuantas más mitzvot y más regularmente se cumplan, podemos confirmar lo enseñado por Rav Luzzatto en su ‘Mesilat Iesharim’, cuando en la introducción nos dice que la constancia, y el esfuerzo por todos los medios nos llevan al amor y a adherirnos al Eterno. Es decir, esfuerzo constante y material, para domeñar las inclinaciones perversas y elevar las pulsiones positivas.
    Y, si bien es cierto el cántico de Rabbí Shelomó HaLeví, con que el cual recibimos el Shabbat, Leja Dodi, expresa: “La finalidad es el acto, pero el pensamiento está primero”; lo que se indica es que tampoco el cumplimiento de las mitzvot por costumbre o por que así le fue enseñado es suficiente, sino que la educación debe incluso adentrarse hasta permitir que sea el conocimiento, la consciencia la que guíe los actos, las mitzvot, y no una especie de instinto a cumplir con las mitzvot. Esto no es que indiquemos que es necesario filosofar y meditar profusamente antes de cada mitzvá, muy por el contrario, a veces está por demás el pensar o razonar, cuando lo que se hace perentorio es el cumplimiento adecuado de la mitzvá. Pero, la falta de intención puede ser peor que pecar directamente, al respecto decía Rav Najmán bar Itzjak, (Talmud Bablí, Nazir 23b): “es preferible una transgresión resultado de una buena intención, que una mitzvá sin ella.” ¿Por qué hasta este extremo? Pues, el acostumbramiento y la falta de motivación consciente nos devuelven a la condición de animales, pero en vez de animales ‘naturales’, bestias condicionadas a actuar según fueran adiestradas. Y no es para eso que el Eterno nos confirió alma eterna…
    Aunque, bien es cierto que en el mismo lugar del Talmud otro jajam, Rav Yehuda, expresó que es mejor cumplir con las mitzvot, aunque no se tenga toda la intención de realizarlas, ya que de cumplirse, se presentará la ocasión para profundizar en el amor hacia ellas.

