• Hiljot Deot, Leyes de cualidades, Rambam

    deot rambam


     

    MAIMÓNIDES

    Rabí Moshé Ben Maimóm

    Mishné Torá

    Haiad Hajazaká

    HILJOT  DEOT

    LEYES DE LAS CUALIDADES

    Versión castellana y comentarios de

    R. Itzjak Sakkal


     

    MISHNÉ  TORÁ

    HILJOT DEOT

     

    LEYES DE LAS CUALIDADES

     

    En estos capítulos, están compilados once preceptos;

    de ellos cinco preceptos activos<![if !supportFootnotes]>[1]<![endif]> y seis pasivos<![if !supportFootnotes]>[2]<![endif]>, y este es su desglose:

     

    I)                   Asemejarnos en Sus caminos.

    II)                Apegarnos a los que Lo conocen.

    III)              Amar al prójimo.

    IV)             Amar al converso.

    V)                No odiar a nuestros hermanos.

    VI)             Reprender a aquel que hace algo malo.

    VII)           No avergonzar al prójimo.

    VIII)        No oprimir a los pobres.

    IX)             No hablar calumnias o chismes.

    X)               No vengarse.

    XI)             No guardar rencor.

     

    La explicación de estos preceptos se abordará en los siguientes capítulos.

     




     

    Capítulo Primero

    Transitar por el camino intermedio

     

    [1] Todo ser humano posee distintos tipos de cualidades<![if !supportFootnotes]>[3]<![endif]>, diferente y diametralmente opuestas una de la otra<![if !supportFootnotes]>[4]<![endif]>.

     

    Existen individuos que son temperamentales<![if !supportFootnotes]>[5]<![endif]>, que se enfurecen constantemente; y hay otros de carácter pasivo que no se  enfadan en absoluto, y si ocurre que se disgustan, será un enojo pequeño cada tantos años.

     

    Hay personas que son sumamente orgullosas y están aquellos que son excesivamente modestos.  

     

    Hay gente que que posee exceso de pasión, no se satisfacen con ningún tipo de placer, y hay quienes son extremadamente  recatados que no apetecen ni siquiera aquellas cosas  ínfimas que el cuerpo precisa.

     

    Están aquellos que son ambiciosos que no se satisfacen incluso con todo el dinero del mundo, como esta dicho: “El que ama el dinero, no se satisfará con el dinero” (Ecl 5:9). Y están aquellos que son moderados, para quienes es suficiente incluso algo  ínfimo, aun menos de lo  que precisan y a pesar de ello, no perseguirá  lo que le es necesario.

     

    Hay personas [avaras] que se privan  de comer y ahorran todo lo posible, sin gastar incluso lo mínimo sino con mucho sufrimiento,  y hay quienes despilfarran todo su dinero conscientemente.

     

    De este mismo modo encontramos en todas las demás cualidades, por ejemplo: Personas divertidas y otras melancólicas. Algunas mezquinas y otras pródigas. Individuos crueles y otros compasivas. Gente cobarde y otras temerarias, y cosas por el estilo.

     

     

     [2] Existen entre cada cualidad y la contraria, cualidades equilibradas, distantes de un extremo como del otro.

     

    Algunas cualidades son innatas, que están presentes en el individuo desde su nacimiento por naturaleza;  otros poseen tendencias o inclinaciones  naturales (hacia esas cualidades) y en el futuro las internalizará más rápidamente que las demás y otras (cualidades)  que no son innatas, sino que, la persona, las ha aprendido del medio en que se mueve, o que las adquirió por él mismo debido a algún  pensamiento que tuvo, o que escuchó que esa cualidad es positiva y que conviene practicarla y se condujo según ella hasta  que se  internalizó dentro de él.

     

     

      [3] Las posturas extremistas que existe en cada una de las cualidades, no constituyen una forma positiva de actuar, (por lo tanto) y no conviene  encaminarse en  ellas ni tampoco tender hacia ellas.

     

    Si percibe que su naturaleza se inclina a una de estas posturas extremas o tiende a una  de ellas, o que ya aprendió alguna de estas actitudes extremas y se conduce así, debe regresar a lo óptimo y marchar por el camino positivo es decir el camino recto.

     

     

      [4] El camino recto consiste en el punto equilibrado de cada cualidad y cualidad que posee el ser humano. Este es el punto intermedio entre los dos extremos, no más cercano de uno ni del otro.

     

    Es por eso que encomendaron los antiguos sabios, que el individuo constantemente debe orientar sus cualidades encaminándolas hacia  el punto intermedio, para así llegar a ser íntegro. Por ejemplo:  Que no sea colérico, enfureciéndose con facilidad, ni tampoco como un muerto, que es completamente insensible, sino equilibrado: que no se enoje, salvo por aquellas cosas que son dignas de disgustarse; así no se comportará con enojo la próxima vez. 

     

    Del mismo modo, que no ambicione sino aquellas cosas que el cuerpo precisa y que es imposible mantenerse sin ellas, como está dicho:  “El justo come para satisfacerse” (Prov. 13:25)  

     

    Por lo tanto, que no se agote trabajando sino, solo para conseguir aquello que le es necesario para subsistir, como se ha dicho:  “Un poco, es bueno para el justo” (Sal. 37:16)

     

    Que no escatime ni derroche todo su dinero, sino que haga caridad según sus posibilidades y que preste  apropiadamente a quien  precise.

     

    Que no sea desenfrenado o eufórico ni tampoco amargado o melancólico, sino, siempre estar alegre, con tranquilidad y con buen semblante.

     

    Y así  con el resto de las cualidades, este camino es el camino de los sabios. Toda persona que sus cualidades son intermedias  y equilibradas se denomina “sabio”

     

     

    [5] En cambio aquel que es riguroso consigo mismo  y se aparta (aunque sea) un poco del punto intermedio, hacia uno u otro extremo, se denomina “piadoso”.

     

    Por ejemplo: El que en la cualidad del orgullo se inclina hasta el extremo último y se transforma en extremadamente humilde, se denomina “piadoso”, este es el nivel de la devoción. 

     

    Y si se inclina sólo hasta el punto intermedio y es modesto, se denomina “sabio” este es el nivel de la sabiduría.

     

    Y así con en el resto de las cualidades.

     

    Los antiguos piadosos, solían inclinar sus cualidades desde el  punto intermedio hacia uno de los extremos, en algunas  tendían hacia un extremo y en otras cualidades solían  inclinarse hacia el otro extremo; en ambos casos actuaban más allá de lo que la ley (de la Torah) exige.

     

     

    [6] Esto hemos estudiado con respecto al precepto “Andarás en Sus caminos…” (Deut 28:9). Así como Dios se denomina “Compasivo” – también tú has  de ser compasivo; Tal como Él se denomina “Misericordioso” – también tú has de ser misericordioso; Así como Él se denomina “Santo” – también tú has de ser santo.

     

    Por este motivo, los profetas, denominaron a Dios con todos estos atributos: “Lento en la ira y grande en bondad”, “Justo y recto”, “Íntegro”, “Fuerte y poderoso”, etc.  para hacernos entender que estas cualidades son óptimas y correctas, y debiéndose comportar según estos paradigmas y asemejarse a Dios acorde a sus posibilidades.

     

     

    [7] ¿Cuál es el modo en que el hombre debe entrenarse en estas cualidades hasta que las adquiera? Deberá practicar, repitiendo y volviendo a repetir, varias veces aquellos actos que son consecuencia de las cualidades intermedias, y seguir realizándolos, hasta que finalmente, estas cualidades, le sean fáciles y no representen ningún tipo de esfuerzo, y queden plasmadas, estas cualidades, en su personalidad.

     

    Por ser que estos atributos con que se refieren al Creador, son el término medio, según el cual debemos encaminarnos – se lo denomina a este camino “El sendero de Dios”; y es el que enseñó Abraham, nuestro patriarca, a sus hijos, como está dicho:  “Porque sé que encaminará a sus hijos y a su casa después de él, cuidando el sendero de Dios, haciendo bondad, justicia y equidad” (Gen. 18:19).

     

    El que se conduce por este camino, se beneficia a sí mismo y se acarrea bendición, como está dicho:   “Para que el Señor conceda a Abraham lo  que le había dicho…” (Ibíd. 18:19).

     



     

    Capítulo Segundo

    Las enfermedades del alma y su curación

     

     

      [1] Los  enfermos (suelen sentir) lo amargo – dulce, y  lo dulce – amargo. Existen también enfermos que gustan y apetecen alimentos que no son aptos para el consumo, por ejemplo: la ceniza o los carbones; y detestan los alimentos buenos, como ser: el pan y la carne, todo acorde a  la gravedad de su enfermedad.

     

    Así (ocurre con) los seres humanos cuyas almas están enfermas<![if !supportFootnotes]>[6]<![endif]>  queriendo e inclinándose a cualidades negativas, abominando el buen camino y son haraganes para recorrerlo<![if !supportFootnotes]>[7]<![endif]>, siéndoles difícil para ellos<![if !supportFootnotes]>[8]<![endif]>, todo según la gravedad de su enfermedad. Sobre este tipo de personasafirma el profeta Isaías:  “Ay de los que denominan a lo malo -bueno y a lo bueno – malo, poniendo oscuridad a la luz y luz a la oscuridad,  consideran que lo amargo es dulce y que lo dulce es amargo”(Is. 5:20).

     

    Sobre ellos se ha dicho:  “Abandonan las cualidades correctas para deambular entre penumbras” (Prov. 2:13)<![if !supportFootnotes]>[9]<![endif]>.

     

    ¿Cuál es entonces, el tratamiento para tales enfermedades del alma? Que vayan a consultar a los sabios, que son los médicos del alma, y les curarán,  enseñándoles las cualidades positivas que los harán retornar al camino óptimo.  En cambio, aquellos que conociendo sus cualidades erradas, no acuden a los sabios para su corrección, sobre ellos declaró Shelomó:  “La sabiduría y la ética son despreciadas por los impíos” (Prov. 1:7).

     

     

    [2] ¿Cómo es su curación? Por ejemplo, aquel que es irritable, se le dice que en el caso de ser golpeado o maldecido, que permanezca totalmente indiferente; y que así  reaccione por un largo período de tiempo, hasta que se elimine la ira de su corazón.

     

    Si era orgulloso, que se guíe en forma extremadamente sencilla<![if !supportFootnotes]>[10]<![endif]>, situándose por debajo de los demás, vestirse con ropas degradantes y cosas por el estilo, hasta que se elimine el orgullo de su personalidad<![if !supportFootnotes]>[11]<![endif]>  y retorne al camino equilibrado, que es la senda correcta. Cuando retorne al camino equilibrado debe mantenerse en él siempre.

     

    Acorde esta línea, debe manejarse con el resto de sus cualidades, si estaba lejos de  algún extremo, debe irse hasta el otro extremo y conducirse de esta manera por un largo tiempo hasta volver al camino correcto, es decir, el punto de equilibrio en  cada cualidad  y cualidad.

