• Historia y redención, de la destrucción del segundo templo al Estado de Israel

    historia olim g
    “El mesías nació el día de la destrucción del Santuario”.

    y desde que nació el mesías, las fuerzas de redención del
    pueblo de Israel se agitaron por caminos invisibles y ocultos,
    los cuales solamente de vez en cuando, se revelaban a nuestros
    ojos y asimismo aparecían comprensibles a los humanos. Este
    largo e invisible camino nos condujo, después de casi 1900 años,
    a las puertas de la redención perceptible por toda la humanidad,
    a la vuelta del pueblo de Israel a su país y a la proclamación de
    su estado independiente.

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    Años después de la victoria de Roma sobre la Judea rebelde
    (año 70), aún existían en el país islotes de oposición judía
    (ejemplos: la fortaleza de Masadá conquistada en el año
    73). Alrededor del año 130, estalló la gran rebelión de Bar
    Kojbá ayudado por el renombrado Tanná Rabbi Akivá. Bar
    Kojbá gobernó en Jerusalem durante más de tres años, hasta que
    al fin fue vencido en Betár en el año 135. Con este acontecimiento

    la región sur del país se vació casi completamente de sus
    habitantes judíos, y la población agrícola judía se concentró en
    la Galilea, en la que siguió viviendo varios cientos de años.

    El país jamás fue evacuado completamente por sus habitantes
    judíos. Numerosas fueron las ordenanzas promulgadas por los
    Doctores de la Ley (Tannaím, Amoraím, etc.), tanto para impedir

    a los judíos abandonar Eretz Israel como para incitarles
    a volver al país. – Sin embargo, en la época del Talmud y aún
    más en la de los Gueonim, los centros importantes de población
    judía existieron fuera de Israel. En el curso de las generaciones
    sucesivas, los anhelos de redención y la nostalgia de la Tierra
    Santa, atrajo al pueblo de Israel hacia Eretz Israel, sea

    individualmente o por familias, sea por grupos de más importancia,
    los cuales se vieron forzados a luchar contra diversas y terribles
    dificultades no solamente para llegar hasta Israel, sino también
    para instalarse en ella. Los judíos de la diáspora estimaron como
    obligación ayudar a estos inmigrantes y preocuparse por su

    establecimiento – (después de varias generaciones, se creó una caja
    de socorro en nombre del venerado Rabbi Meir Baal Hanés).

    Cada ola de emigrantes, ya fuesen aislados o por grupos,
    hacia impresión (encontramos huellas de este efecto en la literatura
    de la época) y despertaba de nuevo el deseo nostálgico que
    conducía a la formación de nuevas olas de emigración. Citemos
    algunas de las más renombradas: La emigración de 200 rabinos
    de Francia é Inglaterra (1211), la de Rabbi Moshé Ben-Nahrnan
    de Provenza (1267), la de Rabbi Ovadia de Bertinoro de
    Italia (1486), la de los expulsados de España y la de Don
    Yoséf Hanassi (reconstrucción de Tiberiades a comienzos del
    siglo XVI), la de Rabbi Yehuda El Hassid y su grupo (1700)
    etc. etc. Los apuros y las persecuciones que existían en Eretz
    Israel, reducían y empequeñecían siempre la población judía
    del país; no obstante, en todas las épocas y en todas las generaciones
    se unieron a ella nuevos inmigrantes. Hubieron familias
    cuyas antepasados jamás abandonaron Eretz Israel (aún actualmente
    se encuentran elementos de este Yishúv en la aldea de
    Pekiin, en la Galilea).
    A fines del siglo XVIII y a comienzos del XIX, el número de
    judíos en Eretz Israel aumentó de forma apreciable, gracias a
    la inmigración de numerosos grupos de varios países de Europa:
    En 1777 tuvo lugar la inmigración de un grupo de Hasidim
    bajo la dirección del Rav Mendel de Vitebsk (Rusia), algunos
    años más tarde (1808) la de los alumnos del Gaon de Vilna
    (Lituania), seguida de la de los alumnos de “Hatarn Sofér”
    (Hungría) y de otros grupos, grandes y pequeños, como asimismo
    de familias aisladas, de varios países. A mediados del
    siglo XIX, el número de judíos establecidos en Eretz Israel, se
    eleva a 15.000 almas.

