• Rabi Akiva, vida y enseñanzas

    rabi akiva

    RABI AKIVA

    Rabí Akiva (50-135 E.C.) nació en Yehudá y los primeros años de su vida están descritos en las coloridas tradiciones populares de las que podemos deducir que pertenecía una familia humilde y no recibió una educación regular. Durante su juventud trabajó como pastor para uno de los ricos de Jerusalén: Calba Sabúa. Al poco tiempo se enamoró de su hija Rajel. Esta aceptó ser su esposa a condición de que comenzara sus estudios en la Academia de Lod. Akiva partió a la Academia Rabínica y residió allí por espacio de 24 años. Cuando regresó a su hogar, transformado en uno de los más famosos sabios de Israel, lo hizo acompañado por miles de alumnos.

    Rabí Akiva no sólo se destacó por su conocimiento sino que dejó también una brillante generación de discípulos entre ellos Rabí Meir, Rabí Yoséi ben Jalaftá y Rabí Shimón Bar Yojái.

    En el año 132 E.C. estalló en Eretz Israel una revuelta contra Roma dirigida por Bar Cojvá, Rabí Akiva aceptó a Bar Cojvá como representante de la voluntad divina y tomó parte en el período de preparación del levantamiento. Después de tres años de cruenta lucha, el grito de indepenencia de Yehudá fue sofocado por las tropas romanas (135 E.C.), y comenzó uno de los períodos más terribles en historia de Israel: El Gobierno de Roma impuso severas prohibiciones al estudio de la Torá y el cuidado de las normas judías. Rabí Akiva comprendió el grave peligro físico y espiritual que amenazaba la existencia de Israel por lo que continuó con fervor sus estudios y dedicó gran parte de su tiempo a la enseñanza. Fue detenido mientras dictaba clases y condenado, como otros sabios de su generación, a una muerte cruel. Ni aún en la hora de su agonía, se quebrantó su profunda fe en el pueblo y en su Dios.

    Rabí Akiva fue un erudito en la literatura rabínica y estuvo cercano a las corrientes místicas y filosóficas que florecieron durante ese periodo.

    No sólo supo encontrar un lenguaje común con sus maestros y discípulos sino que también con los gentiles, desde los representantes de las altas esferas del gobierno hasta los simples soldados que cumplían su servicio en Yehudá. Múltiples son las leyendas de esos encuentros y ellas expresan mejor que cualquier otra fuente su concepción sobre la función que Israel debe cumplir entre los pueblos.

    Rabí Akiva concibió el estudio de la Torá como uno de los elementos esenciales para la existencia de Israel: “Así como el agua es para los peces – así es la Torá para Israel”.

    Rabí Akiva, que surgió de una de las familias más humildes de Israel y a pesar de ser testigo de uno de los períodos más crueles, fue un eximio optimista y siempre encontró palabras de aliento, acompañadas por una profunda creencia en el rol de Israel: “Benditos seáis Israel -que sois hijos del Señor”. Cuando sus compañeros prorrumpieron en llanto al ver la destrucción del Templo y las ruinas de Jerusalén. Rabí Akiva rio: -Ha pasado la hora del castigo, cercana está la hora de la Redención.

    Su profundo amor a Israel no eclipsó en ningun momento su visión universal. Destacó siempre en todo ser humano la imagen del Señor y halló en el versículo: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” el fundamento de la Torá.

    Las anécdotas de Rabí Akiva están acompañadas por un lenguaje chispeante, coloridas parábolas, vívidas imágenes de la naturaleza y simples y agudas enseñanzas.

    Rabí Akiva fue sin lugar a dudas no sólo el gran maestro de su generación, sino que imprimió también una profunda huella en el pensamiento judío de todos los tiempos.

    EL PASTOR

    RABI Akiva, pastor del ganado del rico Calbá Sabúa, tenía amistad con su hijo. La hija de éste se enamoró de Akiva, pues vio que era virtuoso y discreto. Consintió en casarse con él, a condición de que Akiva entrara como discípulo en la casa de estudios. La boda se celebró en secreto, y Akiva fue a estudiar. Cuando el padre de la novia se enteró de ello, la expulsó de su casa e hizo juramento de prohibirle el disfrute de sus bienes.

    Durante el invierno, Rabí Akiva y su esposa se vieron obligados a dormir en una granja. El le quitaba las pajas del pelo. Le decía: “Si tuviese dinero, te compraría una Jerusalén de oro (joya).”

