• Comunidades judías en el mundo, Pasado y Presente

    comunidades judias pasado y presHistoria de comunidades judías en el mundo, Pasado y Presente
    Por el Rabino Eliahu Birnbaum, director de la Organización Shavei Israel y del programa Amiel para la preparación de Rabinos y educadores para servir en comunidades Judías de la díaspora.

    Grecia, La comunidad de Salónica, una metrópolis judía
    Por el Rabino Eliahu Birnbaum
    ¿Qué es Janucá? ¿Cómo encienden las velas de Janucá en Grecia?
    Este año tuve el privilegio de encender la sexta vela de Janucá en Grecia. Por una parte se ven los impresionanes restos de la Acrópolis, que simboliza el poderío y la belleza de la antigua ciudad griega convertida con el paso del tiempo en una mera atracción arqueológica para turistas, sin ninguna señal de vida. Por la otra, la comunidad judía encendió este año las velas de Janucá en la Plaza Psycho, la plaza central de Atenas, con la debida autorización del ayuntamiento y las autoridades. Cuando pregunté a los Grandes Rabinos y los dirigentes comunitarios cómo reaccionan los judíos de Grecia ante la frase: “Cuando el malvado imperio griego se impuso a tu pueblo de Israel para hacerle olvidar la Torá”… “y los griegos se unieron contra mí… y abrieron una brecha en la muralla y contaminaron todos los óleos”, me respondieron que encontraron una solución sencilla: cuando traducen esa plegaria al griego, dicen “el imperio sirio” y no mencionan a Grecia. Así, el malvado imperio griego fue sustituido por otro… Por medio de ese pequeño cambio histórico resuelven la doble lealtad al Estado griego y al judaísmo. Hasta el presente, en la escuela judía se enseña que el “imperio malvado” era Siria, y no Grecia.

    La comunidad de Salónica, una metrópolis judía
    La comunidad de Salónica era conocida como una “metrópolis judía”. A fines de la época del Segundo Templo ya había en ella una comunidad judía, y hay quienes piensan que los judíos se habían establecido allí desde el siglo II a.e.c. Los judíos que se encuentran en Grecia desde tiempos del Primer Templo se apodan “romaniotes” y conservan costumbres y tradiciones peculiares. Muchos judíos llegaron a Salónica desde Alemania (Askenaz) en 1376, Francia, Italia y Mallorca (1394). Después de la expulsión de España en 1492 llegó otra ola de judíos, que habían huido de España por el edicto de expulsión del Rey Fernando y la Reina Isabel y que conformaron la mayor parte de la comunidad (en aquellos tiempos llegaron más de 20.000 judíos). En el siglo XVI llegaron a Salónica anusim de España y Portugal, que retornaron al judaísmo. En aquel entonces la ciudad contaba con más de 40 sinagogas; cada grupo de inmigrantes fundaba una comunidad separada según su país de origen, y guardaba fidelidad a su región de procedencia y a sus costumbres características.
    Al leer el libro de viajes de Benjamín de Tudela (1160) se puede tomar conocimiento con la larga historia de los judíos de Salónica: “Y desde allí a través de dos mares, la ciudad de Selix (Salónica), que es muy grande y cuenta con cerca de quinientos judíos”… A diferencia de Pablo (el católico) que señaló que durante su permanencia en la ciudad trató de convertir a los judíos: “Atravesando Anfípolis y Apolonia llegaron a Tesalónica, donde los judíos tenían una sinagoga. Pablo, según su costumbre, se dirigió a ellos y durante tres sábados discutió con ellos” (Hechos de los Apóstoles 17:1). Por lo visto, el encuentro tuvo lugar en la sinagoga Etz Hahaim, la primera de Salónica.
    El Imperio Otomano abrió sus puertas para recibir a todos los inmigrantes y expulsados, y les confirió libertad de culto y de credo. En 1912 había en Salónica 80.000 judíos, que constituían la mayor parte de la población de la ciudad y dejaban su impronta en ella. Durante siglos, los judíos de Salónica desarrollaron la ciudad a nivel comercial, industrial y bancario. Bien sabido era que, puesto que muchos judíos se dedicaban la comercio, el trabajo en el puerto y en los talleres, el puerto de la ciudad no trabajaba los sábados y las festividades judías, y la ciudad parecía desierta.
    Durante muchos siglos hubo en ella grandes sabios. Se sabe que el Rabino Yosef Caro vivió algunos años en Salónica, y que dos Primados de Sión sefardíes se desempeñaron antes como rabinos en Salónica: el Rabino Iaacov Meir fue rabino de Salónica en 1908-1920, y el Rabino Ben Zion Meir Uziel lo sucedió en el cargo. Shabtai Zvi, el falso mesías, no omitió a los judíos de Salónica y en 1655 llegó a ella desde Esmirna (Turquía) y se proclamó mesías.
    Salónica fue también una metrópolis judía por haber sido un centro de estudios de la Torá y de impresión de importantes libros sobre las fuentes de la cultura judía. Desde 1510 salieron más de 3.500 libros de las imprentas judías de la ciudad, algunas de ellas famosas e importantes, como la de los hermanos Soncino. En los siglos XIX y XX se publicaban en Salónica más de 30 periódicos y revistas en ladino y griego, testimonio de la vasta actividad cultural y sionista desplegada en ella; asimismo, había más de 15 escuelas judías, un hospital y una asociación de ayuda a los enfermos (Bikur Holim).
    Hoy en día, la situación cambió por diversas razones, en especial por el Holocausto que destruyó la comunidad. En toda Grecia quedan unos 3.000 judíos en Atenas, 1.000 en Salónica, 500 en Larissa y algunas decenas en Golush, Janina, Halkida, Rodas y Kerkira.

    Sobre la doble identidad de los judíos de Salónica.
    Entre la expulsión de España y el Holocausto de los judíos de Europa
    Hoy en día, la comunidad judía de Salónica es muy pequeña y aún experimenta un trauma doble. Por un lado, sigue vivenciando la expulsión de España hace 500 años como parte de su memoria colectiva; por el otro, el Holocausto de los judíos de Europa no los omitió y dejó su impronta sobre ellos. Uno de sus rasgos más característicos parece ser el hecho de vivir en un estado de tensión permanente entre su condición de comunidad “sefardí” en su sentido primigenio, es decir, una comunidad expulsada de España y Portugal, y el hecho de ser la única comunidad sefardí cuyos miembros fueron exterminados en el Holocausto y de la cual casi no han quedado sobrevivientes (si examinamos los porcentajes de judíos asesinados en el Holocausto, se trata de más del 90%, una de las cifras más notorias con respecto a otras comunidades aniquiladas en Europa).
    Los nazis entraron a la ciudad en abril de 1941, y ése fue el anuncio de lo que habría de suceder: en febrero de 1943 emitieron decretos antisemitas y crearon el gueto de la ciudad. A partir de marzo empezaron las deportaciones a Polonia, en trenes de carga para transporte de caballos que los condujeron a los campos de exterminio y a los crematorios de Auschwitz y Birkenau. Según los registros alemanes, hubo 19 deportaciones de 46.061 hombres, mujeres y niños, del total de 50.000 judíos que vivían en Salónica en 1940.
    En el nuevo cementerio de la comunidad se observa un monumento en recuerdo del Holocausto, en el que se lee la siguiente insripción:
    “Este monumento fue erigido por los judíos de Salónica en memoria eterna de sus 50.000 hermanos, el 96% de los miembros de esta comunidad, hombres, mujeres y niños arrancados de sus hogares en 5703 por el ejército alemán y deportados a los campos de exterminio nazis, en donde fueron cruelmente asesinados. ¡Oh, tierra, no cubras su sangre!”
    Cuando se habla de los miembros de la comunidad se evoca la remota sensación histórica de España y la historia cercana de Alemania, que dejaron su impronta sobre ella y se fusionan en su identidad judía. La identidad de los judíos de Salónica se compone de “500 años y otros 600 años”. Tal como me dijera la Sra. Erica Prahia Zamor, directora del Museo Judío de Salónica, los judíos de la ciudad hunden sus raíces en Salónica, y no en Grecia.

    Sobre las maravillas del ladino en Salónica
    Una de las demostraciones de la pervivencia de la tradición sefardí a lo largo del tiempo es, sin duda, la preservación del idioma peculiar de los judíos sefardíes, el ladino o “judeo-español”. De manera casi milagrosa, los judíos de Salónica siguieron hablando en ladino, y durante cinco siglos este idioma se preservó con sus refranes particulares, para recordar a los judíos de la ciudad de dónde provenían.
    No hay como un idioma para reflejar la cultura y los estados de ánimo de quienes lo hablan. El ladino fue el idioma de los judíos de España y Portugal que se dispersaron por las costas del Mediterráneo. Con su expulsión de la Península Ibérica en 1492, llevaron consigo su idioma coloquial, el español hablado y escrito por judíos y no judíos en la España de aquel entonces. Por eso, el ladino preservó hasta el presente el vocabulario y la gramática del español del siglo XV, como las personas que en el siglo XXI siguen hablando en hebreo bíblico o mishnaico.
    En mi visita a Salónica encontré muchos hombres y mujeres judíos que siguen hablando en ladino con sumo placer. Cuando les pregunté cómo se preservó este idioma durante cinco siglos, me respondieron que desde siempre, la vida de los judíos de Salónica se desarrolló en ladino, y no en griego. Los judíos sefardíes que vivían en Grecia mantenían su cultura sefardí: las compras, las comidas, el mercado, todo se desarrollaba en ladino; los judíos no tenían amigos no judíos, sino solamente judíos que hablaban en ladino. Hoy en día, este idioma se encuentra en proceso de olvido; la generación intermedia no logró transmitirlo a sus hijos. Los judíos de 40-50 años todavía hablan ladino, pero los jóvenes no le asignan ningún valor y no lo hablan en sus casas. Los miembros de la comunidad explican que el Holocausto fue la divisoria de aguas: hasta entonces se hablaba ladino en los hogares y en la comunidad, pero después del Holocausto dejaron de hacerlo. Hay quienes dicen que los sobrevivientes no querían que sus hijos siguieran viviendo en el gueto judío; que como en el Holocausto perecieron los adultos y ancianos, con ellos desapareció la memoria de España y su idioma; y que los jóvenes que volvieron después del Holocausto ya no sabían hablar ladino.

    Los hablantes de ladino en los campos de exterminio en Alemania
    La Sra. Silvia Molcho fue deportada de Salónica el 19 de marzo de 1943 al campo de exterminio de Auschwitz, en donde permaneció hasta la liberación en 1945 y su regreso a Salónica en 1947. En ella encontré una apasionante expresión de la doble identidad judía de la generación intermedia en la ciudad.
    La Sra. Molcho vive actualmente en una residencia geriátrica comunitaria, junto a otros 35 ancianas y ancianos judíos. Ahora tiene 86 años, y en tiempos del Holocausto era muy jóven. La raíces de su familia se remontan a los judíos expulsados de España; hasta hoy conserva las llaves del hogar familiar en ese país, pues todo el tiempo siguieron soñando con el regreso a él. La Sra. Molcho no habla ídish, sino ladino. También lo hablaba en el campo de exterminio de Auschwitz, en el bloque nº 11 en el que vivían las integrantes de su comunidad llegadas desde España y Portugal, con una estancia intermedia de 500 años en Salónica.
    Los apellidos de los judíos de Salónica que figuran en las placas recordatorias del Holocausto y el heroísmo no son los apellidos polacos que nos resultan más conocidos, sino apellidos sefardíes de honda raigambre conocidos en España desde antes de la expulsión, como Saporta, Nahmias, Saltiel, Cohen, Pardo, Sabetai y Molcho.
    La Sra. Molcho no distingue entre los españoles y los alemanes: para ellas unos y otros son “el enemigo”. La expulsión de España es para ella un “recuerdo histórico”, y el Holocausto es un “recuerdo personal”. Habla en ladino, entona canciones y romanzas en ladino, come huevos “geminados” y “borrequitas” pero lleva en el brazo el número tatuado por los nazis en el campo de exterminio. La Sra. Molcho es un símbolo de la singular combinación de la historia de la expulsión y el exterminio, que se fusionan en los judíos de Salónica.
    El Sr. David Saltiel, presidente de la comunidad judía, desciende de una familia expulsada de España que llegó a Salónica desde Portugal cinco siglos atrás. Toda su familia pereció en el Holocausto, y él describe adecuadamente la identidad judía peculiar de Salónica: “España forma parte de la tradición; el Holocausto es parte de la identidad. España soy yo; el Holocausto está en nosotros, en nuestras vidas”.
    El Holocausto parece vivir y palpitar en cada rincón de la comunidad judía. De manera sorprendente, su presencia en el seno de la comunidad sefardí es más intensa y profunda que en la comunidad askenazí; tal vez por las características de la comunidad, quizás por los altos porcentajes de judíos deportados que no regresaron de los campos. Los hijos de los sobrevivientes, la segunda generación del Holocausto, dicen que sus padres no callaron y no ocultaron las historias del infierno, sino que las transmitieron a sus hijos: en todos los encuentros familiares o comunitarios, el Holocausto era el tema central de las conversaciones. Todo el mundo de los sobrevivientes y sus hijos gira en torno del Holocausto. A pedido de la comunidad judía, el ayuntamiento ha fijado el 27 de enero como Día Nacional de recuerdo del Holocausto de los judíos de Salónica. También hay un monumento en memoria del Holocausto en la plaza central de la ciudad, la Plaza de la Libertad, en la que el 11 de julio de 1942 tuvo lugar el “Sábado Negro” en el que los nazis se ensañaron con los judios antes de deportarlos a los campos de exterminio.

    La comunidad de Salónica en la actualidad
    Hoy en día, la comunidad judía de Salónica ya no es una metrópolis judía, sino que afronta las dificultades típicas de las comunidades pequeñas. Sus miembros son básicamente sobrevivientes de los campos de exterminio, y algunos judíos que lograron huir o esconderse en otras ciudades de Grecia y que volvieron después de la guerra. La comunidad sigue inmersa en la nostalgia por su magnífico pasado, pero la generación joven se ha “helenizado” y se considera parte de la sociedad griega, no habla ladino, no vive encerrada en la comunidad judía y, más allá de las comidas sefardíes tradicionales, no se ve como seguidores de los expulsados de España.
    La comunidad cuenta actualmente con tres sinagogas: Yad Lazikaron, la más grande de los Monasterlíes y otra más pequeña en la residencia geriátrica. Las plegarias tienen lugar todas las mañanas y la comunidad se encarga de que haya un minián, pagando un salario a algunas personas para que lo completen. La sinagoga se encuentra en la zona del mercado de Salónica. Antes del Holoausto, la mayor parte del mercado y de los comercios del centro de la ciudad pertenecían a judío, y la sinagoga funcionaba como una especie de shtibl para los numerosos judíos que trabajaban en el mercado. Hoy en día, casi todos los edificios del mercado y muchos otros en la ciudad han sido restituidos a la comunidad judía, que exigió al gobierno la devolución del patrimonio judío a las familias o a la comunidad.
    La comunidad mantiene la residencia geriátrica, en cuya planta baja se encuentra la mikve comunitaria, y cuenta también con dos rabinos, shejitá local, una carnicería kasher y actividades culturales para jóvenes y adultos, a fin de mantenerlos cerca de la comunidad.
    El cementerio judío es nuevo, porque el antiguo, en el que había más de 400.000 tumbas, fue destruido por los nazis. Posteriormente, el gobierno griego construyó en ese sitio la Universidad de Salónica (algunas lápidas del cementerio antiguo se encuentran en el cementerio nuevo, otras en el museo comunitario y algunas siguen adornando las carreteras y mansiones de la región).
    Los pocos judíos de Salónica (por el Holocausto y por la creciente asimilación) han llevado al presidente de la comunidad, el Sr. Saltiel, a proponer una solución creativa y original para lograr un crecimiento demográfico: cada pareja joven que contraiga matrimonio y tenga hijos (algo no tan habitual en Europa en general, y en Grecia en particular) recibirá 3.000 euros por cada niño durante tres años. De esta manera, una familia con tres hijos podrá recibir 27.000 euros al cabo de tres años… Hasta ahora no se han registrado muchos postulantes para recibir este “seguro comunitario” propuesto por el presidente de la comunidad, pero aún no hemos perdido la esperanza de que Salónica vuelva a ser una metrópolis judía.
    Sobre las maravillas del ladino en Salónica
    Una de las demostraciones de la pervivencia de la tradición sefardí a lo largo del tiempo es, sin duda, la preservación del idioma peculiar de los judíos sefardíes, el ladino o “judeo-español”. De manera casi milagrosa, los judíos de Salónica siguieron hablando en ladino, y durante cinco siglos este idioma se preservó con sus refranes particulares, para recordar a los judíos de la ciudad de dónde provenían.
    No hay como un idioma para reflejar la cultura y los estados de ánimo de quienes lo hablan. El ladino fue el idioma de los judíos de España y Portugal que se dispersaron por las costas del Mediterráneo. Con su expulsión de la Península Ibérica en 1492, llevaron consigo su idioma coloquial, el español hablado y escrito por judíos y no judíos en la España de aquel entonces. Por eso, el ladino preservó hasta el presente el vocabulario y la gramática del español del siglo XV, como las personas que en el siglo XXI siguen hablando en hebreo bíblico o mishnaico.
    En mi visita a Salónica encontré muchos hombres y mujeres judíos que siguen hablando en ladino con sumo placer. Cuando les pregunté cómo se preservó este idioma durante cinco siglos, me respondieron que desde siempre, la vida de los judíos de Salónica se desarrolló en ladino, y no en griego. Los judíos sefardíes que vivían en Grecia mantenían su cultura sefardí: las compras, las comidas, el mercado, todo se desarrollaba en ladino; los judíos no tenían amigos no judíos, sino solamente judíos que hablaban en ladino. Hoy en día, este idioma se encuentra en proceso de olvido; la generación intermedia no logró transmitirlo a sus hijos. Los judíos de 40-50 años todavía hablan ladino, pero los jóvenes no le asignan ningún valor y no lo hablan en sus casas. Los miembros de la comunidad explican que el Holocausto fue la divisoria de aguas: hasta entonces se hablaba ladino en los hogares y en la comunidad, pero después del Holocausto dejaron de hacerlo. Hay quienes dicen que los sobrevivientes no querían que sus hijos siguieran viviendo en el gueto judío; que como en el Holocausto perecieron los adultos y ancianos, con ellos desapareció la memoria de España y su idioma; y que los jóvenes que volvieron después del Holocausto ya no sabían hablar ladino.

    Los hablantes de ladino en los campos de exterminio en Alemania
    La Sra. Silvia Molcho fue deportada de Salónica el 19 de marzo de 1943 al campo de exterminio de Auschwitz, en donde permaneció hasta la liberación en 1945 y su regreso a Salónica en 1947. En ella encontré una apasionante expresión de la doble identidad judía de la generación intermedia en la ciudad.
    La Sra. Molcho vive actualmente en una residencia geriátrica comunitaria, junto a otros 35 ancianas y ancianos judíos. Ahora tiene 86 años, y en tiempos del Holocausto era muy jóven. La raíces de su familia se remontan a los judíos expulsados de España; hasta hoy conserva las llaves del hogar familiar en ese país, pues todo el tiempo siguieron soñando con el regreso a él. La Sra. Molcho no habla ídish, sino ladino. También lo hablaba en el campo de exterminio de Auschwitz, en el bloque nº 11 en el que vivían las integrantes de su comunidad llegadas desde España y Portugal, con una estancia intermedia de 500 años en Salónica.
    Los apellidos de los judíos de Salónica que figuran en las placas recordatorias del Holocausto y el heroísmo no son los apellidos polacos que nos resultan más conocidos, sino apellidos sefardíes de honda raigambre conocidos en España desde antes de la expulsión, como Saporta, Nahmias, Saltiel, Cohen, Pardo, Sabetai y Molcho.
    La Sra. Molcho no distingue entre los españoles y los alemanes: para ellas unos y otros son “el enemigo”. La expulsión de España es para ella un “recuerdo histórico”, y el Holocausto es un “recuerdo personal”. Habla en ladino, entona canciones y romanzas en ladino, come huevos “geminados” y “borrequitas” pero lleva en el brazo el número tatuado por los nazis en el campo de exterminio. La Sra. Molcho es un símbolo de la singular combinación de la historia de la expulsión y el exterminio, que se fusionan en los judíos de Salónica.
    El Sr. David Saltiel, presidente de la comunidad judía, desciende de una familia expulsada de España que llegó a Salónica desde Portugal cinco siglos atrás. Toda su familia pereció en el Holocausto, y él describe adecuadamente la identidad judía peculiar de Salónica: “España forma parte de la tradición; el Holocausto es parte de la identidad. España soy yo; el Holocausto está en nosotros, en nuestras vidas”.
    El Holocausto parece vivir y palpitar en cada rincón de la comunidad judía. De manera sorprendente, su presencia en el seno de la comunidad sefardí es más intensa y profunda que en la comunidad askenazí; tal vez por las características de la comunidad, quizás por los altos porcentajes de judíos deportados que no regresaron de los campos. Los hijos de los sobrevivientes, la segunda generación del Holocausto, dicen que sus padres no callaron y no ocultaron las historias del infierno, sino que las transmitieron a sus hijos: en todos los encuentros familiares o comunitarios, el Holocausto era el tema central de las conversaciones. Todo el mundo de los sobrevivientes y sus hijos gira en torno del Holocausto. A pedido de la comunidad judía, el ayuntamiento ha fijado el 27 de enero como Día Nacional de recuerdo del Holocausto de los judíos de Salónica. También hay un monumento en memoria del Holocausto en la plaza central de la ciudad, la Plaza de la Libertad, en la que el 11 de julio de 1942 tuvo lugar el “Sábado Negro” en el que los nazis se ensañaron con los judios antes de deportarlos a los campos de exterminio.

    La comunidad de Salónica en la actualidad
    Hoy en día, la comunidad judía de Salónica ya no es una metrópolis judía, sino que afronta las dificultades típicas de las comunidades pequeñas. Sus miembros son básicamente sobrevivientes de los campos de exterminio, y algunos judíos que lograron huir o esconderse en otras ciudades de Grecia y que volvieron después de la guerra. La comunidad sigue inmersa en la nostalgia por su magnífico pasado, pero la generación joven se ha “helenizado” y se considera parte de la sociedad griega, no habla ladino, no vive encerrada en la comunidad judía y, más allá de las comidas sefardíes tradicionales, no se ve como seguidores de los expulsados de España.
    La comunidad cuenta actualmente con tres sinagogas: Yad Lazikaron, la más grande de los Monasterlíes y otra más pequeña en la residencia geriátrica. Las plegarias tienen lugar todas las mañanas y la comunidad se encarga de que haya un minián, pagando un salario a algunas personas para que lo completen. La sinagoga se encuentra en la zona del mercado de Salónica. Antes del Holoausto, la mayor parte del mercado y de los comercios del centro de la ciudad pertenecían a judío, y la sinagoga funcionaba como una especie de shtibl para los numerosos judíos que trabajaban en el mercado. Hoy en día, casi todos los edificios del mercado y muchos otros en la ciudad han sido restituidos a la comunidad judía, que exigió al gobierno la devolución del patrimonio judío a las familias o a la comunidad.
    La comunidad mantiene la residencia geriátrica, en cuya planta baja se encuentra la mikve comunitaria, y cuenta también con dos rabinos, shejitá local, una carnicería kasher y actividades culturales para jóvenes y adultos, a fin de mantenerlos cerca de la comunidad.
    El cementerio judío es nuevo, porque el antiguo, en el que había más de 400.000 tumbas, fue destruido por los nazis. Posteriormente, el gobierno griego construyó en ese sitio la Universidad de Salónica (algunas lápidas del cementerio antiguo se encuentran en el cementerio nuevo, otras en el museo comunitario y algunas siguen adornando las carreteras y mansiones de la región).
    Los pocos judíos de Salónica (por el Holocausto y por la creciente asimilación) han llevado al presidente de la comunidad, el Sr. Saltiel, a proponer una solución creativa y original para lograr un crecimiento demográfico: cada pareja joven que contraiga matrimonio y tenga hijos (algo no tan habitual en Europa en general, y en Grecia en particular) recibirá 3.000 euros por cada niño durante tres años. De esta manera, una familia con tres hijos podrá recibir 27.000 euros al cabo de tres años… Hasta ahora no se han registrado muchos postulantes para recibir este “seguro comunitario” propuesto por el presidente de la comunidad, pero aún no hemos perdido la esperanza de que Salónica vuelva a ser una metrópolis judía.

    Brasil, Recife
    Recife, Brasil
    Por el Rabino Eliahu Birnbaum
    ¿En qué lugar del Nuevo Mundo se construyó la primera sinagoga, después del descubrimiento de América?

    Cuando oímos hablar de Brasil pensamos en el fútbol, el carnaval, las playas y la música, pero olvidamos que fue también la puerta de acceso de judíos al Nuevo Mundo. La primera sinagoga en suelo americano se construyó en la ciudad de Recife, Brasil, en 1636.

    Los inicios de la población judía en Recife

    Los judíos empezaron a establecerse en Recife a partir de 1500. En esos tiempos la ciudad era la capital del estado de Pernambuco, en la colonia portuguesa de Brasil. Los primeros judíos eran anusim que habían sido enviados allí junto con presos y delincuentes para desarrollar la nueva colonia portuguesa en Recife. Los judíos, que veían en ello una oportunidad económica y una forma de alejarse un poco de la Inquisición, lo aceptaron de buena gana y, ciertamente, en poco tiempo desarrollaron la región y la convirtieron en un centro próspero de cultivo de caña de azúcar. Efectivamente, los judíos lograron desarrollar diversas ramas de la economía en el norte de Brasil, como la exportación de azúcar, el dinero y la Bolsa, y la provisión de esclavos de África, y se convirtieron en una fuerza económica y comercial sumamente importante.

    Cuando los judíos descubrieron el nuevo continente y sus características, surgieron diferentes interrogantes sobre la vida judía en el Nuevo Mundo. La primera pregunta halájica enviada desde Recife en el siglo XVI al Rabino Shabtai de Salónica se refería a la frase “Danos rocío y lluvia”, porque la temporada de lluvias en Brasil difiere de la europea, y no sabían cómo comportarse: “¿Debemos rezar por lluvia en los meses de Tishrei y Nisan, tal como lo hacen otros judíos en el mundo, o tal vez debamos adecuar nuestras plegarias a las estaciones del año en Brasil?”

    A pesar de que los anusim llegados a Brasil trataron durante años de encontrar un lugar apartado para vivir tranquilos como judíos, sólo lograron cambiar el Viejo Mundo por el Nuevo Mundo, pero no modificaron significativamente su situación y sufrimientos. Si bien la Inquisición no habían entrado formalmente a Brasil, en 1580 empezó el “control” sobre lo que se hacía en Brasil, y se enviaron “supervisores” para que examinaran la situación de quienes renegaban del catolicismo. Quienes eran considerados herejes, entre los que había también judíos y anusim, fueron enviados a juicio en Lisboa, Portugal; cuando se los encontraba culpables, eran castigados allí y no regresaban a sus familias.

    El florecimiento judío en Recife

    En 1630, Holanda conquistó la colonia portuguesa y desde entonces empezó el renacimiento judío en Recife. Otras familias judías llegaron desde Amsterdam para empezar una vida nueva y muchos anusim decidieron dejar de vivir en dos mundos y volver a adoptar la religión de sus antepasados y el judaísmo. Casi todos los miembros de la comunidad, que llegaba a 4.000 almas, eran judíos de Holanda y anusim de la zona de Recife.

    Los judíos empezaron a organizarse y a construir una vida comunitaria similar a la que llevaban en Portugal y Amsterdam. Construyeron la sinagoga Zur Israel, que con el paso del tiempo fue la primera construida en el Nuevo Mundo en general, y en suelo americano en particular; un Talmud Torá y una academia rabínica llamada Etz Haim.

    En aquellos años, la comunidad “Zur Israel” decidió convocar a un rabino, y eligieron al Rabino Ytzhak Abuhab de Fonseca, que llegó a Recife en 1642 y que fue el primer rabino del continente americano.

    En los últimos años se han realizado excavaciones arqueológicas en la antigua sinagoga de Recife, que fue refaccionada por la comunidad judía y la familia Safra de Brasil (en el sótano se descubrió también una mikve). Hoy en día, es una fuente de inspiración para los numerosos turistas que quieren conocer “la primera sinagoga”, tal como se la apoda. Asimismo, la comunidad judía local reza los sábados allí.
    Es interesante señalar el cambio de nombre de la calle en la que se encuentra la sinagoga. Cuando fue construida, en tiempos de prosperidad judía, ésa era “la calle de los judíos”, pero cuando los portugueses conquistaron la ciudad y la Iglesia regresó a ella, el nombre cambió por el de “la calle del Buen Jesús”, la cual conserva este nombre hasta el presente. Debe ser la única sinagoga del mundo que se encuentra en una calle que lleva el nombre de Jesús…

    En 1654, los portugueses reconquistaron la ciudad ocupada por los holandeses, y la libertad de culto a la que los judíos se habían acostumbrado durante los 24 años de dominio holandés desapareció de inmediato. Hay quienes sostienen que el crecimiento de la comunidad judía y la vida judía en Recife en aquellos años hicieron que la Iglesia Católica pidiera al gobierno portugués que “reconquistara la ciudad de Recife para evitar la humillación del funcionamiento de una sinagoga a la vista de la Iglesia”.

    Cuando se inició el asedio portugués a Recife, los judíos lucharon codo a codo con los holandeses; cuando la ciudad cayó en manos de Portugal, decidieron abandonarla y volver con los holandeses a Amsterdam.

    La dispersión judía desde Recife al Nuevo Mundo

    Después de la conquista, se dio a los judíos un plazo de tres meses para abandonar la ciudad. Los judíos que así lo hicieron se dividieron en cuatro rumbos, cada uno de los cuales fue el inicio de una nueva historia judía. Muchos volvieron a Holanda con el Rabino Abuhab; otros se dirigieron a las islas del Caribe (Curaçao, Barbados, Jamaica) en donde crearon nuevas comunidades. Los inmigrantes de Recife construyeron en Curaçao una sinagoga sefardí-portuguesa que era una réplica exacta de la de Amsterdam. Otros se alejaron más, hasta Nueva Amsterdam en América del Norte, que más adelante habría de ser Nueva York, en donde sentaron las bases de la primera comunidad judía.

    De Recife a Nueva a Amsterdam (Nueva York)

    El primer judío que llegó a “América” con la expedición de Colón fue el traductor Luis de Torres, que se quedó a vivir allí. Pero la primera vez que llegó un grupo de judíos fue en 1654, cuando judíos de Recife llegaron a Nueva Amsterdam, posteriormente Nueva York.

    Los 23 judíos llegados de Recife fueron los primeros en llegar a los Estados Unidos de América, que en aquellos tiempos era una colonia holandesa. Con el tiempo fueron llegando a Nueva Amsterdam más judíos, anusim de España, y la comunidad creció y construyó la primera sinagoga en Nueva York, Sheerit Israel.
    Hubo otros judíos que no salieron de Brasil, sino que se alejaron de Recife y de su sinagoga, y siguieron viviendo en las aldeas, montañas y zonas apartadas para preservar su judaísmo en secreto.

    Las costumbres judías en las aldeas de Brasil
    El nordeste de Brasil es conocido como una zona llena de descendientes de anusim. La mayor parte crecieron y viven hasta hoy en día en aldeas pequeñas y alejadas, desconectadas del mundo y a veces de la civilización. Hasta el presente, quien visite estos lugares, podrá encontrar familias y aldeas enteras que cumplen costumbres netamente judías, hecho que indica sin lugar a dudas que son descendientes de judíos. Algunas de estas costumbre son “extrañas”, porque fueron conservadas por los lugareños al tiempo que practicaban el culto cristiano. Algunas familias conservaron ciertas costumbres sin saber que se trata de costumbres o preceptos judíos.
    La costumbre más significativa es la de los matrimonios endogámicos, en especial entre primos y primas. Un refrán conocido por los habitantes de la región señala: “El hijo de padres que son primos será hermoso; el hijo de padres que no son primos será feo”.
    Este fenómeno no es solamente una circunstancia histórica, sino una costumbre que se mantiene hasta el presente en esa parte de Brasil. Tony Rabelho Ferreira, un joven abogado de 34 años, está casado con su prima, y sus padres son primos en primer grado. Él sabía que la única posibilidad de casarse y formar una familia era encontrar un buen “acuerdo” dentro de la familia.
    También se conservaron las costumbres de encender velas el sábado, barrer la casa de afuera hacia adentro (para no hacer pasar la basura por una puerta con mezuzá) y no comer carne de cerdo; en algunos lugares solían comer ciertas hortalizas en lugar de pan en los días de Pascua.
    Las costumbres preservadas en esa región se mezclan con otras cristianas, y reflejan la situación de confusión y “cooperación” entre las religiones, tanto en las creencias como en la forma de vida de los descendientes de anusim. Más de una vez, las familias de descendientes de anusim conservaron costumbres judías sin saber que lo eran, sólo por la voluntad de conservar las tradiciones familiares.
    Los descendientes de anusim que viven actualmente en esa zona de Brasil se encuentran en un terrible dilema: no se sienten católicos ni judíos, no pertenecen a la Iglesia pero tampoco forman parte de las comunidades judías; no están aquí ni allí, o un poco acá y otro poco allá… La pregunta más frecuente entre los investigadores es sobre el número de descendientes de anusim en esa parte de Brasil. Según las estimaciones más cautelosas, se trata de millones de personas. Pero a diferencia de España y Portugal, en donde se conservan algunos documentos en los archivos de las iglesias, en Brasil no hay registros, porque hasta el papel era un artículo de lujo en aquella época, y no quedaron registros escritos que brinden testimonio del origen de las familias.

    Una visita a Bendito
    Una de las vivencias más apasionantes de mi viaje a Recife fue la visita a Bendito Arauxo. Después de un viaje de varias horas por senderos tortuosos entre montañas y colinas, rodeados de vegetación tropical, llegamos a la aldea de Baraxo, a una casa con signos de presencia judía en el siglo XVII en esta región del norte de Brasil. Bendito, un hombre alto, de piel clara y ojos azules, llama la atención en esa zona del mundo en la cual toda la población tiene piel oscura. Pero su historia familiar como descendiente de judíos que llegaron de Portugal vía Holanda, puede explicar el fenómeno.
    Bendito decidió vivir una vida “natural” lejos de los lugares poblados y de la civilización. En su casa todavía hay un horno de carbón, y alrededor de ella sembró verduras y árboles frutales para abastecer las necesidades de la familia.
    Bendito se siente judío y aprendió solo, sin maestros, a leer hebreo. Empieza el día estudiando la porción semanal de la Torá. Cuando su familia come carne, la salan antes para no ingerir la sangre. La tradición familiar señala que llegaron de Portugal hace varias generaciones. A pesar de que su padre era católico, mantuvieron las costumbres de la familia: no comían animales impuros ni insectos, sólo contraían matrimonios endogámicos y vertían el agua visible en una casa en la que había un muerto. Después del fallecimiento de su padre, Bendito decidió buscar sus raíces judías. Hoy en día cuida el sábado en su casa, pronuncia el Kidush sobre el vino que prepara por sí mismo y después de celebrar la Havdalá a la salida del sábado, canta Hatikva con gran orgullo con sus dos hijas gemelas.
    Cuando le pregunté qué espera, me respondió: “Que se contruya el Tercer Templo antes de mi muerte; y si no se concluye, al menos que empiecen a hacerlo antes de mi muerte”…
    La nueva comunidad judía de Recife en el siglo XX
    La ciudad moderna de Recife es conocida como “la Venecia de Brasil” por la gran cantidad de ríos y canales que la atraviesan. Se caracteriza pr un clima caluroso de 45ºC y una humedad que llega a 80ºC. Aparentemente, el calor influye sobre la violencia en la ciudad, en la que se registra un promedio diario de diez personas muertas en peleas y asaltos.
    La comuniad de Recife hoy en día no es la continuación directa de la del pasado. Tal como sucedió en muchas otras comunidades del mundo, la ubicación geográfica no cambió, pero la composición sociológica es totalmente diferente. La comunidad actual se basa en judíos llegados a principios del siglo XX, entre 1920 y 1930, de Europa del Este: Rumania, Rusia, Ucrania y Polonia, que crearon una comunidad nueva, la que cuenta con unos 1.500 miembros.
    La ola de matrimonios mixtos no ha pasado lejos de los judíos de esta hermosa ciudad, y de hecho los castiga severamente. Quienes conocen bien la comunidad, hablan de una asimilación del 90%; los judíos no recuerdan cuándo se celebró la última boda judía en la ciudad.
    Cuando me encontré con los dirigentes de la comunidad local, los vi preocupados por el futuro de la misma. El Rabino Abraham Amitai, un rabino ortodoxo enviado por la asociación Shavei Israel (egresado del Instituto Strauss-Amiel) obra maravillas para fortalecer los lazos de jóvenes y adultos con el judaísmo y la identidad judía. Cuando el Rabino Amitai llegó a Brasil, los integrantes de la comunidad se asombraron al descubrir en el aeropuerto a un rabino ortodoxo, pues esperaban a un rabino reformista y liberal que condujera a la comunidad según sus necesidades y su situación espiritual. Los dirigentes le dijeron que haría bien en dejar la comunidad y emprender el regreso. Hoy en día, a dos años de su llegada, la comunidad no está dispuesta a permitirle, ni a él ni a su familia, que la abandone.
    La escuela comunitaria fue creada hace unos 90 años, en 1918. Los inmigrantes judíos llegados de Europa vieron la necesidad de crear una escuela judía para preservar a sus hijos e hijas de la asimilación. En el presente estudian en ella 130 alumnos (70 judíos y los demás cristianos). Debido al número escaso, la comunidad debe aceptar niños no judíos para completar las clases y el presupuesto necesario para mantener la escuela. Los dirigentes comunitarios insisten en hacerlo aun al precio de incorporar alumnos no judíos (incluidos católicos), que estudian hebreo y tradición judía, y empiezan el día diciendo las plegarias Modé Aní y Shma Israel con sus compañeros judíos…
    El comedor de la escuela fue taref durante 87 años, incluido jametz en Pesaj y carne de cerdo, pero en los tres últimos años el rabino de la comunidad logró, con grandes esfuerzos y con la ayuda del cielo, convetirlo en kasher, y la comunidad se complace y enorgullece de ello.

    Polonia
    LA VIDA JUDIA EN POLONIA
    Por el Rabino Eliahu Birnbaum
    En Polonia, a veces puede ser difícil encontrar un rastro de judaísmo.
    Cuando la historia familiar no es contada, cuando los ancestros no son nunca mencionados y cuando el tema mismo es siempre silencioso.

    Durante Shabat, uno de todos los que pase en Varsovia, la capital de Polonia, unas jovencitas se me acercaron. Una de ellas se presentó a si misma: Anya, estudiante de comunicaciones en la universidad local, y me dijo: “mi madre se rehúsa a decirme, quién era mi padre, así que yo debo de ser judía”. Esto es algo común dentro de la realidad polaca a principios del siglo XXI: cientos, quizás miles de personas no sabían si tenían o no, raíces judías. Algunas sentían interés por el judaísmo, y otras lo reprimían.

    COMO ERA ESE ENTONCES

    Antes del holocausto, cerca de 3.5 millones de judíos vivían en Polonia. Esta basta tierra era una tremenda fuente de vida judía por cientos de años, hasta el punto que en Israel, Polonia era conocida como “Poh-lin” , “Poh-lan-yah”, que literalmente significa : Aquí está Di-s.
    Casi todos los judíos de Polonia fueron asesinados durante el régimen nazi, solo un décimo sobrevivió.

    En Polonia después de la guerra, fue posible sacarlos. La mayoría de los sobrevivientes llegaron a campamentos de inmigración, o hicieron Aliá. Pero, una parte de los judíos sobrevivientes decidió regresar a sus hogares, en búsqueda de sus familiares y pertenencias, y trataron de continuar su vida después del disruptivo pasado. Ellos, entre otros judíos que por diferentes razones se encontraban en Polonia, o en partes de Alemania, retornaron a Polonia después de la guerra, su base como población judía. En Cracovia, Varsovia, asentamientos, y pequeñas villas, estos judíos trataron de recomenzar sus vidas.
    Excepto que esta vez, era casi siempre, una vida sin judaísmo, y a veces sin siquiera una identidad judía.

    En el año 1948, las puertas de Polonia se cerraron, como hicieron todos los países del este de Europa, por un período de ocho años. Durante este tiempo, los judíos empezaron a practicar judaísmo encubierto. Era muy peligroso ser judío en Polonia, y no era muy conveniente decir: “soy judío”. Era más seguro mantenerse escondido. Aún después de 1956, cuando la inmigración era nuevamente una posibilidad, y aún tiempo después, no era bueno el ser judío. En 1968, Polonia decidió abrirse al antisemitismo, como la mayoría de la Europa del este. Muchos judíos interpretaron esto como una mala señal de lo que podría venir, y así una nueva ola de inmigrantes comenzó, la cual prácticamente vació a Polonia de judíos.
    Aliá, a Eretz Israel e inmigración para los Estados Unidos, Canadá, Alemania, Dinamarca, Suecia y otros países: se estima que 40 o 50 mil judíos dejaron Polonia durante este período. Aquellos que no lo hicieron – una vez más practicaron un judaísmo escondido, cambiando sus apellidos, nombres y direcciones. Muy pocos judíos se mantuvieron organizados en comunidades y continuaron una vida abiertamente judía, yendo a la sinagoga y la comunidad. La mayoría se mantuvo encubierto. La tragedia puede ser resumida en un enunciado, que habla de varios períodos y peligros: en los años 50 entre 1939 y 1989, no era bueno el ser judio en Polonia.

    ¿Cuántos judíos podrían vivir una vida en secreto? Unos miles, probablemente más.
    Ellos tuvieron hijos y continuaron su vida, mientras escondían su identidad judía de todos sus alrededores, incluso de su familia y a veces de ellos mismos.
    Una generación entera creció sin conocimiento de sus raíces judías. Algunos sabían que eran judíos, mientras que otros no sabían de su condición como tales, a pesar de ser tercera generación de abuela judía. Hasta hoy en día, es posible revisar viejos expedientes y descubrir con certeza quién es descendiente de un familia judía, debido a que la documentación fue meticulosamente creada para hacer notar quién era y quién no era judío.

    Una generación entera, creció sin conocer sus raíces judías, y tan solo descubrió su existencia a los veinte años de edad, aún cuando sus padres continuaban escondiéndolas de ellos. Algunos son hijos o nietos de una madre o abuela judía, algunos tienen un padre o abuelo judíos. Muchas historias se caracterizan por el descubrimiento de gente joven que descubre que tiene raíces judías. Algunas abuelas o abuelos se lo impartieron a sus hijos y nietos en su lecho de muerte, diciéndoles que son judíos, como era el caso de los “Anusim” en España.
    Algunas veces un sidur o un par de tefilín encontrado en el ático de la casa, revelaría lo olvidado. Algunas veces un apellido de familia inusual, o parientes que saben hablar yidish era una señal e indicación de sus raíces.

    Una apertura para el retorno

    De cualquier forma, hay “nuevos anusim”, en Polonia, Anusim que fueron cortados de la vida judía y vivieron como judíos a escondidas con miedo y dolor.
    ¿Cuál es nuestra obligación para con estos nuevos “anusim”? ¿Debemos, quizás, “enterrar” sus sentimientos, y su deseo de regresar a la tierra de Israel junto con nuestro hermanos que fueron enterrados en suelo polaco? Estos anusim de 50 años, tan distintos de los anusim de hace 500 años en España, ¿deberemos esperar otros 450 años para encontrarlos también?

    No hay duda que el estatus halájico de estos jóvenes y familias que desearían retornar al judaísmo son grandes desafíos para los poskim. Después de la guerra, una gran parte de los matrimonios realizados, eran matrimonios mixtos, y los sobrevivientes pensaron: “no hay más judíos en Polonia”. Otros se asimilaron después de la guerra para sobrevivir, por miedo a los polacos. Sin embargo, muchos de ellos desean estudiar judaísmo, venir a la sinagoga, y ayudar a Israel. Y así, sentirse orgullosos de su identidad judía y pertenecer a la nación de Israel una vez más.

    Durante mi visita en Polonia, conocí uno de los supervisores de Kashrut en la comunidad, un hombre de apariencia judía jaredí. Conocí a su esposa, también jarediá, los dos habían participado en una manifestación anti-semita, “skinhead”, neo-nazi, y después con el tiempo descubrieron que eran judíos, hijos de familias que habían escondido sus identidades. Recientemente, festejaron el brit milá de su hijo – en tierra polaca – pero como judíos observantes, y expresando su identidad judía en forma abierta.

    Otra historia, que suena casi como ficción, es la historia de Przemyslaw Piekarksi. Un señor de 40 años, judío polaco con creencias liberales y democráticas. Piekarski peleaba con su madre por sus creencias anti-semitas. Habiendo vivido como niño con una abuela que hablaba alemán, padres políticamente conservadores y con un abierto anti-semitismo. Al realizar sus estudios universitarios, Piekarski tomó una posición liberal, que muchas veces le trajo confrontaciones con su madre , quién utilizaba cualquier oportunidad para expresar su repulsión contra los judíos y el judaísmo. Durante una discusión, le preguntó a su madre sobre su actitud hacia el judaísmo, y se colocó una kipá en su cabeza y le dijo a su madre, “madre, supón que fuera judío, ¿aún así me tratarías de esta forma? ” la respuesta de su madre le reveló algo que el nunca hubiera imaginado: “no tienes que tratar demasiado”, le dijo, “tu ya eres judío”, tu abuela, que siempre pensaste que era alemana, es en realidad judía. Hoy en día Piekarski viene a la sinagoga cada viernes por la noche, y trabaja actualmente en un diccionario Yidish-Polaco, que pronto se publicará. El descubrió que aquello que era el alemán hablado por su abuela, era en realidad Yidish.

    Nuevo retoñar

    Cuando le pregunté al Gran Rabino de Polonia, el Rab Michael Shudrich, si el había pensado que existía alguna posibilidad de que la vida judía en Polonia renaciera, el me respondió: ¡la vida judía ya está renaciendo!

    No hace falta mirar tan lejos, o buscar mucho para encontrar pruebas de la renovación del judaísmo en el país. En Varsovia, un minián es formado tres veces al día. En Lodz, las plegarias de la mañana se hacen cada día en la sinagoga. En Cracovia se hacen cada shabat. Clases de torá en diferentes ciudades, están siendo más y más demandadas, y un shiur de daf iomí, se lleva a cabo cada día en la sinagoga de Varsovia.

    Nuevos rabinos han empezado a regresar y llenar sus sillas como líderes comunitarios en cada ciudad. El Rabino Itzjak Rapoport, es el rabino de Breslau y sus alrededores, y el Rabino Boaz Pash es el rabino de la comunidad de Cracovia (estos rabinos son también enviados de “Shavei Israel” en Polonia). Un judío polaco, el Rab Matitiau Abalet, se recibió de rabino después de la guerra, en la Yeshiva University de New York, y después de 5 años de estudio regresó y recibió su posición de Rabino y director de la escuela en Varsovia.

    Hay doscientos estudiantes al año en la escuela judía hoy en día, desde jardín de infantes hasta noveno grado. Hay también clases para la juventud y los adultos en el centro comunitario de Varsovia, hay más de cien jóvenes hombres y mujeres que vienen a estudiar hebreo cada semana. En Cracovia, los estudiantes y los jóvenes se encuentran en una organización judía llamada “Cholent”

    Publicaciones judías son editadas también: recientemente el jumash con Rashi, fue traducido a polaco, una publicación mensual de la comunidad llamada “midrash” se distribuye a todas las comunidades judías en Polonia, cada semana el rabino de Breslau pública un escrito semanal. “shabat beshabató”, en polaco.
    Hay también demanda de comida kosher en Polonia, y shejitá kosher, muchos productos y comida kosher pueden ser encontrados en diferentes comunidades.

    Pero quizás, la señal más significativa del crecimiento de la vida judía en Polonia, sean, los niños… cada shabat decenas de niños llegan a la sinagoga.

    Una muestra de lo más significativo, de la profundidad de la destrucción, fueron las palabras de Joelis Schtruk, el comandante Nazi que peleó en la guerra de Varsovia, en el 16 de mayo de 1943: “no hay más judíos en Varsovia”. Hoy hay judíos en Varsovia, niños judíos en las sinagogas en Polonia…”y también por ello la gloria de Israel no caerá”.

    Inquisición, y los Anusim
    POR DOQUIER: CRÓNICAS DE UNA TRAVESÍA JUDÍA
    ¿QUIÉNES SON LOS ANUSIM DE NUESTROS DÍAS?
    Por el Rabino Eliahu Birnbaum
    En términos generales, solemos pensar que los anusim son una especie extinguida, que sólo se conserva en los libros de historia y los documentos polvorientos de tiempos de la Inquisición. Pero no es así; hay anusim y descendientes de anusim que viven hasta el presente en todo el mundo y que quieren volver a unir sus destinos al del pueblo judío.
    El fenómeno de la vida oculta del judaísmo de España constituye probablemente uno de los capítulos más apasionantes de la historia judía, y sus testimonios siguen siendo vigentes hasta el presente. A pesar de las numerosas dificultades, los descendientes de anusim lograron preservarse y preservar los lazos con sus raíces judías y la sensación de pertenencia al pueblo judío durante más de 600 años.
    Como se sabe, los anusim son judíos que en tiempos de la Inquisición fueron forzados a convertirse al cristianismo, pero que siguieron cumpliendo los preceptos judaicos en secreto.
    Los anusim se caracterizan por diversos nombres y diferentes historias. El concepto conocido en España y Portugal era el de “marranos” (un apodo despectivo que compara a los anusim con cerdos). Asimismo, el término de “criptojudíos” fue muy difundido, cristianos judíos o conversos, es decir, judíos que habían cambiado de religión. En otros lugares los llamaban “cristianos nuevos” para señalar su reciente incorporación al cristianismo. En Palma de Mallorca (una isla al sur de España) los llaman “chuetas”. Hoy en día, los descendientes de los marranos, chuetas o cristianos nuevos prefieren definirse como “anusim” o descendientes de anusim. El denominador común a todos estos nombres es el hecho de que todos fueron forzados a abandonar el judaísmo y obligados a aceptar la fe cristiana contra su voluntad, a pesar de que en sus corazones y en sus hogares seguían manteniendo la fe y la tradición judía a diferentes niveles.
    Cabe suponer que no todos saben que las leyes de la Inquisición y sus iniquidades subsistieron hasta el siglo XIX. Las leyes de la Inquisición, se revocaron formal y definitivamente en España sólo en 1834; de hecho, en algunos países de América del Sur y en Angola las persecuciones prosiguieron hasta fines del siglo XIX.
    Han pasado más de 600 años desde la aparición del fenómeno de una vida judía oculta en la Península Ibérica, y menos de 200 años desde la revocación de las leyes de la Inquisición en España, Portugal y el continente americano. A pesar de eso, las huellas de los descendientes de anusim no sólo que no desaparecieron de la historia, sino que siguieron existiendo activamente hasta el presente.
    Hoy en día se conoce con certeza la existencia de grupos de anusim y descendientes de anusim en diferentes lugares: algunos siguen viviendo en España y Portugal y se consideran descendientes de judíos de tiempos de la Inquisición; otros siguieron manteniendo su fe y su identidad en los países de dispersión de los anusim que huyeron de la conversión forzada, como Brasil, México, Nueva México en los Estados Unidos y varios países en América del Sur.
    Los descendientes de anusim están recuperando a nivel individual y comunitario la conciencia de pertenencia y el vínculo con sus antepasados. Miles de anusim se encuentran actualmente en proceso de búsqueda espiritual y nacional, a fin de retornar a sus raíces judías. Miles estudian judaísmo en seminarios y clases, participan en la vida comunitaria, en debates y en estudios en sitios de Internet creados para ellos. En general, el judaísmo se mantuvo a nivel individual, fundamentalmente en zonas rurales en las cuales las características sociales les permitían preservar su identidad.
    Estos descendientes de anusim afirman provenir de la maravillosa generación de anusim que mantuvieron su judaísmo en secreto y que transmitieron de generación en generación la tradición de su condición judía, generalmente por vía oral. En casi todos los relatos, la información sobre la condición judía se entregaba antes del fallecimiento del abuelo o la abuela, que querían legar su secreto a las generaciones venideras. La identidad de los anusim se mantenía siempre oculta, sin difundirla ni ponerla en conocimiento de otras personas. El secreto de los anusim puede ser descripto como una especie de red de espionaje subterránea que se preservó oculta durante más de 600 años. La difícil realidad que forzaba a los anusim a ocultar su fe y su identidad judía, dificultó no sólo el cumplimiento de los preceptos sino también su estudio y transmisión a las generaciones venideras. Se puede entender por qué la vida secreta de los judíos revistió diversas formas y aspectos, y costumbres diferentes sólo si se toma en cuenta el hecho de que este fenómeno existió durante varios siglos en muchas regiones apartadas entre sí.
    Recientemente me encontré en España con un hombre de más de 70 años que nació y vivió toda su vida en el pueblo de Sirat. Según todos los datos, en esa región de España (Castellón) no había judíos desde que los reyes les dieron la posibilidad de convertirse al cristianismo o abandonar el país. Pero ese hombre llevaba en el brazo… un talit que su madre le había tejido a mano 60 años atrás para que supiera de dónde venía y a qué pueblo pertenecía. Era un talit blanco con franjas azules, que conservaba para legarlo a sus hijos. Ese hombre, Francisco Bellido, sabía recitar (con gran emoción) las plegarias Shma Israel y Modé Aní en hebreo, tal como se las había enseñado su abuelo. En su casa había una mezuzá de arcilla del siglo XVII, no en la puerta exterior, por miedo a las autoridades, sino en una puerta interna; al pasar por ella la familia solía besarla. Esta tradición había pasado de generación en generación, sin libros, ni rabinos ni instituciones de estudio de la Torá…
    La historia se repite… Lo que los reyes Fernando e Isabel trataron de hacer en España en el siglo XV – borrar todo rastro de los judíos y el judaísmo a través de la expulsión y la conversión forzada en España y Portugal – vuelve a despertar… Un número considerable de descendientes de estas víctimas resurge de la historia y quiere fortalecer al pueblo judío y enmendar aquel capítulo amargo de la Inquisición… Cabe suponer que los reyes de España y Portugal se revolverían en sus tumbas ante esta noticia…
    Por supuesto, la historia de los anusim no es un bloque uniforme. Hay diferentes grupos y muchas divisiones entre ellos, y no todos son descendientes biológicos de los anusim de España y Portugal; pero la mayor parte puede ser considerada como sus descendientes espirituales, teniendo en cuenta las proyecciones halájicas aplicables a cada grupo.
    Hoy en día existen anusim concretos, que han vivido hasta ahora como judíos ocultos, preservando la fe en un solo D-os, cumpliendo los preceptos en secreto y contrayendo matrimonios endogámicos durante más de 600 años. Ellos saben que son judíos y que su identidad judía se preservó a pesar de que durante siglos pensaron que todo el pueblo judío había sido aniquilado y que ellos eran sus últimos remanentes sobre la faz de la tierra. Hay anusim según la Halajá, cuyas familias conservaron la continuidad biológica, pero no la identidad judía: mantenían algunas costumbres y se casaban entre sí, pero no sabían explicar por qué lo hacían… Los viernes encendían velas en secreto y contraían matrimonios endogámicos, pero no lo veían como un acto religioso o judío. Por otra parte, hay anusim con identidad judía que saben que descienden desde hace siglos de una familia judía, que probablemente no conservaron la identidad biológica y se casaron con no judíos, pero que se sienten descendientes de anusim y orgullosos de sus raíces judías, y por ende desean reavivarlas. (Con respecto a esta clase de anusim, Abrabanel escribió que “los consideramos no judíos”; en su opinión “habrán de retornar al judaísmo; D’os no ha desesperado de ellos y con su inmensa misericordia los hará retornar a su Torá”). Hay algunos anusim que descienden de madre judía, y otros de padre judío, pero que se sienten judíos en todo sentido (como los judíos de Rusia, país que determina la religión de una persona según la de su padre). Lamentablemente, también hay cristianos evangelistas y mesiánicos que tratan de infiltrarse en el pueblo judío asegurando que descienden de anusim.
    El tema de los anusim y sus descendientes no ha sido examinado a fondo por los estudiosos rabínicos de nuestro tiempo. No abundan las respuestas y los dictámenes que se refieren a ellos y que tratan de proponer una forma de hacerlos retornar al seno de nuestro pueblo en estos tiempos. Cabe suponer que la razón principal de ello es que los anusim siguen replegados sobre sí mismos, como desde hace siglos. Sólo después del cambio de gobierno en España (la muerte de Franco) y Portugal (el fin de la dictadura y el comienzo de la democracia en 1975), los descendientes de anusim se sintieron libres para exponer sus sentimientos y pedidos.
    Por supuesto, en las generaciones posteriores a la expulsión de España y Portugal (en los siglos XV, XVI y XVII) hubo muchos estudiosos que examinaron la condición de quienes se habían visto forzados a aceptar el cristianismo y bautizarse, pero habían conservado en sus corazones la fe judía. Desde entonces y hasta el presente, el tema de los anusim siguió existiendo no sólo en lo más profundo de los corazones de sus descendientes sino también en secreto en el mundo rabínico. A partir del siglo XVIII, el tema desapareció casi por completo de la orden del día judía y nacional.
    Pero los anusim y su situación volvieron a ser objeto de análisis en Elul de 5689, en el Consejo de los Grandes Sabios de la Torá en tiempos de la Segunda Gran Asamblea; todos acordaron sobre la necesidad de acercarlos al pueblo judío. El Rabino Zirelson señaló en su libro de responsa y homilías Maarajei Lev: “Recibir a nuestros hermanos alejados, los anusim de España y Portugal, con los brazos abiertos para hacerlos retornar bajo las alas de la Presencia de D’os”. El Rabino Guedalia Felder escribió en su libro Najalat Zvi: “De lo antedicho se debe entender que el judaísmo no odia a los anusim, sino que los ha considerado ajenos a los demás pueblos, y a quienes quieren retornar se les dice: ‘Hermanos alejados, vuelvan al seno de su pueblo; sepan que la gente dice que un mirto que se encuentra entre las espinas se llama mirto, ése es su nombre’ [una persona no cambia su naturaleza aunque no se encuentre en su lugar]”.
    También el Rabino Yehuda Halevi Ushpizai z”l, rabino y titular del Tribunal Rabínico de Ramat Gan, escribió: “Ahora creemos que D’os ha recordado a su pueblo y su tierra, y que hemos tenido el privilegio de despertar del exilio, tal como lo prometiera el profeta Ezequiel: ‘Pero vosotros, montes de Israel, echaréis vuestras ramas y produciréis vuestro fruto para mi pueblo Israel; porque pronto vendrán’… Debemos despertar a los anusim de España y decirles que el D’os de Israel los llama, que retornen al pueblo judío… En su libro sobre la Torá eterna, Don Isaac Abrabanel los ha perpetuado y ha prometido que los anusim de España volverán al judaísmo”.
    El Rabino Haim David Halevi z”l escribió: “A partir de ahora, una de las maravillas de la futura redención milagrosa del pueblo judío será el retorno de los hijos perdidos y extraviados al seno del judaísmo. Y si también los descendientes de los anusim de España y América quieren retornar al judaísmo, veremos en ello parte del ‘inicio de la redención’…”
    El Rabino Mordejai Eliahu Shelita escribió: “Puesto que ha pasado mucho tiempo desde la época de los anusim hasta el presente, y existe el temor de que se hayan mezclado con no judíos, ‘debemos atraerlos con benevolencia’, es decir, se los debe elogiar porque quieren cumplir abiertamente con los preceptos de la Torá”… También el Primado de Sion, el Rabino Shlomo Moshe Amar Shelita anunció la creación de una comisión que examine la pertenenia de los anusim al pueblo judío y la forma adecuada de hacerlos retornar.