     

     

     [3]Existen cualidades, en las que el individuo no debe actuar de manera equilibrada, sino que debe alejarse hasta el extremo, esto es así con la cualidad del orgullo. Pues el camino correcto no es que el hombre sea únicamente humilde, sino que, además debe rebajarse al extremo y mantener su espíritu rebajado. Es por eso que fue dicho acerca de Moshé, nuestro maestro:  Y el hombre Moisés era muy humilde, más que cualquier otro hombre.” (Deut. 8:14).  No fue dicho solamente era “humilde”<![if !supportFootnotes]>[12]<![endif]>. Es por eso que los sabios han encomendado: Humillate mucho mucho, y se de espíritu rebajado” (Abot 4:4). Han dicho además:  “Todo hombre que tiene “Gasut ruaj”-espíritu engreído, es como si hiciera idolatría”, como está dicho: ‘Si has de enorgullecerte, te olvidarás del Señor, tu Dios’ (Deut. 8:14)” (Sotá 4b).

     

    Dijeron más aun:  “Aquella persona que sea orgullosa, en cierta medida, está separado de la comunidad” (Ibíd. 5a).

    También el enojo, es una cualidad muy negativa, por lo tanto, es conveniente que el individuo se aleje de ella hasta el otro extremo, acostumbrarse a no enojarse,  incluso sobre algo que es apropiado disgustarse.

    En el caso que debe imponer disciplina y temor entre los miembros de su casa, o en caso de que sea un líder y pretende inspirar respeto y temor delante del público, necesitando disgustarse para encaminarlos en el buen camino – debe hacerse el enojado ante ellos, para que de esa manera pueda hacerlos retornar (al camino recto), aunque interiormente debe estar tranquilo, como alguien que se muestra furioso en momentos de ira, aunque en realidad no lo está. Lo antiguos sabios han declarado:  “Todo el que se enoja es como si practicara idolatría” (Zohar, Gen. 2:16).

     Dijeron: “Todo el que se enoja, si es un sabio, su sabiduría se aparta de él; si es un profeta, su profecía aparta de él” “La vida de los irascibles – no es vida”. (Pesajim 113b).

    Por lo tanto, encomendaron que nos alejemos de la ira hasta el punto que no nos influyan incluso aquellos actos que son dignos de enojo, siendo, en este caso, esta actitud, la cualidad óptima.

    Los justos, son ofendidos y no ofenden, escuchan que los agravian y no reaccionan, actúan por amor y están alegres incluso en sus penurias, sobre ellos la Torá declaró:  “Aquellos que te aman son como el sol en su cenit… “ (Jue. 5:31).

     

      [4] Siempre debe el hombre tratar de permanecer en silencio y no hablar, a no ser que se trate de temas referentes a la sabiduría o de asuntos atinentes a las necesidades vitales.

    Se cuenta acerca de Rab, discípulo de rabí Yehudá HaNasí, que en su vida, nunca habló sobre temas banales – a pesar que este es el tema de conversación  de la mayoría de las personas.

    Incluso sobre las necesidades físicas es conveniente no platicar demasiado; sobre esto encomendaron los sabios:  “Todo el que se excede en palabras, se acarrea una trasgresión” (Abot 1:17). Dijeron: “No he encontrado nada mejor para el cuerpo que el silencio” (Ibíd.<![if !supportFootnotes]>[13]<![endif]>).

     Del mismo, modo tanto en los temas referentes a la Torá, como también en los relativos a la sabiduría, es apropiado tratar de ser breve y conciso<![if !supportFootnotes]>[14]<![endif]>,  así ordenaron los sabios:  “Constantemente debe el maestro enseñarle a sus alumnos por el camino sintético” (Pesajim 3b).

     En cambio si la plática se vuelve abundante y el contenido escueto, se trata de tontería, sobre lo cual se declaró:  “Un sueño suele presentarse abarcando todo el tema, en cambio la voz del tonto abunda en palabras.” (Ecl. 5:2).

     

      [5] Un cerco para la sabiduría es el silencio, por lo tanto, la persona no debe apresurarse en responder ni hablar en demasía. Que eduque a sus discípulos con tranquilidad y cordialidad, sin gritos ni extensos discursos. Eso es lo que dijo Shlomó: “Las palabras de los sabios son escuchadas con tranquilidad” (Ecl. 9:17).

     

    [6] Esta prohibido que el ser humano se comporte aduladoramente, ni con hipocresía, que no piense una cosa y diga lo contrario, sino debe ser por fuera como (piensa) en su interior y lo que dice, es exactamente lo que siente en su corazón.

    Está prohibido engañar al prójimo,  incluso cuando se trata de un no-judío. Por ejemplo, que no venda, al gentil, carne no apta ritualmente, diciéndole que se trata de un animal sacrificado en forma ritual. Tampoco debe insistir a su amigo para que coma en su casa, sabiendo de antemano, que no aceptará<![if !supportFootnotes]>[15]<![endif]>.

    Tampoco debe ofrecer en forma insistente algún aperitivo si sabe que (el invitado) no lo tomará.

    Que no diga que abre un barril de vino en honor del huésped, cuando de todas maneras lo iba abrir para vender, y así con casos semejantes.

    Más aun, inclusive una sola palabra de adulación o engaño al prójimo está prohibida, sino que (utilizará) un lenguaje honesto, con intenciones correctas y corazón puro de todo engaño.

     

    [7] El hombre no debe comportarse con frivolidad ni desenfreno, ni tampoco caer en la tristeza ni en la melancolía, sino que debe ser alegre. Así declararon los sabios:  “El desenfreno y la frivolidad conducen a la degradación” (Abot 3:13).

     Por lo tanto encomendaron que la persona no sea desenfrenada ni tampoco apenado, sino que debe recibir a todo hombre con un semblante amable.

    Del mismo modo recomendaron que no sea codicioso, preocupado en obtener dinero, ni tampoco holgazán que abandona el trabajo, sino que debe poseer un buen ojo (mesurado), reduciendo un poco sus negocios y ocuparse de la Torá y su estudio; sintiéndose feliz con su parte.

    Que no sea irritable, ni envidioso, ni entregado a las pasiones,  tampoco correr en pos de los honores, dijeron los sabios: “La envidia, el placer y el honor sacan a la persona del mundo” La regla es que, en  las cualidades, se conduzca por el camino intermedio de cada cualidad y cualidad. Hasta que todas las cualidades se encaucen en el equilibrio, esto es lo que declaró Shelomó:  “Sopesa los pasos de tus pies y todas tus cualidades ordena” (Prov. 4:27)

     


     

     


     

    Capítulo Tercero

    Los actos correctos

     

    [1] Tal vez el hombre piense que, debido a que la envidia, la pasión y el honor y otras cualidades semejantes, sacan al hombre del mundo, se aparte de ellas de manera absoluta y se vaya al otro extremo, de manera tal que, no comerá carne ni beberá vino, no tomará esposa, ni habitará en una casa agradable, ni vestirá ropas bonitas, sino sacos y harapos, etc., como lo hacen los sacerdotes de los gentiles – esto también es un modo de vida nefasta y está prohibido comportarse así. La persona que se comporta de este modo se denomina “pecador”, pues acerca  del nazareno la Torá declara:  “Hará expiación por él ya que ha pecado contra el alma” (Num. 6:11). Y dijeron los sabios:  Si el nazareno, que no se ha abstenido sino solo del vino, necesita expiación, aquel que se abstiene de todo – con mayor razón, necesitará expiación”.(Taanit 11a)

     Por lo tanto los sabios han encomendado que la persona no se abstenga sino, solamente, de aquellas cosas que la Torá ha prohibido, y que no se prohíba a través de votos y juramentos aquello que está permitido. Así dijeron los sabios:  “¿No es suficiente lo que ha prohibido la Torá, para que además te prohíbas otras cosas?” (Talmud Yerushalmi-Nedarim 9:1)

    En esta categoría se inscriben aquellos que suelen realizar ayunos en forma frecuente y no se comportan correctamente. También los sabios prohibieron que la persona se atormente con ayunos, sobre estos temas y semejantes, Shelomó declaró:  “No trates de ser demasiado justo, ni intentes ser demasiado sabio, ¿por qué has de quedarte desolado?” (Ecl. 7:16)

     

    [2] El hombre debe procurar que todas sus cualidades tiendan al conocimiento de Dios, sólo a este objetivo, así, cuando se siente y cuando se levante, cuando hable, en cada acción, la finalidad debe ser esta. Por ejemplo, cuando el hombre se dedique a los negocios o realice un trabajo por salario, que no sea toda su intención obtener dinero, sino que haga todo eso para que pueda proveerse sus necesidades físicas, como comer y beber, adquirir un lugar para vivir y poder casarse.  Asimismo, cuando coma, beba o cohabite con su mujer, no debe ser su intención solamente tener placer, hasta el punto tal que termine comiendo o bebiendo solo aquello que le es agradable al paladar o que cohabite con su mujer para obtener placer, sino que su objetivo al comer y beber debe ser solamente mantener la salud física de su cuerpo.

    Por lo tanto, no debe comer todo aquello que el paladar apetece, como el perro o el burro, sino consumir alimentos que ayuden al cuerpo – ya sean amargos o dulces – y no consumir alimentos nocivos por más que sean agradables al paladar. Por ejemplo, aquella persona cuya fisiología es cálida, no debe consumir ni carnes ni miel, ni tampoco debe beber vino, como lo que declaró Shelomó metafóricamente:  “Comer demasiada miel no es saludable…” (Prov. 25:27).

    En cambio es conveniente que beba jugo de chicoria, a pesar que es amargo; resulta, entonces, que esta persona come y bebe únicamente por razones saludables, para mantenerse sano, ya que es imposible que el ser humano sobreviva sin comer ni beber<![if !supportFootnotes]>[16]<![endif]>.

     

    [3] La persona que se conduce según las normas de la medicina solamente con la intención que todo su cuerpo y todos sus miembros estén sanos, y tener hijos que trabajen por él y que se esfuercen en satisfacer sus necesidades – esta forma de vida no es correcta. Sino que debe procurar que su cuerpo esté sano y fuerte para que su espíritu pueda dedicarse al conocimiento de Dios – ya que es imposible que alguien entienda y contemple la sabiduría mientras está enfermo, o le duela alguno de sus miembros. Procurando tener descendencia, ya que es posible que alguno de sus hijos sea uno de los grandes sabios de Israel.

    Por lo tanto, la persona que se comporta así toda su vida, he aquí, que sirve a Dios constantemente, incluso cuando realiza negocios, o cuando cohabita con su mujer, ya que su pensamiento está encauzado en obtener lo necesario para que el cuerpo esté sano para poder servir a Dios. Inclusive en el momento que duerme, si duerme con el objeto que su mente descanse y su cuerpo repose, de manera de no enfermarse y verse impedido de servir a Dios a causa de la enfermedad. Resulta entonces, que su dormir es parte de su servicio a Dios, bendito Es. Sobre este tema han encomendado los sabios:  “Que todos tus actos sean en nombre del cielo” (Abot 2:12).

    Es lo que dijo el sabio Shelomó:  “En todos tus actos conóceLo y Él te ha de enderezar tus caminos” (Prov. 3:6).    



     

    Capítulo Cuarto

    Costumbres para conservar la salud

     

    [1] Conservar el cuerpo sano y fuerte es parte del servicio a Dios, pues es imposible que el ser humano comprenda o capte algo mientras está enfermo – por lo tanto, debe alejarse de todas aquellas cosas que causan daño a su cuerpo, actuando según normas que lo mantengan sano o que lo curen. Estas normas son las siguientes: Se debe comer únicamente cuando se esté hambriento, y se debe beber únicamente cuando se esté sediento, y no debe contenerse de evacuar sus necesidades aunque sea por un corto tiempo, sino que cada vez que necesite orinar o evacuar deberá hacerlo inmediatamente.