    Un día pasó ante su puerta el profeta Eliahu bajo el aspecto de un hombre pobre. Golpeó a la puerta y les dijo: “Dadme un poco de paja. Mi mujer acaba de dar a luz, y no tengo nada sobre que acostarla.” Rabí Akiva entregó la paja y le dijo a su esposa: “Mira a ese hombre. No tiene ni siquiera paja.” Y ella contestó: “Vete a estudiar a casa del maestro.”

    Fuése Rabí Akiva y permaneció durante doce años en la casa de estudios. Cuando volvió, tenía doce mil discípulos. Oyó cómo un anciano le preguntó a su esposa: “¿Hasta cuándo seguirás siendo la viuda de un vivo?” Ella respondió: “Si él me escuchara, se quedaría otros doce años.” Entonces dijo Akiva: “Con tu permiso, lo haré.”

    Rabí Akiva se fue nuevamente y se quedó durante otros doce años en la casa del maestro. Cuando regresó, le seguían veinticuatro mil discípulos. Oyólo la dueña de casa, su esposa, y fue ante él. Sus vecinas le decían: “¡Pide prestados unos vestidos bonitos y adórnate!” Ella respondió: “El justo conoce el alma de su bestia” (Mishléi 12:10). Cuando llegó cerca de él, se postró y besó sus pies. Los discípulos la rechazaron, pero Rabí Akiva les dijo: “Dejadla. ¡Todo lo que es vuestro y mío, es de ella!”

    Calbá Sabúa se enteró de que un hombre importante había llegado a la ciudad. Se dijo: “Iré a él; quizás me anule el voto que hice.” Al llegar ante Rabí Akiva, éste le preguntó: “Sabiendo que ella se casaría con un hombre importante, ¿hubieras hecho ese voto?” Contestó: “No; aunque hubiese aprendido un solo capítulo, una halajá a una ley!” Entonces Rabí Akiva les dijo: “Yo soy su esposo.” Calbá Sabúa humilló el rostro, besó sus pies y le entregó la mitad de su fortuna.

    T.B. Ketuvot 62b-63a

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    Cierta vez Rabí Akiva preparó una joya de oro para su esposa. La vio la esposa de Rabán Gamliel, tuvo envidia de ella. Y se lo relató a su esposo. El le contestó: Si tú hubieras hecho (por mí), lo que ella hizo por él, yo hubiera hecho por ti lo que él hizo por ella. (Ella se cortó sus trenzas y las vendió para que él pudiera estudiar Torá).

    T.B. Shabat 86a

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    Durante trece años, Rabí Akiva estuvo sentado a los pies de Rabí Eliezer y Rabí Yehoshúa, estudiando, sin que ninguno de los dos sabios prestara mayor atención a su discípulo Cuando éste tomó la palabra por primera vez, presentando un argumento en favor de Rabí Yehoshúa, éste se dirigió a Rabí Eliezer y exclamó: “¿No es éste el pueblo que despreciaste? Sal pues ahora y enfréntate con él”. (Shofetim 9:31)

    T.J. Pesajím 6:3

    ENSEÑANZA

    Decía Rabí Akiva: “El silencio es la cerca en torno de la sabiduría.”

    Pirkéi Avot 3:13

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    Cuatro entraron al jardín (Pardés heb. : Iniciales de (P) Peshat: simple; (R) Remez: insinuación; (D) Derash: interpretación; (S) Sod: secreto; que son los cuatro métodos de estudiar el téxto bíblico: interpretación literal (simple), insinuación, alegoría y mística.):

    Ben Azái, Ben Zomá, Elisha ben Abúya y Rabí Akiva. Ben Azái observó y enloqueció. Ben Zomá observó y murió, Elisha ben Abúya cortó las amarras, Rabí Akiva entró en paz y salió en paz.

    Shir Hashirim Rabá 1:1

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    Dijeron sobre Rabí Akiva: En su vida dijo que nunca llega la hora de abandonar el Bet Midrash e interrumpir el estudio salvo en la noche de Pesaj y en la víspera de Yom Kipur. En la noche de Pesaj a fin de que los niños no estén fatigados y se duerman en el medio de la ceremonia. Y en víspera de Yom Kipur, a fin de que ayuden a dar de comer a sus hijos.

    T.B. Pesajim 109a

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    Dos hijos pequeños de Rabí Akiva murieron. Una gran muchedumbre se congregó para rendirles los últimos honores. Rabí Akiva se ubicó en un sillón y les dirigió las siguientes palabras: “Hermanos míos, ¡escuchadme! Aún cuando mis hijos hubiesen sido lo bastante grandes para ser novios, sentiría un consuelo en el gran honor que me demostráis. ¿Pero habéis venido para rendir ese honor a Akiva? No, hay muchos que se llaman Akiva. Lo habéis hecho por pensar que la Torá de Dios está en su corazón (Tehilim 37:31). Habéis venido para honrar la Torá y vuestra recompensa será grande. Volved en paz a vuestros hogares.”