    China, Kaifeng
    LOS DESCENDIENTES DE LOS JUDÍOS DE KAIFENG: ENTRE LA IDENTIDAD RENACIDA Y LA IDENTIDAD DESAPARECIDA
    Por el Rabino Eliahu Birnbaum
    Las características y orígenes de los judíos de la China
    ¿Hay judíos chinos? El tema de la China en general y de los judíos de la China en particular, parece estar envuelto en la bruma de las leyendas exóticas, tanto por la distancia geográfica con el Lejano Oriente como por los intentos de la China de desconectarse del resto del mundo y por su tenaz voluntad de preservar su identidad peculiar. La judería china es una de las comunidades judías más antiguas en el Lejano Oriente.
    Las opiniones con respecto al momento de llegada de judíos a la China varían. Hay quienes dicen que estaban allí desde los comienzos de la historia judía, por ser descendientes de las diez tribus perdidas. Otros sostienen que llegaron en el primer siglo de nuestra era o aún después, en 231, con la expulsión de los judíos de Persia. Pero no caben dudas de que los judíos llegaron a la China en el siglo VII u VIII, con los primeros judíos arribados de la vecina India, o con los viajes de los mercaderes europeos por la ruta de la seda.
    La China es mencionada en los textos legendarios de Eldad Hadaní, un autor hebreo de relatos de viajes imaginarios del siglo IX. Menashé Ben Israel, que vivió en el siglo XVII y escribió el famoso libro Una esperanza para Israel, menciona la existencia de judíos en la China que, en su opinión, descendían de las diez tribus perdidas. También Benjamín de Tudela encontró judíos en sus viajes a la China, si bien casi no habla de ellos.

    Las características de los judíos de Kaifeng a lo largo de la historia
    Entre las comunidades judías más peculiares y aisladas del mudo que cautivaron tanto a judíos como a investigadores, se cuenta la comunidad de Kaifeng, la ex capital del distrito de la dinastía Song. La comunidad logró sobrevivir durante mil años en condiciones de desconexión casi total del resto del mundo judío, hasta que se asimiló a su entorno hace unos 150 años. Sus orígenes se remontan al siglo XI, con judíos llegados de la India y de Persia. Aparentemente, la comunidad judía de Kaifeng fue descubierta en 1605 por el misionero jesuita Mathew Richards.
    En el pasado, la comunidad de Kaifeng contaba con miles de miembros por la tolerancia y apertura que reinaban en la China hacia los judíos. Sus integrantes se dedicaban a diversas actividades, como el comercio, los oficios, la administración pública y el ejército. Los judíos de Kaifeng adoptaron parte de la cultura china, pero preservaron su unidad como comunidad hasta la modernidad. Su sinagoga, una combinación singular de arquitectura china y tradición judía, era uno de los edificios más impresionantes de la ciudad. El último rabino de la comunidad de Kaifeng falleció en 1867.
    La sinagoga de la comunidad, construida en 1163, fue destruida varias veces y reconstruida otras tantas, hasta que en 1860 fue destruida por una creciente del Río Amarillo. A partir de entonces la comunidad empezó a disgregarse y asimilarse. En el lugar de la sinagoga no quedan vestigios de la misma, y actualmente funciona allí un hospital público. En las últimas décadas muchos soñaron infructuosamente con reconstruir “el Palacio de la Verdad Pura”, tal como la llamaban los judíos de Kaifeng. Es una especie de “sueño romántico” de muchos judíos del mundo, que lo ven como el símbolo de la renovación de la vida judía en el lugar y del resurgimiento de la identidad judía en la China.
    Una de las leyendas más apasionantes narradas por los descendientes de los judíos de Kaifeng despliega la historia de éstos y de los primeros misioneros cristianos en la China. Los judíos, que nunca habían oído hablar del cristianismo, supusieron que todas las personas que creían en un solo D’s eran necesariamente judías; los misioneros, que no imaginaban que pudiera haber judíos en la China, supusieron que se trataba de “cristianos perdidos”. Cuando se descubrió el error, los cristianos trataron vanamente de convertir a los judíos, porque éstos se aferraron a su lealtad a la tradición judía (esta leyenda aparece también en el libro de la Dra. Beverly Friend y el Prof. Xu Xin, Las leyendas de los judíos chinos de Kaifeng).
    El Medioevo fue la edad de oro de los judíos de Kaifeng. En los siglos XVI y XVI buscaron semejanzas entre el confucionismo y el judaísmo; aparentemente, sentían la necesidad de encontrar semejanzas entre las creencias y ritos judíos y los chinos, para demostrar que los judíos podían encontrar fácilmente denominadores comunes con la China. A tales fines, los sabios judíos prepararon textos grabados en piedras, que expresan esos elementos comunes. La comunidad judía depositó esas piedras en la sinagoga y en otros lugares en 1489, 1512, 1663 y 1679. La piedra más antigua (1489) presenta a Abraham como el fundador de la religión judía y como activo oponente de la idolatría: “Ellos no hacían ídolos, no adoraban espíritus ni demonios y no creían en supersticiones. Con respecto a la construcción de estatuillas e imágenes y a los dibujos con formas y colores, son cosas vanas y hueras”.
    Pero con el paso del tiempo, los judíos de Kaifeng tuvieron dificultades para preservar su judaísmo, hasta que olvidaron cómo leer la Torá en hebreo y escribieron un Libro de la Torá en chino (el Museo Británico tiene uno de ellos). Por la influencia local y la adaptación a la agricultura regional empezaron a preparar los panes de Shabat con harina de arroz…
    En una carta conmovedora de 5660 (1900), la comunidad sefardí de Shangai se dirige a los judíos de Kaifeng que se quejan de su situación espiritual y les ofrecen ayuda. La carta testimonia la situación de la comunidad en aquel entonces:
    “A nuestros hermanos y afines en la redención: Hemos oído que la sinagoga resultó destruida y que no cuentan con un rabino ni maestro que les enseñe la Torá de D’s y el recto camino para servir a D’s… Ahora han olvidado todo y vendido los Libros de la Torá que aún les quedaban. No hace mucho tiempo vimos aquí, en Shangai, esos libros en manos de no judíos que los compraron hace tres o cuatro meses, y hemos oído que ustedes quieren vender los que aún les quedan, porque no hay quién sepa leerlos…
    Al oír esta mala noticia, se nos ha destrozado el corazón y estamos embargados de congoja y aflicción… porque ustedes olvidaron la Torá de D’s que sus antepasados les habían enseñado, y abandonaron el culto a D’s, el Shabat, las festividades y la circuncisión. Por eso acudimos a ayudarlos y queremos enviarles emisarios de nuestro pueblo para que vean qué pasa allá… Queremos asistirlos en todo lo que podamos, para que retomen la senda de sus antepasados, que también son los nuestros… Si necesitan fondos para construir la sinagoga, trataremos de recolectarlos y de enviárselos… Si necesitan un maestro que les enseñe la Torá y las leyes, también trataremos de enviárselo, y si les parece bien venir a Shangai y vivir aquí con nosotros, les daremos ocupación y podrán hacer buenos negocios… Podrán marchar por la senda de sus antepasados… Por eso, no vendan los Libros de la Torá que aún conservan”…

    El problema de la nación judía en la China
    La tradición de los judíos de la China señala que tenían siete apellidos que les habían sido dados por el emperador Song de la dinastía Ming, que tenía dificultades para pronunciar sus apellidos originales. Los nuevos apellidos (Zhao, Zhang, Shi, Li, Jin, Lao y Ai) fueron preservados por las familias judías y existen hasta el presente en los descendientes de judíos.
    En la China hay 56 “naciones” o “minorías” reconocidas, pero los judíos o los descendientes de judíos no se cuentan entre ellas. Este sistema se inició en 1949, por la influencia de Stalin sobre la definición de las minorías nacionales reconocidas por el gobierno central. En 1953, las autoridades chinas rechazaron el pedido de conferir a los descendientes de judíos de Kaifeng la condición de nación, situación que conlleva hasta el presente muchas limitaciones en cuanto a las posibilidades de mantener una vida religiosa pública y legal. Sólo en los últimos tiempos se supo que cuando una de las comunidades judías de la China quiso constuir una mikve (baño ritual), tuvo que convencer al gobierno de que el lugar funcionaba como un “spa”, y no como un sitio para el cumplimiento de preceptos religiosos.
    La resolución de no reconocer a los descendientes de judíos como minoría nacional fue tomada también por el gobierno chino en 1953 y en 1980, porque no responden a los criterios adoptados para las otras minorías. En un interesante documento del Frente Unido del Comité Central del Partido Comunista Chino del 8 de junio de 1953, se lee: “La conclusión que se desprende es… que los judíos dispersos en Kaifeng no mantienen relaciones económicas directas entre sí, no tiene un idioma propio ni una zona de residencia conjunta, se han mezclado totalmente con la población mayoritaria en la vida política, económica y cultural. Asimismo, no presentan ninguna otra característica especial… Todo esto indica que no es de interés verlos como un grupo étnico separado, porque no son una nación judía en sí”…
    Pero aunque los judíos y su religión no fueron reconocidos como una minoría nacional, somos testigos de un fenómeno muy interesante: desde el primer censo de población implementado por el gobierno comunista, los descendientes de los judíos de Kaifeng aparecen en las listas de documentos de residencia como pertenecientes a la nación “judía” (Yoho – Tai). A diferencia de ello, en otras regiones de la China no había ningún registro de los judíos por su religión, y algunas veces aparecen como parte de la mayoría china, y otras como parte de la minoría musulmana que, tanto para el gobierno como para los judíos, era el grupo más cercano al judaísmo. El registro de “judío” en el documento de identidad existió hasta 1996, ¡hasta hace tan sólo diez años! (Por supuesto, esto recuerda la inscripción de nacionalidad “judía” en los certificados de nacimiento de los judíos de Rusia, pero la diferencia radica en que ésta última está reconocida por el Estado de Israel a los fines de la Ley del Retorno, mientras que en el caso de los descendientes de los judíos de Kaifeng no lo está, algo para lo que no tengo explicación).
    Es interesante señalar que los chinos no llaman a los judíos “judíos”, sino que usan la palabra china “Yoho – Tai”. El término “judío” en chino cambió varias veces con el paso del tiempo: en el pasado los judíos eran “Yetzeloya”, es decir, “Israel” o “la secta de los arrancadores de tendones” (en alusión al tendón del muslo), o “la secta de los escribas” o “musulmanes con gorros azules” (por la presunta proximidad entre el judaísmo y el Islam).

    El encuentro con los descendientes de los judíos de Kaifeng
    En mi visita a Kaifeng me encontré con los descendientes de judíos. Por mi condición de rabino, el grupo temía mantener una reunión formal, porque no están reconocidos como “nación” y tienen prohibido el cumplimiento de una vida religiosa. Por eso debimos recurrir a muchos “trucos”, hasta que nos encontramos en un lugar secreto y sin miradas escrutadoras.
    El encuentro fue sumamente conmovedor. Los descendientes de judíos estudian hebreo y judaísmo en secreto y quieren reconectar su destino con el del pueblo judío. Las canciones Am Israel Jai y otras melodías judías sonaban naturales y emocionantes en sus bocas.
    Cuando les pegunté por qué querían retornar al judaísmo y al pueblo judío, me brindaron una respuesta original que conecta la cultura china y la judía. La cultura china respeta tres principios: los padres, la sabiduría y la naturaleza. Los descendientes de los judíos de Kaifeng quieren respetar a sus padres volviendo a la religión de sus ancestros. En otras palabras, el retorno a la cultura judía proviene de la cultura china.
    Después del encuentro visitamos a la familia Shi-Li, una de las más antiguas en Kaifeng, en la que había nacido una niña. Después del parto tuvieron que pagar una multa. Como se sabe, en la China está prohibido tener más de un hijo; sólo los grupos reconocidos como las 56 minorías nacionales antes mencionadas están autorizados a tener más hijos. Esta ley genera una situación especial, por la cual muchos judíos prefieren registrarse como musulmanes (que, en su opinión, son la religión más próxima al judaísmo) para poder tener más de un hijo. Cuando la Sra. Shi-Lin quedó embarazada y la pareja fue al hospital para hacer los estudios correspondientes, los médicos le exigieron que abortara. La familia no estaba dispuesta a hacerlo, y por eso la señora se trasladó a una aldea alejada hasta el momento del parto.
    Cuando pedí a mis anfitriones que me llevaran al cementerio judío, me explicaron que la comunidad no tenía un cementerio central, sino varios cementerios “familiares”, y que cada familia descendiente de judíos tiene el suyo propio. Visitamos el pequeño cementerio de la familia Jin, que simboliza la antigua relación de los judíos de Kaifeng con el judaísmo, en donde vimos una placa recordatoria colocada por la familia, y un monumento que señala su árbol genealógico en los últimos siglos.
    En los últimos años se pude percibir un despertar judío en Kaifeng, a partir de la declinación del comunismo. Se debe recordar que en 1992 se abrió la Embajada de Israel en la China, acto que los descendientes de judíos vieron como un símbolo que les hizo confiar en recibir apoyo del Estado de Israel para preservar su judaísmo, algo que no sucedió.
    En el siglo pasado el mundo judío empezó a demostrar interés en los descendientes de judíos de Kaifeng. El judaísmo de Kaifeng constituye un vínculo singular entre el mundo judío y la historia de los judíos en Oriente. Pero a pesar de que hoy en día los descendientes de las familias judías originarias de Kaifeng se vuelven a reunir y tratan de revivir sus antiguas costumbres y la tradición judía, no gozan de reconocimiento ni apoyo estatal. Quieren ser reconocidos como minoría o como nación judía y recuperar la inscripción correspondiente de “Yoho – Tai” en sus documentos de identidad y residencia. La postura oficial es que los descendientes de judíos se asimilaron por completo y desaparecieron. Resulta difícil calcular cuántas personas se identifican como descendientes de los judíos de Kaifeng, pero el número oscila entre algo menos de 1.000 y 5.000.
    En los últimos años llegaron a Israel varias familias e individuos descendientes de los judíos de Kaifeng, que a pesar de no ser reconocidos como judíos con derecho a la Ley del Retorno, pasaron la conversión ortodoxa y lograron cumplir su sueño de retornar al pueblo judío.

    Entre la cultura israelí y la china
    Los judíos y los chinos son dos pueblos de antigua data que lucharon, cada uno a su manera, para preservar su tradición e identidad en procesos de modernización. Una diferencia es que los chinos, más que otros pueblos, están aislados y concentrados en un solo lugar, mientras que los judíos son el pueblo más disperso del mundo.
    La relación más interesante entre los chinos y los judíos aparece precisamente en el Tratado Teológico-Politico de Spinoza, que entendió la gran probabilidad de que las dos civilizaciones más antiguas del mundo recuperaran su independencia, porque ambas preservaban tenazmente sus diferencias específicas. Fue el primero en entender que, aparentemente, hay una ley histórica común aplicable a judíos y chinos por igual. En su libro, Spinoza compara los dos signos externos que preservan la peculiaridad de estos pueblos: la circuncisión en los judíos y la trenza en los chinos…
    Con el telón de fondo de la gran China, considerada como una de las potencias del mundo moderno, la larga historia de los emperadores chinos, su cultura peculiar y el poder del Partido Comunista hasta hace poco tiempo, la prolongada existencia de una pequeña comunidad judía en Kaifeng debe ser vista algo asombroso; por otra parte, el actual despertar y renacimiento de la comunidad de los descendientes de judíos en Kaifeng, y su deseo de retornar a la fe de sus antepasados deben ser vistos como un milagro. El destino de esta comunidad histórica no se ha decidido aún, y la historia habrá de enseñarnos cuáles serán su futuro y su sino.

    Panama, comunidad sin asimilación
    Panamá, una comunidad sin asimilación
    Por el Rabino Eliahu Birnbaum
    El turista judío que llega a Panamá puede asombrarse de dos maravillas del mundo: el Canal de Panamá y el Rabino Sion Levy, Gran Rabino de la comunidad judía en Panamá.
    Como se sabe, el Canal de Panamá es una importante vía marítima que atraviesa el istmo de Panamá en América Central, y que une el Océano Atlántico con el Océano Pacífico. Se trata de un canal con un sistema de esclusas cuya construcción implicó uno de los desafíos de ingeniería más difíciles de la historia. El canal fue construido durante varias décadas e inaugurado para el paso de naves en 1914.
    Pero no menos esfuerzos y conocimientos de ingeniería se invirtieron en la comunidad judía de Panamá hasta llegar a la situación de hoy en día: una comunidad sin asimilación. Una de las situaciones actuales más características del pueblo judío disperso entre otros pueblos es el fenómeno de la asimilación y los matrimonios mixtos. Son pocas las comunidades que lograron ponerle freno para llegar a una situación sin matrimonios mixtos; Panamá es una de ellas, y el Rabino Sion Levy es el ingeniero que supervisó las tareas, con sabiduría y sensibilidad.
    El Rabino Sion Levy desempeña sus funciones en Panamá desde hace 55 años; sin lugar a dudas se trata de un logro digno de mención en el Libro de Récords de Guinness del mundo rabínico.
    Los primeros judíos que se establecieron en Panamá eran anusim, que en los siglos XVI y XVII llegaron a la entonces colonia española. La primera comunidad judía se creó en 1876; era una comunidad reformista llamada Kol Shearit, que existe hasta nuestros días.
    En 1933, judíos llegados de Siria crearon la comunidad Shevet Ahim, hoy en día la comunidad madre en Panamá. En aquellos tiempos se creó también una tercera comunidad, Bet El, fundada por judíos askenazíes que habían huido del nazismo.
    Hoy en día se estima que en Panamá hay unos 10.000 judíos, en su mayoría de origen sirio (fundamentalmente de Aleppo), algunos askenazíes y no pocos israelíes llegados con el paso del tiempo.
    A mi entender, Panamá es el único país del mundo (a excepción del Estado de Israel) en el que hubo dos presidentes judíos: Max del Valle en 1964-1968, y Eric del Valle Maduro en 1987-1988.
    Shevet Ahim es un ejemplo de una comunidad que cuenta con toda la infraestructura judía, religiosa y educativa, para preservar la existencia judía. Tal como me dijera el Rabino Sion Levy en nuestro último encuentro en Panamá: “En Panamá hay todo lo que hay en la Tierra de Israel, a excepción del Muro de los Lamentos”.
    La comunidad cuenta con dos sinagogas y una tercera en construcción, restaurantes kasher, mikvaot, tres escuelas judías, una yeshivá, un kolel, un instituto de formación docente para mujeres, etc. Todo ha sido construido con gran lujo y magnificencia, porque el Rabino Sion Levy insiste en que el recinto de oraciones no debe ser menos espléndido que las casas de los miembros de la congregación.
    La red escolar enorgullece a la comunidad y forma parte de los esfuerzos del Rabino Sion Levy para sentar las bases de la educación judía y la vida espiritual. La escuela más grande se llama “Albert Einstein” y cuenta con 1.000 alumnos; la “Academia Hebrea” tiene 500 alumnos y orientación religiosa ultraortodoxa, y la tercera escuela, “Ytzhak Rabin”, pertenece a la congregación reformista de la ciudad.
    Todos siguen al Rabino Sion Levy
    Pero nada surgió de la nada… Hay una mano orientadora en la ciudad, que durante muchos años se ha ocupado de la preservación y crecimiento espiritual de la comunidad: el Rabino Sion Levy, que ejerce sus funciones rabínicas desde hace 55 años.
    Quienes conocen el mundo rabínico, sin dudas han oído hablar de la figura peculiar del Rabino Sion Levy, que además de ser un gran erudito y emitir dictámenes rabínicos, es un gran líder.
    El Rabino Sion Levy fue una de las eminencias de la yeshivá Porat Yosef, y condiscípulo del Rabino Ben Zion Abba Shaul, el Rabino Haim David Halevi, el Rabino Shloush y el Rabino Ovadia Yosef. Durante 13 años estudió en jevruta con el Rabino Ovadia Yosef shelita. Sus rabinos más destacados fueron el Rabino Yaacov Ades z”l, el Rabino Ezra Attayah z”l, el Rabino Eliahu López z”l, el Rabino Ovadia Hadayah z”l y el Rabino Ben Zion Uziel z”l.
    Pero el Rabino Sion Levy no acedió a abandonar la Tierra de Israel para marchar a Panamá hasta que el tribunal rabínico de Jerusalén, integrado por los Rabinos Herzog y Uziel, los Grandes Rabinos de aquel entonces, dictaminó que ejerciera sus funciones en Panamá: “Nos reunimos en carácter de Gran Tribunal Rabínico para dictaminar que el Rabino Sion Levy marche a santificar el Nombre de D’s en Panamá. Este dictamen es válido por dos años y posteriormente podrá ser reexaminado”.
    La principal característica del Rabino Sion Levy es su capacidad de ver más allá de la realidad inmediata, no sólo con un anticipo de un mes o dos, sino de una década o una generación. Siempre pensó “en grande” sobre el futuro de la comunidad, y con ingentes esfuerzos e inagotable dedicación logró cumplir sus objetivos.
    A pesar de su forma de actuar halájica, y tal vez precisamente por ella, el Rabino Sion Levy suele decir: “No siempre hay que darse la cabeza contra la pared. Si la comunidad no está preparada y dispuesta para consumir sólo Jalav Israel, no hay que complicarle la vida. ¿Qué sentido tiene repetir la amida si eso hace que no vengan a colocarse los tefilín y a rezar en el minián antes de ir a trabajar? ¿De qué servirá la inmersión ritual de los varones, si eso lleva a que las mujeres no entren a la mikve? Ésa es la forma de actuar del Rabino Sion Levy: dictámenes halájicos en consonancia con las necesidades de la congregación y su ritmo de progreso.
    Con el paso del tiempo, el Rabino Sion Levy se convirtó en símbolo y ejemplo en el mundo rabínico en la diáspora. Tal como lo ha señalado en sus escritos: “Toda mi intención es dejar sentados por escrito los problemas que padecí, las luchas y dificultades para crear la comunidad, para que las generaciones venideras de rabinos y dirigentes los conozcan y no se dejen abatir por los problemas”.
    El Rabino Sion Levy se ha impuesto cuatro principios básicos para liderar la comunidad, y los mantiene desde los inicios de su labor hasta el presente. Sin duda, los mismos pueden ayudar a los rabinos jóvenes que inician sus funciones en las comunidades de la diáspora:
    1. No intervenir en la vida privada de los miembros de la comunidad, sino sólo en la vida pública y comunitaria.
    2. Construir una infraestructura educativa para la generación joven, que influya sobre el futuro de cada judío de la comunidad.
    3. No incluir los 613 preceptos en un solo bloque, sino avanzar paso a paso con cada precepto por separado.
    4. No recibir pago por los servicios prestados, sino brindarlos sin retribución.
    Recientemente se publicó un libro voluminoso titulado El líder y la comunidad. El Rabino Sion Levy y la comunidad Shevet Achim de Panamá, escrito y editado por Meir Miara, que despliega una amplia visión del quehacer del Rabino Sion Levy en la conducción de la comunidad.

    Zimbawe
    Un geriátrico blanco en África
    Por el Rabino Eliahu Birnbaum
    El edificio perteneciente a la sinagoga fue vendido a católicos, y en el colegio judío estudian no judíos. ¿Acaso es posible ser judío en Zimbawe?

    ¿Cómo se puede llevar una vida judía en un país con 900% de inflación anual y 80% de desocupación, en el cual no hay provisión regular de agua y electricidad, practicamente la mitad de la población son portadores de sida y la expectativa de vida es de las más bajas del mundo (36 años)? Este es el desafío de la pequeña pero maravillosa comunidad de Belwaio, Zimbabue.

    La mayor parte de los judíos, arribaron a Zimbabue entre fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Los mismos, llegaron a la colonia inglesa Rodesia, la cual finalmente logró su independencia y se convirtió en Zimbabue (1970). En el año 1894 llegaron los primeros judíos de Lituania y Rusia, y en el año 1920 se les sumaron a estos, judíos de la isla de Rodos – Grecia. En el año 1930 arribaron al país judíos que huían de Alemania, y luego de la Shoá, se unieron algunos más.

    A lo largo de los años, la comunidad creció, y en los 60´ la misma contaba con 8000 judíos. En esa época, fueron construidas dos sinagogas en la ciudad Harare, una ashkenasita (1895) y otra sefaradita (1931). En el año 1911, fue construida una sinagoga grande y muy impresionante en la ciudad de Bulawayo. Dos colegios judíos fueron construidos en Zimbabue, el colegio Carmel en Bulawayo y el colegio Sharon en Harare. Sin embargo, en el año 1970 cuando comenzó la revolución ciudadana en y con ella una lucha entre el gobierno y la oposición, la mayoría de los judíos abandonaron el país.

    Hoy en día, viven en Zimbabue únicamente 300 judíos. La mayor parte se encuentra concentrada en las ciudades Bulawayo y Harare y tan solo algunos individuos viven en Kwe Kwe, Gweru y Kadom. La mayor parte de los judíos que viven en el país son de edad avanzada. Tan solo unos pocos, aún recuerdan los días de gloria de Zimbabue, y no se olvidan de recordar con orgullo que el actual dirigente del Banco de Israel ha nacido allí.

    La situación económica y política, y quizás también la situación de la salud – dado que uno de cada dos ciudadanos negros está enfermo de sida – han causado una gran huída de judíos del país. Una gran parte de las tierras de los ciudadanos blancos, han sido tomadas por el gobierno y entregadas a organizaciones colectivas de gente negra para que los mismos las puedan trabajar. Muchos judíos se quedaron sin tierra ni propiedades y la inflación llevó a la desvaloriozación de la moneda. Hoy en día, no es posible salir de compras sin menos que 2-3 millones de Zimbabues, e incluso con este monto, la cantidad de cosas que pueden ser compradas es muy pequeña. Los miembros de la comunidad describen situaciones en las cuales a veces no hay arroz o incluso nafta.

    Es importante señalar, que en Zimbabue vive una tribu llamada “Judíos Rusape”, quienes dicen ser descendientes de las “diez tribus”. Ellos, forman una comunidad aparte, y no son incluidos en los números o relatos de este artículo (quizás un artículo acerca del tema sea escrito en el futuro si Dios quiere).

    97.5% de los alumnos no son judíos

    En la mayoría de las comunidades, la institución principal de la comunidad es el colegio judío, pero en Zimbabue las cosas son diferentes. La institución principal ha pasado a ser el geriátrico judío, en el cual viven 30 personas. El mismo, es usado durante los días de la semana como sinagoga, debido a que los judíos se encuentran allí durante el día y la noche, y así no hay necesidad de buscar un minián. El Rab de la comunidad reza con los ancianos del geriátrico día a día, mientras que parte de ellos no saben en su llegada o en su ida si estuvieron en el rezo de la mañana o de la noche. En Shabat, las tefilot tienen lugar en el edificio de la comunidad.

    Una de las figuras más interesantes del geriátrico es Leizer Abramson, quien falleció hace prácticamente un año a la edad de 107. He tenido el honor de conocerlo en mi paseo por Bulawayo. Leizer nació en Bayteitel Polonia, al lado de Bialistok, y llegó a Rodesia en el año 1926. Vivió sus últimos 30 años en el geriátrico judío y allí su vida llegó a su fin. La misma comenzó en el siglo XIX y finalizó en el siglo XXI.

    El colegio judío Carmel, el cual fue fundado para niños judíos, cuenta con 200 alumnos, pero tan solo 5 de ellos son judíos (dos de ellos son los hijos del Rabino local). Entre los alumnos de la escuela se encuentran católicos, musulmanes e indúes, blancos y negros los cuales demandan un alto nivel de educación. Paradójicamente, todos los días viernes comienzan las clases como es común en un colegio judío con “mode aní”(parte del rezo matutino), “Kabalat Shabat”(recibimiento del shabat) y finalizan con el “Hatikva” (himno israelí). El kidush es dicho por uno de los niños judíos y la bendición del pan es recitada por uno de los niños no judíos. Es importante aclarar que no hay clases en Shabat y festividades. Asimismo, también en el colegio judío Sharón, la mayor parte de los niños no son de origen judío.

    Un colegio judío con mayoría no judía no es algo exclusivo de Zimbabue; esto también sucede en varias comunidades del mundo como manifestación de que la comunidad no desea quedarse atada al pasado y como nostalgia con respecto a tiempos mejores que ya no volverán. Este fenómeno, es muy común en lugares en que en su momento existieron grandes comunidades y escuelas florecientes, y que hoy en día, la cantidad de judíos que forman parte de las mismas son realmente un número muy pequeño. Así, sucede en el colegio “Albert Einstein” de Quito – Ecuador, en el colegio judío de La Paz – Bolivia, el colegio de Port Elizabeth en África del Sur y otros tantos. Es difícil explicar la preservación de estos colegios de forma lógica y simple. Parecería ser que se trata de un instinto de supervivencia comunitaria: la comunidad siente que el hecho de que exista un colegio judío, incluso que no estudien en él niños o jóvenes judíos, “mantiene el fuego encendido” de la comunidad y por ende el cierre del mismo, implica el derrumbe de la misma.

    ¿Y qué sucede con el Rabino? El Rab Natán Asmuja y su esposa Katy cuentan con cuatro años de liderazgo rabínico en la comunidad. Su lugar lo llenarán el Rab David Alima y su mujer Efrat (ambas parejas son egresadas del programa Amiel-Strauss). La familia Almuja tiene tres hijos, o en otras palabras, el 60% de los niños de la comunidad en Bulawayo. A lo largo de los años, la Rabanit Katy sostuvo un colegio privado para sus niños en su hogar. Todos los días, luego de que los niños regresaban de la escuela, sentaba a los niños junto con los libros de estudio de Israel y les enseñaba el programa de estudios en Hebreo, Tanaj, Mishná y Halachá. Sin embargo, por sobre todo, la familia del Rab debe enfrentarse a la sensación de soledad en el sentido social. A pesar de que la comunidad de Bulawayo es pequeña y familiar, es difícil no sentir la soledad de la familia rabínica.

    La destrucción del templo

    Como cualquier ser humano, existen asimismo comunidades que han pasado traumas. Lamentablemente, así sucedió con la comunidad judía de Bulawayo hace cuatro años.

    En Shabat Shuba, la noche de Iom Kipur de 5763, pasó el hecho más trágico que podía suceder: el Beit Hakneset central, el más grande y más bello de toda la comunidad, el cual contaba con 1500 lugares de rezo, se incendió justo en los 10 días de arrepentimiento. Es difícil saber qué es lo que causó este incendio, pero no hay que descartar que fuerzas musulmanes extremas hayan realizado un acto de vandalismo. La sinagoga, la cual era el orgullo comunitario, fue totalmente incendiada. Las paredes externas quedaron como recuerdo, he incluso los libros sagrados, los muebles y el Heichal se hicieron cenizas. De forma increible, los libros de la Torá que se encontraban en el Arca Sagrada, la cual fue construida al estilo Iraquí (dentro de un cuarto interno), no sufrieron ningún daño y fueron salvados del fuego.

    Cuando visté Bulawayo, prácticamente un año después del incendio de la sinagoga, todavía era posible oler el humo dentro del edificio. La visión general del Beit Hakneset incendiado era realmente deprimente.

    No es fácil imaginar la sensación de la pequeña comunidad, la cual se encuentra en una lucha por sobrevivir, ver a su sinagoga quemándose 24 horas antes de Iom Kipur. La comunidad se encontraba shockeada, pero de todas formas logró recomponerse y reorganizarse. Los rezos del sagrado día fueron llevados a cabo en el centro comunitario.

    Luego de la festividad, comenzó el dilema entre los miembros de la comunidad. ¿Acaso hay que construir nuevamente el Beit Hakneset o tan solo venderlo y trasladarse a otro lado? Los ancianos, quienes cuentan con experiencia, votaron por trasladarse a un lugar alternativo. Ellos no creyeron que la comunidad pueda volver y reconstruirse, y retornar a sus días de oro. Los jóvenes de la comunidad no podían desprenderse de la sinagoga como símbolo de esperanza y continuidad de la comunidad, y por lo tanto pidieron que la misma sea reconstruida. Luego de largas discusiones, la comunidad decidió vender el Beit Hakneset. Después de consultar con adjudicadores de halachá, la sinagoga fue vendida por un tercero a una iglesia evangelista africana, quien manifestó deseo de comprar el edificio.

    Resulta ser, lamentablemente, que este ha sido el destino de la mayor parte de las sinagogas de Zimbabue: en la ciudad Gweru, el Beit Hakneset se encuentra en uso de la iglesia Pentecostesa; en la ciudad Kue Kue la sinagoga fue comprada por la comunidad Indonesa y es usada para sus necesidades. En Kadom el Beit Hakneset que fue construido en el año 1940 fue destruido y sobre el mismo, se construyó la iglesia católica de la secta “Testigos de Jehová”.

    En el patio del Beit Hakneset que se quemó, se encontraba la Mikve comunitaria. La comunidad llegó a un acuerdo con la iglesia, de acuerdo al cual, la Mikve continuará estando bajo control de la comunidad. La gente de la iglesia dejaron un camino en el patio de la misma, el cual será usado por quienes vienen a utilizar la mikve. Los mismos, debido a la emoción que les causó el hecho de que la mikve de los judíos estará dentro de su territorio, intentaron agregar al acuerdo que también ellos podrán utilizar las aguas purificadoras cuando deseen, pero en eso el Rab no estuvo de acuerdo… la mikve se encuentra en el territorio de la iglesia, pero el uso es únicamente de la comunidad judía.

    A pesar de la situación especial y difícil en el país y en la comunidad, los judíos no se dan por vencidos y luchan por sobrevivir. Incluso si debido a la edad de los miembros de la comunidad es difícil saber cuál será su destino, el deseo y los esfuerzos que los mismos realizan para cuidar su judaísmo son un símbolo para todas las comunidades judías del mundo.

    Las diez tribus,¿Perdidas?
    El destino y el futuro de las diez tribus
    Por el Rabino Eliahu Birnbaum
    “Tus ojos son palomas: Tal como la paloma vuelve a su casa, así es Israel. Tal como dice en Oseas 11:11: ‘Como una paloma de la tierra de Asiria’. Ésas son las diez tribus. ‘Y les haré habitar en sus casas, palabra de D’s’.” (Shir Hashirim Rabá, 4).

    En las próximas semanas, los artículos de “Los judíos de mi mundo” hablarán de uno de los grupos más apasionantes del mundo judío: los Bnei Menashé del nordeste de la India. En este caso, pareceríamos contar con más pruebas que en otros, sobre sus lazos con el pueblo judío y su condición de descendientes de la tribu de Mensahé, exiliada de la Tierra de Israel. Pero antes de exponer a los lectores la historia de esta tribu, trataré de explicar las diversas posturas con respecto al retorno de las diez tribus en nuestro tiempo y su importancia para Israel. Este tema se repetirá en dos artículos más sobre “los judíos de mi mundo”.
    El destino de las diez tribus exiliadas de la Tierra de Israel y la posibilidad de su retorno constituyen un tema casi legendario y de gran interés, el cual inquietó a muchas personas a lo largo del tiempo. Desde la época de los profetas judíos y sus promesas, hasta las polémicas en la Guemará sobre el retorno de los judíos; desde Maimónides hasta Eldad Hadani; desde las afirmaciones de Menashé Ben Israel hasta los libros y crónicas de viajes del Rabino Yaakov Sapir; desde los dichos de Rabí David Ben Zimrá (HaRadbaz) hasta el Gaón de Vilna y el Rabino Eliahu Avihail en nuestros tiempos, todos añoraban el retorno de los descendientes de las diez tribus al seno del pueblo judío. Muchos actuaron con gran energía para lograrlo, porque eso era visto como un signo alentador que anunciaría la llegada del Mesías.
    Parecería no haber casi ninguna diáspora en el mundo judío sobre la que no se haya formulado la pregunta si son descendientes de las diez tribus perdidas del pueblo judío. Desde los patenos en Afganistán, los cachemiros en Pakistán, los Bnei Israel en la India, los Lamba en Sudáfrica, la tribu Abayudia en Uganda, la secta Macoya en Japón y los descendientes de los judíos de Kaifeng; desde los judíos del Cáucaso y los Bnei Menashé en la India, los Beta Israel en Etiopía y diversas comunidades en Samarcanda y algunas regiones del Asia Central que las investigaciones señalan como adecuadas para ubicar en ellas a las diez tribus, hasta las tribus indígenas en los Estados Unidos y muchas otras, todos tienen alguna tradición sobre su condición de descendientes de las diez tribus perdidas.
    Lamentablemente, el mundo judío en general y el mundo rabínico en especial se desvincularon y alejaron de este tema crucial, que durante muchas generaciones estuvo en el tapete de reyes y condes. La dedicación a otros temas más urgentes nos alejó de la preocupación por las tribus judías y del intento de investigar sus raíces históricas y judías a lo largo del tiempo. Yo quiero restituir a este tema su importancia y preservar la continuidad histórica entre el pueblo judío y sus tribus, y en especial sentar las bases de nuestra responsabilidad hacia los judíos alejados y perdidos. La mutua corresponsabilidad del pueblo judío no es válida tan sólo para quien ya forma parte de “la familia” sino también para quienes formaban parte de nuestro pueblo, pero por razones históricas fueron desarraigados de la familia.
    En el Talmud y los midrashim y en textos antiguos se tejieron muchas leyendas sobre las diez tribus. Su situación y, en particular, su futuro y su posible retorno al pueblo judío y a la Tierra de Israel encendieron la imaginación de muchos. Se realizaron muchas investigaciones y se elaboraron muchas hipótesis para descubrir la ubicación del río Sambatión, que arroja piedras y arena durante toda la semana y descansa sólo el sábado… (y de ahí su nombre: Sambatión – Sábado), detrás del cual se encuentran las tribus perdidas. Temo que por las dimensiones legendarias y folclóricas del tema de las tribus perdidas, el pueblo judío no vea su dimensión real y práctica, tal como lo señalara Maimónides: “Debéis saber sobre las tribus perdidas que se trata de un tema real”, que nos compromete no sólo a oír hablar de él sino a actuar de inmediato para restituir a esos descendientes de las tribus judías al seno del pueblo judío. Como dijera el Rabino Mordejai Eliahu Shelita: “Cuanto más pruebas y probabilidades hay de que pertenezcan a las diez tribus, es mayor el precepto de ayudarlos”.
    Hoy en día tenemos la sensación de que la ubicación geográfica y espiritual de las diez tribus es algo legendario, pero en tiempos de nuestros sabios todavía se lo consideraba un tema real y se sabía indicar el lugar en el que se encontraban. La Guemará (Maséjet Yebamot 16 b – 17 a) cita a Rav Asi: “Un idólatra que se compromete en matrimonio en estos días, se recela de ese compromiso por temor a que sea de las diez tribus. ¿Pero acaso la raíz no se desprende de la mayoría? Rav Asi se refería al lugar en que se encuentran, tal como dijo Rabí Aba Bar Kahana: ‘Los estableció en Khalakh y en Habor, junto al río Gozán y en las ciudades de los medos’. Khalakh es Hilzaón, y Habor es Kedaiev; el río Gozan es Ginezk y las ciudades de los medios son Hamdan y otras similares; hay quienes dicen que es Nihar y otras similares. ¿Cuáles otras? Shmuel dijo: ‘Las ciudades de Hidki y Domki’.”
    También la Guemará (Maséjet Sanedrín 84 a) cita el lugar de exilio de las diez tribus, pero se limita a identificarlo con precisión: “¿Adónde las desterraron? Mar Zutra dijo: A África. Rabí Hanina dijo: A los Montes Slog”. HaMaharal (Nétzaj Israel, Cap. 34) trata de descubrir el sitio particular en África: “Y aún está por verse qué significa, si al principio se exiliaron en África, no es la que nosotros conocemos, sino un lugar detrás de las montañas tenebrosas. También ese lugar se llama África, tal como ha quedado demostrado en el Tratado de Tamid”…
    También el midrash, en Yalkut Shimoni (sobre el Libro de Isaías 49:2, 469) cita el lugar de exilio de las tribus y qué les sucedió: “Las diez tribus tuvieron tres exilios: una parte en el Sambatión; otra antes del Sambatión y así como hay un espacio desde la Tierra de Israel hasta el Sambatión, también lo hay desde el Sambatión hasta allí; y la otra se exilió en Dafna de Ravlata y allí desapareció”.
    Para nosotros, la pregunta crucial no es qué sucedió con las tribus, sino qué sucederá con ellas. ¿Acaso nuestros sabios y profetas nos prometieron que habrían de retornar al judaísmo? Está claro que nuestros sabios y profetas nos anunciaron el retorno de las tribus judías exiliadas de nuestra tierra tras las montañas tenebrosas.
    En Maséjet Sanedrín 110, b la Guemará analiza el futuro de las diez tribus en palabras de Rabí Akiva y Rabí Eliezer: “Mishná: Las diez tribus no retornarán, tal como dice en Deuteronomio 29:27: ‘Para arrojarlos a otras tierras, como hoy. Así como el día se va para no volver, también ellos se van y no regresarán’ (Rabí Akiva). Rabí Eliezer dijo: ‘Como hoy: Así como el día se oscurece e ilumina, también las diez tribus que están en las tinieblas volverán a iluminarse en el futuro’ (véase también Tosefta 13; Yalkut Shimoni 1, 960 con algunos cambios).
    A pesar de que hay quienes citan las palabra de Rabí Akiva como las de quien no creía en el retorno de las diez tribus al seno del judaísmo, los comentaristas no lo entendieron así. Rashi explicó: “‘Como hoy: Así como el día se oscurece’: No se refiere a los hijos y nietos, sino a los mismos exiliados; no tendrán salvación porque eran malvados, pero sus hijos y las generaciones venideras sí lo lograrán”. Según Rashi, cuando Rabí Akiva dijo que las diez tribus no habrían de retornar, se refería sólo a la primera generación, pero las siguientes retornarían a sus lugares.
    También Tosafot Yom Tov adhiere a la interpretación de Rashi y agrega: “‘Ésta es la tierra que dividirán por suertes entre las tribus de Israel como herencia, y ésas son sus porciones, dice D’s’ (Ezequiel 48:29). Ésta es la prueba absoluta de la reunión de nuestras diásporas desde los cuatro confines de la tierra. Ya lo dijo Rabí Akiva en 110 b: ‘Las diez tribus no retornarán’… es decir, la generación que marchó al exilio, como dice Rashi… Por ello no debe asombranos lo que dice Ezequiel, que al final del libro escribió sobre la tierra que se dividiría entre las doce tribus”.
    Para Rabí David Ben Zimra (Responsa, Orjot Haim 85), en quien nos basamos en todos los aspectos de la Halajá y con respecto a la condición halájica de los judíos de Etiopía, la situación es clara y explícita: “Aunque según la primera interpretación de la Guemara Rabí Akiva se opone, dos tanaítas discrepan con él, Rabí Eliezer y Rabí Shimón Ben Yehuda de Kfar Ako, en nombre de Rabí Shimon. Por eso creo que habrán de retornar y que tienen parte en el mundo por venir”.
    Cuando se preguntaba a Maimónides sobre este tema, respondía en sus cartas: “Con respecto al tema de las tribus, debéis saber que es un tema real y que esperamos su retorno. Están ocultos detrás de las montañas tenebrosas y el río Gozen y el río Sambatión. Y este río ciertamente arroja arena seis días a la semana y descansa el séptimo día. En tiempos del anciano justo y piadoso Avi Aba z”l ya habían traído un pomo con arena, que se movía seis días a la semana y descansaba el séptimo. Estas cosas son verdaderas porque en algunas ocasiones se aparecen a unos pocos (Recopilado en 5658).
    En su comentario a Ezequiel 37:19, el Malbim (Rabí Meir Leibush Ben Yehiel Mijal) habla del retorno de las tribus como parte del proceso de redención y reunión de diásporas: “En el fin de los días se reunirán las diez tribus perdidas y dispersas bajo la bandera de Yosef, el Mesías Ben Yosef que reunirá a los dispersos”.
    El Rabino Yehuda León Askenazi (Manitou) z”l escribió sobre el retorno de las tribus en nuestros días: “En el fin de los días habrán de ser nuevamente aceptados en el pueblo judío”. Son judíos según la Halajá y hay que aceptarlos como tales. Lo hemos olvidado durante el exilio, y debido a que hoy en día nos regimos de acurdos a las normas de los Tribunales Rabínicos de la diáspora, surgen muchos problemas al respecto. Es obvio, que la situación no permanecerá así eternamente, y está claro que se requiere un revolución para que el pueblo judío siga existiendo” (del Libro del Mesías, Primera parte, “La reunión de las diez tribus”).
    Si bien se pueden citar muchos versículos e intérpretes diferentes, no podemos explayarnos más. Lo que si me gustaría, es volver a la fe sencilla y auténtica que nos fuera prometida por nuestros sabios y las grandes personalidades judías: “Que no se aparte a los desterrados”.
    A pesar de que hay quienes citan las palabra de Rabí Akiva como las de quien no creía en el retorno de las diez tribus al seno del judaísmo, los comentaristas no lo entendieron así. Rashi explicó: “‘Como hoy: Así como el día se oscurece’: No se refiere a los hijos y nietos, sino a los mismos exiliados; no tendrán salvación porque eran malvados, pero sus hijos y las generaciones venideras sí lo lograrán”. Según Rashi, cuando Rabí Akiva dijo que las diez tribus no habrían de retornar, se refería sólo a la primera generación, pero las siguientes retornarían a sus lugares.
    También Tosafot Yom Tov adhiere a la interpretación de Rashi y agrega: “‘Ésta es la tierra que dividirán por suertes entre las tribus de Israel como herencia, y ésas son sus porciones, dice D’s’ (Ezequiel 48:29). Ésta es la prueba absoluta de la reunión de nuestras diásporas desde los cuatro confines de la tierra. Ya lo dijo Rabí Akiva en 110 b: ‘Las diez tribus no retornarán’… es decir, la generación que marchó al exilio, como dice Rashi… Por ello no debe asombranos lo que dice Ezequiel, que al final del libro escribió sobre la tierra que se dividiría entre las doce tribus”.
    Para Rabí David Ben Zimra (Responsa, Orjot Haim 85), en quien nos basamos en todos los aspectos de la Halajá y con respecto a la condición halájica de los judíos de Etiopía, la situación es clara y explícita: “Aunque según la primera interpretación de la Guemara Rabí Akiva se opone, dos tanaítas discrepan con él, Rabí Eliezer y Rabí Shimón Ben Yehuda de Kfar Ako, en nombre de Rabí Shimon. Por eso creo que habrán de retornar y que tienen parte en el mundo por venir”.
    Cuando se preguntaba a Maimónides sobre este tema, respondía en sus cartas: “Con respecto al tema de las tribus, debéis saber que es un tema real y que esperamos su retorno. Están ocultos detrás de las montañas tenebrosas y el río Gozen y el río Sambatión. Y este río ciertamente arroja arena seis días a la semana y descansa el séptimo día. En tiempos del anciano justo y piadoso Avi Aba z”l ya habían traído un pomo con arena, que se movía seis días a la semana y descansaba el séptimo. Estas cosas son verdaderas porque en algunas ocasiones se aparecen a unos pocos (Recopilado en 5658).
    En su comentario a Ezequiel 37:19, el Malbim (Rabí Meir Leibush Ben Yehiel Mijal) habla del retorno de las tribus como parte del proceso de redención y reunión de diásporas: “En el fin de los días se reunirán las diez tribus perdidas y dispersas bajo la bandera de Yosef, el Mesías Ben Yosef que reunirá a los dispersos”.
    El Rabino Yehuda León Askenazi (Manitou) z”l escribió sobre el retorno de las tribus en nuestros días: “En el fin de los días habrán de ser nuevamente aceptados en el pueblo judío”. Son judíos según la Halajá y hay que aceptarlos como tales. Lo hemos olvidado durante el exilio, y debido a que hoy en día nos regimos de acurdos a las normas de los Tribunales Rabínicos de la diáspora, surgen muchos problemas al respecto. Es obvio, que la situación no permanecerá así eternamente, y está claro que se requiere un revolución para que el pueblo judío siga existiendo” (del Libro del Mesías, Primera parte, “La reunión de las diez tribus”).
    Si bien se pueden citar muchos versículos e intérpretes diferentes, no podemos explayarnos más. Lo que si me gustaría, es volver a la fe sencilla y auténtica que nos fuera prometida por nuestros sabios y las grandes personalidades judías: “Que no se aparte a los desterrados”.

    Italia, Trani y Maria en el Beit Kneset
    María en el corazón de un Beit Kneset
    Por el Rabino Eliahu Birnbaum
    Trani, Italia

    De la gran comunidad judía, han quedado tan solo dos judío remanentes, pero en el Beit Kneset que se convirtió en iglesia, se realizan nuevamente rezos judíos

    La comunidad judía de Italia es de las más antiguas en el mundo judío. La misma fue establecida a comienzos del gobierno Macabeo. La judería italiana tiene una larga y esplendorosa historia la cual cuenta con más de dos mil años, con una vida judía plena y muy importantes lazos culturales con el entorno no judío.

