• Premio y Castigo

    recompensa y castigo

    PREMIO Y CASTIGO

     

    La literatura Rabínica se desarrolló en uno de los períodos más crueles de la historia judía. Las sangrientas guerras Roma, las persecuciones religiosas y la destrucción del centro nacional y religioso dejaron una profunda huella en el pensamiento filosófico y la creación literaria. El premio a una acción justa es la acción en sí y el castigo a un acto perverso, está incluido en el acto mismo. Así también, las palabras de los Sabios están acompañadas por una profunda y sincera creencia en el Juicio Final.

      

    PREMIO Y CASTIGO

     BEN Azái solía decir: Apúrate para cumplir con el precepto de la más mínima importancia y huye de la transgresión. Porque una acción meritoria lleva otra detrás de sí, y una transgressión, a otra; un pecado a otro. La recompensa de una buena acción es otra buena acción, y el pago del pecado es otro pecado.

    También decía: No desprecies a nadie, ni ridiculices nada; porque no hay hombre que no llegue a tener su día, ni cosa que no tenga su lugar.

    Pirkéi Avot 4:2

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    Nadie levanta un dedo sin que esto sea decretado desde arriba.

    T. B. Julin 7b

     

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    Rabí Eliézer, hijo de Yaacov, solía decir: El que cumple con un mandamiento, adquiere para sí un defensor y el que comete una transgresión, se ha agenciado un acusador. La penitencia y las buenas obras son el escudo contra el castigo.

    Pirkéi Avot  4:13

     

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    Al ver una calavera flotando en el agua le dijo Hilel: Porque ahogaste a otros, te ahogaron a ti y aquéllos que te ahogaron, serán ahogados a su vez.

    Pirkéi Avot  2:7

     

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    Es preferible una transgresión resultado de una buena intención, decía Rab Najmán bar Yitzjak, que una mitzvá sin ella.

    T.B. Nazir 23b

     

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    Decía Yehudá Hanasí: “El que ha cumplido con una mitzvá (precepto meritorio)- por ella misma y no para obtener recompensa, no debe alegrarse de haberla cumplido sólo con ese propósito. Esa mitzvá acarrea otras tras si. Tampoco debe apenarse el pecador sólo por el pecado que cometió. El deber acarrea otro deber y una transgresión a otra.

    Sifréi, Shalaj  112

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    Shimón ben Shétaj vio cómo un hombre perseguía a otro con una espada en la mano, hasta llegar a unas ruinas. Cuando el rabí llegó allí, la sangre escurría de la espada del perseguidor, mientras que el otro hombre estaba agonizando. Shimón ben Shetaj dijo: "¿Quién es el asesino, tú o yo? No he visto cometer el crimen, y, además, no soy más que un testigo. ¡Que aquél que conoce tus pensamientos te haga pagar tus acciones!”

    Una serpiente mordió al perseguidor y éste murió.

    T.B. Sanhedrín  37b

     

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    Akabiá ben Mahalalel decía: Piensa en tres cosas, y no caeras en poder del pecado: Sabe de dónde vienes, adónde vas y ante quién deberás rendir cuentas en el futuro. ¿De dónde vienes? De una gota fétida. ¿Adónde vas? A un lugar de polvo y de gusano. ¿Ante quién deberás rendir cuentas? Ante el supremo Rey de reyes, el Santo bendito sea.

    Pirkéi Avot 3:1

     

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    Decía Antígono de Sojo: "No seáis como esclavos que sirven a sus amos en espera de una recompensa, sino como esclavos que no esperan gratificación alguna; y que el temor del cielo sea sobre vosotros.”

    Pirkéi Avot 1:3

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    "Está escrito en Kohelet que el día de la muerte es mejor que el del nacimiento" (7:1).

    Cuando nace un niño nadie sabe qué hará, qué será de él. Cuando un hombre muere, todo el mundo sabe que fue y que hizo.

    Y comentaba Rabí Leví:

    Esto es semejante a dos barcos: uno que sale del puerto y otro que llega. Se alegran las gentes por el que se va y no por el que llega. Pero un hombre sensato dice: -Debe ser al contrario. No hay que alegrarse por el que se va, porque no se sabe que suerte va a correr. Hay que alegrarse por el que llega, porque ya hizo la travesía. Y llega en paz. Igual con el hombre. Cuando nace no sabemos cual va a ser su camino. Cuando muere, vemos cual fue.

