• Cuentos que inspiran, Judaísmo en general

    Cuentos sobre Judaísmo en general

    Buenas acciones
    Un día, se despertó Ionatán temprano por la mañana, y recordó el cuento que le había contado su mamá el día anterior antes de irse a dormir. Ese cuento era sobre el patriarca Abraham, quién todo el tiempo buscaba como hacer obras de bien … y quién inclusive, a pesar de estar viviendo en el caluroso desierto, salía diariamente de su tienda para buscar invitados.
    Su mamá le había contado que los tres invitados que habían venido, no eran hombres sino ángeles, los cuales habían llegado para avisarle a Sará sobre el nacimiento de su hijo Yitzjak. El cuento llenó de emoción el corazón de Ionatán, y este se dijo a si mismo “ ¡Qué gran Tzadik que era Abraham, yo también quiero ser como él”.
    Se levantó rápidamente, se lavo las manos y se vistió, y salió de su cuarto decidido a buscar buenas acciones para poder hacer. Se dijo para si mismo: “¿Quién sabe? Quizás Hashem me envíe un ángel también a mi, o algún milagro por el estilo, para que así yo también pueda hacer una buena acción. Recitó las bendiciones matutinas y el “Shma Israel” con suma intención, y apurado se dirigió a la cocina para desayunar y así tener más fuerzas para poder hacer buenas acciones. Mientras su mamá preparaba el desayuno le dijo: “Querido Ionatán, ¿viste los juguetes que quedaron desde ayer desparramados por el piso en el cuarto de los niños? Yo tengo mucho trabajo hoy y no voy a tener tiempo para poder ordenarlos. ¿Podrías juntarlos por favor y guardarlos en el armario?”
    Con una sonrisa llena de orgullo, Ionatán le contestó a su madre: “Mamá, hoy no puedo porque estoy muy ocupado, y pienso salir en búsqueda de buenas acciones tal como me ensañaste ayer acerca de nuestro patriarca Abraham. Cuando regrese a casa juntaré los juguetes”.
    Salió Ionatán corriendo de su casa y se dirigió a la casa de su abuelo. Su abuelo era un gran Rabino y sabio de la Torá. Ionatán pensó que seguramente él le podría recomendar acerca de buenas acciones que podría lograr hacer. Quizás buscar dinero para alguna familia pobre necesitada, o ayuda para hacer posible la construcción de un Beit Kneset …
    Entró Ionatán a la casa de su abuelo, y para su gran sorpresa no lo vio estudiando Torá como generalmente sucedía, sino arreglando la puerta de un armario que se había salido de su lugar.
    Le contó Ionatán sobre sus planes de hacer buenas acciones, más su abuelo solo esbozó una sonrisa. Se dirigió el abuelo a Ionatán y le dijo: “Quizás podrías sostenerme la caja con los clavos mientras yo trato de fijar la puerta …”.
    “Clavos”, se dijo Ionatán para sí con gran decepción. “Mi abuelo está tan ocupado con la puerta que quiere arreglar, que no entiende que yo estoy buscando realizar buenas acciones. No lo voy a molestar, mejor voy a consultar a mi abuela, quizás ella me pueda recomendarme buenas acciones para hacer”. “¡Ionatán!” exclam su abuela demostrando la gran alegría que tenía de verlo: “¡Qué linda sorpresa! Ven querido nieto, ayúdame por favor a sacar la ropa que está colgada, pues me temo que prontamente va a comenzar a llover y no quiero que se moje”.
    Miro Ionatán a su abuela y le dijo: “Lo siento abuela. Estoy muy apurado, tengo algo muy importante que hacer”.
    Salió Ionatán de la casa de su abuela y se dijo a si mismo: Ya se, tengo que hacer una lista con buenas acciones que puedo hacer. De esta manera, todo estará ordenado en mi mente y sabré con qué comenzar. Sacó un papel del escritorio de su papá y se sentó a escribir: “Buenas acciones que se pueden hacer: Recibir invitados, visitar enfermos, dar dinero a los necesitados, etc …”. Sin embargo, antes de terminar su lista, su pequeña hermana se dirigió a él y le pidió con voz llorosa que la ayude a arreglar la muñeca a la cual se le había salido su pierna. “¡Muñecas!” dijo enojado Ionatán: ‘¿Yo estoy haciendo una lista de buenas acciones y tu mes molestas con ‘muñecas’? Así no se puede trabajar”.