    ¿Qué necesidad hay de transferir la recompensa al Más Allá?
    Sin cansancio se puede repetir junto al salmista (73:22): “Mas yo era ignorante, y no entendía: Era como una bestia acerca de Ti.”Y nunca es mejor momento que ahora para leer este mizmor (salmo) por completo.
    Ahora, en nuestra ignorancia podemos presentar tres motivos para transferir el premio y castigo al momento posterior a la defunción, a la vida en el Olam Habá.
    1. Estando la real consecuencia de nuestras acciones en una existencia no perceptible, tenemos a nuestra disposición la plena libertad de elegir nuestra conducta. Es decir, si fuera evidente la real consecuencia de nuestros actos: ¿quién se atrevería a traspasar los mandatos del Eterno? Por lo cual, H’ en su infinita Sabiduría, prefirió la existencia del escepticismo, de la duda, por Amor a su Creación; para que los creados pudiéramos aproximarnos a Él por Amor y convicción, y no por temor supremo. Así se expresa Rabí Iojanán ben Zakai (Kidushin 22b): “H’ no puede ser servido sino por hombres moralmente libres y no por esclavos”.
    2. Cualquier recompensa en este Mundo es despreciable en comparación con la recompensa de adherirnos al Eterno en el Olam Habá (al respecto Rav Yehuda HaLevi, ‘Sefer HaCozarí’, 1:126; también otras citas en este mismo texto). Por lo tanto, cualquier placer, lujo o satisfacción que el malvado posea; y cualquier dolor, escasez o desilusión que sufra el justo, son muy importantes, son cosas buenas y malas, respectivamente; pueden aparecer como incomprensibles, verdaderas injusticias de parte de H’, o aun llevar al ateísmo; pero, son bienes y males momentáneos, pasajeros y efímeros. En tanto que la adherencia al Eterno…es eterna…
    3. H’, en su infinita Sabiduría y Misericordia, impuso al Universo sus leyes físicas, y entre las creaciones vitales permitió la existencia de leyes sociales (entre insectos, animales ‘inferiores’ o el hombre). Pero, en su infinito Poder se restringe para no interferir constantemente con Su creación. Es decir, el mantiene la existencia, pues sin Él no hay existencia posible; pero no afecta ni interrumpe Sus leyes, sino que permite que la Naturaleza y la Sociedad se rijan por las leyes primordiales (o evolucionadas socialmente) por Él concedidas. Si bien es cierto que confiamos en Su constante vigilancia (Bereshit 15:1; Tehilim 121:4), en los milagros, no podemos dejar de reconocer que los mismos se dan o de forma ‘natural’ o muy esporádicamente interceptando las leyes ya establecidas (al respecto Maimónides en ‘Iad Jazaká’). Es Su aceptación y restricción a Sus propias leyes lo que convierten a nuestros ojos a H’ en Todopoderoso, Justo y Misericordioso, y no un proceder extraviado y errático. Sabemos que el “Juez de toda la Creación hace Justicia” (parafraseando a Avraham Abinu en Bereshit 18:25), por lo cual, no hay más Justicia que cumplir las propias leyes.
    Mitzvot y forma
    Podemos pensar a las mitzvot como:
    • informar, entonces nos quedamos en el conocimiento superficial y vacuo, casi sin sentido;
    • o formar, y así hay judíos que cumplen mitzvot, pero sin hallar un camino seguro hacia la adherencia a H’;
    • o conformar, y entonces tenemos judíos acostumbrados a satisfacer lo que ya conocen, o sus expectativas que les brindan algún tipo de seguridad;
    • o reformar, y de esta manera las mitzvot ni tiene forma ni sustancia, ni existencia, tal como el judaísmo de aquellos que esto pregonan
    • o transformar, es decir hacer trascender la forma de lo ya conocido (la persona, la sociedad) en pos de aquello que no tiene forma (H’), y así tenemos verdaderos judíos que son fieles cumplidores de las mitzvot, transformando su existencia, su circunstancia, su mundo (perfeccionando el Mundo bajo la égida de H’, como dijera el Aleinu).
    ¿Cómo lo sabemos?
    Porque en el momento de comenzar H’ a entregar la Torá al Pueblo de Israel, ellos conformaban seiscientos mil hombres entre los veinte y sesenta años (sin contar mujeres, ancianos, extranjeros y niños), que en su momento sirvieron como testigos de la realidad de la Revelación de H’ y de la entrega de la Torá con sus mitzvot.Por lo cual, de generación en generación se fue transmitiendo ese testimonio, que acredita la certeza de la Torá y la valía de las mitzvot.
    Otro testimonio válido es el amor y la férrea adhesión a las mitzvot a lo largo de los milenios por parte de la mayoría del Pueblo de Israel.
    Si bien es posible engañar a enormes masas de personas, es virtualmente imposible que una, posible, estafa generada por unos antiguos nómades del desierto mesooriental sea tomada tan seriamente, por tantas personas, en tantos países y durante tanto tiempo.
    Para quien las precisa, son estas pruebas fehacientes de la validez y verdad de la Torá y sus mitzvot.
    Guezerá: Un cerco en torno a la Torá
    Un Guezerá es una ley instituida por los jajamim para impedirles a las personas accidentalmente violar alguna mitzvá de laTorá. Por ejemplo, la Torá prescribe la abstinencia de labor en el día de Sabbat, una Guezerá (en el caso particular de Shabbat se denominan Shvut) nos ordena no tocar cualquier herramientas, utensilios, elementos o instrumentos con los que se acostumbra a realizar trabajo prohibido de hacerse en Shabbat (tales como lápiz, dinero, martillo), por si alguien que estuviera sosteniendo el objeto se olvidara de que es Shabat y realizara el trabajo prohibido.Es importante anotar que desde el punto de vista práctico, no hay ninguna diferencia entre un Guezerá y una mitzvá de la Torá. Las dos son obligatorias por igual y no puede desatenderse según antojo. La diferencia generalmente está en el grado de castigo: una violación del Shabbat era pasible de sentencia a muerte según ordenanza de la Torá, mientras una violación de una Guezerá produciría un castigo menos severo.
    Otra diferencia entre una Guezerá y una mitzvá es que los rabinos pueden, en circunstancias apropiadas modificar o abrogar una Guezerá.
    ¿Por qué el pueblo judío fue el elegido para recibir las mitzvot?
    Repetimos que no sabemos las razones de H’.Pero, si intentamos razonar un poco, podemos conjeturar que para emprender la dispersión de la Torá por todos los rincones de la Humanidad, para llevar el mensaje de la Torá y las acciones de las mitzvot a todas y cada una de las personas de este Mundo, era necesario empezar en algún punto. Podemos llamar a ese punto de inicio: Israel. Pueblo, que tiene entre otros fines el de convertirse en una “luz para los pueblos”, según expresara el profeta Ieshaiá en su profecía (Ieshaiá 42:6).
    O como dijera por su parte el profeta Mijá (4:2): “Vendrán naciones numerosas y dirán: ‘Vengan, subamos al monte de H’, al templo del Dios de Iaacov, él nos enseñará sus caminos, e iremos por sus sendas’; porque de Tzión saldrá la Torá y la palabra de H’ de Ierushalaim.”