    T. B. Moed Ktán 21b

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    Dijo Rabí Akiva: ¿Por qué motivo ordenó la Torá la ofrenda de los panes en Shavuot? Debido a que Shavuot es la época de la fruta de los árboles, dijo el Todopoderoso: “Ofrecedme los dos panes en Shavuot para que los frutos que crecen sobre los árboles sean bendecidos”.

    T.B. Rosh Hashaná 16a

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    Decía Rabí Akiva: “El que desposa una mujer a la que no ama, infringe cinco preceptos de la Torá: 1) No te vengarás. 2) No guardarás rencor. 3) No odiarás a tu prójimo. 4) Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 5) Que tu hermano viva contigo. (Pues si la odia, deseará que se muera).

    Avot de Rabí Natán 26

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    Rabí Akiva andaba descalzo por Roma cuando lo encontró un eunuco. Este le dijo: “Un noble anda a caballo, un hombre libre en un asno, un plebeyo en sus propios zapatos; pero un hombre descalzo es como si estuviera muerto.”

    Rabí Akiva le contestó: “La belleza del hombre es una barba de buen parecer. Una mujer es la alegría de su corazón, y los hijos son la herencia que otorga el Eterno. ¡Ay del que carezca de los tres!”

    Kohelet Rabá 10:7

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    Dijeron nuestros sabios: Siete preceptos ordenó Rabí Akiva a su hijo Rabí Yehoshúa:

    -Hijo mío, no habites en un lugar alto de la ciudad y estudia y no habites una ciudad cuyos dirigentes son estudiosos. No entres precipitadamente a tu casa y con mayor razón no en la casa de tu compañero, y no te prohibas de calzado a tus pies. Madruga y desayuna, en verano por el calor y en invierno por el frío. Haz de tu sábado un día secular y no dependas de nadie. Y trata de estar en buenos términos con aquél a quien le sonríe la hora.

    T.B. Pesajim 112b

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    Rabí Akiva solía decir: Las burlas y la frivolidad no conducen al hombre a la inmoralidad. La tradición es una cerca en torno de la Torá; los diezmos constituyen una cerca en torno de la riqueza; los votos son la cerca protectora de la abstinencia y el silencio es la cerca de la sabiduría. Opinaba: El hombre es amado por haber sido creado a imagen y semejanza de Dios. Pero fue un amor aún mayor el habérselo hecho saber, como está escrito: “El hizo al hombre a imagen de Dios” (Bereshit 9:6). Los israelitas son amados porque se les llama hijos del Omnipotente; pero fue un amor aún mayor el habérselo hecho saber, como está escrito: “Hijos sois del Eterno vuestro Dios” (Devarim 14:1). Israel es amado, porque le fue dado el instrumento deseable (de la creación del mundo); pero es un amor mayor aún el habéselo hecho saber, como está escrito: “Os doy buena enseñanza; no desamparéis mi Torá” (Mishléi 4:2). Todo está previsto, sin embargo la libertad de elegir es dada al hombre; y el mundo es juzgado por medio de la gracia, pero todo depende de la obra de cada uno.

    Solía decir: Todo está dado en prenda y hay una red encima de todo lo que vive; la tienda está abierta y el tendero da crédito; el libro de cuentas está abierto, la mano escribe y el que quiera pedir prestado, puede hacerlo; pero los cobradores hacen la ronda día a día y exigen el pago a los hombres, ya estén contentos o no, porque tienen en que fundar sus demandas. El fallo es justo y todo está preparado para el banquete.

    Pirkéi Avot 3, 17-20

    ***

    EL PERIODO DE PERSECUCIONES

    Turno Rufo discutió con Rabí Akiva y le dijo:

    -Si tu Dios es amigo de los pobres, ¿por qué no los alimenta?

    -Para qve podamos tener el mérito de ayudarles y escapar a los horrores del infierno.

    -Al contrario. El mantener a los pobres les llevará precisamente al infierno, pues es como si un rey ordenase que se encarcelara uno de sus súbditos y no se le diese de comer ni de beber; otros súbditos de ese rey entran y le dan de comer y de beber. ¿No se enfurecerá el rey, cuando se dé cuenta de que de esa forma su voluntad no ha sido cumplida?

    -La comparación es mala. Es más bien como si el rey ordenase la prisión de uno de sus hijos, con orden de no darle de comer ni de beber. Si un súbdito entra a la prisión y le da de comer y beber al hijo del rey, salvándolo de la muerte, el rey recompensará al súbdito valiente y bondadoso.