    Y así continuó Ionatán pensando durante largo tiempo acerca de buenas acciones que se podían hacer. Finalmente se dijo a si mismo: “¿Cómo puede ser? ¿Un niño judío quiere hacer buenas acciones, y Hashem no le envía ni una sola oportunidad para hacerlas?”. Pensó durante largos minutos, hasta que de pronto se lleno de vergüenza y dijo como recriminándose a si mismo: “¿Qué hubiera hecho Abraham nuestro patriarca si le hubieran pedido que ordenase su cuarto, o que ayudase a arreglar una puerta rota, o que bajase la ropa que estaba colgada, o que arreglase la pierna de una muñeca? Abraham nuestro patriarca hubiera entendido que justamente esas son las buenas acciones que Hashem le envió para realizar. “Y yo, Ionatán, de tanto pensar y pensar en hacer buenas acciones, desperdicié todo mi día sin hacer ninguna”.
    Al escuchar su mamá los pensamientos que dijo en voz alta Ionatán, se dirigió a él y le dijo: “No te sientas mal mi querido hijo, pues hoy has aprendido una gran lección: que son justamente las pequeñas situaciones que se presentan en cada día, las oportunidades que Hashem nos envía para que podamos ayudar a nuestros semejantes y así transformarnos en mejores personas.
    El león y los tres toros
    Había una vez, un león muy hambriento, que acercándose a un valle vio a tres grandes toros pastando muy placidamente. Un toro era rojo, el otro negro y el otro blanco.
    El león estaba realmente muy hambriento, pero era imposible que luchase contra tres poderosos toros a la vez y lograra vencerlos. Se le ocurrió entonces una idea. Se acerco a los toros rojo y negro y les dijo: “Miren cuan pálido y desagradable se ve el toro blanco. Déjenme que vuelva mañana por la mañana y yo me lo devoraré, y así ustedes y yo podremos compartir juntos la vida en este hermoso valle”. Los dos toros aceptaron considerar la propuesta y contestarle al día siguiente. Al llegar el león al valle, los toros le dijeron que efectivamente también a ellos les parecía que el toro blanco se veía muy pálido y desagradable, y que aceptaban gustosos que se encargara de devorarlo.
    El león se puso manos a la obra, y en pocas horas había acabado con el toro blanco.
    A la semana siguiente, el león estaba nuevamente con muchísima hambre. Se acerco al valle y al ver a los dos toros pastando, también le pareció que seria una empresa muy difícil poder luchar contra ambos toros. Se acerco entonces al toro de color rojo y así le dijo: mira al toro negro que sucio y feo que se ve. Déjame venir mañana y devorarlo, y tú y yo compartiremos juntos la vida en este verde y agradable valle. El toro rojo aceptó gustoso considerar la propuesta, y al día siguiente le dijo al león, que también a él le disgustaba mucho el aspecto sucio y desagradable del toro negro, aceptando con gusto que también a él se lo comiera. El león nuevamente se puso manos a la obra y en pocas horas se lo había devorado casi completamente al toro negro.
    Placidamente, se retiro de aquel valle para descansar en su guarida. A la tercer semana, cuando nuevamente se hallaba con hambre, se acerco al toro rojo y le dijo: “prepárate, pues en unos minutos voy a empezar a devorarte. El toro rojo lo miró y le dijo: “¡¿Pero cómo?!, ¿no éramos amigos que íbamos a vivir juntos compartiendo la vida en el valle?”. El león lo miro y le dijo: “amigos … amigos”, pero cuando yo tengo hambre ya no tengo más “amigos”, e inmediatamente comenzó a devorarse al último de aquellos tres toros …
    ¿Cuál es el mensaje para el pueblo de Israel? En el pueblo judío existen diferentes tipos de personas y de grupos. Cuando nos mantenemos unidos y no hablamos mal los unos de los otros, ningún enemigo del mundo puede luchar exitosamente contra nosotros. Sin embargo, cuando hablamos mal sobre los demás, o estamos dispuestos a “sacrificarlos” en harás de nuestros objetivos, ello despierta el insano apetito de nuestros enemigos, los cuales aprovecharán esa “debilidad” –Hashem no lo permita– para así intentar devorarnos …
    Quiera Hashem que sepamos convivir unos con otros, aceptando las inclinaciones personales de cada quién, en armonía con Hashem, la Torá y la santidad del pueblo de Israel.
