• Kabala, conceptos y visión sobre la vida y filosofía judia

    kabala


    La vision de la Kabala sobre los distintos aspectos 

    de la vida y la filosofía Judía.

    Los artículos de Kabala en Masuah son obra del Rab Jaim D.Zukerwar z”l 

    Estos escritos están basados en la Tradición Kabalistica del Rabino y Sabio Kabalista Itzjak Luria Ashkenazi que recibimos a través de nuestro Maestro el Rabino y Sabio Kabalista Mordejai Shainberguer quien la recibió a su vez de su Maestro el Rabino y Sabio Kabalista Iehuda Tzvi Brandwain discípulo directo del Sabio y Rabino Kabalista Rabeinu Iehuda Leib haLevi Ashlag

    Introducción     Una nueva y original forma de percibir la realidad    De acuerdo a Sus actos Lo conoceré       Si lo conociera sería El     Leyes espirituales

    Estímulos exteriores – estímulos interiores  El impulso interior      Un sendero que trasciende las barreras del tiempo   Del hombre al hombre, del hombre al Kadósh Barúj Hú

    La armonía universal El objetivo Las mitzvót
    El bien y el mal El camino del hombre Mitzvót ben adam la Makom – ben adam lejavero
    Mitzvót asé, mitzvót lo taasé  El proceso educativo Kedushá, tumá y brajá

    La iniciación, el proceso educativo que atraviesa el deseo de la Neshamá

    Brit milá Bar y Bat mitzvá Jupá  Muerte

     

    ¿Cómo se genera nuestra realidad? Las sefirót Diez nombres Conductos espirituales Categorías y configuraciones de las sefirot

    INTRODUCCIÓN

    El capítulo Pirkei Avót de la Mishná nos relata que:  “Moshé Kibél Torá MiSinai Umsará leIehoshúa … ” : “Moshé recibió la Torá desde Sinaí transmitiéndosela luego a Iehoshúa . . . “.
    El  vocablo  kibél / recibió se refiere a la Kabalá / recepción.

    Todos los Patriarcas, Profetas y  Sabios del pueblo de Israel fueron y son Mekubalím/Kabalistas, receptores y transmisores de la Sabiduría Interior de la Torá, la Kabalá.

    La Kabalá, nos permite a través de su estudio, forjar los instrumentos para lograr una lectura profunda, lúcida y objetiva de la Torá escrita/Torá shevijtáv y oral/Torá shevealpé.

    El conocimiento de esta Sabiduría nos introduce al trabajo espiritual conciente a partir del estudio de las leyes que rigen los diversos planos de la realidad.  Dichas leyes están codificadas en los diversos textos de la espiritualidad de Israel:  la Torá, el Séfer Ietzirá, el Talmúd, el libro del Zóhar, el Etz Jaím, el Shulján Arúj, el Sidur, etc.


     

    Para comprender el pensamiento de Israel debemos aprehender determinados principios generales que nos facilitarán introducirnos en la percepción judía de la realidad y comprender los objetivos de la Kabalá y la educación de acuerdo a los parámetros que nos transmite la Torá.

     


    1. Tres formas generales

    La Torá, en el libro de Bereshít – Génesis 2:4, nos transmite que el mundo fue creado para la acción. Por ello observamos que toda sabiduría, filosofía y corriente de pensamiento finalmente se materializa en actos concretos y en una forma de vida a través de tres formas generales:

    a) Cuando el pensamiento y la emoción concluyen en justificar  y finalmente concretizar nuestros deseos sin considerar las consecuencias que estos generen.
    b) Cuando la pasividad e inercia generan Tespacios vacíost que en última instancia son llenados por pensamientos, emociones y actos inconcientes.
    c) Cuando discernimos en nuestros pensamientos y emociones esforzándonos en prever la consecuencia de nuestros actos.

    El item c) senala el propósito de la Kabalá y de la educación judía: el altrusimo. Por ello el lugar insustituible que ocupa el estudio como medio para que el hombre agudice cada vez más su discernimiento pués, de lo contrario, corremos el riesgo de hacer del estudio un fin en sí mismo: saber por saber.
    El estudio debe llevar a la comprensión y ésta a la práctica transformando así la actitud humana, de forma tal que tomemos conciencia si nuestras acciones conducen al bien colectivo.
    Sólo entonces podremos prevenir que surja el egoísmo consecuencia de la autojustificación y la percepción subjetiva de la realidad.

    Amarás a tu prójimo como a ti mismo
    Levítico 19:18

    No hagas al prójimo lo que no quieras que te hagan a ti
    Talmúd Babli, Shabat 31

    El pueblo de Israel ha perpetuado esta forma de percibir la vida basado en las mitzvót1, las cuales le brindan al hombre parámetros concretos con el fin de evaluar la realidad y nos muestran un camino seguro para lograr su plenitud.
    Así el mensaje judío se transmitió de generación en generación llegando su esencia universal vigente e intacta hasta nuestros días.

             2. Una nueva y original forma de percibir la realidad

    Hace aproximadamente 4000 anos Abraham Avinu inicia una nueva y original forma de percibir la realidad basada en el altruismo, tal como fue expuesto en el item 1 apartado c).
    Abraham Avinu comprendió la dificultad y las debilidades del hombre en su camino espiritual; siendo aún un nino destruyó las estatuas de Téraj, su padre, quien se encontraba inmerso en la idolatría reinante.

    La representación de imágenes fija la realidad en un momento histórico a una estética, a una percepción determinada de la realidad.
    La imagen parcializa y proclama la independencia de lo particular y pasajero en vez de elevar e integrar la individualidad a lo universal.
    El impedimento de darle forma material a la realidad espiritual nos exige sobreponernos a las propias limitaciones mentales y emocionales y así des-cubrir lo universal.

    Abraham Avinu

    des-cubre que la aparente multiplicidad de seres y aspectos que conforman la realidad, tanto de orden material-sensorial como espiritual, son diversos grados de una misma y única Realidad Infinita, denominada en el lenguaje interior de la Torá: Ein – Sof. Dicha Realidad esgenerada por la Esencia Creadora la cual es llamada en el lenguaje espiritual judío: Kadósh Barúj Hú, HaShém, Atzmút, etc.