    En aquella época se sitúa el comienzo de un gran despertar
    hacia la redención, y quedó iniciada la búsqueda de nuevos caminos,
    los cuales condujeron de modo directo y visible, a la proclamación
    del Estado de Israel en Mayo 1958. Los precursores
    teóricos de estos nuevos intentos fueron: Rabbi Zvi Hirsch
    Kalischer (1795-1874) de Thorn, Prusia oriental (el Kibbutz
    Tirat Zvi, en el valle de Beth Shéan le debe su nombre) su
    colega Rabbi Eliahu Gutmacher (1796–1874) de Graetz, Prusia
    (cuyo nombre fue ,dado al Kibbutz Sdé E1iahu, vecino de Tirat
    Zvi) y Rav Yehuda Hai Alcalaí (1788-1878) de Zemlin, Bosnia
    que falleció en Jerusalem. Estos tres Rabbanim propagaron
    en sus libros y escritos el punto de vista según el cual nos incumbe
    la obligación de iniciar los esfuerzos colectivos en pro
    del retorno a Eretz Israel, tanto por medio de actividades políticas
    como por medio de una colonización agrícola organizada.
    En ese tiempo, vivía en Inglaterra Sir Mases Montefiore
    (nacido en Livorno en 1784 y fallecido en Ramsgate en 1885),
    quien visitó Eretz Israel siete veces (casi siempre en compañía
    de su esposa Yehudit; la última vez en 1875 a la edad de 91
    años). Por medio de su gran influencia política y de sus importantes
    medios financieros, Sir Mases Montefiore, facilitó, no
    solamente el establecimiento de numerosos judíos en Eretz Israel,
    sino también la reconstrucción del país y el desarrollo de la
    población agrícola.
    Aproximadamente en la misma época empezaron a fundarse,
    en varios lugares, sobre todo en los países de Europa oriental,
    asociaciones para favorecer el establecimiento de los judíos en
    Eretz Israel. Dichas asociaciones fueron conocidas más tarde
    bajo el nombre de “Hovevé Sion” (“Los Amantes de Sion”) y
    hubieron miembros que pensaron o intentaron iniciar negociaciones
    políticas con el fin de obtener Eretz Israel para el pueblo
    judío. – Como consecuencia de toda esta actividad, nacieron los
    primeros núcleos agrícolas judíos en Eretz Israel. En el año
    1870, Carlos Netter, miembro del comité Director de la Alianza
    Israelite Universal, fundó la famosa escuela de agricultura Mikvé
    Israel y en 1878, los judíos de Jerusalem fundaron la colonia
    de Petah Tikva.
    En los años 1881-82 estalló en Rusia una serie de pogromos
    (matanzas), provocados y animados por el gobierno Zarista.
    Este terrible mal trajo consigo su propio remedio, pues como
    consecuencia de los sucesos, el movimiento de “Hovevé Sion”
    se hizo fuerte y muchos de sus miembros adoptaron la solución
    de emigrar a Eretz Israel. Un grupo de estudiantes se organizó
    ba jo el nombre de “Bilu” (sigla del versículo “Beth Yaacov
    Lejú Veneljá”. – “Pueblo de Jacob, venid é iremos….) los cuales
    emigraron a Eretz Israel y fundaron en 1882 la colonia de
    Rishón Le-Sión y más tarde la de Guedera. En el mismo año,
    Judíos de Rumanía fundaron Zijrón Yaacóv y Rosh Piná.
    Otras colonias en la Judea y en la. Galilea fueron también
    fundadas en este período. También la inmigración de los Judíos del
    Yemen aumentó a partir de este año. Sin embargo, el entusiasmo
    y la fe únicamente, no bastaban para mejorar la situación
    inconmensurablemente dura de estos nuevos agricultores, dadas las
    terribles condiciones de vida en esa época. La salvación se presentó
    bajo la forma de ayuda ofrecida por el Baron Edmond de
    Rothschild (1845-1934) quien, influenciado por algunos Jefes
    de “Hovevé Sien” y principalmente por el Rav Samuel Mohilever

    (1824-1898) de Bialystok, consagró sus fuerzas físicas
    y financieras a la empresa histórica del retorno de Israel a su
    país, por lo cual mereció el título de “Padre de la colonización”
    (numerosos años fue mencionado el barón de Rothschild, en
    los círculos de “Hovevé Sion”, como “El célebre bienhechor”
    [Nadiv] y actualmente, el terreno donde está erigida su tumba,
    lleva por nombre “Rarnat Hanadiv” (La colina del Bienhechor).

    Las actividades de los grupos de “Hovevé Sión” y el lento
    desarrollo de las colonias judías en Eretz Israel fueron continuados
    paulatinamente en el último cuarto del siglo XIX, de forma
    que, en el año 1900, el número de judíos alcanzó la cifra de
    50.000, que vivían en cuatro ciudades y veintidós colonias.

    En el año 1895, el Dr. Teodoro Herzl (nacido en Budapest,
    1860-1904), escribió en Paris el folleto “Der Judenstaat” publicado

    en 1896 en Alemán y luego en Inglés y en Francés. La
    idea del sionismo político provocó inmediatamente un gran
    entusiasmo en todos los círculos judíos del mundo y en 1897
    se reunió en Basilea el primer Congreso Sionista cuyo objetivo
    fue el de fijar el famoso “Programa de Basilea”: “El sionismo
    aspira a crear para el Pueblo de Israel un Hogar nacional en
    Eretz Israel, garantizado por la legislación de las naciones”.
    En los primeros congresos y durante sus intermedios fueron
    realizadas varias acciones políticas y creados los órganos necesarios
    para la obtención del fin sionista: El Banco Nacional
    (Jewish Colonial Trust) el Keren Kayemet (Fondo Nacional) etc.
    En 1908 fué fundado un barrio judío en las cercanías de Yafo
    del cual, más tarde, nació la ciudad de Tel-Aviv. A pesar de
    los gravamenes y de las trabas impuestas por las autoridades turcas,
    al comienzo de la primera guerra mundial, habían en Israel
    85.000 judíos y el número de colonias agrícolas se elevaba a
    más de 40. La lengua dominante fue el hebreo, vehículo necesario
    para unir grupos procedentes de países tan diversos. Una red
    de escuelas hebreas, de todos grados, había sido organizada.