    Ama a tu prójimo como a ti mismo
    En cierta oportunidad, un Rabino decidió guardar el dinero que llevaba consigo dentro de uno de los libros de Torá que estaba estudiando. Colocó su dinero en el lugar en el cual aparece la mitzvá de “no robarás”. Al cabo de unos días fue a buscar su dinero a dicho libro, mas se percató que el dinero ya no se encontraba en el lugar donde lo había dejado. Lo buscó con mayor detenimiento y encontró un billete del doble de valor que el billete original. El billete estaba colocado en la página que decía: “Amaras a tu prójimo como a ti mismo” …
    Esclavo de un esclavo
    En Atenas, capital de Grecia, vivía hace muchos años una persona muy rica que poseía muchos esclavos. Este rico señor era, por naturaleza, un individuo sumamente enojadizo, y a quién no le hacía caso, simplemente le profería una buena porción de insultos y de golpes. Una vez, en el momento en que le pegaba a uno de sus esclavos como era su costumbre, pasó por allí un famoso sabio. Se detuvo aquel sabio y le dijo: “no es adecuado que un esclavo le pegue a otro esclavo”.
    Inmediatamente paró el rico señor de pegarle a su esclavo. Se irguió orgullosamente y le preguntó al sabio: ¿Por qué usted dice eso? ¿Acaso yo no soy el dueño de mi esclavo?
    Le contestó entonces el sabio: la diferencia entre tú y el esclavo es que él no puede librarse del enojo de tu mano, pues él te pertenece. Pero tú, en cambio, eres esclavo del enojo que te domina, hasta tal punto que eres incapaz de liberarte de él.
    Las palabras del sabio hicieron reflexionar al hombre rico, quién a partir de ese momento se esforzó por dejar la “esclavitud de su enojo” para así comenzar a ser un individuo verdaderamente libre.

    ¿Por qué la gente grita?
    Un día, un sabio le preguntó a sus seguidores lo siguiente: ¿Por qué la gente grita cuando está enojada? Los hombres pensaron unos momentos y uno contestó: Porque perdemos la calma, por eso gritamos.
    Le dijo entonces el sabio: pero, ¿por qué gritar cuando la otra persona se encuentra físicamente a tu lado? ¿No es posible acaso hablarle en voz baja? ¿Por qué entonces le gritamos a la gente cuando estamos enojados?
    Los hombres dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas satisfacía las expectativas del sabio.
    Finalmente él les explicó: Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar para poder escucharse. Mientras más enojados están, más fuerte tendrán que gritar, para así poder escucharse bien la una a la otra.
    Luego el sabio les preguntó: ¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Ellos no se gritan sino que se hablan suavemente. ¿A qué se debe esto? A que sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellas es muy pequeña.
    Continuó el sabio preguntando: ¿Y cuando se enamoran más aún, qué sucede pues? Directamente ya no se hablan, solamente se susurran cosas la una a la otra y se vuelven más cercanas a través de su amor.
    Y finalmente … Llega un momento en que ya ni siquiera se necesitan susurrar; y únicamente se miran y eso es todo. Así sucede cuando dos personas verdaderamente se aman …
    Finalmente el sabio les dijo: cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no se digan palabras fuertes que los distancien más aún; pues puede ser que llegue el día en que la distancia sea tan grande que ya no serán capaces de encontrar el camino de regreso … Sobre esto dijeron nuestras fuentes: “las palabras de los sabios con suavidad son escuchadas”.

    El sabio y los comerciantes
    Una vez, viajaba un gran barco en el mar en el cual habían muchos tripulantes. El barco partió hacia tierras lejanas, y las personas que habían en él llevaban diversos tipos de mercancías para poder venderlas allí. Uno tenía grandes rollos de telas, otro fina loza hecha de oro y plata, otro alfombras y almohadas y otro valiosas joyas.
    Se juntaron los comerciantes y comenzaron a charlar, y cada uno mostró la mercadería que traía, jactándose que la suya era la mejor de todas, y que por ende sería el que más ganancias habría de obtener. Sin embargo, había en el barco una persona que no contó nada acerca de su mercadería, ni participó de aquella charla entre comerciantes. En su mano llevaba únicamente un libro, y lo leía sin prestar ninguna clase de atención a lo que sucedía a su alrededor. Al principio lo dejaron en paz, mas luego que transcurrió largo tiempo del viaje, y las personas se empezaron a aburrir, se dirigieron a él y le preguntaron acerca de la mercadería que él llevaba.