    3. De acuerdo a Sus actos Lo conoceré

    Del Kadósh Barúj Hú no tenemos aprehensión ni percepción en absoluto. Los cinco sentidos humanos sumados a lo máximo que nuestra imaginación pueda transmitirnos es, en el mejor de los casos, la manifestación del efecto de las actividades de la esencia, pero nada pueden ofrecernos acerca de la esencia en sí misma.
    De acuerdo al judaísmo la esencia es incognoscible y no posee nombre ya que todo nombre es un límite, una definición y aquí nos estamos refiriendo al principio generador de toda la realidad el cual es atemporal y aespacial.
    Debemos recordar constantemente que en todos los textos tradicionales judíos nunca se define a la esencia sino que los nombres y denominaciones que allí se mencionan se refieren a las diferentes formas y actividades en que nosotros la percibimos.

               4. Si lo conociera sería El

    Solamente en el Kadósh Barúj Hú “somos”.
    Conocer nuestro Yo y conocer la Esencia es lo mismo.
    El Kadósh Barúj Hú es la máxima identidad de toda la realidad en “donde” todos “somos Uno”.
    En el ámbito espiritual conocimiento es fusión, en hebreo dvekút. Dvekút es la unión que unifica el conocedor con el conocimiento y lo conocido.
    Así como el agua contenida en un recipiente al ser devuelta al océano se funde con el mar, así cada alma es parte inmanente de la realidad infinita.

              5. Leyes espirituales

    Cuando el hombre des-cubre una ley accede a un código que le proporciona los elementos y el orden de cómo definir y reproducir un fenómeno.
    Lo mismo sucede en el ámbito emocional, mental y espiritual. Sin las condiciones necesarias no se creará el Tespacio apropiadot para que se manifieste el amor, la comprensión, el aprendizaje, el conocimiento, etc.
    Las leyes que rigen todos los ámbitos de la realidad son objetivas ya que no dependen de lo que sintamos, pensemos, ni de cómo  percibimos la realidad.

    La auténtica educación judía debe forjar en el hombre instrumentos de discernimiento que le permitan percibir la realidad en base a parámetros objetivos.
    Por ello la Torá nos transmite principios concretos: las mitzvót, que al ser realizadas concientemente, como será explicado más adelante, logran activar todas las potencialidades del hombre expandiéndo permanentemente su visión de la realidad.

    La realización de las mitzvót nos compromete intencionalmente con las necesidades del prójimo y la sociedad. De esa forma el hombre actúa como el Kadósh Barúj Hú, da de sí, y al hacerlo comienza a conocer-Lo y ser en El, como fue explicado en el item 4 ? Si lo conociera sería El ?.

      6. Estímulos exteriores – estímulos interiores

    El hombre vive generalmente reaccionando ante estímulos exteriores:

    Qué opinan de mi, qué poseo, etc.

    El egoísmo, la imagen superficial y lo perecedero absorben la gran parte de las energías humanas.
    La realidad material-sensorial acapara la existencia haciendo que el hombre olvide su verdadera identidad y el objetivo de su existencia.
    Cuando esto sucede la conciencia comienza a recorrer un laberinto en torno a lo inmediato, a la apariencia, olvidando Tquién est y el por qué de su vida. La vida se transforma en un permanente reaccionar ante lo superfluo y así se crea una sociedad en la cual  sus integrantes no se conocen y no conocen a su prójimo ya que toda relación se basa en la imágen y en estímulos exteriores. Los verdaderas objetivos quedan opacados y la fuerza interior se diluye perdiendo el hombre la conciencia de su identidad y propósito.

            7. El impulso interior

    Las mitzvót, el fundamento de la percepción judía de la realidad, nos brinda la oportunidad de superar la dependencia que  impone la realidad material-sensorial cuando se transforma en un fin en sí mismo.

    Shabat, por ejemplo, establece un entrenamiento espiritual semanal:
    La mujer enciende las velas, llega la luz al hogar.
    Luego en la sinagoga cada individuo en forma personal y la comunidad colectivamente a través de la tefilá, cánticos y alegría unen sus voluntades a la voluntad del Kadósh Barúj Hú.
    Cada familia en su respectivo hogar, generalmente recibiendo huéspedes (lo cual incluye varias mitzvót), realizan el kidush, etc. etc.

    Todo ello crea un espacio en el tiempo en el cual podemos des-cubrir un nuevo ámbito de la realidad: el altruismo.
    Cada acto que me identifica con el Shabat, como cada una de las mitzvót, activa 4 componentes básicos:

    a) Concreto: La realización del acto en sí.

    b) Emocional: El entusiasmo y la actitud positiva.

    c) Mental: La intención conciente. El conocimiento de los diferentes mecanismos que se activan al realizar la mitzvá.

    d) Espiritual: El altruismo que expande permanente la percepción de la realidad.

    La realización del acto concreto (a), la emoción positiva (b), sumadas a la comprensión superior (c), expanden la conciencia humana (d).
    La experiencia del rito, en su índole interior, nos da acceso a una forma de conocimiento que fusiona, en hebreo devekút, al individuo con sus semejantes y con su máxima identidad: el Kadósh Barúj Hú.

    Lo mental nos brinda cierta noción de la realidad pero también la limita.  Por ello la experiencia y aprehensión interior de los símbolos y ritos, asociados al estudio conciente, nos ayudan a trascender las formas puramente intelectuales.
    De esa forma el hombre comienza a percibir lo interior y a superar la vida basada tan solo en estímulos exteriores.
    Pero el comienzo, como todo comienzo, exige un desafío:
    El esfuerzo en superar la influencias del mundo material-sensorial lo cual genera en las primeras etapas  inseguridad. Debemos destruir los ídolos, como lo hizo Abraham Avinu ver item 2 ? Una nueva y original forma de percibir la realidad ?.

    Quien vivió pendiente de estímulos exteriores deberá activar su voluntad para salir de la inercia y “cambiar el rumbo”.  Ese es un momento muy importante ya que aparece la oportunidad de comenzar a conocernos des-cubriendo ¿quién realmente soy?

    Cuando hacemos una pausa con respecto a la realidad material-sensorial creamos un espacio en el tiempo: Shabat.

    La auténtica vida de Torá y mitzvót deben desarrollar la percepción de la realidad, no solo en función de las
    necesidades propias sino que, basados en la necesidad del semejante y la sociedad. Así logramos transformar el espacio que nos distancia de los hombres  en un espacio de encuentro donde nos asociamos desarrollando proyectos para el bien colectivo. Siendo así cada individuo logra des-cubrirse como parte inherente de una misma y única realidad infinita e indivisible: el Kadósh Barúj Hú.