    -Cierto, respondió el gobernante, sois hijos y al mismo tiempo siervos de vuestro Dios. Pero la caída de vuestra nación demuestra que sois siervos ahora.

    -Aun así hay que hacerlo, puesto que Dios nos dice: “Comparte tu pan con los hambrientos y lleva a los pobres errantes a tu casa” (Yeshayáhu 58:7).

    T.B. Babá Batrá 10a

    ***

    Turno Rufo, el malvado le preguntó a Rabí Akiva:

    -¿Son acaso más bellas las acciones del Santo, bendito sea o las de un hombre de carne y hueso?

    -Las del hombre de carne y hueso son más bellas.

    -Sin embargo, el cielo y la tierra que vemos, ¿acaso puede el hombre hacer algo de igual belleza?

    -No me hables de lo que está más allá de las posibilidades de la criatura, puesto que las criaturas no tienen poder sobre ello. Háblame de las acciones de los hijos de Adán.

    -¿Por qué practicáis la circuncisión?

    -Ya sabía yo que me preguntarías sobre esto, y por eso te tomé la delantera y te dije que las acciones del hombre son más bellas que las del Santo, bendito sea.

    Rabí Akiva trajo entonces espigas y algunos panecillos y le dijo:

    -Aquí está la obra del Santo, bendito sea, y he aquí la obra del hombre.

    -Ciertamente, estos panes son más bonitos que las espigas.

    Turno Rufo volvió a preguntar: “Si Dios desea la circuncisión, ¿por qué el niño no sale circunciso de las entrañas de su madre?” A lo cual contestó Rabí Akiva: “¿Y por qué sale el cordón umbilical del niño fijo a su vientre, y su madre debe cortarlo? Si los niños no nacen circuncisos es porque el Santo, Bendito sea, ha dado a Israel prescripciones, “mitzvot”, para que se purifique por medio de ellas.”

    Tanjumá, Parashá: Tazría 5

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    Rabí Akiva tuvo doce mil pares de alumnos desde Gueva hasta Antipatris y todos ellos murieron al mismo tiempo porque no se respetaban los unos a los Otros. Todos ellos murieron entre Pesaj y Shavuot. Y el mundo quedó desolado, hasta que llegó Rabí Akiva a lo de nuestros maestros en el sur y fue aceptado como su maestro: Rabí Meir, Rabí Yoséi, Rabí Shimón y Rabí Eleazar ben Shamúa; y ellos fueron los que revivieron en esa época la Torá.

    T.B. Yevamot 62b

    ***

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    Turno Rufo le preguntó a Rabí Akiva: “¿Por qué motivo nos odia el Santo Bendito sea su nombre, puesto que está dicho: ‘Odio a Esaú´ (Malají 1:3)

    -“Mañana te contestaré”, le dijo Akiva.

    Al día siguiente, Turno Rufo preguntó: “Akiva, ¿qué soñaste la noche pasada, qué viste?” Respondió Rabí Akiva: “En mi sueño vi dos perros, uno tenía el nombre de Rufo y el Otro de Rufina.” Inmediatamente, Turno Rufo montó en cólera y le dijo:

    -“¿Diste a tus perros los nombres de mi mujer y el mío? Por ese ultraje mereces la pena de muerte.”

    Pero Rabí Akiva le dijo: “¿Cuál es la diferencia entre tú y ellos? Tú comes y bebes, y ellos comen y beben. Tu das fruto y te multiplicas, y ellos dan fruto y se multiplican. Tu morirás y ellos morirán. ¿Y te irritas porque les he dado tu nombre? Ahora bien. El Santo, Bendito sea su nombre, ha creado los fundamentos de la tierra; él da la vida y la muerte. Pero tú tomas un árbol, un pedazo de madera, y lo llamas dios, le das el nombre de Dios, ¿no tiene acaso buena razón para odiarte?

    Tanjumá, Terumá 3

    ***

    Cierta vez el Imperio Romano prohibió el estudio de la Torá. Llegó de visita Papus ben Yehudá y encontró a Rabí Akiva que reunía a distintos grupos y les enseñaba Torá. Le dijo: -Akiva, ¿es que tú no le temes a la Orden del Imperio? Este le contestó:

    -Te lo explicaré por medio de una fábula: Un zorro estaba caminando por la vera de un río y vio peces que corrían de un lado a otro. Les preguntó el zorro: -¿De qué estáis huyendo? Ellos le contestaron: -Huimos de las redes que los hombres echan al agua. El les dijo: -Por que no saltáis a la tierra de tal forma que ustedes y yo podamos vivir juntos así como han vivido nuestros antecesores. Ellos le contestaron:

    -¿Eres acaso tú el que llaman el más inteligente de los animales? ¡no eres más que un estúpido! Si nosotros tememos que nos pase algo en el elemento en que estamos acostumbrados, más peligroso aún será vivir en el elemento en el que hemos de morir.

