Ki Tisa
"...Y la Tsedaká (verdadera)
nos liberará de la muerte"
"Cuando hayas de establecer el número de los hijos de Israel, el de sus
censados, habrá de ofrecer cada hombre, el rescate de su alma ante HaShem,
al censarlos... Esto habrán de ofrecer todos los que pasen entre los
censados: medio shekel del shekel del Santuario... como ofrenda ante
HaShem... Todo el que pase entre las personas censadas, de edad de veinte
anos para arriba, habrá de ofrecer la ofrenda... El rico no habrá de
exceder ni el pobre habrá de disminuir la mitad del shekel... Habrás de
tomar la plata de las expiaciones de los hijos de Israel y la dedicarás
para la obra de la Tienda de Reunión (Ohel Mo'ed). Y será para los hijos de
Israel como remembranza ante HaShem, para expiar por vuestras vidas..."
Exodo Cap.30: 12 - 16)
Así comienza nuestra porción semanal. Con la denominada "Perashát
Shekalím". La contribución anual que debería realizar el pueblo judío con
dos fines: el primero de ellos, al decir de las primeras palabras de "Ki
Tisá": para "establecer el número de los hijos de Israel", o sea, una
suerte de censo poblacional indirecto, pues advierte el texto bíblico:
"...para que no haya en ellos mortandad al censarlos".
Sin embargo, un segundo propósito perseguía dicho donativo -general y
popular-, y acentuamos estos calificativos, y era el de "dedicar esa plata
para la obra del Ohel Moéd", que según el mismo texto del Éxodo (Cap.38)
fue utilizada para "fundir los zócalos del Santuario y los zócalos del
velo..."
A la tradición bíblica, la complementará la Ley Oral -Torá shebeal-Pé-,
cuando la Mishná anuncie que: "...beEjad beAdar mashmi'ín al haShekalím",
es decir, que el Primero de Adar se "anunciaba la donación del Medio
Shekel" y el producto de la recaudación era destinado a sufragar los gastos
del Bet HaMikdash, entre otros la adquisición del ganado a ser ofrecido
como sacrificio cotidiano cada amanecer y cada atardecer, el Korbán Tamid,
en el Mizbeaj -altar- del Templo de Jerusalém.
Cuando el Segundo Bet HaMikdash fue destruido, esta costumbre fue
suplantada por la lectura en las sinagogas del pasaje inicial de nuestra
perashá, siendo llamado ese Shabat con el particular nombre de "Shabat
Shekalím".
Vayamos ahora a los aspectos peculiares de este donativo para una comunidad
de esclavos liberados y ahora redimidos que, más allá de recibir -y en
abundancia- el agua y el alimento diario en medio de la aridez y soledad
del desierto, no ha educado aún a su corazón en el ejercicio de dar, a la
voluntad natural de ofrecer, como salvaguarda del agradecimiento, como
garantía del pertenecer.
A eso viene el "medio shekel". Para ello los donantes son todos, sin
excepción. Porque a la hora de integrar al pueblo judío nadie será más o
menos por cuánto tiene o deja de tener. Ni ricos ni pobres en el momento de
ser "tenidos en cuenta" para el Santuario. ¡Qué mundo ideal el bíblico!
pensará el lector. Pero el ideal debe ser aplicado en el mundo de lo real.
La conjunción entre ambos no debe llamar a fracaso o frustración. No. En
absoluto. Cuando se parte de ideales claros, la realidad no puede llamar a
confusión. No hay sitiales para el honor, no hay llamados para el honor, el
único honor -si es que cabe- es el que compete a cada hombre creado a Su
Imagen. "Jabib Adám shenibrá be-Tsélem" afirma Rabi Akiba en la Mishná de
Abot (Cap. 3:14). "Amado es el ser humano ya que fue creado a Imagen de
D-s". Y confirma el sabio nuestro lugar como Israel en el mundo creado por
Él cuando dice: "...Jabibím Israel, shenikreú baním laHaShem" - "Israel es
querido, por cuanto que es llamado hijo de D-s. Un extraordinario amor le
fue manifestado por cuanto que es llamado hijo de D-s..."
Así lo afirma también la Torá: "Baním atém laHaShem Elokejém. Lo
titgodedú..."(Debarím 14:1). "Hijos sois vosotros para HaShem vuestro D-s;
no habréis de rasgaros..."
El vocablo "titgodedú" es interpretado por el Midrash como: "lo taasú
agudot agudot", o sea, el no producir divisiones en el seno del pueblo
judío, a expensas de honores desmedidos o discriminando a pobres de ricos,
o bien a carenciados sociales y extranjeros del resto de la población. No
hay lugar para "agudot agudot" sostiene el Midrash. La sociedad no tolera
tantas y tantas divisiones en su seno. El dividir, en este caso, "no es
para reinar".