           8. Un sendero que trasciende las barreras del tiempo

    La percepción de la realidad iniciada por Abraham Avinu tendrá continuidad a través de su descendencia, primero con su hijo Itzják y luego a través de su nieto Iaacov, etc. Varias generaciones después, cuando el pueblo de Israel se consolida como nación y Moshé Rabeinu recibe y transmite la ley escrita y oral, la Torá, esta forma de pensamiento adquiere un carácter nacional y universal.
    El Tanáj, la Mishná, el Talmúd, la Kabalá, la Halajá, la Jasidút, el Musár, etc. sumado a las miles de explicaciones y comentarios que de estas fuentes surgieron, nos transmiten por miles de anos una línea de pensamiento, una identidad, y principalmente una forma de vida basada en la unidad armónica de todos los aspectos de la realidad.

    9. Del hombre al hombre, del hombre al Kadósh Barúj Hú

    Dicha forma de aprehender la vida como un todo se traduce en el modo en el cual el judaísmo percibe la relación del hombre con su semejante y la relación del hombre con la fuerza generadora y máxima identidad de toda la realidad: el Kadósh Barúj Hú.

    En el judaísmo estos dos aspectos son complementarios y se refuerzan constantemente. De esta forma el hombre tiene la posibilidad de desarrollarse en base a parámetros concretos y  evaluar la realidad en todos los aspectos en los cuales la vida se manifiesta.

    Como fue explicado en el item 1 toda filosofía y/o forma de pensamiento desemboca finalmente en un modo de vida y, por lo tanto, en una escala de valores. Es por ello que la educación judía y el estudio de la Kabalá se concentra en el fortalecimiento de la voluntad altruista ya que es justamente el egoísmo la fuente del mal. Pero, como hemos expuesto y desarrollaremos en más profundidad en el correr del curso, debe ser realizado en base a principios universales – objetivos y no solamente en base a nuestro sentir momentáneo.
    Dichos principios, como vimos, son las mitzvót que transmite la Torá, ya que a través del desafío constante en su aplicación nos confrontamos concientemente a nuestros deseos evaluando objetivamente si nuestro comportamiento es altruista o egoísta.

    Las mitzvót son los principios universales que rigen la armonía entre los hombres y los diversos planos de la realidad: material-sensorial, emocional, mental y espiritual. Como ya explicamos son objetivas, de la misma forma que lo son las leyes que controlan los fenómenos físicos que el hombre no inventa sino que des-cubre, ya que no dependen de lo que sintamos, pensemos, ni de nuestra intelectualización de la realidad.

    El hincapié en transformar el egoísmo en altruismo es el objetivo central de la educación judía, ya que el egoísmo nos hace perder objetividad al alejarnos de nuestra verdadera esencia.

    De este modo el hombre tiene la posibilidad de aprender a identificar el bien y elegir por su propia voluntad. Entonces logramos expandir y armonizar gradualmente nuestros limitados deseos con la voluntad del Kadósh Barúj Hú siendo ésta, en última instancia, nuestro verdadero anhelo, máxima aspiración e identidad.

    El dominio de una sabiduría se basa en el conocimiento de los códigos que

    nos conducen a la comprensión de los fenómenos a los cuales dicha sabiduría

    se dedica.

    En nuestra época en la cual la información circula vertiginosamente

    influenciando a la opinión publica sin ningún tipo de discernimiento

    previo, textos y manuscritos antiguos son masivamente publicados. En la

    mayoría de los casos dichos textos se hallan despropósitos del conocimiento

    de los códigos y objetivos por los cuales fueron escritos llegando al

    publico en traducciones e interpretaciones subjetivas. Esto da lugar a

    diversos malentendidos acerca de la índole, significado y propósito de los

    mismos, creando así una corriente de lectores aficionados a diversas formas

    del llamado “misticismo” “ocultismo”, “esoterismo”, etc. Estos “ismos”

    que manejan retazos incompletos de lenguajes y códigos han contribuido a

    aumentar la confusión y la desinformación en lo que respecta a los

    objetivos del trabajo espiritual judío.

    Por eso nos enseñan nuestros Sabios que es fundamental aprender el

    lenguaje, la terminología y los objetivos de la Kabala de un verdadero

    iniciado en esta Sabiduría. De este modo evitamos interpretar dichos

    términos fuera del contexto de la Tora lo cual desemboca en sincretismos,

    pseudo – espiritualidad y mística.

    Ha llegado el momento de discernir en donde impera la confusión.

    Es fundamental explicar en forma sistemática el lenguaje y los códigos de

    la Sabiduría de la Kabala: “Sfat HaAnafim” /el Lenguaje de las

    Ramificaciones, señalando con exactitud la dirección y el objetivo de cada

    uno de sus conceptos.

     

     

    Clase numero dos

     

    10. La armonía universal

    El Talmúd de Babilonia en el tratado Brajót página 17a  nos dice en nombre de los Sabios de Iavne:

    Yo soy una creación y mi prójimo también. Mi trabajo está en la ciudad y el suyo en el campo. Yo me levanto temprano para hacer mi labor y él para hacer la suya. Así como él no presume de realizar mis tareas, tampoco yo presumo de realizar las suyas. Ya que se nos ha enseñado: Aquél que produce más y aquel que produce menos son iguales en tanto sus corazones estén dirigidos hacia el cielo.

    La humanidad es análoga a un gran cuerpo compuesto por distintos órganos, cada uno con diferentes funciones pero con el objetivo común de servir al bienestar del hombre. El hombre está sano cuando cada célula de cada órgano trabaja para que éste pueda servir al cuerpo.
    En cambio, si una célula se desliga de su función y responsabilidad con respecto al órgano al cual pertenece y trabaja para sí descuidando su relación con el resto del cuerpo, ello afectará a todo el sistema debilitando a la propia célula que generó dicho desequilibrio.

    Toda cultura y civilización cumple una función en el contexto del gran cuerpo de la humanidad. Cada individuo tiene una función irreemplazable dentro del «órgano» al cual pertenece.
    La guerra entre diferentes pueblos y civilizaciones es similar a un cuerpo enfermo. Cuando el deseo de recibir egoísta induce a un individuo o a un grupo a pretender que el «órgano» al cual pertenece sea el único válido está actuando en contra de la ecología espiritual, o sea de las leyes con las cuales el Kadósh Barúj Hú manifestó la Creación. En cambio, cuando todos los pueblos se unen con la intención de beneficiar al gran cuerpo que conforma la humanidad todos reciben por igual:  uno produce materia prima, otro la desarrolla, etc.
    Cada ser, comunidad, etc. aporta de acuerdo a su verdadera naturaleza y vocación y de esa forma comparte todo y se unifica bajo el objetivo común: el bienestar del hombre. Es así como cada ser humano, comunidad, cultura y civilización, logra expresar su potencial en forma constructiva de acuerdo a su índole y característica. Sólo así podrá surgir el bien que conduce a la armonía universal.