    Pero, para que los pueblos hagan tal, nosotros debemos escuchar el llamado que dice: “Casa de Iaacov, vamos caminemos por la luz de H’” (Ieshaiá 2:5), por el cual, nosotros debemos saber andar por el Camino, tener los ojos abiertos a la Luz, para nosotros y la Humanidad.
    Eso se consigue…¡cómo no!, cumpliendo con las mitzvot.
    Pero, y que quede bien claro, no es por las naciones que debemos cumplir las mitzvot, sino por nosotros, o en realidad, por reverencia y amor a H’.
    Todos estos psukim hacen referencia al Final de los Tiempos, y es para esa generación que Malají (3:17, 18) profetizó: “Estoy preparando un día, dice H’ el Todopoderoso, en el que ellos volverán a ser mi propiedad. Seré compasivo con ellos, como un padre con su hijo que le sirve. Entonces ustedes verán de nuevo, la diferencia que hay entre el justo y el malvado, entre quien sirve a H’ y quien lo sirve.”
    En su obra ‘Shaaré Teshuvá’, Rav Ioná de Gerona aprende de este párrafo que es por intermedio del cumplimiento de las mitzvot que se logra, efectivamente, servir a H’, sea en las mitzvot de acción o de abstención. Es merced al cumplimiento, y al acondicionamiento espiritual que se efectúa con este ejercicio de práctica cotidiana, que el judío puede ser incluido en el grupo de los denominados hijos de H’ que Le sirven. Las mitzvot distinguen a quien las cumple, sirviendo como estandarte que lo eleva por sobre el malvado que no sirve a H’.
    Por último, como podemos apreciar la elección de Israel por sobre el resto de la Naciones no implica una vergüenza, odio o ignominia hacia ellos, sino, una carga, un yugo que el judío debe aprender a cargar sobre sus espaldas. Ser elegido no es un triunfo por sobre el resto de los pueblos, sino una meta, una finalidad personal y colectiva, que puede traer aparejada la victoria de toda la Creación.
    ¿Es suficiente cumplir con la mitzvot negativas (de abstenerse)?
    En muchas oportunidades se argumenta que el fundamento y finalidad de las mitzvot es hacer de la Humanidad un conjunto de personas morales, éticas, que tienen un correcto proceder hacia los demás. Y se continúa, en esta lógica, sosteniendo que para lograr estos elevados fines es suficiente con abstenerse de perjudicar al prójimo, por lo tanto, realizando o cumpliendo solamente las mitzvot negativas, las de abstención.Sea este el argumento o cualquier otro, todas las mitzvot son para ser cumplidas.
    La misma Torá (Tehilim 37:27) estipula que: “Apártate del mal, y haz el bien” con la promesa de que así “vivirás para siempre.”
    Las palabras del salmista merecen un breve comentario. No es suficiente con apartarse del mal, sino que se nos induce a hacer el bien. Es decir, una actitud abstencionista, de negarse a acometer erróneas empresas no llega a prevenir nuestras vidas del pecado, o peor aun, no colma las expectativas para las que fuimos creados. Para llegar a la ‘shlemut’ (completud) debemos también hacer lo que se nos dice que es bueno.
    Por lo cual, resulta ya reiterativo afirmar que no es la renuncia al mal el camino correcto, sino que hay que equilibrarlo con las acciones llamadas buenas.
    Pero, ¿cómo sabemos que las mitzvot positivas pueden ser consideradas como ‘hacer el bien’?
    Ya hacia el final de los Cinco Libros de Moshé, el gran líder profetiza diciendo: “Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal: Porque yo te mando hoy que ames a Hashem tu Dios, que andes en sus caminos, y guardes sus mandamientos y sus estatutos y sus derechos, para que vivas y seas multiplicado, y Hashem tu Dios te bendiga en la tierra a la cual entras para poseerla.” (Devarim 30:15,16).
    Como apreciamos, primero se asemeja la vida al bien, y un poco más adelante se asegura que el seguir los caminos indicados por el Eterno es lo que atraen la vida, la dicha y la bendición. Así, pues, no es adecuado simplemente apartarse del pecado y de las acciones malas, sino que hay que atraer el bien, a través de acciones materiales y concretas sobre el Mundo.
    Y, sólo de esta manera se cumple lo proclamado en la profunda tefilá de ‘Aleinu leshabeaj’: “Para componer el Mundo bajo la égida del Todopoderoso”. ¿Cómo componer al Cosmos? Pues, con el cumplimiento de TODAS las mitzvot.
    Los jasidim entendieron que la persona no siempre es lo suficientemente fuerte, o esta naturalmente apta, para llegar al estado de adherencia al Eterno con facilidad; por eso enseñan que se puede ir alcanzando de dos maneras complementarias: por reverencia (temor) y por amor.
    Por intermedio de la reverencia a H’ la persona se abstiene de los pecados, es decir, cumple las mitzvot de no hacer.
    En tanto que por amor a H’ hace las positivas.
    De similar manera, y siguiendo a Ieshaiá Leibovitz, podemos colegir como la primera parashá de la Keriat Shemá está imbuida de Amor a H’, por lo cual se nos ordena cumplir las mitzvot sin manifestar razones, motivos ni recompensas.
    En tanto, la segunda parashá ordena similares mitzvot, pero hace pesar el tema del castigo y de la recompensa. ¿Por qué? Pues, seguramente porque el Autor en su infinita Sabiduría, al redactar Su Torá conocía la debilidad del corazón del hombre, por lo cual, a manera de didáctica escala en pos de la perfección, permitió la existencia del eslabón, infantil, del premio y castigo, pero en dirección a la adherencia por Amor y sólo por Amor al Eterno.
    Se cuenta que el Rav Shneur Zalman, fundador de Jabad, en sus momentos de éxtasis exclamaba: “No quiero Tu Gan Eden, no quiero Tu Olam Haba; sólo te quiero a Ti, a Ti y nada más.” Seguramente un honesto y sabio de esta talla no argüía la eficacia del exclusivo cumplimiento de las mitzvot negativas…
    ¿Cuándo hay que pretender que H’ no existe, para ser justos y honrar Su Santo Nombre?
    Cuenta un relato jasídico:” un jasid se vanagloria frente a su rebe por haber salvado el alma de otro judío. Un pordiosero le había pedido comida, a lo cual accedió, pero con la condición que antes rezara Minjá. A lo cual el famélico menesteroso consintió. Antes de servirle su comida le obligó a hacer el lavado ritual de manos, con su correspondiente berajá, lo cual el pobre hombre no tuvo más remedio con aceptar. Y, ya con la comida servida, le exigió que recitara las correspondientes bendiciones antes de llevar el bocado a la boca. El rebe manifestó su desencantada sorpresa: ‘A veces, hijo, debemos actuar como si H’ no existiese’. El discípulo molesto inquirió vehemente: ‘¿Cómo puedo yo, un jasid, actuar como si D’ no existiese?’ El rebe replicó: ‘Cuando alguien urgido por la necesidad se acerca a ti, como lo hizo aquel mendigo, actúa como si no hubiera Dios en el Mundo, como si tú fueras el único en el universo que pudiera auxiliar al necesitado, tú y nadie más.’ El empecinado jasid protestó: ‘Pero, ¿no soy acaso responsable por su alma, tal como enseña la Torá?’ A lo que el rebe enseñó: ‘Tú, cuida de TU alma y de SU cuerpo, no viceversa.’”Moshé Leib de Sasov dijo que H’ creo el escepticismo en Su existencia para que “no dejemos morir de hambre al pobre, ilusionándolo con la felicidad del más allá o simplemente diciendo que confíen en que H’ les ayudará, en vez de facilitarle los alimentos.”