     

    [2] No debe comer<![if !supportFootnotes]>[17]<![endif]> hasta llenar su estómago, sino que debe dejar (de comer)  un cuarto antes de satisfacerse por completo.

    No se ha de beber agua dentro de una comida, sino en cantidad mínima y preferentemente mezclada con vino. Cuando comience el alimento a ser digerido en sus intestinos, entonces que beba lo necesario, cuidando de no exagerar el consumo de agua incluso después de la digestión.

    Que no comience a comer antes de estar seguro que no precisa orinar o evacuar.

    No debe comer sino hasta que haya realizado algún tipo de ejercicio antes, de forma tal que su cuerpo haya entrado en calor, o que haga algún trabajo o alguna otra actividad física que lo canse. La regla es la siguiente: conviene ejercitar al cuerpo y esforzarlo cada mañana, hasta que entre en calor, luego deberá descansar un poco, hasta estar reposado y entonces comer. Si acostumbra bañarse con agua caliente después de los ejercicios físicos, esto es óptimo, luego que descanse un poco y después consuma alimentos.

     

    [3] Cuando la persona consuma alimentos, siempre debe hacerlo sentado en un lugar fijo o inclinado levemente hacia la izquierda; que no camine, ni cabalgue, ni se esfuerce físicamente, ni agite su cuerpo y que no pasee antes que se digiera el alimento consumido. Todo aquel que pasea o que se esfuerza físicamente después de haber comido, se causa a sí mismo enfermedades serias.

     

    [4] El día y la noche tienen veinticuatro horas. Al ser humano le alcanza dormir un tercio de ellas, es decir ocho horas; siendo conveniente que sean al final de la noche, para que estas ocho horas vayan desde el comienzo de su dormir hasta la salida del sol – resulta entonces que duerme ocho horas y se levanta de su cama antes de que salga el sol.

     

    [5] El hombre no debe dormir sobre su rostro ni sobre su espalda, sino sobre su costado, (siendo recomendable que) al comienzo de la noche se recueste sobre el costado izquierdo y al final de la noche sobre el costado derecho.

    No debe irse a dormir inmediatamente después de haber comido, sino que debe aguardar después de haber comido unas tres o cuatro horas. Y que no duerma durante el día.

     

    [6] Los alimentos que suelen ablandar el intestino como por ejemplo: uvas, higos, frutillas, peras, sandías, todo tipo de zapallitos, y de pepinos, se deben consumir al principio de las comidas; y que no las mezcle con la comida, sino que debe esperar un poco, hasta que bajen del estómago superior, y entonces consumir los demás alimentos.

    Aquellos alimentos que suelen endurecer el estómago como por ejemplo: granadas, membrillos, manzanas, peras crustumenias, se deben consumir inmediatamente después de comer, y no es conveniente consumirlas en demasía.

     

    [7] Cuando la persona quiera consumir carne de pollo y vacuna juntas – (es recomendable) consumir primero la carne de pollo (y luego la de vacuna); análogamente si desea comer huevos y carne de pollo – debe comer primero los huevos.

    Cuando ha de consumir carne vacuna y carne de ovejas o chivos, es recomendable comer primero la carne de ovejas o chivos.

    Siempre debe anteponer el consumo de alimentos ligeros antes de los alimentos pesados.

     

    [8] Durante las épocas de calor es conveniente consumir alimentos fríos y no aumentar en condimentos, siendo apropiado consumir vinagre.

    En cambio, en las épocas de lluvias (frío) se recomienda consumir alimentos calientes con abundante condimentos, comiendo un poco de mostaza y asafétida.

    Según estas normas es apropiado conducirse en lugares fríos y en lugares cálidos, en cada lugar según lo apropiado a su clima.

     

    [9] Existen alimentos que son totalmente nocivo y por ende es conveniente que el hombre no los consuma nunca, por ejemplo: los peces grandes, los peces salados y añejados, el queso salado estacionado, las setas y hongos, junto con la carne salada añeja, y el vino de su lagar<![if !supportFootnotes]>[18]<![endif]>; también es perjudicial una comida que ya expele mal olor. Como así también, todo alimento que huele mal o cuyo gusto es muy amargo, todo esto es para el cuerpo como veneno<![if !supportFootnotes]>[19]<![endif]>.

    Hay alimentos que también son perjudiciales, pero no en la medida de los anteriores, por lo tanto es conveniente consumir sólo un poco de ellos cada tanto y que no se acostumbre a consumirlos frecuentemente, ni tampoco como acompañamiento de sus alimentos habituales, nos referimos a peces grandes, queso, leche que reposo veinticuatro horas después de haber sido ordeñada, la carne de toros ya mayores o de machos cabríos ya mayores; del mismo modo, no son recomendables las habas, las lentejas<![if !supportFootnotes]>[20]<![endif]>, los frijoles, el pan de cebada y el pan ácimo, el repollo<![if !supportFootnotes]>[21]<![endif]>, el cilantro, las cebollas<![if !supportFootnotes]>[22]<![endif]>, los ajos<![if !supportFootnotes]>[23]<![endif]>, la mostaza y los rabanitos – todos ellos son alimentos perniciosos. Como ya aconsejamos no es conveniente que la persona los consuma sino en cantidades mínimas y en épocas de frío; no obstante, en épocas de calor que no los consuma en absoluto.

    Las habas y las lentejas no son recomendables para el consumo ni en épocas de frío ni en épocas de calor. Los zapallos, por otro lado, deben ser consumidos en poca cantidad y durante climas calurosos.

     

    [10] Existen ciertos alimentos cuyo grado de perjuicio es menor que el de los anteriores, como por ejemplo: los patos, los pichones de paloma, los dátiles, el pan hecho con granos tostados con aceite o pan que fue amasado con aceite; así también la sémola que fue muy bien tamizada hasta que no quedó ni el olor de la gluma, el jugo de alimentos salados o en escabeche, la gelatina de pescados en escabeche – por lo tanto no es recomendable consumir estos alimentos en demasía.

    Aquel que es sabio y tiene control sobre sus inclinaciones, no se dejará arrastrar por sus apetitos y evitará estos alimentos mencionados, salvo en casos imperativos de curación – esta persona se define como un hombre fuerte<![if !supportFootnotes]>[24]<![endif]>.

     

    [11] Debe abstenerse de consumir frutas de árboles<![if !supportFootnotes]>[25]<![endif]>, evitándolas incluso cuando estén secas, más aun cuando estén frescas<![if !supportFootnotes]>[26]<![endif]>; pero antes de haber madurado, son como espadas para el cuerpo.

    Así los membrillos son siempre nocivos; todas las frutas agrias son perjudiciales y no se debe consumir sino un mínimo en épocas de calor en lugares cálidos.

    Los higos, las uvas y las almendras son alimentos benéficos siempre<![if !supportFootnotes]>[27]<![endif]>: ya sea frescos o secos, por ende el hombre los puede consumir según su antojo, no obstante debe procurar no consumirlos con demasía, a pesar de ser los mejores frutos de todos los árboles.

     

    [12] La miel y el vino es perjudicial para los niños y benéfica para los ancianos, más aun, en los días de frío.

    En los días de verano debe consumir dos tercio de lo que suele comer en los días de invierno.

     

    [13] La persona debe cuidarse de mantener sus intestinos constantemente limpios, de manera tal que sus evacuaciones tiendan a ser un tanto líquidas.

    La norma dentro de la medicina es, sino puede evacuar o  evacua duro y dificultosamente, eso es síntoma de enfermedad.

    ¿Cómo se puede curar el intestino si se ha esforzado mucho? Si se trata de una persona joven, debe comer temprano por la mañana alimentos salados, escalfados, untados en aceite de olivas o salmuera o en sal sin pan; o que beba el agua en el cual fueron hervidas espinacas, o que consuma repollo en aceite de olivas o salmuera o sal.

    Si se trata de una persona mayor es recomendable que beba miel en agua caliente por la mañana, luego que aguarde unas cuatro horas y después que coma. Es conveniente realizar este tratamiento todas las mañanas, durante tres o cuatro días, si lo necesita, hasta que se mejore su intestino.

     

    [14] Otra regla más han dicho con respecto a la salud del cuerpo: Todo  tiempo que una persona hace ejercicios y se esfuerza mucho y no come hasta saciarse, manteniendo sus intestinos limpios – de seguro que no ha de enfermarse, sino que por el contrario, se fortalece físicamente, incluso que consuma alimentos no saludables.

     

    [15] (Por el contrario,) toda persona que se mantiene en reposo y no hace ejercicios, o aquel que retrasa sus evacuaciones, o el que tiene sus intestinos no limpios, incluso que consuma solo alimentos saludables y se cuida según las normas de la medicina – de seguro que sufrirá constantemente de dolores y su fuerza física disminuirá.

    Comer en exceso es nefasto para el cuerpo humano, como el veneno, siendo el principio de todas las enfermedades. La mayoría de las enfermedades que sobrevienen sobre la persona son causadas por alimentos no saludables, o por comer exageradamente, siendo el consumo en exceso, nocivo, incluso que se trate de alimentos saludables<![if !supportFootnotes]>[28]<![endif]>. Esto es lo que declara Shlomó: “La persona que cuida su boca y su lengua, sin lugar a dudas que  resguarda su alma de dolores” (Mishley 21:23). Es decir, al cuidar la boca de consumir alimentos no saludables o de comer hasta la saciedad, y la lengua de hablar solo lo necesario, (no le sobrevendrán dolores).

     

    [16] Para bañarse<![if !supportFootnotes]>[29]<![endif]> (es recomendable) que se bañe una vez cada siete días; y no hacerlo inmediatamente después de la comida, tampoco cuando se está hambriento, sino en el momento en que el alimento comienza a digerirse.

    Se deberá lavar el cuerpo con agua caliente, sin  que el cuerpo se queme, en cambio lavara su cabeza con agua caliente que el cuerpo se quemaría con ella. Después ha de lavar su cuerpo con agua tibia, siendo cada vez mas tibia hasta finalizar con un lavado en agua fría.

    Se debe cuidar de no poner sobre su cabeza agua tibia o fría. Debe evitar bañarse con agua fría durante el invierno.

    No debe lavarse con agua fría, sino luego de que haya transpirado y frotado su cuerpo. Es recomendable no permanecer demasiado en el baño, sino, solo hasta que su cuerpo haya transpirado y después de haberlo frotado conviene lavarse y salir.

    Es prudente prestar atención si desea evacuar, antes de ingresar al baño y después de salir de él, por si le diera ganas de evacuar durante el baño<![if !supportFootnotes]>[30]<![endif]>.

    Asimismo, debe prestar atención si desea evacuar, antes y después de comer, antes y de después de cohabitar con su esposa, antes y después de hacer ejercicios, antes y después de dormir. En total (los casos en que debe controlar si desea ir al baño) son  diez.

     

    [17] Cuando salga la persona del baño, debe vestir sus ropas y cubrir cuidadosamente su cabeza en la sala de entrada, de manera que no se enfrié súbitamente; aun en los días de verano debe cuidarse de esto.

    Después de salir (del baño), debe reposar un poco hasta que se enfríe la temperatura de su cuerpo y solo entonces comer. Si puede dormir un poco después de haber salido del baño – esto es óptimo.