    El primer registro existente respecto a la presencia judía, se remonta al año 161, cuando una delegación de Iehudá llegó a Roma. Los primeros judíos que llegaron a Italia lo hicieron como esclavos, durante la época del segundo templo. Luego de que Ierushalaim cayó y el Templo fue destruido, cientos de miles de judíos fueron enviados a Roma (cerca de 50.000 en tiempos de Pompeo, 90.000 en tiempos de Titus y muchos más durante el gobierno de Adrianus). Se sabe acerca de 12 comunidades en esa época. Durante los primeros siglos (de acuerdo a la cuenta católica), comerciantes judíos se desplazaron a lo largo del medio oriente y se asentaron en la zona costera del sur de Italia.

    La judería Italiana es la “Comunidad madre”, la más antigua diáspora en Europa. Su distinción consta en ser una comunidad “independiente”, no ashkenazí y no sefaradí, sino una comunidad con su propia tradición. La comunidad es famosa por su riqueza espiritual y cultural, y por el mérito de sus rabinos, sabios y filósofos. Asimismo, las varias publicaciones, las obras de arte, los dibujos y los instrumentos sagrados que fueron creados a lo largo de las generaciones dentro de las esplendorosas sinagogas, ayudaron a incrementar la fama de la comunidad.

    Tan solo dos judíos

    Trani es una ciudad portuaria en la zona de Apuglia, al sureste de Italia, en la costa Adriati de la provincia de Bari. La ciudad fue visitada por Benjamín de Tudela en el siglo 12 y mediante sus escritos podemos recrear la vida de la comunidad judía del sur de Italia entre los años 1160-1165. En esta misma época, había tan solo algunos miles de judíos en la zona debido a la malaria. El eminente viajero cuenta que la ciudad de Trani contaba tan solo con 200 judíos, y asimismo escribe que “la ciudad es grande y bella y tiene un cómodo puerto”.
    A lo largo de los años, creció y se fortaleció la judería sureña italiana en general y Trani en particular. En el siglo 13, Trani se había convertido en un centro judaico importante. En ella fueron construidas sinagogas y yeshivot, y contaba con Rabinos renombrados. Estas son las palabras de Rabenu Tam al respecto (en el libro Haiashar): “se decía sobre los habitantes de Bari, “De Bari saldrá la Torá y la palabra de Hashem de Otranto””. Entre los sabios de Trani se encontraban el Mabit, Moshe ben Yosef de Trani, cuyo padre abandonó la ciudad en 1505 por temor a la inquisición; Rabi Yeshaiau de Trani (Tosfot Rid – 1240-1165), y Rabi Ieshaiau hijo del último Rabi Eliahu de Trani.

    El siglo 15 es conocido como la época de oro de la judería de Bari, y los judíos dominaban el comercio de la seda y la pintura de telas en la ciudad. Con la expansión del catolicismo en el sur de Italia, la situación de los judíos de la zona empeoró. En el año 1505, el sur de Italia fue conquistado por España y las garras de la inquisición llegaron hasta dicha zona, también de allí los judíos fueron expulsados u obligados a convertirse. Luego de 1500 años de vida judía continua en la zona, los judíos fueron expulsados en 1541, excepto por aquellos que se convirtieron. Hasta hoy en día, hay tan solo algunos pocos judíos en comparación con otras zonas de Italia.

    De hecho, desde el siglo 16 y hasta el presente, Trani no cuenta con una comunidad judía, sino tan solo con dos judíos. Uno de ellos es Abraham Zakai Zkilo, cuyas raíces familiares provienen de dicha ciudad, y el segundo es Francesco Luturo, músico e investigador, el cual realiza una investigación acerca de la música en la época de la Shoá.

    Vale la pena mencionar que luego de la shoá la ciudad de Trani retomó su lugar de honor respecto al regreso de los judíos a la tierra de Israel. Luego de la segunda guerra mundial, la ciudad de Trani, como el resto de las ciudades portuarias del sur de Italia, funcionó como lugar de refugio para judíos de toda Europa. Los soldados judíos que se encontraban en Italia realizaron actividades educativas, culturales e incluso capacitaciones en el área agrícola, para así prepararlos hacia una futura aliá a Israel, en los campos de refugiados del lugar. Hasta hoy en día se encuentra en la zona restos de dichos campos, y en ellos frases grabadas en hebreo.

    El último judío

    En un viaje a Trani encontré al “último judío” de Trani, Abraham Zkilo. La familia de Abraham es una familia Italiana de varias generaciones. Cuando le pregunté cuándo llegó su familia a Italia, se rió y dijo: “siempre estuvieron aquí, miles de años”. Zkilo se siente descendiente de una familia judeo-italiana antigua y se encuentra muy orgulloso de su judaísmo y de su posición social como el último judío del lugar. Con lágrimas en los ojos me relató la historia de la ciudad y de las sinagogas que se convirtieron en iglesias. Salí con Abraham a un largo paseo por la ciudad, un largo recorrido por la historia de la judería italiana en general y la de Trani en particular. Pasamos por distintas puertas, oí relatos, frenamos al lado de casas y recibí una descripción acerca de cada familia judía que vivió allí a lo largo de las generaciones; nos sentamos en las plazas y oí acerca de la grandeza de los anusim de Italia que siguieron respetando el judaísmo en secreto. Intentaré describir tan solo un poco de todo lo que escuché de él.

    A pesar de que Trani se quedó sin judíos a lo largo de las generaciones, el cuarto judío fue mantenido completamente. En algunas ciudades españolas es posible ver barrios judíos originales, de la edad media, sin embargo en ningún lugar en el mundo hay un cuarto judío completo – tan solo en Trani. En varias ciudades quedaron algunas casas, paredes y demás señales del barrio judío una vez existente, pero en Trani, cada casa relata una historia. Los nombres de las calles quedaron con sus nombres judíos, las puertas, los símbolos de las familias judías – todo a quedado tal cual.

    Quizás más aún: no solo que las casas del cuarto judío representan un testimonio viviente de la vida judía, sino que la población local no judía, aún se refiere a este lugar como el lugar en donde viven los judíos hasta hoy en día.

    Llegué a Trani un jueves a la medianoche. Mis huéspedes me invitaron a realizar un recorrido por la ciudad antes de irme a descansar después del largo camino. El primer lugar que llamó mi atención fue el Beit Hakneset, el cual contaba con una campana de iglesia en su techo, y sobre la campana eclesiástica… un maguen david. He visitado varias sinagogas alrededor del mundo, pero un Beit Kneset con una campana eclesiástica y sobre ella un maguen david, nunca he visto… y esta es la historia:

    El Beit Kneset “Scola Nova” fue construido en el año 1247. Cerca suyo, fue construido el Beit Kneset “Scola Grande” en el año 1250. En el año 1541 las sinagogas fueron transformadas en iglesias de la noche a la mañana. Carlos V (nieto de la reina Isabel) expulsó a los judíos de la zona, y ordenó convertir las sinagogas en iglesias. Gran parte de los judíos se fueron de la zona, y otros comenzaron a vivir como anusim, mientras que respetaban el judaísmo en secreto.

    Y así fue como las sinagogas fueron transformadas en iglesias, pero dado que Hashem nos cuida… luego de casi 500 años, el alcalde devolvió el objeto perdido (¿o quizás robado?) a sus dueños, cerró la iglesia y le permitió a los dos judíos que viven en la ciudad, rezar allí en forma diaria.
    Durante los últimos años, llegan aTrani judíos que se encuentran dispersos por los suburbios de la ciudad y realizan minianim en los Iamim Noraim. Asimismo, muchos turistas llegan al Beit Kneset para poder ver el milagro del Beit Kneset que fue convertido en una iglesia y luego retornó a ser Beit Kneset.

    Beit Kneset con campana de iglesia

    A pesar de haber devuelto el control del Beit Kneset a los judíos, el gobierno pidió preservar los símbolos católicos que fueron agregados a la sinagoga. Pidieron dejar la campana con la cruz en el techo y la imagen de “la santa María” en el arón hakodesh, tal como fue preservado durante 500 años. El último judío de Trani – descendiente de judíos que vivieron en la ciudad durante miles de años y durante cientos de ellos mantuvieron su judaísmo en secreto como anusim – contestó terminantemente: de ninguna forma. Dijo, e hizo tal cual. En una de las noches oscuras, dicho judío se subió al techo, y quitó la cruz de la campana de la iglesia. Cuando le pregunté por qué no quitó asimismo la campana, dijo que no quería llamar demasiado la atención. Sin embargo no terminó allí la obra. Luego de un año, nuevamente por la noche, subió el judío al techo del Beit Hakneset y puso un maguen david sobre la campana eclesiástica…

    Lo mismo hizo con la imagen de María, la cual se encontraba en el arón kodesh. Luego de consultar con el Rabino Mordechai Eliahu, decidió no quitar la imagen por temor al gobierno, sino tapar la misma con una pared interna… así encontramos en Trani el único Beit Kneset en el mundo (de acuerdo a mi conocimiento) el cual cuenta con una imagen de la “santa María” dentro del Harón Kodesh y una campana de iglesia con un maguén david en el techo.

    El Beit Kneset de Trani fue completamente preservado. El mismo fue construido con estilo gótico. En la parte de adelante hay un Haron Kodesh de piedra lisa como parte de la pared oriental y siete escalones llevan al mismo. Skilo, reza todas las mañanaso en el Beit Kneset, pero dice no estar solo, “siento a mi abuelo y a mi bisabuelo, la alegría y el dolor, paraíso e infierno, siento las voces que rezaron aquí antes de que el Beit Kneset sea tornado en iglesia… querría ver la cara de Carlos V, nieto de la reina Isabel, quien ordenó expulsar a los judíos de la ciudad, si viese a mis nietos vivir en Eretz Israel. El desapareció y nosotros estamos vivos, el pueblo de Israel está vivo…”

    A pesar de ser pocos, intentan los judíos de la ciudad vivir como tales. La federación de comunidades de Italia y el Rabinato de Roma ayudan a la comunidad a fortalecer su camino, y llevar una vida judía, tanto a los judíos como a los anusim que desean retornar al judaísmo. El Rabino Shalom Bajbut es el líder espiritual de la comunidad y los guía en todo lo que sea necesario.

    Los judíos de Italia son hoy en día cerca de 30.000. La mayoría se encuentran concentrados en las grandes ciudades, Roma, Milán, Firenze, Torino, Triasta, aunque también los hay, en varias comunidades pequeñas, las cuales realizan un gran esfuerzo para poder seguir viviendo como judíos. Como es sabido, la mayoría de las comunidades italianas poseen museos judíos muy bellos. Sin embargo, estas tratan de no vivir únicamente a la sombra de los mismos, sino de vivir su vida judía de forma tal que los museos sean parte de ellas y no al contrario.

    Mexico, Guadalajara: Idish y Ladino
    Idish y Ladino
    Por el Rabino Eliahu Birnbaum
    Una pequeña y muy unida comunidad que logra preservar su identidad judía, al mismo tiempo en que renuncia a su pertenencia al movimiento conservador. La piscina sigue estando abierta en Shabat.

    Guadalajara, México

    ¿Cuál será el futuro de nuestra comunidad en 10 años? Está pregunta preocupa seriamente a los integrantes de la comunidad de Guadalajara, México. Como es usual en las comunidades judías pequeñas, también esta comunidad, la cual cuenta con 700 judíos, se encuentra preocupada respecto a su futuro y hace todo lo posible para asegurar el mismo.

    Los primeros judíos llegaron a la costa mexicana en 1521, luego de abandonar España en la época de la inquisición. La comunidad judía actual no es una continuación directa de aquellos judíos; sino que fue renovada a principios del siglo XX mediante los judíos que inmigraron de todas partes del mundo: Rusia, Polonia, Alemania, Siria, Turquía, Grecia y el Líbano. Los judíos se escaparon de Europa y de los países árabes, huyendo de los pogroms y de problemas económicos; llegaron a América, buscando nuevos horizontes. En principio deseaban arribar en “goldene medina” (la tierra de oro), es decir Estados Unidos, pero dado que esto no era tarea fácil, muchos pensaron que México, la vecina sureña, también era Estados Unidos. Finalmente, decidieron quedarse allí, a veces llegaron a pensar que se quedarían sólo de paso, pero finalmente terminaron radicándose hasta hoy día. Para los judíos sefaraditas, la similitud entre el Español y el Ladino, contribuyó positivamente a la decisión de establecerse en el lugar.

    Bienvenidos a Guadalajara

    Cerca de 50.000 judíos viven en México, país de gran dimensión, el cual cuenta con una población de más de 100 millones de personas, en su mayoría católicas. La mayoría de los judíos mexicanos viven en la capital, Ciudad de México, y se encuentran organizados comunitariamente en forma sorprendente, contando con un sistema educativo admirable, servicios comunitarios y en particular: uno de los porcentajes de asimilación más bajos del mundo (entre 3 y 10 porciento). Fuera de la capital hay varias comunidades pequeñas, entre ellas: Monterrey, Tijuana y Guadalajara. En este artículo nos dedicaremos a la comunidad de Guadalajara, la cual fue establecida en 1925.

    Esta pequeña comunidad se encuentra compuesta de una cantidad prácticamente igual de askenazíes que hablan idish como de sefaradíes que hablan ladino, y ambos viven en armonía en una comunidad “conjunta”. A pesar de que en la Ciudad de México hay una clara separación entre la comunidad sefaradí y la askenazí, en Guadalajara, el pequeño número de judíos, no permite la separación y por esta razón todos deben rezar en forma conjunta. Personalmente, participé de las tefilot de Rosh Hashaná y Iom Kipur como invitado, y fue realmente interesante ver cómo la comunidad rezaba con un majzor sefaradí y con músicas askenazíes… todos cantan juntos el poema litúrgico sefaradí “respóndenos D-s de Abraham respóndenos”, así como “unetané tokef” con la tan conmovedora melodía aszkenazí…

    Durante muchos años, esta tan especial comunidad perteneció al movimiento conservador; entre las costumbres de la comunidad se encontraba el sentarse juntos, hombres y mujeres, y la utilización de un órgano en las plegarias de shabat y jaguim. Hace tres años, tuvo lugar un muy importante cambio: luego de una gran investigación, y una larga deliberación, la comunidad decidió “renovarse” y pasar a la ortodoxia.

    Los motivos que llevaron al cambio fueron especialmente el bienestar y el futuro de la comunidad: los integrantes de la misma se decepcionaron del liderazgo espiritual de los rabinos conservadores y quisieron ver cómo funcionaba la comunidad con un rabino ortodoxo. Sin embargo, hubo otro aspecto que llevó a tomar dicha decisión: en investigaciones que fueron publicadas en distintos ámbitos, los miembros de la comunidad observaron que el porcentaje de asimilación en las comunidades ortodoxas de América del Norte es mucho menor al porcentaje de asimilación en las comunidades conservadoras. Con el objetivo de mantener a la comunidad unida y fuerte y evitar que la asimilación aumente, decidieron estos últimos, sumarse al movimiento con menor asimilación, y eligieron así un rabino ortodoxo que guíe a la comunidad en este camino.

    El traspaso de una comunidad conservadora a una ortodoxa, es un proceso que según mi opinión, se encuentra en aumento hoy día, la comunidad de Guadalajara es tan sólo un ejemplo dentro del mismo. Distintas comunidades han optado por este camino durante los últimos años, desde las comunidades Dormont y Duseldorf en Alemania, hasta la comunidad Recife en el norte de Brasil. Pareciera ser que la historia lleva a realizar grandes cambios en las distintas comunidades alrededor del mundo: en los años sesenta y setenta, el movimiento conservador se expandió y comenzó a liderar varias comunidades en América del Norte y del Sur, comunidades que anteriormente eran tradicionalistas. Pero hoy día el péndulo regresa al mundo ortodoxo. Es importante resaltar que las comunidades que ingresan a la ortodoxia no son comunidades de público religioso. En su mayoría, tan solo pocos judíos son leales al mundo de la halajá en su vida privada, pero aún así creen que si bien ellos no cumplen con las mitzvot – su rabino debe ser religioso y cumplir, es decir ortodoxo, y de esto depende gran parte de la salvación de la comunidad y de su futuro.

    Error exitoso
    Cuando el Rab Abraham Amitay llegó por primera vez a la comunidad de Recife (Brasil), en la víspera de la festividad de sucot, los líderes de la comunidad lo fueron a buscar al aeropuerto. Había una gran expectativa por parte del presidente de la comunidad y los integrantes de la misma. Sin embargo, cuando el Rab Amitay bajó del avión – con una gran kipá en la cabeza y barba en su rostro – los líderes de la comunidad estaban confusos. Las primeras oraciones que oyó el Rab Amitay cuando fue recibido fueron: “nosotros esperábamos un rabino conservador, y usted es un Rabino ortodoxo, no podremos actuar en forma conjunta…” Hoy día, dos años después de que el Rabino arribó a la comunidad, los miembros de la comunidad lo quieren muchísimo y no están dispuestos a que se marche.

    Por supuesto, que las situaciones con las que dichos rabinos deben enfrentarse para poder acompañar a las comunidades en este proceso de cambio de conservadores a ortodoxos, no son fáciles en absoluto y requieren una gran responsabilidad educativa y halájica.

    En la comunidad judía de Guadalajara, bajo el liderazgo del Rabino Rami Avigdor, los cambios se van realizando de forma inteligente y con comprensión; hoy día los hombres y las mujeres se sientan por separado y rezan en forma regular, y el único aspecto que a veces extrañan es el uso de instrumentos musicales para acompañar a las tefilot de shabat. Por lo tanto, los mismos se encuentran satisfechos del liderazgo espiritual del rabino y creen que este responde a sus necesidades espirituales.

    Fuera del Beit Kneset, y más allá de la pregunta del cashrut que se cumple de acuerdo a la halajá, la piscina y el casino de la comunidad continúan estando abiertos en shabat y quien desea puede ingresar y utilizarlos.

    Una gran escuela

    La comunidad judía de Guadalajara es un ejemplo de una pequeña comunidad la cual se encuentra organizada en forma sorprendente y genera un ambiente judío el cual apoya a todos los judíos de la comunidad, jóvenes y adultos. Como es común en las comunidades judías de la diáspora, la comunidad brinda servicios comunitarios, sociales, educativos, deportivos, religiosos y alimenticios, creando así una especie de “invernadero” para todo judío que así lo desee. En este marco, en los días en que este artículo está siendo escrito, se finalizó la construcción de una nueva y grandiosa mikve, la cual brinda sus servicios a varias familias que se encuentran en proceso de acercamiento a la tradición judía. La comunidad se encuentra en una de las zonas más bellas de la ciudad (en Guadalajara hay 6 millones de habitantes, tan solo 700 son judíos).

    La infraestructura comunitaria se encuentra en el área de un lujoso country club, el cual incluye piscina, canchas de futbol y tenis, gimnasios y por supuesto también un Beit Kneset, una Yeshivá y una escuela judía.

    El colegio judío de la comunidad es algo realmente sorprendente. En el mismo, estudian unos 60 niños desde el jardín de infantes hasta 9no año. La comunidad invierte grandes esfuerzos y recursos para poder mantenerlo, debido a que en él, ella ve la forma de asegurar la continuidad de la comunidad. Hace poco se finalizó la construcción de una nueva escuela, la cual tuvo un costo de cientos de miles de dólares. No cabe duda que el colegio es la piedra preciosa de la comunidad. Pocas comunidades judías alrededor del mundo, tienen la capacidad de mantener un colegio judío con tan solo 60 niños.

    Los alumnos del mismo, participan durante shabat en las actividades del movimiento juvenil local “Ohavei Olam” (amadores del mundo), donde reciben educación no formal judía y sionista.

    ¿De Chavez vendrá la salvación?

    Así, la comunidad vive y crece y hoy día atraviesa un proceso de cambio hacia la ortodoxia. Sin embargo, la pregunta planteada al comienzo del artículo, aún sigue vigente: ¿qué sucederá en otros diez años?

    La comunidad no se queda con los brazos cruzados respecto a este tema. Personas de negocios, quienes lideran la comunidad, crearon un plan para el “crecimiento demográfico” de la comunidad. En principio “importaron” familias argentinas, cuando este país se encontraba en una situación económica y política no estable. En estos momentos, desean invitar a familias de Venezuela, quienes bajo las amenazas de Chavez, buscan países más seguros en América Latina.

    La historia de las comunidades judías prueba que no es posible predecir el futuro. Varias comunidades que habían sido “enterradas”, revivieron tanto a nivel espiritual como demográfico. No siempre el tamaño de la comunidad es el que define; a veces el esfuerzo y el análisis de la misma es la que la ayudan a sobrevivir. La comunidad de Guadalajara es un ejemplo de un esfuerzo tan admirable como este.

    Haiti
    Diario de viaje: Haití después del terremoto
    Por el Rabino Eliahu Birnbaum
    Antes de aterrizar en suelo Haitiano, aproximadamente treinta días después del terremoto que causó cientos de miles de víctimas, destrucción y devastación en la isla, no sabía qué encontraría, qué vería, qué sentiría.

    Los informes recibidos sobre el terremoto eran duros y terribles, por eso la impresión de que encontraría un gran cementerio con personas de duelo por sus parientes y amigos, y olor a muerte en el ambiente. Pero sorprendentemente, no fue eso lo que encontré … sino a gente y a un país que intentan retornar rápidamente a la vida normal y reconstruir las ruinas. A primera vista parece que en el país la naturaleza está en su lugar y continúa floreciendo, las casas cayeron y se destruyeron y la gente se despierta a una nueva vida después de la tragedia. A pesar de que la mayoría dice “no hay esperanza en Haití”, yo intenté descubrir la esperanza de la gente en la calle, la alegría, la mirada de esperanza en sus ojos.

    Camino a Haití

    La llegada a Haití no fue fácil. El aeropuerto nacional de la capital Puerto Príncipe estaba cerrado para vuelos entrantes, por lo que tuve que viajar al país vecino República Dominicana y desde ahí pasar a una avioneta hacia Haití. En un principio me informaron que la única manera de cruzar la frontera entre los países era por tierra, pero rápidamente descubrí que por el pago de una suma simbólica de unos pocos cientos de dólares se podía viajar y aterrizar en el objetivo requerido.

    Ya desde el cielo es posible reconocer la pobreza del país y su definición como uno de los países del tercer mundo. Al volar sobre la frontera de Haití se ve la tala de árboles que realiza la población y la pobre agricultura que desarrollan en el lugar. Haití es considerado el país más pobre del hemisferio occidental y uno de los tres países más pobres del mundo: Sudán, Somalía y Haití. El ingreso promedio por día de trabajo en la isla es de 2 dólares.

    La República de Haití forma parte de las Antillas, situado en el occidental de la isla La Española, la cual comparte con su vecina oriental, la República Dominicana. En Haití viven aproximadamente diez millones de habitantes, en su mayoría descendientes de esclavos que fueron traídos por los españoles con el objetivo de incrementar el ritmo de construcción de la isla en el siglo XVII. Así es, que el 95% de la población son de origen africano y el resto son mulatos (mezcla de africanos con españoles o con franceses). Las tribus originales que habitaban la isla, eran las tribus de los taínos, extinguidas por los conquistadores españoles que llegaron a la isla en el siglo XVI.
    La República de Haití fue formada a finales del siglo XVIII durante la primera rebelión de los esclavos. Sus habitantes negros, que habían sido traídos en barcos de esclavos al Nuevo Mundo mantuvieron su tradición africana durante más de 200 años. En dicha época, Haití era la colonia más rica y floreciente de Francia, la perla de la corona del Imperio francés, principalmente debido a las plantaciones de azúcar, las cuales proporcionaban un cuarto de los ingresos de Francia. La rebelión de los esclavos continúo interrumpidamente entre 1791 y 1804. Esta rebelión es considerada la primera en la historia en la que los esclavos logran tener éxito y consiguen la independencia. La historia de cambios políticos, el imperio de los tiranos y la democracia, que degeneró recientemente en inestabilidad, acompañada de sucesos violentos, transformó la vida cotidiana del hermoso y fascinante país caribeño de sueño en pesadilla.

    Napoleón intentó conquistar Haití, principalmente por su riqueza en plantaciones de azúcar y por los 700.000 esclavos, pero no tuvo éxito, sino un estrepitoso fracaso. Perdió 50.000 soldados, incluyendo 18 generales. El ejército de los esclavos liberados pudo hacer con el Emperador de Francia lo que ningún ejército europeo lograría realizar en los siguientes diez años. De esta historia, comprendemos la fuerza de espíritu del pueblo que habita Haití desde entonces y hasta ahora.

    Búsqueda de esperanza

    Mi visita a Haití, fue como miembro de una delegación interreligiosa, organizada en solidaridad con la difícil situación que están viviendo los habitantes de Haití. La delegación, fue invitada a mantener encuentros y realizar ceremonias de apoyo y aliento luego de la tragedia del terremoto. El presidente del país determinó cuatro días de duelo nacional en memoria de las víctimas que perecieron en el desastre y en el último día realizamos la visita. El objetivo de la misma, era apoyar a la gente local y enviar un mensaje de esperanza para un futuro mejor. Los jefes del país, intentan encontrar la forma de convencer a los habitantes de Haití para que éstos empiecen a creer en sí mismos y en su capacidad de cambiar su destino.

    Durante nuestro recorrido en los campos de refugiados, nos fue solicitado que nos parásemos en los escenarios y que le habláramos al pueblo. Yo, ingenuamente, pensé: ¿quién querrá escuchar nuestras palabras?, ¿quién estará interesado en un mensaje espiritual en el momento de una crisis acompañada de hambre y miseria? Pero para mi gran sorpresa, cientos de personas se reunieron en pocos minutos cerca de los escenarios para escuchar palabras de aliento y esperanza. Ellos buscaban una fuente de inspiración y alegría y pidieron elevar la mirada al cielo y recitar una oración de esperanza acerca de un futuro mejor para el país y para sus vidas privadas.
    A pesar de que el 80% de los habitantes del país son católicos y el resto protestantes, la mayoría cree también en la religión vudú, cuyas creencias y supersticiones son muy comunes en la isla. El vudú, es una fe que se desarrolló como mezcla entre las tradiciones africanas y la religión católica. Los esclavos que llegaron de África a Haití y al resto de las islas caribeñas, continuaron manteniendo sus creencias en secreto por miedo a los conquistadores, quienes intentaron influenciarlos para que aceptaran la religión católica.

    El terremoto y sus consecuencias

    La destrucción que causó el terremoto se siente en cada rincón. Aproximadamente doscientos mil personas murieron, otras trescientos mil resultaron heridas y un millón y medio quedaron sin hogar. Se estima que tres millones de personas fueron damnificadas de maneras diferentes a causa del terremoto. Las instituciones gubernamentales quedaron completamente paralizadas y en este momento no hay gobierno en funcionamiento, aunque resulta difícil decir que lo hubo en los últimos años. No solo que el gran palacio presidencial fue totalmente destruido, sino que aún no ha vuelto a funcionar normalmente.

    Sin embargo, a pesar de la gran tragedia, incluso antes del terremoto Haití era un país con un terremoto constante, en estado de desastre desde el comienzo. El desempleo subió al 50%, el 75% de la población vive en la pobreza más extrema. Más de la mitad de los habitantes del país son analfabetos, cerca de siete millones han contraído enfermedades y epidemias, especialmente SIDA.

    La caminata por las calles de la capital Puerto Príncipe, generan una sensación muy extraña…
    La gente camina por las calles de la ciudad al lado de las casas demolidas, algunas familias empezaron a reconstruir las ruinas de sus casas, cientos de miles de personas viven en tiendas de campaña improvisadas por falta de un techo, extensas colas de varios metros de largo de personas pidiendo un pedazo de pan. Pero a pesar de todo, la vida sigue, el sentido de la supervivencia está trabajando horas extras y las personas vuelven a su rutina diaria, y hasta con una sonrisa. En las calles de la ciudad se ven niños jugando a la pelota y personas con miembros amputados a causa de la tragedia, viviendo unos con otros.

    Haití como centro del mundo

    De manera sorprendente, el terremoto podría representar una oportunidad para Haití. País olvidado por el resto del mundo, de un día para el otro pasó a ser “el centro del mundo” y a atraer más atención junto con la significante ayuda internacional. La esperanza de docenas de organizaciones internacionales que vinieron en su ayuda en estos días, es tratar de restablecer Haití no sólo a su estado anterior, sino realizar cambios en los ámbitos de la economía, la sociedad y la educación. Pero para tener éxito en esta misión se debe realizar una acción de raíz, para construir el país “desde cero”.

    Israel, también se transformó en un factor de importancia en la tarea de ayudar a regresar la vida de los haitianos a su curso normal, en estos días se ha creado un colegio israelí para los niños de Haití. Pocos minutos después de nuestra llegada a la isla, conversé con el Embajador israelí en República Dominicana, Amos Radian, que trabaja durante estos días en Haití. El embajador Radian estuvo entre los primeros en llegar al país, quince horas después del terremoto. Desde ese momento, él se encuentra casi todo el tiempo en Haití, en la primera etapa acompañando el hospital israelí y ahora ocupándose de distintos proyectos en pos del bienestar de los habitantes. El embajador me invitó a la ceremonia de inauguración de la escuela israelí, que recibe cientos de niños de la zona. La escuela está situada en dos tiendas de campaña enormes, las cuales fueron dejadas como herencia por el hospital israelí. Voluntarios israelíes, sirven como maestros e instructores de la escuela la cual es un punto de encuentro y ocupación para los niños, en un país en el que el sistema educativo ha colapsado y ya no existe.

    El punto judío en Haití

    A pesar de que no hay judíos en Haití, es destacable que el punto judío no desapareció totalmente.

    El primer judío que se estableció en Haití, Luis de Torres, llegó a la isla en 1492 como intérprete de Cristóbal Colombo. La isla La española fue el primer lugar donde ancló cuando salió a descubrir América en 1492. De Torres era un judío marrano que buscó un lugar para vivir tranquilamente y con confianza en el nuevo mundo. Después de él llegaron judíos que huían por temor a la Inquisición española y también ellos encontraron refugio en Haití. Los judíos que llegaron a Haití eran comerciantes, propietarios de plantaciones y de esclavos, y se establecieron a lo largo de toda la isla. Luego de que Haití fuera conquistada por los franceses en 1633, muchos judíos holandeses emigraron desde Brasil en 1634. La mayoría de estos judíos eran marranos, muchos de ellos fueron empleados en las plantaciones de caña de azúcar de los franceses y desarrollaron la industria.

    En 1685 los judíos fueron expulsados de todas las colonias francesas, entre ellas Haití. El Rey Luis XIV publicó un documento titulado “El Código Negro”, que establecía las normas sobre las condiciones de la esclavitud en las colonias francesas en las islas del Caribe. En este documento se ven las difíciles restricciones que se les imponían a los esclavos y la prohibición de profesar una religión distinta a la católica. Asimismo, se ordenó la deportación de los judíos de las colonias francesas en las islas. Sin embargo, algunos pocos judíos quedaron como empleados de empresas comerciales francesas. Después de algunas décadas, a mediados del siglo XVIII, una gran cantidad de judíos que habían sido expulsados de Haití, regresaron al país. En 1804, durante la rebelión de los esclavos, gran parte de la comunidad judía fue asesinada o expulsada de Haití. Así es, que cuando se estableció la República libre de Haití, el gobierno de los esclavos liberados escribió en la Constitución que nunca más un hombre blanco sería propietario de tierras en el país. Esto, provocó la salida de la mayoría de los judíos y los que quedaron se mezclaron con los habitantes de la isla y formaron familias mixtas. A pesar de que parte de estas familias se asimilaron, aún algunas mantienen los apellidos judíos y conocen su pasado judío, ejemplo de esto son las familias Dextero y Mendes.

    En 1830 muchos judíos polacos llegaron a Haití, a raíz de la lucha civil contra la ocupación rusa de Polonia. Las familias judías que huyeron a Haití se unieron a la clase alta del país. Hasta finales del siglo XIX, treinta familias judías llegaron desde Líbano, Siria y Egipto. Durante este período se aprobó una ley francesa que daba la ciudadanía francesa a las minorías de la región, por este motivo gran cantidad de judíos del Medio Oriente se sintieron seguros de mudarse a Haití.

    En 1937, el gobierno de Haití inició la emisión de pasaportes y visas a algunos judíos de Europa del Este, que huían de la persecución nazi, ya que Haití fue uno de los pocos países en el mundo que abrieron sus puertas a los refugiados judíos después del Holocausto. Durante la etapa récord hubo casi 300 judíos viviendo en el país. La mayoría de estos judíos europeos quedaron en Haití y quedaron agradecidos a su gobierno, hasta finales de los años cincuenta del siglo XX. Pero más tarde, la mayoría de los judíos dejaron Haití. Hoy en día, quedan cerca de 20 judíos en Haití, la mayoría vive en Puerto Príncipe.

    Hace unos años atrás, arqueólogos descubrieron una antigua sinagoga de marranos en Jeremie, la única que se encontró en la isla. Asimismo, fueron encontradas lápidas judías, en varias ciudades portuarias como Cabo Haitiano y Jacmel.

    Reflexiones finales

    La República de Haití, fue segundo país en independizarse en el hemisferio occidental y el primero en América Latina. Sin embargo, hasta el día de hoy no ha logrado sostenerse por sí misma, tanto por factores internos, el fracaso del gobierno, como por factores externos: huracanes, tormentas e inundaciones. El terremoto que tuvo lugar en Haití es el último de una serie de desastres naturales que ocurrieron en el país, quién es incapaz de hacer frente a tales acontecimientos. Algunos consideran que Haití es “la tierra que se come a sus habitantes” y otros ven allí un paraíso en la tierra. Esperamos que se fortalezca el país por la fuerza de funcionarios extranjeros y que la fuerza espiritual de los haitianos traiga nuevamente señales de vida y esperanza a este maravilloso lugar de la Tierra.

    Bulgaria, Sofia
    Bulgaria, Sofía
    Por el Rabino Eliahu Birnbaum
    ¿En qué país vivió Rabi Yosef Caro durante 20 años en su camino de España y Portugal hacia Tzfat? ¿En qué país de Europa los ciudadanos locales cuidaron a los judíos y por tal razón no hubo allí shoá? ¿En qué ciudad se encuentra el tercer Beit Kneset más grande de Europa? ¿En qué ciudad se encuentran un Beit Kneset, una mezquita y una iglesia situados uno al lado del otro, formando un pequeño triángulo? ¿En qué ciudad fue escrito el libro Pele Ioetz por Rabi Eliezer Papo? ¿Qué ciudad es llamada en Griego con una palabra cuyo significado es sabiduría? ¿En qué país los judíos temen, hasta hoy en día de realizar el brit milá a sus hijos? ¿De qué comunidad realizaron aliá cerca del 95% de la comunidad, en conjunto? ¿Qué comunidad se mantiene en forma milagrosa hasta hoy día? Hay una sola respuesta para todas estas preguntas: la comunidad de los judíos de Bulgaria y su capital, Sofía.
    Creo que si juzgáramos en forma natural y con herramientas historiográficas, la comunidad judía de Bulgaria no debería encontrarse en dicha posición geográfica y no debería dar señales de vida. Como ha sucedido con varios pueblos y con distintas comunidades, situaciones históricas y sociales, llevaron varias veces a que la comunidad desaparezca. La comunidad de judíos de Bulgaria está formada por sobrevivientes de la inquisición española y portuguesa, los cuales llegaron a ella como refugiados y pidieron continuar con su vida judía y renovar allí su comunidad. Durante varios años establecieron comunidades, y el judaísmo floreció allí, hasta que vino el exterminador nazi y frenó el desarrollo, luego llegó el gobierno comunista el cual estableció leyes contra los judíos y el judaísmo, hasta que incluso la mitzvá de brit milá desapareció de las casas judías. Luego de esta difícil etapa, los judíos de Bulgaria realizaron aliá en forma conjunta y tan solo unos pocos quedaron en Bulgaria, sin Rabino y líder, sin educación judía. ¿Acaso es posible, luego de todas estas dificultades, comprender de forma lógica la continuidad de la comunidad judía de Bulgaria?

    El origen de la comunidad

    La historia de la comunidad judía de Bulgaria comienza, por lo visto, antes de la destrucción del segundo templo (año 70). Los judíos se asentaron en la zona de Bulgaria en la época bizantina, pero la comunidad comenzó a florecer en forma significativa luego de la expulsión de España en 1492.

    Los primeros judíos aparecieron en la zona Balcánica ya desde el siglo II, luego de la conquista de la zona por los romanos. Dichos judíos eran conocidos como romaniutos y hablaban griego (“los romaniutos” es el sobrenombre de los judíos griegos que se encuentran en Grecia desde la época del primer Templo y los mismos poseen costumbres y tradiciones particulares, estos se expandieron hacia la zona de los Balcanes y de Bulgaria). Testimonios acerca de la llegada de los judíos a Bulgaria, se remontan al siglo III-VI, así como documentación de la situación de la comunidad, la cual se encontró cerca de la ciudad Nicópolis al lado del Río Danubio. Un testimonio adicional acerca del asentamiento judío en época romana se encuentra en el piso de mosaicos del Beit Kneset del siglo II ó III en la ciudad vieja de Plovdiv. Hasta hoy en día, existen judíos en Bulgaria, cuyas familias son descendientes de judíos romaniutos, en particular familias de apellido: Kalo, Kanti, Roditi y Politi.

    Muchos judíos han emigrado a Bulgaria de Hungaria, luego de la expulsión en 1376. Refugiados adicionales que llegaron de Bohemia y de Baviera a Bulgaria, debido a las persecuciones de 1470. Dichos judíos húngaros preservaron sus tradiciones y hablaban idish, pero más tarde tomaron las tradiciones locales del resto de los ashkenazim y finalmente todos adoptaron las costumbres sefaradíes y el ladino.

    La más grande ola de judíos que llegó a los Balcanes comenzó luego de 1492, cuando fueron expulsados los judíos de España. En este momento, el Sultán Turco permitió a los emigrantes que se asienten en el imperio Otomano y los mismos recibieron un trato tolerante tanto de las autoridades como de la población local.

    Los judíos sefaradíes llegaron a Bulgaria, por lo visto, luego de 1494, y se asentaron en las ciudades comerciales donde se encontraban los judíos askenazíes. Llegaron a Bulgaria de Salónica pasando por Macedonia y de Italia mediante Ragosa y Bosnia. Hasta 1640 había en Sofía tres comunidades diferentes – los romaniutos, los ashkenazíes y los sefaradíes, la llegada de los judíos de España, trajo con ella su cultura, idioma, costumbre, las cuales le otorgaron honor e incluso se tornaron más fuertes que las de los judíos romaniutos y ashkenazíes que vivían en el lugar. La llegada de los judíos sefaradíes a Bulgaria les brindó las riendas comunitarias y por lo tanto tomaron el lugar de las comunidades que les antecedieron, las cuales contaban con un número más pequeño de personas y un peso mucho menor.

    Es importante resaltar que hasta hoy día sigue existiendo el orgullo sefaradí. La gente aún vive la historia sefaradí y cuando le preguntamos a los ancianos de la comunidad: ¿de dónde son? Ellos contestan con orgullo: ¡de España! Cuándo se les pregunta: ¿hace cuánto tiempo se encuentran aquí? Ellos responden: 400 años… la conciencia de haber sido expulsados de España aún continúa y es tangible en la generación adulta, hasta la edad de 50-60. La generación intermedia y la joven, no sienten este orgullo, y quizás es necesario pensar en formas en que puedan renovarlo, orgullo que de acuerdo a lo que veremos a continuación, cuidó y fortaleció a la comunidad de Bulgaria durante los momentos difíciles.

    La tradición sefaradí fue preservada también en el área gastronómica y existen comidas que caracterizan al judaísmo de Bulgaria y que forman parte integral de la identidad judía-búlgara. Entre estas comidas se encuentran la “bumbalika”, una especie de “kneidalaj” pero frito.

    Lamentablemente, los últimos eventos hicieron olvidar a los primeros, y por lo tanto muchos se han olvidado de la gloria y el esplendor de la comunidad judía que vivió en la zona, la cual no era parte de las comunidades árabes sefaradíes, sino Sefaradí pura, de España, es decir descendiente de judíos sefaradíes que fueron expulsados o que emigraron y que encontraron en ella un lugar para establecerse.

    Entre los exiliados que llegaron a Bulgaria desde España y Portugal, mediante Istanbul, se encuentra Rabi Iosef Caro, escritor del Shulján Aruj, que llegó allí camino a la tierra de Israel. Se asentó allí durante 20 años, en la ciudad de Nikópolis y estableció una Yeshivá y es posible que allí haya escrito allí parte de sus tratados. En el año 5296 decidió ir a Israel y establecerse en Tzfat.

    Los judíos de Bulgaria vivieron su judaísmo, sin crisis alguna, hasta mediados del siglo XIX. En el siglo XIX comenzó a aparecer el iluminismo y con él cambios en la educación de los niños judíos del país, entre ellos el ingreso de la “Alliance Israelita Universal”, la cual buscó mezclar la educación y la cultura del momento con la educación judía clásica. El aumento del nacionalismo trajo consigo persecuciones y pogroms y asimismo comenzó a aparecer el sionismo y el nacionalismo judío entre los judíos de Bulgaria.

    Así también, la división de los judíos de Bulgaria en pequeñas comunidades y en general lejos de los centros judíos del imperio Otomano, crearon una situación de distancia geográfica y espiritual la cual influenció mucho en el desarrollo de las comunidades.

    La shoá en Bulgaria

    En Bulgaria no hubo shoá. A diferencia de otros países en Europa, los cuales fueron parte de la máquina nazi de destrucción (excepto Dinamarca y en un determinado sentido Finlandia), Bulgaria logró salvar a la mayoría de los 50.000 judíos que se encontraban en el país, de las garras nazis. Sin embargo, los judíos de Tracia y Macedonia (cerca de 12.000 judíos) si fueron afectados, dichas zonas fueron anexadas a Bulgaria debido a los acuerdos con la Alemania Nazi y no contaban con control completo por parte de Bulgaria (es importante explicar que hay investigadores que creen que esto es sólo una excusa y no la razón del exterminio de aquellos judíos).
    En Bulgaría vivían cerca de 50.000 judíos antes de la shoá. Los mismos contaban con igualdad de derechos. El Gran Rabino de la comunidad, era el representante de los judíos frente al estado y fue elegido por el mismo, tal como era común en otras comunidades del imperio Otomano.

    En 1493 los alemanes comenzaron a presionar a los aliados búlgaros para que envíen a los judíos a los campos de concentración en Polonia. Más de 10.000 judíos fueron enviados a Auschwitz desde Macedonia y Tracia, zonas que fueron anexadas a Bulgaria tan solo un tiempo atrás. Los judíos de la antigua Bulgaria eran los que seguían pero el rey de Bulgaria ordenó que todos los planes de expulsión de los judíos de Bulgaria sean detenidos y no cedió ante la presión alemana. Pero no logró detener la expulsión de 20.000 judíos de Sofía a la zona rural de la provincia, de allí fueron llevados en barcos al “este”.

    Los habitantes de Bulgaria comenzaron con grandes protestas debido al trato de los judíos. En lugar de traer antisemitismo, los judíos expulsados encontraron simpatía entre los habitantes de las zonas rurales. También la iglesia búlgara se opuso a los actos del gobierno contra los judíos. Los judíos de Bulgaria se salvaron gracias a la valentía del rey. A pesar de que es posible decir sin ninguna duda que no hubo shoá alguna en Bulgaria, en el sentido de asesinatos, tampoco es posible desentenderse y decir que durante los años de la guerra no hubo leyes en contra de los judíos, desde limitaciones en el comercio y hasta la obligación de ponerse el Maguen David amarillo cuando salían a las calles. De todas formas, es importante resaltar el hecho único de cuidado y salvación de los judíos, sea por parte de los vecinos no judíos o de la iglesia búlgara.

    La comunidad judía sobrevivió la shoá sin ser afectada. En seguida, luego de la guerra, la mitad de la población realizó aliá. Los que se quedaron en Bulgaria encontraron a sus comunidades e instituciones dirigidas por el gobierno comunista y así comenzó una nueva era para ellos.

    La era comunista y la influencia en la comunidad

    La era comunista dejó sus huellas en los miembros de la comunidad. Desde el comienzo del gobierno “el frente de la patria”, la vida de la comunidad fue manejada por el gobierno comunista y sus aliados. La vida judía fue prohibida y durante muchos años no hubo rabino que pudiera liderar la comunidad a nivel espiritual y cuidar la base religiosa que se necesita para mantener la vida judía y a los judíos. Tan solo hace 15 años retornó el Rabinato a Bulgaria con el Rab Bejor, el cual cuenta con el apoyo del Joint y realiza maravillas para la renovación de la vida judía de la comunidad.
    Como sucedió en otros países que se encontraban bajo el gobierno comunista, no se realizaron brit milá, tanto por la prohibición como porque no había mohel. Lamentablemente, dicha prohibición aún influye sobre la comunidad y un gran porcentaje de judíos no ha realizado brit milá a sus hijos.

    A pesar de las grandes dificultades, el Beit Kneset central de la comunidad, estuvo abierto durante todos los años en que gobernó el comunismo y se realizarón allí tefilot. Si bien no había un rabino en esa época, había un jazán y los ancianos de la comunidad venían durante la semana y en shabat a las plegarias. Pareciera ser un interesante ejemplo de judíos sefaradíes que sobrevivieron la inquisición y la expulsión de España, triunfaron ante el gobierno comunista y no renunciaron a las tefilot con minián.

    El Gran Rabino, Asher Jananel z”l, hizo un gran esfuerzo por mantener el Beit Kneset Sefaradí – Portugués en funcionamiento, pero estó causó enojo entre las autoridades. Fue detenido más de una vez y en 1962 falleció en la cárcel luego de estar allí detenido durante un año por negarse a cerrar el Beit Hakneset. Es interesante que el baal tokea (quien toca el shofar) de Rosh Hashaná es un judío de 60 años quien es baal tokea desde joven y que durante todo el período del gobierno comunista se ocupó de que el shofar sea oído en Sofía, a pesar de todo.

    Como consecuencia de vivir bajo el gobierno comunista durante varias generaciones, la vida religiosa comunitaria cayó rotundamente y durante muchos años y hasta hoy día la relación de los judíos de Bulgaria con la tradición a caído enormemente, han aumentado los matrimonios mixtos y muchos judíos sienten su judaísmo mediante la comida de matzot en pesaj y el respetar ciertas costumbres. Es necesario comprender que las generaciones que nacieron entre los años 1945 y 1989 no recibieron educación judía o tradicionalista y así crecieron sin identidad judía.

    El éxodo de los judíos de Bulgaria

    Los judíos de Bulgaria, identificados con Sión, decidieron realizar aliá. Así, un hecho único en la historia de los judíos de la diáspora tuvo lugar, cuando prácticamente todos los judíos de Bulgaria realizaron aliá en forma conjunta para así fortalecer al Estado de Israel en sus primeros pasos.

    El desarrollo intelectual de la comunidad judía de Bulgaria, se vio identificado por el sentimiento de identificación de los ideales nacionales judíos. La judería búlgara se unió al movimiento de renacimiento nacional ya desde los días de Jovevei Sión (año 1882). Tres delegaciones búlgaras participaron en el primer congreso sionista en Basilea en 1897.
    Entre Septiembre de 1944 y octubre de 1948, 7000 judíos búlgaros se mudaron a la Palestina de esos días. La emigración masiva continuó entre 1949 y 1951 cuando 44.267 judíos realizaron aliá y tan solo unos poco miles se quedaron en el país. De hecho, solo enfermos o aquellos que no podían dejar a sus seres queridos se quedaron en Bulgaria. El motivo de dicho “éxodo” sionista fue profundos sentimientos sionistas, alienación respecto a la cultura búlgara y la vida política de dicha época. No existe un caso como este en la historia del movimiento sionista, donde un 90% de la comunidad dejó el país que los cuidó durante la shoá y vino a construir el Estado Judío.

    El Beit Kneset

    Cuando visité Sofía, le pedí al conductor del taxi que me lleve al Beit Kneset, o en la lengua popular a la sinagoga. Después de unos minutos me encontré en la puerta de una gran iglesia y el chofer me dijo que debía bajar. Dado que no hablo búlgaro y el chofer no hablaba inglés, intenté explicarle que yo quiero ir a la sinagoga y que el lugar al que él me trajo no es lo que busco… me indicó que comprendió lo que le decía y luego de unos minutos estaba en la puerta de una mezquita… tan sólo la tercera vez, me trajo al Beit Kneset… y de hecho, los tres lugares de rezo se encuentran en un radio de tan sólo unos metros uno del otro con el objetivo de así preservar la buena relación entre las religiones.

    El Beit Kneset de Sofía se encuentra en el centro de la ciudad y es el más grande de todo el sur este de Europa, el tercero más grande de Europa después de la Gran Sinagoga en Budapest, el Beit Kneset más grande de Europa. En el segundo lugar se encuentran varias sinagogas, la sinagoga de Plzen, República Checa, el Beit Kneset Coral en San Petersburgo, Rusia, y la Gran Sinagoga de Florencia, Italia.

    El Beit Kneset de Bulgaria fue atacado y parte de él se destruyó durante la Segunda Guerra Mundial, pero fue reconstruido en su mayoría, a pesar de que aún no han finalizado el trabajo. En el año 2009 la comunidad festejó 100 años de su fundación la cual fuera en el año 1909.

    En Bulgaria hay hoy día 12 sinagogas, pero las únicas que funcionan son las de Sofía y la de Plodvid.

    Bulgaria hoy día

    Hoy día viven en Bulgaria cerca de 6000 judíos, 3000 en Sofía, la capital, y otros 3000 en 19 pequeñas comunidades en las cuales se encuentras desde unas decenas hasta unos pocos judíos. Entre los pueblos donde sí hay judíos se encuentran Plodvid, Varna, Bulgas, Yambuj, Shuman y Vidin.

    La Gran e impresionante sinagoga, volvió a funcionar plenamente y se realizan allí 3 tefilot diarias durante la semana, shabat y jaguim. Voces de plegaria no dejaron de recitarse nunca en la tierra de Bulgaria y las melodías sefaraditas, las cuales provienen de España de antes de la expulsión, continúan oyéndose con alegría aún luego del gobierno comunista. Dicho gobierno cayó pero las canciones de los judíos de España aún continúan oyéndose en Bulgaria, demostrando así la continuidad histórica y espiritual.

    Un shojet llega una vez por mes para realizar shejitot de acuerdo a las necesidades de la comunidad. Así también, cuentan con un restaurante casher el cual se encuentra abierto al público, en el edificio comunitario. Al lado de la Gran Sinagoga hay una mikve, la cual fue construida y refaccionada en los últimos años. En el pasado, las matzot se horneaban en la panadería comunitaria. Las matzot que horneaban en Bulgaria tenían un estilo especial dado que eran muy largas, cerca de un metro. Tan sólo en los últimos años comenzaron a importar matzot y la fábrica de matzot se cerró.

    También la ayuda social se encuentra a cargo de la comunidad. La misma sirve todos los días almuerzo para 200 personas y realiza un seder de pesaj para más de mil participantes. Asimismo, la comunidad maneja un geriátrico judío. En estas áreas, es importante resaltar el papel del Joint, el cual apoya hace ya varios años a la comunidad, tanto respecto a los aspectos educativos y rabínicos, como en los aspectos sociales, sin dicha ayuda sería prácticamente imposible para la comunidad sobrevivir.

    Todos los años, tiene lugar un campamento para jóvenes. Más de 300 jóvenes de todas las comunidades de Bulgaria participan en el mismo para fortalecer su identidad judía.

    La comunidad publica un periódico bisemanal el cual enlaza a todos los judíos de la comunidad. La mayor parte de las actividades judías de Sofía se realizan en la casa del pueblo, en el edificio de la comunidad, y en el mismo se llevan a cabo actividades educativas para todas las edades.

    Una de las cosas más increíbles que suceden hoy día en la comunidad de Bulgaria, es el retorno de los jóvenes a la identidad judía y a las actividades sociales y comunitarias. Cuando hablé con los dirigentes de la comunidad, me reconocieron que el gran desafío es “mejorar la vida judía y lograr que los jóvenes ingresen a la comunidad”, luego de años de alejamiento y de comunismo. Y de hecho, existe una organización de jóvenes, y una escuela de madrijim muy activa.

    El colegio judío nacional

    Uno de los colegios judíos más especiales del mundo, es el colegio judío de Bulgaria. En general, los colegios judíos del mundo son colegios privados y separados del sistema educativo local. Pero en Bulgaria, el estado no permite a las distintas minorías abrir un colegio privado y separado. La razón es que hay cerca de un millón de turcos (musulmanes), los cuales desean abrir colegios turcos, pero el estado se opone. Por tal razón, no es posible permitirle a ninguna minoría abrir escuelas. La solución que se ha encontrado para poder brindar educación judía es abrir un colegio judío estatal, donde hay clases separadas para los judíos. En el colegio estudian cerca de 300 miembros de la comunidad.

    La educación judía de Bulgaria pasó por cuatro etapas: la etapa del “meldar” – colegio sefaradí religioso, paralelo al “jeder” ashkenazí, el cual floreció en Bulgaria antes de la independencia del estado. Luego de la esta última, comenzó la época en la que la “Alliance Israelita Universal” contaba con varias escuelas, donde el ideal era combinar estudios laicos con estudios judaicos y ayudar a que los judíos pudieran integrarse en la cultura local y su idioma. Durante la época de la educación moderna nacional, muchos colegios fueron mantenidos por la comunidad para niños judíos, especialmente de las grandes ciudades. Y por último, en la época actual, los niños estudian en el colegio nacional búlgaro, con clases de hebreo y tradición judía.

    La cultura del ladino

    Tal como explicamos a comienzos del artículo, la mayor parte de los judíos de Bulgaria son descendientes de judíos que fueron expulsados de España, los cuales mantuvieron su lenguaje y su cultura a pesar de ser refugiados. Los judíos de Bulgaria conservaron su lengua, el ladino o el judeo-español, durante cientos de años. La generación adulta de Bulgaria (mayores de 60) aún habla ladino. El mismo no representa tan sólo un idioma sino también una cultura. Existe un club de ancianos de la comunidad, los cuales se reúnen una vez por semana para hablar ladino, una hora hablan en hebreo y una hora en ladino. Entre las costumbres de la comunidad se encuentra cantar “ein ke elo-einu” en shabat, en ladino, y con música sefaradíta.

    ¡Hasta hoy en día, las mujeres mayores dicen que quien no habla ladino no es judío! El ladino se ha transformado, entre los miembros de la comunidad en un claro símbolo de identidad. Y de hecho, en las casas judías, aún gobierna el ambiente ladino, en el idioma, en las costumbres, no siendo así en la generación intermedia ni en la joven.