    ¿Desde cuándo las mitzvot están en el seno del Pueblo de Israel?
    Por lo ya apuntado, desde el día en que H’ entregó la Torá. Acontecimiento que se desarrolló cincuenta días después de la Salida de los israelitas de Mitzraim. Esto es aproximadamente en el año 2360 desde la Creación (aproximadamente 1300 antes de la era cristiana), en el sexto o séptimo día del mes de Siván, el día en que hoy conmemoramos la festividad de Shavuot.
    Takaná: Ley de los Rabinos
    La Halajá también incluye algunas leyes que no se derivan de las mitzvot escritas en la Torá, pero sí de su espíritu. Una takaná es una ley que fue instituida por los jajamim. Por ejemplo, la “mitzvá” de no desposar más de una mujer simultáneamente, o las fiestas postbíblicas, o la lectura de la Torá los lunes y jueves son takanot.Algunas takanot varían de comunidad en comunidad o de una región a otra. Por ejemplo, alrededor del siglo décimo de la corriente era, un Rabbenu Gershom Meor HaGola instituyó una takaná que prohibe la poligamia, que era una práctica ampliamente permitida tanto por la Torá y el Talmud. Esta takaná fue aceptada por los ashkenazim residentes en los países cristianos, en donde la poligamia no era permitida, pero en aquellas épocas no era aceptada por los sefardim, puesto que de acuerdo a las leyes ty costumbres islámicas al hombre le era permitido desposar simultáneamente hasta cuatro esposas.
    Una takaná, como una Guezerá, tiene similar valor práctico talcomo un mitzvá de la Torá.
    Qué es prioritario, ¿el estudio de las mitzvot o su práctica?
    Los jajamim parecen contradecirse en el Talmud, porque en un momento dicen: “No es el estudio lo fundamental sino la práctica (de las mitzvot)” (Avot 1:17). Y un poco después aseguran que: “El inculto no puede temer al error (pecado), ni el ignorante ser piadoso” (Avot 2:6).¿Cómo explicar esta aparente contradicción?
    Podemos hacerlo de manera bastante simple, si decimos: es importante el estudio que al menos permite el conocimiento de las mitzvot y de las halajot, de cómo llevarlas a la practica, para…llevarlas a la práctica. Porque, profundizar en fundamentos, en razones, en recompensas en etcéteras puede ser bonito o masajeante para el cerebro, pero completamente inútil y perjudicial si ese estudio no provoca el cumplimiento de las mitzvot.
    Es decir, primero hay que dejar la ignorancia, teniendo un conocimiento de las bases; luego cumplir mitzvot con pleno conocimiento; finalmente, y si es posible, profundizar (aunque esto es completamente prescindible).
    En caso de que se intentara cumplir con las mitzvot por costumbre, por familiaridad o porque así fue adoctrinado por su familia o amigos, puede ser que este cumpliendo con las mitzvot, y puede ser que lo haga de la manera más perfecta que lo pueda hacer; pero, lamentablemente no alcanza el grado un poco superior de piadoso, de aquel que ejerce sus acciones con amor y conocimiento, es decir, no por arrebatamiento o pasión, sino por verdadero Amor (no olvidemos que en hebreo de la Torá el verbo conocer implica tanto el acto intelectual como el apareamiento sexual, esto es, se conoce con la pasión, con los instintos, pero también con el espíritu.)
    ¿Cómo el cumplimiento de las mitzvot aporta al bien del Mundo?
    Ieshaiá (45:7) nos recuerda que H’ es el “Que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo el mal. Yo Hashem que hago todo esto.”Es decir, H’ es el origen de Bien y del Mal.
    Y en Su grandiosa Sabiduría hizo al Mundo de tal manera que el hombre tuviera la oportunidad de elegir entre ambos caminos, entre ser bueno o no. Ya que de existir solamente una de estas tendencias el hombre no sería más que un refinado autómata, sin posibilidad ni capacidad para enfrentarse a retos decisivos o fatuos.
    H’ también nos proveyó de armas para enfrentarnos al Mal, y atraer más bien a la Creación.
    Esas armas son Sus mitzvot.
    Con ellas el judío esta pertrechado para fortalecerse contra el Mal, y para elevarse en el Bien (tal como podemos inferir de lo que escribiera Rav Eliahu Dressler en su ‘Mijtav MiEliahu’, tomo 3).
    Y en el Talmud (Avot 4:13), “Rabi Eliezer ben Iaacov solía decir: El que cumple con una mitzvá, adquiere para sí un defensor y el que comete una transgresión, se ha procurado un acusador. La penitencia y las buenas obras son el escudo contra el castigo”, y podríamos agregar, que las mitzvot son una defensa que se va extendiendo por toda la sociedad, como reflejo de los que las cumplen, impregnando al resto de las personas en su santidad y brillo.
    Para las personas confiadas en la mística, el cumplimiento de mitzvot ejerce otro tipo de efectos sobre la Realidad. Argumentan que todas las acciones acá ‘abajo’, en este mundo de materialidad tienen su directo reflejo en el mundo de ‘arriba’, en el espiritual. Por lo cual una mitzvá cumplida en este mundo, una acción material, es simultáneamente realizada en el mundo del espíritu, ejerciéndose así una acción amplificada de ‘corrección’ del Mundo. Como ejemplo, podemos leer en el Talmud Bablí (Berajot 6ª) que H’ se ata todos los días tefilín, seguramente esto es una alegoría, o una metáfora o una imagen antropomórfica de H’, que nos auxilia para que nosotros podamos comprender algo; pero, el hecho en sí es que se asegura que H’ cumple con Sus mitzvot, tal como nosotros debemos hacer…
    También, reconocen los místicos en las cosas creadas dos manifestaciones de la Energía divina, una que sería la formadora (makif o sovev), mientras otra es la vital (memalé). El Hombre es el poseedor de la mayor energía vital, en comparación al resto de las cosas creadas en nuestro Mundo. Es con el cumplimiento de las mitzvot que el Hombre libera la energía formadora de los elementos materiales. Por ejemplo, al comer no es solamente la energía en el sentido científico que integramos o asimilamos a nuestro organismo, sino que también, y procediendo de acuerdo a la halajá, podemos asimilar la energía formadora contenida en ese alimento. Así, un simple pan puede servir solamente como nutriente corporal, o ser elevado a liberación de energía formadora, a elevación de la Creación. Y consideremos que los elementos que estimamos como más primitivos, y menos animados, en realidad están más próximos a la Energía original de la Creación, pues fueron hechos antes que el Hombre. Bien para servirlo, bien para que el Hombre les sirva con sus acciones positivas ejercidas sobre ellos.
    Es decir, a través del cumplimiento de las mitzvot cumplimos con nuestra original naturaleza humana, la de relacionarnos con nuestro medio tanto en un plano físico como en uno espiritual.
    Señales del pacto
    Hay cinco señales del pacto (que son mitzvot) y que por lo mismo nos recuerdan todas las mitzvot, estas son:
    1. Brit Milá (circuncisión)
    2. Talit
    3. Tefilín
    4. Mezuzá
    5. Shabbat y moadim.