    Durante la primera guerra mundial, los judíos en Eretz Israel
    sufrían enormemente bajo la dominación de los turcos y por
    consiguiente la población disminuyó. Numerosos fueron los que
    quedaron desterrados de Eretz Israel, ya por ser ciudadanos de
    países enemigos (Rusia) o por ser sospechosos de simpatizar
    con los Ingleses, cuyos ejércitos se aproximaban al país. Muchos
    fueron martirizados con crueles suplicios (y también ejecutados)
    acusados de espionaje en favor del enemigo. De esta penible
    situación, el Yishuv fue liberado por la entrada de los Ingleses
    en Eretz Israel. En vísperas de Hanuká del año 1917, el general
    Allenby efectuó su entrada en Jerusalem, a la cabeza de sus
    ejércitos, y menos de un año después, el norte del país se encontró
    igualmente liberado.

    Entretanto los dirigentes sionistas se esforzaban por obtener
    de las naciones aliadas la promesa de satisfacer, al cesar la
    guerra, la aspiración del pueblo de Israel hacia su tierra. El Dr.
    Haim Weizman (nacido en Motyle, cerca de Pinsk, en el año
    1873; fue elegido en 1949, por la primera Knesset, para el alto
    cargo de Primer presidente del Estado de Israel, falleció en
    1952 en Rehovot), joven dirigente sionista y distinguido sabio
    en el dominio de la química, hizo un importante descubrimiento,
    cuya aplicación ayudó a Inglaterra en los momentos más difíciles
    de la guerra. Cuando le preguntaron que recompensa hubiera
    deseado por el gran servicio rendido, pidió, no para él, sino
    justicia para su pueblo errante, a fin de que pudiera volver a su
    patria. Así tomó contacto con los hombres políticas ingleses y,
    entre ellos, con James Arthur Balfour (1848-1930), ministro
    británico, (desde 1922 – Lord Balfour) en cuyo corazón despertó

    una gran simpatía por el ideal sionista y por cuyo medio
    fue hecha, por fin, la famosa declaración, según la cual, “El
    gobierno de su majestad ve con buenos ojos el establecimiento
    de un hogar nacional judío en Eretz Israel”.

    Como se temía que la promulgación de dicha declaración fuera
    anulada por causa de la oposición de círculos asimilacionistas
    muy influyentes, el Rav Kuk Gran Rabino de Yafo, que se encontraba
    en ese momento en Inglaterra manifestó enérgicamente
    su opinión. En su declaración, leída en las sinagogas y publicada
    en la prensa, demostró Rav Kuk la falsedad de los que argumentaban
    que no hay ninguna relación entre la Torá de Israel y
    los aspiraciones nacionales del pueblo y que la voluntad de
    volver a Eretz Israel no es más que una aspiración política y
    no un asunto religioso. Sus palabras hicieron gran impresión en
    los círculos competentes y la Declaración Balfour fué promulgada
    la víspera del Shabbat Vayerá 5678 (2 Novembre 1917), a
    pesar de la oposición de las asimilacionistas. Algún tiempo después,
    el ejército inglés conquistaba Eretz Israel.

    Cuando se reunieron, después de la guerra, los jefes de las
    naciones victoriosas, en San-Remo (Italia), decidieron en Abril
    1920, a pesar de la oposición manifestada por varios sectores,
    de incluir la declaración Balfour en el tratado de paz con Turquía
    y de confiar al gobierno británico el Mandato sobre Eretz
    Israel, según el cual, Inglaterra se obligaría a ayudar al
    establecimiento del hogar nacional judío. El mandato fue aprobado,
    por el consejo de la Sociedad de Naciones, el 22 de Junio de
    1922. Desde antes de esta fecha, el gobierno británico envió a
    Eretz Israel a título de Alto Comisario, al Ministro judío Sir
    Herbert Samuel (nacido en Liverpool en 1870) el cual siguió
    desempeñando su cargo hasta 1925.

    Estos sucesos, que representaban un gran progreso en la
    marcha política de la redención, despertaron un gran entusiasmo
    en todas las comunidades judías. De nuevo empezó la inmigración
    y empezaron a afluir los medios financieros para la construcción
    del hogar nacional.