    En el pasado, Bulgaria era el cruce principal entre Europa Oriental y Occidental. Convoyes de mercaderes pasaban desde Europa hacia la capital del imperio, Estambul. De hecho, tanto en su momento como hoy día, Bulgaria es el puente entre el Oriente y el Occidente, y por tal razón, se produce un ambiente muy especial también para los judíos.

    La renovación de la judería búlgara

    Me parece que el pasado y el futuro de la comunidad judía de Bulgaria, es posible resumirlo mediante la tefilá que fue escrita por uno de los rabinos de la comunidad en el pasado, la cual es recitada cada shabat en el Beit Kneset: “Hashem, fortalece a nuestros hermanos que se encuentran allí, y bríndales valentía a los que buscan la paz mundial y de todo corazón, que se cumpla la visión de nuestros grandes profetas, bendice a nuestra patria, el gobierno de los obreros y los agricultores de Bulgaria y cumple prontamente la gran profecía: “los pueblos no levantaran sus espadas unos contra otros y no habrá más guerras”.

    La vida judía se renueva cada vez más en Bulgaria, luego de varias generaciones de debilitación debido a las circunstancias del tiempo y del lugar. Uno de los líderes de la juventud, el cual trabaja para fortalecer la identidad judía del lugar, me dijo: “el desafío de Bulgaria hoy día es renovar la vida judía, debemos enseñar a los jóvenes qué es el judaísmo para que así comprendan que el judaísmo debe ser parte integral de su vida y para que continúen educando dentro del judaísmo a sus hijos”. Creo que no sólo por el cumplimiento de la profecía de Ishaiau por la paz mundial, rezan los judíos de Bulgaria, sino también por el cumplimiento de la profecía de Iejezkel “Así dijo Hashem Elokim a esos huesos, Yo les traeré vida y vivirán y les daré tendones y carne… y les daré vida y vivirán”. Profecía sobre el despertar y renacimiento, la cual se hace realidad en la judería búlgara.

    Sefarad, España
    La cuna de la diáspora
    Por el Rabino Eliahu Birnbaum
    La renovada vida judía en Sefarad es sólo una pequeña parte del presente, la cual vive en la sombra del pasado, que aún late. El antisemitismo se encuentra fuertemente arraigado a la cultura.

    Madrid

    La capital de España se encuentra llena de plazas, fuentes, cafés y museos, los cuales crean, en conjunto, una ciudad llena de vida y color. Sin embargo, todo judío que pasea por sus calles, no puede dejar de sentir la sombra de la inquisición que sobrevuela la “plaza mayor”, donde se realizaban los autos de fé de los judíos.

    En nuestras fuentes antiguas, España figura como “Aspamia” – símbolo de un lugar distante. “Una persona duerme aquí (en Babilonia) y veo un sueño en Aspamia” (Talmud Babilónico, tratado de Nidá 30b). Aspamia, es similar a la palabra local Hispania, la cual es utilizada hasta hoy día. El origen de la palabra Sefarad, se encuentra en la profecía de Ovadiá: “y la diáspora de esta hueste de los hijos de Israel, los que están entre los cananeos hasta Sarepta y la cautividad de Jerusalem, que está en Sefarad, poseerán las ciudades del Neguev” (Ovadia 1:20).

    La historia judía en la tierra de España cuenta con una época de mayor florecimiento y de mayor tragedia que vivió el pueblo judío. La persecución religiosa, la esclavitud, falsas acusaciones, inquisición y expulsión, y en oposición – “la edad de oro”, florecimiento que duró cientos de años. Lo bueno y lo malo, recibieron los judíos tanto de los musulmanes como de los católicos. Finalmente, largos años de crecimiento y éxito finalizaron en gran sufrimiento, destrucción y expulsión.

    Sabemos bastante sobre la historia de los judíos en España durante 1500, hasta que fueron expulsados del país el 31 de marzo de 1492. Conocemos a su vez a los exiliados de España, los cuales se dispersaron por el mundo judío; pero sin embargo, sobre el regreso de los judíos a España en el siglo XIX y XX, sabemos muy poco.

    Los judíos y el judaísmo desaparecieron de la tierra española y de la Península Ibérica hasta finales del siglo XIX, por lo menos de forma visible y abierta. Los judíos fueron expulsados, los anusim se escondieron en sus casas y la cultura judía desapareció incluso de los museos. Sin embargo, hace algunas décadas comenzaron los judíos a retornar a España, esta vez, sin esconder su identidad. ¿Cómo vive un judío en la tierra de la cual fue expulsado? ¿Qué siente un judío que vive en dicha tierra durante la “edad de oro” y a su vez en el período de la expulsión?

    Después de 400 años sin judíos españoles, comenzó nuevamente la vida. Prácticamente no hay relación entre el judaísmo español de ese entonces y la España de hoy día, la cual ha sido importada de otros lugares – pero de todas formas, el viejo espíritu aún se siente en el aire.

    Romance español

    Nadie sabe exactamente cuándo comenzó el asentamiento judío en España. Sin embargo, está claro que empezó hace más de 2000 años. Pareciera ser que los primeros colonos judíos llegaron junto a los fenicios que descubrieron España en sus valientes travesías. Incluso si suponemos que los judíos llegaron más tarde aún, ellos se asentaron en España cuando ella era parte del imperio romano.

    En la edad media, España era el punto de encuentro de tres religiones – el judaísmo, el catolicismo y el islam. El antecedente histórico de este tan especial fenómeno, es el status geopolítico de España en esa época. Durante la edad media no era España una única unidad política, sino que un mosaico de reinados católicos y musulmanes los cuales se encontraban en guerra constante los unos con los otros.

    Hasta el siglo VIII, España fue controlada por los católicos. En los años 711-714, la península ibérica fue conquistada por los musulmanes que vinieron del norte de África. Los judíos españoles recibieron a los conquistadores con alegría. Aquellos, liberaron a los judíos de la esclavitud y les brindaron libertad para organizarse a nivel comunitario. Los conquistadores musulmanes recibieron ayuda de los judíos para poder crear estabilidad y desarrollar la economía, y aquellos asentaron lugares que fueron abandonados por los católicos y sirvieron como diplomáticos y consejeros de la corona. Dichas oportunidades le permitieron a los judíos contribuir en el ámbito de la medicina, de la filología, de la literatura y demás, y a su vez desarrollar grandes centros de estudios judaicos.

    La espléndida época de desarrollo espiritual, literario, económico y científico de los judíos de España, fue precisamente bajo el gobierno musulmán. Nombres de diplomáticos como Jasdai Ibn Shaprut, Shmuel Hanaguid y su hijo Yosef, y científicos como Shlomó Ibn Gbirol, Moshé Ibn Ezra, Abraham Ibn Ezra, Iehuda Halevi y demás son los más importantes de la época, y sus nombres y su legado fueron grabados para la eternidad en la historia del pueblo judío.

    En ese entonces comenzó la larga guerra de la reconquista. Los católicos quisieron volver a gobernar sobre las áreas que conquistaron los musulmanes. Durante los siglos siguientes, la judería española contó con gran importancia en la historia ibérica. Tanto los musulmanes como los católicos utilizaron a predios y comunidades judías para expandir su control sobre lugares y ciudades alejadas. En momentos en que los judíos y los musulmanes competían por el control sobre España, siempre los judíos tenían un puesto. Sin embargo, en el momento en que los católicos comenzaron a gobernar nuevamente en toda España, la tolerancia de la iglesia respecto a los judíos se terminó.

    En el siglo 13, la reconquista finalizó, España volvió a manos de los católicos y dejó de ser una sociedad pastoral y abierta. Ahora, la necesidad de intermediarios judíos cayó y su influencia se redujo. En el año 1250, sucedió la primera falsa acusación española y comenzó la presión dentro de la comunidad judía. En 1391 (151) las persecuciones contra los judíos comenzaron a ser violentas y represivas: miles de judíos fueron asesinados de a motines. Sinagogas fueron convertidas en iglesias y los libros sagrados fueron robados o censurados.

    La unión matrimonial de dos dinastías, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, inició el proceso de unión de la España católica. La inquisición comenzó a funcionar en 1481 para purificar a la España católica. Hasta fines de julio de 1492 más de cien mil judíos huyeron de España; otros doscientos mil fueron expulsados en ese mismo año, en lo que será recordado a través de las generaciones como “la expulsión de España”. Como escribió Rabi Ytzjak Abrabanel en su interpretación al libro de Melajim:“todo lugar a donde la orden del rey llega, un gran duelo es para los judíos. Y hubo un gran pánico… que como el no ha habido desde el exilio de Iehudá de su tierra y caminaron sin fuerza 300 mil personas del pueblo dentro del cual yo me encuentro, desde jóvenes hasta ancianos, niños y mujeres en un solo día de todos los países del rey. En el que se despertó su deseo por salir – salió”

    ¿Hubo un decreto de excomulgación?

    Hay quienes quieren decir que los judíos no retornaron a España porque los Rabinos decretaron excomulgación a todo aquel que retorne. En realidad, no está probado si hubo o no un decreto de excomulgación e incluso no es necesario, dado que el decreto de expulsión de los reyes de España sansionaba con pena de muerte a todo judío que retorne a España. Sin embargo, más allá del ámbito legal, el cual estaba respaldado por la ley hasta principios del siglo XIX y de hecho hasta que la leyes inquisitoriales fueron anuladas en 1834, los judíos no volvieron a España por un simple aspecto social: es difícil ingresar y vivir en un país donde los judíos no son queridos. Los judíos no podían vivir en España no por la “excomulgación judía”, sino por la “excomulgación española”.

    El Rab Kuk escribe respecto a la excomulgación: “respecto a la vivienda en España – no he encontrado aún en forma específica si hubo un decreto de excomulgación o un juramento, y de hecho, probablemente no excomulgaron más que la vivienda en Egipto, respecto a la cual la prohibición es asentarse, pero no comerciar si su intención es retornar” (Igrot HaReaiá, parte 4, sección 632). También en las respuestas halájicas Kol Mebaser, escribió el Rab Meshulam Raata (Parte 3, sección 13): “Y lo que dicen respecto a que los expulsados de España establecieron un decreto que no se debe regresar a España, no lo encontré en ningún libro, y es tan sólo un rumor, no tiene ninguna base. Al contrario: en las respuestas halájicas del Mabit, parte 1, sección 307 , dice lo contrario: “no hay judíos en Aragón ya 70 años, y nosotros estamos seguros que no habrá ya más judíos allí, porque Hashem bendito sea reúne a los dispersos del pueblo de Israel en la tierra de Israel pronto en nuestros días”.

    Luego de corroborar e investigar si hay o no un decreto, encontré solamente en los reglamentos del “Maamad” de Londres, del siglo XVIII, el cual escribe que los descendientes de Anusim que salieron de España y retornaron al judaísmo tienen prohibido viajar de regreso por razones que son más que obvias; pero esta es una prohibición que tan sólo se aplica a un grupo específico.

    En el pasado se han realizado intentos de pedir a las autoridades españolas permitir el ingreso de los judíos. Ya en 1641 un judío de nombre Iaacov Kansino el cual se encontraba en Madrid, negoció con el Duque Oliveraz respecto al regreso de los judíos a España, pero sus planes se vieron frustrados por la junta de la inquisición. También en los días de Carlos II (1665-1700) se realizó un intento de que los judíos vuelvan a España y de acuerdo a la proposición de uno de los ministros del gobierno, asentarlos en tierras que necesitan ser desarrolladas, sin embargo, también esta propuesta fue rechazada por la corona.

    En el año 1802 (!) escribió el Rey de España de ese entonces, Carlos IV: “a mi corazón misericordioso y religioso le cuesta cambiar la ley aceptada en nuestro país, de no dejar ingresar a los judíos sin que estos acepten el catolicismo, dado que nosotros deseamos preservar la pureza de la religión católica… y por eso yo ordeno seguir implementando la ley de la inquisición respecto a los judíos que ingresan a España sin excepción alguna…”

    Esto demuestra que incluso en los primeros años del siglo XIX estaba prohibido para los judíos vivir en España. Es posible que el comienzo de la tradición respecto al decreto de excomulgación provenga del deseo de “venganza” para con el decreto Español: si los reyes de España decidieron que los judíos no entran en su país, entonces los judíos realizaron un decreto de “ojo por ojo”, que no se debe ingresar a España.

    La cuna de la diáspora

    Se abren las puertas

    ¿Cuándo se abrieron las puertas de España? Éste, fue un largo proceso, lleno de vaivenes. En 1808, las leyes inquisitoriales fueron canceladas por Napoleón, pero luego fueron restauradas por el rey Fernando VII en el año 1814. Las leyes fueron nuevamente canceladas en 1820, aunque se restablecieron tres años más tarde. Tan sólo en 1834 se decidió cancelarlas en forma definitiva. En el año 1865 fueron canceladas a su vez las leyes que prohibían a quien no tenía “sangre española y católica pura en sus venas” trabajar como empleado público o político. Y de hecho, los judíos comenzaron a retornar, de a poco, a dicho país. En el año 1877 había 406 judíos en todo España, de los cuales 31 se encontraban en Madrid. En 1900 el total de judíos era mil. Aún no existía la libertad de culto en dicho estado: desde 1876 la constitución Española determinaba que estaba prohibido realizar actos religiosos en lugares públicos, excepto católicos.

    Las guerras en el norte de África (1859-1860) y las dificultades de sustento en las ciudades de Marruecos, la malaria y otro tipo de enfermedades contagiosas, así como las persecuciones por parte del gobierno y los pogroms, llevaron a un proceso de emigración de Marruecos a la cercana España. Y de hecho, los primeros judíos se asentaron en general en la ciudad de Sevilla, al sur del país. En esos años, tan sólo algunos pocos judíos llegaron al país.

    Paralelamente a lo que sucedía en el norte de África, en el sur de Rusia comenzaron los famosos pogroms en Kiev y Odesa en el año 1881. Muchos judíos se escaparon a los países vecinos tales como Austria, Rumania y Turquía, y en determinado momento pidieron a las autoridades ingresar a España. Dado que parte de los fugitivos eran descendientes de los expulsados de España, el rey Alfonso XII decidió abrir las puertas de España ante ellos e incluso les deseó a su llegada: “Bienvenidos a su vieja tierra”.

    A comienzos del siglo XX continuó la emigración de los judíos hacia España, esta vez en especial hacia Madrid. Los judíos llegaron a España durante la Primera Guerra Mundial y allí encontraron refugio. Entre los inmigrantes se encontraba el famoso líder sionista Max Nordau, quien a comienzos de la guerra fue expulsado de Paris y se quedó en España hasta fines de la misma. Durante la Primera Guerra Mundial, el parlamento español buscó la forma de preservar a los judíos españoles que se encontraban en los países balcánicos, ¡los cuales fueron tenidos en cuenta luego de más de 400 años! – como ciudadanos que deben ser protegidos. En el año 1917 se dio permiso para construir un Beit Kneset y comenzaron a realizarse tefilot en el “Beit Hamidrash Abarbanel”.

    Recién en 1968 – hace tan sólo cuarenta años – se decidió cancelar en forma definitiva el decreto de expulsión. El primer ministro de ese entonces, Emilio Castelar, declaró por primera vez en forma oficial, la apertura de las puertas del estado para los judíos.

    Lenguaje antisemita

    A pesar de que los judíos españoles son considerados relativamente nuevos, el antisemitismo es antiguo allí. Los judíos cambiaron, pero la relación hostil para con ellos no. Cientos de años de actividades católicas teológicas, públicas y físicas contra los judíos, dejaron sus huellas en los habitantes del estado y no tan fácilmente pueden ser borradas. El antisemitismo se encuentra inmerso en el idioma, en la mentalidad y en los estereotipos, por lo que es prácticamente imposible desarraigarlos de la cultura local. No por los nuevos musulmanes que llegaron allí, como en el resto de los países europeos, sino por los antiguos católicos que allí viven.

    Hasta hoy en día el nombre judío incluye a todos los que son odiados por el público, tales como: extranjeros, traidores, infieles y opositores políticos. También en el diccionario oficial de la Real Academia Española de Letras, fueron preservados distintos conceptos, los cuales demuestran la difícil relación para con lo judío y todo lo que lo rodea. Respecto al concepto “hebreo”, el diccionario dice: “hebreo es un Israelí o un judío que aún respeta la ley de Moshé y trabaja en el área comercial”. La palabra “aún” refleja la visión de la iglesia que la única verdadera religión es la católica; asimismo, al definir al judío como comerciante, no se lo hace con la intención de decir que este es un oficio bien visto. La palabra “judío” fue definida en el diccionario de la Academia hasta 1956 como “tacaño y prestamista”.

    La expresión “judeada” en español, significa realizar un hecho judío. Esta palabra se encuentra explicada en el diccionario de la Real Academia que fue publicado en 1956: “hechos anti-morales que generalmente hacen los judíos”. En el diccionario que fue publicado en 1988 fue “corregida” la definición y se escribió: “judeada: acto negativo que en el pasado se creía adecuado de ser realizado por los judíos”. Es decir, cambiaron la forma de definir pero no la definición misma.

    La conclusión es clara: los judíos actúan de forma indebida y esto es lo que los identifica. La palabra SINAGOGA es definida como “lugar en el que se reúnen judíos a rezar y oír la Torá de Moshé” y como “lugar de encuentro de personas que planean actos inmorales y que instigan peleas y discusiones”.

    Somos testigos de que años de daños, inquisición y expulsión, no son fácil de borrar. A pesar de que pasaron cientos de años en que los españoles no vieron a un judío en la tierra de España, el odio profundo no desapareció. España es considerada hasta hoy en día – como demostró el Dr. Gustavo Perednik – como el país más antisemita de Europa. El judío español es una figura distorsionada la cual no tiene relación alguna con el judío real que se encuentra en dicho país y en el mundo.

    Ayuda a los judíos

    A pesar de los sentimientos anti judíos y anti israelíes, que caracterizan al público español, no es posible ignorar el momento histórico en que el Rey de España visitó el Beit Kneset de la comunidad judía de Madrid, exactamente 500 años después de la expulsión de España. En dicho evento, fue expresado el deseo del pueblo español de renovar los lazos con el pueblo judío. También el presidente israelí de ese entonces, Jaim Ertzog, participó de dicho evento.

    Durante la segunda guerra mundial, España fue neutral en forma oficial, a pesar de que sus líderes apoyaron a la Alemania Nazi abiertamente. A pesar de esto, y también gracias a esto, los españoles ayudaron a salvar a muchos judíos. En 1924 fue publicado un edicto en el cual se otorgó ciudadanía a toda persona de ascendencia española, en especial de los países balcánicos. Dicho edicto salvó a muchos judíos durante la Segunda Guerra Mundial, los cuales encontraron refugio en España. Muchos judíos llegaron a España de Alemania entre los años 1931-36. España ayudó a liberar a judíos de ascendencia Española de los campos de exterminio, y la neutralidad Española le permitió a 25.600 judíos utilizar a España como camino de escape del campo de guerra europeo. La mayor parte de los judíos que encontraron refugio en España abandonaron luego el país y se marcharon hacia otros lugares.
    De hecho: España formalizó sus relaciones diplomáticas con Israel tan sólo hace 20 años, luego de que fue aceptada en la Unión Europea en el año 1986.

    Retornaron a la patria

    En España viven hoy día 30.000 judíos. Los dos centros principales son Madrid, con 15.000 judíos, y Barcelona, la segunda más grande ciudad del país. Sin embargo, existen también otras diez comunidades judías, pequeñas o muy pequeñas, todas las cuales se encuentran integradas a “La Federación de Comunidades Judías de España”. Así son las comunidades de Málaga, Torremolinos, Marbella, Granada, Sevilla, Valencia, Palma de Mallorca, Melilla y Ceuta en la parte española de Marruecos.

    Muchos judíos llegaron a España desde Argentina, a partir de los años ´70 del siglo XX, y en el último tiempo se sumaron otros muchos judíos de Venezuela que emigraron de allí por la crisis que se vive en el país. El judío errante sigue en su camino y busca nuevos horizontes para una vida tranquila y un buen sustento, de acuerdo a las necesidades.

    Cuando la ley de libertad de culto fue aprobada en forma oficial en 1968, la comunidad sefaradí-ortodoxa de Madrid recibió permiso para construir el primer Beit Kneset en España desde la inquisición, en el corazón de la capital – en la calle Balmes. La comunidad de Madrid cuenta hoy día con 6 sinagogas, así como una comunidad conservadora, un colegio judío, mikve, un restaurante casher, un kolel para estudiar Torá, un negocio donde se venden productos kasher, un Gran Rabinato y todo lo necesario para poder llevar a cabo una vida judía.

    El gran dilema que sienten los judíos que viven en España lo oí de uno de los miembros más antiguos: “la inquisición no nos ha dejado aún, nosotros pensamos en ella, vivimos en su sombra y recordamos a sus víctimas, pero rezamos por una mejor vida y un mejor futuro para el país”.

    Pareciera ser que el sentimiento entremezclado del judío que vive en un país con una gran cultura por un lado y con destrucción por el otro, puede ser comprendido mediante el poema que escribió Rafael Cansinos, uno de los descendientes de anusim, en honor a la inauguración del Beit Kneset de Madrid. En este poema, el cual irrita cualquier oído sionista, describe Cansinos a los judíos como aquellos que “retornan del exilio / a su antigua tierra: España… la tierra que nunca olvidamos / no durante los días y no durante las noches del largo exilio / nosotros retornamos a ti… nuestra patria… podemos descansar en España luego de un largo exilio / nos encontramos nuevamente en nuestra tierra, en nuestra patria, en España”.

    También el Rey de España, cuando visitó el Beit Kneset de Madrid con motivo de los 500 años de la expulsión de los judíos de España, dijo: “España no es tan solo otra nostalgia para el pueblo judío, sino una patria donde los judíos pueden sentirse en su casa. Los judíos españoles se encuentran en su casa en España, la casa de todos los españoles, sin importar cuál es su religión y su credo”.

    ¿Será realmente así?

    Holanda, Amsterdam
    Por el Rabino Eliahu Birnbaum
    ¿Por qué los judíos denominaron a Amsterdam, “el lugar”, “el país” y “la nueva Ierushalaim”?

    La comunidad de Amsterdam es una de las comunidades más importantes y famosas de la historia judía, la cual dejó su sello en todo el mundo judío desde el siglo XVII. Amsterdam era, sin duda alguna, la ciudad de la sabiduría y de la Torá, en un solo lugar. Durante los trescientos años de existencia de la comunidad, nacieron y llegaron a ella, varios personajes religiosos e intelectuales, los cuales dejaron su sello en la ciudad y en el mundo judío. En el siglo XVIII, la comunidad de Amsterdam era considerada la más importante comunidad de Europa, tanto a nivel espiritual como a nivel general. En la ciudad había varias imprentas judías, las cuales se ocupaban de propagar la Torá de sus sabios en toda Europa y en todo el mundo judío.

    Entre los sabios de la comunidad y los famosos personajes, es imprescindible mencionar a Menashé Ben Israel, descendiente de anusim, de alto nivel intelectual, el cual hizo que el Rey de Inglaterra abriera las puertas a los judíos, el “Jajam Tzví”, el Rabino Ariel Leib de Kalish, Rabi Moshe Rivkish autor del libro “Beer Hagolá”, quien llegó de Polonia. También grandes sabios como el Ramjal y el Jidá pasaron por la ciudad y enseñaron allí durante distintas épocas. Y por supuesto las figuras que fueron tan criticadas en Amsterdam y en el mundo judío, Uriel da Costa hombre de fe y filósofo el cual fue excomulgado junto con su amigo Espinosa, el cual es conocido como uno de los filósofos judíos más importante del mundo.

    Los judíos solían llamar a Amsterdam, a lo largo de las generaciones, “makom” (lugar) ó mejor dicho “mokom” en Idish. Hay quienes la llamaron “Ierushalaim Occidental” ó “la pequeña Ierushalaim” ó “la nueva Ierushalaim”. Otros tomaron coraje y la llamaron “el país”. Todos estos términos fueron otorgados por judíos que llegaron a ella y encontraron allí una forma de vida que favoreció a los judíos, contrariamente a los lugares de los cuales provenían, en los cuales los persiguieron continuamente. Parte de dichos nombres siguieron siendo utilizados hasta hoy día también por parte de los ciudadanos no judíos para describir el carácter de la ciudad.
    El comienzo de la comunidad judía de Amsterdam comenzó con una tragedia para los judíos y finalizó luego de una tragedia que vivieron los mismos. La comunidad nació luego de la expulsión de España y finalizó su radiante camino después de 350 años con la shoá de los judíos en Europa. La comunidad de los judíos de Amsterdam surgió de sus cenizas, en el siglo XVI, para los judíos que se escapaban de la inquisición y finalmente cayó de sus cenizas cuando la mayor parte de sus judíos fueron asesinados en la shoá, sin embargo entre ambos eventos hubo cientos de años de oro. De hecho, la mayor parte de la historia judía en Holonda tuvo lugar entre el fin del siglo XVI hasta la segunda guerra mundial.

    El origen de la comunidad judía de Amsterdam

    La comunidad de Amsterdam, no es una comunidad muy antigua, sino que es de las comunidades europeas que fueron construidas en una época relativamente posterior al resto de las comunidades. La presencia judía en Holanda era muy pequeña hasta el siglo XVI. Había tan sólo pequeñas y aisladas comunidades y familias dispersas. Los registros muestran que los judíos fueron perseguidos y expulsados de la misma en forma constante. La más difícil persecución tuvo lugar en el año 1349 y 1350, luego de que los judíos fueron culpados de propagar la peste negra. Durante los siguientes 200 años, por lo visto, no hubo ningún judío en el lugar, hasta que los gobernadores de Holanda se rebelaron contra España a fines del siglo XVI y crearon las Provincias Unidas de Holanda.

    La zona que es conocida hoy día como Holanda era en un tiempo, parte del imperio español, pero en 1581 las provincias holandesas del norte declararon su independencia. La más importante causa de la declaración fue el deseo de cumplir con la religión protestante, la cual se encontraba prohibida bajo el gobierno español católico, por lo cual la tolerancia religiosa representaba el factor legal más importante de la nueva república independiente. La libertad de culto, llamó la atención de los judíos, los cuales sufrieron de opresión religiosa en grandes partes de Europa.

    Una de las razones por las cuales los judíos se asentaron en Amsterdam fue sin duda alguna la tolerancia religiosa de la ciudad. En 1597 la República Protestante Holandesa declaró que nadie sería perseguido por su creencia religiosa. De esta forma los judíos podían casarse, no fueron obligados a utilizar un símbolo especial o firmar una declaración de que eran judíos. Prácticamente no había ningún otro lugar en Europa donde los judíos tuvieran estas libertades básicas. De esta forma, las provincias de Holanda las cuales gozaban de su reciente libertad les ofrecieron una oportunidad ideal a los judíos anusim de los otros países para volver a asentarse y respetar a su religión en forma abierta, ellos emigraron, en especial a Amsterdam.
    A fines del siglo XVI y a principios del siglo XVII comenzaron a emigrar judíos anusim de Portugal. La mayor parte de estos judíos, eran aquellos que fueron expulsados de España a Portugal en la expulsión del siglo 1492 y continuaron viviendo su judaísmo allí hasta que también a este país llegó la espada inquisitorial y les demandó convertirse en forma colectiva. Es importante recalcar que la expulsión de España no se encontraba dirigida a aquellos judíos que se convirtieron al catolicismo, tampoco a los anusim que se convirtieron y continuaron respetando en secreto el judaísmo, sino a los “judíos totales” que continuaron respetando el judaísmo en forma completa y abierta. La inquisición temía que aquellos judíos leales sean una “mala influencia” para aquellos judíos que ya se convirtieron, e intenten llevarlos de regreso al judaísmo. Sin embargo, también los judíos anusim lograron salir de España y Portugal en ciertas ventanas de oportunidades que se les fueron abriendo y de a poco fueron llegando a Amsterdam. Holanda, era en esa época un país libre con la actitud más tolerante hacia otras religiones en todo el mundo. Los gobernadores del país estaban muy interesados en la llegada de judíos, a nivel económico y como forma de oposición a la iglesia católica y a sus métodos. Holanda comprendió que los judíos tenían la fuerza de desarrollar la economía, de forma que se vea basada en las relaciones exteriores de los judíos de Europa, Sud América y el oriente y de esta forma traer un gran beneficio al país.

    Varios judíos escucharon acerca de la apertura de las puertas en Holanda y sobre su tolerancia hacia los judíos y decidieron llegar a ella, así llegaron refugiados de Portugal, España, Italia y también Turquía y África del Norte, para comenzar allí una nueva vida.

    La comunidad judía de Holanda no era una comunidad típica. Cuando la mayor parte de los judíos de Europa se distinguían a nivel económico y social, sumado a lo político, los judíos de Holanda, ya en el siglo XVII, gozaban de una inserción económica y social, la cual el resto de los judíos de Europa no conocieron durante cientos de años. Profesiones como medicina pasaron a ser muy populares y doctores judíos podían trabajar en forma libre, incluso con pacientes no judíos.

    Entre los emigrantes a Amsterdam, estaban aquellos que llegaron por motivos económicos y otros, por lo visto la mayoría, por un verdadero deseo de apegarse a la religión judía, sin coerción de otras religiones, persecuciones y humillaciones.

    Y de hecho, durante el siglo XVII, los judíos portugueses, con sus conocimientos de idiomas y los contactos en el comercio internacional, se volvieron importantes en el comercio y la marinería y crearon lazos comerciales en Brasil y los países orientales. Los mismos se ocupaban de la importación y la exportación de diamantes y distintas mercaderías, y gracias a ellos, Amsterdam se convirtió en el centro comercial más exitoso de Europa.

    Los judíos ashkenazíes

    Si bien los primeros colonos de Ámsterdam eran judíos sefaradíes los cuales durante años tuvieron gran influencia en la comunidad, a partir del siglo XVII (1630) llegaron a Holanda judíos de Europa Central y del Este los cuales con el tiempo, se convirtieron en la parte central y más grande de la comunidad judía. Al principio, los judíos ashkenazíes llegaron a Alemania y luego al este de Europa, Polonia, Lituania y Ucrania. Ellos se asentaron también en otras ciudades de Holanda, en especial en Róterdam y en La Haya. Las persecuciones y las matanzas en Polonia y en Lituania llevaron a emigraciones masivas de judíos de dichos países a Holanda. La mayor parte de los emigrantes se escaparon de persecuciones en Europa, en especial de la violencia de la Guerra de los 30 Años (1618-1648) y de la revolución de Chamilnitzky en Polonia, en el año 1648.

    Durante los siglos XVII y XVIII, la cantidad de ashkenazíes creció enormemente mucho más que la de los sefaradíes: a fines del siglo XVIII la comunidad sefaradita se estableció en alrededor de 3.000 personas, mientras que la comunidad Ashkenazí creció hasta contar con 20.000 miembros.

    Es importante recalcar que la comunidad Ashkenazí de Amsterdam era pionera en Europa, dado que justo en esa ciudad, se publicó el primer periódico en Idish en el mundo (el Cunrat), el cual comenzó a circular a partir de 1686, dos veces por semana, mucho antes de que similares sean publicados en Alemania y Polonia. Asimismo, los judíos ashkenazíes de Amsterdam fueron los primeros en traducir el Tanaj al Idish.

    Las relaciones entre la comunidad Sefaradí y la Ashkenazí, no eran en ese mismo momento símbolo de amor y fraternidad. Los judíos sefaradíes veían con desprecio a los judíos ashkenazíes, los cuales les parecían mendigos y faltos de cultura, mientras que los judíos ashkenazíes no comprendían el espíritu de los descendientes de anusim los cuales combinaban conceptos judaicos y no judaicos en su religión. De hecho, no había en dicha época una única comunidad judía en Amsterdam, sino dos comunidades separadas y distintas.

    La diáspora de los judíos de España y Portugal en el mundo judío, y su influencia

    Es posible afirmar que el mundo judío cambió en forma dramática luego de la expulsión de los judíos de España y de su exilio de España y Portugal hacia el resto de la diáspora judía. Los judíos de España y Portugal, eran considerados los de mejor status tanto a nivel judaico como a nivel económico. Los mismos, fueron durante 500 años el centro judío más destacado del mundo y la perla de la diáspora judía en el mundo. La llegada de los mismos a decenas de comunidad alrededor del mundo, generalmente era algo que fortalecía a la comunidad, ciertas veces esto era generado por controversias, e incluso algunas veces ha llegado a crear un gran cambio en la comunidad misma, como veremos en el caso de Holanda y Ámsterdam.
    Comunidades de anusim de España y Portugal fueron creadas en Holanda – Ámsterdam, Italia – Ancona, Parará, Venecia y Livorno, en Inglaterra – Londres, y en Alemania – Hamburgo y su alrededor. También a Francia y otros lugares de Europa llegaron Anusim y se unieron a las comunidades de sus hermanos. Muchos anusim se dirigieron a los países árabes, en especial a los países que se encontraban bajo el imperio otomano, a Turquía, a Marruecos y a Siria, y allí regresaron al judaísmo en forma abierta. Pero los anusim no se detuvieron, y algunos llegaron a comunidades en el sur y el centro de América. El comienzo de muchas comunidades en Panamá, Colombia, Venezuela, Cuba y Brasil, tiene su origen en la llegada de los judíos anusim al lugar.

    El mundo judío, no es igual antes y después de la llegada de dichos judíos a las distintas comunidades del mundo. Este movimiento creó una cierta renovación del mundo judío, y a pesar de que las grandes comunidades de España y Portugal se debilitaron por la emigración de los anusim, muchas otras comunidades del mundo se fortalecieron con su llegada y comenzaron un nuevo estilo de vida judaica.
    La diáspora de los anusim se produjo en distintas época y a distintos lugares. En el siglo XVII había comunidades en el sur de Francia (Bayona, Burdeos, Toulouse). Los anusim que pidieron retornar al judaísmo viajaron en el siglo XVII a Italia (Venecia – Livorno), Alemania (Altona, Hamburgo), y más tarde a Londres y más que nada a Ámsterdam.

    La psicología de los anusim en Ámsterdam

    La llegada de los judíos anusim a Ámsterdam se encontraba acompañada de un ambiente determinado y una especial situación espiritual. Intentaré describirles cómo yo veo la experiencia de los anusim que llegaron a Ámsterdam en ese momento. A mi entender hay una vivencia espiritual especial de los anusim, como distintos filósofos describen (James), es posible describir la “experiencia de los anusim”, y comprender lo que sucedía en la mente de un anús cuando éste debía vivir en un mundo dual y con una identidad dividida. ¿Cuál es la psicología de los anusim? ¿Cuál es el proceso espiritual y práctico que vivieron cuando pasaron de España a Ámsterdam? ¿De llevar una vida judía oculta a una vida judía abierta?

    Debemos recordar que los judíos sefaradíes que llegaron a Ámsterdam, vivieron en España y Portugal vidas de doble identidad. La mayor parte de los judíos que atravesaron un proceso de conversión al catolicismo y pasaron a ser “conversos” o “cristianos nuevos” a los ojos de la población local, buscaron asimilarse en la sociedad católica. Otros siguieron cumpliendo en secreto las costumbres judías o aquellas que recordaban como costumbres judías.
    La sociedad católica era muy ambivalente respecto a los anusim, por un lado los recibió como parte de la sociedad, e incluso creía, de acuerdo a la ley canónica de la iglesia, que un judío que recibió el judaísmo por obligación, no tiene forma de volver atrás, o en otras palabras “católico por una vez – católico por siempre”. La vuelta del catolicismo al judaísmo, era interpretada como un pecado sin expiación. El cambio de religión era para ellos un proceso irreversible.

    Pero por otro lado, comenzaron intentos dentro de la sociedad católica, de separar a los judíos que se convirtieron de la sociedad general. En un principio llamándolos “nuevos cristianos” o “marranos” (pierna de cerdo) sobrenombres cuyos objetivos eran diferenciarse de ellos y así se transformaron en nombres insultantes para todos. De boca de los judíos, éstos fueron conocidos con el nombre de “anusim” y así intentar brindarles un status de honor y demostrar que no aceptaron el catolicismo por elección sino porque fueron forzados.

    Incluso luego de que los judíos se convirtieron, fueron víctimas de persecuciones y pogroms. A pesar de ya ser considerados católicos en el sentido religioso, la excusa era “purificar la sangre”, sostenían que los nuevos cristianos (es decir los judíos) tenían una “sangre inferior” e impura por no ser católicos de nacimiento y por tal razón debía frenarse su inclusión en puestos públicos y eclesiásticos.

    Los anusim que llegaron a Ámsterdam y a otros lugares del mundo del mundo judío, pertenecían a la tercera, cuarta y quinta generación, luego de la conversión. También aquellos que continuaron preservando su judaísmo, recibieron educación católica y crecieron dentro del mundo de conceptos católicos, no tuvieron educación judía o una experiencia judaica en una sinagoga, ni bailaron con la Torá en Simjá Torá. Durante varias generaciones, los anusim vivieron como católicos, siguieron la forma de vida de los mismos y eran parte de las instituciones educativas de los mismos, hacia afuera cumplían con sus costumbres, ¿no es esta acaso razón suficiente para internalizar los conceptos católicos y su forma de pensar?

    Esta situación generó una mezcla de conceptos teológicos y a veces incluso de costumbres de las dos religiones. Fue creada una especie de nueva religión donde había elementos de ambas religiones al mismo momento. Por ejemplo los anusim veían en la reina Esther la figura más importante, y también le rezaban a ella, dado que era la “primer anusá”, quien ocultó su pueblo y su nación. Sin embargo, ellos solían rezar a “La Santa Ester”, concepto ajeno al judaísmo.

    A pesar de la fuerza de la fe y de la experiencia religiosa, el hombre no puede dejar su pasado detrás. Incluso si un judío anus decidió realizar teshuvá y retornar a la fe de sus padres, la desconexión de los conceptos con los que fue criado no siempre es fácil, no en el pasado y no en el presente. Una persona que tiene conciencia y memoria, no puede retornar a su pueblo sin llevar consigo su propia historia personal.

    Al comienzo, los judíos que llegaron de Ámsterdam eran anusim y nuevos cristianos, pero prontamente sintieron que en Ámsterdam pueden revelar su identidad judía en forma abierta y sin temor. Y de hecho, muchos de ellos volvieron al judaísmo, hicieron brit milá, se unieron a sinagogas y comenzaron a estudiar nuevamente la Torá.

    Una de las preguntas halájicas más interesantes, la cual fue formulada a los rabinos de Ámsterdam se refiere a los anusim que luego de llegar a Ámsterdam piden un permiso rabínico para enviar a sus hijos al colegio de curas, por razones de sustento. A través de la pregunta y los datos, es posible comprender en qué mundo judío, espiritual y social especial y confuso se encontraban los anusim de esa época.

    “Todos los refugios de curas y monjas (católicos) estaban llenos de judíos y judías, muchos de ellos llevan la fe de Israel muy dentro suyo, y por la recompensa material de este mundo se ponen una careta de fidelidad a la iglesia católica. Varios de ellos se escapan a las tierras de la paz y la libertad religiosa. En esta ciudad (Ámsterdam) y en el resto de los lugares donde se encuentran curas que dejaron la religión católica y son hoy en día judías en forma total… y me han preguntado sobre los anusim descendientes de Israel si pueden poner a sus hijos como curas…”

    En esa época, muchos de los hijos y los nietos de los anusim se encontraban en posiciones clave dentro de la iglesia católica. Parte de ellos para salvarse de la inquisición, otros para cuidar y defender a su familia judía y otros por motivos económicos.

    Rabi Menajem Azría Fiju, de los grandes sabios de la época, responde: “los anusim tienen la orden, como toda persona de Israel de alejarse tanto ellos como sus hijos de la idolatría, entonces ¿cómo podemos nosotros hacer que sean curas o monjas? Pero a continuación, encuentra una sorprendente forma de juzgar para bien “todos saben que la intención de aquellos que piden ser curas no es por temor que lo hacen, sino para poder aumentar sus ingresos… y entonces, no es una negociación relacionado con la prohibición de idolatría sino un negocio…” No hay duda que sobre dicha legislación fue dicho “y juzgarás a todo hombre para bien…”

    Pareciera ser que lo que caracteriza a la experiencia personal de los anusim de entonces y ahora, es la experiencia interna, personal, en comparación con la experiencia externa-pública la cual es inexistente. El anus, vive dentro de sí mismo, y no estaba en condiciones de expresar su esencia religiosa en su vida diaria. Esta situación creó una sensación de anusim que prefieren internalizarse y no realizar acciones externas.

    Los anusim buscaron su salvación en la posibilidad de retornar a la vida judía normal, y no tan solo dentro de su corazón, sino también vida social y comunitaria. Incluso aquellos que cumplieron mitzvot dentro de su casa, sintieron que dicha dimensión le faltaba a su tarea espiritual y por tal razón se creó la necesidad de mudarse a comunidades que le permitan salir del exilio interno que le fue decretado a los anusim y salir a la luz.

    Las siguientes palabras fueron escritas por un ex anus llamado Abraham Edna (Gaspar Mendes del Arroyo) a los anusim de Iberia, la misma muestra los sentimientos de un judío de Ámsterdam en 1686: “la idea de servir a Hashem en el corazón no alcanza. La ley de Moshé fue dada para ser cumplida. Es un gran pecado permanecer sin ser circuncidado. El hombre debe escaparse a países libres y realizar la circuncisión de forma inmediata. El hombre no debe auto engañarse y convencerse de que buenas acciones pueden expiar el fracaso en cumplir las mitzvot”.

    Dentro de un mundo judío de caos intelectual y práctico, había necesidad de crear nuevamente las murallas de la religión, criar una o más generaciones de judíos las cuales no recibieron educación judía, no en el colegio y no a nivel familiar. Judíos que solo sabían cuál es el olor del judaísmo. Y de hecho, la mayor parte de las actividades rabínicas de Ámsterdam y Francia del siglo XVII era el volcar el judaísmo dentro de los instrumentos intelectuales de los emigrantes de la península ibérica, y moldear la forma de vida de los “nuevos cristianos” los cuales se transformaron en “nuevos judíos”.

    La comunidad de Amsterdam debía integrar a los nuevos cristianos dentro de ella y convertirlos en nuevos judíos, el desafío no era sencillo. Para eso, los miembros de la comunidad debieron revivir la cultura judía la cual fue perdida en España y volver a formar la forma de vida de “los nuevos judíos”. La creación de un sistema educativo esplendoroso es la que llevó a Ámsterdam a recibir el título de “la Nueva Jerusalem”.

    Peru, Trujillo
    Judíos por elección
    Por el Rabino Eliahu Birnbaum
    Más allá de los andes, vive un grupo de guerim que cumplen con el kashrut, hablan hebreo y rezan con gran fervor en el Beit Kneset. La travesía a la comunidad “Bnei Moshé” en Perú.

    Cuando llegamos al aeropuerto de Trujillo en el norte de Perú, fuimos recibidos por los miembros de la comunidad Bnei Moshé con cánticos de “Am Israel Jai” y banderas de Israel. Decenas de hombres con kipot y mujeres con la cabeza cubierta nos esperaban a la salida del pequeño aeropuerto.

    La historia de Bnei Moshé comenzó hace más de cincuenta años, cuando el líder del grupo Segundo Villanueva (hoy día Zerubabel Tzidkiá, quien vive en Israel) comenzó su camino en el judaísmo mediante una búsqueda espiritual. Pasó del catolicismo al protestantismo, y de allí al evangelismo y al adventismo. La búsqueda espiritual del cura católico comenzó cuando su padre, en su lecho de muerte, le dio el Tanaj y le dijo que allí se encuentra la verdad y la palabra de Hashem al mundo. Villanueva comenzó a estudiar el Tanaj y descubrió que debemos cuidar el shabat, y que el pueblo de Israel es el pueblo elegido y la tierra de Israel es la tierra sagrada. Él adoptó dichas creencias en su vida y comenzó a respetar shabat. Con el tiempo, el cura vio que había varias contradicciones entre el Tanaj judío y la doctrina católica, y cambió su creencia y su forma de vida. Asimismo, logró Villanueva persuadir a su familia y a su comunidad, los cuales aceptaron el judaísmo mediante sus prédicas y clases.

    Los miembros de la comunidad decidieron celebrar su comienzo en el judaísmo y su diferenciación de los pueblos que los rodean mediante la realización de la circuncisión a los hombres. Encontraron un médico judío en Lima que aceptó su pedido y los circuncidó, y desde ese entonces y hasta ahora todos los miembros de la comunidad se encuentran circuncidados.

    “Bnei Moshé” no dicen ser descendientes del pueblo judío, anusim o tener alguna otra relación histórica con el pueblo de Israel, como sostienen otros grupos en el mundo. Su relación con el judaísmo es fruto de una búsqueda espiritual. Es un ejemplo de un fenómeno que se repite a menudo en nuestros días: personas o pequeños grupos de católicos que llegan al judaísmo luego de un largo proceso de buscar la verdad, y encuentran las raíces de la fe y la religión justamente en la Torá de Israel y el D-os de Israel. Una de las más interesantes teorías respecto a este tema, dice que las personas que vienen de religiones tales como el catolicismo, las cuales expresan su religiosidad tan sólo en la vida espiritual, se ven atraídas por religiones que ponen en el centro a la vida práctica y ven en ella la forma de unirse a Hashem.

    Autodidactas en judaísmo

    El paseo en la comunidad de “Bnei Moshé” fue sumamente emotivo. Los miembros de la comunidad estudiaron en forma autónoma a lo largo de los años y crearon una comunidad con costumbres judías prácticamente de la nada, en un pueblo lejano en el medio del desierto peruano. Construyeron un Beit Kneset, prepararon Sifrei Torá con fotocopias ampliadas del Tanaj Koren los cuales cosieron con hilos, hoja por hoja, y los unieron a palos de madera que ellos mismos prepararon. Los carpinteros de entre ellos comenzaron a fabricar tefilín de madera, dentro del cual ingresaron pergaminos con las cuatro porciones de la Torá, las cuales escribieron ellos mismos con su propio puño y letra. Los miembros de la comunidad estudiaron por su cuenta, en especial Tanaj, Halajá y Tefilá – y también a leer hebreo. No hemos encontrado un niño desde los 5 años hasta un hombre o mujer de 80 que no supiera leer hebreo en forma correcta.

    El Beit Kneset fue construido de ladrillos rojos y dentro de él hay un Arón Kodesh, una bamá, un puesto para el jazán y una alta mejitzá que separa los hombres de las mujeres. Todo fue construido por los miembros de la comunidad con suma dedicación. Cuando visitamos el lugar, ellos comenzaron a entonar “Ashrei Ioshbei Beiteja”, y así dieron comienzo al rezo de minjá, leyendo de sus sidurim en hebreo, los cuales fueron fotocopiados del sidur “Rinat Israel”. La tefilá fue llevada a cabo con una gran elevación espiritual, sin errores y prácticamente sin acento, como por aquellos que son expertos en la plegaria. Y de hecho, durante estos años, tuvieron lugar tefilot todos los días de la semana, todos los shabatot y todos los iamim tovim. Nosotros, los miembros de la delegación rabínica que visitó el lugar, teníamos ciertas dudas respecto a cómo rezar con ellos y acerca de si hay que responder amén a sus berajot, hasta que nos acordamos que está permitido contestar amén incluso a la berajá de un goy…

    La comunidad se encuentra organizada en forma sorprendente. Hay un presidente – el Sr. Luján Aquiles (Iehudá) – un gabay, un shamash y una persona que lee la Torá. Durante la plegaria de shajarit escuché la lectura de la Torá de Iojanán ben Zakai, el baal koré de la comunidad. Iojanán era el dueño de un establo y estudió por sí mismo cómo leer la Torá. Hoy día estudia en una ieshivá en Israel y trabaja como electricista para su sustento.

    La visita a las casas de “Bnei Moshé”, nos reveló una nueva cara de su fervor religioso y su dedicación al cumplimiento de las mitzvot. En todas las cocinas encontramos una clara división entre carne y leche y carteles en las paredes y en los fregaderos explicando la división. Al lado de la puerta del baño, cada familia colgó la bendición de Asher Iatzar. De esta forma, fueron transformando su casa en el lejano Trujillo, en casas judías.

    Una de las familias más privilegiadas de la comunidad es la familia Valderrama. Ella fue de las primeras que se acercó al judaísmo, y en su casa había un hotel, kasher-lameadrín para mochileros israelíes. Todos los israelíes que iban a conocer las ruinas de Chan Chan se hospedaban en su hogar. Los mochileros, por su parte, se encontraban sumamente sorprendidos cuando los desayunos que les servían contenían todos productos kasher. En shabat, los miembros de la familia hacían kidush junto con los israelíes, y la alegría era grande.

    Temen asimilarse

    “Abraham Haivrí” – Abraham de un lado (ever) y todo el mundo del otro – así era el camino de la comunidad de “Bnei Moshé” en Perú. Los habitantes locales los acosaban y los veían como extraños, los cuales se comportan de forma prácticamente diabólica en su cumplimiento de mitzvot; al mismo tiempo, los miembros de la comunidad judía de Perú, por sus propias razones, no les enseñaban ni los apoyaban en su camino. “Bnei Moshé” decidieron abandonar la ciudad y crear una especia de kibutz en un pueblo de nombre “El milagro”. De esta forma podían aislarse en su cumplimiento de mitzvot, sin ser influenciados por los vecinos católicos. Parte de los miembros de la comunidad continuaron viviendo en la zona desértica de Trujillo y parte se mudó a la ciudad de Cajamarca en los Andes peruanos.

    Los miembros de la comunidad decidieron no enviar a sus hijos al colegio local, para que no deban profanar el shabat y en especial para que no les enseñen las creencias católicas locales, los cuales cuentan asimismo con inserciones paganas. Cuando le pregunté a Najshón Mendoza porque no envía a sus hijos al colegio, me respondió: “no quiero que se asimilen”.

    “Bnei Moshé” cumplieron con las palabras de Rut: “y vio que se esforzaba…” (Rut 1:18), y durante años demostraron su fidelidad a la Torá de Israel y su sueño de unir su destino con el del pueblo de Israel y la Tierra de Israel sin ninguna condición ni demanda. Este camino llevó a que después de años de vivir como judíos, fueron enviados tribunales rabínicos para que los conviertan en Perú y puedan realizar aliá a Israel. Durante esos años, los Grandes Rabinos de Israel (el Rabino Mordejai Eliahu, el Rabino Meir Israel Lau, el Rabino Shlomó Moshé Amar) apoyaron el proceso de ingreso de dichas personas en el pueblo de Israel.
    Hasta ahora ha habido 4 olas de aliá de Bnei Moshé a Israel. Cada aliá recibió un nombre y número – la primer aliá, la segunda aliá y así en adelante. Hoy día los “Bnei Moshé” son parte de las comunidades religiosas de Israel. Los miembros de la primera y la segunda aliá viven en Alón Moré, los miembros de la tercera aliá encontraron su lugar en Alón Shbut y Carmei Tzur, y la cuarta aliá fue recibida en Shavei Shomrón, Einav y Avnei Eitán.

    No hay duda, que sobre comunidad de guerim como esta, no fueron dichas las palabras de nuestros sabios “los guerim son muy difíciles para el pueblo de Israel” (Tratado de Kidushin 70b), sino las siguientes palabras de nuestros sabios: “el Kadosh Baruj Hú llevó al pueblo de Israel al exilio para que se unan a él conversos” (Tratado de Pesajim 87b).