    Según los jajamim el estudio de la Torá equivale al cumplimiento de todas las mitzvot.
    Según otros jajamim es habitar en la Tierra consagrada de Israel lo que equivale a todas las mitzvot (ver Yalkut Shimoní, Ree).
    Empero, todas las mitzvot están para ser observadas por igual.

    ¿En qué es superior las mitzvot a los códigos legales humanos?
    Si estamos de acuerdo en su origen divino, no hay necesidad de responder esta pregunta.Pero, más allá de esto, las mitzvot nos brindan una legislación estable, supraobjetiva, suprasubjetiva, inmodificable y justa.
    En cuanto a las leyes humanas, cada sociedad puede establecer las suyas propias, y eso ha llevado a las más terribles perversiones, a las más ignominiosas maldades, pero, amparados en el imperio de la ley social. Quizás el mejor ejemplo de lo anterior lo tenemos con la respuesta dada por asesinos nazis cuando eran juzgados por sus horrorosos crímenes: ‘¡Yo cumplía con las órdenes y leyes de mi nación! ¡Nadie puede juzgarme! ¡Es más, de no haber sido tan sanguinario, hubiera delinquido de acuerdo a nuestra ley!’
    En nombre de la Humanidad se han cometido horripilantes atrocidades, mas, no así si se basaran las decisiones humanas en la Ley superior de la Torá.
    Minhag: La Costumbre transformada en Ley
    Un minhag es una costumbre que, sin ser contraria a letra y espíritu bíblico, ha sido convalidada por el uso y el tiempo por un gran numero de judíos, y que obtiene por lo mismo peso religioso. por las razones religiosas Por ejemplo, el que en la actualidad se siga preservando el Iom Tov Sheini (segundo día consagrado de las festividades) fuera de Israel, cuando la Guezerá que lo instituyó perdió vigencia, desde la existencia de calendarios exactos y prefijados, es un minhag.La palabra que “minhag” también se usa en un sentido más libre para indicar un procedimiento de una comunidad o la manera o proceder de un individuo de hacer alguna cosa religiosa. Por ejemplo, puede ser los minhag en una sinagoga estar de pie mientras recitando una cierta oración, mientras en otra sinagoga es el minhag sentarse durante esa oración. Incluso en este sentido más libre, generalmente se recomienda que una persona siga su propio minhag, incluso al visitar otra comunidad.
    Minhag es también la pronunciación de las tefilot con una u otra entonación, o pronunciación.
    El minhag en muchas ocasiones ha tomado una relevancia tal, que el judío se pierde en marasmos de costumbres llegando a pervertir o prostituir alguna mitzvá de la Torá.
    Mitzvá y sentimientos
    Pretender elaborar una posible relación entre las mitzvot y los sentimientos es desde su inicio una tarea destinada al embrollo, puesto que no mucho tiene que ver unas con otros.Los jajamim contundentemente expresaron (Kidushin 31a; Avoda Zará 3a): “más grande es aquel que cumple las mitzvot por habérsele ordenado, que aquel que las cumple por propia voluntad.” Es decir, el acatamiento del “yugo celestial” (la obligación de las mitzvot) es superior a la pasión por realizar buenas obras.
    Aquel que realiza buenas acciones (que pueden, y generalmente así es, coincidir con mitzvot) por propio deseo, por imposición de su voluntad, y no por ganancia de diverso tipo (distinción, abaratar impuestos, adormecer la conciencia moral, etc.) sin dudas es un ser humano distinguido y apreciable.
    Aquel que realiza virtuosos actos por aceptar las mitzvot, quizás no sienta ningún noble sentimiento, hasta quizás su corazón se conduela, pero es doblemente apreciable.
    ¿Cómo? ¿Por qué?
    Pensemos un instante, ¿qué pasa con las buenas intenciones y los nobles actos, cuando el deseo por realizarlos se esfuma? ¿Adónde huyen la generosidad cuando el corazón se entumece? ¿Qué queda del ‘amor’ y entrega, cuando el terror invade las entrañas?
    Sin embargo, aquel que fielmente sigue una senda trazada, y no se aparta de ella (más que lo permitido por las marcas de dirección impresas en la misma senda) puede sufrir huracanes de pesar, borrársele la alegría de la vida, vivir lleno de pavor, y sin embargo continuar yendo por el camino correcto. ¿Cuántos judíos soportaron inenarrables torturas a lo largo de los siglos y sin embargo no perdieron su ‘humanidad’? ¿Cuántos fueron inmolados en este siglo, o en el pasado, mientras de sus labios se elevaba la afirmación de Amor hacia el Único H’? ¿Cuántos morían en tanto salvaban a otros, o al menos la llama viva de la Nación? Y (en la mayoría de las ocasiones) no estaban anclados a vacías tradiciones, ni eran esclavos del costumbrismo idiotizante, sino que eran portadores de una certeza, la misma que proclamaron sus antepasados bajo el monte Sinaí, siete semanas tras la Salida de Mitzraim: “Haremos y Escucharemos” ; haremos, primero haremos, cumpliremos las palabras de la Torá, viviremos de acuerdo a las mitzvot, después nos pondremos a filosofar, a rescatar el entendimiento humano de entre los insondables misterios del Eterno.
    Y, es verdad, muchas personas pueden sostener su integridad moral a pesar de las terribles adversidades, y recordamos a muchos que lo hicieron por ejemplo en la Shoa, pero, ‘pueden’, continúa dependiendo de la voluntad, del carácter de la personalidad, y no de un patrón externo y superior.
    En una época en que las opiniones, basadas en nada, son la moneda corriente, el patrón de juicio, puede resultar molesto la afirmación de Jaza”l antes mencionada, pero, así esta dicho, no es imprescindible el sentimiento, ni siquiera la voluntad (aunque en otro lugar en este mismo ensayo vemos otra cosa), lo importante es cumplir con aquello que asumimos como mandatos provenientes del Eterno.
    Razonar e investigar es muy útil, a veces, pero siempre insuficiente.
    Sentir y emocionarse es útil, a veces, pero siempre insuficiente.
    Hacer y cumplir es útil, siempre.
    Toda la sensiblería propia de nuestra época es desechable, así como el frío rigor lógico que querían imprimir algunos sabios de la Edad de Oro, si detrás de estas (y por delante) no se encuentra la praxis, la acción que modifica el ambiente en el cual nos movemos.
    Pero, es posible que algún romántico aluda el tema diciendo: ¿Acaso no se ordena en la Torá ‘amar’ a Dios, y ‘amar’ al prójimo?
    Puede parecer una pregunta irreductible para el que no entendiera el significado atribuido al verbo amar. Amar, significa hacer por el otro, ponernos en su lugar, actuar en su beneficio, por él (o Él) y sin mirar los propios réditos; eso es amar para el judío fiel a las mitzvot y a la Torá (al respecto Avot 6:19).
    Amar es la pasión por compenetrarse de los sufrimientos del otro, de sus necesidades.
    Amar es sentir con el otro, y por el otro, pero, junto al otro.
    El amor, desde un punto de vista estrictamente judío, nada tiene que ver con bellas palabras, o sentimientos nobles o caídas de ojos, si estas no aportan a modificar, o al menos interesarse en, la realidad compartida con el otro.
    Como evidencia podemos recordar aquel midrash en el cual Hilel resume toda la Torá en una elaboración en formulación negativa del famoso ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo, Yo Soy H’’, que es: “Lo que te es odioso, no se lo hagas a otro; esa es toda la Torá, el resto es comentario. Ahora, ve y estúdialo” (Shabbat 31ª); como vemos, el jefe del judaísmo de aquella época pone el verbo amor en sus reales y materiales términos: amar es no hacer a otro lo que yo percibo que me (lo) puede perjudicar. ¿Hablamos de sentimientos que se vuelan en el viento de las querencias o de práctica concreta de sentir con sentido al otro?
    Porque, precisamente, se corre el amor del simple sentir al sentido.
    Yo amo a otro si busco un sentido a su presencia junto a mi, es decir, si buscamos juntos un sentido a nuestras existencias. Y, tal cual magistralmente enseñara Hilel, toda la Torá es el comentario a este amor, comentario que es obligación la de profundizar en él, pero, otra vez, no para permanecer en las palabras vacuas, sino en las acciones útiles.
    Si apreciamos como Rav Aarón HaLeví (‘Sefer HaJinuj’ mitzvá 243) explica la mitzvá de amor al prójimo podemos comprender claramente que la lucha contra el sentimentalismo no es de estos días, sino que lleva ya mucho tiempo desarrollándose, puesto que toda su argumentación se basa en el ‘hacer’ y en el dejar de ‘hacer’ acciones que pueden beneficiar o perjudicar al otro, respectivamente.
    En cuanto al amor a H’, obviamente que nada de lo que hagamos le es útil e indispensable, pero, El nos creó con Su Amor, nos sostiene con vida por Su Amor (Misericordia es otro de los calificativos habituales para esta manifestación divina), y por Su Amor nos permite amarLo, sobre esto esta dicho (Mejilta de rabí Ishmael 3): “El es compasivo y lleno de gracia, también tú has de ser compasivo y ejercer la gracia”.
    Por amor hay que conseguir llegar al nivel propuesto por Rabán Gamliel (Avot 2:4): “Haz su voluntad como si fuera la tuya para que El haga tu voluntad como si fuera suya. Anula tu voluntad ante la suya…”; anular la propia voluntad, para dejarse adherir a la Voluntad suprema del Creador.
    Esa es la meta de las mitzvot, la perfección máxima, merced al amor total.
    Ahora, un último detalle; aquel que cumple las mitzvot aunque no esté obligado a hacerlo (niño, sordomudo, no judío, etc.) no peca, sino todo lo contrario, su recompensa es inmensa, sólo que no alcanza el nivel del que las cumple por obligación (según Baba Kama 38b). Y si aún resulta arbitrario y hasta tonto que los jajamim prefirieran el acatamiento a la cariñosa voluntad, sería conveniente releer este capítulo.
    ¿Quién está libre de cumplir mitzvot?
    Obviamente las personas que no están dentro del pacto de Avraham Abinu, aunque existan las siete mitzvot universales de los Benei Noaj (ver más adelante).Los esclavos hebreos; los menores de edad de mitzvá (mujeres antes de los doce años, y hombres antes de los 13 años); las personas discapacitadas intelectuales / emocionales de gravedad; los sordos.
    Existe una libertad relativa para mujeres y esclavos hebreos en lo que respecta a las mitzvot positivas que dependen de un tiempo determinado para su cumplimiento y no tengan un fundamento histórico (tal como las festividades) o una expresa orden dictada por la Torá (como el Shabbat).
    Estas son las mitzvot shehazman graman, y las más comunes que podemos mencionar son las de Talit y Tefilín, mitzvot que las mujeres y esclavos hebreos pueden llevar a cabo si así lo desean (aunque socialmente pueda ser considerado como una transgresión, históricamente se sabe que grandes mujeres justas usaron Talit y Tefilín, pero por más detallas hay que referirse al rabino local).
    Personas que tienen un familiar cercano fallecido y aún no enterrado, están exentos del cumplimiento de las mitzvot positivos, no así de las relativas al duelo y sepelio, como a las negativas.
    Las personas que por motivos de imposición, fuerza mayor, peligro, etc., se ven imposibilitadas de cumplir mitzvot no deben ser juzgadas ni condenadas por sus acciones, según Bemidbar 22:26,27.
    Integración
    Cuando el judío se ata los tefilín al cuerpo, se puede explicar que integra diversas dimensiones al cumplimiento de estas mitzvot (los tefilín):
    • Intelecto: pues la tefilá de la cabeza envuelve el cerebro
    • Percepción: pues la tefilá de la cabeza debe estar sobre los ojos, y ambos tefilín sobre el cuerpo, sin ningún elemento extraño interfiriendo
    • Sentimiento: ya que el bait de la tefilá de la mano se coloca a la altura del corazón
    • Acción: pues mano y brazo son fuertemente adheridos a la tefilá de la mano
    • Alma: pues la intención del cumplimiento eleva el burdo cuero de un animal sacrificado a la condición de objeto simbólico imbuido de santidad.