    Se debe cuidar de no beber agua fría al salir del baño y demás está decir que no conviene beber dentro del baño mismo. Si ocurre que esta muy sediento y no se puede aguantar las ganas de beber, es recomendable que mezcle el agua con vino o miel. Si acostumbra a untarse con aceite en el baño durante la época de lluvias, después de haberse lavado – esto es alabable.

     

    [18] Es recomendable no practicar flebotomías<![if !supportFootnotes]>[31]<![endif]> constantemente, por lo tanto solo debe aplicarse cuando la persona lo necesite urgentemente y que evite realizarse flebotomías durante los días de verano o los días de invierno, sino que lo haga en los días de primavera o de otoño. Cuando ya tenga más de cincuenta años no debe someterse en absoluto a flebotomías.

    Así mismo es perjudicial extraer sangre  e ingresar al baño en el mismo día; como así tampoco emprender un  viaje luego de la extracción o en el día que llegó de un viaje.

    El día que le hagan flebotomía deberá comer y beber menos de lo que acostumbra; además ese día, deberá reposar y no realizar ejercicios físicos, ni pasear.

     

    [19] El semen es energía física, la vida de la persona y se relaciona con la capacidad de su visión, por lo tanto, cuanto más se aumente en poluciones, más el cuerpo diminuye su fuerza física y su vida se desperdicia. Esto es lo que declaró Shlomó:  “No entregues tu energía a las mujeres…” (Prov. 31:3)

    Todo aquel que aumenta en cohabitaciones – la vejez le sobreviene, sus energías disminuyen, su visión se estropea, y posee mal aliento y feo olor en sus axilas. Además se le cae el cabello de su cabeza, cejas y pestañas; mientras que los pelos de su barba, axilas y piernas aumentan; los dientes suelen caer y muchos otros dolores le sobrevienen.

    A causa de esto los médicos han declarado: debido a otras enfermedades muere uno de mil, a causa del exceso de cohabitar mueren mil. Por lo tanto, si la persona desea vivir saludablemente deberá cuidarse de estas actividades, y que no mantenga relaciones sino solo cuando el cuerpo se encuentre sano y fuerte; o cuando involuntariamente sufra de erecciones, y aunque se distraiga en otro tema la erección continua. Si comienza a sentir cierto peso de sus caderas hacia abajo, como si los tendones de sus testículos fueran jalados, y siente además su cuerpo caliente – alguien que sufre de tales síntomas debe cohabitar, siendo esto su curación.

    Que no cohabite cuando está lleno (por la comida) o cuando está hambriento, sino cuando la comida que ingirió ya se digirió y debe prestar atención si desea evacuar  antes o después de cohabitar.

    Que no mantenga relaciones estando de pie o sentado, tampoco en el baño (sauna) ni en el día que se extrajo sangre, tampoco en los días que debe salir de viaje o que regresa de un viaje, no antes ni después.

     

    [20] Todo aquel que se conduce según estas normas que hemos enseñado, yo puedo asegurarle, que no sufrirá de enfermedades hasta que envejezca y fallezca y no precisará de médicos y su cuerpo se mantendrá sano e integro, a no ser que su fisiología estaba afectada de alguna anomalía de nacimiento, o que practicó alguna costumbre insalubre desde su nacimiento; o en su defecto que sobrevenga una epidemia o hambruna sobre el mundo.

     

    [21] Todas las cualidades saludables que hemos mencionado, no corresponden practicarlas sino aquella persona sana; pero una persona enferma, o que alguno de sus órganos  está enfermo, o que practicó alguna costumbre insalubre por mucho tiempo. Cada uno de ellos, tiene que someterse a tratamientos especiales y métodos diferentes, acordes a su enfermedad, como hemos de declarar en el libro sobre medicina. Cambiar<![if !supportFootnotes]>[32]<![endif]> su modo de vida es el principio de alguna enfermedad.

     

    [22] En los parajes en donde no se encuentra un médico, tanto la persona sana como la enferma, no es recomendable que se aparte de lo que dijimos en este capítulo, pues todo esto conlleva al bienestar físico.

     

    [23] Un estudioso de la Torá no debe habitar en una ciudad que carezca de las  siguientes diez cosas: un médico, un experto, baño, lugares dispuestos como inodoros, agua al alcance de la mano, por ejemplo: ríos o manantiales, sinagoga, un maestro de niños, un escribano, (alguien que se ocupe de) recaudar dinero para beneficencia y un tribunal de justicia que pueda aplicar castigos y encarcelar.



     

    Capítulo Quinto

    Modos correctos de actuar

     

    [1]     Así como los sabios se reconocen por su sabiduría y sus rasgos morales, con los cuales se distinguen del resto de la gente, es necesario que se lo reconozca por sus actos: por su modo de comer y beber, por su cohabitación y por cómo se conduce cuando hace sus necesidades, por su modo de hablar, de andar y de vestirse, de administrar sus asuntos, por el manejo de sus negocios y transacciones. Ejerciendo todos estos actos de la manera más grata y correcta.

     

    Por ejemplo, el sabio, no debe comer con gula, sino que se alimenta de forma tal que su cuerpo se mantenga sano, en especial debe abstener de comer en forma exagerada; asimismo no debe tratar de “llenar su vientre” como aquellos que  intentan alimentarse hasta inflar sus entrañas, sobre éstos ya fue mencionado en los profetas: “Desparramaré excremento sobre sus rostros, excremento sobre sus fiestas” (Mal. 2:3) Los sabios han dicho, esto se refiere a las personas que comen y beben, los que hacen todos sus días como fiestas. diciendo: “Comeré y beberé, ya que mañana he de morir” (Is. 22:3)

    Este tipo de cualidad en la comida se denomina “alimentación de malvados”. Las mesas de estas personas fueron criticadas por las Escrituras: “Ya que todas sus mesas están llenas de vómito y excrementos…” (Is. 28:9)

    Por el contrario, el sabio no consume más de una o dos comidas, comiendo sólo lo necesario para subsistir – siéndole esto suficiente. Así declaró Shelomó: “El justo se alimenta para mantener su alma” (Prov. 13:25)

     

     [2] Cuando un hombre sabio coma lo poco que le es conveniente, debe hacerlo en su casa, sobre su mesa; no en restaurantes ni en los mercados, salvo circunstancias de imperiosa necesidad, de tal modo no se desprestigiará delante de las demás personas. Tampoco le es apropiado comer en compañía de ignorantes, ni sentarse en aquellas mesas descritas (que el profeta calificó como llenas) de “vómito y excrementos”.

    Que no extienda demasiado sus comidas, incluso que se sienta entre sabios, ni que participe de banquetes donde hay mucha gente.

    No es apropiado que coma sino cuando se trate de banquetes en honor a un precepto, por ejemplo: una comida en ocasión de celebrarse un compromiso o de una boda; siempre y cuando se trate de un novio que sea un estudioso de la Torá y la novia sea hija de un estudioso de la Torá.

    Los justos y los antiguos piadosos no comían de una comida que no fuera de ellos.

     

    [3] Cuando un sabio bebe vino, no lo hace sino para ayudar a la digestión.

    Todo aquel que se emborracha – se considera pecador y despreciable y pierde su sabiduría. Si ocurre que se emborracha delante de ignorantes – se considera que ha profanado el Nombre de Dios.

     

    Está prohibido beber vino al mediodía, incluso un poco, a no ser que lo consuma dentro del almuerzo, pues el vino que se bebe dentro de una comida no emborracha, por lo tanto, no debe cuidarse, sino del vino que se bebe después de haber comido.

     

    [4] A pesar que la esposa de un hombre le está continuamente permitida, es apropiado que el sabio se comporte con santidad, de manera tal que no mantenga relaciones con ella frecuentemente a la manera de las gallinas, sino (una vez por semana) durante la noche de Shabat, si su fuerza se lo permite.

    Cuando el marido desee mantener relaciones con su esposa, no debe hacerlo en el principio de la noche cuando está lleno por la comida; tampoco al final de la noche cuando esté hambriento – sino en medio de la noche, después de haberse digerido el alimento que ha ingresado en su estómago.

    No debe comportarse, (en tales circunstancias) con liviandad ni proferir groserías ni banalidades, incluso que se encuentren solos; de tal modo hemos recibido por tradición: “Le dirá al hombre cuál ha sido su plática” (Amós 4:14) Sobre lo esto han declarado los sabios (Talmud Jaguigá 5b): “Incluso por la plática simple que habló un hombre (en la intimidad)  con su mujer, en el futuro tendrá que rendir cuentas”.

    Tampoco que (en ese momento)  no estén ambos borrachos, ni cansados, ni nerviosos, ni siquiera uno de los dos.

    Tampoco debe mantener relaciones con ella mientras ella duerme, ni tampoco debe violarla obligándola a mantener relaciones cuando ella no quiere – sino cuando ambos lo deseen y con complacencia.

    Es conveniente que platique y juegue con su esposa un poco para que se sienta complacida, luego cohabitará con pudor y no con desfachatez, y se separará inmediatamente.

     

    [5] Todo aquel que se comporte según estas normas, no sólo que se santifica a sí mismo, se purifica y encarrila su personalidad, sino que, cuando tenga hijos, estos serán lindos y discretos, adecuados para recibir sabiduría y devoción. En cambio, aquellos que se comportan según los hábitos del resto de los pueblos, cuyas cualidades son nefastas, tendrán hijos como ellos.

     

     

    [6] Los sabios de la Torá acostumbran a comportarse consigo mismo, con extremo recato; no se desprestigian y no se descubren ni la cabeza ni parte de su cuerpo;  incluso en el momento que debe entrar al baño, es necesario comportarse con pudor y no descubrirse sino hasta estar sentado, ni limpiarse<![if !supportFootnotes]>[33]<![endif]> con la mano derecha.

    (En el momento en que se dispone a hacer sus necesidades) debe alejarse de otras personas, ingresando a un cuarto que tenga privacidad y entonces evacuar. Si le acontece evacuar<![if !supportFootnotes]>[34]<![endif]> detrás de un muro<![if !supportFootnotes]>[35]<![endif]>, es necesario que se aleje de otras personas lo suficiente para que no escuchen ruidos si tiene flatulencias.

     

    Si ocurre que debe evacuar en un valle (lugar abierto), es necesario alejarse de manera tal que otras personas no distingan su desnudez.

     

    No debe hablar en momentos de evacuar incluso cuando se trata de algo de imperiosa necesidad. Del mismo modo que una persona se comporta con pudor cuando está en el baño durante el día, así debe comportarse durante noche; siendo conveniente que una persona se acostumbre a evacuar una vez por la mañana y otra por la noche únicamente – de tal modo no se alejará de lugares habitados<![if !supportFootnotes]>[36]<![endif]>.

     

     

    [7] Un hombre sabio no debe gritar ni bramar cuando habla, a la manera de las bestias y las fieras, ni debe elevar su voz demasiado, sino que ha de conversar apaciblemente con todo el mundo, no obstante debe cuidarse de no mantenerse distante y sea considerado un altanero. Debe adelantarse a saludar a toda persona, para que todos estén satisfechos de él.

     

         Ha de juzgar a todos de la manera más benévola, mencionar las virtudes del prójimo y no nombrar para nada sus defectos<![if !supportFootnotes]>[37]<![endif]>, querer la paz y procurarla.