    La población judía en Eretz Israel que era de 56.000 almas
    después de la primera guerra mundial, absorbió hasta fines del
    año 1929 cerca de 80.000 inmigrantes y alcanzó, incluyendo el
    aumento natural, la cifra de 160.000 almas. En aquel tiempo
    fue creado el “Fondo de la redención” transformado más tarde
    en “Fondo de reconstrucción” (Keren Hayessod, comprendido
    actualmente, en la mayoría de los países, en la “Campaña Judía
    Unificada”) .
    A raíz de esta gran evolución del sionismo, tuvo lugar en
    Agosto 1929, inmediatamente después del 16° congreso sionista,
    una imponente reunión de los más importantes jefes y personalidades judías de todos los países. En esa reunión (donde se hallaba, entre otros, el profesor Albert Einstein), fue creada la Agencia Judía para Eretz Israel la cual, desde entonces, participa activamente en todos los cometidos de la construcción del país.
    Este progreso en la marcha de la reconstrucción del hogar
    nacional, despertó aún más la envidia y el odio de los enemigos
    de Israel, tanto entre los árabes de Palestina como entre los
    Ingleses de la administración local y del gobierno de Londres;
    los cuales, mismo desde antes, trataron de estorbar la construcción
    judía y de poner obstáculos al retorno a la patria. En aquel
    tiempo se produjeron disturbios sangrientos organizados por
    elementos árabes amotinados y también apoyados por los
    funcionarios del gobierno del Mandato. Fueron matados hombres,
    mujeres y niños (entre otros, 60 estudiantes indefensos de la
    Yechivá de Hebrón). Arrancaron árboles, destruyeron edificios,
    atacaron colonias, sembrando la destrucción y el abandono.

    Simultáneamente comenzó la ofensiva política, fueron enviadas
    a Eretz Israel comisiones de encuestas de cuyas conclusiones se
    sirvieron para reducir la inmigración, prohibir la adquisición de
    terrenos por los judíos y obstaculizar sus pasos en diferentes
    actividades.
    También estos golpes que cayeron sobre el hogar nacional
    sirvió de estímulo a la población judía de Eretz Israel así como
    al pueblo judío en la Diáspora. Se reforzó y se extendió la
    defensa propia de los judíos (“Hagana”), creció la afluencia
    de hombres y de medios económicos y se aumentó el ritmo de la
    construcción y fomento del país.
    En el año 1933 el nazismo tomó el poder en Alemania extendiéndose rápidamente a otros países, dando lugar a una imperiosa obligación de salvar a nuestros hermanos perseguidos y expuestos al peligro. El Yishúv se ofreció a ello y aumentó sus esfuerzos sobrehumanos. Con una población de 190.000 almas, absorbió en los tres primeros años alrededor de 150.000 nuevos inmigrantes principalmente de Alemania y de los países que estaban bajo la dominación nazi. La propiedad agraria judía alcanzó a 1.230.000 Dunamos y el número de colonias llegó a
    180. Este prodigioso desarrollo causó un gran descontento a los
    árabes y a otros enemigos de Israel y en 1936 estallaron nuevos
    disturbios sangrientos, esta vez más prolongados, más crueles
    y mejor organizadas que en la primera. El Yishúv entero se
    convirtió en un campamento militar movilizado sin abandonar
    por eso la tarea de la construcción, exactamente como en tiempos
    de Nehemiá: “Con una mano trabajaban en la obra y en la
    otra tenían la espada – – y la noche era para la guardia y el
    día para la obra”. Para crear una nueva colonia, era necesario
    hacerla secretamente, durante la noche y rodearla inmediatamente
    de una muralla de defensa. No se podía salir a los campos
    sin estar armados y escoltados. Para circular por las carreteras
    se necesitaban automóviles blindados. Sin embargo, la obra de
    reconstrucción no cesó sino que, por el contrario, aumentó.
    Cuando las autoridades limitaron la cuota de inmigración y al
    mismo tiempo aumentó el peligro en que se hallaban los judíos
    en los países donde dominaba la iniquidad, se organizó en gran
    escala la inmigración ilegal (“Aliya Béth”) la cual, a costa de
    grandes esfuerzos y de mucha astucia, encontró diversas vías,
    tanto en Eretz Israel como fuera del país, por mar, tierra y aire,
    para salvar a los judíos de los lugares peligrosos y traerlos a
    Eretz Israel. La tensión entre el Yishúv y el gobierno británico
    – gobierno que hubo aceptado el mandato precisamente para ayudar
    a la construcción del hogar nacional, y cuyo mandato traicionó –
    seguía en aumento.