    Aquel hombre no era un comerciante sino un sabio Rabino. Pensó un poco en qué es lo que debía de contestarles y entonces les dijo: yo tengo una mercadería mucho mejor que la que tienen ustedes, pero la escondí en un lugar donde nunca la van a poder encontrar.
    Inmediatamente le preguntaron: ¿Por qué no nos la muestras como hicimos cada uno de nosotros? Les contesto el sabio: ya llegará el tiempo en que verán la clase de mercadería que yo llevo.
    Se dirigieron los comerciantes a buscar la mercadería de aquel sabio por todo el barco, mas no encontraron absolutamente nada. Se burlaron de él los comerciantes y le dijeron: en vano te vanaglorias de tu mercadería. Tu no tienes ninguna mercadería … Escucho el sabio aquellas palabras y simplemente calló.
    Sucedió un día, que unos piratas se adueñaron del barco robándose todas las mercancías de aquellos comerciantes, dejándolos vivos únicamente con la ropa que ellos llevaban puesta.
    Al llegar el barco finalmente a su destino, aquellos ricos comerciantes no tenían ni siquiera dinero para comprar un trozo de pan. El sabio en cambio, se dirigió al Beit Hakneset del lugar, se busco un asiento y se dispuso a estudiar Torá. Vieron las personas del Beit Hakneset que había llegado un rabino de una tierra lejana y comenzaron a hacerle muchas preguntas. El contestó acertadamente a cada una de las preguntas, y ellos estaban sumamente contentos y regocijados con su presencia. Lo invitaron a sus casas para que coma junto a ellos, le dieron varios regalos y le pidieron que se quede con ellos para así transformarse en el Rabino de aquel lugar. Le prometieron que le darían una casa y que le suplirían todas sus necesidades. Aceptó el Rabino aquella oferta, y con gran júbilo lo acompañaron felices a lo que sería su nueva casa, tal como si se tratase del mismísimo Rey en persona.
    Los comerciantes que habían bajado del barco y que aún se encontraban mendigando en las calles de la ciudad, al ver a aquel sabio le dijeron: “¡Ayúdanos por favor! Tu sabes que éramos ricos comerciantes y que los piratas nos robaron todo. Cuéntales a las personas de la ciudad sobre nosotros para que al menos nos den un trozo de pan, pues estamos realmente sumamente muy hambrientos”. Se dirigió a ellos el sabio y les dijo: “¿Ven ustedes como mi mercancía es mejor que la de ustedes? La Torá que estudie es la mejor mercancía que existe en el mundo, y es en mi cabeza donde la escondí. Ningún pirata del mundo me la podría quitar y fue gracias a ella que estoy recibiendo el trato tan honroso que estas personas me están brindando. Mas no se pongan tristes por vuestra situación les dijo el sabio, pues yo pediré a los ciudadanos de este lugar que los ayuden para que también vuestra situación mejoré”. Solicitó el rabino a los integrantes de la comunidad para que los ayuden, y por el respeto que le tenían al nuevo Rabino, inmediatamente así lo hicieron. Les dieron ropa y comida, y también dinero para que puedan regresarse a sus casas.
    De esto aprendemos que la Torá es más preciosa que las perlas, y que es la única y verdadera riqueza que acompaña al individuo, la cual jamás nadie se la podrá robar.
    El tesoro real
    Un buen hombre, que salvo a la hija del Rey de ahogarse en un río, recibió como premio, un permiso especial del Rey para entrar durante 70 minutos en las recamaras donde se halla el tesoro real, teniendo la autorización de tomar cuantas riquezas desee.
    Al escuchar los ministros del Rey, lo que el Rey estaba por dejar hacer, lo llamaron a una reunión de emergencia para advertirle de los serios riesgos que su conducta podía implicar para la Corona …
    Escuchó el Rey la inquietud de sus ministros, mas decidió que el permiso especial igualmente seguiría en píe.
    Sin embargo, autorizó a sus ministros a distraer a aquel hombre de una manera indirecta, para así evitar que pudiese apoderarse de las riquezas …
    Al llegar el día fijado, llego el hombre con varias carrozas al Palacio del Rey, y las alineo en la entrada que conducía a las bovedas donde se hallaba el tesoro real.
    Ansioso se hallaba el hombre, esperando el momento en que las puertas se abrieran, para asi atravesar las diferentes salas y llegar al cuarto del tesoro real, para así apoderarse de cuanta riqueza pudiera.