    Esta es nuestra situación cuando estamos sentados y estudiamos la Torá, que sobre ella está escrito: “Porque ella es tu vida y la longitud de tus días”. (Devarim 30:20), si nosotros la hemos de negar será aun peor.

    Se cuenta que después de un breve tiempo Rabí Akiva fue arrestado y echado a una prisión, y Papus ben Yehudá fue también arrestado y encarcelado junto a él.

    Rabí Akiva le preguntó: ¿Papus quién te trajo aquí? Este le contestó: “Bienaventurado Rabí Akiva, que te preocupaste en el estudio” de la Torá ¡Ay de Papus que se ocupó sólo de cosas mandanas! Cuando Rabí Akiva fue llevado a la ejecución, era la hora del “Shemá” y los romanos desgarraban su carne con pinzas de hierro éste recitaba el “Shemá” recibiendo sobre si el reino de los cielos.

    Le preguntaron sus alumnos: ¿Maestro hasta tal punto? Este les contestó: -Durante toda mi vida siempre estuve preocupado por el versículo, “con toda tu alma”. Yo me preguntaba: ¿Cuándo tendré la oportunidad de cumplir con ese precepto? Ahora que tengo la oportunidad acaso no he de cumplirlo. Y él prolongó la palabra “Ejad” (Unico) hasta que expiró. Salió una bat kol y dijo: Bienaventurado Akiva que tu alma ha partido con la palabra “Ejad”.

    T.B. Berajot 61b

    ***

    Desde que murió Rabí Akiva se anularon los brazos de la Torá y se cegaron las fuentes de la Sabiduría.

    T.B. Sota 4a

    ***

    REDENClON

    Cierta vez Rabí Shimón ben Gamliel, subía por el monte del Templo. Vio a una mujer gentil muy linda y dijo: “Cuán grandes son tus obras Señor” (Tehilim 104:24) y aun cuando Rabí Akiva vio a la mujer de Turno Rufo, lloró y rio. Lloró porque ella fue creada de una gota impura (Pirkéi Avot 3:1) y rio porque sabía que ella se habría de convertir al Judaísmo.

    T.B. Avodá Zará 20a

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    Un día andaban por la calles de Roma cuatro maestros: Rabán Gamliel, Rabí Eleazar. Rabí Yehoshúa y Rabí Akiva.

    Gamliel iba llorando y Akiva riendo.

    -¿Por qué lloras?- preguntaron sus compañeros a Gamliel.

    Dijo él: -Porque estos paganos que oran y adoran a los ídolos viven en paz seguros, en tanto que nosotros los que servimos al Dios verdadero, tenemos destruido su templo, que era el escabel de sus pies, ¿no es ese motivo para llorar?

    Akiva por su parte dijo:

    -Por eso precisamente río. Si esta suerte tienen los que no hacen la voluntad divina, ¿cuál ha de ser la suerte de los que la cumplen?

    Otra vez andaban por Jerusalén y llegaron al monte Scopus. Al ver las ruinas de la ciudad, rasgaron sus vestiduras. Y cuando llegaron al Monte Moría, donde estuvo el Templo, vieron salir una zorra del lugar más sagrado del santuario, llamado el Sanctasantórum. Los tres primeros se pusieron a llorar, en tanto que Akiva reía sin medida. Le dijeron:

    -¿Cómo es que ríes frente a esto?

    Respondió él: -Y, ¿porqué vosotros lloráis?

    -Ah, no sabes que se dijo: “El extranjero que entre cerca del santuario sea condenado a muerte” (Bamidbar 1:15), y ahora aun las zorras se pasean por él. Esta es la razón de nuestro llanto.

    Dijo Akiva: -Yo río porque está dicho: “Sión será arada como un campo de labranza y Jerusalén se convertirá en collados muertos”. (Yirmiyáhu 26:18). Pero también está dicho: “Otra vez se llenará de gozo Jerusalén: estará llena de niños y niñas que salten y canten por sus calles” (Zejária 8:5). Mientras una profecía no se haya cumplido, podíamos tal vez dudar de la otra. Ahora, que se ha cumplido la primera, podemos esperar con gozo el cumplimiento de la segunda.

    Ellos dijeron: Tienes razón.

    T.B. Macot 24a

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