    Turquía, Estambul
    Antes de que se olvide el idioma
    Por Rabino Eliahu Birnbaum

    Estambul, Turquía
    Hasta el siglo anterior, Turquía era la casa de una gran comunidad judía, y el centro vivo de la cultura del ladino, la cual tiene su origen en España. 500 años luego del gran apogeo, en Estambul sienten tanto decadencia como temor
    Hay quienes describen la historia judía como una escalera que se encuentra apoyada en la tierra y su parte superior llega hasta el cielo. La escalera es la analogía del pueblo judío, el cual se encuentra siempre en una escalera, a veces sube un escalón y a veces baja dos. La existencia judía no es simple, plana y horizontal, sino que es vertical. Otros describen la existencia judía como un péndulo de reloj que no para ni por un minuto, a veces está arriba y a veces abajo. Pareciera ser que dichas descripciones caracterizan a la judería turca hasta hoy día.
    En el pasado, los judíos fueron bien recibidos en el imperio Turco Otomano; pero justamente ahora, los judíos viven en el país turco, musulmán-laico, con determinado temor por su seguridad. En mi última visita a Turquía vi la gran seguridad que hay fuera de las sinagogas, los edificios comunitarios y las oficinas del Rabinato. El tema se volvió más delicado luego de varios atentados que tuvieron lugar en las sinagogas, entre ellos dos veces en el Beit Kneset “Neve Shalom”. La situación de seguridad me retornó al pasado, a la época de los anusim de España – de allí llegaron los judíos a Turquía, como lugar donde podrían vivir como judíos con libertad y sin temor.
    Los momentos más importantes de la historia judeo-turca son, en particular, la llegada de los expulsados de España en el siglo XV, la conversión al islamismo del falso mesias Shabetai Tzvi en el siglo XVII, y los atentados a las sinagogas en el siglo XX.
    Ni la llegada de los judíos de España, ni la gran decepción que dejó Shabetai Tzvi a los judíos de Turquía y al mundo judío, les preocupan a los judíos locales, sino por supuesto la tercer problemática, la seguridad personal y judía. A pesar de que la comunidad vive con sus vecinos musulmanes en relativa paz hace por lo menos 500 años, hoy día no es fácil vivir como una minoría judía en el gran país musulmán. La comunidad judía es por supuesto un muy pequeño grupo en la Turquía de hoy día: la población general, los cuales 99% de ella son musulmanes, cuenta con casi 70 millones de personas; la comunidad judía de todo el país cuenta con menos de 30 mil personas.
    De dónde provienen los judíos de Turquía
    Luego de la expulsión de los judíos de España y Portugal, el Sultán Biazir II publicó una invitación formal a los judíos a venir a su territorio, y ellos empezaron a llegar al imperio en grandes números. El sultán soñó con transformar el imperio otomano en una potencia internacional e intercultural, y como parte de esta tendencia se dirigió a los cientos de miles de expulsados y les sugirió asentarse en su imperio, y disfrutar de completa libertad de culto.
    El imperio Otomano incluía en aquellos días no solo Turquía, sino también Grecia y parte de los Balcanes, como grandes partes del Medio Oriente. La oferta del Sultán Biazir le dio nueva esperanza a los judíos sefaradíes perseguidos. En 1492 el Sultán ordenó a los dirigentes de las provincias del imperio Otomano “no negar la entrada a los judíos o crear dificultades, sino que recibirlos con alegría”. Los judíos vinieron, y en Turquía se asentaron principalmente en Estambul, Esmirna y Edirne.
    “Usted llaman a Fernando rey sabio”, dijo el Sultán, “¡pero al haber expulsado a los judíos, transformó a su tierra en pobre y a la nuestra en rica!”. Los judíos de hecho se desempeñaron en distintas tareas en el imperio Otomano: los musulmanes turcos no se encontraban interesados en emprendimientos comerciales y dejaron el comercio para las minorías religiosas. Tampoco confiaban en los súbditos cristianos de los países que habían conquistado hace tan sólo un poco tiempo atrás, y por tal razón, en forma natural prefirieron a los judíos.
    Los expulsados de España y Portugal encontraron en Estambul una gran comunidad de judíos Romagnotes (judíos que vivían en el imperio bizantino, y que cuidaron sus costumbres luego de la conquista del imperio Otomano. De acuerdo a varios investigadores, estos judíos se fueron de la tierra de Israel luego de la destrucción del segundo Templo, hacia la zona de Asia Menor y los Balcanes), italianos y askenazíes. La llegada de los sefaradíes cambió la composición de la comunidad. Se cuidaron las buenas relaciones entre los distintos grupos, pero las diferencias culturales eran tan grandes que no pudieron mediar entre ellas, sino después de muchos años. Finalmente, los judíos Romagnotes fueron los que se “asimilaron” dentro de los judíos que llegaron de España y tomaron sus costumbres.
    A lo largo de los años, los expulsados de España pasaron a ser el factor dominante y determinante en la vida cultural, comercial y medicinal del país. Durante 300 años después de la expulsión, el éxito y la creatividad de los judíos Otomanos en Turquía y en el resto de los países del imperio se encontraban a un muy parecido nivel de la Edad de Oro en España. Cuatro ciudades otomanas – Estambul, Esmirna, Safed y Salónica – se convirtieron en centros del judaísmo sefaradí.
    Uno de las más grandes innovaciones que los judíos trajeron al imperio Otomano era la prensa. En 1493, tan sólo un año después del exilio de España, David y Shmuel Ibn Najmías estableció la premier imprenta hebrea en Estambul.
    La cultura del ladino
    Los expulsados de España, cuya lengua era el judeo-español, no solo que llevaron con ellos su rica cultura judía al imperio Otomano, la cual llegó a su apogeo en la época de oro, sino también el idioma el cual los acompañó durante siglos. Los judíos que llegaron a Turquía siguieron preservando su lengua original, pareciera ser como un intento de arraigarse a su origen en la Península Ibérica en España. Los cientos de años de estadía en Turquía no llevaron a los poetas, a los escritores, a los exégetas y a los rabinos a adoptar la lengua turca; las obras fueron escritas y dichas en forma completa en Ladino.
    El origen del ladino se encuentra en el español antiguo y se encuentran integradas palabras y dialectos del hebreo y el arameo. Hay quienes distinguen entre el idioma original en el que hablaban los judíos de España, el judeo-español o el “j’udaismo”, y el Ladino el cual se desarrolló en especial luego de la expulsión de España y se transformó en el idioma oficial de los judíos expulsados de los Balcanes, del imperio Otomano, del Norte de África y de todos lados a donde fueron llevados los expulsados de España.
    El Ladino fue escrito con letra Rashi o con letras hebreas cuadradas. A veces se escribía el Ladino en letras latinas y a veces en letras “jetzi kulmus” (redondas) el cual era muy aceptado en distintas comunidades españolas.
    Lamentablemente el Ladino comienza a desaparecer. Los jóvenes ya no lo hablan, ni tampoco es una lengua hablada. Es cierto que se está intentando “renovar” el idioma, pero de hecho el principal uso de la misma es el las obras, el teatro, la universidad, la litúrgica, el folklore y la música.
    Los judíos de Turquía lograron preservar el idioma durante 500 años, pero en el siglo XX tuvo lugar un gran y dramático cambio. La identidad de los judíos turcos como exiliados de España ya no es más preservada con tanto rigor.
    Los jóvenes de la comunidad piden unir su futuro con el futuro del país y ser turcos en todo sentido. Está claro que evitan hablar el Ladino en forma pública. Es lógico que también motivos de seguridad influyan. En mis visitas a Estambul disfruto hablar ladino con los ancianos de la comunidad y los adultos; ellos aún disfrutan de dicho idioma y se encuentran orgullosos de poder hablar el idioma el cual los une a su pasado.

    La fuente de “Meam Loez”
    El ladino no era solamente la lengua diaria de los judíos de Turquía y del resto de la diáspora sefaradita, sino que también servía como el idioma de rezo y estudio de la Torá. Varios libros fueron traducidos al ladino, desde el Tanaj hasta el Shulján Aruj. Pero al parecer el libro más importante que fue escrito en ladino es “Meam Loez” – libro que incluye midrashim, pirushim, halajot y ética, y el cual fue escrito por Eabi Iaacov Culi (1689-1732), en el siglo XVIII. “Meam Loez” fue escrito en torno a la porción semanal, así como otro tipo de libros halájicos y éticos en el mundo sefaradita.
    A pesar de que el libro fue traducido al hebreo tan sólo en el año 5327 (por el Rabino Shmuel Kravitzer), pocos saben que el mismo fue originalmente escrito en ladino. El autor planeó completar la obra, y crear una amplia antología sefaradita, sin embargo no logró terminar la tarea y otros rabinos continuaron en su camino y en su estilo, lo que él comenzó.
    La primera impresión del “Meam Loez” fue realizada en Estambul (Kushtandina) en el año 1730. El libro fue impreso en letras Rashi como en ese entonces escribían en ladino las comunidades judías.
    “Meam Loez” es considerado la perla y el coronamiento de la literatura judaica religiosa, en ladino, y prueba de esto es el lugar central que tomó el libro en las comunidades sefaraditas y en parte de las comunidades ashkenazíes. Es interesante, que a pesar de su estilo popular muchos poskim lo citan, ya sean sefaradíes, desde el Jidá hasta el Rab Ovadia Yosef, y ashkenazíes como “Minjat Ytzjak” o el “Tzit Eliezer”.
    A lo largo del tiempo, hay quienes definieron el libro como midrash, antología, colección, increíble enciclopedia de parshanut, libro de ética, halajá y minhag, y a su vez como libro de conocimientos generales sobre el mundo y la naturaleza. Sin embargo, “Meam Loez” no es un libro común, por sobre todo, es posible definirlo como un libro educativo.
    La verdadera característica que se esconde detrás de la obra de “Meam Loez” no es tan sólo el lenguaje popular, de forma que todos puedan comprenderlo. El escritor muestra en su introducción la necesidad de dicho libro dada la situación de la población turca (se asemeja a las palabras del Rambam en su introducción a Moré Nebujim):
    “Esta es la Torá cerrada y sellada en manos de Israel… y mi corazón me despertó y me dijo, ¿por qué te duermes? Levántate y haz un libro que reúna a todos los campamentos, correcto y ordenado, para que oigan y para que estudien en las festividades y en los shabatot y en todos los días conmemorativos de la casa de Israel”
    El Rab Culi, quien comprende que su generación se encuentra en una situación de ignorancia y falta de conocimiento de la Torá, busca traer conocimiento divino al corazón de sus lectores. El mismo, a pesar de ser miembro de la elite religiosa del imperio Otomano, escribió su libro para las masas de Israel, las cuales no conocían el hebreo o el arameo (más allá de las letras), y de hecho, toda la obra religiosa de a lo largo de las generaciones se encuentra más allá de su alcance. El peligro que sobrevolaba a la sociedad judía del imperio otomano era el dogmatismo del judaísmo, dado que tan sólo la elite rabínica tenía la capacidad de estudiar y comprender los distintos niveles de la Torá, pero el público en general, en cambio, prácticamente no conocía la religión de sus ancestros. Así, es posible comprender como un personaje tan erudito como el Rab Iacov Culi escribe un libro tan popular como “Meam Loez”.
    El Jajam Bashi y el Rishón LeTzión
    Es difícil hablar sobre la comunidad judía de Turquía, sin nombrar a uno de los conceptos más especiales del mundo judío y rabínico de ella: el Jajam Bashi (en turco: el líder de los sabios), este es el título que se le dio al Gran Rabino de las comunidades judías en el imperio Turco-Otomano. El rol del Jajam Bashi era ser la persona que conectaba entre los judíos y el gobierno. Este puesto comenzó en el año 1853 en Kushta (sin embargo, ya en 1453 fue nombrado el Rabino Moshé Capsali como el primer “jajam bashi”, pero el puesto no continuó después de su cadencia, hasta ser renovado el siglo XIX).
    El modelo del Jajam Bashi es un intento del imperio Otomano de aplicar a la comunidad judía el modelo de la iglesia católica. Así como toda iglesia católica cuenta con su propio gobierno independiente el cual actúa con el patrocinio del gobierno, lo mismo intentó hacer con los judíos. La mayor parte del trabajo no era religioso, sino organizativo y político, mediante la representación de la comunidad para con el gobierno y viceversa.
    En paralelo al puesto del Jajam Bashi, en Eretz Israel fue desarrollado el título de Rishón LeTzión LeIsrael. Ambos conceptos, Jajam Bashi y Rishón LeTzión, son formas de denominar a Grandes Rabinos en distintas etapas y en distintos lugares. De hecho, no había relación directa entre los mismos hasta que en el año 1842 los puestos fueron unificados. A diferencia del Jajam Bashi, la fuente del nombre “Rishón Letzión” no es de tierras ajenas, sino que es un título que dieron los judíos desde el siglo XVII al Rabino de Jerusalem. Más tarde, el título se expandió y fue otorgado al Gran Rabino Sefaradita de Israel. Cuando el Gran Rabinato de Israel fue establecido en el año 1921 (5681) por el gobierno británico, fue a su vez creado el puesto del Gran Rabino Ashkenazí.
    Hasta hoy en día los judíos de Turquía son representados en forma legal, como fue a lo largo de las generaciones, por el Jajam Bashi, el Rabino Ytzjak Haleva, el cual trabaja arduamente por fortalecer la comunidad desde adentro y por fuera junto con el resto de los rabino de Turquía.
    500 años de la comunidad: hoy y en ese entonces
    En el año 1992, la comunidad festejó 500 años de existencia – de hecho fue el 500avo aniversario de la expulsión de España (sin tener en cuenta que la comunidad judía turca existe desde antes de que los expulsados de España lleguen).
    En el año 1900 vivían en Estambul 300.000 judíos, en 1940 la comunidad disminuyó en forma significativa, cuando más de 100.000 judíos realizaron aliá a Israel. Hoy día, la comunidad judía turca cuenta con 27.000 judíos. Es la segunda comunidad judía en términos numéricos en un país musulmán, después de la comunidad judía remanente en Irán.
    La mayor parte de los judíos viven en Estambul, cerca de 2500 en Esmirna, alrededor de 140 en Bursa y tan sólo 100 en la capital Ankara. Hay también algunos judíos en Adana, Canakkale, Iskenderun y Kirklareli, y también 100 caraítas, grupo independiente, el cual no acepta sobre sí mismo la autoridad del Gran Rabino y cumple sus propias costumbres.
    En Turquía hay veintitrés sinagogas en funcionamiento, dieciséis de ellas en Estambul. Algunas son muy antiguas, en especial el Beit Kneset Ahrida en la zona de Balat, el cual se encuentra en pie desde el siglo XV. A pesar de que este hecho puedo sorprender a muchas personas, también existe una comunidad ashkenazí en Estambul, la cual llegó al país desde Austria a fines del siglo XIX. La comunidad se encuentra hoy día en el Beit Kneset Maguen David, el cual fue construido en el año 1900.
    La comunidad cuenta, asimismo, con un colegio primario, donde estudian cerca de 300 alumnos y un colegio secundario con cerca de 250 alumnos. En Esmirna, tienen un colegio primario adicional, el cual cuenta 140 alumnos. Asimismo, posee la comunidad judía de Turquía un hospital, el cual se encuentra en funcionamiento hasta hoy en día y lleva el nombre “Or HaJaim”. Tiene también un centro comunitario, restaurantes casher y un museo judío el cual documenta la historia de la comunidad en Turquía. Además, todas las semanas se publica un diario comunitario llamado “shalom”. En el pasado el diario se publicaba completamente en ladino, pero hoy en día se publica en turco y tan sólo una o dos páginas son escritas en el antiguo idioma.
    El desafío de la comunidad judía mundial, preservar lo existente, es bastante más difícil en un país musulmán, pero la comunidad judía de Estambul, logra tener éxito a pesar de las dificultades y los peligros. Los judíos de Turquía retornaron de forma alguna a la vida de sus antepasados, debido a su deseo de preservar la identidad, junto con sus preocupaciones por la seguridad. Los judíos de Turquía, como muchas comunidades judías alrededor del mundo, preservan su cultura con orgullo, y por el otro lado se encierran cada vez más detrás de las paredes y de las rejas. La historia se repite: anusim (forzados) antes y anusim ahora.

    Servia, Belgrado
    El Mosaico del pasado se refleja en el presente
    Por Rabino Eliahu Birnbaum

    La comunidad judía de Belgrado es un calidoscopio que conecta la expulsión de España con la shoá, y que hace cada vez menos notable la diferencia entre el idish y el ladino. La shoá borró prácticamente todo, y rápido.
    Belgrado, Serbia
    El Beit Kneset ashkenazí “Sucat Shalom”, único lugar de culto que existe hoy día en Belgrado, se llenó de concurrentes el shabat por la noche. Este Beit Kneset es uno de los pocos que sobrevivieron en Serbia luego de la shoá, a pesar de que su destino no fue muy meritorio durante la misma. En la época de la Segunda Guerra Mundial, los soldados alemanes utilizaron a la sinagoga como prostíbulo. Uno de los asistentes, quien era adolescente en esos días, cuenta que la parte de los hombres era un restaurante para los soldados y la de las mujeres tenía otro uso, lamentablemente.
    Me parece que la plegaria especial que vivencié durante mi visita a la comunidad es un ejemplo y un símbolo de la impresionante historia y de la nostalgia respecto al pasado.
    En el Beit Kneset ashkenazí, donde hablaban idish antes de la guerra, rezan hoy de acuerdo a la costumbre sefaradí e incluso hay partes en Ladino. No es la costumbre de edut hamizraj (costumbre sefaradí de los judíos procedentes de los países árabes), sino el estilo sefaradí original, procedente de los expulsados de España y Castilla, los cuales se asentaron en los países balcánicos – Sarajevo, Belgrado y Croacia – luego de la expulsión.
    Una de las costumbres locales me llamó la atención. En la noche de shabat, cuando el público recita la última parte del “lejá dodí”, donde dicen “boi calá”, continuaron mirando hacia adelante, al Harón Hakodesh, y no se dieron vuelta como es costumbre hacer. Visité cientos de comunidades judías en la diáspora, ashkenazíes y sefaradíes, sin embargo esta es la primera vez que recé en un Beit Kneset donde el público no se da vuelta en “Lejá Dodí”, y realmente me sorprendió. Al final de la tefilá le pregunté al Rabino de la comunidad cuál es la razón de esta extraña costumbre y él me dio una increíblemente interesante respuesta, la cual demuestra la grandeza de las comunidades de la diáspora en general y de la comunidad de Belgrado en particular, y su voluntad y esfuerzo por mantener la llama judía encendida.
    Luego de la destrucción de la comunidad de Belgrado en la shoá, y durante decenas de años bajo el gobierno comunista, tuvo lugar la tefilá de shabat por la noche pero no había minián por la mañana. No sacaban el Sefer Torá, no abrían el Harón Hakodesh y no leían la Torá. Los judíos de la comunidad sintieron la necesidad de abrir el Harón Hakodesh, ser bendecidos por su santidad y ver los rollos de la Torá, para no olvidar que hay dentro del arca. Dado que no abrían el arca sagrada por la mañana, por la falta de tefilá y plegaria, decidieron abrirlo en el kabalat shabat.
    Sin embargo, cuando llegaban en la plegaria a “boi beshalom ateret baalá”, no podían darse vuelta hacia la puerta, para no darle la espalda al Harón Hakodesh que se encontraba abierto, debido a su santidad… desde entonces y hasta hoy en día, a pesar de que las plegarias ya tienen lugar en forma regular todos los shabatot por la mañana, y no abren más el arca por la noche, los miembros de la comunidad no se dan vuelta para así preservar la costumbre del lugar. Hoy día, todos los shabatot hay tefilá de arvit y shajarit, una hermosa plegaria llena de melodías sefaradíes, con un joven jazán local, quien sabe cantar las canciones de la misma forma en que las cantaban en España antes de la expulsión, y en Serbia antes de la shoá. Parte de las tefilot son recitadas en ladino (como Berij Shemá o Ein Kelokeinu), como se acostumbraba en las comunidades sefaradíes.
    Actualmente, los ashkenazíes y los sefaradíes rezan juntos en el mismo Beit Kneset. El único hecho que distingue entre ellos es que los sefaradíes dicen al final de la tefilá “shabat Shalom” y los ashkenazíes “guit shabes”.
    A pesar de esto, la diferencia entre los sefaradíes, los cuales hablan ladino, los veteranos, y los ashkenazíes, los nuevos emigrantes, los cuales hablan alemán y húngaro, es sumamente importante para poder comprender la situación del judaísmo en Serbia y Yugoslavia en la época de entre las dos Guerras Mundiales.
    La dominación de los sefaradíes
    El asentamiento judío en Macedonia y Dalmacia tiene su origen en la época de los griegos y los romanos, asimismo, pequeñas comunidades judías existían en Eslovenia y Besarabia ya en la edad media. Sin embargo, la primera gran ola de emigración judía a los países balcánicos comenzó como consecuencia de la expulsión de los judíos de la España católica en 1492. El sultán del Imperio Otomano recibió con alegría a los expulsados, y estos llegaron en masa. Al comienzo se asentaron en su mayoría en Salónica y en Estambul (Constantinopla), pero hasta mediados del siglo XVI sus descendientes comenzaron a dispersarse en ciudades más alejadas y establecieron comunidades en ciudades como Belgrado en Serbia, Sarajevo en Bosnia, y Skopie (Uskub) y Bitola (Monasterio) en Macedonia.
    Los sefaradíes trajeron con ellos su idioma y costumbres de España. Continuaron hablando ladino, dialecto que fue desarrollado del castellano del siglo XIV. En todos los lugares donde se asentaron establecieron organizaciones comunitarias separadas. Los sefaradíes se creían superiores a nivel cultural respecto a los judíos bizantinos locales y a los ashkenazíes del norte y este de Europa. En poco tiempo, aquellos emigrantes de España y Portugal tomaron el liderazgo de la vida judía en los países balcánicos sin objeción alguna. Hasta fines del siglo XIX, el ladino era el idioma principal de la comunidad sefaradí de Belgrado. Casi todas las publicaciones de la comunidad eran realizadas en dicho idioma.
    Los apellidos sefaradíes más comunes eran Alkalai, Almozalino, Demio, Calderón, Confino, Meboraj, Fiade, Pinto, Romano y por supuesto Levi y Cohen.
    ¿Y qué pasaba con los ashkenazíes? Belgrado, hasta comienzos de la Primer Guerra Mundial, era parte del Imperio Habsburgo, y sus judíos, parte de la judería húngara. Aquellos se unieron en su mayoría, durante el siglo XIX al movimiento neológico, movimiento similar al reformista pero más moderado. La diferencia entre las comunidades sefaradíes, las cuales continuaron en su camino tradicional y las ashkenazíes, quienes decidieron tomar un camino más liberal, crearon grandes contrastes entre ambos. Los sefaradíes estaban orgullosos de su historia y sus tradiciones, en cambio los ashkenazíes se consideraban más avanzados e iluminados.
    Es importante resaltar que a pesar de las diferencias, durante los 300 años de vida judía en Belgrado, vivieron en ella ashkenazíes y sefaradíes en armonía y colaboración comunitaria. Con la conquista de Serbia por el Imperio Otomano, los judíos en general comenzaron a tener éxito, y en particular los de la ciudad de Belgrado.
    La comunidad creció muchísimo alrededor de la Primera Guerra Mundial. Con la recepción de la autonomía religiosa, se establecieron instituciones educativas y sinagogas para las comunidades ashkenazíes y sefaradíes, y el número de judíos en dichos países aumentó. En 1930 había, en la Yugoslavia de aquellos días, 114 comunidades organizadas: 38 sefaradíes (todas excepto tres, estaban en Serbia, Bosnia, Macedonia y Dalmacia), 70 comunidades ashkenazíes neológicas (en su mayoría en Croacia y en Voivodina) y 6 comunidades ashkenazíes ortodoxas (casi todas en Voivodina). En 1939 habían, tan sólo en Belgrado, cerca de 12.000 judíos 10.000 sefaradíes y el resto ashkenazíes. A lo largo de los años, Serbia se convirtió en la casa de importantes rabinos. Al principio Belgrado no era una ciudad importante a nivel religioso, y estaba influenciada por los centros en Salónica y Estambul. Sin embargo, luego de la designación del Rabino Iehudá Larma de Estambul en el año 1617, como Gran Rabino de Belgrado, aquel influenció al centro rabínico y religioso de la ciudad y lo ayudó a desarrollarse en forma significativa. En dicha época, Belgrado se convirtió en el tercer centro de estudios judaicos de los países balcánicos, luego de Estambul y Salónica.
    Entre los conocidos personajes, los cuales fueron parte de la comunidad judía de Serbia, sobresale uno de los presagiadores del sionismo, el Rabino Iehuda Alkalai. El Rabino Alkalai nació en el año 5558 (1798) en la comunidad sefaradí de Sarajevo. Con el tiempo, fue designado sheliaj tzibur y moré de la comunidad de Zamalín, ciudad cercana a Belgrado. Luego de muchos años fue designado Rabino de la comunidad, y se desarrolló en dicho puesto hasta realizar aliá en el año 5634 (1874). Una de las sinagogas que había en la comunidad del Rabino Alkalai existe hasta hoy en día, aunque lamentablemente funciona como un restaurante local. En mi visita al lugar, me fue muy difícil ver que el lugar donde se encontraba el Harón Kodesh, es utilizado como lugar donde sirven bebidas alcohólicas. Dicho Beit Kneset fue construido en 1850.
    Judenfrei
    Como hemos dicho, antes de la Segunda Guerra Mundial había cerca de 12.000 judíos en Belgrado, sefaradíes y ashkenzíes, la shoá no distinguió entre ellos. Los judíos de Serbia fueron los primeros que sintieron la influencia de la política Nazi en forma completa. El 30 de mayo de 1941, el gobierno militar Nazi de Belgrado publicó la definición de “quién es judío”, y legisló una serie de normas las cuales quitan a los judíos del servicio público y de ciertas profesiones. Todas las propiedades judías fueron anotadas, comenzó el trabajo forzado, y se prohibió a los ciudadanos serbios esconder a judíos. Ya en ese momento, debían los judíos llevar el Magüen David amarillo.
    El 6 de abril de 1941 Alemania invadió, junto con sus aliadas, Italia, Hungría y Bulgaria, al territorio de Yugoslavia. Jóvenes judíos, en su mayoría del Hashomer Hatzair, se reunieron al día siguiente, y sabotearon los cuarteles del enemigo, distribuyeron propaganda, y reunieron dinero y equipamiento médico.
    En octubre, cerca de 4000 hombres judíos fueron asesinados por el ejército alemán. En diciembre, todas las mujeres y niños judíos de Belgrado fueron detenidos y enviados al campo de concentración Sajmiste, al lado de la ciudad. A principios de marzo de 1942, un camión de gas fue enviado de Berlín a Belgrado, y hasta principios de mayo, todas las mujeres y los niños fueron asesinados con gas.
    En agosto de 1942, el gobierno serbio anunció con orgullo que Belgrado es la primera ciudad que se encuentra en el nuevo status “judenfrei” – libre de judíos. Tan solo 1200 judíos de Belgrado sobrevivieron. La mayor parte de los judíos fue asesinada en Serbia, y en la zona de Belgrado fueron establecidos tres campos de concentración para judíos y gitanos. El nivel de participación de los serbios en el asesinato del pueblo judío fue muy alto. El campo de concentración Banjica estaba prácticamente puesto en funcionamiento por serbios, y era solventado por el presupuesto local de la ciudad de Belgrado.
    La exterminación de los judíos serbios fue presentada por los alemanes también como forma de frenar la revolución, y los judíos fueron mostrados como comunistas o como quienes apoyan a los mismos. Esta forma de exhibir a los judíos, sirvió a los intereses de los alemanes: la solución final fue utilizada, también, para asustar a la población local. Así, es posible comprender el por qué fueron asesinados los judíos de Belgrado en la ciudad o en sus alrededores, y por qué lo hicieron tan rápida y tempranamente.
    Es importante recalcar el rol de los partisanos serbios, bajo el liderazgo de Tito, los cuales lucharon contra la conquista, en lo que es conocido como “la revolución serbia”, una de las más grandes oposiciones que sufrió la Alemania Nazi en toda Europa. Muchos judíos lucharon contra los alemanes en sus filas, y los partisanos y los comunistas les dieron refugio.
    Después de la shoá, aquellos que quedaron en vida buscaron un nuevo futuro. Parte de ellos realizaron aliá, y los pocos judíos que quedaron en el país comenzaron a reconstruir la comunidad. Las comunidades sefaradíes y ashkenazíes fueron reunidas en una sola comunidad, con respeto mutuo y una historia en común.
    Entre la nostalgia y la visión
    En la Yugoslavia de la post guerra, las tres comunidades más importantes se encuentran nuevamente en Belgrado, Sarajevo y Zagreb. Hoy día, viven en Serbia cerca de 2000 judíos, dentro de los cuales 800 viven en la capital, Belgrado, y el resto se encuentra disperso entre las comunidades: Denish (al lado de Belgrado), Novi Sad y otras 7 comunidades pequeñas por la zona Vojvodina, alrededor de Novi Sad: Sombor, Zrenjanin, Subotica, Kikinda, Danchevo, Zemun, Noisad (en alguna de estas comunidades aún hay sinagogas). Es importante recordar que hasta 1991, Serbia, Kosovo, Montenegro, Macedonia, Bosnia, Croacia y Eslovenia eran parte de Yugoslavia, cuya capital era Belgrado, sin embargo hoy día, cada una es un país separado e independiente.
    En la actual comunidad de Belgrado, la diferencia entre ashkenazíes, sefaradíes, neológicos y ortodoxo, no es muy grande. El ser miembro de la comunidad se le permite a todo judío, el cual no pertenece a ninguna otra institución religiosa y el cual dice que por voluntad propia desea ser miembro de la comunidad. La pertenencia a la comunidad es de acuerdo a la “ley de retorno”. Aquel que tiene derecho a la ley de retorno, es decir que sus padres o abuelos eran judíos, y él es la tercera generación de un familiar judío, tiene derecho de ser miembro de la comunidad. También las parejas de los no judíos son aceptadas de acuerdo al status de su pareja judía. Es importante recalcar que este sistema es utilizado en mucha partes de Europa y del mundo en general, también en comunidades que son consideradas ortodoxas como lo es el caso de Serbia.
    A los ojos de los judíos de Serbia de hoy día, la época de entre las dos guerras mundiales, es considerada la edad de oro de los judíos de Yugoslavia. Mirando hacia atrás, esta observación, a pesar de que se encuentra llena de nostalgia, tiene bastante verdad. En esa época, comunidades ashkenazíes y sefaradíes, cada una con su marco y su ideología, activaron en forma paralela, pero con ayuda mutua entre ellos. Muchas organizaciones judías, con un gran nivel de actividades, se desarrollaron tanto a nivel local como a nivel nacional.
    Una prueba de dicha realidad, se me presentó en motzaei shabat, bien entrada la noche, cuando caminaba por las calles de Belgrado al lado de Gran Rabino de Serbia, el Rabino Yitzjak Asiel. Caminamos por calles donde cada piedra y cada esquina son un recuerdo y monumento al judaísmo esplendoroso que existió. Cuando pasamos al lado de “Cinema Rex”, un grandioso edificio el cual sirve hoy día como teatro y cine, el Rabino me comentó que el edificio pertenecía en el pasado a las organizaciones judía “oneg shabat” y “gmilut jasadim” (organizaciones que se ocupaban de acciones de tzedaká dentro de la comunidad judía). Y de hecho, en la entrada del edificio se despliega hasta hoy en día un gran versículo: “no nos abandones en nuestra ancianidad, no nos dejes cuando nos quedemos sin fuerza”. Los edificios cercanos eran colegios, yeshivot, carnicerías kosher y negocios judíos. Cada piedra sabe contar su historia.
    La comunidad que se encuentra bajo el liderazgo del Rabino Asiel, no vive tan sólo en el pasado y la nostalgia. En los últimos años han renovado el Beit Kneset, construyeron una cocina kosher y un salón de eventos, y publicaron decenas de libros y revista sobre judaísmo en serbio. El Rabino Asiel transmite todos los días un programa de dos minutos en la televisión local (algo como “el versículo del día”), hay clases de Torá, shabatonim y seminarios para los jóvenes de la comunidad, hay plegarias todos los shabatot y programan dentro de poco construir una mikve en Belgrado.
    De acuerdo a una leyenda urbana, si una persona escribe un deseo en un papel, lo pone en un colgante y lo tira a la tierra del antiguo cementerio ashkenazí en Belgrado, el deseo se cumple. No tengo ninguna duda que los deseos que han escrito los miembros de la comunidad y el Gran Rabino de Serbia, el Rabino Asiel, es uno: “renueva nuestros días como en los tiempos antiguos”.

    Armenia, la tierra de Ararat
    La tierra del Ararat
    Armenia, Ereván y Saban
    Rabino Eliahu Birnbaum

    ¿Hay judíos en Armenia? Me han formulado esta pregunta varias veces, cuando volví de mi visita a Armenia. La respuesta es positiva e incluso más aún, hay una relación directa y un gran parecido entre el pueblo armenio, el cual parte se encuentra en su tierra y parte en la diáspora, y el pueblo judío.
    La República Armenia es un país asiático, el cual se ubica entre el Mar Negro y el Mar Caspio. El país limita con Turquía en el occidente y con Georgia en el norte, así como con Irán y Azerbaiyán. Armenia, en el pasado una república de la Unión Soviética, es independiente desde 1990, y se explaya en tan sólo el 10% del territorio original de la nación armenia histórica, cuando el resto del país es hoy en día parte de Turquía, su vecina.
    De acuerdo a la tradición local de los armenios, su origen proviene de la Mesopotamia, allí participaron en forma activa de la construcción de la torre de Babel e incluso sirvieron como traductores luego de que los idiomas fueron mezclados. Otras tradiciones, armenias y judías, ven a los armenios descendientes de Yefet, el hijo de Noaj. En distintas fuentes en el Tanaj, en textos de nuestros sabios y en libros de historia, mencionan a Armenia como el lugar donde tuvieron lugar eventos tanájicos e históricos de suma importancia. “La tierra de Uz” donde vivía Yob, es atribuida a Armenia – la traducción en arameo identifica a la tierra de Uz con “La tierra de Armenia”. Dicha traducción, también relaciona “Armona” la cual figura en el versículo “…Y seréis arrojadas hacia el Armón…” (Amos 4:3), a la zona donde vivían las diez tribus “más allá de los montes armenios”. Rashi relaciona Armón con “los montes de la oscuridad”, el concepto que utilizaban los judíos medievales para denominar a los montes caspios. También las montañas de Ararat, el lugar donde reposa el arca de Noaj, se encuentran de acuerdo a la tradición, en Armenia. Hasta hoy día, los habitantes del lugar saben que Armenia es el lugar de los tanájicos montes de Ararat y sienten cercanía e identificación con el personaje de Naoj, el cual es representado en varias estatuas que en la capital del país.
    Armenia también se encuentra en el Talmud y el nombre de Rab Iaacov el armenio aparece en el Talmud Ierushalmi (Talmud Ierushalmi, Guitín 6, 48b). Historias de la edad media describen a Armenia como el lugar de los “judíos libres”. Sabios judíos, desde comienzos del siglo II, creían que las diez tribus perdidas se encontraban en Armenia. Armenia también es llamada Amalek en ciertas fuentes y los judíos armenios llaman asiduamente a los armenios amalekim.
    Independencia renovada
    Muchas veces se ha intentado comparar a los judíos con los armenios. Pareciera ser que a pesar de la diferencia entre ambos pueblos y culturas, es posible encontrar ciertos aspectos en común. Los armenios y los judíos han sufrido difíciles exilios, donde han vivido el exterminio en masa y el renacimiento nacional, en contra de todas las probabilidades.
    La diáspora armenia es la diáspora paralela y más cercana a nivel histórico de la diáspora judía. La diáspora armenia se encuentra dispersa en distintos países en el mundo y aún se identifica con su historia. Ambos pueblos sufrieron la pérdida de su país y atravesaron el exilio, vagaron a distintos lugares en forma similar y adoptaron los mismos oficios, recibieron derechos especiales parecidos, constituyeron instituciones comunitarias y se enfrentaron a problemas semejantes de asimilación, supervivencia y acusaciones en contra de un pueblo disperso. En Ucrania, tanto los judíos como los armenios fueron acusados de destruir la fuente de ingresos de los comerciantes y artistas locales por la solidaridad que demostraron ante sus competidores.
    Los armenios son cristianos ortodoxos, y son considerados como poseedores de una tradición católica especialmente antigua. Aparentemente no hay ninguna relación ni pertenencia al la religión judía, sin embargo los armenios cristianos se parecen a los primeros cristianos al principio de su camino. Los armenios son considerados el primer pueblo en la historia que se convirtió al cristianismo en forma total, y la iglesia armenia tiene su propio lugar y capilla en la iglesia del Santo Sepulcro. Ellos adoptaron al cristianismo ortodoxo de forma popular en el siglo III y por tal razón es posible que sus costumbres e influencias judías hayan sido preservadas entre ellos. De acuerdo a lo que los líderes religiosos locales dicen, ellos cuidan hasta hoy en día la condición del “cohén”, y sacrifican antes de su pascua el sacrificio de pesaj. Hasta una época tardía (la época de Alejandría) no había cruces en sus iglesias.
    Es interesante recalcar la similitud de los idiomas. Hasta un período tardío, grandes partes de los habitantes hablaban arameo y hasta hoy día un importante porcentaje del idioma armenio se encuentra basado en palabras en arameo. Palabras como shuka (shuk en hebreo, mercado en español) o janut (negocio), se utilizan tanto en arameo como en hebreo hasta hoy día.
    Sin embargo, más que nada, la shoá que vivieron ambos pueblos en el siglo XX los posiciona a ambos en el escenario histórico con un parecido destino.
    Herida abierta
    Es difícil hablar sobre el pueblo armenio hoy en día, y de su parecido con el pueblo judío, sin mencionar la shoá armenia. Quien visita la actual armenia, encontrará un pueblo con gran tristeza en sus ojos. Esta tristeza se encuentra también en el pueblo armenio que vive fuera de su tierra pero continúa preservando su identidad.
    Durante cientos de años, una gran minoría armenia vivió dentro del Imperio Otomano de forma sumamente tranquila. A comienzos del siglo XIX se produjo un cambio en la tolerancia del gobierno turco para con las minorías cristianas. En 1915, el Imperio Otomano comenzó a exterminar al pueblo armenio. La estimación es que de 2-2.5 millones de armenios que vivían en el imperio antes de la guerra, entre un millón o un millón y medio fueron asesinados por soldados turcos y sus colegas Kurdos, en una guerra que llegó a su apogeo entre 1915-1916. Los armenios que cayeron en esos años representaban al menos un tercio de la población armenia en el mundo – el mismo porcentaje de judíos que fueron exterminados en la shoá. Los turcos nunca tomaron responsabilidad del genocidio y los armenios se han quedado con una herida abierta hasta el día de hoy.
    La Armenia independiente, y activistas de la comunidad armenia fuera de los límites del país, piden que Turquía reconozca el genocidio – los gobiernos turcos desde los años 20 del siglo XX niegan que haya habido un tal masacre. Los turcos sostienen que el número de víctimas es exagerado (de acuerdo a ellos se trata tan sólo de 100 mil), y atribuyen las defunciones a enfermedades y hambruna, y sostienen que los turcos tuvieron que defenderse debido a que los armenios los atacaron. Los turcos se opusieron a intentos artísticos o políticos de documentar la tragedia y se negaron a evaluar la posibilidad de pagar compensaciones, tales como las que Alemania brindó a Israel y a los sobrevivientes de la shoá después de la segunda guerra mundial. El estado de Israel y organizaciones judías importantes en Estados Unidos negaron los reclamos armenios a comienzos del siglo XX y realizaron lobby a favor de Turquía.
    Así como la comunidad judía hoy día, también los armenios tienen problemas para preservar el recuerdo de su tragedia luego de la muerte de los últimos sobrevivientes, y hacen grandes esfuerzos para salvaguardar el recuerdo del exterminio del pueblo armenio.
    La visita al museo y el lugar de conmemoración de los caídos en el genocidio del pueblo armenio se parece mucho a Yad Vashem en Jerusalem. El museo en sí mismo, con las terribles fotografías, incluye una gran pared con los nombres de las comunidades armenias que había en Turquía y ya no existen más. Solo las cruces que se encuentran en el lugar nos recuerdan que no nos encontramos en Jerusalem.
    Luego de la guerra y del genocidio del pueblo armenio se crearon nuevos límites para los armenios, con la mediación de Estados Unidos, y fueron desplazados de todos los lugares donde vivían para formar un pequeño país en el Cáucaso. Asimismo, se decidió que nunca podrán volver a Turquía y que no recibirán indemnizaciones. La influencia del genocidio en el pueblo armenio fue destructora, más de un millón de personas fueron asesinadas y el 80% del territorio de la armenia histórica quedó sin armenios. A causa del genocidio se constituyeron grandes comunidades armenias en el occidente de Europa (cerca de 400 mil en Francia) y en Estados Unidos (casi un millón). El sueño de los armenios de retornar a su tierra se desvaneció para siempre.
    A pesar de la similitud entre ambos genocidios, hay quienes intentan mostrar las diferencias y hablan acerca de dos eventos históricos totalmente diferentes. Ellos distinguen entre la shoá, el holocausto judío, y entre el asesinato masivo del pueblo aremenio, el genocidio armenio, esta distinción se base en que la exterminación de millones de judíos por los nazis y sus socios es un caso único y por tal razón es denominado shoá y no genocidio. Es interesante que los mismos armenios realizan esta misma distinción.
    Lápidas del siglo XIII
    Muchos historiadores sostienen que el asentamiento judío en Armenia comenzó luego de la destrucción del primer Templo. La hipótesis es que los judíos llegaron a Armenia en el Exilio de Babilonia con la destrucción del primer Templo. Los judíos se asentaron allí cuando Armenia era parte del Imperio Persa y el rey Tigranes el Grande exilió miles de judíos de la tierra de Israel hacia el Imperio Armenio como prisioneros, en el siglo I. Hay quienes sostienen que los judíos son los ancestros de los zukim de hoy día, los cuales son considerados muchas veces como los auténticos judíos armenios. Los zukim son descendientes de judíos antiguos que vivieron en Armenia y luego se convirtieron al cristianismo. Hoy día se consideran a sí mismos armenios y así también los ve el mundo judío.
    Es difícil crear una imagen que abarque toda la presencia judía en Armenia, debido a la falta de datos históricos exactos. Sin embargo, la unión del conocimiento histórico existente y los descubrimientos arqueológicos abrieron una pequeña ventana a la historia general del asentamiento judío en el lugar. En los siglos XIII y XV floreció, al menos, una comunidad judía en Armenia. Muchos judíos vivían en la ciudad Agaguis, y sus lápidas fueron encontradas allí. En 1375, cuando Armenia fue conquistada por los mamelucos, la comunidad judía desapareció, y durante los siguientes 500 años no hay testimonio alguno de la existencia de judíos en Armenia.
    Hace varios años, fue descubierto un cementerio judío en la ciudad de Ereván, la capital de Armenia. Una excavación casual encontró un cementerio judío antiguo en un lugar donde nadie creía que existía una comunidad judía. Fueron encontradas allí, más de 40 lápidas con fechas hasta el siglo XIII. Dieciséis de ellas están escritas en hebreo y arameo y demuestran sin duda alguna que había judíos en Armenia en la época medieval. La fecha más antigua que figura en las lápidas es 1337. Las pruebas siguientes sobre la existencia de judíos en Armenia son solamente del siglo XIX.
    Hoy día hay en Armenia cerca de 700 judíos, su mayoría en Ereván, la capital. La mayor parte de ellos son de origen ashkenazí, y el resto son familias judías de Georgia. Judíos de Polonia y Persia comenzaron a llegar a Armenia a comienzos del siglo XIX. Desde 1840, colonos judíos crearon las comunidades ashkenazíes y sefaraditas de Ereván. Hasta 1924 el Beit Knesest sefaradí “Siaj Mordejai” era el centro principal de la comunidad judía.
    La comunidad judía moderna se encuentra formada principalmente de judíos que llegaron a Armenia a partir de los años 30, de diferentes repúblicas de la ex unión soviética. Armenia atrajo a los judíos por ser un lugar de relativa abundancia y poco antisemitismo, uno de los líderes de la comunidad me dijo en mi visita a la misma: “el Cáucaso no es como Rusia… no hubo antisemitismo en Armenia”. Durante y después de la Segunda Guerra Mundial, pasaron cientos de judíos por la Armenia soviética. La población judía en Armenia creció hasta llegar a 5000 personas. En 1959, la población judía llegó a su apogeo en la Armenia soviética, con cerca de 10.000 personas. Una nueva ola de inmigrantes judíos llegó a la ciudad entre 1965 y 1972, en especial gente con educación académica, soldados e ingenieros. Dichos judíos llegaron de Rusia y Ucrania, buscando una sociedad más liberal. Entre 1992 y 1994, más de 6000 judíos realizaron aliá a Israel, debido a la desconexión política y a los problemas económicos de Armenia.
    Actualmente, quedan cerca de 700 judíos y quizás incluso menos. El estado ya no es un destino atractivo tanto a nivel económico y cultural, como a nivel de judaísmo. Muchos armenios dejan el país y dentro de ellos también judíos. A pesar de que luego de la caída de la cortina de hierro y la democratización comenzó una ola de despertar espiritual y judía en el país, aún es difícil mostrar un cambio significativo. En Ereván hay una pequeña sinagoga y no hay mikve. El número de matrimonios mixtos es relativamente alto. En shabat hay tefilot así como también los lunes y jueves. De forma simbólica, llegué a mi visita a Armenia el 10 de Tevet y tuve el mérito de rezar la plegaria de shajarit en un minián local. Muy pocos judíos asistieron a la tefilá, y los que sí lo hicieron fue sin duda con gran esfuerzo. La plegaria la realizaron con la ayuda y guía constante del rabino local de Jabad, el rabino Meir Borstein. El Rab Borstein se encuentra allí hace varios años y realiza muy grandes esfuerzos para preservar la llama judía del país, realizando actos de bondad y brindando clases de Torá.
    Los judíos armenios son considerados una minoría en Armenia y como tal tienen ciertos derechos. Los armenios no se refieren a los judíos como armenios sino como judíos. A sus ojos, debe haber congruencia entre la identidad nacional y religiosa, y dado que el 93% de la población es cristiana, aquellos que tienen una religión diferente no son parte del colectivo sino tan solo una minoría.
    Los que respetan el shabat
    A pesar de los pocos judíos que hay en Armenia, hay un grupo especial, en el pueblo de Sabán, el cual preservó la llama judía ardiendo durante años. La visita a los subotniks judíos fue para mí una experiencia sumamente especial en mi travesía por Armenia. Viajé de Ereván a Sabán, el viaje es a lo largo de las montañas y cuánto más subimos, la temperatura es más baja. Llegamos a 20 grados bajo cero y por suerte la visita no fue en el mes de enero, donde la temperatura llega a 30 grados bajo cero. Esta parte de la tierra es denominada por los armenios, “la Siberia armenia”, debido al gran frío y a la fuerte nieve. Sin embargo, a pesar del frío externo tuve el mérito de recibir calor interno. Luego de una hora de viaje, entré a la casa de una de las familias de los subotniks judíos, donde se juntaron para la reunión varias decenas de personas en un pequeño cuarto. Hombres y mujeres adultos se sentaron con sus gorros y camperas alrededor de la calefacción.
    Luego del recibimiento y los saludos, les pregunté: “¿cómo se denominan a ustedes mismos?” y la respuesta no tardó en venir: “subotniks judíos”. La comunidad de Sabán es parte de 10.000 – 15.000 subotniks los cuales se encuentran dispersos por la ex unión soviética. En la unión soviética en general y en ciertos lugares alejados en Rusia, existen comunidades de subotniks los cuales se ven a sí mismos como judíos o de hecho rusos de religión mosaica. Durante años preservaron su judaísmo bajo el gobierno del Zar y el gobierno comunista, mucho más que comunidades judías las cuales encontraron en esto dificultades. A lo largo del tiempo, parte de éstos realizaron aliá.
    El origen de los subotniks se encuentra en la historia rusa de hace 200 años atrás. El significado de la palabra “subotnik” proviene del idioma ruso “subota” – “quien respeta shabat”. A fines del siglo XVIII tuvo lugar un interesante fenómeno en Rusia, grupos de cristianos comenzaron a adoptar una forma de vida judía. Al comienzo se transformaron en “judaizantes” es decir vivían como judíos aunque más tarde parte de ellos pasaron un proceso de conversión y se unieron al pueblo en forma oficial. La ola de conversiones al judaísmo en Rusia llegó a su apogeo a comienzos del siglo XIX. Varios pueblos e incluso distritos completos de habitantes de distintos nivel sociales, comerciantes, artesanos y campesinos, vinieron en masa y se unieron al pueblo judío.
    Los subotniks judíos de Sabán, Armenia, rezan todos los shabatot en conjunto. En shabat por la noche les es difícil encontrarse debido al frío, pero por la mañana siempre se juntan incluso si no hay minián. Hoy día hay cerca de 50 subotniks en el pueblo, y rezan en una casa privada, sin embargo en los años de florecimiento de la comunidad, en los años ´30 del siglo XX, vivían 500 familias en el pueblo, más de 2000 personas. En el pasado imprimieron un sidur en hebreo y ruso antiguo y había una sinagoga con grandes minianim en shajarit y arvit. Había asimismo un mohel y un shojet y por supuesto que todos los hombres se encuentran circuncidados. A lo largo de los años no había mikve en el lugar, pero las mujeres siempre fueron a realizar la inmersión ritual a los baños públicos. Todos los subotniks se casaron entre ellos.
    Cuando los subotniks judíos llegaron a dicho lugar, la zona se encontraba despoblada y no había en ella armenios. Durante años continuaron hablando ruso, a pesar de que los otros habitantes hablaban armenio. A la entrada del pueblo de Sabán, en el pueblo Yelinovka, hay un cementerio de los subotniks judíos el cual se encuentra cercado, cuenta con un maguen David y con lápidas con nombres en hebreo. Las primeras de ellas, son de 1881.
    Por lo visto, los subotniks judíos de Sabán fueron exiliados a la zona sur de lo que era en ese entonces el Imperio Ruso, después de 1830, cuando el Zar Nicolás I ordenó que los eslavos que niegan la ortodoxia cristiana no “impurifiquen” a las masas creyentes. Durante el gobierno soviético, esta zona del imperio gozó de libertad de culto e incluso cuando no había judíos en Armenia debido al gobierno comunista, los subotniks judíos preservaron la llama judía encendida en el país.
    Una linda leyenda cuenta porqué los subotniks fueron exiliados de Rusia durante la época del Zar: “en 1851, a mediados de la guerra, el Zar Nicolás fue a controlar a su ejército y al ejército Caucaseo que se encontraban en el frente. Los soldados lo recibieron como era costumbre, con “pan y sal”. Sin embargo, otros soldados, los cuales también ellos parecían caucáseos, lo recibieron con un libro de la Torá en la mano, además de con pan y sal. Cuando los soldados se pararon en orden, en honor a la llegada del Zar Nicolás, todos se sacaron el sombrero en su honor, sin embargo parte de los soldados del Cáucaso no se sacaron sus sombreros.
    El Zar, el cual se encontraba preocupado de que se realice una revolución en su contra, preguntó por qué los soldados no se quitan su sombrero. El general a cargo respondió: “respetado Zar. No es una revolución, su religión no les permite quedarse con la cabeza descubierta. Ellos son hijos de la religión mosaica”. A lo que el Zar respondió: “¿mis soldados del Cáucaso son judíos? No puede ser. Yo les voy a enseñar a esos “perros” que quiere decir ser judío y cuál es la verdadera religión y ordenó dispersar a los soldados judíos, subotniks, por toda Rusia – de Siberia a Armenia…”
    Hoy día, Iuri ben Aharón, Ishai ben Zechariá y otros subotniks judíos intentan seguir preservando su judaísmo, a pesar de que muchos jóvenes abandonaron el pueblo. Cuando los últimos miembros de la comunidad fallezcan, será este el fin de 200 años de sacrificio y entrega de los subotniks, en Armenia y en comunidades dispersas por toda la ex Unión Soviética.
    Cuando le pregunté a Iuri ben Aharón qué es lo que los preservó durante los años, me respondió: “la fuerza de la fe”.