    Se abrieron de pronto las puertas, y el hombre corrió en dirección a las bovedas.
    A los pocos segundos sin embargo, se detuvo atónito ante lo que sus ojos veían, y sus oídos escuchaban.
    Estaba pasando por una enorme sala estaba majestuosamente iluminada, en la cual había una monumental orquesta que ejecutaba agradables melodías.
    Mientras aquello sucedía, decenas de personas gritaban: “¡viva el salvador de la hija del Rey!, ¡viva el salvador de la hija del Rey!”.
    Disfrutó unos cuantos minutos de aquellas bellas melodias, así como de las “hurras” que se decían en su honor.
    De pronto, miró asustado a su reloj, y se dio cuenta que sólo le quedaba media hora para tomar las riquezas que se hallaban en el tesoro del Rey…
    Corrió sin detenerse hacia las bovedas, mas al llegar a la próxima sala, su olfato se sintió atraído por el aroma de los deliciosos manjares que allí se estaban sirviendo.
    Todo tipo de exquisiteses con bellisimas formas habían sido preparados en su honor.
    Comenzó a comer y a“devorar” aquellos platillos … Cuando de pronto miró aterrorizado su reloj, y observó que tan sólo le quedaban escasos cinco minutos …
    Corrió como un desesperado hacia la boveda real, mas al llegar a la puerta, una mano colocada sobre su hombro lo invitó gentilmente a retirarse, pues sus setenta minutos ya se habían pasado.

    Al salir del palacio, no podia creer lo que le sucedió. Comenzó a arrancarse los pelos de su cabeza y a revolcarse por la tierra como si se hubiera enloquecido: “¡que tonto que he sido!” ¿, “¡que tonto que he sido!” se repetía una y otra vez sin hallar consuelo. “Si hubiera tomado aunque sea una joya significativa de aquel importante tesoro, con ello me podría haber alimentado de deliciosos manjares durante toda mi vida … ¿Qué he hecho?
    Moraleja: El Creador del mundo nos dió setenta años para estar en Este mundo y poder adquirir Mitzvot y buenas acciones que se encuentran guardadas en Su Tesoro Real. Todo tipo de “distracciones” nos hacen olvidar de nuestro proposito existencial …
    Y cuando queremos acordarnos … una mano es colocada sobre nuestro hombro, la cual gentilmente nos invita a abandonar Este Mundo … sin haber logrado adquirir las preciosas mitzvót y buenas acciones, que de no habernos distraido, hubieramos podido conseguir …

    Atravesando un bosque
    Habían una vez dos amigos, que debían de atravesar un bosque muy peligroso y lleno de criminales, lo cual era imprescindible para alcanzar finalmente su destino.
    Decidieron entonces, que la mejor manera de atravesar el bosque era haciéndolo con prudencia y de la forma más rápida posible. Asimismo decidieron, que cada uno iría por un camino diferente, y que se encontrarían al final del trayecto.
    Salieron pues al camino. El primero de ellos cruzó el bosque rápidamente como lo habían planeado, mientras el segundo de ellos se detuvo a tomar licor junto a unos borrachos que había encontrado.
    Cuando al día siguiente se despertó decidido a continuar su camino, un grupo de criminales lo atacaron en medio del bosque, robándole todas sus pertenencias y golpeándole hasta dejarlo todo ensangrentado.
    Cuando finalmente llegó a su destino y se encontró con su amigo, este le preguntó por lo sucedido.
    Inconsciente aún de la terrible apariencia que tenía, le dijo que no le había pasado nada y que gracias a D-s, finalmente logro llegar.
    Su amigo le dijo sin embargo: ¿no te das cuenta que estas todo sucio y golpeado, y que además te robaron todas tus pertenencias?
    Recién cuando escucho esto, su amigo tomó conciencia de la tragedia que le había sucedido a causa de la forma negligente como actuó.
    Explicaron nuestros sabios, que el mundo es cual un bosque peligroso que cada uno debe de intentar atravesar.
    Hay quienes son inteligentes y planifican una estrategia y la llevan a cabo al pie de la letra, y hay quienes se dejan distraer por todo tipo de cosas que los desvían de su verdadero propósito, perdiendo aquello que con tanto esfuerzo han logrado.