     

         Si ve que sus palabras resultan provechosas y son atendidas, las dirá, en caso contrario, callará. Por ejemplo, no tratará de aplacar a su prójimo mientras aquel esté enfurecido, ni indagar a su prójimo acerca de sus votos en momentos en que los está formulando, sino que esperará hasta que se serene y repose.

     

     No tratará de consolar a su prójimo, en momentos en que su muerto yace delante suyo, ya que la persona está confusa hasta enterrar a su pariente y así con los casos semejantes.

     

    No se dejará ver por su prójimo que está en desgracia, sino que desviará la vista de él.

     

    No alterará las palabras del prójimo, ni les añadirá ni les restará nada, salvo cuando se trate de asegurar la paz.

     

         En suma:  no habla sino es por asuntos de sabiduría o para hacer el bien.

     

     

    [8]     Un hombre sabio no ha de caminar  con pose altanera y excesivamente erguido, como dice: “Caminan con el cuello erguido y lanzan miradas seductoras” (Yeshayahu 3:16); ni caminar dando pasos cortos como las mujeres, o a la manera de los arrogantes. Como dice: “Caminan lento, hacen sonar los adornos de sus pies” (Ibíd.)

    Tampoco debe correr en la calle como si fuera un desquiciado, ni debe encorvarse como si fuera un jorobado, sino que es recomendable que mire hacia abajo como cuando está de pie rezando. Cuando camine debe hacerlo con seriedad como una persona ocupada en asuntos importantes.

         También por la manera de caminar se reconoce si un hombre es sabio y juicioso o necio e ignorante, así dijo el rey Salomón con su sabiduría: “Incluso cuando marcha por el camino, el necio, le falta sentido, y dice a todos que es necio”. Es decir, su modo de actuar anuncia que se trata de un necio.

     

     

    [9] La ropa de un sabio ha de estar ordenada y limpia, no debe tener ninguna mancha, pringocidad ni cosa parecida. No ha de usar ropajes regios, como ser prendas de oro y púrpura, que atraen todas las miradas, ni ropas indigentes que hacen despreciable a quien las usa; sino ropas modestas y decorosas.

     

    No ha de vestir ropas trasparentes de forma que se vislumbre su carne a través de ellas, como ocurre con los vestidos de lino veraniegos que se usan en Egipto. Tampoco deben sus ropas arrastrase por suelo como lo hacen los presuntuosos, sino que deben alargarse hasta sus talones; y sus mangas deben cubrir sus dedos.

     

    Que no deje caer su manto, ya que se ve como presunción, sino sólo lo puede hacer en Shabat, si es que no tiene otros vestidos para cambiar. Asimismo no debe calzar zapatos remendados, un remiendo sobre otro, durante los días de calor; no obstante en días invierno se permite, si se trata de una persona pobre.

     

    No se debe salir perfumado a la vía pública, tampoco con ropa perfumada ni con el cabello perfumado; sin embargo si untó su cuerpo con algún perfume para quitar hedores – está permitido.

     

    No es recomendable salir solo durante la noche, a no ser que tenga un tiempo fijo para estudiar. Todas estas normas tienen como finalidad no levantar sospechas<![if !supportFootnotes]>[38]<![endif]>.

     

     

    [10] Un hombre sabio administra sus asuntos con buen juicio; come, bebe y mantiene a su familia según se lo permiten sus medios, sin entrar en gastos que lo pondrán en aprietos. Los sabios encomendaron que la persona no coma carne sino de vez en cuando, así como se declara: “Cuando tú desees consumir carne…” (Debarim 12:20) Para la persona sana, le alcanza con ingerir carne una vez por semana, durante la noche de Shabbat. Pero si se trata de un individuo acaudalado, que desea comer carne todos los días, puede hacerlo. Los sabios aconsejan: Conviene que el hombre coma menos de lo que podría permitirse según su dinero, se vista en la exacta medida de sus medios y provea a su esposa e hijos mejor de lo que permitan sus medios. (Julín 84b)

     

    [11] Las personas sensatas y entendidas, acostumbran, primero, conseguir un trabajo que les provea sustento, luego se preocupan de adquirir una casa y después de contraer matrimonio, así como se declara: “¿Quién es el hombre que plantó un viñedo y aún no lo inauguró?; ¿Quién el hombre que edificó una casa y todavía no la inauguró? ¿Quién es el hombre que se comprometió con una mujer y aún no la ha desposado?” (Debarim 20:5-7)

    En cambio los necios comienzan por contraer matrimonio y después si pueden compran casa, y sólo después al final de su vida comienzan a buscar algún trabajo o terminan manteniéndose de la beneficencia. Así se declara en las maldiciones: “Una mujer desposará…, una casa construirás… un viñedo plantarás…” (Ibíd. 28:30) Es decir sus actos serán al revés para que de esa forma no tengan éxito. En cambio en las bendiciones se declara: “Tuvo David éxito en toda sus acciones, pues el Señor  estaba con él” (Sam. I 18:14)

     

     [12] Está prohibido que una persona se desprenda de todos sus bienes, o que los done y que deba ser mantenido por los demás.

    No ha de vender un campo para comprar una casa, ni vender una casa para comprar muebles o para hacer negocios con el dinero de la venta. Pero, puede vender muebles para adquirir campos. La norma es que la persona debe tratar de acrecentar sus bienes y no proporcionarse un placer momentáneo a costa de una perdida grande.

     El sabio comercia con honestidad y buena fe: si es NO, dice “NO”; si es SI, dice “SI”. Será estricto consigo en las cuentas y cederá con los demás cuando compra de ellos y no será riguroso con ellos.

     

    Si compra algo, debe pagar inmediatamente; no debe prestarse como garante ni recibir sobre él depósitos, tampoco debe presentarse como mandatario. En todo negocio que emprenda debe auto-obligarse, no pudiendo retractarse, a pesar la Torá lo exime, así mantendrá su palabra y no la ha de cambiar.

     

    Si sucede que otras personas resultaron deudoras de él en un juicio, debe ser comprensivo, perdonarlos, prestarles nuevamente y apiadarse.

     

    No rivalizará con el oficio de su vecino y no maltratará a nadie en todos los días de su vida.

     

    En suma preferirá estar entre los perseguidos  y no entre los perseguidores, entre los ofendidos y no entre los ofensores. Del hombre que haga todos estos actos y otros parecidos, dice el versículo:  “Tu eres Mi servidor, Israel, en quien Me enaltezco” (Is. 49:3)  



     

    Capítulo Sexto

    Los actos entre el hombre y su prójimo

     

    [1] El hombre por naturaleza es influenciado en sus cualidades  y sus acciones, por sus amigos y conocidos y se comporta según las costumbres de la sociedad en que vive. Por lo tanto, la persona debe procurar relacionarse con personas justas y frecuentar a los sabios con constancia – para aprender de sus actos y alejarse de los malvados, que transitan en la oscuridad,  para que no aprenda de sus actos. Así declaró Shelomó: “Aquel que frecuenta a los sabios – ha de ser sabio, mas el que apacienta junto con ignorantes – se perjudica” (Prov. 13:20).   Y dice: “Feliz aquel que no anduvo tras el consejo de los impíos…” (Sal. 1:1)

    Por lo tanto, si habita en un lugar donde las costumbres son nefastas y nadie se comporta en forma correcta, debe mudarse a una comarca donde sus habitantes sean justos y tengan comportamiento adecuado. Si ocurre que todos los países que conoce y que ha escuchado sobre ellos, son lugares de cualidades reprobables, como sucede hoy en día, o que no puede dirigirse a un lugar donde sus habitantes se comportan apropiadamente, ya que acecha el peligro de enemigos, o ya sea por alguna enfermedad que lo aqueja, es recomendable que habite apartado y solitario, como se ha declarado sobre esto:  “Ha de sentarse solo y guardar silencio…” (Lam. 3:28)

    Y si resulta que en el lugar donde vive son tan malvados y viles que no lo dejan habitar en ese lugar, a menos que se mezcle con ellos y se conduzca según sus cualidades nefastas, es preferible que salga hacia las cavernas, los yermos o los desiertos (a morar solo), y que no se conduzca como los impíos, tal como dice: “¿Quién me diera un lugar para habitar en el desierto…?” (Jer. 9:1).

     

    [2] Es un precepto afirmativo apegarse a los sabios de la Torá, para que de esa manera aprenda de sus actos, como dice: “A Él te apegarás” (Deut. 10:20). Cabe preguntar, ¿Acaso es posible apegarse a la Presencia Divina? Así explicaron los sabios este mandamiento: “Únete a los sabios y a sus discípulos” (Talmud, Ktubot 111b).

     

    Por lo tanto la persona debe tratar de contraer matrimonio con la hija de un sabio de la Torá, y casar a propia hija con un sabio en Torá, comer y beber con los sabios, intentar hacer negocios cuyos réditos sean para los sabios, y mantenerse unido a ellos de cualquier forma posible, así se declara: “te apegarás a Él” (Deut. 11:22). Así también dijeron los sabios:  “Apégate al polvo de los pies de los sabios y bebe [con sed] sus palabras” (Abot 1:4).

     

     

    [3] Es un precepto afirmativo amar a cada uno de los miembros del pueblo de Israel como a sí  mismo, como está escrito: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo…” (Lev. 19:18).  Por lo tanto debe hablar de los puntos alabables de su prójimo y preocuparse por sus bienes a la manera que se preocupa por sus propios bienes y aprecia su propia honra. Todo aquel que se vanagloria con la vergüenza del prójimo – no tiene parte  en el mundo por venir.

     

     

    [4] El amor al converso que vino y se cobijó bajo las alas de la Presencia Divina – incluye dos preceptos afirmativos: en primer lugar, por ser que (el prosélito) es considerado como  “prójimo” y en segundo lugar por el mandamiento específico de amar al prosélito, así la Torá declara: “Y amaréis al prosélito…” (Deut. 10:19). Encomendó el amor al converso tal como encomendó el amor a Su Nombre, como está dicho: “Amarás al Señor, tu Dios…” (Ibíd. 11:1).

     

    Así también estudiamos que el Santo Bendito Él, Él mismo, ama a los conversos, como se declara: “Él ama a los prosélitos…” (Ibíd. 10:18).

     

     

    [5] Todo aquel que odie en su corazón a otra persona del pueblo de Israel – transgrede un precepto, como se declara: “No odiarás a tu hermano en tu corazón…” (Lev. 19:17). No obstante no se castiga esta trasgresión con flagelación, y esto es una acción<![if !supportFootnotes]>[39]<![endif]>, siendo que la Torá sólo advirtió sobre el odio que se guarda en el corazón; por lo tanto el que golpea a su prójimo y lo humilla, a pesar que no está permitido actuar así, no transgrede la prohibición de “no odiarás”.

     

     

    [6] Cuando una persona pecó contra su prójimo, (el afectado) no debe guardarle rencor y permanecer callado, como se ha enseñado que ocurre con los impíos: “No habló Abshalom con Amnón ni para bien ni para mal, ya que odiaba Abshalom a Amnón” (Sam. II 13:22).  Sino que por el contrario, es un precepto (que el afectado) le haga saber y  le diga: “¿Por qué te comportaste así conmigo?” “¿Por qué pecaste contra mí en tal asunto?” Como está escrito: “Amonestar, amonestaréis a tu prójimo” (Lev. 19:17). 