    Shemot Rabá 98:1

     

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    Decía R. Shimón ben Lakish: "El término alianza se usa en relación con la sal (Vaikrá 11:13) y con el sufrimiento (Devarim 28:69). De ahí inferimos que al igual que la sal sazona la carne, el sufrimiento purifica los pecados del hombre.”

    T.B. Berajot 5a

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    LIBRE ALBEDRIO

     Dijo Rabí Janina bar Papa: Todo el que comete un pecado y se arrepiente de él, se le perdona de inmediato.

    T.B. Jaguigá 5a

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     Ni un justo logrará ocupar el lugar de un arrepentido.

    T.B. Sanhedrín 99a

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    Todo está en manos del cielo, fuera del temor al cielo.

    T.B. Beralot 33b

     

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    Decía Rabí Altiva: "Todo está previsto, pero también está dada la libertad de elección. El mundo es juzgado con bondad y todo depende de la calidad de nuestros actos."

    Pirkéi Avot 3:15

     

    EL JUSTO

     

    "El justo, cual palma florece -cual cedro del Líbano se multiplica” (Tehilim 92:12)

    Como la palma y el cedro que no fienen ni torceduras ni brotes superfluos, así el justo.

    Como la palma y el cedro dan una larga sombra que cubre mucho, así el justo que extiende sus ramas para amparar a todos.

    Como la palma y el cedro encumbran su copa al cielo, así el justo solamente a las alturas aspira.

    Como la palma y el cedro tienen un gran anhelo, así el justo anhela al Dios de los cielos.

                                                                                               Bereshit Rabá 41:1

     

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    Rabí Pinjás transmitía a sus discípulos esta enseñanza de Rabí Reubén.

    Si un hombre le regala a un pobre un centavo, ¿le devolvera Dios el centavo? No, pues muy bien puede suceder que al dar a un pobre un centavo, le haya mantenido con vida. Supongamos que un pan cuesta diez centavos, y el pobre no tiene más que nueve, ¿no le permitirá ese centavo adicional comprar el pan que necesita para no sucumbir de hambre?

    Dios dice al caritativo: "Salvaste la vida de un pobre; cuando venga el tiempo de que termine la tuya, yo te la restítuiré."

    Vaikrá Rabá 34:2

     

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    Dijo Raba: El mundo fue creado sólo para el perfecto malvado o para el tzadik perfecto.

    T.B. Berajot 61b

     

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    Bienaventurados son los tzadikim que tornan la justicia en misericordia.

    Bereshit Rabá 33:3

     

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    Dice Rabí Eleazar ben Azariá: ¿¿De qué vale la urbanidad si no hay Torá?, mas si carecemos de urbanidad nuestra Torá ya no es importante.

    Si no hay sabiduría, no puede haber respeto a Dios; pero si no hay respeto a Dios, ¿de qué vale nuestra sabiduría?

    Si no hay ciencia no hay inteligencia; pero si no hay inteligencia, ¿de qué sirve la ciencia?

    Si no hay pan, no hay estudio; pero si no hay estudio, ¿de qué sirve el pan?

    Solía también decir: Aquel cuya sabiduría supera sus buenas acciones, se asemeja a un árbol frondoso pero de pocas raíces; al soplar el viento lo arranca de cuajo y lo derriba a tierra; pues está dicho: "Y será como arbusto en el desierto y no verá la llegada del bien y vivirá en las arideces del desierto en tierra salitrosa e inhabitable (Yirmyiáhu 17:6). Pero aquel que sus acciones superan a su sabiduría, se asemeja a un árbol de poco follaje pero de muchas raíces; aunque todos los vientos de la tierra se desencadenen sobre él, no podrán moverlo; pues está dicho: "Y será como un árbol plantado sobre aguas subterráneas, que echa sus raíces hacia las ramificaciones de los ríos, no teme la venida del calor y conserva su follaje verde, no teme la sequía y no deja de dar su fruto.” (Yirmiyáhu 17:8).

    Pirkéi Avot 3:1

     

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    EL PREMIO EN EL MUNDO VENIDERO

     

    A los justos de este mundo los podemos comparar con un árbol situado en un lugar de pureza, pero con sus ramas extendidas en lo impuro. Si se le cortan las ramas, queda enteramente en una atmósfera de pureza. Así es como Dios aflige a los buenos, para que hereden el mundo venidero.