    En 1939, el gobierno británico promulgo un nuevo documento
    (“El libro blanco”) con la intención de destruir completamente
    el hogar nacional: la inmigración de los judíos sería anulada,
    la adquisición de terrenos y el fomento quedarían autorizados
    únicamente en una pequeña región donde la población judía
    era muy densa y que estaba, en gran parte, desarrollada – esta
    región representaba 5 % de la superficie total de Eretz Israel.
    Un formidable levantamiento en contra de esta ley de
    estrangulación se produjo en el Yishúv – “no nos someteremos”-
    cuyo eco se dejó oír entre los judíos de la Diáspora como igualmente
    en la Sociedad de Naciones, en el parlamento británico y entre
    los hombres de buena voluntad de todos los países. En
    esa situación sobreviene la declaración de la guerra: los nazis
    ocuparon Polonia. El pueblo judío en Europa é inclusive el

    Yishúv en Eretz Israel, rodeado de enemigos del exterior y del
    interior, se encontraban en gran peligro. Sin embargo, la guerra
    contra el nazismo a la cabeza de la cual se colocó Inglaterra.
    fue para los judíos una guerra de obligación y también los
    judíos de Eretz Israel consideraron un deber participar en ella.
    Por consiguiente las instituciones del Yishúv hicieron saber al
    gobierno británico: “lucharemos contra vosotros a causa del
    ‘Libro blanco’, como si no existiera el nazismo y lucharemos a
    vuestro lado, contre el nazismo, como si no existiera el ‘Libro
    blanco'”. Esta promesa difícil- y casi imposible de realizar, fue
    cumplida admirablemente por los miembros del Yishúv.

    Conjuntamente con las empresas de construcción y de fomento
    erigidas contra la voluntad de los ingleses y en oposición a sus
    edictos, nació la industria de guerra en el Yishúv que sirvió
    de importante ayuda a los ejércitos aliados. Jóvenes de ambos
    sexos fueron separados de tareas importantes y movilizados para
    el servicio de la guerra – utilizados tanto para los trabajos corrientes
    del ejército como para misiones especiales y peligrosas –
    rindiendo apreciables servicios al esfuerzo de guerra, sin dejar
    de ocuparse igualmente de la salvación de los judíos, encaminándolos
    hacia Eretz Israel por medio de la Aliya “ilegal”.

    Cuando llegaron al Yishúv las primeras informaciones sobre
    el terrible exterminio realizado por los nazis detrás de las líneas
    de combate Europeas, se movilizaron decenas de jóvenes
    paracaidistas de ambos sexos que fueron lanzados en territorio
    enemigo, cumpliendo misiones de sabotaje en favor de los aliados
    y especialmente misiones de salvación en favor de los judíos.
    Muchos de ellos perecieron tarde o temprano a manos del enemigo
    sin que se supiera nada de ellos, otros consiguieron dar
    noticias sobre el cumplimiento de sus cometidos. Hechos semejantes
    fueron igualmente realizados en los países árabes vecinos
    que, ayudaban a los nazis y sus aliados y que oprimían a los
    judíos de Eretz Israel y a los que vivían en sus territorios.

    Este esfuerzo de guerra exigió un gran despliegue de fuerzas
    de la parte del Yishúv reforzando, al mismo tiempo, su potencia
    militar. Simultáneamente prosiguió, sin cesar, la obra de construcción.
    Durante los años de guerra inmigraron, por vías ilegales y afrontando
    enormes peligros, unos 40.000 judíos, los cuales crearon nuevas
    y numerosas colonias en todas las regiones del país. Entre ellas fueron
    creadas las primeras colonias en el Neguev (región “prohibida” a los judíos).

    En una sola noche (la noche siguiente al día de Kippur
    1946) se crearon once nuevas colonias en el Neguev, las cuales
    fueron inmediatamente rodeadas de murallas defensivas. Es imposible
    describir la sorpresa de los árabes y de los Ingleses.

    El especto de la situación al acabar la guerra fue terrible y
    conmovedor: el exterminio de seis millones de judíos; la destrucción
    de congregaciones y de ciudades enteras; los campos de
    trabajadores donde existían aún judíos vivos, consumidos por
    el hambre, exhaustos y cubiertos de enfermedades. Los jóvenes
    de Israel que pudieron tomar contacto con estos rescatados,
    cuando se encontraban en el ejército y en otros cometidos,
    (entretanto – 1944 – los Ingleses dieron por fin su consentimiento
    para crear una brigada judía especial, sin por eso autorizada
    a permanecer en territorio alemán conquistado) sacrificaron todo
    lo que pudieron, con el fin de salvar esos afligidos y doloridos
    hombres: sus propias raciones alimenticias, sus ropas personales,
    los almacenes del ejército y los medios de transporte, todo ésto
    a cualquier precio, inclusive en contra de la legalidad.

    También el mundo se conmovió a la vista de los campos de
    refugiados donde se encontraban especialmente judíos, rotos y
    destrozados sin hogar y sin cabida para ellos en el mundo. El
    presidente Truman de los EE. UU. intervino cerca del gobierno
    británico para que éste aceptara la entrada en Eretz Israel de
    100.000 refugiados, por razones humanitarias – lo mismo fue
    recomendado por la comisión Anglo-americana que visitó los
    campos de refugiados como asimismo Eretz Israel. Por su parte
    el Yishúv se mostró dispuesto a reconocer algunas decisiones
    desfavorables del “Libro blanco” a condición de dar inmediatamente
    refugio a 100.000 judíos, para aumentar por ese medio
    las fuerzas.