    Como vemos en este ejemplo toda la persona se compromete en el cumplimiento de las mitzvot, por lo cual, es bueno el raciocinio, el sentimiento, la percepción, la acción, la imaginación, etc.; pero todo en su adecuada medida, en su justo cumplimiento.

    Esquema de clasificación
    Para comprender que a pesar del número que puede resultar abrumador, las mitzvot no son algo extraño a nosotros, hemos diseñado un esquema, que puede ser útil como aproximación al fascinante mundo del cumplimiento de las mitzvot.
    Como la mayor parte de nosotros en la actualidad no somos personas dedicadas a las actividades agropecuarias, hemos decidido excluir aquellas mitzvot que están íntimamente relacionadas con esa área de actividad.
    Y, para facilitar aun más la comprensión, también hemos pospuesto la inclusión de aquellas mitzvot que conciernen al Beit HaMikdash, o a la Tierra de Israel.
    Tampoco incluimos aquellas mitzvot, que siguen siéndolas, pero que socialmente ya no es necesaria su aplicación, tal como las relativas a la esclavitud legislada.
    Sin embargo, debemos destacar que tal como enseñaran los jajamim, es de justos y personas íntegras el dedicarse al estudio de estas mitzvot, a pesar de no poder ser llevadas, por el momento, a la práctica; en parte porque este estudio apresura la Redención; en parte porque así no caen en el fatídico olvido; en parte, porque continúan siendo lo Voluntad expresa de H’. Por lo cual recomendamos, que profundicen, y para comenzar les recomendamos cuatro magnas obras, nada superficiales y que requerirán sus mejores empeños:
    · “Sefer HaMitzvot” RaMBa”M· “Horeb” R. Simshon Raphael Hirsch· “Sefer HaJinuj”- R. Aarón HaLevi.· “Kitzur Shulján Aruj”El orden que hemos dado a este esquema no tiene ninguna relevancia, ni implica mayor prioridad o importancia de las mitzvot.
    Y por último, pero muy importante, ante cualquier decisión halájica consultar con su rabino
    ¿A qué raíces etimológicas se asocia la palabra ‘mitzvá’?

    La voz mitzvot, mitzvá en singular, tiene una firme proximidad a la raíz hebrea ‘tzav’, que es ordenar, de allí la lógica deducción y traducción: mitzvá = mandamiento.

    Pero también se la puede relacionar con ‘tzavat’, que significa unirse, adherirse o pegarse, de lo cual podemos inferir entonces, que quien cumple lo que le fue ordenado por el Creador puede acercarse a la unión con El. Esto es el grado máximo de acercamiento que un ser humano puede pretender en su relación con H’, la dvekut, la adherencia al Eterno.

    Y hay una tercera posibilidad lingüística, que es con la voz ‘tzevet’ o ‘tzavtah’ que significan equipo, conjunto de personas o sociedad. Nosotros podemos distinguir que cuando se cumplen las mitzvot, en general hay que ponerse en relación con otras personas, o por que ellas son los destinatarios de las acciones de las mitzvot, o porque precisamos del concurso o participación de otro u otros para que la mitzvá sea válida, por lo cual, podemos comprender que aquella persona que cumple mitzvot necesariamente debe relacionarse de manera efectiva y cordial con otros seres humanos. De allí que las personas (sin importar sus creencias, nacionalidades o religiones) por intermedio de las mitzvot se unen, se asocian y se aproximan. De una manera particular entre los judíos, quienes merced a las mitzvot forman un pueblo distinguible del resto de las naciones, una sociedad que tiene en sus basamentos las mitzvot y su cumplimiento.

    ¿Cómo se clasifican las mitzvot?

    La manera primordial es entre positivas (de acción) y las negativas (de abstención). Hay trescientas sesenta y cinco para abstenerse de realizar alguna acción; y doscientas cuarenta y ocho de acción efectiva.

    De los primeras un ejemplo sería “No asesinarás”; de los segundas, “Honra a tu padre ya tu madre”.

    Según nuestros jajamim (Tanjuma Hakadum, Tetzé; Talmud Bablí Makot 23b), el número de las negativas coincide con el número de tendones en el cuerpo humano, o la cantidad de días en un año solar. Mientras que la cantidad de las positivas coinciden con el número de miembros y órganos humanos. De tal manera que podríamos decir, simbólicamente, que toda la persona se involucra en apartarse del mal, para hacer lo bueno todos los días del año.

    Las mitzvot también pueden ser clasificadas de acuerdo al destinatario de la acción de la misma, tal como por ejemplo estudiamos en la última mishná de Iomá, así hay mitzvot bein adam lajavero (entre hombres) y mitzvot bein adam lamakom (entre el hombre y H’). Aunque es muy difícil distinguir en algunas mitzvot quién es realmente su destinatario principal (por ejemplo, el Shabbat).

    ¿Es factible cumplir todas las mitzvot?
    Por mejores intenciones, por más amor al Eterno, la totalidad de las mitzvot está vedada de conseguirse.Hay varias razones. Una es la necesidad del Beit HaMikdash, el Templo, para ejercer varias mitzvot relativas al mismo, a los sacrificios, a las leyes de pureza, a las de sacerdocio.
    Otras mitzvot dependen de si se habita en la Tierra de Israel, pues son de estricto cumplimiento en ella (ejemplo: año sabático, Iovel, diezmo, etc.)
    Otras más son exclusivas para determinados sectores de la sociedad que no dependen de la voluntad y albedrío humano (ser sacerdote, ser rey, etc.)
    Algunas son prerrogativa de mujeres y otras de hombres (ejemplo: relativas a la menstruación, a la polución nocturna, Brit Milá, etc.)
    Hay algunas para ciertas esferas de la actividad comercial, productiva, laboral o financiera, que no todas las personas les interesa o efectivamente se ocupan (ejemplo: préstamos, pesos y medidas, patrón, amo de esclavo, juez, etc.)
    Están también las relacionales (hacia padres, hijos, empleados, alumnos, siervos, enemigos, etc.)
    Están las situacionales (en batalla, de viaje, enfermo, con un familiar difunto, etc.)
    Están las determinadas por tiempo (festividades, ofrendas, plegarias, etc.)
    Están las mitzvot comunitarias y las individuales.
    Hay otras que deben ser cumplidas a cada instante, o que no tienen situación dada previamente o momento, a estas mitzvot activas el RaMBa”M las denominó como ‘inevitables’, y suman un total de sesenta.
    Por lo cual podemos cotejar que el número de mitzvot efectivas para cumplir se reduce, o se modifica dependiendo de la persona y su circunstancia.
    ¿Cuántas mitzvot hay?

    Los distintos sabios han llegado al acuerdo en el número, definiendo que las mitzvot de la Torá son seiscientos trece; sin embargo no llegan a concertar cuáles son precisamente todas.