     

    Y si el que pecó contra él le pide disculpas, debe perdonarlo; el que perdona no debe comportarse con crueldad, así se declara: “Rezó Abraham a Dios…”<![if !supportFootnotes]>[40]<![endif]> (Gen. 20:17)

     

     

    [7] Una persona que observa que su prójimo comete pecados o que se conduce de maneras no adecuadas – es un precepto tratar de encaminarlo hacia el camino correcto, e informarle que él se perjudica a sí mismo con sus malas acciones, como dice: “Amonestar, amonestaréis a tu prójimo” (Lev. 19:17).

     

    El que amonesta a su prójimo, ya sea por cosas que ocurren entre ellos, o ya sea por motivos que afectan la relación (del prójimo) con Dios, debe reprenderlo en forma privada y hablarle con tranquilidad y paciencia, explicándole que no lo hace sino por su bien, que sus objetivo es hacerle merecer la vida en el mundo por venir. Si  acepta la crítica, bien,  sino, debe reprocharle una segunda y una tercera vez. Así es conveniente amonestarlo hasta que el pecador lo golpee y le diga: “No te escucharé”.

     

    Todo aquel que podría haber amonestado (a su prójimo) y no lo hizo, termina siendo castigado por el pecado de él , por cuanto podría haberlo reprendido y no lo hizo.

     

     

    [8] La persona que reprende a su prójimo, es principio, no debe hablar con él en forma dura hasta ofenderlo, como está escrito:  “No cargarás por él, un pecado.” (Lev. 19:17). Así dijeron los sabios:  “¿Es posible reprochar a alguien de manera tal que su semblante decaiga? Sobre eso se declara: “No cargarás por él, un pecado”, de aquí aprendemos que está prohibido avergonzar a un judío, más aun  si se lo hace  en público” (Talmud, Arajín 16b).

     

    A pesar que aquel que avergüenza al prójimo no es castigada con flagelación – la falta cometida es muy grande. Así han declarado los sabios: “La persona que avergüenza al prójimo en público no tiene parte en el mundo venidero” (Abot 3:11). 

     

    Por este motivo,  debe ser muy cuidadoso en esto y no avergonzar a su compañero en público, ya sea un niño o un adulto, y no lo llamará con un apodo peyorativo que le cause vergüenza. Tampoco se debe mencionar delante de alguien algo de lo cual se avergüence.

     

    ¿En qué situaciones nos referimos? En todos los casos que son entre el hombre y su prójimo, en cambio en toda situación que involucre el honor Divino: sino se arrepiente discretamente, es posible avergonzarlo en público, divulgar sus pecados, ofenderlo delante de él, humillarlo y maldecirlo hasta que se arrepienta y corrija sus cualidades, a la manera que hicieron todos los profetas de Israel.

     

     

    [9] Aquel que fue ofendido por su prójimo, y se abstiene de amonestarlo y no le dice nada, debido a que el ofensor era una persona de escaso entendimiento o que tenía sus facultades mentales perturbadas, y lo perdona en su corazón y no le guarda rencor ni lo reprocha, esto es considerada un cualidad de los piadosos<![if !supportFootnotes]>[41]<![endif]>. La Torá solamente fue estricta con respecto al rencor.

     

     

    [10] La persona debe ser sumamente cuidadosa con los huérfanos y las viudas, ya que su alma está sumamente decaída y su ánimo falto de motivación, a pesar que se trate de personas de dinero o de la viuda del rey y sus huérfanos – la Torah nos ha advertido con respecto a ellos: “A ninguna viuda ni huérfano podrán mortificar” (Ex. 22:21)

     

    ¿Cómo se ha de relacionarse con ellos? Se debe hablar con ellos de manera suave, y comportarse ante ellos con respeto; no se puede causarles dolores físicos con trabajos pesados, ni mortificarlos anímicos con palabras (hirientes); y ha de preocuparse del dinero de ellos más que de su propio dinero.

     

    Todo aquel que discuta con ellos<![if !supportFootnotes]>[42]<![endif]> o los enfade, los hiera anímicamente, los mortifique o pierda sus bienes, transgrede un precepto de la Torah, cuanto más, aquel que los golpea o los maldice. Esta trasgresión, a pesar que no es castigada con flagelación, su castigo está explícito en la Torá: “Yo Me he de enojar y los mataré con espadas…” (Ex. 22:23). Un pacto ha hecho el Creador con ellos, siempre que Le rueguen por haber sido víctimas de injusticia – ellos son respondidos, como está escrito: “Cuando clame a Mí, escuchar, escucharé su súplica” (Ibíd. 22:22)

     

    ¿A qué nos referimos? Cuando los han mortificados por interés propio, pero si los reprende el maestro, para que estudien Torá o una profesión o para conducirlos por el camino correcto, en este caso está permitido.

     

    De todos modos, no debe comportarse con ellos como se comportaría con otras personas, sino que debe ser más comprensivo y tratarlos con mayor paciencia, con suma misericordia y respeto, ya que: “Dios ha de luchar sus luchas…” (Prov. 23:11) No hay diferencia si se trata de huérfano de padre o de madre.

     

    ¿Hasta qué edad se denominan huérfanos para este tema? Hasta que ya no necesiten un adulto en quien apoyarse, o quien los eduque o quien se ocupe de sus asuntos, sino que ellos mismos se ocupan de sus asuntos como el resto de las personas adultas.



     

    Capítulo Séptimo

    El habla entre el hombre y su prójimo

     

     

    [1] La persona que espía a su prójimo,<![if !supportFootnotes]>[43]<![endif]> transgrede una prohibición de la Torah, como está escrito: “No andarás chismeando entre tu pueblo” (Lev. 19:16)

     

    A pesar que el trasgresor de esta prohibición no es castigado con flagelación – es un pecado muy grave que causa que mueran muchas almas de Israel; por eso (luego de la prohibición de chismear), enseguida la Torá advierte: “No permanecerás  indiferente ante la sangre (herida) de tu prójimo” (Ibíd.). Ve y aprende todo lo que le ocurrió a Doeg, el edomita<![if !supportFootnotes]>[44]<![endif]>.

     

     

    [2] ¿A qué se denomina “chisme”? A aquel que escucha lo que hablan los demás y va a contarlo a otros, diciendo: “Así dijo fulano…” o “Así escuché que se dijo de fulano…”. A pesar que todo lo que ha dicho, sea verdad, no obstante, quien  así actúa, está destruyendo el mundo.

     

    Existe un pecado mucho más grave y que está incluido en esta misma prohibición, nos referimos a “Hablar mal de los otros”<![if !supportFootnotes]>[45]<![endif]>; esto es, el que habla mal de su prójimo, a pesar de que lo que está diciendo es verdad.

     

    En cambio, aquel que habla inventa mentiras acerca de su prójimo, se lo denomina “calumniar”<![if !supportFootnotes]>[46]<![endif]>. No obstante que “constantemente habla mal del prójimo”<![if !supportFootnotes]>[47]<![endif]>, se denomina a aquel que se sienta  y dice: “así hizo fulano…”, “así fueron sus padres…”, “así he escuchado acerca de él…” y se refiere a él en forma peyorativa.

     

    Sobre alguien así declaró el versículo: “Dios escindirá los labios lisonjeros, la lengua que habla grandezas” (Sal. 12:4)

     

     

    [3] Los sabios han declarado: “Tres cosas se le hacen pagar al hombre en este mundo y no tiene parte en el mudo venidero: Idolatría, relaciones sexuales prohibidas  y asesinato, y la [gravedad de la] maledicencia, [se equipara] como los tres juntos”<![if !supportFootnotes]>[48]<![endif]>.

     

    Más aun dijeron los sabios: “Todo aquel que habla mal del prójimo es considerado como si hubiera renegado de la creencia en Dios, así se declara: ‘Ellos han dicho: nos fortaleceremos con nuestra lengua, si nuestros labios nos favorecen – ¿quién será nuestro amo?’” (Ibíd. 12:5).

     

    También han declarado los sabios: “El hablar mal del prójimo asesina a tres personas: a aquel que lo habla, a aquel que lo escucha y al que sobre él chismorrean; no obstante, el escuchar es mucho más grave que el hablar” (Talmud, Arajín 15b)

     

     

    [4] Hay expresiones que se definen como “polvillo de habladurías”<![if !supportFootnotes]>[49]<![endif]>¿A qué nos referimos? Por ejemplo cuando se dice sobre alguien: ¡Quién hubiera dicho que tal persona hubiera llegado a ser lo que es ahora!”, o ¡Dejen de referirse a él!, no quiero decir lo que ocurrió en verdad…”. Y todo tipo de expresiones peyorativas como estas<![if !supportFootnotes]>[50]<![endif]>.

     

    También<![if !supportFootnotes]>[51]<![endif]> todo aquel que relata algo positivo de alguien frente a aquellos que lo odian, también se considera como “polvillo de habladurías”, ya que esto causará que comiencen a reprobar las cualidades de la persona en cuestión<![if !supportFootnotes]>[52]<![endif]>. Sobre este tema declaró Shlomó: “Aquel que bendice a su prójimo a grandes voces por la mañana, se le considera que madrugó a maldecirlo” (Prov. 27:14). Es decir que por tratar de relatar cualidades positivas, terminará hablando peyorativamente.

     

    Así también, aquel que relata lo negativo del prójimo en forma de burla o de frivolidad o sea que en verdad, no habla motivado por odio en su contra – se considera “polvillo de habladurías”. Así Shlomó declaró: “Como alguien que se divierte ha lanzado ráfagas, flechas y muerte… diciendo: ¿Acaso no estoy jugando?” (Ibíd. 27:18-19)

     

    También (se incluye en esta definición a) aquel que relata lo negativo del prójimo en forma indirecta, es decir que comenta en forma ingenua, como sino supiera que está profiriendo maledicencia; y que si lo reprochan sobre el tema, se disculpa diciendo: ¡Yo no sabía que esto era una habladuría, o que estas cualidades eran las de fulano…!”<![if !supportFootnotes]>[53]<![endif]>.

     

     

    [5] Tanto el que habla mal del prójimo delante de él o en ausencia de él, como aquel que con su hablar de uno a otro, puede causarle daño a su prójimo, ya sea (un daño) físico o monetario, o incluso que sólo le haya causado mortificación o temor – esto se considera como maledicencia.

     

    Si esto fue relatado frente a tres, (se considera que) ya se ha escuchado este asunto y se ha hecho de público conocimiento.

     

    En el caso que alguno de los tres antes mencionados comenta lo escuchado otra vez, no transgrede la prohibición de hablar mal del prójimo; esto siempre y cuando la intención  no era difundir lo escuchado y revelarlo mucho más.

     

     

    [6] Todos los antes mencionados son personas que reinciden en proferir habladurías y está prohibido vivir cerca de ellos, cuanto más sentarse en su compañía y escuchar de sus habladurías. No se decretó la pena capital sobre nuestros padres en el desierto sino sólo por haber cometido el pecado de maledicencia<![if !supportFootnotes]>[54]<![endif]>.

     

    [7] El que se venga de su compañero transgrede una prohibición, como se declara: “No te vengarás…” (Lev. 19:18). A pesar que es una prohibición por la cual no se castiga con flagelación, es una característica humana muy reprobable. Por el contrario, la persona debe comportarse con paciencia frente a todo suceso, ya que, para el entendido, todo es vanidad y efímero, por lo tanto no es apropiado vengarse por nada.