    Grusia, Tabilisi
    El judaísmo de mil años
    Tabilisi, Grusia
    Rabino Eliahu Birnbaum

    El gran valor de la familia judía es quizás el secreto de la comunidad judía de Georgia y lo que la preserva sin asimilación alguna a lo largo de las generaciones. Las personas locales los ven como hermanos en todo sentido, e incluso los nazis y los soviéticos no les causaron ningún daño. El judaísmo milagroso.
    Varias veces escribimos en esta columna sobre comunidades nuevas y aquellas que se encuentran en proceso de renovación, o sobre comunidades que han tenido un gran pasado y que en el presente se están desintegrando. Esta vez escribiremos sobre una comunidad con pasado y futuro. Una comunidad que cuenta con prácticamente 3000 años de historia continua – y sin asimilación alguna.
    Georgia se encuentra, junto con sus hermanas caucáseas, Armenia y Azerbaiyán, en el límite entre Asia y Europa. El mismo, fue a lo largo de la historia la encrucijada entre Asia y Europa, y su comunidad judía, es sumamente especial en su carácter y costumbres.
    Desde el primer templo
    La judería de Georgia es una de las comunidades más antiguas del mundo. Muchas tradiciones hablan de la antigüedad y la continuidad del asentamiento judío en Georgia. De acuerdo a fuentes georgianas, los patriarcas de la comunidad se asentaron allí a comienzos del siglo VI a.e.c, luego de la destrucción del primer Templo y de la expulsión de los judíos de la tierra de Israel por Nabucodonosor. Judíos adicionales, llegaron a Georgia luego de la destrucción del segundo Templo. Los primeros judíos que llegaron allí eran por lo visto descendientes de los exiliados a Babilonia en el año 586 a.e.c, luego de la destrucción del primer Templo. El texto georgiano más antiguo incluye la siguiente frase: “entonces conquistó el rey Nabucodonosor a Jerusalem y los judíos se escaparon de ella y fueron a Kartiel”. Kartiel es el nombre de una porción de tierra en el corazón de Georgia.
    Cerca de 50 años después del exilio de Babilonia, Cyrus, el rey de Persia conquistó toda la zona, cuando Babilonia y el Cáucaso se encontraban unidos bajo su gobierno. Cyrus le permitió a los judíos dejar Babilonia – no solo para la tierra de Israel, sino también para Georgia. Luego de la destrucción del segundo templo, el pueblo de Israel fue exiliado de su tierra por el Imperio Romano y parte de los exiliados llegaron a Georgia y se unieron a sus hermanos los cuales se encontraban allí desde la época del primer Templo.
    El marco histórico de los judíos de Georgia explica la profunda relación que existía desde ese entonces y hasta ahora entre la comunidad georgiana y la tierra de Israel por un lado, como fuente de la añoranza y el deseo espiritual, y con los sabios de Babilonia y más tarde con Bagdad, para así recibir enseñanzas y leyes.
    Parte de la historia judía en Georgia no es clara aún debido a que no existen investigaciones sobre los comienzos de la comunidad. Historias, leyendas y tradiciones orales, son parte integral e incluso necesarias para poder completar el rompecabezas histórico de la comunidad.
    Tradiciones orales las cuales pasan entre los judíos de Georgia de generación en generación, apuntan su origen hacia las diez tribus perdidas, las cuales fueron exiliadas por el Rey de Asiria.
    Dicho argumento tiene ciertas bases en las discusiones talmúdicas (Sanhedrín 94a) sobre el lugar de las diez tribus: “¿a dónde fueron? Dijo el sabio Mar Zutra a Afriki”. Hay quienes explican que Afriki no es “África”, sino “Abriki” – el nombre griego de “Iberia”, el reinado antiguo de Georgia. Al lado de la ciudad Matzjita, fueron encontradas lápidas del siglo III con escrituras en hebreo y arameo.
    Cuando se le pregunta a los miembros de la comunidad de hoy día, jóvenes y adultos, sobre la antigua historia georgiana, ellos responden: “no es una leyenda, es historia y es la verdad”. Los mismos, se sienten muy orgullosos y seguros de su especial historia y hasta hoy día la misma representa parte de la fuerte identidad judía de georgiana.
    La conversión caucásea
    Sin embargo, hay otra hipótesis sobre el origen de los judíos de Georgia. De acuerdo a la misma, dichos judíos son conversos: son miembros del pueblo georgiano, así como los cúzaros de la edad media y los subótniks de la modernidad (surge la pregunta si en la tierra del Cáucaso hay algo especial que lleva a convertirse al judaísmo). Paradójicamente, hay una especia de sostén a dicha teoría justamente mediante los documentos del ejército nazi, el cual no sabía cómo referirse a dicho judíos y finalmente decretó que eran parte del pueblo local – dicha decisión los salvó de los campos de concentración. Es importante señalar, que también los no judíos de Georgia se refirieren a los judíos del lugar como sus hermanos en todo sentido. Estos hechos fortalecen la hipótesis de la conversión, dado que se trata de sus hermanos, pero sin embargo también la debilita: más de una vez, cuando un grupo local se convierte, el hecho no es recibido en forma positiva por las personas locales.
    Los judíos de Georgia son recordados en el libro El Cúzaro en los viajes que se realizaban en la edad media. Marco Polo, pasó por allí en el año 1272 y escribe que “los judíos se asentaron en Tiflis pero no son muy numerosos”. Rabi Benjamín de Tudela, el viajero lejendario, incluye a los judíos de Georgia entre aquellos que el “Rosh Hagolá” les permite tener un Rabino y un Jazán en cada comunidad. Esto demuestra que a fines del siglo XII ya había judíos bajo la influencia del centro judío de Babilonia. También el Ra’abad en su libro “Seder Hakablá” (El Orden de la Kabalá) incluye a los judíos “la tierra Gargallí que es llamada Gargashtán” en la lista de comunidades que son fieles al judaísmo rabínico.
    Comunidad sin asimilación
    Pocas son las comunidades que los procesos de asimilación y de matrimonios mixtos no les han influido. Entre dicho lugares de honor se encuentra la comunidad de Georgia, la cual pareciese ser posible denominarla “comunidad sin asimilación”.
    A lo largo de las generaciones, los judíos de Georgia preservaron su judaísmo con gran entrega. Incluso en la época en que el gobierno georgiano se encontraba bajo el gobierno comunista y en otros lugares se le había prohibido a los judíos cumplir mitzvot y brit milá, los judíos de Georgia continuaron con su tradición y no pensaron siquiera en dejar de circuncidar a sus hijos, como pasó en Rusia y Ucrania. Entre los judíos de Georgia, el brit milá era una mitzvá que había que cumplirla incluso si había que dar la vida por la misma. Hubiesen dejado de traer niños al mundo – pero de dejar de circuncidar no estaban dispuestos.
    Y de hecho es un milagro que los judíos del Cáucaso y de Asia hayan logrado mantener la costumbre y preservar su unicidad. ¿Cuál es el secreto de la comunidad de Georgia? ¿Cómo pudieron enfrentarse a los desafíos mientras otras comunidades no lo lograron?
    Pareciera ser que el secreto de los judíos georgianos se encuentra en primer lugar en el rol de la familia, el g’alabi en su idioma. El carácter de la familia judía georgiana es un marco sumamente unido. La familia fija las reglas y las formas de comportamiento. Un judío georgiano no puede siquiera pensar en no circuncidar a su hijo, en especial porque la familia no va a aceptar que haya un niño no circuncidado en la misma, ni tampoco que hayan matrimonios mixtos. De hecho, el individuo no tenía un status social fuera del ámbito de la familia y por tal razón nadie dejaba a la misma, ni por peleas y por supuesto que no para casarse con una mujer no judía. El precio era demasiado alto.
    La familia era en el pasado y hasta hoy día, un factor central para transmitir la tradición judía y las costumbres georgianas judías de generación en generación. También cuando las instituciones comunitarias se debilitaron por razones históricas o políticas, y las yeshivot y los colegios judíos fueron cerrados por los comunistas, la familia pasó a ser la agente de la religión, la tradición y el sentimiento nacional y el orgullo judío de los judíos de Georgia. Para quien lo ve desde afuera, el cual se encuentra acostumbrado a separar entre las “religiones” y otros parámetros, es posible decir que la fuerza de la tradición judía se basa más en el compromiso familiar que en el religioso.
    Y de hecho, la preservación de la tradición judía entre los judíos de Georgia es muy fuerte aún hoy día. A pesar de que no todos son religiosos o cumplen mitzvot en forma integral, no hay división entre religiosos y laicos y todos son considerados tradicionalistas. El ochenta porciento de los miembros de la comunidad cumple kashrut, y la prueba de esto es que hay 5 negocios de comida kasher en Tiflis y un shojet móvil el cual viaja por los distintos pueblos donde viven los judíos para realizar la shejitá. A pesar de mi conocimiento del mundo judío, no estoy seguro de que haya otra comunidad judía con un tan alto porcentaje de personas que comen kasher. Los judíos de Georgia acostumbran hasta hoy día realizar el salado de la carne en su casa, no están dispuestos a recibir carne que ya fue salada, y ven esto como “la costumbre del lugar”.
    También la asistencia a la tefilá es sorprendente, en relación con otras comunidades de este tipo: llegué al Beit Kneset durante la semana y había más de 70 personas en la plegaria de minjá y arvit. En shabat vienen al templo cientos de personas.
    Antisemitismo importado
    La opinión general entre los judíos de hoy día y los historiadores, es que no ha habido antisemitismo en Georgia. En cambio, siempre existieron buenas relaciones y amistad, no hubo incitación por parte de la iglesia o del gobierno, no hubo persecuciones y pogroms, ni tampoco expulsiones del país.
    Los judíos de Georgia sostienen hasta hoy día que son parte del país hace ya 2600 años, y asimismo el resto de la población no los ven como extraños sino como georgianos en todo sentido. También su status legal es igual al del resto de los residentes y nunca vivieron discriminación religiosa o étnica. Dicho idilio cambió con la anexión de Georgia al Imperio Ruso en 1801. El ambiente de odio a Israel comenzó a ingresar a Georgia mediante los gobernadores del Zar y la iglesia ortodoxa rusa, quien quiso remplazar a la iglesia local. El antisemitismo trajo a Georgia un nuevo hecho que no era conocido hasta entonces: el líbelo de sangre.
    Dos líbelos de sangre son conocidos en la historia de los judíos de Georgia durante dicha época, a pesar de que puede ser que haya habido más casos que no fueron publicados. Debido a dichos casos, los judíos se dirigieron a la comunidad judía de Constantinopla y a Moshé Montefiori para pedir su ayuda.
    El primer líbelo de sangre tuvo lugar en junio de 1850. Un niño pequeño desapareció y su cuerpo fue encontrado después de cuatro días, los judíos fueron acusados de su asesinato. El segundo caso sucedió en abril de 1878. Nueve mercaderes judíos fueron acusados del asesinato de una niña cristiana y de utilizar su sangre para hornear matzot. A pesar de la difícil impresión que dejaron dichos eventos, los mismos quedaron fuera del contexto general: la buena relación de amistad y vecindad entre los georgianos cristianos y los georgianos judíos continuó hasta nuestros días.
    La conquista soviética comenzó en Georgia en 1921. A pesar de la fuerza del gobierno soviético y de la ideología comunista, y a pesar de los intentos de minimizar la influencia de la religión y la tradición, la comunidad judía de Georgia continuó existiendo, y no se alejó del judaísmo y del cumplimiento de las tradiciones judías. Los judíos de Georgia continuaron manteniendo las sinagogas abiertas todos los días de la semana y del año, respetando shabat, realizando brit milá a sus hijos, haciendo shejitá y vendiendo carne kasher, y continuaron casándose entre ellos, sin sufrir de matrimonios mixtos. Los ancianos de la comunidad cuentan que durante los días del comunismo la comunidad no sufrió un gran deterioro. De acuerdo a lo que dicen, Georgia era menos soviética y comunista que el resto de Rusia. Sin embargo, no todo se mantuvo de forma normal: por ejemplo, la carne kasher se vendía a la noche en lugar de a la mañana, los shojatim trabajaban de noche y los judíos venían a comprar a las 5 de la mañana, para no llamar la atención del gobierno.
    Sin yeshivot y sin organizaciones
    La comunidad judía de Georgia siempre sostuvo al Beit Kneset como lugar central, tanto para la comunidad como para la familia, siendo el centro que transmite la tradición. Es cierto que no hubo en Georgia yeshivot, organizaciones judías políticas y colegios organizados, y quizás es por tal razón que el gobierno soviético no pudo dañarlos, dado que no había con qué.
    La pertenencia a la comunidad era un hecho central para los judíos de Georgia más que el estudio de la Torá. La sensación de responsabilidad mutua y la familiaridad se encontraban en el corazón de la comunidad, y es esta la que los preservó durante la dura etapa del gobierno soviético y de hecho la que los mantiene hasta hoy día.
    La centralidad del Beit Kneset en la vida judía de Georgia era tan grande hasta que uno de los escritores de la comunidad (Matán Eliasvili) dice que los judíos veían a la sinagoga como su hogar principal”, y por tal razón decenas de años de gobierno comunista no afectaron al status de la vida judía. Ariel (Luba) Eliav, quien visitó Georgia en los años sesenta, escribe: “en los días de shabat y festividades el Beit Kneset se encuentra repleto. No solo de hombres, sino también de niños de todas las edades. La sección de las mujeres se encuentra llena de mujeres ancianas y de madres jóvenes con bebés en sus brazos y la casa se llena de un sano murmullo de los feligreses”.
    La tierra de Israel siempre fue un punto de añoranza y de inspiración para los judíos de Georgia. Los mismos, fueron de los primeros en unirse al movimiento sionista y desde 1989 comenzaron a realizar aliá, a pesar del gobierno comunista.
    La identificación de los judíos de Georgia con el estado de Israel llegó a su apogeo luego de la Guerra de los Seis Días. Al comienzo, el gobierno soviético no les permitió a los judíos realizar aliá. En agosto de 1969, 18 familias de Georgia enviaron una carta a la junta de derechos humanos de la ONU pidiendo emigrar a Israel. La carta fue la primera demanda pública de judíos soviéticos que desean realizar aliá, y se transformó en el primer disparo de la batalla que libró el estado de Israel y los judíos del mundo para lograr abrir la aliá de los judíos de la URRS a Israel.
    Una segunda carta fue enviada en noviembre de 1969 al Secretario General de la ONU, mediante Golda Meir que en ese momento era la Primer Ministro de Israel. En Julio de 1971 un grupo de judíos georgianos realizó una huelga de hambre en la entrada del correo de Moscú. Su combate llevó a un cambio histórico en la posición del gobierno soviético, y durante los años ´70 comenzó la aliá masiva a Israel. Cerca de 30.000 judíos llegaron de Georgia a dicho país.
    Situación actual
    Cuando les pregunté a los judíos locales cuántas personas hay actualmente en la comunidad, me dijeron con mucho cuidado la respuesta tradicional que cuando el Rey David quiso contar a los judíos esto les trajo una plaga. De todas formas, cuando investigué el tema descubrí que hay en Georgia 10.000 judíos. La mayoría de ellos viven en T´blisi, la capital, y otros en otras ciudades y pequeños pueblos. Es importante recordar que en los años ´70 había 100.000 judíos en Georgia, la mayoría judíos georgianos y una minoría ashkenazí que llegó luego de la conquista rusa. Actualmente hay más de 100.000 judíos georgianos en Israel y otros 50.000 en EEUU y Europa.
    La Gran Sinagoga de T´blisi, es un edificio esplendoroso y muy bello, en el centro de lo que fue en su momento el barrio judío y hoy día es una zona turística en el antiguo barrio de T´blisi. El Beit Kneset fue construido entre los años 1895 y 1903, y se encuentra decorado con dibujos coloridos y con color dorado. Hoy en día es la sinagoga central la que funciona en T´blisi (el ashkenazí se encuentra en refacción), pero en el pasado había más de 30 sinagogas activas, algunos de ellos aún se encuentran en pueblos fuera de la capital. Otras instituciones que hay en T´blisi son el colegio “Tiferet Tzvi”, el cual fue inaugurado en 1991 luego de que cayó el comunismo y estudian allí más de 120 alumnos, y un jardín de infantes y un colegio de Jabad.
    A lo largo de los años, no hubo en Georgia restricción respecto a dónde los judíos podían vivir. Nunca hubo un ghetto, sin embargo los judíos decidieron vivir en vecindarios junto con sus amigos y familias, siempre cerca del Beit Kneset. Parte de los judíos vivían en las grandes ciudades: Kutaisi, T´blisi, Batumi y Puti, y parte en pueblos o en ciudades pequeñas. La integración de los judíos de Georgia es también significativa en la política local: hubo un ministro de defensa judío, David Kezerashvili y durante la época de la independencia de Georgia en 1921, hubo entre los miembros del parlamento tres judíos, uno de ellos rabino.
    Sin cohanim ni levitas
    El carácter y las costumbres de la comunidad de Georgia se mecen entre el oriente y el occidente. Por un lado, ellos tomaron sobre sí mismos costumbres del oriente debido a la influencia de la relación con Bagdad, sin embargo en las últimas décadas, a partir del siglo XIX, algunos miembros de la comunidad fueron enviados a estudiar a Lituania y al este de Europa y tomaron las costumbres ashkenazíes. Aquellos trajeron el ritual ashkenazí a las comunidades de Georgia y se formó una interesante mezcla de halajá sefaradí y ashkenazí. Asimismo, fueron creados costumbres extrañas de las cuales no sabemos su fuente, entre ellos la costumbre ashkenazí de no comer legumbres en pesaj. Lamentablemente, varias costumbres y tradiciones exclusivas que fueron parte de la comunidad georgiana durante cientos de años, van desapareciendo, tanto entre los judíos locales como entre aquellos que vinieron a Israel.
    Es interesante recalcar que en esta comunidad no hay cohanim ni levitas, tan solo uno o dos los cuales vinieron de Persia o Irán hace 150 años. En este tema tienen una costumbre especial de bendecir Birkat Cohanim todos los shabatot, no como en el resto de las comunidades de la diáspora que solo lo hacen en las tres festividades de peregrinación, y no como las comunidades de Siria e Israel las cuales realizan Birkat Cohanim todos los días. Los judíos de Georgia tienen muchas otras costumbres especiales, pero no es este el lugar para describirlas. De todas formas recalcaremos que hasta hoy día, en el siglo XXI, el casamiento tanto de jóvenes como de adultos se hace mediante el “shiduj” (presentación de las partes) por medio de los padres. Las mujeres se casan a la edad de 16-18 y los hombres a los 24-30, pero siempre son los padres los que eligen la pareja y la familia. Es interesante resaltar que esta costumbre familiar sigue siendo preservada incluso en los tiempos modernos.

    Republica Checa, Praga
    Praga, República Checa
    Por el Rabino Eliahu Birnbaum
    Luego de muchos años de guerra y comunismo, la comunidad judía de Praga comienza a despertarse. La ciudad donde sus sinagogas se transformaron en museos y sus habitantes aún temen al Golem del altillo.
    La Praga judía, es sin duda alguna, sumamente especial. Más allá de la historia de la ciudad y de la comunidad judía, de la belleza de los edificios y de las sinagogas, en Praga corre un aire especial. El pasado y el presente viven entremezclados. La leyenda y la realidad se fusionan en sus calles. El Maharal de Praga y Franz Kafka no son personajes que formaron parte del pasado de la comunidad, sino que siguen vibrando hasta hoy en día en la conciencia y en la identidad de los judíos de la ciudad.
    Quien camina por las calles del barrio judío de Praga siente como si caminase en la sombra del Maharal de Praga y del golem que él creó. No se trata solamente de historia, ni tampoco de leyendas y cuentos. Hasta hoy en día es posible escuchar debates entre los distintos turistas acerca de si el Golem fue realmente creado o no y si todavía se encuentra en el altillo de Altnoishul (la sinagoga vieja-nueva). De todas formas, no encontrarán a nadie que esté dispuesto a poner una escalera y trepar al altillo del Beit Hakneset para poder resolver el dilema.
    Pareciera ser que las especiales características de esta tan especial ciudad pueden ser resumidas en un reloj que se encuentra en la entrada de la municipalidad, la cual en lugar de números cuenta con letras en hebreo, y sus agujas van hacia atrás. Intentando transmitirnos que en Praga el tiempo no avanza hacia adelante, sino hacia atrás, o que el mismo no tiene significado alguno.
    Muchas leyendas acompañan la historia de la ciudad. Una de las mismas cuenta cómo comenzó la comunidad judía de Praga:
    Mucho, pero mucho antes de que Herodes reinase, había en la tierra de Israel tres personas justas, descendientes del rey David, a las cuales Hashem les reveló, en un sueño, lo que decretó hacer a su pueblo. Dichas personas justas, dado que no querían ser testigos de dicho sufrimiento, decidieron viajar a un lugar lejano, cualquiera que sea. Fue entonces, que tomaron a sus familias y dejaron la tierra de Israel. Estas personas santas, partieron sin destino, mientras que una estrella y una menorá con sus siete velas encendidas los iluminaban desde el cielo para mostrarles el camino. Dichas personas, trajeron consigo libros sagrados los cuales estudiaban en el camino, y cuando un animal salvaje o bandidos los veían, huían del lugar atemorizados. Pero un día, uno de sus niños transgredió el shabat. Era la noche de shabat, ya estaba oscuro, la estrella ya se encontraba en el camino y la menorá les alumbraba, cuando dicho niño cortó una ramita e hizo de la misma un palo. En ese mismo instante desapareció la estrella y la menorá se apagó. Empezaron a perderse, este para aquí, otro para allí, hasta que se separaron uno del otro. Así llegó uno de ellos con sus hijos a Toledo, España, el segundo llegó a Worms, Alemania y el tercero llegó a Bohemia, a orillas del Moldava, mucho tiempo antes de que hayan allí alemanes y eslavos. Esta última persona construyó una ciudad para sí mismo y la llamó Praga (de acuerdo al libro de Gustap Fritg).
    Mil años de historia
    Praga siempre fue un importante centro para la cultura judía. Grandes rabinos activaron allí en la edad media e influenciaron a todo el mundo judío con sus grandes ideas. “Le edad de oro” de la comunidad judía de Praga fue durante el gobierno de Rodolfo II, durante el traspaso del siglo XVI al siglo XVII. En dicha época, vivían en Praga un gran número de rabinos, iluminados y filósofos, parte de ellos se dedicaron a estudiar astronomía, matemática e historia. El último apogeo de la cultura judía en Praga fue a fines del siglo XX, en ese entonces vivían en la ciudad escritores, poetas y filósofos y varios artistas, cuyas obras enriquecieron la cultura y la literatura checa, alemana y hebrea moderna.
    Praga, la capital de la república checa, fue durante muchas generaciones uno de los centro judíos antiguos más importantes del centro de Europa. Gracias a su ubicación en el centro de Bohemia, la comunidad judía de Praga fue desde el comienzo un centro natural para el resto de las comunidades de la zona, y por tal razón los acontecimientos de su pasado son la mayor parte de la historia de los judíos de la República Checa. A pesar de haber sufrido muchas tragedias, pogroms e intentos de expulsión, el asentamiento judío y la vida religiosa nunca fue cortada durante miles de años de la historia judía de Praga.
    Los primero judíos que se asentaron en Bohemia y Moravia al parecer llegaron en la época romana, pero no hay pruebas históricas o documentos que lo certifiquen. De todas formas, no hay duda que el asentamiento judío en la zona de Moravia y en la ciudad de Praga comenzó a fines del siglo X, y hay testimonios de que los judíos viven en Praga desde el año 970. Hasta fines del siglo XI se estableció en Praga una comunidad judía, y a comienzos del siglo XII los judíos sufrieron persecuciones: al comienzo a manos de los cruzados en 1096, y luego durante el sitio al castillo de Praga en 1142.
    Ya en el siglo XVI Praga era un centro judío importante en Europa, y había en la misma, rabinos muy conocidos como el Maharal (Rabi Iehuda Loew 1510-1609) y Hanodá Mi-Iehudá (el Rab Yejezquel Landa, 1713-1793). En los años 1522-1541 la comunidad judía de Praga se duplicó. Inmigrantes judíos que fueron expulsados de Moravia, Alemania, Austria y España, llegaron a Praga. El barrio judío se convirtió en un gueto en forma oficial, pero el traspaso del mismo no fue señalado a nivel legal. En dicha época el gueto creció dado que les fue permitido a los judíos adquirir tierras cercanas al gueto y construir casas.
    En 1567 los derechos de los judíos fueron autorizados por el emperador Maximiliano II. El crecimiento económico y cultural de la comunidad judía tuvo lugar durante el gobierno de Rodolfo II, el cual autorizó todos los derechos anteriores de 1576 y les prometió a los judíos no expulsarlos nuevamente de Praga. A comienzos del siglo XVIII vivían en Praga más judíos que en cualquier otro lugar del mundo y en 1708 los judíos eran un cuarto de la población general de Praga. Lamentablemente la edad de oro terminó cuando la emperadora María Teresa subió al poder, la cual expulsó a los judíos de Praga entre 1745 y 1748. Los judíos retornaron a Praga durante el gobierno del emperador Joseph II (1780-1790), quien en octubre de 1781 publicó un decreto de tolerancia, donde aceptaron la idea de tolerancia religiosa.
    Piedras “condicionadas”
    Como hemos dicho, el más conocido de los rabinos de Praga es el Maharal, Rabi Iehuda Loew ben Betzalel). En el año 5333 (1573) el Maharal creó un gran Beit Midrash conocido como “el Kloiz”, allí enseñó Torá durante 11 años. A pesar de que el Maharal no sirvió como rabino de Praga, el mismo era conocido como el líder espiritual de la comunidad.
    En adición al Maharal, florecieron y activaron en la comunidad judía de Praga grandes rabinos. Ya en el siglo XI el Rabino Menajem ben Makir se encontraba activo allí, el hermano de Rabeinu Gershón me Or Hagolá. A mediados del siglo XII se encontraban en la yeshivá de Rabenu Tam en Francia, sabios provenientes de Praga, como Rabi Yitzchak ben Rabi Mordejai y Rabi Eliezer ben Rabi Itzjak de los Vaalei HaTosafot. En el siglo XIII activaba en Praga Rabi Yitzchak Ben Moshé escritor del libro “Or Zarúa”, y en el siglo XVI activaron allí Rabi Iom Tov Lippmann Heller, escritor de “Tosfot Iom Tov”, y el Shlá Hakadosh quien realizó aliá en el año 1621. En el siglo XVII vivía en la ciudad el autor de “Hanodá Beiehudá”, el Rabino Yejezkel Landa, quien se desempeñó como rabino de Praga durante los años 1755-1793.
    El esplendor del judaísmo de Praga se encuentra manifestado por ser el primer lugar donde hubo una imprenta judía en el centro y este de Europa desde comienzos del siglo XVI (la primera imprenta al norte de los Alpes). Ya en el año 5272 (1512) fue impreso en Praga un sidur, y entre los libros más famosos que se publicaron en dicha época, se encuentra “La Hagadá de Praga”, la cual sirvió de ejemplo para muchas más hagadot.
    Praga era la ciudad de las sinagogas y las yeshivot, y hasta la actualidad, representan las mismas, el pilar de la comunidad judía. Existen hoy en día 7 sinagogas en la ciudad: Klaus, Pinkas, Meizel, Sefaradí, Ierushalmi, Altnoishul, y una pequeña sinagoga de Jabad la cual sirve a israelíes y turistas. En nuestros días, lamentablemente las sinagogas fueron transformadas en museos, sin embargo es posible encontrar en esto consuelo, dado que gracias a los ingresos que obtienen del costo de entrada de los varios turistas, judíos y no judíos, la comunidad puede sobrevivir y ayudar a aquellos miembros que lo necesitan. Este fenómeno de transformar sinagogas en museos es muy conocido en las ciudades antiguas de Europa.
    En el beit kneset sefaradí tienen lugar cada semana un minián reformista, y en el beit kneset Ierushalmi se realizan tefilot todos los shabatot de acuerdo al rito ierushalmi-jasídico. Aunque sin duda, la sinagoga más especial, la más antigua y la más conocida es Altnoishul. No es posible escribir sobre los judíos de Praga, sus historias y su naturaleza, sin referirse al beit hakneset donde se encuentra el golem…
    Altnoishul es hoy en día el sitio más antiguo de la ciudad judía de Praga, y el más antiguo beit kneset que sobrevivió en Europa y se mantiene en pie de forma completa. Fue construido en el siglo XIII y fue denominado en el comienzo la nueva o gran sinagoga, pero hasta que se crearon otras sinagogas en el gueto hacia fines del siglo XVI, pasó a ser conocido con el nombre “nuevo-antiguo” – Altnoishul. Otra explicación para dicho nombre puede ser encontrada en una antigua leyenda, de acuerdo a la cual las piedras del Beit Kneset fueron traídas a Praga, por medio de ángeles, desde el Beit Hamikdash, con la condición (altnoi) de que sean devueltas al mismo cuando éste sea reconstruido. Varias leyendas fueron creadas respecto a dicho beit kneset, a lo largo de sus 700 años de existencia. De acuerdo a una de ellas, la sinagoga se salvó de incendios mediante alas de ángeles que se transformaron en palomas, y por tal razón se ha preservado hasta hoy en día en forma completa.
    Una linda leyenda describe la profunda relación que existe entre el beit hakneset Altnoishul y Jerusalem:
    Los muros de la sinagoga contaban todo lo que sucedía en la tierra de Israel en cada momento. La primera generación que se asentó en Praga no tenía nada más que mirar las paredes. Cuando Tito el malvado y sus legiones llegaron a las puertas de Ierushalaim, los muros del beit kneset comenzaron de repente a derribarse, las puertas del Harón Hakodesh se salieron de su lugar y se abrieron, el rollo de la Torá se movió solo y se frenó en la parashá en que Hashem nos advierte lo que nos sucederá si no vamos por su camino. De repente se oyó de aquí y de allí, de arriba y de abajo y desde el aire la melodía de la meguilá de Eijá.
    Doble Cántico al Shabat

    Como hemos dicho, la leyenda más famosa del Beit Hakneset Altnoishul es la leyenda del golem de Praga. De acuerdo a la leyenda el Maharal creó al golem a la orilla del río Volta, una noche de primavera de 1580. Se relata que primero creó la forma y luego le dio vida con una frase que incluía el nombre sagrado de Hashem. Al golem se le dio el nombre de Yosef y trabajó como sirviente en la casa del Maharal. El único momento en que el rabino le quitaba el espíritu de vida al golem era en shabat, en ese santo día el mismo yacía, como un bloque material, hasta fines del día sagrado. Un shabat, el Maharal se olvidó de quitarle el espíritu de vida y el golem perdió el control. Salió a la calle, destruyó todo lo que se interpuso en su camino y creó pánico en todos los ciudadanos. En ese entonces, el Maharal se encontraba en la sinagoga pero al oir lo sucedido, salió inmediatamente a detenerlo y logró devolverlo a su lugar en el altillo, allí le quitó el espíritu de vida y el golem explotó. De acuerdo a la leyenda, sobre la frente del golem estaba escrita la palabra “emet” (verdad en hebreo), y su muerte fue causada quitando la letra alef dejando formada la palabra “met” (muerto). Finalmente, el material del golem fue depositado en el altillo del Altnoishul, y se prohibió la entrada al lugar.

    El altillo del Beit Hakneset pasó a ser un lugar sumamente misterioso, debido a la historia del golem. El sabio Rabi Yejezkel Landa, escritor del libro “HaNodá BeIehudá” prohibió la entrada al lugar y de acuerdo a la leyenda, hasta hoy en día nadie subió a dicho lugar. Los habitantes de Praga, incluso aquellos que no son judíos, no se atreven a acercarse a dicho altillo. Durante el gobierno nazi, en el año 1941, subió allí el gobernador nazi de la República Checa y poco tiempo después del hecho, fue asesinado. La figura del golem se encuentra grabada en la cultura y la conciencia de los checos hasta hoy en día. Si frenan a checos no judíos en las calle del Beit Hakneset y le preguntan sobre el golem, recibirán respuestas firmes, como si se tratase de un hecho totalmente real. Hay incluso aquellos que temen que retorne.

    Muchas costumbres caracterizan a la sinagoga Altnoishul y a la tefilá de la misma. En la pared occidental hay un cuadro colgado con las costumbres del lugar. Entre las más conocidas y las más extrañas se encuentra la de recitar dos veces el “Salmo al Día del Shabat” una vez tras otra, con una pequeña interrupción en el medio. También dicha costumbre está relacionada con la leyenda del golem de Praga. De acuerdo a lo relatado, en el momento en que el golem perdió el control, el Maharal se encontraba en la sinagoga, en la mitad de la lectura del “Salmo al Día del Shabat”. Cuando retornó ordenó que digan nuevamente dicho salmo, para demostrar que entre su salida y su regreso el shabat simbólicamente se detuvo. Desde entonces y hasta hoy en día, el Beit Hakneset Altnoishul es el único en el mundo en que se dice dicho salmo dos veces.

    Junto con la sinagoga, el cementerio judío antiguo – uno de los más antiguos y mejor preservados de toda Europa – es el sitio turístico más llamativo de la ciudad vieja de Praga. El cementerio fue establecido a comienzos del siglo XV en la zona occidental del gueto. De las lápidas, es posible aprender muchísimo sobre los judíos de Praga a lo largo de las generaciones.

    El novio de 88 años

    Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, vivían en Bohemia y Moravia alrededor de 90.000 judíos, de los cuales 55.000 residían en Praga. Cerca de 80.000 fueron asesinados en la Shoá. 74.000 judíos de la República Checa fueron apresados en el Gueto de Theresienstadt y 80% de los mismos fueron transferidos a Auschwitz, Majdanek, Treblinka y Sobibor. Otros judíos checos fueron enviados directamente a campos de exterminación. Luego de la guerra, quedaron 13.000 judíos en la República Checa. Hasta 1950 la mitad de ellos realizaron aliá.

    La mayor parte de los judíos de la República Checa viven en Praga, sin embargo hay también judíos en comunidades pequeñas como Ostrava, Pilsen, Teplitz, Karlovy Vary, Olomouc, Deichin, Liberec y Usti. La comunidad judía de Praga cuenta con 1700 miembros, aunque se cree que hay otros miles de judíos que no son miembros de la comunidad. Estos últimos, retornaron a Praga luego de la shoá y pidieron borrar su pasado, tal como sucedió en otros lugares del este de Europa, y comenzar una nueva vida. El temor al gobierno y a la inscripción comunitaria aún existe. Es importante recordar que los judíos fueron exiliados durante la shoá de acuerdo a las listas de la comunidad, y por tal razón hasta hoy en día hay muchos judíos que se niegan a ser anotados, temiendo que el hecho vuelva a suceder. En la República Checa, como en Alemania, hubo judíos que se veían a sí mismos como “checos hijos de la religión de Moshé”, los cuales crearon una división entre su identidad nacional-cultural y su identidad religiosa. Dicho esquema aún sigue presente en los judíos de hoy en día. Más aún, incluso durante el gobierno comunista no era bueno ser judío en forma abierta. Quien iba al Beit Hakneset era llevado a la policía secreta para ser investigado, y tales cosas crearon gran temor al judaísmo y al Beit Hakneset.

    Sin embargo, incluso después de la Segunda Guerra Mundial, y 50 años de comunismo, la comunidad no desapareció y como el resto de las comunidades judías del mundo, la misma se encuentra en un proceso de despertar. Muchos descubrieron su identidad judía tan solo después de 1989, con la caída del comunismo. Los judíos que viven en Praga en la actualidad, se encuentran relacionados con la historia cercana y lejana de la ciudad y la comunidad, dado que es difícil vivir en una ciudad tan esplendorosa y conmovedora sin estar relacionados con su pasado y su presente.

    La comunidad comienza a recrear su vida judía y a realizar actividades educativas. La misma cuenta con un jardín de infantes y un colegio llamado Gur Ariéh (en nombre del libro del Maharal de Praga, por supuesto). Asimismo, hay en la comunidad una sinagoga, clases de Torá, servicios religiosos, servicios sociales, un geriátrico, actividades culturales y demás. En estos momentos, la comunidad judía construye un geriátrico monumental, dado que hay muchos ancianos en la comunidad, entre ellos sobrevivientes de la shoá, y la comunidad los respeta mucho. Sobre el despertar comunitario, a nivel de identidad y religioso, se encuentran a cargo el Gran Rabino de la República Checa, el Rabino Efraim Sidón, el Rabino Moshe Koler (egresado del Instituto Straus-Amiel), y el enviado de Jabad en Praga.

    Uno de los personajes más coloridos en las calles del cuarto judío y las sinagogas, es Rabí Sholem Alter Foiershtein. Dicho judío, hoy en día de 89 años, resume con sus años lo que le sucedió a la comunidad judía de Praga en las últimas generaciones. Rabí Sholem nació en Ucrania, y durante los años del gobierno comunista se ocupó de fortalecer a las sinagogas, siendo apresado por tal hecho. Durante la shoá estuvo en un campo de concentración, y luego de la misma regresó a la ciudad y fue uno de los renovadores de la comunidad. Hasta hoy en día es posible verlo en todas las plegarias matutinas y vespertinas en el Beit Hakneset. Hace un año, a los 88 años, Rabí Sholem tuvo el mérito de casarse por… primera vez. Rabí Sholem, es sin duda alguna, parte de los símbolos de la renovación de la comunidad judía de Praga.

    Argentina
    Comunidad Grande y Abierta
    Por el Rabino Eliahu Birnbaum
    La judería argentina es conocida por su fuerza numérica e institucional – y por el gran porcentaje de asimilación. Una travesía a la tierra alternativa, que comenzó con la visión colonial del Barón Hirsch y finaliza con el proceso de muchas personas que se han vuelto religiosas, el cual deja a varias otras sin respuesta.

    Argentina

    Detalle_interior_Gran_Templo_Paso_iluminado,_Buenos_Aires“¿La tierra de Israel o Argentina?” – así se preguntó Herzl en su libro “El Estado de los Judíos”. Hace ochenta años, Herzl se preguntaba si convenía establecer el estado judío en la tierra histórica o en la tierra geográfica, y dejó algunas explicaciones por las cuales quizás convenía elegir a Argentina como la casa nacional del pueblo judío: “Argentina es uno de los países más ricos en recursos naturales, con un territorio enorme, una población débil y un clima promedio. Será para el bienestar de la República Argentina el otorgarnos parte de su territorio…”. Herzl sugirió que en un tema tan importante como éste, debía ser decidido por la “Asociación Judía”, en nombre de todo el pueblo judío, y como es sabido, el pueblo judío decidió a favor de la Tierra de Israel. Sin embargo, no es posible ignorar la belleza de esta tierra la cual es conocida por muchos como: “Paris de Sudamérica”. A lo largo de los años se estableció el Estado de Israel, sin embargo en Argentina también se estableció una gran comunidad. Una de las características de dicha comunidad es la profunda ideología sionista. No es casualidad que cerca de setenta mil judíos hicieron aliá a Israel a lo largo de los años.

    Judíos en cantidades

    La judería argentina es la más grande de Latinoamérica y una de las seis comunidades judías más grande del mundo, luego de Francia, Inglaterra y Rusia. Hoy día viven en Argentina cerca de 200.000 judías, sin embargo en los años sesenta había cerca de medio millón de judíos allí. La mayoría de los judíos viven en Buenos Aires, la capital; algunos viven en otras ciudades y pocos en las zonas rurales del país. Entre las comunidades de fuera de Buenos Aires, se encuentran Rosario, Córdoba, Tucumán, Mendoza, Paraná, Mar del Plata y Bariloche.

    La mayoría de los judíos son ashkenazíes y una gran minoría – cerca de un 15% – sefaradíes. Los judíos llegaron a la Argentina desde Europa Central y Oriental, y de Siria, Turquía y Marruecos. La primera comunidad judía se estableció en Buenos Aires en 1862. Su cantidad de miembros era pequeña, y la cantidad de matrimonios mixtos bastante grande. La primera comunidad sefaradí se estableció treinta y cinco años después, casi a fines del siglo XIX.

    Los progroms, las persecuciones y la pobreza en Europa Oriental llevaron a la gran emigración a la Argentina (antes que eso hay testimonios de judíos anusim que llegaron al país pero no quedó rastro alguno de ellos). Ellos llegaron principalmente de Galicia, Polonia y Rusia, y buscaban un mejor lugar para establecer su casa. Parte de ellos se asentaron en las ciudades y parte en los asentamientos agrícolas. Así como en Estados Unidos, la gran ola de inmigración tuvo lugar en la última década del siglo XIX y comienzos del siglo XX. La cantidad de judíos argentinos creció de cerca de seis mil judíos a más de cien mil.

    Las colonias del Barón Baron_hirsch

    El comienzo del asentamiento judío en Argentina está relacionado con las colonias del Barón Maurice de Hirsch – un fenómeno único de Argentina.

    A pesar de que actualmente la mayoría de los judíos viven en las ciudades, y en particular en la capital, los primeros judíos llegaron al país justamente a través del intento del Barón Hirsch de asentar a las masas de judíos del imperio zarista en zonas agrícolas en el mundo. El Barón Hirsch estableció la organización J.C.A mediante la cual llegaron a Argentina cerca de 1000 familias de Rusia, Ucrania, Polonia y Rumania. El comienzo del asentamiento judío tuvo lugar en un pueblo llamado Moisesville en el año 1889. La mayoría de las familias llegaron de Besaravia, escapándose de los pogroms y de un ambiente anti-judío. La industria del asentamiento se extendió tanto que a comienzos del siglo XX había en Entre Ríos, la cual fue brindada para el asentamiento, cerca de 170 pueblos rurales y ranchos agrícolas judíos.

    Tan solo en Clara, por ejemplo, había 19 pueblos judíos, entre ellos con nombres tales como “Rosh Pina”, “Even Harosh”, “Rachel” e incluso “Kiriyat Arba”. Los judíos trabajaron la tierra, criaron ganado e incluso elaboraron productos lácteos. Dichos judíos eran conocidos por todos como los “gauchos judíos”. Y además de la necesidad de escapar a los pogroms, vieron un ideal en volver a trabajar la tierra tal como lo hacían en la época del Tanaj. Los gauchos judíos eran en su enorme mayoría religiosos, cuidaban Shabat y festividades, hablaban idish, rezaban en la sinagoga e incluso comían guefilte fish.

    El Baron Hirsch estableció un fondo de 50 millones de francos – un montó enorme para esa época – para establecer el asentamiento masivo en Argentina, el cual apuntaba a 3 millones y un cuarto de colonos a lo largo de 25 años. Sin embargo, la gran industria se encontró con muchas dificultades a lo largo de los años y se limitó a ser un proyecto de asentamiento, sin la ideología que la acompañó al comienzo. En perspectiva histórica, a pesar de que el Barón Hirsch intentó salvar a los judíos de Europa Oriental de los pogroms y permitirles mantenerse con dignidad, si su intento hubiese tenido éxito en la dimensión que él pensó, entonces Israel estaría establecida en Argentina, o por la sugerencia de Herzl o de facto.

    La continuidad de la inmigración a la Argentina

    A fines de los años ´20, Argentina era uno de los pocos países a los cuales los judíos podían emigrar con facilidad, luego de que las puertas de Estados Unidos se cerraron. Y de hecho, en la década hasta 1930, se anotaron más de 7000 inmigrante por año –hasta el golpe militar de 1930, el primero en la lista de una serie de golpes que amenazaron la estabilidad política del siglo XX. El golpe creó un gobierno nacionalista anti-democrático, que vio en los inmigrantes personas no gratas y limitó la inmigración. Legislaciones y acuerdos internos particularmente hostiles llevaron a que durante la Segunda Guerra Mundial se cierren los límites del estado ante los inmigrantes. A pesar de esto, durante los años del gobierno nazi en Alemania, y luego en Europa, lograron cerca de 40 mil judíos encontrar refugio ilegal en Argentina.

    En el año 1946 había en Buenos Aires solamente, más de 200 mil judíos. Después de la shoá creció el número de judíos hasta que llegó a 400 mil. A muchos judíos les atrajo Argentina particularmente más que otros países en América Latina, debido al carácter europeo de su población y su cultura. Esto facilitó la adaptación de los judíos provenientes de Europa así como a los del Imperio Otomano que hablaban ladino, lengua muy cercana al español. Desde ese entonces y hasta hoy en día la cantidad de judíos se ha ido reduciendo, tanto debido a la aliá a Israel así como la emigración hacia otras partes del mundo – y debido a los matrimonios mixtos: el carácter europeo de la nueva tierra creó un escenario social común entre los judíos y los no judíos, y las consecuencias son conocidas.

    El Jerem (excomunión)

    El fenómeno de matrimonios mixtos comenzó a expandirse. El deseo de los emigrantes de integrarse económica y culturalmente en la sociedad local debilitó la tendencia natural de mantener los matrimonios dentro de la comunidad. Muchos judíos se dirigieron a los rabinos de las comunidades para que conviertan a sus parejas y autoricen el casamiento. En base a dicha situación social y religiosa, nació en Argentina un jerem especial de acuerdo al cual no se debe aceptar conversos. Dicha excomunión es conocida en todo el mundo rabínico y judío, y es la base de la excomunión de las comunidades sirias de Alepo de no aceptar conversos. Dicho Jerem influenció, sin duda alguna, al transcurso de la historia judía argentina en el último siglo, y vale la pena dedicar algunas líneas al respecto.

    En los años ´20 del siglo XX no había un Gran Rabino en Argentina. Cada rabino se preocupaba por su comunidad. Entre los rabinos más conocidos, encontramos al Rab Shaul Sitón. El Rabino Sitón nació en Alepo, Siria, en el año 1851 y creció junto con grandes sabios. Fue nombrado Rosh Yeshiva y juez del tribunal rabínico y estaba en contacto con rabinos de Alepo e Israel. En su visita a Argentina, el Rabino Sitón vio la decaída situación religiosa de los judíos y con el objetivo de ayudar, decidió quedarse en Argentina y hacer lo máximo posible.

    El Rabino Sitón tenía una gran capacidad de ver a futuro, y decidió realizar todo lo necesario para fortalecer a la comunidad y a los judíos del país. Cuando vio el deseo de los jóvenes de casarse con mujeres no judías de acuerdo a una conversión que no es realizada en base a la halajá, consultó con su amigo cercano, el Rabino David Goldman, rabino de Moisesville, y juntos decidieron realizar un jerem total respecto a la conversión en la Argentina. El socio del Rabino Sitón, el Rabino Goldman, nació en Rusia en 1854, era un gran sabio y erudito en la Torá y estaba en contacto constante con el Rab Eljanan Spector, Rab Shmuel Salant, el Jafetz Jaim, el Rab Kuk y otros grandes rabinos. Escribió un libro de preguntas y respuestas halájicas llamado “Divrei Aharón”.

    En el año 1927, el Rabino Sitón publicó la excomunión, la cual al parecer estaba colgada en las carteleras de la ciudad de Buenos Aires:

    Debido a que esta ciudad es sumamente liberal y cada cual hace lo que le parece y no tienen un rabino del cual temer… y por lo tanto, cada persona que desea casarse con una mujer no judía la lleva a su casa, la convierte en su mujer, sin conversión, o que lleva a tres personas judías simples (no rabinos) del mercado y las convierte ante ellos… esparcí avisos diciendo que está prohibido recibir conversos en Argentina de aquí a la eternidad como hemos fijado y no es posible quebrar la restricción y todo aquel que lo haga lo morderá una víbora… y quien desea convertirse debe viajar a Jerusalem y allí lo recibirán…
    El joven Shaul David Sitón S.T (sefaradí puro)

    El jerem no vino a quitar la posibilidad de conversión en forma total, sino tratar de crear una situación en la que sea prácticamente imposible convertirse (es importante recordar que a comienzos de siglo el viaje de Argentina a Jerusalem requería viajar en barco durante más de un mes y a su vez representaba muchos gastos). La excomunión es un ejemplo de lo que es denominado “orden temporal” que fue creada para detener procesos peligrosos. El mismo Rabino Abraham Itzjak HaCohén Kuk, Gran Rabino de Israel, le escribió al Rabino Sitón una carta de apoyo y consentimiento con el jerem dispuesto por ellos.

    Ochenta años después, es imposible no preguntar: ¿a logrado la excomunión su objetivo? La realidad demuestra que el número de asimilación y de matrimonios mixtos continuó creciendo a pesar de la excomunión, y a su vez, hubo muchos rabinos conservadores que no aceptaron el jerem y convirtieron. En todas las comunidades ortodoxas, es importante recalcar, el jerem se mantuvo en forma total.

    Los judíos argentinos en la actualidad

    mac donaldLa vida argentina actual es sumamente vigorosa y activa. Existen más de 70 organizaciones judías y cerca de 40 escuelas con más de 18.000 alumnos, los cuales representan el 50% de los alumnos judíos del país. Asimismo, hay 30 clubes judíos, una liga judía de fútbol, periodismo judío y cerca de 50 restaurantes kosher, decenas de negocios con productos kosher y decenas de yeshivot. Existen instituciones del jasidismo de Satmer, de Jabad, de Agudat Israel, de los sefaradim, marroquíes, sirios, religiosos sionistas, laicos y conservadores. Incluso un negocio de Mc Donald’s Kosher, por lo visto el único kosher fuera de Israel.

    La comunidad judía está muy bien organizada mediante cuerpos centrales que apoyan la actividad de las comunidades y la representan hacia afuera. El que llega a la capital del país, Buenos Aires, y camina por la calle principal, Corrientes, se encuentra rápidamente en el barrio de Once, uno de los barrios más poblados de la ciudad. Este barrio es el centro de la vida judía de la capital. En el marco de un kilómetro dentro del barrio, es posible encontrar decenas de negocios kosher, instituciones judías, colegios religiosos, sinagogas y todo lo necesario para la vida judía. En todas las esquinas resaltan las letras en hebreo en los carteles. Debido a la cantidad de judíos que viven allí, el barrio recibió el nombre de Gueto, aunque en realidad hay varios judíos dispersos por otros barrios adicionales.

    Y de todas formas – antisemitismocomunidad_judia_argentina_pide_justicia

    A pesar de la participación de los judíos en la cultura, la economía y la sociedad argentina, no desapareció totalmente el antisemitismo, e incluso quizás exactamente lo opuesto es lo correcto. A pesar de que Argentina es una tierra católica, no hubo antisemitismo por parte del gobierno ni propaganda antisemita durante la Primera Guerra Mundial.

    Sin embargo, sí hubo antisemitismo popular cuyas raíces provienen de la percepción que estableció la iglesia católica a sus creyentes respecto a los judíos. Hasta hoy día, es posible escuchar de boca de los ciudadanos no judíos que los judíos son los culpables de la muerte de Jesús y deben pagar por esto. Este tipo de antisemitismo es constantemente publicado en materiales tales como “Los Protocolos de los Sabios de Sión” los cuales sirvieron como inspiración para la creación de obras “literarias” adicionales y periódicos donde aparecen mentiras anti-judías tradicionales con una vestimenta argentina renovada. El antisemitismo existe también dentro de grupos intelectuales y políticos de izquierda.

    Dichas opiniones llevaron a actividades de grupos antisemitas a realizar ataques contra los judíos y sus propiedades. Dichos grupos comenzaron a intervenir en 1910 por primera vez y en 1919 por segunda vez, durante el gran paro de los obreros. En el primer caso, los judíos eran vistos como extraños revolucionarios, y en el segundo caso fueron culpados de tener inclinaciones comunistas y querer convertir a la Argentina en una dictadura del proletariado. Desde ese entonces no ha habido ataques similares, sin embargo continúa la distribución de propaganda antisemita escrita y oral, hasta hoy en día en parte de los medios de comunicación.

    La subida del nazismo y su influencia se sintió también en la Argentina. Al principio esto fue expresado en particular en la propaganda contra la recepción de refugiados judíos de Alemania, y luego creció la incitación que no frenó ni siquiera con la derrota de los alemanes. En los años 40´y 50´, criminales nazis se escaparon a la Argentina, donde se establecieron y abrieron allí una nueva página de vida. Su exposición y su extradición llevaron a olas de ataques a instituciones judía del país. No es casual que Eichman fue encontrado allí, y también su extradición a Israel fue acompañada de una gran oposición de gran parte del público local.

    Durante los gobiernos militares en Argentina (1943-1946, 1976-1983), los judíos fueron discriminados en forma individual. En la primera etapa la discriminación se proyectó en la prohibición de permitirles a los judíos tener cargos públicos, incluyendo enseñar en una escuela, y en la segunda etapa en el trato difícil contra los judíos durante su investigación y su encarcelamiento. De acuerdo a las estimaciones, cerca de 2000 judíos argentinos desaparecieron como si se los hubiese tragado la tierra, durante el gobierno de la junta militar entre 1976 y comienzos de los años ´80. En total, desaparecieron durante dicha época 30 mil judíos con la excusa de que actuaban contra el gobierno. Junto a esto, la continuación regular de las actividades de la comunidad no fue molestada por las regulaciones o por el gobierno en sí mismo. Los grandes atentados en el edificio de la Embajada Israelí en Buenos Aires en 1992 y del edificio de la comunidad judía en 1994, dejó muchas víctimas y las huellas tras los culpables llevaron a Hizballah e Irán.

    Alejamiento y acercamiento

    La comunidad judía de Argentina atraviesa procesos conocidos en todo el mundo judío: asimilación y matrimonios mixtos por un lado, y gente que se vuelve religiosa por el otro. La judería argentina es considerada una de las comunidades con porcentajes más grandes de matrimonios mixtos en América Latina y en el mundo, con un 70-80% de asimilación: casamientos con parejas no judías las cuales muchas veces llevan a la pérdida de la identidad judía. Junto a estos números tan altos de asimilación, la comunidad judía vivió un proceso largo y significativo de “fortalecimiento” religioso, la cual cambió la división de fuerzas en la comunidad judía argentina. Si en los años ´60 del siglo XX el movimiento que dominaba era el movimiento conservador, con la dirección del famoso Rabino Marshal Meyer, e incluso estableció un seminario rabínico el cual envió rabinos a Argentina y a toda América Latina, pues hoy en día el movimiento ortodoxo influencia la mayor parte de las sinagogas de la ciudad y del país.

    Es interesante recalcar que ambos procesos avanzan en conjunto e influencian uno a otro. Justamente en el mismo lugar donde los porcentajes de asimilación son sumamente altos, también los porcentajes de personas que se vuelven religiosas lo son. ¿Acaso hay relación entre ambos procesos? ¿Acaso el hecho de que varias personas se vuelvan religiosas influencia a la asimilación y viceversa? Para mí, sí. Por un lado, el miedo a la asimilación, el miedo a perder la identidad judía personal traen motivación de búsqueda y adaptación de creencias y pensamientos que preservan la identidad judía de la persona. Cuando una persona o pueblo sienten que están en crisis, se acercan a la identidad y en este caso también a la tradición.

    Por otro lado, los procesos de acercamiento de parte de la sociedad, llevan a otros a alejarse. Muchos judíos que no llevan una vida religiosa, miran a personas que ahora lo son y concluyen que el judaísmo no es para ellos. Muchas veces buscan un camino intermedio que les permita fomentar su judaísmo y su identidad sin cumplir mitzvot en forma activa. Dichos judíos no tienen actualmente muchas posibilidades de elección. Los caminos que había en el pasado para fomentar la pertenencia y el significado judaico se perdieron y perdieron su fuerza, y ahora solo queda el camino religioso como posibilidad significativa, y este no es un camino adecuado para todo judío en forma inmediata. Los procesos de acercamiento, por lo visto, crean a veces procesos de alejamiento.

    Suecia, Idilio en un país laico
    Suecia
    Por el Rabino Eliahu Birnbaum
    Los ortodoxos y los liberales comparten una misma institución con una coexistencia ejemplar, la guerra dejó recuerdos de sensibilidad humana y solo la prohibición de realizar shejitá (faenado ritual) irrita.

    Tres cosas caracterizan a la comunidad judía de Suecia del resto de las comunidades: en primer lugar, la mayoría de sus miembros son sobrevivientes de la shoá o segunda y tercera generación de los mismos. En segundo lugar, la comunidad está construida bajo la estructura de “comunidad unida”, como era popular en Alemania antes de la “separación de las comunidades”. En tercer lugar, Suecia es el país más laico del mundo. Todas estas cosas le otorgan a la comunidad judía de Suecia, la cual cuenta con 18.000 miembros, una gran particularidad.

    Minián en el siglo XVIII

    El primer judío que recibió permiso para asentarse en Suecia fue Aharón Aizik, comerciante alemán, que llegó a Estocolmo en 1774. Luego de muchas dificultades recibió un permiso para quedarse, y trajo a su familia y junto con ella la cantidad de personas necesarias para completar un minián. De acuerdo a la ley que legisló el rey Gustavo III, solo a los cristianos se les dio permiso para vivir en el país. A Aharón Aizik, el primer judío de Estocolmo, se le ofreció ciudadanía si aceptaba convertirse al cristianismo. Su respuesta – “no me convertiré ni por todo el oro del mundo” – impresionó al Lord, gobernador de Estocolmo, y éste ofreció enviar una carta de queja al rey Gustavo III. En consecuencia, el rey le dio ciudadanía como el primer sueco judío.

    Aharón Aizik y el resto de dichos padres fundadores compraron tierras, establecieron un cementerio y trajeron a un rabino que sirvió como líder espiritual y profesor. También establecieron una jevra kadishá (asociación que se ocupa del entierro de los difuntos judíos). Los lugares donde podían asentarse estaban limitados por la ley, como establecían “las reglas judías de 1782”. Los judíos podían trabajar solo en determinados oficios y tenían limitaciones en sus trabajos. En dicho año se les fue permitido a los judíos construir sinagogas, realizar plegarias comunitarias y ejecutar trabajos que no estaban controlados por los gremios locales.

    El proceso de emancipación de los judíos comenzó en 1838, cuando el rey Carlos XIV quitó parte de las restricciones sobre los judíos, y les dio protección legal y varios derechos civiles. Una de las últimas prohibiciones, la prohibición de tener un cargo político, fue quitada solo en 1951.

    La población judía creció significativamente en la segunda mitad del siglo XIX y a comienzos del siglo XX, en la época de las grandes olas migratorias de los judíos de Rusia y Polonia. En 1920 la comunidad judía de Suecia contaba con 6500 personas.

    Durante la Segunda Guerra Mundial, Suecia fue neutral. A pesar de que varios ciudadanos apoyaron a los nazis a fines de los años ´30 y ´40 y que Suecia tenía relaciones diplomáticas con Alemania, los judíos no fueron perseguidos. Los judíos suecos estuvieron directa e indirectamente relacionados en varios intentos de salvar vidas durante la guerra. A pesar de que muchas personas conocen la ayuda que los judíos de Suecia y sus ciudadanos brindaron a los judíos dinamarqueses en octubre de 1943, muy pocos conocen otro tipo de acciones de rescate que estos ofrecieron.

    Las puertas de Suecia estuvieron abiertas para 900 judíos de Noruega en 1942, y así se estableció el precedente que salvó a los judíos de Dinamarca en octubre de 1943: cerca de 8000 judíos dinamarqueses se escaparon a Suecia en cientos de barcos de pesca y otro tipo de embarcaderas pequeñas. Los mismos, recibieron información sobre planes secretos de detenerlos y echarlos de su lugar durante los Iamim Noraim (las altas fiestas), y la organización clandestina dinamarquesa logró evacuar a la mayoría de los judíos a Suecia en barco. La mayor parte de los judíos dinamarqueses retornó a Dinamarca después de la guerra.

    Durante los seis meses entre julio de 1944 y enero de 1945, cientos de miles de judíos húngaros fueron salvados de Budapest por el diplomático Raul Walemberg, el cual fue conocido por sus actividades para salvar a judíos y el cual representa gran orgullo para Suecia hasta hoy en día.

    A pesar de toda la ayuda y todo el apoyo para salvar judíos, una nube aún oscurece los cielos de la historia sueca-alemana: un asunto complicado de venta de hierro de Suecia a Alemania, y un traspaso de oro nazi a Suecia durante la guerra. El asunto se encuentra bajo investigación de una junta especial que fue reunida por el gobierno sueco en 1997.