    La Torá nos guía y orienta para que atravesemos el bosque de la vida con prudencia y rectitud, contribuyendo a que logremos una experiencia vital significativa y feliz, para llegar “sanos y salvos” a nuestro destino final en el Mundo Venidero.
    En la medida en que estudiemos y profundicemos en sus enseñanzas, estaremos mejor preparados para discernir ante las cosas que se presentan en nuestra vida, eligiendo “el camino de la vida” y desechando el otro.
    ¡Quiera Hashem que tengamos la grandeza de incorporar las sabias enseñanzas de Su sagrada Torá, a nuestra forma cotidiana de vivir!
    El picapedrero
    Había una vez, un señor que trabajaba de picapedrero, “de sol a sol” en la ladera de la montaña. Un día, cuando el sol calentaba al mediodía, estaba tan cansado que decidió tomar un descanso a la sombra de un árbol. Al quedarse dormido, inmediatamente comenzó a soñar. En su sueño vio que por la cima de la montaña estaba pasando la carreta del rey; y en ella estaba sentado el rey, vestido con sus más bonitos atuendos, con jinetes montados de a caballo que viajaban delante y detrás de él. El picapedrero se dijo para sus adentros: “¡Qué bueno sería si yo pudiese transformarme en rey!”. Y de pronto, como por arte de magia, su sueño se hizo realidad y se había transformado en un rey. Se miró a si mismo, y para su gran sorpresa, se dio cuenta que estaba en la carreta del rey, y vestido con las ropas del rey. Se dijo entonces a si mismo: “¡Qué bueno que es ser rey. De seguro, no hay cosa mas grandiosa en este mundo que poder llegar a ser rey!”. Sin embargo, al cabo de unos minutos, el calor del sol comenzó a calentar el interior de la carroza, haciendo que el nuevo rey se sienta sumamente incomodo y acalorado. Se dijo entonces el rey a si mismo: “Yo pensé que ser rey era lo mejor que hay en este mundo, pero me doy cuenta que ser sol es más que ser rey, pues si el sol es capaz de molestar inclusive al propio rey, seguramente que no hay cosa mejor en el mundo que poder llegar a ser sol”. Y sueña el rey que se convierte en sol y se convierte en sol. Y entonces, disfrutando de su nueva condición de sol, se dedico a iluminar y calentar el mundo. Hasta que un buen día … se colocó una gran nube delante del sol e impidió que éste iluminara. Una y otra vez intentó el sol iluminar, mas la nube se ponía en su camino y se lo impedía. Se dijo el sol a si mismo: “Yo pensé que ser sol era lo más grandioso que había en este mundo, pero me doy cuenta que ser nube es mucho más que ser sol, pues si la nube es capaz de molestar al propio sol, eso es señal que es más poderosa aún que él”. Y entonces soñó el sol que se convirtió en nube, y efectivamente se convirtió en nube. Durante varios días se dedico a molestar e importunar al sol … Hasta que un buen día, llegó un fuerte viento y corrió violentamente a la nube de su lugar. La nube intentó importunar nuevamente al sol, mas otra vez el viento vino y se lo impidió. Se dijo entonces la nube a si misma: “Yo pensé que ser nube era lo más grandioso del mundo, pero me doy cuenta que ser viento es mucho más que ser nube, pues el viento es capaz de molestar inclusive a la nube, señal que es más poderoso aún que ella”. Y soñó la nube que se convirtió en viento, y de pronto se convirtió en viento.
    Y disfrutando de su nueva condición de viento, se dedico a molestar a las nubes e impedir que estás tapen al sol, además de soplar fuertemente en determinados lugares del planeta y causar grandes daños y destrozos.
    Un buen día, una enorme montaña se topo ante el viento. El viento se dijo a si mismo: “Ahora voy a destruir para siempre a esa altanera y orgullosa montaña”. Juntó todas sus fuerzas y se dirigió a embestir violentamente a aquella montaña. Sin embargo, a pesar de que algunas piedras se corrieron de su lugar, y muchos árboles se quebraron y cayeron, la montaña continuó siendo una montaña. Juntó toda su fuerza otra vez, mas no logro hacer desaparecer a aquella enorme montaña.
    Se dijo entonces a si mismo: “Yo pensé que ser viento era la cosa más grandiosa del mundo, pero me estoy dando cuenta, que en realidad ser montaña es mucho más que ser viento, pues la montaña puede hacer frente inclusive a un terrible viento”.