     

    ¿Cómo se define la venganza? (Por ejemplo) Le dice a alguien: “Préstame tu hacha” y él responde: “No te la prestaré” Al día siguiente necesita el otro de tal utensilio y le dice: “Préstame tu hacha” y él responde: “No te la presto, así como tú no me la prestaste a mi” – esto es venganza.

     

    (No debe actuar así) sino que cuando le venga a pedir prestado, le preste de todo corazón y no comportarse como el otro se comportó, así en todo lo semejante. De igual manera nos relata David con sus buenas cualidades: “¿Acaso devolví [mal] al que me hizo mal?, ¿acaso despojé sin razón a mi enemigo?” (Sal. 7:5)

     

     

    [8] Así también, todo el que guarda rencor a un judío, transgrede una prohibición, así se ha declarado: “No guardarás rencor a los hijos de tu pueblo…” (Lev. 19:18).

     

    ¿Cómo se define el guardar rencor? Por ejemplo: Reubén dice a Shimón: “Réntame esta casa” o “Préstame este toro” Y Shimón no quiso. Después de un tiempo viene Shimón a rentar algo de Reubén o a pedirle prestado, y entonces Reubén le dice: “Para que veas, yo si te lo presto y no soy como tú, no me comportaré como tú te comportaste” .

     

    El que actúa así transgrede la prohibición de no guardar rencor. Por el contrario la persona debe borrar el hecho de su corazón y no guardar ningún tipo de resentimiento. Ya que todo el tiempo en que él guarda rencor y recuerda lo que le hicieron, es posible que termine vengándose. Es por eso que la Torá fue estricta sobre esta cualidad y demanda que sea borrado del corazón todo resentimiento, de forma que no lo recuerda en lo absoluto.

     

    Sobre esta cualidad correcta es posible que se conserve la sociedad y el comercio  entre los seres humanos.

     

    Bendito Dios, que nos socorre.

     

     

     

    <![if !supportFootnotes]>


    <![endif]>

    <![if !supportFootnotes]> [1]<![endif]> Es decir aquellos preceptos que nos encomiendan hacer algo en forma activa.

    <![if !supportFootnotes]> [2]<![endif]> Aquellos preceptos que nos encomiendan abstenernos de hacer algo.

    <![if !supportFootnotes]> [3]<![endif]> Algunos, traducen el concepto hebreo ???” como ética, mas en realidad, la definición es: cualidad o carácter, es utilizado también para expresar  1) opiniones, 2) intelecto y comprensión, 3) características, forma o modo de  comportarse, 4) expresión de una opinión.

     

    <![if !supportFootnotes]> [4]<![endif]>La cualidades del ser humano provienen de las fuerzas [facultades] del alma, siendo partes integrales de los elementos que conforman la personalidad.  En el capítulo primero de la introducción a tratado Abot (Shemoná Perakim I), Rambam fija que “las partes de alma son cinco: nutritiva (es decir los vegetales), sensitiva, imaginativa, apetitiva e intelectual”.  A continuación detalla y aclara que “la parte apetitiva – es el poder a través del cual el hombre desea algo o lo rechaza; de este poder se desprenden las actividades…. la ira y la voluntad, el miedo y la valentía, la crueldad y la compasión, el amor y el odio, junto con muchos otras circunstancias anímicas”. Lo descrito es un modelo que pretende explicar la cualidad humana. En cada momento el ser humano se encuentra  en una situación específica desde el punto de vista de la cualidad que posee de entre todas las características posibles. La función de la parte apetitiva del alma humana consiste en proveer la energía (fuera motriz) para reaccionar a todo estímulo de acuerdo a la situación integral de sus características.

    Rambam describe cada una de las características o factores de la personalidad a través de los extremos – compasivo con respecto a cruel, etc. –  no obstante según nuestro maestro existe una continuidad  de situaciones entre ambos extremos. El número de factores es enorme y según palabras de Rambam esta es una lista parcial únicamente. El enorme número de factores de la personalidad y de  las situaciones entre los extremos de cada uno de ellos es la explicación, según Rambam,  de los diversos tipos humanos.

    <![if !supportFootnotes]> [5]<![endif]> Comienza por esta cualidad porque es la más detestable. Además, cuando una persona está enojada, no utiliza su intelecto y sin el intelecto no puede apegarse a Dios.

    <![if !supportFootnotes]> [6]<![endif]> El autor, en la introducción al Pirke Avot (Shemoná Perakim) al principio del capítulo tercero, escribe lo siguiente con respecto a las enfermedades del alma: Los antiguos (filósofos) han afirmado que el alma goza de salud o enfermedad, tal como el cuerpo posee salud o enfermedades. La salud del alma consiste en que las características (generales), como así también, las características particulares de cada facultad del alma, sean tales que, por medio de ellas, pueda constantemente ejercer la bondad y los actos éticamente correctos. Por otro lado, su enfermedad, sería que sus características en general ,como así también, las características de cada una de sus facultades, (en particular), realicen maldades u obras incorrectas. En el cuarto capítulo dice: Las buenas cualidades<![if !supportFootnotes]>[6]<![endif]>, son aquellas que están equilibradas, el justo medio entre los dos extremos<![if !supportFootnotes]>[6]<![endif]>, ambos nocivos; uno por defecto y el otro por falencia 

    <![if !supportFootnotes]> [8]<![endif]> Comportarse correctamente.

    <![if !supportFootnotes]> [9]<![endif]> El autor, en la introducción al Pirke Avot (Shemoná Perakim) en el capítulo tercero, escribe Sobre aquellos que advierten su enfermedad, empero, se dejan llevar por sus pasiones, sentencia la Torá: “Y sucederá que al escuchar las palabras de esta advertencia alguno se engañe pensando: ‘estaré seguro incluso que marche tras los impulsos de mi corazón’, esto es como agregar hambre a la sed” (Deuteronomio 29:18), es decir, pretende aplacar su sed y todo lo que hace es incrementarla<![if !supportFootnotes]>[9]<![endif]>. En cambio, sobre aquellos que no se percatan de su enfermedad, el rey Salomón escribió al respecto: “El camino torcido es recto a sus ojos, mas el que escucha a los eruditos es sabio” (Prov. 12:15). Es decir, el que escucha el consejo de los sabios es erudito, pues se le ha indicado el camino que en realidad es recto y no aquel que sólo en apariencia es recto.

     También fue dicho: “Existen caminos que a los ojos del hombre son rectos, empero al final, resultan ser senderos de muerte” (Ibid. 14:12). Acerca de las enfermedades del alma, se refiere a aquellos que no perciben lo que los daña o lo que les es útil: “el camino de los malvados es como la oscuridad, no advierten dónde pueden tropezar” (Ibid. 4:19).

    <![if !supportFootnotes]> [10]<![endif]> Literalmente dice: que se rebaje mucho.

    <![if !supportFootnotes]> [11]<![endif]> El orgullo tiene otros sinónimos en el idioma hebreo, como ser: “Goba leb”-corazón soberbio, o “Enaim ramot”-ojos altaneros, “Guea”-orgulloso y “Ram”- arrogante.

    En el lenguaje de nuestros sabios de bendita memoria: “Ruaj guevoa”-aires de grandeza, “Gasut ruaj”- espíritu engreído, “Mitgae”- vanidoso. Y su antónimo: “Shiflut ruaj”-espíritu humillado, abatido.

    Ya hemos explicado en el cuarto capítulo de la introducción al Pirke Avot, que el hombre se incline levemente hacia alguno de los extremos hasta que se vuelva a ubicar en el centro, todo esto con la intención de prevenir. Eso es correcto en todas las demás cualidades, mas cuando se trata de esta virtud en particular,  me refiero al orgullo, a causa de lo despreciable que es esta mala cualidad, los piadosos, que eran concientes de lo dañina [que es esta cualidad], se apartaron de ella hasta el otro extremo, inclinándose hasta la humillación y rebajarse totalmente, hasta el punto de no dejar lugar en su alma ningún espacio para el orgullo.

    Te citaré algo de lo que expusieron los sabios alabando la virtud de la humildad y despreciando el orgullo. Es por eso que han ordenado acercarse hacia la humillación diciendo: “Humíllate mucho mucho”, por el temor de que se mantenga solo en el nivel de la humildad, [ Por si quedara en él algún vestigio de orgullo], por ser que la humildad se encuentra más cercana al orgullo [que el humillado y el rebajado] ya que la humildad es el equilibrio [entre estos dos extremos] como antes hemos explicado.

     

     

    <![if !supportFootnotes]> [12]<![endif]> Si no que enfatizó que era “muy humilde”

    <![if !supportFootnotes]> [13]<![endif]> En el comentario a esta frase, explica Maimónides: Afirmó el sabio [rey Salomón]: “En la multitud  de palabras, no se ausenta la trasgresión”

    El motivo de esto es debido a que al agregar la persona comentarios, seguramente caerá en trasgresión, pues es imposible que en sus agregados no haya algo que no era apropiado decir [y que estaba de más].

    La mejor prueba de que alguien es sabio, es porque habla poco, y el mejor indicio de que alguien es insensato, es su hablar en demasía (Se refiere a que si puede decir algo utilizando solo dos o tres palabreas, y que sea perfectamente entendible, no debe hacer todo un discurso para decir lo mismo), como está dicho: “La voz del insensato [viene acompañada] de la multitud de palabras” y ya dijeron los sabios: “Ser breve, es la característica de los sabios”

     

    <![if !supportFootnotes]> [14]<![endif]> En el comentario al Pirké Avot (1:17) escribe Maimónides: “Ser breve, es decir, que se esfuerce en poder decir muchas cosas con pocas palabras y no lo contrario, esto es lo que dijeron los sabios: “Constantemente debe el maestro enseñarle a sus alumnos por el camino sintético”

    <![if !supportFootnotes]> [15]<![endif]> Es decir, le insiste para quedar bien a pesar que sabe positivamente que no va a acceder.

    <![if !supportFootnotes]> [16]<![endif]> En algunas versiones este párrafo continúa: “Así cuando cohabite, debe hacerlo con la intención de mantener su salud física y de procrear. Por lo tanto, no cohabitará cada vez que desee, sino cada vez que sepa que le es necesario evacuar su semen, es decir o por motivos médicos o para procrear”

     

    <![if !supportFootnotes]> [17]<![endif]> Las leyes subsiguientes que menciona Maimónides, lo hace en su carácter de médico, pues es un deber mantener el cuerpo sano, como ya explicó. No obstante, estas leyes no tienen el rigor de aquellas que tratan acerca de un precepto, como ser el Shabbat, Pesaj, Tefilin, etc. Es por eso que si en la actualidad los avances de la medicina corroboran que hoy en día ciertos alimentos no son nocivos como en la antigüedad se creía, entonces uno puede guiarse acorde a la opinión de los médicos serios y de renombre de la actualidad. Así escribe el hijo de Maimónides con respecto a este tema en su artículo acerca de cómo entender las palabras de los sabios: “Acorde con lo expresado hasta aquí, deducimos que a pesar de la gran sabiduría y erudición de los sabios, debe quedar claro que no por dicha fama debemos acatar todo lo que ellos opinan con respecto a la medicina o las ciencias naturales de la misma manera y tenor con que aceptamos sus opiniones en lo que respecta a la explicación de la Torá (En ese ámbito, el de la Torah se le ha otorgado a los sabios la autoridad para definir, además en ese campo son los más instruidos y adecuados los sabios para opinar en ese tema por lo tanto la Torá nos encomienda obedecerles en todo lo que ellos digan, cosa que no ocurre con otras disciplinas), tal como nos fuera encomendado: “Y harás todo lo que ellos te encomendaren”

     

    Esta postura era asumida por los mismo sabios, así, encontraras entre los sabios que ante la opinión ajena a la lógica talmúdica o incoherente decían: “Por Dios, aunque esto lo hubiere dicho Josué, no lo hubiera aceptado”, es decir no aceptaría dicha afirmación aunque proviniera de un profeta, puesto que ese argumento  no puede ser sustentado en forma coherente y lógicamente, producto de un análisis u otro método de razonamiento de los que el Talmud se vale para explicar u opinar .  Alcanza con lo dicho como prueba al respecto sin necesidad de aportar las expresiones de los sabios del Talmud acerca de la medicina, las cuales  en la realidad se demostró que no eran correctas, o las técnicas para evitar abortos que tampoco son correctas y casos similares que se abordan en el Talmud babilónico tratado Shabbat capítulo ocho y otro.