    Según R. Aarón HaLeví, quien viviera en la Edad Media, las que se podrían cumplir hoy en día suman trescientas sesenta y nueve.

    El estudioso moderno Rabino Israel Meir de Radin, comúnmente conocido como el Jafetz Jaiim, ha identificado setenta y siete mitzvot positivas y ciento noventa y cuatro mitzvot negativas que pueden observarse fuera de Israel en la actualidad.

    Los sabios del pueblo de Israel han desarrollado luego varios reglamentos, prescripciones, ordenanzas, (halajot, takanot, guezerot) que desde un punto de vista rabínico y tradicional tienen el mismo peso y valor que las mitzvot de la Torá, ya que se hace llegar su fuente y raíz a la misma Revelación de Sinaí, por intermedio de la cual H’ se reveló al Pueblo de Israel y a Moshé. Por esta causa se las denomina generalmente también como mitzvot.

    Según el ‘Sefer HaJinuj’ son siete las mitzvot ‘derabanan’, instituidas por los jajamim:

    1. Recitar Halel el primer día de Pesaj, en Shavuot, los siete días de Sucot, y los ocho días de Janucá. En Rosh Jodesh y el resto de los días de Pesaj recitar sólo una parte del Halel. (Cuando mencionamos los números de días de las festividades, lo hacemos de acuerdo a la cuenta israelí y no la de las diásporas.)
    2. Leer (escuchar) la Meguilat Ester en Purim
    3. Encender luminarias durante los ocho días de Janucá
    4. Encender velas para anunciar el ingreso del Shabbat
    5. Lavarse ritualmente las manos (netilat iadiam) antes de consumir pan
    6. Bendecir antes y después de comer cualquier alimento, y también por cualquier placer (Bircot HaNeenim); como así también por el cumplimiento de las mitzvot.
    7. Los tres ‘eruvim’ de Shabbat: de condominios; de límites citadinos; y el de cocinar para Shabbat durante Iom Tov (eruv tavshilin).

    El RaMBa”M opina que las mitzvot derabanan son:

    1. Lectura de Meguilat Ester
    2. Ayuno de Tisha BeAv
    3. Las luminarias de Janucá
    4. Los eruvin de Shabbat
    5. Lavado ritual de manos antes de comer.
    Si las mitzvot provienen de H’, y también la Naturaleza, ¿por qué muchas mitzvot se contraponen a lo natural?
    En primer término, nada nos habilita para afirmar que la Naturaleza es el parámetro por el cual hay que colegir las acciones humanas. Si bien es cierto que el Hombre es también Naturaleza, no es menos cierto que es una creación social, que no sería Hombre de no mediar la sociedad. Y además de la sociedad se encuentra el designio superior impuesto por H’, de hacernos una especie en parte similar a las bestias de la tierra, en parte similar a los entes espirituales. Una especie única (al menos en este planeta) con dos tendencias íntimas, ambas válidas y ‘naturales’, la tendencia al Mal, que se asemeja a dejarse llevar por los impulsos, por la animalidad; y la tendencia al Bien, que la podríamos equiparar a los impulsos que llevan a trascender, a elevarse por las determinaciones de la materialidad concreta y finita de nuestras existencias.H’ en su infinita sabiduría nos dotó de ambos elementos, y ambos son indispensables para mantener la vida humana floreciente y vigorosa en esta Tierra, pero, el desequilibrio, la falta de armonía de uno de ellos, acarrea, indefectiblemente, el rompimiento de los patrones establecidos por H’.
    Una persona que sea toda materialidad, o toda espiritualidad no es lo que H’ (creemos) planificó como ser humano.
    Por lo cual, las tendencias naturales son buenas, no poseen nada en sí que las convierta en malas, pero, de privar sólo ellas, entonces las conductas de la persona serán, indudablemente, malas.
    De manera idéntica para aquella persona que deje volar su espiritualidad apartándose de la existencia fáctica y social.
    Para armonizar las tendencias, para educar a la bestia implícita en el Hombre, para adecuar al ‘ángel’ que poseemos, se nos ordenaron las mitzvot.
    Todas las tendencias materiales son disciplinadas, educadas y puestas al servicio de un Fin superior.
    Por ejemplo, el impulso natural y básico de alimentarse, no es rápidamente satisfecho, tal como haría un animal o un bruto, sino que antes el judío respetuoso de la Torá eleva su agradecimiento y su bendición al Eterno que proveyó el alimento.
    Por ejemplo, la evacuación corporal no es realizada como un simple proceso fisiológico, sino que, posteriormente al mismo, se reconoce la Sabiduría y Misericordia de H’ que nos proveyó de los conductos y métodos adecuados para elaborar y desechar los diversos elementos que nos permiten subsistir, así como nos permitió gozar de bienestar para funcionar correctamente.
    Por ejemplo, el fuerte impulso libidinoso es domeñado a través del ritual de los esponsales, de la pureza familiar, de las normas que convierten el lecho matrimonial en un altar respetuoso al Eterno y no en un nido de áspides presurosas en descargar sus angustias o energías.
    O por ejemplo, proscribiendo la existencia de ermitaños, de personas que prefieran renunciar a la corporalidad propia humana. En la Torá los que querían dedicarse al Eterno, los nezirim o nazarenos en español, sin estar obligados a ello, debían, al finalizar su período de dedicación, elevar una ofrenda de remisión de pecado, porque, sí, el privarse de lo que el Eterno nos provee y permite es un pecado.
    Los placeres de este Mundo fueron creados para servir al hombre en su camino de acercamiento y adherencia al Eterno, aunque, lamentablemente, muchas veces más de uno se queda adherido a los bienes que sirven de medio, obviando la finalidad para la cual fueron creados. Ay por aquellos que idolatran a las propias mitzvot y cierran sus sentidos a lo que en verdad la Torá exige, pues yerran aun más que aquellos que desconocen los principios de la Torá. (Al respecto, sería aconsejable, entre otras, leer la obra de Rav Moshé Jaim Luzzatto, ‘Mesilat Iesharim’).
    Un maestro talmudista del siglo III decía: “El hombre deberá dar cuenta, en el día del juicio, por cada placer inocente del que se privó”. Pero, atención, también dará cuenta por cada placer que fue usado para pervertir la existencia personal y colectiva de alcanzar su meta sagrada. Aunque también dijeron nuestros sabios (Avot 4:16): “Un instante de placer en el Mundo por venir sobrepasa todo placer de la vida entera en este Mundo”; y el mismo sabio expresó (allí): “Este mundo es como el vestíbulo del Mundo por venir, prepárate en el vestíbulo para poder ingresar en la sala principal”. Similar pensamiento se expresa en el Talmud Bablí (Avodá Zará 3b): “Aquel que trabaja antes del Shabbat (alegoría para este Mundo) comerá en Shabbat (el Más Allá)”.
    El cuerpo (que para el judío es la persona, el “alma viviente”) no es ni una prisión para el espíritu, como creen los cristianos, ni una cárcel para los placeres, sino un una oportunidad, la coyuntura de servir al Eterno con “todo nuestro corazón, con todo nuestro ser y todo lo que seamos (o tengamos)” (parafraseando a Devarim 6:5). Cuando en el Shemá Israel escrito en la Torá dicen estas palabras que mencionamos, RaSh”I explica allá: “con tus dos pulsiones (tendencias). Es decir, tanto lo que consideramos como tendencia a lo malo, como la tendencia a lo bueno, deben ser puestas al servicio de H’.
    Tanto las leyes de la Naturaleza (físicas) como las de la Torá provienen del mismo Legislador. Él nos confirió la capacidad de ir develando algunas de las físicas, pero en su inmensa Majestad nos otorgó el beneficio de enriquecernos con la Torá y las mitzvot, que son Sus leyes que entrelazan el mundo de la materia con el mundo del espíritu. Es opción nuestra hacer caso de este caro presente, o desecharlo como inútil, anticuado, primitivo, represor, restrictivo o fuera de moda.
    En definitiva, ambas leyes no se contraponen, sino que la Torá viene a completar (a hacer completar) la obra del Eterno aplicada en la Naturaleza.
    “Turno Rufo, el malvado le preguntó a Rabí Aviva:
    – ¿Son acaso más bellas las acciones de su Dios o las de un hombre?
    • Las del hombre de carne y hueso son más bellas.
    • Sin embargo, el cielo y la tierra que vemos, ¿acaso puede el hombre hacer algo de igual belleza?
    • No me hables de lo que está más allá de las posibilidades de la criatura, puesto que las criaturas no tienen poder sobre ello. Háblame de las acciones de los hijos de Adam.
    • ¿Por qué practican ustedes la circuncisión?
    • Ya sabía yo que me preguntarías sobre esto, y por eso te tomé la delantera y de dije que las acciones del hombres son más bellas que las del Santo, bendito sea.