    La mayoría de los judíos suecos actuales llegaron al país después de la shoá, como refugiados de campos de concentración. Su ingreso fue permitido por Suecia inmediatamente después de la finalización de la guerra. Entre los miles que llegaron al reinado norte, cerca de 7000 pidieron asentarse; el resto, la mayoría, se fue a Israel o a Estados Unidos. Dicha inmigración duplicó, ya en ese momento, la cantidad de judíos en Suecia. En 1956 llegaron sobrevivientes judíos húngaros, y nuevos inmigrantes llegaron de Polonia en 1968, durante la ola de partida y expulsión de los judíos de allí. A lo largo de los últimos años se unieron judíos de Rusia y de Israel a los veteranos de la comunidad.

    Sobrevivientes de la shoá viven en muchas comunidades alrededor del mundo, sin embargo Suecia, me parece que es una de las tres comunidades donde los sobrevivientes de la shoá son la mayor parte de la comunidad – junto a Hungría y Australia. Dicho marco trae distintos fenómenos, entre ellos la brecha de matrimonios mixtos entre la segunda y la tercera generación. La segunda generación, hijos de sobrevivientes, continuaron cumpliendo con la tradición judía y se casaron con judíos. Luego de la shoá, casamiento con mujeres no judías podía ser un daño muy grande hacia los padres, los cuales sufrieron antisemitismo y sobrevivieron los campos de concentración. Sin embargo, la generación de los nietos o de los bisnietos no siguió con dicha tradición, y el porcentaje de matrimonios mixtos subió dramáticamente.

    Las iglesias desérticas

    Suecia es el país más laico del mundo: ¡solo un uno por ciento de todos los ciudadanos del país se definen como religiosos! Y cuando los no judíos no van a la iglesia, los judíos no van a la sinagoga… los judíos no viven en la diáspora en una isla desierta. Ellos son parte de la sociedad, la cultura y la mentalidad. Tienen influencia del folklore, de los gustos y los olores del lugar donde viven y esto también se manifiesta respecto a la religión.

    La comunidad judía de Estocolmo es conocida como una comunidad unida. Todas las sinagogas, sin diferenciar a qué rama pertenecen, son parte de una única organización. Las comunidades en Escandinavia en general y en Suecia y Estocolmo en particular, recibieron una gran influencia de las comunidades alemanas, tanto respecto a la versión de la plegaria (ashkenaz) como respecto a la estructura comunitaria.

    Lo que caracteriza a las comunidades unidas es que éstas sirven tanto a los judíos que se definen como ortodoxos, como a los judíos que se definen conservadores o reformistas. La comunidad no da preferencia a una rama o a la otra. En dicha estructura comunitaria, dos corrientes judías forman una comunidad, con un presidente, un presupuesto, un servicio de tzedaká y un cementerio. La diferencia se representa en el hecho de que cada cual tiene su propia sinagoga.

    Tal organización fue el motivo de discusión en Hungría y Alemania a fines del siglo XIX, cuando rabinos ortodoxos, entre ellos el Rashar Hirsh, pidieron separar a las comunidades ortodoxas del público unido donde se encontraban tendencias liberales. En oposición a ésto, escribe el Rabino Hildesheimer que “no solo que está permitido mantener una unidad comunitaria entre los judíos reformistas y los ortodoxos en situaciones donde es permitido asegurar la integridad de la posición ortodoxa” sino que hay en esto un “acto de nobleza” para mantener la existencia judía. El Rabino Hildesheimer sintió que los ortodoxos tienen la obligación de cooperar con sus hermanos judíos en temas comunitarios comunes, incluso cuando las instituciones que se ocupan de esto son liberales.

    De acuerdo a lo que tengo entendido, desde que se separaron las comunidades en Alemania, no quedaron allí comunidades unidas (a pesar de que la organización paraguas de todas las comunidades alemanas es común para los ortodoxos y liberales). Hoy en día, viven en Estocolmo en paz y de manera ejemplar, dos comunidades. Cada comunidad guarda su característica especial y una sinagoga de acuerda a su estilo, sin embargo el edificio comunitario es uno, para ambos y se maneja con respeto mutuo. En estos días, una mujer fue elegida como rabino de la comunidad conservadora en Estocolmo, por primera vez en la historia de la comunidad (¡en Suecia, prácticamente la mitad del parlamento son mujeres!). El Rabino Yitzjak Najman (egresado de Strauss-Amiel), rabino de la comunidad ortodoxa, fue recientemente coronado en un acto impresionante y emotivo.
    Se salvó de la noche de los cristales rotos

    Actualmente, hay en Estocolmo tres sinagogas. La más grande es la conservadora, la cual es conocida como La Gran Sinagoga. Las otras dos sinagogas pequeñas son ortodoxas – Adat Israel y Adat Ieshurún.

    La Gran Sinagoga de Estocolmo
    La Gran Sinagoga fue establecida en 1870, el año en que fueron quitadas las limitaciones respecto al aspecto legal de los judíos de Suecia, y los mismos recibieron emancipación total. En cuanto a su estilo y su tamaño, la Gran Sinagoga de Estocolmo sigue la tradición de las sinagogas monumentales que fueron construidas en Europa, entre ellas sinagogas sobresalientes tales como la nueva sinagoga de la calle Oranienburger en Berlin (la cual fue construida entre 1859-1966 y destruida en 1938) y la Gran Sinagoga de la calle Dohany en Budapest (construida entre 1854-1859). El estilo arquitectónico fue inspirado por la arquitectura oriental, y el objetivo de dicho estilo era revivir el pasado espléndido del pueblo judío en Israel y en la España medieval.

    La Gran Sinagoga de Estocolmo pertenece al judaísmo liberal; en el pasado pertenecía a la comunidad reformista pero actualmente se relacionó con el movimiento conservador. Así como en sinagogas reformistas de la Alemania del siglo XIX y comienzos del siglo XX, las plegarias de Shabat y festividad son acompañadas por un organista (no judío), y cántico de un coro mixto. La galería está reservada para las mujeres, y el lado izquierdo de la planta baja pertenece a los hombres. De la parte derecha está permitido sentarse mezclado. Las plegarias son en sueco y en hebreo, y tienen lugar todos los shabatot, festividades, lunes y jueves.

    La historia de la sinagoga ortodoxa Adat Ieshurún es muy interesante, está amueblado con bancos, mesas, puesto para el oficiante y aharón kodesh (arca sagrada) que en su momento formaron parte de una pequeña sinagoga de Hamburgo, Alemania. La sinagoga sobrevivió milagrosamente a la “noche de los cristales rotos” (9 de noviembre de 1938), donde fueron quemadas y destruidas casi todas las sinagogas de Alemania. La comunidad judía de Hamburgo logró de forma increíble enviar los muebles a Estocolmo a comienzos de la guerra.

    Adelante Bnei Akiva

    Más alla de la comunidad de Estocolmo, hay comunidades judías en las ciudades de Malmo y Gotemburgo.

    Comunidades adicionales se encuentran en Boras y Uppsala, y algunos judíos viven en Helsingborg, Lund, Norrkoping y Vaxjo.

    En Malmo hay una sinagoga ortodoxa y una comunidad activa que cuenta con jardín de infantes. El movimiento juvenil

    Sinagoga de Malmo
    principal es Bnei Akiva. El mismo no solo sirve como movimiento juvenil sionista sino que también invierte en acercar a los jóvenes a su identidad judía. Los emisarios de Bnei Akiva en Escandinavia, Elad Meir y su esposa Sari (también ellos egresados de Strauss – Amiel), trabajan fuertemente para poder llegar a todas las comunidades, grandes y pequeñas, y a cada joven judío, y así profundizar en la identidad judía y sionista.

    En Estocolmo hay un colegio judío de nombre Hilel. El colegio primario trabaja de forma normal, contiene estudios laicos y judíos en conjunto. Sin embargo, el secundario judío de Estocolmo, es a mí parecer único, en comparación al resto de los colegios judíos del mundo: se trata de 4 clases judías las cuales funcionan dentro de un secundario no judío. Los judíos estudian en clases separadas todas las materias, tienen un comedor kosher, y por supuesto no estudian en Shabat y festividades – pero son parte del secundario no judío, y así reciben el apoyo económico del estado. El último año, el Ministerio de Educación pagó todos los gastos de los preparativos para pesaj, incluyendo la limpieza de la cocina, la kasherización y la compra de matzot…

    Vacas sagradas

    Suecia es conocida también por la prohibición de realizar shejitá. Los miembros de la comunidad deben traer carne kosher de otras partes de Europa. La prohibición de la shejitá es una larga historia de la Europa Moderna, la cual comenzó en Suecia en 1864. Luego de que el gobierno nazi subió al poder intentaron extenderlo a otras partes de Europa, en general sin mucho éxito.

    La comunidad judía de Suecia hace grandes esfuerzos para cambiar la ley en el Parlamento local y permitir la shejitá. Una de las formas más originales que hay es una coalición entre judíos y árabes. Como es sabido, también los musulmanes hacen faenado ritual de animales, y también el faenado de ellos está prohibido. Suecia abrió sus puertas más que cualquier otro país europeo a la inmigración musulmana, y hoy son cerca de 450.000 dentro de 9 millones de ciudadanos (6%). Un tercio de los habitantes de la ciudad Malmo, la tercera más grande del país, son inmigrantes musulmanes. Por lo tanto, es posible que la redención en el tema de la shejitá provenga de los musulmanes.

    Cuando le pregunté a la presidente de la comunidad de Estocolmo por qué el tema de la shejitá es tan importante para ella, y si la comunidad tiene pensado establecer un sistema de shejitá local si la ley es autorizada, ella respondió: “no estoy segura que comencemos a realizar shejitá en Suecia, pero como judíos orgullosos que vivimos en un mundo libre y democrático, no estoy dispuesta a que no nos dejen vivir con libertad en este país y realizar shejitá como creamos correcto. Tanto a nivel teórico como a nivel práctico”.

    Noruega, Oslo
    Familia en el lejano norte
    Por el Rabino Eliahu Birnbaum
    Sinagoga de Oslo
    Oslo, Noruega

    A pesar de una larga tradición de antisemitismo, los judíos de Noruega disfrutan actualmente de suma tranquilidad y de los más extraños Shabatot, los cuales durante el verano terminan el domingo

    Nosotros asociamos a Oslo principalmente con política, debido a los famosos acuerdos, pero la misma es a su vez, una comunidad judía resplandeciente. La comunidad de Noruega no es muy amplia: la historia es corta y el número de judíos a lo largo de los años es pequeño. Sin embargo, se trata de una base comunitaria ejemplar y una vida judía muy ramificada.

    Como en el resto de los países escandinavos, el asentamiento judío llegó a Noruega relativamente tarde. Comunidades estables, se formaron solamente a fines del siglo XIX. La falta de judíos en la tierra de Noruega coincide con el hecho de que Escandinavia ha sido una especie de periferia europea a lo largo de la historia. En la mayoría de los países europeos hubo comunidades judías a fines de la edad media, pero no en Escandinavia.

    De todas maneras, existieron huellas judías antes del siglo XIX. En el siglo XX el rey noruego, Olev Dan Hellige, prohibió que todo aquel que no es cristiano viva en el país; pero en la época del rey Cristian IV, rey de Dinamarca y Noruega (1588-1648) encontramos la primer referencia oficial a los judíos.

    El rey Cristian creía que los judíos podían ayudar a su país, pero debido a la resistencia de los curas, debió aceptar que los mismos vivan únicamente en Shelsoig-Olstein, bien lejos, al sur del reinado. El mismo rey declaró la libertad de culto, tanto en Dinamarca como en Noruega, y en 1630 les permitió a los judíos moverse y comerciar en todo el reinado. Se trataba de judíos sefaradíes, quienes expulsados de España y Portugal, se asentaron en Hamburgo y en Ámsterdam, y luego recibieron un permiso especial para ingresar a Noruega. A diferencia de otros países, los judíos no fueron obligados a vivir en guetos y en calles judías especiales, ni a vestir ropas que los diferencien. En 1641, el rey expandió dichos decretos también a los judíos ashkenazíes, los cuales escaparon de Europa del Este y Central.

    Bajo el gobierno de su heredero, el Rey Frederik III (1648-1670), los judíos vivieron en condiciones un poco más difíciles. Cuando Noruega se unió con Dinamarca bajo el gobierno de Cristian V, en 1687, la prohibición de que los judíos vivan en el país fue restaurada y los judíos fueron expulsados. En conclusión, la presencia judía en Noruega entre los siglos XVII y XVIII fue solo un corto episodio que no dejó impresiones. Puede ser que parte de los judíos portugueses se quedaron en el reinado, que era más tolerante hacia ellos que hacia los ashkenazíes, pero en caso que lo hayan hecho, posiblemente fueron convertidos al cristianismo por voluntad propia.

    La constitución noruega y la oposición a los judíos

    En 1814, Noruega se independizó de Dinamarca y fue escrita la primera constitución. El texto era liberal y relativamente avanzado, pero determinaba que la religión oficial era el protestantismo luterano y los judíos y los jesuitas tenían prohibido ingresar a dicha tierra. La constitución era bastante abierta respecto a niños, mujeres y minorías, pero no hacia judíos. La discusión respecto al artículo “judío” fue larga y tensa, y duró 37 años. La prohibición de la entrada de judíos a Noruega fue quitada solo en 1851, en especial gracias a la lucha intensa y continua del escritor y luchador por la libertad, Henrik Wargelnad (1808-1845) y con la ayuda de amigos iluminados, de la legislatura, que se opusieron al “artículo judío” basado en el valor del hombre.

    Los argumentos utilizados en el gobierno por quienes estaban a favor del boicot a los judíos no eran argumentos religiosos, sino una percepción política y una visión negativa de los judíos, su naturaleza, su forma de comportamiento y su falta de capacidad aparente de amoldarse a la sociedad económica. A diferencia de Noruega, que cerró sus puertas a los judíos, Suecia y Dinamarca adoptaron un comportamiento exactamente contrario.

    Sin embargo, el odio a los judíos no desapareció del todo en el parlamento noruego. En el año 1929 nació la famosa prohibición del faenamiento ritual judío (shejitá) la cual existe hasta el día de la fecha. La razón por la cual la shejitá está prohibida, no es moral, como hubiésemos pensado, y no tiene nada que ver con los animales, sino con los que los comen. En las discusiones en el parlamento hablaron sobre los “judíos bárbaros” y esperaron que la prohibición de la shejitá convenza a varios judíos de abandonar el reinado.

    El comienzo de la comunidad judía

    Luego del cambio de la constitución y de la autorización del ingreso de judíos, comenzaron a llegar judíos en cantidades pequeñas, especialmente de Polonia y Lituania. Los listados dicen que desde 1875 llegaron tan solo 25 judíos para asentarse en el país. En junio de 1892 fue establecida la primera comunidad judía oficial en Cristianía (actualmente Oslo). Al comienzo se llamaba “la comunidad judía de Cristianía” pero luego el nombre fue cambiado a “la comunidad moshea” (de la palabra Moshé). En ese entonces había 214 judíos en Noruega, y 136 de ellos vivían en Cristianía.

    Durante los próximos 30 años, el número de judíos en Noruega creció de 642 personas a 1457 debido a la opresión en Europa Oriental y a las dificultades de la Primer Guerra Mundial. Fue aproximadamente en ese momento, en que la comunidad de Trondheim fue establecida como segundo centro del judaísmo noruego.

    La sinagoga de la comunidad fue construida en 1920. La misma es conocida por su techo original y el diseño del mismo en forma de talit (manto ritual), y por la escritura “Cuan buenas son tus tiendas Yaacov, tus casas Israel”, en la entrada del templo. Una de las características de dicha sinagoga, que no he visto en otros lugares más que en Escandinavia, es el lugar y la altura del Arón Hakodesh (el arca sagrada). El Arón Hakodesh y a su lado el lugar de la prédica del rabino, se encuentran en una altura muy elevada. Para llegar allí, hay que subir varias escaleras, las cuales llevan a una altura de entre cuatro y cinco metros del suelo. Cuando el Rabino predica, se encuentra más cerca del cielo que de la tierra y de los feligreses…

    Últimamente, el Beit Keneset fue reformado, y el edificio de la comunidad, el cual sirve a distintas instituciones, fue reformado.

    La comunidad judía de Trondheim, fue establecida en 1905. Al comienzo de los años veinte, la comunidad adquirió un edificio que antiguamente sirvió como estación de tren municipal, y lo rediseñó como sinagoga y colegio comunitario. La sinagoga fue inaugurada en 1925 y se glorifica en ser el Beit Hakneset más al norte del mundo. Dicho edificio, fue utilizado por los Nazis durante la Segunda Guerra mundial como depósito de mercadería y por tal motivo sufrió muchos daños. En 1947 fue renovado y reinaugurado. A pesar de que todo su contenido interno fue destruido, algunos de sus artefactos sagrados fueron salvados por la iglesia metodista y fueron guardados en secreto durante la guerra. Hoy en día viven en la ciudad cerca de 150 judíos.

    La época de la shoá

    La actitud negativa hacia los judíos no es expresada únicamente en la historia antigua, sino también durante la shoá. Noruega no actuó como sus vecinos y no asistió a los judíos.

    Cuando los alemanes invadieron el país en 1940, vivían allí 1800 judíos. El gobierno se rindió y comenzó un gobierno de cooperación de la mano de Vidkun Quisling, el cual rápidamente recibió e implementó el pedido de los nazis de legislar leyes anti judías. En 1942, cuando los alemanes pidieron que los judíos noruegos sean enviados a los campos de concentración, el gobierno aceptó y envió 770 judíos. La mayoría fueron asesinados en campos de exterminio. También el Rabino Itzjak Yulius Samuel, rabino de la comunidad, fue expulsado y asesinado por los nazis. Es importante señalar que a pesar de que se le ofrecieron al rabino escaparse a Suecia junto con su familia, el Rabino se negó a dejar su comunidad. Su esposa e hijos llegaron a Israel luego de la guerra, y la mujer atestiguó contra Adolf Eichman en su juicio en Jerusalem. En 1996, luego de mucha presión pública y periodística, el Ministerio de Justicia convocó a un comité especial para que evalúe el tema de la devolución de propiedades judías que fueron confiscadas por el gobierno.

    Noruega, de hecho, es uno de los dos países del mundo en que no hay posibilidades de juzgar a criminales de guerra nazis debido a que recae sobre ellos “la ley de lo obsoleto” (de acuerdo a Dr. Efraim Zorof, Merkaz Wisenthal).

    Pero ésta no es toda la imagen de Noruega: en paralelo al gobierno de cooperación con los nazis, había un grupo de competencia, el cual logró evacuar 2/3 de los judíos del país, 930 personas, al límite con Suecia y así salvarlos.

    La renovación de la comunidad

    Luego del fin de la guerra, la comunidad judía de Oslo fue re-establecida por sobrevivientes que retornaron. De manera increíble, la sinagoga de Oslo no sufrió daño alguno. La misma, fue utilizada como depósito de libros nazis y de patrimonio judíos confiscado, e incluso los rollos de la Torá quedaron intactos. La sinagoga volvió a funcionar nuevamente bajo la dirección del Rabino Zalman Áronson, pero se achicó bastante. En 1947, el gobierno permitió el ingreso de unos cuantos cientos de refugiados judíos, en su mayoría de Hungría. En 1969, fue construido un centro comunitario al lado de la sinagoga.

    Hacia fines de los años ´70 del siglo XX comenzó un gran renacimiento de la comunidad. Actualmente, la misma tienen una gran riqueza de actividades: jardín de infantes, Bnei Akiva, clases para adultos, tefilot durante la semana y Shabat, colegio judío los domingos, shabatot y campamentos para niños y adolescentes, geriátrico, mikve, abastecimiento de comida kosher y todo lo necesario para llevar una vida judía. En un Shabat normal, hay entre 150-200 feligreses, hombres, mujeres y niños en la sinagoga. La plegaria del Shabat por la mañana es considerada como el evento religioso y social central de la semana, y muchos judíos participan a pesar de no ser religiosos. Actualmente, cerca de 1500 judíos residen en Noruega.

    Uno de los fenómenos más especiales de la comunidad judía en Oslo es la cadena familiar rabínica. El Rabino Michael Malchior sirvió durante años como rabino de la comunidad de Oslo y asistió activamente en el renacimiento y fortalecimiento de la misma, A la vez que continúa un linaje rabínico en general y en los países escandinavos en particular, desde el siglo XVIII. Actualmente, su hijo el Rabino Yoav Malchior (egresado de Strauss-Amiel), sirve como rabino de la comunidad y continúa con la tradición familiar. El Rabino Michael Malchior recibió el título de honor de “Gran Rabino de Noruega”, por parte de la comunidad, como reconocimiento de su importante actividad por la comunidad durante sus años de servicio a la misma.

    Geografía y halajá

    Generalmente, los factores que influencian las características de una comunidad, son la historia y la geografía. En el caso de Noruega, la ubicación geográfica influencia sumamente al cumplimiento de las mitzvot.

    En los países nórdicos de Europa, hay graves problemas halájicos a mediados del verano y a mediados del invierno, debido a que las noches y los días se vuelven muy largos. El día no comienza o termina como estamos acostumbrados, y esto influencia en temas tales como Shabat, la cuenta del omer, tevilá y demás.

    Hay veces que Shabat ingresa a las 14hs del viernes y sale a las 15:00hs del sábado y en el verano ingresan a media noche, a eso de las 24:00hs del viernes y sale a la medianoche del sábado – o mejor dicho a la madrugada del domingo, a eso de la 1:30…

    A pesar de que hay distintas opiniones halájicas y distintas costumbres, los miembros de la comunidad judía de Oslo acostumbran rezar la plegaria de motzaei Shabat luego de plag haminjá, cuando aún es de día, hacer havdalá con vino sin especias aromáticas ni fuego, y avisar a todo el público que Shabat aún no salió y que está prohibido violar el shabat. En otros lados, se van a dormir y el domingo por la mañana realizan havdalá completa.

    Surgen a su vez preguntas respecto al horario de ponerse tefilín y decir shemá Israel, tevilá de las mujeres en la mikve cuando aún no es de noche y cuando tres estrellas solo aparecerán a las 2:00am….

    Respecto a lugares donde el sol no sale (o no cae), en pleno invierno (o pleno verano), hay dos métodos halájicos principales. Hay quienes dicen que el día se fija a nivel astronómico, es decir cuando se completa una vuelta de la tierra sobre sí misma, más allá de si salió o no el sol (Rambam en Moré Nebujim, Ibn Ezra al libro de Bereshit).

    El Rabino Shlomo Goren zt“l, sostenía de otra manera. El mismo, decía que en el verano nórdico, la media noche (alrededor de las 24:00) es el momento del atardecer, y en seguida después de esto comienza el amanecer. El principio que guía dicho método es que cuando hay una noche corta, incluso de unos pocos minutos solamente, por supuesto que el comienzo de la noche es el atardecer y el principio de la misma el amanecer; en base a eso, incluso cuando no hay noche, la medianoche sigue siendo el momento de transición entre un día y el otro. Y lo mismo respecto al invierno, donde el sol ni siquiera sale. El medio día (a eso de las 12:00), es el momento de transición entre un día y el otro. De acuerdo a su opinión, en el verano, Shabat comienza a medianoche del viernes y sale a medianoche del sábado y en el invierno comienza a mediodía del viernes y sale a mediodía del sábado.

    Cuando le pregunté al Rabino Michael Malchior y a su hijo el Rabino Yoav que es lo que particulariza a la comunidad de Oslo, me contestaron unánimemente: “la comunidad judía de Oslo es como una familia. Hay lugar para todo judío y se preocupa por las necesidades espirituales y culturales de todos sus miembros”. A pesar de los pronósticos negros respecto a su continuidad, la misma continúa existiendo e incluso se renueva y fortalece.

    Finlandia
    En los pasos del ejército zarista
    Por Rabino Eliahu Birnbaum

    Finlandia

    Los cantonistas que llegaron a la tierra de los renos, decidieron quedarse allí y establecer una comunidad judía la cual existe hasta la actualidad. En la Segunda Guerra Mundial, lucharon junto con los nazis contra los ejércitos aliados.

    Sinagoga de Helsinki
    La historia de la comunidad judía de Finlandia, la comunidad que se encuentra más al norte de Europa, es apasionante – a pesar de ser una de las comunidades más jóvenes y pequeñas del continente.

    Cuando deseamos conocer una comunidad judía en la diáspora y comprender su naturaleza, una de las preguntas claves es cuáles son las raíces de los primeros judíos que allí se asentaron. No es lo mismo una comunidad donde los primeros judíos se asentaron después de la destrucción del segundo Templo o la expulsión de España, que una comunidad que comienza con sobrevivientes de la Shoá; no es lo mismo una comunidad cuyos miembros provienen de Alepo, Siria, a una comunidad de personas de Rusia y Polonia. El origen de la comunidad judía finlandesa son los “cantonistas” – los soldados judíos que sirvieron en el ejército ruso, y que con su liberación se les permitió asentarse en el país en el siglo XIX.

    Finlandia no abrió sus puertas para los judíos a lo largo de la historia. Tan solo en la segunda mitad del siglo XIX, los judíos recibieron permiso de asentarse en el territorio actual de Finlandia, y solo en el siglo XX recibieron ciudadanía. El territorio actual donde se encuentra Finlandia fue durante mucho tiempo, hasta 1809, parte del reinado sueco. De acuerdo a la ley sueca, en esa época, los judíos tenían permitido vivir solo en tres ciudades principales del imperio, ninguna en territorio finlandés. En 1809, como resultado del fracaso de Suecia en la guerra ante Rusia como, Suecia perdió el control sobre Finlandia y esta última pasó a ser territorio feudal del imperio ruso. A pesar de esto, la constitución y la ley sueca se mantuvieron y así también la prohibición del asentamiento de judíos.

    Sin embargo, y en contradicción de la ley local, la ley rusa permitía a los soldados judíos de su ejército que sirvieron en Finlandia durante la primera mitad del siglo XIX, asentarse en Finlandia junto con sus familias, después de su liberación y así recibir derechos como soldados. Dicha interesante decisión, del año 1858, representa el comienzo de la historia judía finlandesa.

    Los soldados judíos rusos, construyeron las bases de la comunidad que existe hasta hoy en día. A los mismos, se le unieron más tarde otros judíos rusos, polacos y lituanos. Hacia fines de los años 30 del siglo XX, cerca de 250 refugiados judíos del centro de Europa recibieron permiso para ingresar a Finlandia, y en los últimos años, varios judíos de la ex Unión Soviética, de Polonia y de otros lugares del este de Europa, encontraron refugio en el país.
    El primer colegio judío se abrió en 1840. La Jevre Kadisha (institución que realiza entierros de acuerdo a la ley judía) se estableció en 1864, y el primer rabino, el Rabino Naftalí Tzvi Ámsterdam, llegó a Helsinki en 1867. La comunidad judía formal fue establecida en 1903 y la primera sinagoga se construyó en 1906. En dicha época, vivían en Finlandia cerca de 1000 judíos.

    El más violento triunfa

    Durante el siglo XIX, los judíos en Finlandia llevaban una vida religiosa. Los soldados judíos rusos eran en su gran mayoría religiosos los cuales dejaron el barrio judío por necesidad u obligación de alistarse al ejército ruso. Los mismos, continuaron hablando idish entre ellos e incluso a cantar canciones en idish. Varias músicas de los soldados cantonistas fueron preservadas, e incluso en los casamientos había klezmers y bailaban como se acostumbraba en las aldeas judías. Por supuesto que no había ninguna asimilación ni matrimonios mixtos con las mujeres locales.

    En mi visita a Finlandia le pregunté a los líderes de la comunidad, cómo encontraron los soldados judíos mujeres para casarse si no se casaron con mujeres locales. El presidente de la comunidad me relató una apasionante historia: “los soldados judíos encontraron una forma muy original de resolver el problema de hacer parejas. Los soldados se dirigieron a los rabinos de sus comunidades originales en Rusia, en Lituania y en Ucrania, y les pidieron que les envíen mujeres… y de hecho, una vez cada tantos meses llegaba un carruaje con mujeres directo al mercado donde trabajaban los jóvenes judíos que necesitaban casarse”. Los ancianos de la comunidad saben relatar que la elección de las mujeres se llevaba a cabo de la forma “el más violento triunfa”, es decir que los más fuertes de la comunidad tenían “derecho a elegir primero” a sus futuras esposas…

    En 1889, el gobierno legisló una ley especial respecto a la presencia de los judíos en Finlandia y frenó sus pasos: de acuerdo a la ley, se le permitió a un par de judíos, los cuales fueron nombrados específicamente, quedarse en el país hasta nuevo aviso y vivir solo en determinadas ciudades que les fueron asignadas. Fuera de esta área se les dieron permisos de visitar temporalmente otros lugares, con validez de hasta seis meses. El decreto también declaraba que el oficio que se encontraban abierto para los judíos era: solamente el comercio de ropa de segunda mano, y se les prohibía participar en ferias o comerciar fuera del área de sus ciudades. Cualquier violación de estos límites era un decreto directo de expulsión. Los niños podían quedarse en Finlandia solo si vivían con sus padres o no se habían casado. Los judíos que fueron enlistados al ejército ruso, tenían prohibido volver a Finlandia luego de su liberación.

    La lucha por la igualdad de derechos comenzó en el parlamento finlandés en 1872, pero solo en 1917, cuando Finlandia logró independencia, los judíos recibieron derechos ciudadanos. El 22 de diciembre de 1917 el parlamento autorizó la ley “los hijos de la ley de Moisés”. De acuerdo a la ley, los judíos podían por primera vez ser ciudadanos finlandeses, y judíos que no tenían ciudadanía finlandesa, tendrían los mismos derechos que otros no ciudadanos tenían.

    El libro de la Torá en el frente nazi

    Entre las dos guerras mundiales, la población finlandesa judía creció a 2000 personas, a consecuencia de las

    Sinagoga en el campo de batalla (foto del archivo nacional de Finlandia)
    inmigraciones, en especial, de la Rusia soviética a comienzos de la revolución. Durante la segunda guerra mundial, Finlandia firmó un contrato militar con Alemania, contra la Unión Soviética, y luchó junto a la Alemania Nazi. Muchos judíos finlandeses lucharon junto con el ejército alemán contra los rusos. Los miembros de la comunidad cuentan que varias veces los soldados alemanes debieron saludar a los generales judíos del ejército finlandés y respetarlos, para poder mantener el ritual militar.

    Uno de los fenómenos especiales y particulares de la historia de Europa era una sinagoga del ejército finlandés en el campo de batalla. Hijos de soldados y generales judíos que sirvieron en el ejército en dicha época me contaron que había una carpa donde los judíos ingresaban a rezar durante la semana y durante Shabat. El padre del actual presidente de la comunidad, Itzjak Smoller, era el encargado de dicha sinagoga. En la carpa había un Arón Kodesh donde se encontraba un pequeño rollo de la Torá, el cual iba de lugar en lugar junto con los soldados. Los mismos se encuentran actualmente en el Beit Hamidrash de la comunidad en Helsinki, y representa la valentía judía y la preservación de la tradición.

    A pesar de la fuerte presión de los nazis, las barbaridades de la Shoá no recayeron sobre los judíos de Finlandia, también gracias a que las autoridades finlandesas no aceptaron entregar a los judíos a la Alemania Nazi. De hecho, es posible afirmar que no hubo Shoá en Finlandia. El gobierno finlandés se negó a actuar contra ciudadanos finlandeses de origen judío y los judíos finlandeses continuaron disfrutando de sus derechos ciudadanos durante toda la guerra. Solo en un caso, los finlandeses permitieron la expulsión de refugiados judíos de Austria y de los países bálticos, y también esto se detuvo luego de que los primeros judíos fueron expulsados y asesinados. Cristianos finlandeses incluso crearon en su memoria el pueblo “Yad Hashmoná” en los montes de Jerusalem (al momento de escribir este artículo, recibí interesante información del Dr. Efraim Zorof, Director del Centro Wisenthal, el cual sostiene que últimamente se ha descubierto información interesante de acuerdo a la cual, Finlandia entregó a la Alemania Nazi soldados judíos–rusos. De acuerdo al pedido del Dr. Zorof, se estableció una junta de investigación en Finlandia).

    Continuidad histórica

    En Finlandia viven actualmente 1500 judíos, 1300 en Helsinki (la capital) y 200 en la ciudad Turku. La comunidad judía en Tampere cerró sus actividades en 1981.

    Los grupos que forman la comunidad son descendientes de los soldados judíos-rusos, israelíes que emigraron a Finlandia y algunos inmigrantes de Rusia. Debido a que los judíos continuaron viviendo en Finlandia durante la Segunda Guerra Mundial, la continuidad entre los inmigrantes rusos y la comunidad actual no se detuvo. La mayoría de los miembros de la comunidad son finlandeses, nacidos en Finlandia, nietos de finlandeses que descienden de los cantonistas judíos. El rabino de la comunidad finlandesa, el Rabino Moshé Edelman, describe la particularidad de la comunidad y explica: “esta comunidad del norte de Europa, estaba prácticamente aislada del mundo judío debido a su ubicación geográfica, pero logró construir y preservar su vida judía. La vida judía preservó la continuidad entre el pasado del Shtetl y el presente de la comunidad”.

    Uno de los relatos que demuestran el deseo de preservar la continuidad histórica comunitaria, es la restauración de la sinagoga hace dos años, en honor a los 100 años de existencia. Los líderes de la comunidad, trajeron artistas expertos en la preservación de edificios. Los mismos, quitaron las capas de color que se fueron juntando durante los años hasta que llegaron a la capa de color original y llevaron al edificio a su situación original hace 100 años atrás. Todo esto, con el objetivo de preservar el pasado y crear una continuidad histórica.

    La mayoría de los israelíes llegaron allí siguiendo a parejas finlandesas que conocieron en Israel o buscando trabajo en uno de los países europeos de más alto nivel respecto a las condiciones sociales que tienen sus ciudadanos.

    En comparación con otras comunidades del mundo judío, donde los israelíes se encuentras desconectados de la comunidad judía y viven aparte, en Helsinki son parte integral de la comunidad. La llegada de los israelíes reforzó a la comunidad tanto a nivel social como espiritual, y sin su llegada, el colegio comunitario se hubiese cerrado por falta de alumnos. De los 120 alumnos que hay en el colegio judío, 60 son hijos de familias israelíes. Sin duda alguna, hay aquí una paradoja y dilema interesante: la salida de Israel debilita al Estado Judío pero refuerza a la comunidad judía de la diáspora. Una de las características de la comunidad de Helsinki es la unión y la conexión que existe entre los distintos grupos de la comunidad. Los más veteranos y también los nuevos, los finlandeses y los israelíes, los ashkenazim y los sefaradim, todos actúan en conjunto y crean una gran familia, una comunidad esplendorosa.

    A pesar de ser una comunidad pequeña, la comunidad de Helsinki brinda todos los servicios necesarios para los judíos que piden preservar la identidad judía y la vida religiosa. En la comunidad hay una sinagoga, un colegio diario, un jardín de infantes, un geriátrico, jevre kadisha, un movimiento juvenil Macabi, un emisario de Jabad, un restaurante y caitering kosher, un negocio kosher, mikve y rabino. En el Beit Hakneset se llevan a cabo tefilot de shajarit y arvit todos los días y cada Shabat decenas de miembros de la comunidad vienen a la plegaria y al kidush.

    Los esfuerzos de la comunidad judía de Helsinki para mantener la llama judía encendida dan tremenda satisfacción y aseguran el futuro de la comunidad en el país más al norte de Europa y una de los más fríos del mundo.

    Hungria, Budapest
    Budapest
    Por el Rabino Eliahu Birnbaum
    Los edificios aún atestiguan la gran separación que sufrió la espléndida Hungría judía, hoy día, es solo un nuevo estilo de judaísmo silencioso.

    Quien camina por las calles del barrio séptimo de Budapest, que es conocido por el pueblo como “Chulent” o el “Gueto”, sentirá sin duda alguna que camina por las calles de un pueblo judío resplandeciente del siglo pasado. La comunidad ortodoxa y sus instituciones, el shtiblaj (lugar de plegaria), la carnicería, los personajes, traen los olores y recuerdos del judaísmo que ya no está. La comunidad ortodoxa no cambió su forma ni su ambiente, y la única diferencia es que los rabinos comunitarios son jasídicos a pesar de que en su origen la comunidad no lo era.

    Cerca del barrio judío, el cual se encuentra en el corazón de la sociedad ortodoxa, en una calle central y moderna, rodeado de negocios de lujo y de moda, se encuentra la sinagoga neológica “Duani” – la más grande de todo Europa y la segunda más grande del mundo (con 3000 asientos – 1500 para mujeres y 1500 para hombres, el más grande del mundo es Emanuel, sinagoga reformista que cuenta con 5000 lugares). La hermosura del lugar y su decoración, lo convirtieron en uno de los sitios turísticos más importantes de la ciudad, la cual cuenta con el título grandioso de “la perla del Danuvio”. Dos eventos importantes e históricos tienen que ver con la sinagoga neológica, la cual fue construida en el 1859. En primer lugar, Biniamín Zeev Herzel hizo su bar mitzvá allí (Herzl nació en Hungría y luego se mudó a Viena). El segundo, luego de que Alemania conquistó Hungría en 1944, las oficinas de Eichman – que llegó a Alemania para organizar el exterminio de los judíos – funcionaron en dicha sinagoga, y gracias a eso el edificio fue preservado.
    A pesar de la cercanía geográfica entre el Beit Kneset ortodoxo y el neológico, la diferencia externa entre ellos refleja la división que se creó en el judaísmo de Hungría a mediados del siglo XIX y la cual persiste hasta la actualidad.

    Un fenómeno histórico único

    Muchos han oído sobre los neológicos en Hungría y por error los comparan con los conservadores o los reformistas. En realidad dificulta definir al movimiento neológico, porque no tienen analogía. Los neológicos no son ortodoxos, no son conservadores, ni son reformistas. Son un fenómeno histórico único el cual ha dejado rastros hasta nuestros días.

    El marco histórico que generó la división entre los movimientos comenzó en el siglo XIX. Los gobernadores húngaros intentaron fortalecer su posición y obligar a las minorías a adoptar su lengua y cultura. Los judíos vieron aquí una oportunidad de integrarse en el reinado austro-húngaro, y la aceptaron con alegría.

    En el año 1868, tuvo lugar un congreso judío nacional húngaro, con el objetivo de tratar los desacuerdos entre los religiosos y los iluminados respecto a la organización de las comunidades. El congreso llevó a la creación de tres tipos de comunidades judía húngaras distintas: ortodoxas, neológicas y jasídicos del status quo. Los ortodoxos demandaron el cumplimiento de la tradición comunitaria como antes se estilaba, sin ningún cambio alguno, los judíos con tendencia a la educación moderna pidieron integrarse a la sociedad que los rodeaba. Los ortodoxos se apegaron fielmente al legado del “Jatam Sofer” quien decidió terminantemente que lo “nuevo está prohibido por la Torá”, y los neológicos pidieron renovar el judaísmo – de acuerdo a su argumento, sin cambio alguno en la halajá y el Shulján Aruj. El tercer grupo que se formó en dicho congreso pidió continuar en el mismo camino tradicional: no construir murallas respecto a las innovaciones, no rearmar las comunidades, y en especial no dividirse.

    A pesar de que los ortodoxos, o como se hacían llamar, los “temerosos”, se referían a la neología como una nueva religión parecida a la reforma, el movimiento neológico se veía a sí mismo, al comienzo, como un movimiento que funciona de acuerdo a la halajá, bajo las condiciones del tiempo y el lugar. Los neológicos no pidieron cambiar las bases del judaísmo, la religión en sí misma, sino adecuar la vida judía a las condiciones del lugar y el tiempo.

    La tendencia neológica aspiraba a apertura (neología en griego: nueva doctrina). Se puede resumir la apertura que la neología buscaba en tres ámbitos: academización de los rabinos, utilización del lenguaje húngaro en las prédicas y la apertura de las sinagogas a las influencias de los vientos que soplaban en el mundo general (de acuerdo al libro del Prof. Iaacov Katz). Con estos cambios, los neológicos buscaban responder a las necesidades de la época sin cambiar la halajá. De hecho, no permitieron cambiar la halajá en lo que respecta a las leyes maritales, cashrut, calendario judaico, shabat y festividades. Tanto hoy como en su momento, un rabino neológico no casa a matrimonios mixtos.

    Los motivos por los que los neológicos realizaron cambios, no tienen que ver con una crítica intelectual a la tradición, como fue el caso de los reformistas. El deseo de cambio tenía que ver en especial con necesidades económicas y sociológicas. La mejor prueba de esto es que el impulso de los cambios no provenía de los rabinos sino del público y de los líderes de las comunidades. Los rabinos que sirvieron en las comunidades neológicas, los cuales fueron alumnos de las yeshivot clásicas en la generación de la división, debieron aceptar más de una vez un cambio u otro con el argumento de que si no aceptaban pequeños cambios que no se oponen al Shulján Aruj, deberían aceptar cambios aún mayores.

    Pareciera que es posible describir a la división, en su primer momento, más como división social que religiosa. Mediante esto, también es posible explicar la separación que tuvo lugar en la sociedad judía y que causó que los ortodoxos no ingresen a las sinagogas de los neológicos y no estén en contacto con ellos.

    Prédicas en idish

    Los nuevos cambios junto con la tradición, se ven reflejados en la sinagoga neológica central. El edificio no parece una sinagoga sino más bien una iglesia, y de hecho, el arquitecto era católico. El mismo, fue construido entre los años 1854-1859 con mucho lujo y resplandor, y para su construcción, utilizaron elementos arquitectónicos de las tres religiones. Una de las características de la sinagoga es un órgano que se encuentra al frente de la sinagoga. Los neológicos buscaban de esta forma devolver a la sinagoga el ambiente “festivo” que había en el Beit Hamikdash cuando tocaban los levitas.

    Sin embargo, a pesar de que tocaban instrumentos en shabat, solamente católicos lo hacían, y así acostumbran hasta hoy en día.

    Asimismo, no utilizaban el órgano durante las tres semanas entre el 17 de tamuz y el 9 de Av, días de duelo para el pueblo de Israel. Utilizaban el sidur “normal”, se sentaban de manera separada (hombres abajo y mujeres arriba), y las mujeres no subían a la Torá ni contaban con ordenación rabínica.

    La fuente de la discusión entre los neológicos y los ortodoxos era la utilización del lenguaje local para las prédicas. A pesar de que no cabe duda de que el Shulján Aruj no dice que esto está prohibido, los “temerosos” veían en dicho acto una apertura a la cultura local y hacían hincapié en el peligro que esto conllevaba, permitiendo así que lean libros laicos y herejes. Hasta hoy en día, en la comunidad ortodoxa central, las predicas son en idish incluso si el público no comprende idish, debido a que hay quienes dicen que es importante que aunque sea las paredes escuchen idish… de todas formas, se acostumbra que en el Beit Hamidrash, fuera del Beit Hakneset Central, si se enseña en el idioma local, húngaro.

    La división de la comunidad de Hungría, fue mucho más extrema que la división de la comunidad en Alemania. En Alemania había comunidades que cuidaron el concepto de “comunidad unida” (una organización comunitaria central que representaba tanto a los ortodoxos como a los reformistas). En Hungría, a pesar de que las brechas entre los neológicos y los ortodoxos eran mucho más pequeñas, no lograron encontrar un modus vivendi para continuar con la vida comunitaria en conjunto, incluso en el campo húngaro-social.

    Dicha polarización es quizás típica del judaísmo húngaro: judaísmo de fuertes oposiciones. Entre el Jatam Sofer y los neológicos, entre las corrientes anti sionistas del Rabino de Satmer y las del Rabino Izajar Taichtel, escritor del libro “Em Habanim Smejá”.

    Entre las dos guerras mundiales el judaísmo húngaro continuó dividido y la comunidad más grande era la neológica. En el año 1930, 70% de la población judía local pertenecía a ella y solo el 30% a los ortodoxos, en general comunidades pequeñas. Hoy en día el 95% de los judíos húngaros que pertenecen a una comunidad, pertenecen a la comunidad neológica, y solo unos pocos a la ortodoxa. La mayoría de los judíos de Budapest no tienen ninguna relación con la comunidad.

    Judíos escondidos

    A pesar de que las encuestas geográficas señalan que hay una población judía de 100 mil judíos en Hungría, dichos judíos no se encuentran presentes, ni siquiera escondidos. Antes de la shoá vivían en Hungría 800 judíos, de los cuales 650 mil fallecieron en la shoá. Luego de la shoá quedaron cerca de 145 mil, la mayoría de los cuales hizo aliá a Israel. En una encuesta general sobre pertenencia religiosa, la cual tuvo lugar en Hungría hace unos años, tan solo 14 mil personas se identificaron como judías. Incluso en Iom Kipur, las sinagogas de la ciudad (ortodoxas y neológicas), no reúnen más de 7000-8000 personas en total. ¿Dónde se encuentran los judíos de Hungría?

    El gobierno comunista húngaro de fines de los años `40, entorpeció extremadamente el manejo de la comunidad judía y prohibiendo entre otras cosas la educación judía, excepto el Beit Midrash LeRabanim en Budapest. Lógicamente, la interpolación de la shoá y el comunismo, crearon un debilitamiento de la identidad judía en la generación de los padres, y causaron a su vez miedo de transmitir la identidad a las generaciones siguientes. Sin embargo, luego de la caída del comunismo, muchos jóvenes con raíces judías comenzaron un nuevo despertar tal como pasó en otros países de Europa del Este.

    Pareciera que los judíos aún temen demostrar su judaísmo en la Hungría post shoá y post comunista, por lo cual se forma una especie de fenómeno de “judíos virtuales”. Sin embargo, en una charla que tuve con jóvenes húngaros, ellos expresaron su orgullo de ser judíos y dijeron que solo los adultos ocultaron su identidad y se avergonzaron de la misma.

    Pareciera ser que sobre la judería húngara cayeron fuertes dificultades, la emancipación, la división comunitaria, la shoá, el gobierno comunista y una fuerte asimilación. Los niveles de asimilación de Hungría son de los más altos de Europa: más de un 80%. La institución del casamiento para la población general no es muy central ni atractivo, y la comunidad judía también se ve reflejada por esto. En total, se llevan a cabo cerca de 13 casamientos judíos por año.

    El siguiente relato demuestra exactamente la situación de los judíos escondidos de Hungría: el viernes en que visité Budapest, pedí volver al hotel en taxi. Cuando subí al mismo, el taxista me dijo “Shalom Aleijem”, en hebreo. Le pregunté de dónde conoce este saludo, y finalmente me dijo: “mi madre es judía… y también mi abuela lo era… así que según lo que se yo también lo soy”. Sin duda, esta persona es judía a nivel halájico, y en las calles de Budapest hay mucho judíos como él, algunos asimilados por elección y otros por cohesión.

    La comunidad ortodoxa es hoy en día una comunidad pequeña, la mayoría ancianos y muy pocos jóvenes, los que hay son en su gran mayoría personas que se tornaron religiosas, y no una continuación directa de la judería ortodoxa húngara. Los ortodoxos originales dejaron Hungría, quien no se fue después de la shoá, lo hizo en el 1956 durante la revuelta civil contra el gobierno soviético, o en 1960 escapando del gobierno comunista.

    En el mismo banco

    En Budapest hay 20 sinagogas (6 ortodoxas y el resto neológicas). Algunas se encuentran activas en las festividades, otras en shabat y muy pocas durante la semana. Las tres sinagogas que existen hoy en día en la comunidad ortodoxa son Kuzintzy, Dashfi y Feshti Shul. El Beit Kneset Kuzintzy fue construido en 1913, con el mismo aspecto que la sinagoga de Frankfurt Demein. La magnificencia y la hermosura se sienten hasta la actualidad. A lo largo de los años, rezaron allí jazanim muy famosos. Asimismo, hay dos sinagogas de Jabad activas, una para la comunidad local y otra para los turistas israelíes. En la comunidad neológica se encuentran activas, además de la sinagoga Duani, otras diez sinagogas medianas y pequeñas. Dichas sinagogas se encuentran activas todos los shabatot y algunas también en la semana.

    Asimismo, en Budapest hay 3 colegios judíos (primario y secundario). En el colegio ortodoxo “Masoret Avot”, en el cual estudian 150 alumnos, se refleja una interesante escena cuando niños religiosos se sientan al lado de niños laicos y estudian en conjunto. Los otros dos colegios son el neológico a nombre de Alexander Scheiber (quien fue durante muchos años el director del Beit Hamidrash LeRabanim), y un colegio comunitario “Lauder”, en cada uno de ellos estudian cerca de 500 alumnos. Asimismo, hay en Budapest 3 restaurantes kosher – dos con kashrut ortodoxa y otro con kashrut neológica, una carnicería kosher, mikve, geriátrico y un cementerio judío. Hasta hace unos años, el sistema de shejitá era doble y separado, uno para la comunidad ortodoxa y otro para la neológica. Hoy en día, el shojet ortodoxo abastece a todos.

    El Beit Hamidrash LeRabanim, el cual fue fundado en 1877, sigue existiendo hasta la actualidad. El objetivo de la institución es el de combinar estudios rabínicos con educación general y siempre ha contado con un lugar de respeto en la historia de la judería húngara. La institución quedó en el marco de la comunidad neológica luego de la división y fue excomulgada por la judería ortodoxa. Bajo el gobierno comunista, el Beit Hamidrash continuó enviando rabinos hacia todo Europa Oriental (incluso el Rabino Shaibitz, ex Gran Rabino de Rusia, estudió allí).

    Los neológicos y los ortodoxos en Hungría no son descendientes biológicos y ni siquiera espirituales de los judíos que comenzaron la división profunda del judaísmo húngaro y el cual dejó sus huellas hasta el día de hoy. Actualmente, los ortodoxos en Hungría representan al público religioso y los neológicos al laico o tradicionalista. Esta división no se produce por ideología, sino por motivos comunitarios y sociológicos.

    En el pasado hubo una profunda desconexión entre la comunidad ortodoxa y la neológica, sin embargo, pareciera que está comenzando a haber una relación entre las mismas. Las dos comunidades son socias de la organización “Brit Hakehilot Haiehudiot” donde el presidente es neológico y su vice ortodoxo. De todas formas, la comunidad ortodoxa continúa manteniendo el nombre “La Comunidad Ortodoxa Autónoma”, lo cual nos demuestra que no depende de su hermana mayor sino que es totalmente independiente en sus decisiones – como pidieron sus líderes anteriores, a nombre de la libertad de culto, cuando fueron al parlamento húngaro a fines del siglo XIX, existir independientemente. Y es así, que su pedido fue concedido.

    Ucrania, Kiev
    Kiev, Ucrania
    Por el Rabino Eliahu Birnbaum
    La tierra que en su momento se encontraba llena de judíos, hoy se encuentra repleta de sus tumbas, identificadas o no, y de algunos judíos-reconocidos y otros que no.

    Ucrania es un país de contradicciones históricas para el pueblo judío. Debido a que en su momento fue un lugar con gran asentamiento judío, muchos de los líderes del Estado de Israel a nivel cultural, político y rabínico (El Baal Shem Tov, Rabi Najman de Breslav, Shalom Aleijem, Ejad Haam, Iosef Trumpeldor, Golda Meir, Efraim Katzir, Levi Eshkol) tuvieron el “mérito” de nacer allí. Pero esta misma razón es la que lo convirtió en un valle de asesinato – tanto en la última generación como en generaciones anteriores.

    En Ucrania es posible comprender qué es la valentía judía. Justamente en el lugar en que fue derramada sangre como agua, se cumple la promesa “vivirás en tu sangre”, y la sangre judía regresa mediante miles de judíos que redescubren su judaísmo.

    El último recuerdo de Kiev como ciudad en los escritos judíos, aparece en una carta de un comerciante judío del siglo nueve, el cual fue encontrado en la gnizá (depósito de libros judaicos y objetos sagrados desechados) de El Cairo. La documentación describe que uno de los comerciantes se endeudó y fue tomado en cautiverio a la ciudad de Kiev, sus amigos escribieron cartas en hebreo a las comunidades judías del mundo para poder juntar el monto necesario para liberarlo.

    Los primeros judíos que se asentaron en Ucrania lo hicieron en el siglo VII, en la época del reinado de Khazar. Las tradiciones históricas cuentan que un grupo de judíos del reinado vino a ver al príncipe Vladimir e intentó convertirlo, pero él eligió convertirse al cristianismo. Benjamín de Tudela recuerda a Kiev como “una gran ciudad llena de judíos”. En el siglo XII llegaron a Ucrania judíos del centro de Europa, y en el siglo XV y XVI llegaron judíos de Polonia.

    Kiev es la capital y la ciudad más grande de Ucrania. La ciudad se encuentra en el norte del país, sobre el río Dniéper.

    Hoy día es una ciudad europea moderna, con un gran desarrollo económico y general.

    Miles de fosas colectivas

    Bajo la conquista nazi durante la Segunda Guerra Mundial, fueron aniquilados la mayor parte de los judíos de Ucrania. El antisemitismo ucraniano y los colaboradores provenientes de la población local asistieron a la máquinaria nazi. Lo que identifica el asesinato de los judíos de Ucrania (y Rusia) por los nazis, es el hecho de que no fueron llevados a campos de exterminio, sino que fueron asesinados en el lugar, en su tierra de “nacimiento”. Los judíos fueron asesinados en masa, en fosas, por unidades de la SS y colaboradores ucranianos.

    Así era el proceso: el ejército ingresaba a la ciudad y después de 2-3 días colgaba carteles informando que los judíos debían reunirse en un lugar determinado y en un tiempo determinado. Los judíos se reunían y eran llevados a pie a una distancia de 5-10 km, fuera de la ciudad. Allí, en una de los valles naturales en general, sin que sea necesario cavar pozos, los soldados mataban a todos mediante disparos. De acuerdo a las estimaciones, hay en toda la ex unión soviética entre 2000 y 3000 fosas comunes. Prácticamente al lado de cada pueblo donde había judíos hay una fosa común.
    Cerca de 900 mil judíos fueron asesinados en Ucrania, el lugar más famoso, el cual pasó a ser el símbolo del asesinato de judíosr es “Babi Yar”. El mismo, se encontraba en el pasado en las afueras de la ciudad de Kiev y hoy se erige allí un monumento en el centro de la ciudad. El 19 de septiembre de 1941, Kiev fue conquistada por el ejército alemán, y luego de 10 días, el 29 de septiembre, 34 mil judíos locales y de los alrededores fueron asesinados en Babi Yar. Los judíos de Kiev llegaron al lugar de encuentro a la hora que les fue dicho y comenzaron a marchar a lo largo de la calle principal de la ciudad, la calle Melnikovsky, hacia el cementerio judío local. Cuando atravesaron la puerta se les ordenó dejar sus pertenencias en el lugar y de a grupos fueron marchando hacia el bosque, ingresaron al valle y allí los asesinaron los nazis.