     

                    En otra ocasión te explicaré por qué algunos tomaron como absolutas las opiniones talmúdicas referentes a medicina sin que estas fueran correctas para la medicina y la realidad (Ver también R. Sherira Gaon y R. Hai Gaón en sus responsas donde afirman: nuestros sabios no eran médicos sino que hablaban acorde a las experiencias y lo que se sabia en aquellos días, por lo tanto no es que nos esta vedado  apartarnos de lo que afirmaron al respecto, ya que lo que expresaron lo dijeron en base a un análisis y recopilación de los conocimientos de laépoca.)

     

    <![if !supportFootnotes]> [18]<![endif]> Cuya borra todavía está mezclada con el líquido, hasta los cuarenta días se denomina “vino casero o de su lagar”

     

    <![if !supportFootnotes]> [19]<![endif]> Todas estas recomendaciones concuerdan con lo que hoy en día recomiendan los médicos.

     

    <![if !supportFootnotes]> [20]<![endif]> Hoy en día se sabe que las lentejas son una fuente muy importante para la adquisición de Hierro, cuya falencia provoca anemia.

     

    <![if !supportFootnotes]> [21]<![endif]> Las recientes investigaciones mencionan al repollo  como un agente que ayuda a prevenir el cáncer (por su efecto contra los radicales libres).

     

    <![if !supportFootnotes]> [22]<![endif]> La cebolla se ha destacado por su efecto positivo en la dilución de la sangre y prevención de resfríos.

     

    <![if !supportFootnotes]> [23]<![endif]> Los médicos y nutricionistas recomiendan en la actualidad consumir ajo pues la ciencia a descubierto que son muy beneficiosos para el sistema inmunológico, para evitar el colesterol y enfermedades parecidas.

    <![if !supportFootnotes]> [24]<![endif]>  Pirke Avot 4:1 ¿Quién es fuerte? Aquel que controla su instinto, como está dicho: “El que es tardo en la ira, es mejor que el poderoso, y el que gobierna su espíritu vale más que el que conquista una ciudad” (Prov. 16:32)

     

    <![if !supportFootnotes]> [25]<![endif]> Hoy en día se cree que las frutas de los árboles son buenas para la nutrición, pues proveen al cuerpo de varias vitaminas, hidratos de carbono y fibras, que son indispensables para el cuerpo, como ser: naranjas, manzanas, mandarinas, banana, etc.

     

    <![if !supportFootnotes]> [26]<![endif]> Literalmente dice: humidificadas, es por eso que tal vez se refiere a las frutas secas que fueron humidificadas para que recuperen su humedad y no sean secas.

     

    <![if !supportFootnotes]> [27]<![endif]> La ciencia contemporánea está de acuerdo conestos conceptos.

    <![if !supportFootnotes]> [28]<![endif]> Sobre este punto, los más avanzados libros acerca de medicina y nutrición adecuada, remarcan la relación que existe entre la comida en exceso y el sistema inmunológico del ser humano, a mayor cantidad de comida ingerida, menor es la capacidad de absorción de las vitaminas B y T que son vitales para el sistema inmunológico.

    <![if !supportFootnotes]> [29]<![endif]> El autor se refiere a los baños turcos, en los cuales primero se  accedía a una suerte de sauna y luego a piletas de agua caliente y fría.

    <![if !supportFootnotes]> [30]<![endif]> Y deberá contenerse y esperar hasta terminar el baño, y como antes mencionó, no es saludable contenerse.

    <![if !supportFootnotes]> [33]<![endif]> Luego de hacer sus necesidades.

    <![if !supportFootnotes]> [34]<![endif]> Y no dispone de un lugar alejado y aislado.

    <![if !supportFootnotes]> [35]<![endif]> Se refiere a un lugar oculto en donde nadie lo ve.

    <![if !supportFootnotes]> [36]<![endif]> Al tener que desviarse hacia un lugar desabitado. Pues por la mañana, todavía no hay mucha gente en la calle y puede entonces encontrar un lugar discreto para evacuar, donde no lo vean. Lo mismo ocurre por la noche.

    <![if !supportFootnotes]> [37]<![endif]> Si no es el lugar ni el momento.

    <![if !supportFootnotes]> [38]<![endif]> Al verlo salir solo a altas horas de la noche, pueden sospechar que se está yendo a encontrar con mujeres o cosas deshonestas y descarriadas.

    <![if !supportFootnotes]> [39]<![endif]> Es decir, el pensamiento o el sentimiento en el corazón, no son acciones concretas, tangibles, por las cuales se pueda confirmar su intención y por ser que nadie puede juzgar qué es lo que piensa en su corazón y lo que piensa, en consecuencia no se puede otorgar un castigo a tales situaciones.

    <![if !supportFootnotes]> [40]<![endif]> A pesar que Abimélej pecó contra él, no dejó de perdonarlo; y además pidió a Dios por él.

     

    <![if !supportFootnotes]> [43]<![endif]> El que vigila las acciones del prójimo para después criticarlo frente a otros.

    <![if !supportFootnotes]> [44]<![endif]> Shemuel I 22:23. A causa de él fue destruida la ciudad de Nob y fueron asesinados ochenta y cinco Sacerdote.

     

    <![if !supportFootnotes]> [46]<![endif]>Motzí Shem Ra. La maledicencia, [Lashon Hará] es cuando  se relatan los errores o defectos de un individuo, o despreciar a todo judío, mediante cualquier tipo de humillación, a pesar de que efectivamente el humillado posee ese defecto que fue relatado. Pues la maledicencia no se trata de decir cosas de una persona que no sean verdad, pues [cuando no es verdad] esto se denomina calumnia [Mozi shem rah al javeró – sacar un mal nombre a su compañero] Mas la maledicencia, es humillar a un individuo, aun con cosas que son verdad. (Maimónides, comentario al Pirke Avot 1:16)

     

    <![if !supportFootnotes]> [48]<![endif]> Y así se expresó la Toseftá: “Tres cosas se le hacen pagar al hombre en este mundo y no tiene parte en el mudo venidero: Idolatría, relaciones sexuales prohibidas  y asesinato, y la [gravedad de la] maledicencia, [se equipara] como los tres juntos” y dijeron en el Talmud: “Cuando hicieron idolatría [el becerro e oro] fue utilizado el adjetivo: ‘grande’, tal como dice: ‘Ha cometido este pueblo un pecado grande’ (Ex. 32:31) y sobre las relaciones sexuales prohibidas  también fue utilizado el adjetivo: ‘grande’ como dijo [José]: ‘¿Cómo haré un mal tan grande’ (Gen. 39:9) y con respecto al asesinato, también fue utilizado el adjetivo: ‘grande’ como dijo [Caín]: ‘Grande es mi dolor para poder cargarlo’ (Ibíd. 4:13) Mas en cuanto a la maledicencia, se utilizo la palabra ‘grandes’ [en plural] queriendo decir que es equiparable a las tres juntas, es lo que dice: ‘Una lengua que habla cosas grandes’ (Sal. 12:4)

     

    <![if !supportFootnotes]> [49]<![endif]> Como ya mencioné, el tema de las maledicencias [Lashon Hará] entra dentro de la categoría de las pláticas vedadas, vi oportuno esclarecer ese tema, y recordar algunas cosas de las que fueron dichas al respecto. Pues el ser humano ignora que se trata de la trasgresión más grave, entre el hombre y su prójimo, que se comete frecuentemente. Máxime teniendo en cuenta lo que dijeron los sabios, que ninguna persona está limpia del polvillo de la maledicencia (Avak Lashón Hará), y quién me diera que pudiera salvarse de la maledicencia en sí. (Maimónides, comentario al Pirke Avot 1:16)

     

    <![if !supportFootnotes]> [50]<![endif]> El polvillo de la maledicencia -es decir, no de la calumnia en sí, si no de algo que aun no llega a ser calumnia, pero está muy cerca de serlo- es [por ejemplo] hablar de los defectos de una persona sin especificarlos. Así dijo el rey Salomón con respecto a este tema: a veces la persona sin darse cuenta transmite a los demás algún defecto de un compañero, siendo otra su intención  “Como un loco que arroja antorchas encendidas, saetas y muerte, así es el hombre que engaña al prójimo y dice: ‘¿Acaso no lo hice en broma?’” (Prov. 26:18-19) (Maimónides, comentario al Pirke Avot 1:16)

     

    <![if !supportFootnotes]> [51]<![endif]> Se concidera Polvillo de Habladurías.

     

    <![if !supportFootnotes]> [52]<![endif]> Existe un relato en el cual uno de los alumnos de Ribbí, ensalzó en público, un libro que el propio autor le mostró. Y amonestó Ribbí la acción de alabar en público al autor de ese libro diciéndole: -Apártate de la maledicencia

    Lo que le quiso decir [Ribbí a u alumno, fue]: Tu le provocas un daño [al autor] al alabarlo en público, pues dentro de los asistentes, seguramente se encontrarán quienes gustan [de ese autor] y quienes lo detestan, y entonces, aquellos que lo critican, al escuchar tus elogios deberán recalcar también los defectos y errores [de ese autor].

    Esto es el punto ideal de alejamiento de la maledicencia. (Maimónides, comentario al Pirke Avot 1:16)

     

    <![if !supportFootnotes]> [53]<![endif]>Se cuenta que un grupo de personas de Tzipori se reunieron para realizar un trabajo oficial, un hombre de nombre Yojanán se escabulló y no se presentó al trabajo. Uno de los miembros del grupo que no sentía simpatía por Yojanán le dijo a sus compañeros: “¿Acaso no hemos de visitar hoy a Rabí Yojanán…?” Inmediatamente se dieron cuenta del que faltaba. (Yerushalmi. Peá 1:1) Esto es hablar en forma indirecta.

     

    <![if !supportFootnotes]> [54]<![endif]> Y lo que expresa la Mishná: “No se selló la sentencia sobre nuestros antecesores, sino por [la trasgresión] de la maledicencia” Es decir, en el suceso de los espías que envió Moisés para espiar la Tierra de Israel, sobre los que fue dicho: “Y trajeron las denigraciones de la tierra” (Num. 13:32), dijeron los sabios “Si los que no dijeron calumnias, sino sólo contra los árboles y piedras, fueron sometidos semejante castigo; aquel que habla de los defectos de su prójimo, ¡cuánto más grave será [el castigo]!” . (Maimónides, comentario al Pirke Avot 1:16)

     

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