    Rabí Akiva trajo entonces espigas y algunos panecillos y le dijo al malvado:

    • Aquí está la obra del Santo, bendito sea, y aquí la obra del hombre.
    • Ciertamente que estos panes son más bonitos que estas espigas –dijo el perverso.

    Turno Rufo volvió a preguntar:

    • Si Dios desea la circuncisión, ¿por qué el niño no sale circuncidado del vientre materno?
    • ¿Y por qué sale el cordón umbilical del niño fijo a su vientre, y su madre debe cortarlo? Si los niños no nacen circuncisos es porque el Santo, bendito sea, ha dado a Israel mitzvot, para que se purifique por medio de ellas.” (Tanjumá, Tazría 5)
    ¿Es posible derogar mitzvot, agregar nuevas o modificarlas según el propio deseo?
    Como hemos visto, las circunstancias o condiciones materiales llevan a que el número de mitzvot ejercibles sea bastante menor al total, empero, no es permitido añadir o derogar mitzvot por propia voluntad, tal como ordena la Torá (Devarim 13:1). Por lo cual la postura de la Reforma no se puede sostener, sobre bases lógicas, ya que o toda la Torá es obra divina y por lo tanto respetable; o nada de la Torá es realmente obra de H’, por lo cual es totalmente desechable. La Torá no permite términos medios, ni medias tintas.Así mismo no está permitido categorizarlas por importancia, ya que no sabemos si tienen distintos niveles de prioridad, así como no debemos desechar algunas por propia comodidad o ideas de beneficios secundarios. “Ben Azai solía decir: Apúrate para cumplir con la mitzvá de la más mínima importancia [a tu entender] y aléjate de la transgresión. Porque una acción meritoria lleva otra detrás de sí, y una transgresión a otra. La recompensa de una buena acción es otra buena acción, y el pago del pecado es otro pecado.” (Avot 4:2).
    Distintos pensadores de distintas épocas han intentado resumir las mitzvot a unas pocas ordenanzas (Ver Talmud Bablí, Makot 23b), como por ejemplo que los pilares de la Torá son la mitzvá de Amar a H’ y la de Amar al prójimo; otros intentaban ver en la unicidad del Eterno y la búsqueda de la justicia, apoyados en las palabras del profeta Mijá (6:8): “Oh hombre, Él te ha declarado qué es lo bueno, y qué pide de ti Hashem: solamente hacer juicio, y amar misericordia, y humillarte para andar con tu Dios.”
    Pero, la verdad es que el espíritu recto acepta la totalidad de la Torá y de sus mitzvot, sin menoscabos ni enmiendas de último momento.
    Otro punto a considerar es la escasa penetración del entendimiento humano en lo que respecta a la infinita Sabiduría del Eterno.
    ¿Cómo autorizarnos a decidir que es más sabio o no cuando nos ponemos a juzgar, desvergonzadamente, al Eterno?
    ¿Podemos considerarnos “más perfectos que el Creador” (Maimónides, ‘Moré Nevujim’ 3:31)?
    Por lo cual, si aceptamos la Autoridad del Autor, poco podemos nosotros decir acerca de la conveniencia o no del cumplimiento de las mitzvot. Podemos hablar de conveniencias momentáneas nuestras, de placeres fugaces, de opiniones insulsas, pero nunca, jamás, de saber, en lo que respecta a H’ y a sus mitzvot.
    Un inteligente, pero extraviado, pensador contemporáneo (Martín Buber) ponía las mitzvot como obstáculo real de la relación plena entre el hombre y Dios, aduciendo que quizás en su época fueran adecuadas, o para aquel que las analizara a conciencia y llegara a la convicción que éstas eran el medio de relacionarse con el Tú.
    Empero, el más grande pensador ¿puede ponerse a enseñarLe a H’ qué es lo más conveniente para relacionarnos con Él? Claro, siempre existe la posibilidad de renegar, y de atribuir la creación de las mitzvot a sabios ancianos de la antigüedad, o bien, a salvajes primitivos represores y dominantes…esa es la opción que H’ nos entrega a nosotros.
    ¿Por qué cumplirlas?

    Las respuestas pueden ser variadas, la más simple y difícil de aceptar y actuar es decir que deben ser cumplidas porque son órdenes emanadas directamente de H’.

    ¿Quién se beneficia con las mitzvot?
    En primer término podemos afirmar a la propia persona que las cumple, al respecto podemos mencionar las sabias palabras de Yehudá HaNasí (Sifrei, Shlaj 112): “El que ha cumplido con una mitzvá, por ella misma y no para obtener recompensa, no debe alegrarse de haberla cumplido sólo con ese propósito. Esa mitzvá acarrea otra tras sí. Tampoco debe apenarse el pecador sólo por el pecado que cometió. El deber acarrea otro deber y una transgresión, otra.” Así mismo, podemos considerar la ganancia indirecta que propone el RaMBa”M, en su Iad Jazaká, cuando afirma que las mitzvot refinan el carácter de la persona.
    Es evidente que en caso de ser una mitzvá dirigida a alguna otra persona, ésta también recibe el provecho directo (por ejemplo, el cuidado del enfermo, el enfermo se beneficia de que otro cumpla con la mitzvá).
    Pero, podemos llegar a aseverar, tal como hiciera en su oportunidad el RaMBa”N, que la sociedad humana, el mundo en general también se benefician grandemente, ya que las mitzvot atraen el orden, la paz y la fraternidad entre las personas.

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