    Soñó el viento que se convirtió en montaña y se convirtió en montaña. Y durante varios días se dedicó a disfrutar de nueva condición de montaña y de su imponente tamaño y majestuosidad. Sin embargo, a los pocos días de haberse transformado en montaña, llegó una carreta llena de picapedreros, los cuales comenzaron a picar grandes piedras de aquella montaña. Al principio la montaña no les prestó atención, pues simplemente lo sintió cual si le dieran leves pinchazos. Sin embargo, al ver que los picapedreros estaban sacando grandes piedras de la montaña, la montaña reflexionando se dijo a si misma: “Yo pensé que ser montaña es la cosa más grande del mundo. Sin embargo, me doy cuenta que no hay mejor cosa en el mundo que poder ser un picapedrero, pues ellos son capaces inclusive de poder acabar con una gran montaña”.
    Y así, transformado otra vez en picapedrero, nuestro picapedrero inicial, se despertó de su sueño …

    Muchos son los mensajes que se pueden aprender de este cuento. Uno de ellos, y quizás el principal, es que Hashem pone cerca nuestro todo aquello que necesitamos para poder ser felices, y solo por pensar que ello no es así, nos impedimos de poder disfrutarlo.
    Las enseñanzas y la práctica de nuestro judaísmo, tienen el poder de brindarnos una sana visión de la forma cómo vivir nuestra vida. No permitamos que “nubes y montañas” impidan que lo veamos …

    La paloma blanca
    Había una vez una paloma blanca muy hermosa, la cual se veía diferente de todo el resto de las palomas, las cuales en su mayoría eran de tonos marrones y grises.
    Ella sabía que era diferente de todas las demás palomas, y ello le generaba una sensación de incomodidad y de confusión.
    Un buen día, se presentó la paloma ante el Creador del mundo y preguntó: ¿por qué fui creada distinta al resto de las palomas? Me siento diferente y rara a causa de ello.
    El Creador del mundo, la miró con dulzura, y con gran ternura le dijo: “¿Acaso no ves que eres blanca y pura, y que tus alas relucen cual si fueran dos diamantes? ¿Estarías dispuesta a dejar tu brillo y tu belleza simplemente para sentir que eres igual que todas las demás? ¿Acaso un cambio de tu color de alas realmente te beneficiará?
    ¡Debes comprender: tu belleza radica justamente en que eres distinta. Tú eres única y especial, y nada en el mundo puede compararse con tu inusual belleza. Debes sentirte feliz y orgullosa por haber sido elegida para ser una paloma blanca, pura y diferente.
    Nuestras fuentes comparan al pueblo judío con una paloma, siendo el brillo de nuestro judaísmo el que nos distingue y nos hace diferentes y singulares.
    Puede ser que a veces nos sintamos un poco incómodos …, pero el ser distintos es lo que nos otorga nuestra belleza y singularidad …
    Actos de bondad
    Cuando Rabí Pinjas de Uzida – autor del libro Midrash Shmuel sobre el Tratado de Avot – era aún una persona joven, entró en pleno día de semana vestido con sus ropas sabáticas para visitar al Arí Hakadosh. Al verlo el Arí Hakadosh, se levantó en su honor para recibirlo.
    Al salir Rabí Pinjas de Uzida, su alumno Rabí Jaim Vital, le preguntó por qué le había dado tanto honor a aquel joven, parándose para recibirlo. A esto el Arí Hakadosh le contestó: me he levantado en honor a Rabí Pinjas ben Yair (sabio de la época de la Mishná), cuya alma se encontraba en ese momento acompañando a dicho joven.
    Al escuchar esto, salió Rabí Jaim Vital en búsqueda de aquel joven. Al encontrarlo, se dirigió inmediatamente a él y le preguntó: ¿Qué mitzvá grande has hecho el día de hoy? Rabí Shmuel le contestó diciéndole: “De camino al Beit Hakneset, escuche ruidos de llantos que salían de una de las casas que se encontraban en mi camino. Fui a averiguar la causa de dichos llantos, y me contaron que en la noche anterior entró un ladrón a la casa, y se robó todas las ropas de los habitantes de aquel hogar, no teniendo siquiera ropa para poder salir a la calle.