    Mas los caminos de Dios fueron aún más maravillosos, y
    como en tiempos de Moisés – “y endurecía el corazón”. Los
    árabes y, siguiendo sus trazas, las autoridades británicas anti-judías,
    respondieron a estas proposiciones can un “no” rotundo. La lucha
    entre el Yishúv y las autoridades seguía en aumento. Especialmente,
    se practicó en mayor escale y por medio de numerosos esfuerzos,
    la inmigración ilegal (“Haapalá”), lo cual dio por consecuencia el
    enfurecimiento de las autoridades británicas, quienes con dicha cólera
    llegaron al punto de cometer tales excesos que les hicieron imposible
    conservar sus posiciones en Eretz Israel.

    Decenas de pequeñas y titubeantes embarcaciones vagaron por
    los mares, conducidas valientemente por los jóvenes de Israel,
    repletas de una preciosa carga: hombres, mujeres, niños quebrantados
    y abatidos, rescatados de los campos de la muerte y
    escapados de las persecuciones antisemitas. El gobierno británico
    movilizó su potente flota de guerra para perseguir estos endebles
    barcos, alcanzados y volver a los viajeros al infierno del cual
    habían logrado huir. Para los casos en que fuera absolutamente
    imposible volver a los viajeros a otros países, Inglaterra estableció
    campos de concentración en la isla de Chipre – lo esencial era
    no dejarles entrar en Eretz Israel, a ningún precio.
    Numerosos barcos de inmigrantes clandestinos funcionaron
    hasta el día de la proclamación del Estado de Israel, entre ellos,
    varios fueron abordados, otros consiguieron desembarcar sus viajeros
    en las colonias judías de la costa mediterránea.
    He aquí la historia de uno de estos barcos:

    En el pequeño puerto italiano La Spezia, se encontraba una
    miserable embarcación, “Fede”, en la cual embarcaron, la semana
    anterior a Pesah 1946, más de 1000 refugiados con la
    idea de entrar ilegalmente a Eretz Israel, conducidos por algunos
    jóvenes de Eretz Israel. El proyecto habiendo llegado al
    conocimiento de los Ingleses, éstos enviaron inmediatamente emisarios
    a dicha ciudad con el propósito de arrestar a los refugiados y
    volverlos al campo de reclusión. Incluso solicitaron la ayuda de
    la policía italiana. Los desgraciados inmigrantes se opusieron
    vivamente utilizando la única arma de que podían disponer:
    la huelga del hambre. Más de 1000 hombres, ancianos y jóvenes,
    mujeres y niños, ayunaron durante más de tres días. El asunto
    llegó a oídos del mundo entero, produciendo una gran sensación.
    Los dirigentes ingleses intervinieron, tratando de salvar el honor
    de la Gran Bretaña, inculpando la testarudez de la Administración
    palestiniense. El Yishúv apoyó a sus hermanos con toda su
    fuerza y en signo de solidaridad, decretó un día de ayuno en
    todo Eretz Israel. En vista de que el problema no se solucionaba,
    la víspera de Pessah se decidió que todas las familias celebraran
    el “Seder” ritual, pero que 15 personalidades, entre los principales
    jefes del Yishúv, dejaran a sus respectivas familias y se
    reunieran en la Casa de la Agencia judía en Jerusalem y continuaran
    ayunando hasta obtener para esos desgraciados la autorización
    de inmigrar. Entre ellos se encontraba Itzhak Ben Zvi
    (presidente del Concejo Nacional y, desde 1952, Presidente del
    Estado de Israel). La noche de Pessah comieron únicamente un
    trocito de matzá y unas hojitas de lechuga, bebiendo 4 vasos de
    té – y siguieron el ayuno. En consecuencia de la gran excitación
    y del gran ruido producidos en el mundo entero alrededor de
    este asunto, el Alto Comisario convocó al Gran Rabino Herzog
    para estudiar la solución, con el fin de hacer cesar la huelga del
    hambre. El Rav se dirigió al palacio del Alto Comisario, el
    mismo día de Pessah, habiéndose visto obligado de andar varios
    kilómetros a pié. El resultado fue que los refugiados fueron
    autorizados a entrar y que un mes después descendían en el
    puerto de Haifa.

    Entre aquellos osados, hubieron quienes lograron bajar al
    puerto y quienes fueron detenidos y llevados a Chipre; pero, a
    los pocos días de haberse creado el Estado de Israel, llegaron
    todos los detenidos en los campos de concentración de esta isla
    al puerto de la Patria redimida.

    El punto central de todas estas actividades, para la salvación
    de los hermanos y para la reconstrucción de la patria, actividades
    que se extendieron sobre casi la mitad del globo terrestre, se
    hallaba, como es natural, en Eretz Israel. Dichas actividades
    fueron realizadas por devotos jóvenes de la población que fueron
    dirigidos por los jefes y los notables. Contra unos y otros, así
    como contra toda la población judía, dirigieron las autoridades
    británicas sus iras y sus golpes.