     

    11. El bien y el mal

    Amarás a tu prójimo como a ti mismo

    Levítico 19:18

    No hagas al prójimo lo que no quieras que te hagan a ti
     Talmúd Babli, Shabat 31

    Hasta no definir nuestro objetivo el bien y el mal son relativos y todo queda aparentemente abierto ante nosotros.
    En cuanto definimos conciente o inconcientemente nuestro objetivo, el bien y el mal adquieren definición.

    El bien es todo aquello que nos acerca al objetivo mientras el mal es lo que nos aleja de él. Sin embargo, aún estamos dentro del ámbito de lo relativo, ya que si el objetivo que nos propusimos no es real estaremos invirtiendo nuestro esfuerzo en vano. Asimismo, si el objetivo de un malvado es hacer daño todo lo que lo ayude a lograrlo para él será «el bien» ya que lo acerca a «su» objetivo.

    Los diferentes estratos de comprensión de la Torá, como la Halajá, el Midrash y, principalmente la Kabalá que incluye a todos los niveles de la Torá nos transmiten la sabiduría interior de la vida a través de la cual el hombre puede tomar conciencia de los verdaderos objetivos y de cómo alcanzarlos. Así superamos el ámbito caótico y de cambio constante que resulta al vivir reaccionando a nuestro sentir momentáneo. Esto sucede cuando logramos definir objetivamente dónde reside el bien y dónde el mal. Entonces, surge la comprensión del objetivo de bien por el cual el Kadósh Barúj Hú manifestó la Creación y así comenzamos a definir qué es realmente el bien y qué es el mal.
    Sólo entonces el bien será «verdadero» y podrá acercarnos al objetivo.

    12. El objetivo

    Nos transmite el libro del Zóhar que el objetivo de la Creación del hombre es la plenitud y completitud absoluta. La cual surje solamente cuando creamos el «espacio apropiado», tal como fue descripto en el item 5 “Leyes espirituales”.

    La Creación, como el cuerpo, es completa y perfecta cuando todos sus componentes actúan armónicamente.  Recordemos que el cuerpo está sano cuando cada célula de su repectivo órgano trabaja para el bien del cuerpo. Análogamente, cuando cada individuo tranforma su egoísmo en altruismo actuando en pos del bien colectivo surge el espacio para la plenitud.

    Así como el cuerpo es perfecto en su conjunto y no en sus partes aisladas, la Creación es también completa en su totalidad.
    La perfección es el logro de la armonía entre las partes siendo que cada individuo necesita de su prójimo y de la sociedad para realizarse. Por ello, y solamente, cuando cada individuo canaliza su energía en pos del bien colectivo surge la perfección.

    La vida basada en la satisfacción momentánea nos desvía de dicho objetivo. En cambio las mitzvót nos ayudan a armonizar nuestros actos presentes en pos del objetivo que incluye a todo y a todos, ver item 1 ³Tres formas generales². Por dicha razón un gran principio general (mitzvá) y original de la Torá, como lo expresó Rabí Akiva es: Amarás al prójimo como a ti mismo. Todo acto que nos desvía de dicho objetivo retrasa la manifestación del bien absoluto, dado que a través del amor y el compromiso con el prójimo logramos la fusión (dvekút) con nuestra máxima identidad donde todos los conflictos encuentran su resolución: el Kadósh Barúj Hú.

    13. El camino del hombre

    El camino del hombre puede realizarse por 2 vías:

    a) Inconcientemente (y finalmente) sufriendo y reaccionando sin dirección objetiva a causa de su         ignorancia (item 1a y 1b).

    b) Concientemente al definir, a través del estudio interior de la Torá y la práctica intencionada de las  mitzvót los límites entre el bien y el mal, lo real y lo imaginario (ver item 1c).

    14. Las mitzvót

    Las mitzvót ayudan a trascender el egocentrismo, ya que a través de su práctica el hombre comienza a comprender que el mundo no comienza ni termina en él.

    Las mitzvót nos brindan parámetros para medir nuestro grado de altruismo y egoísmo, son coordenadas espaciales y temporales de expansión y contención de nuestros deseos.

    Las  mitzvót tienen una y única fuente: el Kadósh Barúj Hú.
    Para nuestro mejor discernimiento nuestros Sabios z”l las ordenaron en dos grupos generales:

    (I)

    a) Mitzvót que ayudan al hombre a discernir si su relación con el prójimo es altruista o egoísta (ben adám la javeró).

    b) Mitzvót que orientan al hombre en pos de la energía de vidas que nutre toda la Creación y su máxima identidad: el Kadósh Barúj Hú (ben adám laMakóm).

    (II)

    a) Mitzvót de expansión de la voluntad (asé).

    b) Mitzvót de contención del deseo (lo taasé).

    15. (Ia) Mitzvót ben adám la javeró,
    (Ib) Mitzvót ben adám laMakóm

    Ia) Las mitzvót que relacionan al hombre con su prójimo (ben adám la javeró) nos ayudan a comprender que las necesidades de los otros son tan importantes como las propias y cuando no están resueltas nos afectan a todos por igual. Así el hombre puede lograr incorporar la noción de unidad dentro de la aparente multiplicidad de la realidad, ya que cuando el objetivo de los hombres es similar se unen en pos de él y «la unión hace la fuerza».  El bien colectivo es el objetivo que nos une y responsabiliza mutuamente, primero hacia nuestro entorno, familia, amigos, luego hacia la comunidad y el mundo todo.

    Ib) Las mitzvót que relacionan al hombre con el Kadósh Barúj Hú (ben adám laMakóm) nos transmiten «el ritmo» de recepción de la plenitud de Su Luz Infinita y así fusionarnos, devekút, en El, ver item 4 “Si lo conociera sería El”.

    ¿Cómo el hombre puede fusionarse con el KadóshBarúj Hú?

    La comprensión de este concepto requiere una introducción para acceder a los fundamentos de la espiritualidad judía y por ende a sus mecanismos educativos.

    Así como los objetos materiales se separan o dividen cortándolos, las existencias espirituales se separan cuando poseen objetivos disímiles. Cuanto mayor es la diferencia en el objetivo mayor será la distancia espiritual. Como ya lo explicamos, un ejemplo de ésto es el cuerpo humano:  nuestro cuerpo está compuesto por distintos órganos, cada uno con diferentes funciones, pero con un y único objetivo:  servir al bienestar del hombre. El hombre está sano cuando cada órgano trabaja para este cometido. En cambio, si cada órgano trabaja para sí descuidando su relación con el resto del cuerpo, éste se resentirá y finalmente el propio órgano se verá afectado.

