
1. Los Sueños del Faraón
2. Iosef en la corte del Faraón.
3. El casamiento de Iosef.
4. Iosef se prepara para los años de hambre.
5. Los hermanos de Iosef en Egipto.
6. Los hermanos en el palacio.
7. Biniamim viaja con sus hermanos a Egipto.
8. Los hermanos en la casa de Iosef.
Haftará: Zejaría 2:14
El profeta reclama: canta y regocíjate oh hija de Zión pues he aquí que ya vendré a Ierushalaim habitaré en medio de ti: dice el Eterno, y muchas naciones se unirán al Eterno en aquel día, y serán para Mí por mi pueblo..... (14:15).
Y continúa el profeta y volvió el ángel que había hablado conmigo y me despertó (a mí, Zejaria) como a uno que despiertan de sueño. Y me dijo: ¿qué es lo que ves? Y yo le dije: He mirado y he aquí un candelabro milagro todo de oro y un vaso de aceite encima. Y sobre él las siete lámparas y mete tubitos en cada uno de ellos cada uno de ellos unidos a cada una de las lámparas que están encima de él (el candelabro).... trata de entender lo que ella son... dijo el ángel a lo que él profeta contestó: No consigo entender mi Señor. Y alzó la voz, me dijo: No por fuerza ni por poder (haréis el Santuario) sino por mi espíritu dice el Eterno de los ejércitos (15:2-7).
Y Iosef en la corte del Faraón
El Faraón estaba sentado en su trono, ataviado con vestido de hilos de oro, adornado con piedras preciosas que brillaban desde lejos. El trono, cubierto de oro, plata y diamantes, tenía setenta escalones y, según el reglamento del palacio, si la persona que se entrevistaba con el rey era un ministro o una personalidad importante, subía treinta y un escalones y el rey descendía treinta y ocho. Si era un hombre del pueblo, subía tres escalones y el monarca bajaba hasta el cuarto para hablar con él.
Según el reglamento real todo aquel que hablaba setenta idiomas, subía setenta escalones y podía conversar cara a cara con el rey. Si sabía menos de setenta idiomas subía los escalones equivalentes a la cantidad de idiomas que hablaba; por su parte, todos los faraones debían saber setenta idiomas.
Un mensajero fue a la prisión para traer a Iosef ante el Rey. Iosef se afeitó, se cambió la ropa y se presentó ante el trono real. Entonces subió hasta el tercer escalón y el Faraón bajó hasta el cuarto y así le habló: “tuve un sueño y no he encontrado quién lo interprete; he oído decir que tú escuchas un sueño y sabes interpretarlo”.
Iosef respondió: “No hay hombre que conozca el verdadero nombre de los sueños; solo D-s lo conoce y El dará una respuesta favorable al Faraón”.
Iosef escuchó los sueños del Faraón. Cuando finalizó el relato, dijo al monarca:
- Estimado rey, tiene que saber que los dos sueños son uno y que por medio del sueño le ha sido revelado lo que D-s hará con su país. Las siete vacas saludables son siete buenos años donde habrá abundancia y comida para todos los habitantes de la tierra, lo que también fue representado por las siete espigas de trigo gordas. Después de los siete años de abundancia vendrán siete años de hambre, que fueron representados por D-s por medio de las siete vacas flacas y las siete espigas vacías; tanta hambre habrá que la gente olvidará los años buenos.
- ¿Cómo sabré que has interpretado bien mis sueños? – Preguntó el Faraón.
- Le daré una señal – dijo Iosef – Su mujer está por dar a luz, nacerá un niño y usted se alegrará. Ese mismo día morirá el hijo que ha cumplido dos años de edad y se consolará con el recién nacido. Dicho esto, Iosef se inclinó ante el Faraón y se retiró. Pasaron unos días y lo que había vaticinado Iosef se cumplió: nació un hijo varón y murió el otro hijo varón de dos años de edad.
El Faraón llamó a sus ministros y así les dijo: “Ustedes estuvieron presentes cuando el joven hebreo estuvo ante mí e interpretó mis sueños. También lo que predijo se ha hecho realidad. Todo lo que dijo era verdad y hasta me aconsejó cómo pasar la época de hambre, recalcó la necesidad de nombrar a una persona que, en la época buena, planifique el almacenaje de las cosechas y que la sepa repartir en los años de hambre. ¿Podremos encontrar a la persona adecuada para esta misión?”
- El país está en sus manos – contestaron los ministros -, y se hará lo que decida; nosotros lo aceptaremos.
El Faraón mandó a llamar a Iosef y le dijo: “Después de que D-s nos hizo saber todo lo que ahora sabemos, no hay otro experto ni sabio como tú. Estarás sobre mi casa y todo mi pueblo se conducirá de acuerdo con lo que tú digas. Solo en el trono seré más grande que tú”
Al escuchar la decisión real de nombrar a Iosef como segundo suyo, los ministros y consejeros pidieron hablarle en privado.
- Usted sabe – dijeron al Faraón – que nuestras leyes establecen que el rey o virrey de Egipto deberá dominar setenta idiomas y Iosef solamente habla hebreo.
Ninguno de los presentes sabía que la noche anterior D-s había enviado a unos ángeles a enseñarle los setenta idiomas. El rey formuló a Iosef toda clase de preguntas en diferentes idiomas y éste las contestó todas. Para cada idioma iba subiendo un escalón, hasta llegar finalmente a la misma altura de rey quien, con el acuerdo de sus ministros, confirmó su nombramiento.
El Faraón se quitó el anillo de la mano y lo puso en la de Iosef, hizo que vistiera ropa de lino y le colocó un collar de oro en torno al cuello. El Faraón lo montó en el segundo carruaje, que avanza junto al suyo y así Iosef paseó por la ciudad junto al rey, acompañados por músicos y cinco mil hombres armados; más de veinte mil personas salieron a la calle para recibirlo y rendirle honores y las mujeres y los jóvenes subieron a los techos y tiraron flores y perfume sobre la gran caravana. En una sola voz exclamaron “¡Avrej” que Significa “Este es el padre (Av), consejero del rey (rej); este es el elegido del rey, todos deben obedecerle, quien no lo hiciere morirá. ¡Inclínense ante él!”
Toda la muchedumbre se inclinó ante Iosef. El hijo de Yaakov alzó sus ojos al cielo y dijo: “El levanta al pobre del polvo, al menesteroso levanta de los basurales, para hacer que se siente con los príncipes de su pueblo. Feliz es el hombre que confía en ti, oh D-s. ¡Te agradezco todo lo que hiciste por mí”
El Faraón le dio numerosos regalos, casas, campos y viñedos, 300.000 ciclos de plata y 1.000 ciclos de oro y una enorme cantidad de piedras preciosas. El rey ordenó a todos sus súbitos que trajeran regalos al nuevo virrey y así lo hicieron.
El Faraón le dio un nuevo nombre a Iosef, Tzofnar Paneaj, que significa “el que explica las cosas ocultas”, porque Iosef interpretó sus sueños.