    Un día, en el santo sábado de la Parashá de Corah (29 Junio
    1946) fueron detenidos, de una sola redada, en todas las ciudades
    y colonias, más de dos mil hombres, entre los cuales habían
    notables de la población judía, miembros directivos de la Agencia
    Judía, presidentes de municipios, dirigentes de partidos,
    militantes de “Hagana” (Defensa) etc. etc. Todos ellos fueron
    llevados a campos de concentración previamente preparados,
    donde quedaron recluí dos sin formación de causa y sin acta de
    acusación. Las Autoridades creyeron que con un golpe como
    éste, quedaría paralizada la población judía y cesarían sus
    actividades, pero no ocurrió así ni en ausencia de esos dirigentes
    del Yishúv, pues, no faltaron sustitutos, por lo que las enérgicas
    actividades de la población prosiguieron – y las autoridades
    opresoras solo consiguieron perder prestigio.

    Estaba claro que Inglaterra no podía, de este modo, seguir
    dominando el país. La Asamblea de las Naciones Unidas, nombró
    una Comisión especial, cuyo cometido sería investigar sobre
    la situación y presentar proposiciones. Dicha Comisión oyó
    declaraciones y proyectos del gobierno; también de los judíos y de
    los árabes y resolvió que Inglaterra tenía que desentenderse del
    Mandato y que había que dividir el país, en una de cuyas partes
    había que formar un Estado Judío independiente. La Asamblea
    de las Naciones Unidas se reunió en Lake Success para discutido
    y tomó la decisión, por gran mayoría, el 29.11.47 (17 Kislev
    de 5708), no obstante la oposición de los árabes y de sus partidarios,
    de dividir el país y establecer en una de las partes un
    Estado judío soberano. Las Autoridades mandatarias tendrían
    que evacuar sus fuerzas de Eretz Israel en un tiempo determinado
    y entregar los puestos de gobierno progresiva y ordenadamente
    a aquellos que entrarían a sustituirlas.
    Un entusiasmo enorme se apoderó de la población judía en
    el país y de los dispersos de Israel en todos los países de la
    Diáspora é incluso las naciones del mundo se adhirieron con
    alegría, pues, tras opresión y cautiverio sufridos durante casi
    dos mil años, apareció de nuevo la posibilidad práctica, para el
    Pueblo de Israel, de restablecer su Estado. El mundo reparaba
    así la injusticia que se hizo al Pueblo judío, quien fue trasplantado
    de su país y quien, sin embargo, no lo olvidó ni dejó de
    aspirar, en todos los tiempos, volver al mismo.
    Todavía se hallaba en marcha de ola de alegría, cuando los
    enemigos de Israel se organizaron para impedir, por todos los
    medios que estaban a su alcance, la creación del Estado Judío.
    El país fue inundado por una ola de asesinatos, atentados contra
    las comunicaciones y ataques armados contra la población judía,
    los que eran realizados por los árabes de Eretz Israel, con el
    apoyo de los países árabes vecinos y de sus ejércitos, ayudados
    también por elementos hostiles ingleses.
    Las Autoridades británicas, no hicieron ningunos preparativos
    para entregar los puestos gubernamentales a manos judías,
    sino todo lo contrario, procuraron que reinara el desorden en
    todo asunto que abandonaban los ingleses.
    Los árabes creyeron que, a poco, cuando finalizara el mandato
    de modo oficial, se sobrepondrían fácilmente a los judíos, con
    la ayuda de los ejércitos de los países vecinos y los echarían al
    mar, y que la riqueza de toda la próspera población judía se
    la repartirían entre sí, como botín. (Incluso antes de finalizar
    el Mandato, luchó contra los judíos en el país, la Legión árabe
    de Transjordania, cuyo mando era británico). También los Ingleses,
    en su mayor parte, estaban seguros de que los judíos no
    podrían sostenerse y de acuerdo a esto, dispusieron sus proyectos.
    La población judía tuvo necesidad de hacer frente a una lucha
    dura en el interior del país; traer por medios ilegales, en opinión
    de las Autoridades, lo que le era necesario del extranjero y al
    mismo tiempo, hacer los preparativos para recibir la dirección
    del Estado, el día en que terminara el Mandato británico. Quedó
    constituido un “Directorio del Pueblo” un a modo de gobierno
    clandestino que se encargaba de todo aquello que fuese necesario;
    desde la impresión de sellos de correo y de billetes de banco,
    hasta preparar aviadores y maquinistas de ferrocarril; desde la
    organización del cuerpo de policía y primeros auxilios de sanidad,
    hasta la ordenación de impuestos aduaneros y expendeduría
    de pasaportes. En ayuda de los jóvenes de la población judía,
    vinieron con admirable espontaneidad voluntarios jóvenes judíos
    (“mahal”) de todos los confines del mundo, de los campamentos
    de refugiados y de países libres; de los puertos nórdicos
    y de las islas del Atlántico, los cuales hicieron la aportación de
    sus conocimientos técnicos y organizadores y su disposición a
    sacrificar sus vidas en aras del Estado que estaba naciendo. Entre
    los que llegaban, habían altos oficiales de ejército y peritos en
    armamentos; aviadores con aparatos de su propiedad; médicos
    y multitud de jóvenes que solo contaban con su amor al Pueblo
    y disposición al sacrifico. Todo esto acaecía en medio de un
    inmenso peligro para la población judía, del que muchos creían
    imposible que se pudiera zafar.