    Ello significa que cada célula y cada órgano estarán en armoníacon el cuerpo y entre ellos mientras su objetivo sea común. Lo mismo sucede con las almas humanas a pesar de estar revestidas en diferentes cuerpos cuando su objetivo es similar, el bien colectivo, entonces nos unificamos y somos uno con la Fuente Infinita.

    La orientación de nuestra energía hacia el bien colectivo no surge instantáneamente sino que requiere una elaboración, un proceso educativo.

    Como ya expresamos en otros textos en el ámbito espiritual, a diferencia del material, el acto de dar y recibir no son simultáneos. Cuando alguien nos da un objeto tenemos la posibilidad de recibirlo inmediatamente. En lo espiritual no es necesariamente igual, el acto de dar y recibir no son simultáneos. Quien enseña una sabiduría no tiene garantía alguna de que ésta sea recibida sino que el alumno tendrá que esforzarse con el fin de aprehenderla.

    La Torá nos transmite que el Kadóh Barúj Hú «demoró» 6 días en crear el Mundo y 40 en dar la Torá a Moshé en Sinái.
    Eso nos enseña que no es suficiente con dar sino que debemos enseñar cómo recibir correctamente el conocimiento. En hebreo, el verbo recibir proviene del vocablo Kabalá (recepción).
    Kabalá es la sabiduría que nos enseña cómo recibir los diferentes grados de la sabiduría que nos transmite la Torá.

    La Torá, a través de sus sabios, nos enseña cuál es el modo de aprehender la sabiduría, pero será cada individuo de acuerdo a sus características espirituales quien des-cubra «su forma» de lograrlo. Decimos «su forma» ya que cada individuo tiene una función irreemplazable en el logro de la armonía y cuando la alcanza se completa una nueva parte del gran «puzzle universal».

    Cuando encontramos nuestro «lugar» (makóm) revelamos la fuerza altruista que está latente en nuestro interior aguardando el momento para manifestarse.

    Cuando cambiamos el lugar de una pieza de cualquier mecanismo todo el sistema dejará de funcionar correctamente y la pieza dejará de dar su potencialidad a dicho sistema. Lo mismo sucede con el hombre, cuando no «está en su lugar» (makóm) surge el egoísmo ya que al no encontar cómo manifestar armónicamente su energía la expresará negativamente.

    Cuando des-cubrimos «nuestra forma» de dar, de ser útil a la familia y a la sociedad, no sentimos falta por ser ni por poseer lo del otro sino, por el contario, buscamos ayudar al prójimo a des-cubrir su vocación, a formar su familia, etc., a encontrar «su lugar».

     

    16. (IIa,b) Mitzvót asé, mitzvót lo taasé

    La Torá no es determinante sino que nos ayuda a encontrar los parámetros de lo posible y necesario para cada etapa y momento. Las mitzvót de expansión (asé) y de contención (lo taasé) nos indican cuándo actuar y cuándo posponer nuestros deseos limitándolos en pos de una futura expansión.
    Cuando deseo algo me detengo, discierno y de esa forma puedo prever las consecuencias a corto y largo plazo (ver item 1c).

    La Kabalá define «el mal» como un aspecto con el cual aún no estamos preparados para relacionarnos pero que, llegado el momento, también allí se revelará el bien.

    El Kadósh Barúj Hú todo lo hizo para bien y queda en nosotros, discerniendo en las leyes de la Torá, des-cubrir la forma y el momento para extraer el bien oculto en cada ser y aspecto de la realidad.
    La misma energía que destruye puede construir cuando la aplicamos en la forma adecuada.

    Nos expresa el libro de Kohélet ³Todo tiene su tiempo …².
    La Creación es el «gran proyecto» y como todo plan tiene sus principios y fases de desarrollo.

    La Halajá le enseña al hombre el ritmo y la forma de relacionarse con dichos principios.
    La Kabalá nos ayuda a comprender el plan a través del cual haShem beneficia a las creaturas en forma infinita.
    A partir de dichas bases logramos edificar una sociedad en la cual cada individuo toma responsabilidad por su prójimo lo que nos conduce a percibirnos como diferentes partes de una misma unidad (ver item 10 “La armonía universal”).

    Al tomar conciencia de la realidad a partir de dichos parámetros, comenzamos a vivenciar la mitzvá de ³Amarás al prójimo como a ti mismo² ya no en base a nuestro parecer y sentir momentáneo, sino que des-cubrimos que «amar al prójimo como a ti mismo» es una ley objetiva como lo son las leyes físicas en el ámbito material. Entonces podemos percibir el orden de causas y consecuencias a nivel de nuestros deseos, emociones y pensamientos de la misma forma que sucede con los fenómenos físicos.
    Así, el bien se torna objetivo ya que comprendemos que el principio ³Amarás al prójimo como a ti mismo² como el resto de las las mitzvót contenidas en la Torá trascienden la índole humana adquiriendo una dimensión de leyes universales, únicas capaces de combatir la raíz del mal: el deseo egoísta de recibir.

    17.  El proceso educativo

    Un bebé no está preparado para alimentarse de la misma forma que un adulto. Está desprovisto de dientes, su aparato digestivo aún no está desarrollado y por lo tanto aún no puede digerir ciertos alimentos.
    Su relación hacia el mundo exterior es pasiva dado que recibe lo que le dan sus padres. Los adultos disciernen y deciden por él siendo que él aún es incapaz de diferenciar entre lo que le hace bien y lo que puede dañarlo.

    En los mundos espirituales, como en el vientre materno, el alma no posee conciencia de su deseo ya que sus necesidades son saciadas aún antes de manifestarse.
    Cuando «llega a este mundo» surge el deseo en forma general y los padres alimentan, le brindan amor y toda su experiencia al nuevo ser. Es el comienzo de la manifestación de la deseo, aún inconciente, ya que no sabe con qué ni cómo satisfacerse, sólo desea saciarse.

    A medida que el hombre desarrolla su deseo comienza a intensificarse y expandirse cada vez más sobre todos los ámbitos de la realidad, instintos, emociones y pensamientos. Por ello el hombre procura su vocación, su pareja, «su lugar».

    La Torá nos brinda un sistema educativo con el fin de saber cómo relacionarnos con el deseo en cada etapa de la vida.  Por el contrario, cuando ignoramos el orden y el ritmo de aprehensión de la realidad atraemos sobre nosotros, nuestros hijos y la sociedad situaciones para las cuales aún no estamos preparados, y será como darle a un bebé alimento para adultos.
    Ello es lo que la Torá define como kedushá y tumá.