    Me dirigí diligentemente a mi casa, y me puse de inmediato mis ropas sabáticas, entregándoles a ellos las ropas que uso durante los días de la semana, logrando que puedan salir normalmente de su casa, sin llamar la atención de los transeúntes”. Cuando le contó Rabí Jaim Vital la acción que aquel joven había hecho a su Rabino el Arí Hakadosh, éste le dijo: “debido a que cumplió con la bonita mitzvá de ayudar a las personas necesitadas, en el interior de su alma brillo el alma de Rabí Pinjas ben Yair, quien toda su vida se dedico a hacer actos de generosidad para con sus semejantes …”.
    El socio
    Había una vez un señor llamado Moishele, el cual tenia una posada en la cual vendía bebidas y alimentos para los viajeros.
    Además de atender con mucha calidez a sus clientes, cada vez que alguien tenia algún problema venía y se lo contaba a Moishele.
    Alguien que se casó y no podía tener hijos (que a nadie le pase), venía y le contaba a Moishele su pena. Moishele lo calmaba y le decía: “no te preocupes, vas a tener hijos”. Alguien que no tenía trabajo venía y le contaba a Moishele su pena y Moishele le decía: “no te preocupes, vas a encontrar trabajo”. Increíblemente, cada bendición que Moishele daba, al poco tiempo esta se cumplía.
    Una vez, un gran sabio escuchó acerca de las “bendiciones” que repartía Moishele, y decidió ir a verlo para averiguar cual era el mérito que le permitía lograrlo.
    Moishele no quería contarle, pero finalmente insistió tanto que accedió a su pedido y le dijo así.
    Resulta que una vez, en mi familia eramos realmente muy pobres, tan pobres que ni siquiera había dinero para poder comer.
    Mi sagrada esposa se dirigió a mí y me dijo: Moishele, tienes que buscarte un socio, de lo contrario nos vamos a morir literalmente de hambre. Si no puedes hacer buenos negocios tu solo, quizás con un buen socio si lo logres.
    A Moishele le pareció muy inteligente la recomendación de su esposa, y emprendió sus pasos hacia la calle decidido a buscarse un nuevo socio.
    Mientras pensaba en un socio se dijo Moishele para sí mismo: ¿Que clase de socio me voy a buscar? ¿Uno que hoy esta en este mundo y mañana quizás ya no esté? ¿Uno que hoy es fiel y mañana a lo mejor me traiciona? Yo necesito un socio de verdad, un socio que nunca me falle …
    Elevo entonces sus ojos hacia el cielo y le dijo a Hashem: “A partir de ahora Tu vas a ser mi socio. De lo que yo gane, la mitad será para mi y mi familia y la otra mitad para vos. La mitad la voy a dar para tzdaka y otras mitzvot, y la otra mitad la utilizaré para mis gastos. A partir de ese momento empecé a vender bebidas y alimentos en el patio de mi casa, y con lo que ganaba hacia exactamente lo que había acordado con el Creador: la mitad lo colocaba en una alcancía detrás del mostrador y la otra mitad era para mi y mi familia.
    Cuando la gente llega conmigo y me cuenta sus problemas pidiéndome bendiciones, yo con gusto se las doy, pues las bendiciones que doy … son en realidad las bendiciones de mi socio…

    Debemos recordar que siempre tenemos un socio “en el cielo” que esta junto a nosotros. En la medida en que asociemos al Creador a nuestras vidas, Sus bendiciones fluirán hacia nosotros, transformándonos en fuente de bendición para las personas que nos rodean.

    Aprendí del Arca de Noé
    Todo lo que yo necesito saber lo aprendí del Arca de Noé

    Uno: No pierdas el barco …
    Dos: Recuerda que todos estamos en el mismo barco.
    Tres: Planea por adelantado. Cuando Noé empezó a construir el Arca, no estaba lloviendo.
    Cuatro: Manténte en buena salud. No sea que cuando tengas 600 años, y alguien venga a pedirte que hagas algo verdaderamente grande.
    Cinco: No escuches a los críticos; simplemente sigue con el trabajo que necesita ser hecho.
    Seis: Construye tu futuro en tierra alta.
    Siete: Por razones de seguridad, siempre viaja en pareja.
    Ocho: La velocidad no siempre es una ventaja. Los caracoles estaban a bordo junto con las chitas.
    Nueve: Cuando estés estresado, ponte a flotar un rato.
    Diez: Recuerda, el Arca fue construida por aficionados guiados por la mano de D-s; el Titanic fue construido por profesionales ….
    Once: No importa la tormenta, cuando estás con D-s, siempre habrá un Arco Iris esperándote …

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