    A pesar de que Babi Yar se convirtió en lugar de peregrinación para muchos judíos los cuales deseaban transmitir de generación en generación el recuerdo de sus seres queridos, tan solo en 1974 fue construido el monumento de recordación de los caídos. De hecho, el monumento no señala que los caídos eran judíos, sino “ciudadanos ucranianos”. Solo en 1991 fue puesto un cartel el cual reconoce a los asesinados en Babi Yar como judíos.

    En forma milagrosa, el 30 de septiembre de 1941 fue la víspera de Iom Kipur, y desde entonces, Iom Kipur pasó a ser el Día de Recordación oficial de los judíos de Kiev. Cuentan que cuando el Rab Bleich, hoy en día el Gran Rabino de Ucrania, llegó a la ciudad en 1988, se sorprendió al ver lo que sucedía en la sinagoga en Iom Kipur – el Beit Kneset, el cual estaba prácticamente vacío durante el año, se llenó completamente. Cuando llegó el momento de recitar el kadish de duelo, todos los feligreses, desde jóvenes hasta ancianos, se pararon y comenzaron a recitar el kadish. Iom Kipur se transformó en el Iortzait (aniversario de fallecimiento) de la comunidad.

    Los soviétivos negaron dicha masacre en particular y la shoá en general. La Segunda Guerra Mundial tuvo lugar y el “pueblo soviético” perdió 20 millones de sus ciudadanos, y dentro de ellos judíos, rusos, ucranianos, etc. Es cierto, quizás pasó algo allí en Europa, quizás hubo campos de exterminio en Polonia, pero los judíos de la Unión Soviética murieron solo en sus casas.

    Tiempo de infierno

    En Ucrania hay hoy en día cerca de 300 mil judíos, de los cuales 100 mil viven en Kiev, sin embargo la estimación demográfica sobre el número de judíos en el país varía entre 100 mil y medio millón, sin posibilidad de brindar un número exacto. En total hay cerca de 100 comunidades en Ucrania, algunas grandes y la mayoría pequeñas. Aparte de la capital, Kiev, hay comunidades en Tomer, Berdychiv, Odesa, Nikolaiv, Jarkov, Lamberger (Lebov), Chernovil (Sedigura), Daniproptrovsk y Medzhybizh (la ciudad del Baal Shem Tov). En Uman, la ciudad de Rabi Najman de Breslav, hay cerca de 50 judíos, a pesar de que miles de personas llegan al lugar durante las festividades.

    La sensación de quienes trabajan hoy día en el renacimiento de la vida judía en Kiev y en Ucrania en general es de lucha por los sobrevivientes. “Nos encontramos por lo visto en la última generación que es posible salvar judíos”, dicen. Solo los judíos que llegan hoy en día a la comunidad son los que quedarán como público judío. Incluso en la actualidad siguen “descubriendo” judíos ocultos, judíos que nos sabían que tenían raíces judías o que temían confesarlo. En la presente situación en Ucrania, encontrar una familia judía por parte de los cuatro abuelos es algo poco común. Incluso en el colegio de Jabad, donde solo reciben judíos de acuerdo a la halajá, 90% de los alumnos, tienen madre judía pero padre no judío. Los matrimonios mixtos se encuentran prácticamente en todas las familias.

    De acuerdo a las estadísticas que fueron presentadas en el Comité de Aliá y Absorción de la Kneset, menos del 20% de los judíos de Rusia y Ucrania se encuentran expuestos a programas de temáticas judías. La mayoría del millón de judíos (o meritorios de la Ley de Retorno) que viven hoy en Rusia o en Ucrania no se encuentran relacionados con la comunidad, sinagoga o identidad judía.

    En Kiev hay 3 comunidades activas: una en el marco de la sinagoga “Pudul”, a cargo del rabino Iaacov Bleich, el cual se encuentra en la zona hace ya varios años y se desempeña como el Gran Rabino del país; la segunda comunidad es la comunidad “Brodsky”, a cargo del Rabino Asman (Jabad); y en el Beit Kneset “Galaxi” tiene lugar hoy día actividades de la “midrashá sionista” la cual actúa bajo el auspicio de la Agencia Judía, a cargo del Rabino Shlomó Namán (egresado de Straus-Amiel) y mediante la cual se propaga Torá y Sionismo, acercando a las personas de la ciudad al judaísmo.
    En la ciudad hay una sucursal de la Yeshivá “Esh Hatorá”, donde se realizan clases de Torá y plegarias de shabat. A comparación de las 3 o 4 sinagogas activas hoy en día, hay que recordar que antes de la revolución de 1917 se encontraban casi 100 sinagogas en la ciudad. Asimismo, hay seis colegios judíos, tres redes de Jabad, el colegio “Keren Or Hajaim” el cual se encuentra ligado al Rabino Bleich, y otros dos colegios tradicionalistas.

    Los judíos de Ucrania y Kiev no se encuentran a la vista, no llenan las sinagogas a pesar del renacimiento de la comunidad, a pesar del redespertar judaico, religioso y sionista en la ciudad. Los judíos de Kiev siguen viviendo como anusim (forzados), cerrados en ellos mismos, ocultan su identidad, y no transmiten su fe y su identidad a las próximas generaciones.

    Que terrible este lugar

    El edificio del Beit Kneset “Brodsky” fue construido en el año 1898 por un judío famoso y el más grande productor de azúcar de esos tiempos, Lazar Brodsky. El Beit Kneset fue construido con gran resplandor y funcionaba como la Gran Sinagoga de Kiev. En el año 1929, luego de que los comunistas subieron al poder, el Beit Kneset fue cerrado y el edificio fue confiscado para el Club de los Obreros Judíos. Con el tiempo los judíos fueron desapareciendo y el Beit Kneset se transformó en un club para todo tipo de obreros, hasta que finalmente se erigió allí el teatro local de la ciudad de Kiev.

    El edificio fue preservado en forma milagrosa, debido a que cuando los nazis conquistaron el lugar no derrumbaron el Beit Hakneset sino que lo convirtieron en un establo. En el año 1955 el edificio se convirtió en el teatro de marionetas de Kiev, con el auspicio del gobierno comunista. En el año 1992, un año después de que Ucrania se independizó, el presidente Leonid Karbachuk ordenó devolver todos los edificios que fueron confiscados por el gobierno comunista y entre ellos el Beit Kneset. Es importante remarcar que antes de que sea devuelto todo el edificio, a lo largo de los años tuvo lugar un minián de ancianos los cuales aún recordaban al edificio en todo su esplendor, en un cuarto pequeño y pobre al costado del Beit Hankeset. Hoy en día, el lugar sirve como sinagoga, centro comunitario y comedor para los necesitados, hay también una yeshivá para jóvenes, una mikve y un restaurante kosher.

    La sinagoga “Pudul” fue construida en 1902 y abrió sus puertas nuevamente en 1947. En el último tiempo fueron realizadas refacciones y cambió su estilo, ya no se parece a las sinagogas clásicas de la época comunista. Una de las más sobresalientes características de la sinagoga es la frase que se extiende en una de las paredes: “que terrible es este lugar”. Nosotros no estamos acostumbrados a ver este tipo de frases en un Beit Kneset. La tradición relata que los judíos escribieron dicha frase en la pared de la sinagoga no como un versículo que se refiere a la tefilá o a la santidad del lugar, sino a los soviéticos. Que terrible este lugar, literalmente. Este país, este gobierno. Algo como el “hasta cuando” que estamos acostumbrados a ver en las bases militares del ejército. Es interesante remarcar que también en otras sinagogas que se encontraban activas durante la época comunista aparecen versículos que recalcan la relación con el gobierno, como el Beit Kneset en Riga donde se encuentra escrito en el Harón HaKodesh hasta hoy en día: “bendito que no nos puso presa de sus dientes”; y en el Beit Kneset Marina Rosa el cual fue incendiado en el pasado en Moscú se encontraba en el lugar del jazán “por favor D-s salva a mi alma”.

    Gibraltar
    Gibraltar
    Por el Rabino Eliahu Birnbaum
    La colonia británica en el extremo de la península ibérica preserva olores españoles de la España previa a la expulsión, y mantiene una comunidad judía pequeña, antigua y la cual respeta shabat.

    Esta es la historia de una comunidad de 300 años, la cual se caracteriza entre otras cosas debido a que todos sus miembros respetan shabat. Quien camina por las calles de Gibraltar en shabat, verá que más de la mitad de los negocios de la pequeña ciudad se encuentran cerrados, debido a que todos los judíos locales cierran sus empresas. A pesar de que shabat es el día de comercio que más ganancias da, debido a los barcos y a los turistas que llegan a la ciudad – puerto exento de impuestos – no hay un solo judío entre los 600 judíos del lugar que trabaje en shabat o que abra su negocio.

    Gibraltar es sin duda alguna una comunidad judía especial entre las comunidades judías de la diáspora. En el punto más al sur del oeste de Europa, a una distancia pequeña de África, hay un enclave geográfico único, el cual es a su vez un enclave judío en relación al resto de Europa y al mundo entero. Gibraltar es de hecho una mezcla histórica de la comunidad española, británica y marroquí, la cual durante los años desarrolló su suave y amable carácter. El carácter de la comunidad judía de Gibraltar compite tan solo con el increíble paisaje que la rodea.

    Colonia británica con un toque español

    Gibraltar es un país pequeño, con un territorio de aproximadamente 6.5 kilómetros cuadrados. El país cuenta con 25.000 ciudadanos, de ellos cerca de 600 judíos (2.5%). Dicha pequeña comunidad tiene una increíble influencia sobre la ciudad, y los judíos son una parte central de la historia del lugar.

    A pesar de su pequeñez, Gibraltar es un punto estratégico de primer nivel. Aquí se encuentran Europa y África, de norte a sur; y el Mar Mediterráneo con el Océano Atlántico – del este al oeste. El estrecho de Gibraltar “cierra” el Mar Mediterráneo, y desde Gibraltar misma se ve Marruecos y “tras él” todo África.

    No es casualidad que muchos han luchado por controlar el lugar. En el aspecto geográfico, Gibraltar es parte de España, pero en el aspecto militar y político, tiene una gran importancia para los británicos, los cuales lucharon con toda su fuerza por el lugar y lo controlan hasta hoy en día. Hace 300 años que España demanda el control del lugar nuevamente, pero a pesar de todos los intentos, ya sean de guerra o de paz, Gibraltar sigue en manos de los británicos. Desde el siglo XVIII y hasta hoy día, la misma es una colonia británica: el gobernador de Gibraltar es un representante de la reina inglesa (el primer ministro es elegido por los ciudadanos), y los juzgados juzgan de acuerdo a la ley inglesa. Los vuelos directos desde Londres aterrizan en un aeropuerto sumamente único en el mundo – la pista de aterrizaje fue construida como un muelle artificial sobre el agua, de 200 metros de largo. El aeropuerto cruza el centro de la ciudad, y cuando aterrizan aviones, se cierran las calles de alrededor, así como el paso de autos, hasta después del aterrizaje…

    El nombre Gibraltar es al parecer una abreviatura de las palabras árabes “G´iber el Tarik”, el Monte Tarik, el cual es llamado a nombre de un héroe musulmán que conquistó España en el siglo VIII.

    Salvación del ataque de piratas

    Los judíos vivieron en Gibraltar por lo menos desde el siglo XIV. Las reseñas históricas nos enseñan que la comunidad judía publicó un llamado de ayuda (en el año 1356) para liberar un grupo de judíos que fueron tomados prisioneros por medio de piratas. Otro documento demuestra que un grupo de judíos anusim, los cuales se escaparon de las persecuciones en Andalucía, pidieron asentarse en Gibraltar en 1473. Luego de la expulsión de España en 1492, muchos judíos pasaron por Gibraltar en su camino al norte de África. La ola contraria, de regreso del norte de África hacia la península ibérica, creo la comunidad judía de Gibraltar: comerciantes judíos de Tetuán, Marruecos, vinieron a asentarse poco tiempo después de que Gibraltar fue conquistada por primera vez por los ingleses en 1704.

    Desde la prohibición de ingreso hasta primer ministro

    En una de las secciones del acuerdo Utrecht de 1704, donde España transfiere el dominio de Gibraltar a los ingleses, aparece una sección con características antisemitas claras, la cual establece la prohibición del asentamiento de judíos en la península ibérica: “Su Majestad inglesa, de acuerdo al pedido del rey católico, acepta que no se asienten judíos ni árabes en Gibraltar y que no puedan adquirir bienes raíces”.

    Al comienzo, el gobierno británico se esforzó por cumplir con esta restricción y “limpiar” a Gibraltar de sus judíos, sin embargo, las necesidades prácticas de preservar el comercio con Marruecos eran más fuertes que los acuerdos, y llevaron finalmente a la cancelación de dicho artículo. Debido a que Gibraltar dependía de Marruecos en todo lo que se refería a la provisión de alimentos los cuales eran difíciles de traer desde Inglaterra. Dicha dependencia era crítica cada vez que España sitiaba la colonia. Los comerciantes judíos de Marruecos eran los responsables de la transferencia de comida para el ejército británico y para los ciudadanos y así pasaron a ser habitantes del lugar. De hecho, la presencia judía en Gibraltar es continua desde 1704, un hecho poco común en Europa. La shoá no afectó a los judíos de Gibraltar – la cual se mantuvo con soberanía británica durante la guerra. La mayoría de los judíos de Gibraltar fueron evacuados, como el resto de los ciudadanos, ha Inglaterra y Jamaica para que la colonia sirva de base militar de los aliados. Luego de la guerra, volvieron a Gibraltar solo la mitad de los judíos del lugar, y la comunidad se encogió bastante.

    A pesar del mal comienzo, justamente el primer Primer Ministro de la historia de Gibraltar era judío: Sr Ioshúa Jazan. Joshua Jazan dirigió la vida política de Gibraltar durante más de 30 años, primero como Alcalde y luego como Primer Ministro (el líder de los Ministros en términos locales). Y no se trata de un “judío – domesticado”: cuando era Primer Ministro, Jazan era a su vez el presidente del Beit Kneset Nefutzot Iehudá.

    Por supuesto que los judíos también sufrieron por el hecho de que el Primer Ministro era judío, dado que éste, no estaba dispuesto a realizar doble estándar entre los judíos y los habitantes locales y siempre juzgaba a los judíos con más severidad…

    4 sinagogas

    En 1749 fueron quitadas todas las limitaciones legales sobre el asentamiento de judíos en la colonia, y el primer rabino del lugar, el Rabino Aizik Nieto, vino de Londres y fundó la comunidad “Shaar Shamaim”, la más antigua sinagoga de Gibraltar. Con el florecimiento de la comunidad fueron construidos otras sinagogas adicionales: Nefutzot Iehudá (uno de las más lindas y la cual cuenta con grandes decoraciones) en 1781; Etz Hajaim en 1781 y Abudraham en 1820. Hoy en día, las cuatro sinagogas – las cuales no son grandes pero su belleza impresiona y se nota que hay una gran inversión en ellos – siguen existiendo y se encuentran funcionando, mientras que el más antiguo es a su vez el más activo. Una sinagoga para jóvenes fue agregada, la cual funciona en shabat dentro del colegio comunitario.

    Las sinagogas continúan siendo el centro comunitario incluso hoy día. En shabat, todas las 5 sinagogas se encuentran activas y están llenas de feligreses; la comunidad desarrolló una creativa idea para preservar el respeto y el lugar de las sinagogas y para asegurar el uso de las mismas durante la semana. Durante el año, los feligreses mantienen una especie de rotación entre las instituciones. Dividen al año en 4 partes, y en cada Beit Kneset rezan shajarit, minjá y arvit en forma alternada durante tres meses. Cuando es el turno de uno, todo el público se reúne en él durante la semana, y el resto está abierto solo en shabat.

    Esta técnica especial, es una muy creativa forma de preservar las sinagogas y la unión de la comunidad.

    Ecos de la España antigua

    En todas las sinagogas se entonan en Shabat melodías sefaradiot y de acuerdo al rito sefaradí de antes de la inquisición. La mayoría de las costumbres se asimilan a las costumbres marroquíes, sin embargo algunas reflejan las costumbres de España antes de la expulsión. Hasta hoy en día se acostumbra a leer en shabat y jol hamoed pesaj shir hashirim en Ladino, y Pirkei Avot entre Pesaj y Shavuot en Ladino como se acostumbraba en España antes de la expulsión. Una de las canciones que nunca saltearán la mesa de shabat de la familia judía de Gibraltar es la famosa canción “bendigamos”.

    Dicha canción es una plegaria que se dice después de la comida, y que representa una especie de sustituto al birkat hamazón. Los anusim de España y Portugal entonaban dicha melodía, la cual no cuenta con señales judías claras, para no renunciar a la bendición después de las comidas, y a su vez no demostrar su judeidad para con los invitados que venían a su casa. Hoy en día, dicha canción se recita en adición al Birkat Hamazón en muchas casas de descendientes de españoles. La canción es dicha en Ladino.

    El colegio y el lugar de la educación judía en la comunidad

    Pocas son las comunidades pequeñas en el mundo que logran tener su propio sistema educativo judío el cual cuenta con todos los niños de la comunidad. La comunidad judía de Gibraltar tiene un colegio primario donde estudian 90 niños y un secundario separado para niños (22 alumnos) y niñas (16 alumnas).

    Luego de la finalización de los estudios en la secundaria local, la mayoría de los jóvenes viajan a estudiar a Yeshivot de Inglaterra o Israel y continúan sus estudios en las universidades – no hay universidad en Gibraltar – hasta que retornan a Gibraltar por el resto de su vida.

    El Rabino Psifisi, uno de los rabinos que llegó a la comunidad hace 30 años, invirtió su energía en la enseñanza y la educación de los jóvenes. Se centró en un pequeño grupo de niños y niñas con grandes capacidades, dirigió su camino y los envió a estudiar a Yeshivot del otro lado del mar. Los jóvenes retornaron a Gibraltar y con el paso del tiempo se tornaron en los líderes de la comunidad judía. En su momento ellos dejaron su huella sobre la vida en la isla, y cambiaron el nivel de cumplimiento de la tradición religiosa en el lugar. Por supuesto, que esta situación asegura que no hay asimilación en la comunidad judía de Gibraltar, ni matrimonios mixtos. Hoy en día, el Rab Jasid, el Gran Rabino del lugar, continúa haciendo muchas cosas para fortalecer la educadión y la religión en el lugar.

    Muchas veces hay discusiones en las comunidades judías de la diáspora sobre el lugar y la fuerza de la educación judía como el formador de la identidad judía de los jóvenes de la comunidad. Los que están a favor dicen que no hay forma de crear una identidad en general y la identidad judía en particular, sin estudiar las fuentes judías y sin crear un marco de “vivencia judía” tanto para los alumnos religiosos como para quienes no lo son. Los que están en contra, dicen que la influencia de la ambiental y cultural de los distintos países es mucho más fuerte que un par de horas de educación judía que un niño o joven judía recibe durante la semana, y por la tanto no hay mucho beneficio en brindar educación judía.
    La realidad es que la mayoría de las comunidades invierten grandes esfuerzos para que exista un sistema de estudio judío, para continuar preservando y transmitiendo la identidad judía a las generaciones venideras. El ejemplo de Gibraltar es sin duda un gran ejemplo de la fuerza de la educación judía y de lo que la comunidad puede hacer para preservar la identidad judía de la generación joven.

    Acantilado espiritual

    “Gibraltar es una comunidad muy unida. Cuenta con una larga tradición de respeto a las diferentes religiones y culturas. Nosotros nos arreglamos muy bien”, me dijo el presidente de la comunidad, Jaim Levi, cuando le pregunté qué es lo que caracteriza a su comunidad. Y de hecho, católicos, musulmanes y judíos conviven en paz y armonía en Gibraltar.
    Pareciera ser que los días que los judíos enviaban dulces a sus amigos no judíos en purim y los no judíos compraban tortas en las repostería kasher para traer a sus amigos judíos en sus festividades son tan solo un recuerdo, sin embargo aún se puede señalar al lugar como sitio de convivencia pacífica.

    También en la comunidad judía se mantiene la unión y la fraternidad. Esto es posible aprenderlo, de acuerdo al encargado de la sinagoga “Nefutzot Iehudá” de los adornos que se encuentran en la sinagoga. Sobre el Harón Kodesh hay dos piñas grandes. De acuerdo a lo que dice el encargado, no es casualidad que se haya elegido a las piñas para decorar la sinagoga, sino que esto tiene un gran significado, para enseñarnos que en la comunidad debe haber unión. Si quitamos una hoja de la piña, la misma se desarma – así sucede también en la comunidad judía, si quitamos a alguien, la comunidad pierde la unión.

    Gibraltar es una comunidad pequeña, incluso muy pequeña a nivel numérico, sin embargo es grande y fuerte en todo lo que respecta a la vida judía en el lugar. Cinco sinagogas, tres colegios, cementerio, negocios y restaurantes kasher, plegarias, personas que respetan shabat, una yeshiva y un rabino, son sin duda alguna los sígnos de una comunidad pequeña que es grande.

    Gibraltar es conocida en las fotos y en las postales por el gran acantilado en el que se encuentra. Hay quienes la denominan la “tierra del acantilado”. Sin embargo, pareciera ser que el verdadero acantilado que representa a la comunidad es el acantilado de “Tzur Israel”, la fortaleza interna de la comunidad y el hecho de ser una comunidad pequeña pero con una gran fuerza.

    Republica Dominicana, Santo Domingo
    República Dominicana, Santo Domingo
    Por el Rabino Eliahu Birnbaum
    ¿Acaso oyeron mis lectores sobre la República Dominicana? ¿Acaso hay en ella judíos? ¿Cómo llegaron los judíos a dicho país trópico el cual se encuentra rodeado de junglas y su clima es sumamente cálido? ¿Oyeron alguna vez sobre el Shteitl – colonia judía – en medio de ella?

    La república dominicana es un país que se encuentra al este de la isla Española, en el Caribe. El clima trópico el cual trae consigo calor y humedad persiste durante todo el año. La isla donde se encuentra la república dominicana, fue donde Colón paró en su camino al Nuevo Mundo. El hermano de Colón, Diego, era el gobernador de la Isla y su casa se encuentra hasta hoy en día en el centro del país. También los huesos de Colón y su hermano se encuentran enterrados en Santo Domingo. A pesar de que hay quienes dicen que los huesos de los hermanos fueron trasladados a Sevilla, España, quien conoce del tema dicen que el cadáver equivocado fue transferido hacia allí.

    El Shteitel judío

    En 1938, en la víspera de la Segunda Guerra Mundial, cuando muchos judíos se escaparon de los nazis, y varios países no quisieron aceptarlos, el presidente Rafael Trujillo, el cruel dictador, ofreció refugio a cien mil judíos en la república dominicana. Sin embargo, sorprendentemente, solo 645 llegaron a instalarse. Los inmigrantes se asentaron en la pequeñísima costa norte Sosuá, la que hasta ese momento era solo jungla y crearon allí una especie de Shteitel judío, asentamiento colectivo, donde vivían de acuerdo a la tradición judía y compartían una economía agrícola en conjunto.
    A su llegada, todo colono judío recibía 80 acres de tierra, 10 vacas, una mula y un caballo. A pesar de que la mayoría de los colonos era judíos alemanes o austríacos, los cuales poseían un oficio, se adaptaron a la vida agrícola que les ofrecieron y establecieron un asentamiento judío exitoso “Productos Sosuá” el cual produce hasta hoy en día la mayor cantidad de productos lácteos y de carne del país.

    La bondad de Trujillo provenía, por lo visto, de su esperanza de que los países occidentales no se concentren en el asesinato de los 25.000 ciudadanos de Haití en 1937 y de su deseo de “blanquear” su raza. Él, creía que hombres jóvenes europeos se casarían con mujeres dominicanas y darían a luz niños de tez clara. Incluso si no logró purificar su nombre trayendo judíos a su tierra, tuvo razón en que la mayoría de los pobladores era jóvenes solteros y que de hecho se casaron con mujeres dominicanas. Los niños se veían a sí mismo como judíos y la mayoría se quedo en Sosuá.
    Hoy en día, solo 20 de las familias judías originarias quedaron en el lugar. La mayoría de los judíos, de 700 colonos, se mudaron a New York o Miami hasta los años ´40 del siglo XX. Hasta 1980, la ciudad eran tan solo judía, sin embargo, con la apertura de un aeropuerto internacional, Puerto Plata, la misma se convirtió en un gran sitio de visita. Hoy en día, hay 3000 habitantes fijos, entre ellos cerca de 30 judíos, aquellos que se quedaron en Sosuá y mantuvieron sus tierras a lo largo de los años.

    En Sosuá, hay una sinagoga que se encuentra activa, y allí se realizan servicios en las Altas Fiestas, mientras que en el pasado, la misma funcionaba todos los días de la semana. Asimismo, la pequeña comunidad cuenta con un museo el cual está dedicado a la historia de los pobladores judíos.

    Los primeros judíos del país

    Los primeros judíos se asentaron en la zona del Caribe a mediados del siglo XVIII, luego de que dejaron de ser colonias españolas. Los judíos llegaron en forma secreta, como anusim, como todos los judíos anusim, querían distanciarse de la inquisición. Entre los países donde se asentaron los judíos en dicha época, se encuentran principalmente: Venezuela, Colombia, Panamá, Costa Rica y República Dominicana, la cual estuvo bajo el mandato español hasta 1821. La liberación de la colonia del yugo español, les permitió a los judíos expandir sus actividades comerciales y participar en el desarrollo de dicha zona del Nuevo mundo. Luego de la independencia, los judíos españoles de Curazao y de otras islas caribeñas se asentaron en la republica dominicana con apertura y tranquilidad, se casaron con dominicanas, y se integraron en la sociedad. Sus descendientes pasaron a ser presidentes, políticos, educadores, escritores e intelectuales de primera línea. Sin embargo, incluso luego de la independencia de la España católica, quedaron Fuertes centros eclesiásticos que debido a la influencia Española, no veían con buen ojo la llegada de judíos a la zona e intentaron frenar dichas olas. Por tal razón, los judíos debían tener mucho cuidado respecto a su vida religiosa. Los mismos, comprendieron que vivir una vida judía un tanto “oculta” es el precio que deben pagar para poder adaptarse a la sociedad.

    El status de los judíos en el país

    En la descripción de un viajero francés del año 1795, encontramos testimonio de las persecuciones contra los judíos en dicha época: “en Santo Domingo hay muchos judíos… durante la procesión, las mujeres y los niños sostienen muñecas que representan judíos y ellas son colgadas de los tranvías y en las plazas. Los soldados les disparan y a veces asaltan y se destruyen casas judías. El año pasado, fueron asesinados tres de ellos” (extraído del libro Bnei Ahuma Aiehudit Beezor Hakaribi, Mordejai Arbel, pag 247).

    El proceso de independencia de la republica dominicana, no fue fácil ni rápido. En el año 1821 se declaró la independencia del estado luego de una revolución contra el gobierno español. Sin embargo, en ese entonces la Republica Dominicana pasó a manos de su vecino occidental, Haití, y luego fue nuevamente anexada al gobierno español, hasta 1865, en que nuevamente volvió a ser un país libre hasta hoy en día.

    Luego de la liberación de la Republica dominicana del gobierno de Haití, surgió una discusión interna entre la población local y el gobierno, sobre el trato que deben recibir los judíos del lugar y los cuales se ocupan del comercio nacional e internacional. Hubo grupos que pedían regresar a la religión de sus antecesores y a la herencia española antigua y librarse de los judíos tal como hicieron bajo el gobierno español e inquisitorial. Otros, veían en la renovación de la Republica Dominicana, un nuevo fenómeno, el cual poseía una nueva identidad nacional. Estos últimos, veían la necesidad de preservar a los judíos como factor de desarrollo del país.

    En un documento histórico el cual fue escrito por el presidente del país en el año 1846, el Sr. Santana, se encuentra representada la lucha y aparecen consideraciones en pro y en contra, sumamente interesantes, respecto a los judíos locales. El documento responde a las acusaciones contra los judíos, de acuerdo a las cuales los mismos compraron mercadería de los agricultores y personas locales, a un precio sumamente alto.

    “Para el Gran Comandante de La Vega (quien deseaba dañar a los judíos), la comisión de ministros ha debatido hoy sobre la petición que se le ha entregado al presidente mediante el Comandante de La Vega y en ella la solicitud de tomar medidas contra aquellos judíos que se ocupan del comercio en dicho asentamiento. Luego de investigar profundamente, la Comisión de Ministros decidió responder a los acusadores:

    En la petición se ha dicho que cuatro o cinco judíos dañan al país dado que compran onzas de oro y productos agrícolas a precios exorbitantes. Sin embargo, dichas palabras muestran que no es el pueblo quien se queja, ¡dado que ningún agricultor va a quejarse si un judío le da 100 pesos por 100 libras de tabaco, mientras que un comerciante dominicano le dará solo 50!

    Por lo tanto, no hay ningún daño. Al contrario, mucho provecho tiene esto!

    En el siglo XIX, el deseo de perseguir personas calmas y evitar que compren tabaco con excusas religiosas – es una escandalosa profanación de la predicación de Jesús… la oposición de dichos dominicanos debe cambiar. En lugar de oír la voz del instinto, oigan a la voz de la justicia y sean agradecidos. Los cuatro judíos que ustedes persiguen, fueron los primeros en conseguir fondos para la Guerra, mientras que ciertos dominicanos se sentaban cruzados de brazos y dañaban la moral de los patriotas que defendían la libertad de la republica… los judíos no le enseñan sus creencias al resto, y no obligan a otros a cumplir lo que ellos hacen… ellos participan en nuestros actos y sostienen nuestra cultura con sus donaciones.

    Firman: el Presidente, el Ministro del Interior, el Ministro del Exterior y el Ministro de Guerra. Sin ninguna duda, es una carta sumamente impresionante en relación al lugar y la época en donde fue escrita, y es modelo del buen trato que los judíos deben recibir en todos los países donde se encuentren.

    A pesar de esto, en el año 1861 finalizó la época de oro de los judíos en la Republica Dominicana, la cual les dio la igualdad de derechos, y los españoles volvieron a gobernar la zona hasta 1865, siendo Santo Domingo la colonia central de la corona Española. Con el gobierno español, retornó el extremismo religioso y la falta de tolerancia para con los herejes y judíos, a mano del Arzobispo Monzón. La presión de los judíos los llevo a unirse a las fuerzas de oposición civil, las cuales lucharon contra el gobierno español para volver a establecer la República Dominicana.

    Asimilación por elección

    Lamentablemente, la historia de los judíos de la republica dominicana, se encuentra siempre acompañada de asimilación y matrimonios mixtos. Ya desde la llegada de los judíos al país comenzó el proceso de “fusión de los judíos españoles y los dominicanos”. La asimilación dentro de la población local fue por propia voluntad, dado que los judíos recibieron un buen trato, no como en otros países, donde la asimilación fue un proceso que fueron obligados llevar a cabo.

    Familias judías portuguesas que llegaron a la Republica Dominicana, como – Lopez, Penia, Naar, Najamíes, De Castro, todas se convirtieron al catolicismo. Sin embargo, lo que caracteriza a la asimilación de los judíos de Santo Domingo es la perdida de la identidad, mientras que preservan el orgullo judío. Muchas generaciones después de haber dejado el judaísmo, hijos, nietos y descendientes de familias judías preservan orgullosamente el origen de la familia y el hecho de que la misma haya sido judía al comienzo. Muchas veces el judío español dominicano continuo denominándose “hebreo” incluso luego de convertirse. Un increíble ejemplo encontramos en las palabras del presidente de la Republica Dominicana en 1916, el Sr. Francisco Henríquez Carvajal, donde de acuerdo a su testimonio: “soy hijo de padre judío y de madre conversa. No es posible culparla de haberse debido convertir al catolicismo, para mí, es judía”.

    En mi visita a Santo Domingo, oí relatos clásicos sobre abuelos y padres que le contaron a su familia que llevan sangre judía e incluso alma judía, y que había extrañas costumbres de encender velas los viernes por la noche y no realizar trabajos en determinados días.

    El comienzo de la comunidad organizada

    Los judíos de la República Dominicana, no formaron comunidades entre los siglos XVIII – XIX. Es posible afirmar que solo gracias al presidente Trujillo, el cual creó la colonia judía Sosuá y construyo la sinagoga de Santo Domingo en 1958, los judíos pasaron a ser una comunidad organizada.

    Hoy en día, hay en la comunidad cerca de 350 judíos. La mayoría no son locales, solo 50 son descendientes de aquellos inmigrantes originarios, y el resto llegaron por voluntad propia buscando otros horizontes y la expansión del comercio local.

    La comunidad principal se encuentra en la sinagoga que construyo Trujillo, y cuenta con particulares características. En su página web figura:

    “Quienes somos: somos una pequeña pero muy activa comunidad, la cual no se encuentra anexada a ninguna corriente étnica o ideológica actual; deseamos encontrar el “camino de oro” en la práctica de nuestras creencias, lejos de ambos extremos: el liberal y el conservador”.

    Beit Hakneset: nuestro rito lo cumplimos de forma tradicional, en su mayoría en hebreo; no utilizamos sistemas de amplificación de voz; a pesar de que no contamos con una división formal, los hombres y las mujeres se sientan en forma separada; tenemos minian en kabalat shabat y los jueves por la mañana; realizamos iortzait (aniversarios de fallecimiento) y otros eventos particulares del ciclo de vida judío…”. Sin ninguna duda, una comunidad particular, la cual busca un camino que no muy común en el mundo judío.

    Además de la comunidad, el Beit Jabad y el sheliaj que está a cargo del mismo, el Rabino Shimón Felman, sirven como casa judía para los miembros de la comunidad y para las muchas visitas y personas de negocios que llegan al país.

    Italia, Roma
    Roma, Italia
    Por el Rabino Eliahu Birnbaum
    El judaísmo romano cuenta con prácticamente 2000 años de historia continua y de identidad exclusiva. La mañana, la abre el Gran Rabino en el hospital, como cardiólogo.

    Caminar por las calles de Roma, y en especial por la zona del gueto judío, significa sentir los ecos de la larga historia, increíble y continua. Sus comienzos se remontan al Segundo Templo, a los días de los macabeos, y desde el imperio romano – luego de una corta interrupción – la continuación se mantiene.

    Pero por supuesto, Roma es ante todo la capital de la historia del imperio romano y de la iglesia católica. La presencia judía recibe un tono especial debido a que es la ciudad donde se encuentra el Vaticano, asentamiento de los Papas desde hace siglos. ¿Cómo influyeron al carácter judío de la ciudad la caída del imperio romano y las campanas de las iglesias? ¿Cómo vivieron y viven los judíos en el corazón del centro mundial del cristianismo?

    Los dos mil años de esta comunidad particular es una especie de reflejo de toda la historia de la diáspora judía. La luz y la oscuridad que fueron parte de los judíos romanos de la capital católica son una miniatura de las dificultades que pasó el pueblo judío en las distintas diásporas. La forma de la comunidad romana de preservar su existencia física y espiritual incluso en difíciles condiciones al mismo tiempo que aporta e influencia a la cultura local, nos enseña el secreto de la existencia del pueblo judío.

    Ni ashkenazíes ni sefaradíes

    La comunidad italiana no es ni ashkenazita ni sefaradita, como lo son la mayor parte de las comunidades de Israel, sino que tiene su propia y única tradición. Durante una larga época los judíos desarrollaron una cultura independiente la cual no cuenta con similar alguno en el resto de las diásporas. Los judíos de Italia, en su gran mayoría, se encontraban mezclados con sus compatriotas, no tenían una vestimenta especial y hablaban el idioma local; el uso del idioma hebreo se encontraba limitado a la tefilá únicamente. Sin embargo también aquí había un “idioma judío”: “el judaico romanesco”. Muchos escritores romanos escribieron en este dialecto italiano, el cual era conocido por todos los judíos como el ladino para los sefaradíes y el idish para los ashkenazíes.

    Testimonio del largo trayecto de la judería romana, es el estilo romano de la tefilá. El mismo, es el más antiguo de los que conocemos hoy en día, y es el que se reza en la Gran Sinagoga de Roma y en otras sinagogas de la ciudad. La fuente de dicho estilo se encuentra en Babilonia y en otros estilos antiguos de la tierra de Israel. Quien no solo leyó el sidur sino que tuvo el mérito de oír dicho estilo de tefilá, pudo percibir la pronunciación especial de las palabras y las músicas especiales del estilo italiano, las cuales son distintas a las ashkenazíes y sefaradíes.

    El comienzo del asentamiento

    La diáspora romana es la más antigua de las diásporas de Europa. Los judíos se encuentran en Roma desde la época de Julio Cesar, y desde ese entonces la vida judía se mantiene en forma continua en el lugar a distintos niveles, dependiendo de la época. Otras diásporas en cambio, incluso aquellas que cuentan con una larga historia, no lograron tanta continuidad, y esto sin ninguna duda influye al presente de la comunidad y quizás también al futuro.

    El asentamiento judío en Roma fue establecido no más tarde que en el siglo I d.e.c. Ya en dicha época los judíos de la ciudad eran una importante población, la cual contaba con miles de personas. Respecto al número exacto, los investigadores tienen distintas teorías: hay quienes dicen que había 20.000, y hay quienes llegan a 50.000. La mayor parte de los judíos llegó allí de Israel, como prisioneros de guerra de Pompeo y Tito, y se convirtieron en ciudadanos, tan solo cuando fueron liberados de la esclavitud. Asimismo, llegaron a la ciudad judíos que arribaron en la capital por comercio o debido a su oficio.

    En el año 4 d.e.c llegó a Roma una delegación de Israel para pedir que se cancele el gobierno de la casa de Herodes. Dicha delegación contaba con 8000 personas. Parte de ellos, se quedaron en la ciudad y se asentaron en la misma. Hace unos años, descubrieron un esplendoroso Beit Kneset cercano al puerto romano, el cual fue erigido a fines del siglo I. De acuerdo a las investigaciones, ya en dicha época había en Italia cerca de una docena de sinagogas activas.

    Entre Roma y Jerusalem

    La relación entre los judíos de Roma y sus hermanos de la tierra de Israel era muy cercana y cada uno cuidó al otro. Los judíos de Roma donaron ampliamente a sus hermanos de la Tierra Santa y de Jerusalem e incluso luego de la destrucción del segundo templo, continuaron los judíos romanos apoyando a la institución presidencial de la tierra de Israel. Los judíos de Israel sostenían a los judíos de Roma a nivel espiritual y se ocupaban de que la tradición no sea olvidada allí. Esto, lo sabemos debido a que Rabi Matia Ben Jeresh, alumno de Rabi Ishmael, se asentó en Roma y fue nombrado líder del Beit Hamidrash local (Tratado de Sanhedrín 32b). También otros sabios acostumbraban visitar la capital del Imperio Romano de vez en cuando. La visita más famosa es la del Nasí Rabán Gamliel, y con él los sabios de Iavne, en el año 95. En el midrash Devarim Raba se relata: “sucedió cuando nuestros sabios estaban en Roma, Rabi Eleazar, Rabi Eliezer ben Urquenus, Rabi Ieoshúa y Raban Gamliel…” (Simán 24).

    También Filón de Alejandría llegó a Roma en el año 40, junto con una delegación de judíos de Alejandría. El objetivo de la visita era convencer al César Calígula que anule el decreto que obligaba a los judíos poner estatuas romanas en todas las sinagogas. En su diario, comentó Filón, que durante su recorrido por la ciudad, encontró a la comunidad judía reunida en la costa derecha del Tíber.

    Al comienzo, los judíos romanos tenían derechos especiales y recibieron permiso del gobierno para practicar el judaísmo. Julio César los liberó del servicio militar y les permitió reunirse con objetivos religiosos e incluso erigir instituciones judiciales para judíos de acuerdo a la ley judía.

    El dominio del cristianismo sobre el imperio romano en el siglo IV trajo consigo el empeoramiento de las condiciones para los judíos de Roma y del resto del mundo. Luego de que el cristianismo pasó a ser la religión oficial del imperio, el status de los judíos dependía del Papa, y aquel no siempre se preocupó por el beneficio de los israelitas, por decirlo en forma diplomática. La presión de la iglesia llevó a la discriminación de los judíos a nivel civil, económico y religioso. Se les prohibió tener trabajadores católicos, trabajar en puestos públicos y crear nuevas sinagogas. En el siglo V se agregaron otras limitaciones relacionadas con el lugar donde podían vivir, la ropa que debían vestir y el aumento de los impuestos que debían pagar.

    A la sombra del Vaticano

    La relación entre “el trono sagrado” del cristianismo y los judíos locales, puede ser definida como “compleja”, y cuenta con subidas y bajadas – entre ellos también algunas ocasiones crueles y difíciles. Por un lado, tenemos testimonios de judíos que trabajaban en distintos puestos en la curia. Uno de los más interesantes testimonios es del siglo XII, cuando Benjamín de Tudela describe a la comunidad de Roma, y nombra a un judío llamado R. Iejiel – nieto de R. Natan, el conocido exégeta talmúdico el cual escribió el libro “HaAruj” – y que asiste al Papa Alejandro III:

    Roma es la capital de la monarquía de Edom. Y allí se encuentran cerca de 200 respetados judíos y no se le cobra impuestos a nadie. Y entre ellos, hay quienes asisten al Papa Alejandro, líder de Edom. Y allí se encuentran grandes sabios y a su cabeza el Rabino Daniel y R. Iejiel, quien asiste al Papa, y es un bello chico, sabio e inteligente. Y él entra y sale de la casa del Papa y es su empleado y se encuentra a cargo de todo lo relacionado al Papa.

    A partir del siglo XIII, los papas comenzaron a publicar la “bula”, un edicto que defendía a los judíos y los protegía en ciertas áreas pero que no los eximía de determinadas degradaciones. Dicha bula, servía de protección para los judíos de Europa en general y los de Roma en particular, y les permitió a los judíos que se escaparon de Alemania, España y el sur de Italia en los siglos XIV-XV ingresar a Roma y residir allí.

    El Papa Pablo IV, quien ingresó a su puesto a mediados del siglo XV, decretó una legislación anti judía la cual fue utilizada a continuación por casi todos los Papas que vinieron luego de él. Les impuso a los judíos obligaciones y prohibiciones en distintas áreas, entre ellas: la prohibición de poseer casas y tierras, la obligación de que los hombres usen sombreros amarillos y las mujeres pañuelos amarillos, la prohibición de tener empleados católicos, la limitación de la actividad pública de los judíos y la reducción de su trabajo como prestadores de dinero a cambio de interés, la prohibición de tener relaciones sociales con católicos y la obligación de oír la prédica católica en shabat.

    Dicho siglo, es sumamente difícil para los judíos de Roma. Los mismos, fueron obligados a participar de las prédicas de los predicadores cristianos, monjes y curas, las cuales tuvieron lugar en su mayoría en Shabat en el Beit Hakneset. Dado que los predicadores no tuvieron tanto éxito en convencer a los judíos de Roma en convertirse y convertir a otras personas al cristianismo, la iglesia utilizó el secuestro de mujeres y niños pequeños, los cuales fueron tomados a la fuerza de sus familias y convertidos. Dichos eventos continuaron hasta 1870.

    El mismo Pablo ordenó crear un gueto en Roma, en el año 1555. El origen de la palabra gueto se remonta al idioma Italiano, GHETTO, y el primero fue establecido en Venecia – Italia – a comienzos de dicho siglo (1516). Luego de que el gueto de Roma fue establecido, comenzaron proliferar rápidamente nuevos guetos en toda Europa – en Francia, en Alemania y en países adicionales. Pío V continuó el camino de su antecesor, hasta que prácticamente no había ciudades en Italia donde no había guetos. Le debemos, entonces, la palabra y el lugar que pasó a ser el símbolo de la angustia y la persecución de los judíos en todas las generaciones, al “santo trono” y a quien se encuentra en su cabeza.

    Sin embargo, mientras que en otros lugares de Europa habían persecuciones contra los judíos durante la edad media, y comunidades completas fueron expulsadas de sus países, ciudades y pueblos de Inglaterra, Francia y España, justamente en Roma los judíos estaban protegidos de la expulsión, entre otras cosas por la creencia de la iglesia acerca de que la existencia y la diáspora judía son la prueba de la verdad del cristianismo. Esto, se debe principalmente a la interpretación de los cristianos del versículo de los Salmos “No los mates, para que mi pueblo no los olvide” (Salmos 59:12).

    Tan sólo en la época de la emancipación, pudieron los judíos liberarse de la presión eclesiástica, y por supuesto – esto llevó a que los judíos apoyen la revolución. En el año 1798 Roma fue conquistada por los franceses y en honor a dicho hecho, los judíos establecieron el “árbol de la libertad” en la plaza central del gueto, el cual representaba la igualdad de status civil con aquel del resto de los ciudadanos.

    Sin embargo, dicha libertad no duró muchos años y Roma volvió a ser gobernada por el gobierno italiano y papal en el año 1814. Los judíos regresaron al gueto hasta el año 1848, cuando Pío IX destruyó los muros del mismo. Tan sólo en 1870, finalizó el gobierno papal de Roma. Los judíos salieron completamente de su asentamiento en el gueto y su status fue comparado al del resto de los ciudadanos. Dicho acontecimiento, llevó a varios judíos a instalarse nuevamente en Roma. A partir del año 1870 hasta 1930 la población judía de la ciudad creció de 4000 a 11000 personas, y los judíos volvieron a formar parte del área comercial y cultural de la ciudad.

    Camisas Pardas

    El fin de la era papal no trajo consigo el fin del antisemitismo hacia los judíos romanos. En el año 1934 apareció el partido fascista, el cual declaró a los judíos el enemigo del movimiento y del pueblo. A pesar de la gran afinidad entre los judíos y la cultura y la sociedad romana, y quizás justamente por eso, los judíos italianos sufrieron la dictadura fascista la cual los quitó de los puestos públicos y de los colegios. Así, a pesar del deseo de los judíos italianos de asimilarse a su alrededor e incluso mezclarse en la cultura local, les fue nuevamente recordado su status particular.

    En la víspera de la shoá, en toda Italia había 43000 judíos, y doce mil de ellos en Roma. 7000 judíos italianos fueron enviados a los campos de exterminio, y tan solo 800 fueron salvados. La mayor parte de los judíos de Italia – cerca de 30000, se escondieron durante la guerra en distintos lugares, en especial en casas de vecinos, curas y en monasterios. Cerca de 4000 judíos romanos encontraron albergue en instituciones eclesiásticas. Inmediatamente luego de la guerra la comunidad romana fue restaurada y una década después, ya contaba nuevamente con 12000 judíos.

    En Roma, sucedieron dos tragedias, más allá del exterminio de 2000 judíos. Una, la más conocida, fue la negativa del Papa Pío XII de condenar el asesinato de judíos en la shoá. La segunda, fue una tragedia local: el Gran Rabino de Roma, el Rabino Israel Zolli, se convirtió al cristianismo poco tiempo después de la guerra. Dicha figura pública, encontró refugio en el Vaticano durante el período bélico, y con la liberación de la ciudad en 1945, el mismo fue alejado de su puesto debido a sospechas que durante la guerra había entregado listas de judíos al ejército Nazi. Zolli eligió convertirse al cristianismo. El Rabinato lo recibió el Rabino David Prato y luego el Rabino Elia Tabaf, el cual se desempeñó en dicho puesto durante 50 años.

    Los judíos romanos en la actualidad

    Los judíos romanos e italianos se dividen en dos grupos: los judíos italianos auténticos, “de Roma”, descendientes de aquellos que se asentaron en la zona durante el imperio romano; judíos de ascendencia sefaradí los cuales llegaron después de la expulsión de España en los siglos XVI y XVII; judíos sefaradíes que llegaron en el siglo XX, principalmente de Libia, Irán, Egipto e Iraq; judíos ashkenazíes, quienes arribaron a Italia producto de las persecuciones.

    A pesar de la división sociológica e histórica, es difícil decir que las diferencias son tangibles. Gran parte de los emigrantes a Italia se “asimilaron” a la cultura judía italiana y adoptaron las costumbres del lugar, desde los gustos gastronómicos y hasta las músicas y las tefilot. Otros continúan respetando las costumbres de los lugares de donde provienen, pero se han integrado de forma completa en la vida comunitaria y social. Así, la comunidad de Roma es sumamente distinta a la de Milán por ejemplo, la cual a pesar de ser la segunda más grande de Italia, no tiene fuertes raíces y es producto de la “reunificación de las diásporas” de judíos que llegaron de Persia, Lubia, Siria, etc.

    Incluso hoy en día, hay en Italia – a diferencia de la mayor parte de Europa – una gran dispersión geográfica de los judíos a lo largo de la bota italiana. En Roma viven cerca de 15000 judíos, la mayor parte de la judería italiana; en Milán 10000. El resto de los judíos italianos se dividen en comunidades medianas de 500 a 1000 judíos en Torino, Venecia, Florencia, Livorno y Trieste, y comunidades pequeñas las cuales cuentan con entre 100 y 200 judíos, en ciudades tales como Bolonia, Génova, Nápoles, Padua y Piza – comunidades que en su mayoría se encuentran en proceso de desfallecimiento. En comunidades “miniatura” como Sicilia, Apulia, Vari o Torino en el sur de Italia hay una cantidad de judíos que no llega a minián. En total se trata de 30.000 judíos, los cuales se encuentran dispersos en más de treinta ciudades o pueblos. Los judíos de Italia viven con plena asimilación: de acuerdo a los líderes locales, en las comunidades pequeñas el porcentaje de matrimonios mixtos llega al 80%, mientras que en las grandes es de aproximadamente el 50%.
    Es importante recalcar, que la investigación que se llevó a cabo a comienzos del siglo XXI nos demuestra que el 62% de los judíos que fueron elegidos no ven al matrimonio mixto como algo negativo.

    Beit Midrash para rabanim

    Entre las más respetadas instituciones del judaísmo romano es posible recalcar a un antiguo instituto y a uno nuevo. El instituto que cuenta con una larga historia es el Beit Hamidrash para Rabinos el cual fue establecido por Shmuel David Lutzato, Shadal en Pádova en el año 1829, y más tarde se trasladó a Roma. Desde su comienzo, el Beit Hamidrash capacita sin descanso a generaciones y generaciones de rabinos de acuerdo a la costumbre italiana, combinando el estudio de Torá con el de materias seculares. El nuevo instituto, es una universidad judía, “Touro Colleage”, con la presidencia del Rabino Dr. Shalom Bachbut – única institución europea leal a la integración clásica la cual era costumbre en Roma entre el judaísmo y la cultura general.

    El gran rabino de Roma, el Rabino Dr. Di Seni, continúa una larga tradición italiana, la cual proviene de la edad media, de rabinos que eran a su vez médicos. El Rab Di Seni comienza su día como médico y continúa después del mediodía como Gran Rabino y curador de almas. Debido a su puesto, el mismo sirve como la figura espiritual, y como tal asiste a los judíos de la comunidad romana, y como “ministro de relaciones exteriores” en todo lo que tiene que ver con el Vaticano y el gobierno italiano a nivel religioso.

    Uno de las figuras más activas por el fortalecimiento de la judería romana y de las comunidades pequeñas, es el Rabino Rubén De La Roca, director educativo de la “Federación de Comunidades Italianas”, organización que abarca a todas las comunidades italianas, fue establecida de acuerdo a la ley estatal y cuenta con apoyo presupuestario del gobierno. De acuerdo a la legislación local, la cual comienza en 1930, todos los judíos italianos deben pertenecer y estar inscriptos en una de las comunidades judías del país, y parte de los impuestos que el particular abona son transferidos directamente a su comunidad. Este modelo es sumamente extraño en la edad moderna, donde en su mayoría, la pertenencia a comunidades en el mundo occidental es voluntaria y un tema netamente organizativo de los judíos, y no un asunto gubernamental.

    De hecho, los judíos romanos le deben gran parte de su supervivencia al gobierno fascista, el cual legisló en 1938 una ley que defiende la “raza italiana”, y así prohibió a los niños judíos y a otros, estudiar en los colegios primarios donde estudiaban los “arios”. Esto, llevó a la apertura de instituciones judías para los niños que fueron expulsados de los colegios estatales. El colegio judío de Roma, incluye desde jardín de infantes hasta fines del secundario y cuenta con cerca de 1000 alumnos.

    En Roma, hay más de diez sinagogas activas, cuando la más grande e importante es la Gran Sinagoga de Roma donde continúan rezando de acuerdo a la tradición originaria y antigua de los judíos romanos. Además del Beit Kneset, la comunidad de cuenta con todo lo necesario para poder vivir una vida judía y religiosa, colegios judíos, geriátrico y hospital judío, instituciones de bienestar, movimientos juveniles sionistas, revistas judías, tribunales rabínicos, biblioteca, museo que relata la historia de la comunidad y muchas clases de Torá.

    El arco del triunfo y la costumbre del lugar

    Quien llega a Roma, no puede no visitar el arco del triunfo, el cual representa el triunfo pasado del imperio romano sobre el pueblo judío, durante La Gran Revolución en el año 70. En los relieves del arco – el cual se encuentra allí cerca de 2000 años – hay esculpidos prisioneros del imperio de Iehudá los cuales llevan consigo los instrumentos del Beit Hamidkash e ingresan derrotados a la capital romana. Una práctica común entre los judíos romanos es el no pasar bajo dicho arco. Quienes conocen del tema, cuentan que los judíos de Roma pasaron bajo el arco del triunfo solo una vez y en el sentido contrario. La fecha de dicha marcha fue el día del establecimiento del Estado de Israel, el 5 de Iyar de 5708, y la dirección de la marcha fue hacia el sur, hacia Eretz Israel.

    Así, mientras que el Pueblo de Israel y el Estado de Israel existen y se fortalece cada vez más, de Tito y del imperio romano no queda más que el Arco del Triunfo. Y así dicen los judíos de Roma: “Tito, quien destruyó el Beit Hamikdash y exilió a los judíos de la Tierra de Israel, ¿que quedó de él?, un monumento, un lindo monumento…”.
    A pesar de la larga y complicada historia de los judíos romanos, los mismos se encuentran orgullosos de su identidad judía y romana, y de su camino especial, tomando un sitio de honor en la historia de nuestro pueblo. El antiguo gueto judío ya no es lugar de vivienda, sino una zona turística, con restaurantes kasher, sinagogas y en especial un ambiente con olores del pasado los cuales fueron preservados en las calles del gueto y representan el pasado glorioso de la comunidad romana.

    Comments are closed.