    18.  Kedushá, tumá y brajá

     

    Kedushá

    y tumá representan dos formas de aprehender la realidad.
    Kedushá nos indica la energía que estamos aptos para recibir y emplear positivamente.
    Tumá, en cambio, es la energía que aún no estamos capacitados para utilizar.
    Tumá señala la forma de recepción que finalmente genera destrucción a nivel individual y colectivo.
    Tumá es producto del placer momentáneo y egoísta sin evaluar sus futuras consecuencias.

    Ejemplo:
    El cuerpo debe ingerir la cantidad y calidad de alimento que le provea la energía para funcionar correctamente. Si comemos en exceso generaremos un desequilibrio y finalmente enfermedades, ya que sobrecargamos al cuerpo con energía que no puede asimilar. También debemos poner cuidado en el tipo de alimento, si no es balanceado el cuerpo generará colesterol, o azúcar, etc.

    Análogamente sucede con nuestra energía instintiva, emocional, mental y espiritual. Cuando atraemos instintos, emociones, pensamientos y energías que aún no sabemos manejar generaremos graves desequilibrios en la ecología espiritual del individuo y la sociedad.

    La forma de relacionarnos con la kedushá es la brajá.
    Brajá se traduce comunmente como bendición.
    Brajá es la reflexión mental, emocional y verbal que antecede la relación del hombre con el mundo de la kedushá.
    La brajá es el discernimiento dentro del ámbito de la kedushá..
    Previo al acto de acercarme a la kedushá – energía que estamos aptos para recibir y emplear positivamente -discierno y tomo conciencia a través del pensamiento, el sentimiento y la palabra del origen de mi deseo y de la forma en que éste se expande hacia todos los ámbitos de la realidad.

    Cuando la vida está basada en la kedushá y la brajá surge la conciencia superior ya que el hombre ahora se relaciona hacia el prójimo y todos los ámbitos de la realidad concientemente, previendo la consecuencia de sus actos y ya no en forma mecánica e instintiva, tal como fue expicado en el item 1 “Tres formas generales”.

    Clase numero tres

    19. La iniciación, el proceso educativo que atraviesa el deseo de la Neshamá

    Para que el Hombre logre transformar sus ansias de recibir – egoísmo – en altruismo, deberá pasar por cuatro etapas generales en la educación del deseo y el fortalecimiento de la voluntad:

    Brít Milá
    Bar y Bat mitzvá
    Jupá
    Muerte

    Cuando decimos el Hombre nos referimos al concepto hebreo Adám, el cual fue creado masculino y femenino, Bereshít 1:27.
    La Kabalá nos transmite que en los «mundos superiores» el alma se encuentra en estado de unidad y cuando
    «llega a este mundo» se divide en dos aspectos.
    A partir de Adám surgen Adám y Javá, Caín y Abel, etc., etc. hasta desembocar en nuestro mundo actual.

    El desarrollo que comienza en la unidad y posteriormente desemboca en la multiplicidad de aspectos y seres es impulsado por la energía más poderosa de la Creación:  el deseo del alma de recibir la plenitud Infinita.

    La concretización armónica de este proceso no sucede automáticamente sino que le exige al hombre activar lo más interior y profundo de su ser. Hasta no orientar nuestra vida concientemente hacia dicho objetivo, que debe abarcar a todos los seres y ámbitos de la realidad (como fue explicado en el item 10 La armonía universal), el mal surgirá cada vez con más intensidad  como la «fuerza policial» necesaria mientras el hombre
    no respete las leyes espirituales consecuencia de la ignorancia y el egoísmo.

    Cuando tomamos conciencia de nuestra verdadera naturaleza y de la unidad de todos los seres, ver item 4 Si lo conociera sería El, nuestro deseo insaciable de recibir se transformaen voluntad de dar y beneficiar al prójimo.  Sólo entonces estaremos preparados para recibir realmente la Torá y poner en práctica las mitzvót en su índole interior.

    La mujer y el hombre son dos mitades siendo el casamiento, la educación de los hijos y la influencia positiva a la sociedad los componentes imprescindibles para la realización espiritual.
    La Torá nos transmite instrucciones precisas, mitzvót, las cuales concientemente aplicadas nos conducen al objetivo.


    20. Brit milá

    Es la etapa preliminar para la formación de la voluntad espiritual. Mediante la realización del brit milá le damos la posibilidad a nuestros hijos de sobreponersea las influencias más burdas del deseo.
    La fuerza de los instintos es insaciable; en cambio, cuando la ubicamos en su justo lugar nos proporciona la energía para traer luz y plenitud a todos los ámbitos de la vida.

    El brit milá es una iniciación. No obstante, para que el camino espiritual judío se concretice debemos darle continuidad a través de una educación que fortalezca constantemente la voluntad altruista.  Por ello observamos que las mitzvót actúan directamente en los deseos del hombre manteniéndolo alerta contra el mayor de sus enemigos: el egoísmo en todas sus manifestaciones.

    21. Bar y Bat mitzvá

    Cuando el niño y la niña llegan a la adolescencia surge la fuerza de la energía creadora, fuente de vida y plenitud.
    Como toda energía requiere sumo cuidado ya que con ella podemos construir y recibir inmenso placer o, si la empleamos incorrectamente, puede ser la fuente de los mayores sufrimientos.

    A modo de ejemplo:
    Previo a la adolescencia el niño es como una persona que posee diez monedas.. ¿Cuánto bien o mal puede hacer con dicha suma?
    En cambio, el adolescente es como un gran financista. Cuando se posee millones se requiere de criterio para emplear el dinero correctamente.  Ahora son necesarios abogados, contadores, cajas fuertes, guardias, computadoras, etc.

    En el momento en que surge en el adolescente la energía creadora es deber de los padres, educadores, brindarle los principios para que sepa utilizar su energía en forma correcta.
    En dicha etapa la Torá nos indica que llegó el momento de iniciar a los jóvenes en las leyes de manifestación y contención del deseo, mitzvót asé y lo taasé, ver item 16. (IIa,b) Mitzvót asé, mitzvót lo taasé. De esa forma colaboramos en la creación de una sociedad altruista basada en principios universales y no simplemente en el sentir momentáneo.

    22.  Jupá

    De acuerdo a la Torá el hombre y la mujer deben encauzar positivamente sus energías en pos de la continuidad de la vida.  Por dicha razón el ideal judío es la familia ya que nos brinda el marco propicio para que el hombre y la mujer se realicen plenamente manifestando sus instintos, emociones y pensamientos en forma armónica. En familia aprendemos a compartir y asumir la responsabilidad por nuestros hijos y a entender a nuestros semejantes y a la sociedad.