    En cambio, podemos comparar a los malos de este mundo con un árbol situado en un lugar impuro, con las ramas extendidas a la pureza. Si se le cortan las ramas, queda enteramente en lo impuro. Así Dios colma de su bondad a los malvados, para poder arrojarlos en lo más hondo de la miseria, como está escrito, "Hay caminos que al hombre le parecen derechos, pero al final son caminos de muerte.” (Mishléi 14:12).

    T.B. Kidushín 40b

     

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    En este mundo un perro puede transformarse en un león y un león puede llegar a ser un perro, pero en el otro mundo no puede un león llegar a ser perro, ni puede un perro ser león.

    Rut Rabá 3:2

     

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    Rabí Pinjás decía:

    Un rey ofreció un banquete e invitó a sus huéspedes. Pero dijo que cada uno debía traer en qué recostarse. Unos traían cojines, otros colchones, otros almohadas, y hubo quien trajo sillas y aún palos y piedras.

    El rey estuvo examinando lo que cada uno había traído y dijo:

    -Que cada uno se recline en lo que trajo.

    Los que se acostaron sobre palos y piedras decían:

    -¿Qué le parece al rey que sus invitados se tiendan sobre palos y piedras?

    El respondió:

    No basta que hayan manchado mi palacio y aún me están haciendo recovenciones!

    Cuando los malos se vayan al infierno dirán contra Dios:

    Queríamos la salvación y esto es lo que nos llegó!

    Pero el Señor les dirá:

    No fue mía, sino vuestra la culpa. Cada uno tiene lo que se merece.

    Kohelet Rabá 3:9

     

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    Rabí Yaacov decía: Este mundo es como el vestíbulo del mundo venidero; prepárate en el vestíbulo para poder entrar en el salon de los banquetes.

    También decía: Más vale una hora de arrepentimiento y de buenas acciones en este mundo que todo el mundo venidero: aunque vale más una hora de beatitud espiritual en el mundo futuro que toda la vida en éste.

    Pirkéi Avot 4:21,22

     

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    El Emperador Antonino le dijo a Rabí Yehudá Hanasí: Ambos, cuerpo y el alma se pueden liberar del juicio. ¿De qué forma? cuerpo puede decir: El alma es la que ha pecado, ya que el día que ha partido yo estoy echado como piedra sin movimiento en la tumba. Y el alma puede decir: El cuerpo es que ha pecado, ya que desde el día que me separé de él yo en el aire libre como un pájaro. Le contestó Rabí Yehudá Hanasí: Esto se puede comparar con una fábula. Un rey de carne y hueso que tenía un lindo jardin y en su interior crecían higos muy apetitosos y para cuidarlos colocó a dos guardianes: uno cojo y otro ciego. Le dijo el cojo al ciego: Yo veo unos muy apetitosos en el jardín. Ve y móntame sobre tus hombros, después yo los cortaré y nosotros dos los comeremos. Después de unos días llegó el dueño del jardín y les dijo: ¿Dónde estos apetitosos higos? Dijo el cojo: ¿Es que acaso tengo yo piernas para acercarme a ellos? Le dijo el ciego: ¿Es que tengo yo ojos para verlos? ¿Qué hizo el rey? Montó al cojo sobre el ciego y los juzgó como uno solo. Así el Bendito sea su nombre, toma el alma y la vuelca sobre el cuerpo y los juzga como a uno solo.

    T.B. Sanhedrín 91a

     

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    Dijo Rabá: Cuando una persona es juzgada (en el mundo venidero), se le pregunta si obró con justicia.

    T.B. Shabat 3la

     

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    El hombre prudente vive en paz con Dios, porque puede morir mañana. ¿Hay quién conozca cuando acaba su vida? Shelomó decía: ¡Qué tus ropas estén siempre limpias y relucientes!

    Dijo Yojanán ben Zacái: Un rey ofreció un banquete y llamó a muchos. Los listos se vistieron de prisa y bien aliñados fueron al banquete a la hora citada. Se quedaron esperando en la puerta del palacio.

    Los insensatos se dijeron: Tenemos mucho tiempo por delante, ya nos dispondremos. Se dieron a hacer sus antojos.

    Cuando llegó la hora del banquete, los que esperaban entraron a la alegre celebración. Vio el rey a los bien aperados y sonrió. Llegaron los insensatos que venían muy mal vestidos. El rey se irritó y los echó fuera del palacio.

    T.B. Shabat 153a

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