    En aquel momento en que la población judía quería dedicarse,
    por entero, a la preparación de su futuro inmediato, la atacaron
    y la hostigaron sus enemigos en todos los poblados, y en todos
    los caminos y la impusieron cada día nuevas y duras batallas.
    En todo lugar donde las armas judías dominaron, los habitantes
    árabes no ofrecieron oposición, sino que huyeron en masa, confiados
    en que, a poco, volverían siguiendo los pasos a los ejércitos
    árabes, recuperarían sus propios bienes y entrarían a saco contra
    los bienes judíos. Esto ocurrió en Haifa, en Tiberiades, en Jafa,
    en los barrios extremos de Jerusalem y en multitud de aldeas,
    en todas las regiones del país. Tan solamente en contados
    lugares que fueron conquistados por las armas judías,
    permanecieron árabes, como población no-contendiente,
    a quienes nadie molestó, ni siquiera durante las batallas.
    Mientras tanto, se tuvo conocimiento de que los británicos
    evacuarían sus fuerzas y liquidarían el Mandato, no el primero
    de Agosto de 1948, como estaba previsto, sino ya en el 15 de
    Mayo. Los gobiernos de los Estados vecinos hicieron público que
    a media noche, entre el 14 y el 15 de Mayo, sus ejércitos invadirían
    Eretz Israel por tierra y por el aire y que conquistarían para sí el
    territorio que fue destinado para el Estado Judío. Hubieron muchos
    titubeos: ¿Cómo podremos sostenernos frente a todos estos
    peligros? De la Comisión de las Naciones Unidas
    y de sus proyectos de establecer una milicia neutral, no era
    posible esperar ayuda alguna; era necesario, pues, acrecentar los
    esfuerzos y disponer todos los preparativos en medio del
    torbellino de duras batallas que seguía en aumento.
    El 15 de Mayo de aquel año, acaeció en sábado de Parashat
    “Emor” (en el extranjero correspondía leer la Parashá “Kedoshim”).
    La víspera, después del medio día, se reunieron en el
    Salón del Museo, en Tel-Aviv, los miembros del Consejo del
    Pueblo y los dirigentes de la población y del sionismo y
    proclamaron la creación del Estado de Israel. David Ben Gurion
    leyó la proclamación de la Independencia, el Rav Y. L. Hacohén
    Fishman dijo la bendición “Shehejeyanu”; treinta y siete de los
    asistentes firmaron la Proclamación: el “Directorio del Pueblo”
    quedó convertido en gobierno y nació el Estado de Israel.

    En ese mismo día, el presidente Truman comunicó el
    reconocimiento del nuevo Estado por los Estados Unidos; al
    transcurrir contados días fue conocido el reconocimiento hecho
    por los Estados del Oriente europeo, como ser: Unión Sovietica,
    Checoslovaquia y Polonia.

    Muchos otros estados reconocieron al Estado Judío; sin embargo,
    el reconocimiento principal fue aquel hecho por el Pueblo
    Judío en sus dispersiones, porque este Estado, su propio Estado
    es, anhelo de su alma y principio de la realización de sus ensueños,
    visión de profetas y aspiración de los probos de la humanidad. Tan
    solamente con la ayuda de todo el Pueblo judío, hizo frente este pequeño
    Estado a todas las guerras que acompañaron al múltiple ataque y a
    todas las luchas que viene sosteniendo hasta hoy y con la ayuda de
    Dios esperamos que todo el Pueblo Judío logrará convertirle en
    aquello a que fue destinado.

    – – – – – – – – – – – – – – – –

    Esta es la historia del desarrollo de la última redención de
    Israel; historia de casi dos mil años, la cual queda delimitada
    por dos fuertes catástrofes: al principio por la terrible catástrofe
    de la destrucción del Templo y del cautiverio del Pueblo de
    Israel y al final, por la no menos espantosa del exterminio, en
    Europa, de lo más selecto del Pueblo judío; pero toda ella está
    entretejida de condenas y conversiones forzosas, destierros y
    persecuciones, en medio de los cuales resaltaban chispas inflamativas
    de la voluntad de redención. Un pronunciamiento práctico organizado
    fué mareándose en esta voluntad, solamente desde hace menos de cien años.

    Sabido es, de siempre, que permanecen ocultos para nosotros
    los medios que dispone la Providencia para orientar la historia
    hacia fines determinados, medios que reconocemos solamente
    des pues de ver hechos consumados. Maravilloso é incógnito
    por demás es el desarrollo de la historia del Pueblo de Israel
    lo mismo anteriormente cuando vivía en su país, como durante
    su prolongado destierro.

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