    El casamiento es el estado que permite a cada uno de los integrantes de la pareja pasar del período pasivo y receptivo que prevaleció  hasta entonces a una etapa en la cual el centro es el dar y el comprender:  a su pareja, a sus hijos y a la sociedad.

    En esta etapa el hombre (adám) comienza realmente el conocimiento espiritual, la conciencia comienza a trascender los límites de sí mismo. Comprometiéndose ante las necesidades del prójimo se expande a nuevos aspectos de la realidad. Ahora actúa como su origen, como el Kadósh Barúj Hú. Es el comienzo del altruismo.

    23.  Muerte

    Las tres etapas mencionadas Brit milá, Bar y Bat mitzvá y Jupá son tres niveles de iniciación que, como fue explicado, están destinadas a la transformación del deseo egoísta inconciente en conciencia altruista. De esa forma el hombre logra la fusión con el origen de toda la realidad y su máxima identidad: el Kadósh Barúj Hú.

    Generalmente estas tres etapas no son suficientes para la gran mayoría de los hombres permaneciendo su deseo, aún después de la muerte, atraído hacia el plano material-sensorial como un fin en sí mismo.
    La «experiencia» de la muerte ayuda a la desidentificación con el plano corpóreo.  Dicha experiencia es «vivida» por cada neshamá en forma diferente de acuerdo a la conciencia espiritual que alcanzara en su vida.

    El alma se dirige siempre hacia donde su atracción la impulsa y lo que no fue resuelto en el plano material-sensorial volverá a él para completar la transformación del egoísmo en altruismo. A este proceso se lo denomina guilgul, o sea el mecanismo que hace que el deseo del alma rote por los diferentes estratos de la realidad, tanto material como espiritual, hasta que supera concientemente todas las formas que el egoísmo adquiere.

    El hombre «está» donde «está» su deseo.

    La educación judía, cuando es aplicada correctamente, nos brinda la comprensión delos principios espirituales para sobreponernos a los estados inferiores-egoístas de la realidad que desembocan en el caos personal y colectivo.
    A través del altruismo logramos despertar nuestra conciencia superior de la realidad donde todo es Luz y armonía infinita.
    1a.Dijeron nuestros sabios z’l:
    No existe hierba alguna en este mundo que no esté regida por un ángel que le ordena crecer.

    ¿Cómo se genera nuestra realidad?

    Todo lo que sucede en nuestra realidad es el resultado de una serie de encadenamientos de causas y consecuencias espirituales generadas desde la causa primera: la voluntad del Kadósh Barúj Hú de dar plenitud y completitud a todo lo creado denominado en el lenguaje de la Kabalá: Infinito en hebreo Ein – Sof.

    Cuando decimos espiritual nos referimos al ámbito de la vida que nos posibilita el acceso a las causas, en tanto que material son las consecuencias generadas por dichas causas.
    Cuando observamos un objeto, un libro por ejemplo, tenemos ante nosotros el resultado de la elaboración intencionada de alguien que sintió deseo de expresar ciertas ideas; por lo tanto pensó, escribió y finalmente publicó el libro.

    Lo mismo sucede con todos los procesos, desde el detalle más pequeño hasta la Creación en su totalidad. Todo obedece a causas interiores-espirituales que posteriormente se manifiestan en la realidad material.
    Pregunta y responde el rey Shlomó en el libro de Proverbios (Mishlei):
    ¿Quién es sabio? Quien prevee lo que va a nacer, o sea, quien conoce las causas, lo espiritual, y por lo tanto puede prever la concretización de las consecuencias, lo material, que cada pensamiento, sentimiento y acto van a generar.

    La comprensión de estos conceptos en su profundidad exige una amplia y exahaustiva explicación ya que los sabios siempre revelaron la sabiduría poniendo cuidado en no exponerla a aquel que no esté apto para recibirla.
    Como ya hemos explicado en varios de nuestros escritos el trabajo espiritual del pueblo de Israel consiste en transformar el egoísmo en altruismo para lograr así la fusión con el Uno sin segundo el Kadósh Barúj Hú y, por ende cuando el hombre no está preparado aún para emprender dicha labor corre el riesgo de distorsionar la sabiduría de la Kabalá.  Esto sucedió muchas veces a lo largo de la historia lo cual generó muchos malentendidos sobre el propósito de esta sabiduría y el trabajo espiritual de Israel.

    Nuestros sabios nos enseñan que los aspectos más profundos de la sabiduría siempre fueron expresados en un lenguaje alegórico por lo cual es imprescindible haber sido iniciado en dichos códigos para comprender su real significado y objetivo. Por dicha razón nos indicaron que no se traen relatos alegóricos, agadót y midrashím, como fuente halájico-jurídicas ya que éstas son herméticas para el no iniciado.

    En la redacción del libro del Zóhar, Rabí Shimón encomendó a Rabí Aba que él sea quien escriba las explicaciones más profundas de la sabiduría dado que sabía como exponerlas en forma alegórica.
    Nos relata nuestra tradición en cada detalle de sabiduría kabalística que revelaba, Rabi Shimón expresaba: Ay de mi si revelo y ay de mi si no revelo! Si no revelo se ha de perder la sabiduría ya que ésta no llegara a mis alumnos, y si revelo, sabrán como utilizarla?

    El dilema no era simple ya que de no revelarla, la sabiduría tampoco llegaría a los alumnos verdaderos, y revelándola, fracasarían en su aplicación aquellos que no estuviesen espiritualmente preparados. Es así que Rabí Shimón eligió emplear una forma particular de transmisión a través de Rabi Aba, quien era experto en la escritura alegórica de modo tal que la sabiduría esté suficientemente revelada para los capaces de acceder a ella y oculta para los que aún no están preparados. Sin embargo, en el Zóhar se nos asegura que en un futuro la sabiduría se ha de revelar generación tras generación en su totalidad, y al hacerlo el pueblo de Israel pondrá fin a su exilio que es primordialmente de carácter espiritual.

    2a. Las sefirót

    La Kabalá nos «describe», a través de las sefirót, los estados que atraviesa la conciencia en su aprehensión de la realidad. Este proceso es el resultado de un orden preciso de causas y consecuencias espirituales generadoras de los diferentes ámbitos de la existencia. Dicho estudio des-cubre ante nosotros el objetivo de la Creación y la forma de alcanzarlo armonizando así el ser con el saber, el hombre con su semejante y con su origen infinito y máxima identidad: el Kadósh Barúj Hú.