"Majatsit haShekel" en este caso es para denotar la verdadera unidad
requerida por la Torá. El "Medio Shekel" precisamente viene a ensenarnos
cuando una "mitad" alcanza para indicar el vínculo, la pertenencia, la
necesidad del otro, el lugar que los demás -diferentes a mí-, ocupan y que
poseen, al igual que todos, en el mosaico social que ofrece un pueblo en
desarrollo -físico y espiritual- camino a su construcción en la tierra de
Promisión.
Saber que uno es sólo una mitad, y que únicamente la otra mitad habrá de
completar el entero. Así se "achican" las diferencias, o más bien se
anulan. La mitad del rico más la mitad del pobre. Allí el entero. Así la
unidad. Sólo de esta manera se logrará un Santuario en "funcionamiento".
Cuando cada uno se siente parte y es parte del mismo. Cuando se aprecia lo
que da -por menos que sea-. Cuando se es "tenido en cuenta" por ser uno más
y no por cuánto uno tenga. ¡Sí, querido lector, el mundo bíblico es
verdaderamente ideal!
Y por último, no sólo "del dar vive el hombre". La cuestión es "cómo dar".
Nuestra Torá pide: "...zé itenú". "Cómo esto habrán de dar". Nuestros
Sabios -de bendita memoria- sostienen que cada vez que en la Torá aparece
el vocablo "zé", está indicando que el Todopoderoso "le mostró a Moshé con
Su Dedo". Es por ello que comenta Rashí al respecto: "Er-áh ló kemín matbéa
shel esh... veamar lo: kazé itenú".
Ensena Rashí en nombre del Midrash que HaKadosh Baruj Hú le mostró a Moshé
una moneda de fuego y le dijo: "Como esta moneda habrán de dar". Quiere
decir, -insinúa Rashí-, que el dar debe conjugarse con la actitud, con el
sentimiento, con el interior del ser humano: Dar con fuego, es decir con
fervor y entusiasmo...
En hebreo, las cosas se simplifican, como siempre: el término para indicar
fervor, entusiasmo es: "hitlahabut". La raíz de la palabra es: LaHaB. Ya
comprenderá el lector, que "lahab" es la llama de fuego cuando arde...
A la hora de dar, ensena la Torá, no ver el cuánto, sino el cómo. Sutiles
diferencias...
El Rabí Najman de Bratslav sostenía que el motivo de mostrarle a Moshé "una
moneda de fuego", fue porque "...el elemento ígneo es uno de los factores
más importantes y vitales en la Creación, ya que el mundo no puede
prescindir de él; sin embargo con el mismo fuego el hombre puede destruir
todo lo creado. Igual ocurre con el dinero y los bienes materiales: no hay
duda de su importancia y de su necesidad, si el hombre les da un uso
apropiado; así como es un verdadero riesgo, si llega a manos no
adecuadas..."
Por último, y volviendo al "Majatsit haShekel", veamos un par de ensenanzas
relevantes al hacer y al pertenecer cotidianos: el sabio Alshej, en nombre
de Rabí Shelomó Alkabets (el autor del Lejá Dodí) explica que: "...el
'medio shekel' viene a ensenarnos y demostrarnos, el sentido de la unión
(Ajdut). Es decir: que cada integrante del pueblo judío considere y sepa
que él es parte de su próximo y no un ser íntegro (entero = shalem), y sólo
a partir del compartir y del integrarse con cada uno de sus hermanos de
Israel, entonces se transforma en un 'shalem ejad' = o sea, en 'un entero',
y es por ello que cada uno traerá sólo una mitad..."
En segundo y último lugar, la genialidad del Rab Aharón de Karlin, cuando
ensenó el valor inconmensurable de la tsedaká. Decía Shelomó haMelej:
"...Utsedaká tatsil mimavet", es decir que la "Tsedaká nos librará de la
muerte". Observe el lector la conformación de la palabra M-J-TS-I-T
(majatsit, sin las vocales) dice el Rab de Karlin. Cinco son las letras que
la componen, cuando la letra del medio es precisamente la "TS" (letra tsadi
del abecedario hebreo) equivalente a la palabra: tsedaká.
Ahora bien: observe qué dos letras están más próximas a la TS. Ellas son:
"J" e "I", que las leemos como: Jai (vida). Mientras que las dos letras más
alejadas de la "TS" son: "M" y "T", que vocalizándolas se leen como: Met
muerte.
Así entonces ensena el Rab de Karlin, que cuanto "...más tsedaká hago, más
vida tengo. Y su opuesto, está a la vista". Por eso el rey Shelomó
anunciaba aquello de que la Tsedaká nos salvará de la muerte. Vaya si es
cierto.
Cuando damos, nos estamos agregando vida precisamente. No nos estamos
"quitando nada".
Aprender a dar es la materia previa al saber recibir. Y por sobre todo, de
quién recibimos...