Pekude
Erigiendo santuarios, día a día...
Arribamos en el presente Shabat a la culminación de un ciclo, el del Libro
de Shemot, segundo de nuestra Torá. Cerramos un capítulo en la historia de
nuestro pueblo, signado -como todo aquello que rodea al ser humano- de
elevación aunque también de profundas depresiones. El desafío, para el
estudioso de nuestras tradiciones y del relato-ensenanza bíblicos, es poder
"caminar y transitar" esa geografía que ofrece la Torá, que no es ni más ni
menos, que la biografía de nosotros mismos. En este sentido deberemos
aprender a resistir "las altas cumbres", como así también fortalecernos
para atravesar las oscuras tempestades de las profundidades... El Sefer
Shemot nos ha presentado todas las alternativas: desde la horrorosa y
discriminadora esclavitud a la cual fuimos sometidos en el Egipto de los
faraones a la portentosa liberación de ese yugo, obrada por el Todopoderoso
y guiada por Moshé Rabenu; desde la escasa convicción y la débil fe
insinuada por un pueblo de "ex-esclavos" hacia el milagro de las aguas del
mar Rojo... "Vaiaaminú BaHaShem ubeMoshé avdó", allí entonces, se
"fortaleció su fe en D-s y en Moshé, Su servidor"; desde la sutil y hasta
pueril queja del "qué vamos a comer o a beber" escuchada por Moshé y Aharón
-su hermano- a cada paso en el trayecto del desierto, al espectáculo que
rodeaba la caída del "man" -la famosa maná-, la comida celestial que
abasteció por espacio de cuarenta anos a un pueblo durante su travesía
hacia una tierra, cada día, al amanecer y cada viernes -erev Shabat- en su
"doble ración", como sinónimo de la bendición del séptimo día...
Así es el relato. Así es nuestra Torá. "La Torá se dirige al hombre en el
lenguaje del ser humano" sentenciaba Rabí Ishmael. Para insinuarnos que la
misma nos habla un idioma comprensible, accesible a nuestros oídos, para
nada difícil... Pero también nos presenta, nos indica cómo somos, quiénes
somos. Cómo hablamos, cómo sentimos, cuánto fallamos...
Tan antagónico resulta ser nuestro comportamiento, que el mismo llama al
asombro del Midrash, cuando expresa: ..."nitbaím la-éguel ve-notním,
nitbaím la-Mishcán ve-notním". El Midrash, esta maravillosa creación
intelectual rabínica, observa otra de las paradojas que plantea Sefer
Shemot, y es la referida a dos momentos cruciales en el devenir
histórico-religioso de Am Israel: ?cómo es posible comprender esta
dualidad? se pregunta el Midrash ..."Cuando se les pide oro para hacer un
becerro, lo entregan (gustosos), y cuando se les pide de su oro para
construir el Tabernáculo -"Mishcán"-, una suerte de Santuario "móvil"
(predecesor de lo que sería el Santuario de Jerusalém), lo entregan también
con todo corazón"... La conducta paradojal también es parte de nuestro
patrimonio. Pero no es buena. Habrá que educarse, superarse, habrá que
luchar incesantemente contra aquello que se interponga entre nosotros y Su
Voluntad...
Pero hay una cima, existe un alto en una pequena montana, cuya visión y
magnificencia le pertenece tan sólo a este Libro que concluimos hoy. Tal
vez -y no creo ser desmedido en ello-, sea el instante donde todos nosotros
-sin excepción de generaciones, ni de rango ni de status social o
económico- estuvimos "al pie de la cumbre espiritual" que puede anhelar
cada creatura, y ser partícipes -tal como lo aseveraron nuestros Sabios-,
de un momento, de una voz, de una eternidad...
Como podrán observar, nuestro libro posee cuarenta capítulos. El centro,
"la mitad" de los mismos, será obviamente el Capítulo 20. Allí estará
inserto nuestro compromiso con esa Eternidad. "Matán Torá", la Revelación
del Todopoderoso, Su Voz, reverberando en cada uno y uno de los oídos allí
presentes... "Aseret ha-Dibrot", las diez alocuciones emanadas de la
Divinidad, establecen -aunque no lo querramos- un límite en este Séfer
Shemot. Un límite hacia atrás: ya Egipto quedó en el olvido, pues eso será
lo primero y primordial:..."Yo Soy Tu D-s... que Te saqué de la tierra de
Egipto, de la casa de la esclavitud", principian los "mandamientos". No más
esclavitud, no más noches ni días donde la razón quede relegada a la nada;
no más tiranos que decidan quién vivirá y quién no...
Pero también hay un "delante": sólo que este "por-venir" es ilimitado. Las
compuertas de la historia se abren. Los pórticos de la vida dan la
bienvenida a un grupo de seres humanos que deberán saber cómo llegar hacia
aquello que no tiene "límite" ..."Devarím she-én lahém sheur" de acuerdo a
la tradición mishnaica. ?Cuál es la llave, nos estaremos preguntando? Algo
que dijimos, en medio del temor irracional, de la confusión y del
nerviosismo, pero que aún, así y todo, era la respuesta esperada: "Col
asher dibér HaShem, naasé ve-nishmá" - "Todo aquello que ha hablado el
Senor, haremos y escucharemos". Podemos discutir el orden tal vez, pero el
"producto" del mismo es inalterable: allí se encuentra la "llave" para
poder empezar: hacer y oír, oír y hacer... "Shemá Israel..." nos convoca
nuestra Torá a proclamar dos veces al día: "Escucha, oh Israel...", y a
partir de allí, del aprendizaje, llegar a la acción -"maasé"-. Una acción
que está dirigida
-sensiblemente- hacia la búsqueda de la "cumbre", pero sin olvidar que
debemos elevarnos desde nuestro escenario, que es la tierra.
Así concluye nuestro Segundo Libro, con la lectura de sus dos últimas
perashiot, proporcionándonos -en minucioso detalle- todo aquello que tuvo
que ver con la construcción del Tabernáculo -"Mishcán"-, esa suerte de
Santuario Móvil, que habría de guiar los pasos del pueblo judío, en un
camino sin senales ni rutas, como el camino del desierto. "HaShem roí...",
cantaba el Rey David: "D-s es mi pastor". Nada más apropiado. "Al tikrá
roí, ela reí", no leas "mi pastor" (roí), sino mi amigo (reí). Una
"amistad" que exige de nosotros amor. Amor responsable, irrestricto,
reverente. Sefer Shemot hablándonos de un espacio terrenal, donde poder
expresar ese amor... Ese espacio tiene medidas propias, dimensiones, algo
de cada uno de nosotros, y tiene -por sobre todo- la eternidad de Israel
-Nétsaj Israel-: "...ve-asú Li Mikdash, ve-shajantí betojám" - "Harán para
Mí un Santuario" dice el Todopoderoso, "y habitaré en medio de ellos"...
Cada uno deberá "hacer un Santuario" de su vida, de su hogar, de su
familia, de sus actos, de su capacidad de escuchar. La Divina Presencia
-"Shejiná"-, no tardará en anidar dentro de él. Sólo así tal vez,
comprendamos el lenguaje sabio y reflexivo que nos propone cada día y a
cada hora nuestra Sagrada Torá. Que habla -dicho sea de paso- "nuestro
mismo idioma". ?O no?