    Las sefirót se denominan: Kéter, Jojmá, Biná, Jésed, Gvurá, Tiféret, Nétzaj, Hod, Iesód y Maljút  y se
    presentan en varias categorías y configuraciones indicándonos así las diferentes formas de recepción y transmisión de la realidad: la Luz Infinita, en hebreo Or Ein – Sof.

    A pesar de que en muchas situaciones las sefirót son denominadas en los textos kabalísticos con los mismos nombres, debemos saber que de acuerdo al lugar que ocupan en el encadenamiento de los mundos, estás ponen de manifiesto diferentes aspectos de la Luz Infinita. Por dicha razón cuando profundizamos en el estudio de la sabiduría de la Kabalá es imprescindible poseer un entendimiento previo que nos de la experiencia y la imagen interior de las mismas, para así poder entender la diferencia entre cada una de las categorías y configuraciones de sefirót.
    A lo largo de nuestro texto expondremos y explicaremos en forma general y a veces particular algunas de estas categorías y configuraciones.

    3a. Diez nombres

    Los diez nombres que la Torá utiliza al referirse a la Energía Creadora representan diez formas generales en que la Esencia del Creador se manifiesta ante nuestra percepción. Dichas formas en que recibimos la realidad espiritual son expresadas y articuladas mediante las diez sefirót. Lassefirótson las envolturas que cubren la plenitud de la Luz que se expande desde la Esencia del Creador, en hebreo Atzmút, con el objeto de que recibamos la plenitud de Su Luz. Cadasefirámanifiesta un grado general, un atributo de la Luz Infinita.

    Esto es similar a la luz del sol que es imposible mirar sin los lentes apropiados.  Ante el esplendor del sol la luz de una vela se hace imperceptible, pero cuando el sol se oculta y anochece, la luz de la vela se hace visible.  De la misma forma cada sefirá nos revela diferentes grados de la Luz Infinita y, grado a grado, sefirátras sefirá, el hombre se acerca a la plenitud de la Luz.

    Sin las sefirótnos sería imposible recibir la plenitud de la Luz que se expande desde el Kadósh Barúj Hú, ya que no tendríamos existencia ni conciencia sino que sería todo Infinito, sin posibilidad de discernimiento conciente por parte del deseo de la Neshamá.

    4a. Conductos espirituales

    Las sefirót, de acuerdo al lenguaje de la Kabalá, son los conductos y recipientes espirituales que transmiten y revelan la Luz del Infinito, energía de vida que llena todos los mundos y seres.
    Todo ser, fenómeno, grado y manifestación de la realidad, está conformado por esta escala y gradación de «recipientes» de la Luz.  Este sistema de transmisión-recepción de la Luz Infinita, que también se manifiesta en el mundo físico y el cuerpo, tiene su origen en los mundos espirituales. Allí las sefirót no están revestidas por materia física o corporal alguna, sino que manifiestan tendencias sutiles de la voluntad, es decir, direcciones del fluido de la Luz.  Estas características de los movimientos de la voluntad se revelan tanto al emitirse la Luz desde el Infinito hacia los mundos, como en la labor espiritual del hombre al elevar su voluntad y proyectar esa misma Luz en su dirección original, o sea tomando conciencia y fusionándose a la plenitud de la Luz Infinita emitida desde la raíz y origen de la Creación, el Kadósh Barúj Hú.

    El libro del Zóhar define estos movimientos con los términos «de arriba hacia abajo» para la proyección de la Luz superior, es decir la manifestación del proceso creativo desde la unidad primigenia a la multiplicidad del mundo material. En este caso los textos lo denominan diez sefirót de or iashar. En cambio cuando el Zóhar expresa «de abajo hacia arriba» se refiere a nuestro trabajo espiritual, a la transformación de nuestro deseo de recibir en actos altruistas a través de la toma de conciencia de nuestra función en el «Programa de la Creación». En esta otra situación son denominadas diez sefirót de or jozer.

    Los mismos «conductos» son los que transmiten la Luz en ambas direcciones, siendo la voluntad la que rige este pasaje. Esto es lo que va a definir, como ya fue explicado, las diferentes categorías, configuraciones y nombres que las sefirót adquieren en los textos kabalísticos.  La Luz, en su índole de or iashar, siempre está presente, mas para nosotros sólo se revela al revestirse en nuestros actos concretos or jozermitzvót. Ello sucede, como constantemente recalcamos, cuando comenzamos nuestra labor espiritual concientemente al ir transformando nuestro deseo de recibir egoísta en altruismo ya que de esa forma nos acercamos paulatinamente a nuestra voluntad superior, al Kadósh Barúj Hú, que es la fuente infinita del altrusimo.

    5a. Categorías y configuraciones de sefirót

    En la Creación todo obedece a las relaciones entre la Luz y sus recipientes (or y klí), es decir en la forma en que recibimos la vida: altruismo oegoísmo, siendo la vida el or y nuestro cuerpo, el deseo de recibir, el kli.

    Dichas relaciones generan variadas influencias y configuraciones de las diez sefirót generando así los distintos grados de revelación del or dentro del kli. A partir de la codificación de las mencionadas relaciones, influencias y configuraciones surje el lenguaje de la Kabalá a través del cual los sabios logran articular y transmitir la sabidurá.

    El Ari z’l nos dice en su escrito ³Drush haDáat² que, en realidad las diez sefirót se pueden clasificar en cinco categorías denominadas: Kéter, Jojmá, Biná, Zair Anpín1 y Maljút, siendo que Zair Anpín incluye en si las seis sefirót Jésed, Gvurá, Tiféret, Nétzaj, Hod, Iesód.
    Estos principios son explicados extensamente en el libro Etz Jaim, Árbol de las Vidas, el cual muchas veces es malentendido por el lector no iniciado al interpretar textual y materialmente los conceptos espirituales expuestos allí alegóricamente. A medida que avancemos en nuestro estudio iremos aclarando estos conceptos, con mayor profundidad. Otro de los inconvenientes que se le plantean al no iniciado en el estudio del libro Etz Jaim es el hecho de que el Ari z¹l no expuso el texto en un orden de dificultad progresiva, de modo tal que se hace imposible su comprensión para principiantes. Esto se debe a que el Ari z¹l disertaba unicamente ante sus alumnos quienes eran todos sabios iniciados y experimentados en la sabiduría de la Kabalá.

    Es asi que no encontramos texto alguno en esta disciplina que no requiera importantes conocimien
    tos previos para tener una cabal comprensión de la misma, razón por la cual muchos son los que desistieron en el intento.

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