Agradecemos a Alberto Sueke por darnos autorización de publicar esta sección.
PERASHA TAZRIA:
"Leprosos de alma"
La Torá nos comenta en esta Perasha y en la próxima, sobre
un tipo de enfermedad conocida con el nombre de Saraat (similar a la lepra).
Aparecía en principio en las paredes de las casas y luego se trasladaba a
las ropas y al propio cuerpo de la persona que había pecado. Si bien es
cierto que en nuestros días esta enfermedad no existe -quizás
porque no seamos el "Adam" (persona) a la que la Torá se refirió
cuando dio los detalles del Saraat- somos conscientes de que se trata de algo
realmente terrible.
¿Cuáles eran los pecados que la originaban? El Talmud en Arajin
16 los enumera: "Lashón Hará, asesinatos, juramentos en
falso, relaciones prohibidas, altivez, robo y egoísmo". La base de
todas estas transgresiones es el celo y la envidia. Quien actúa de
esa manera olvida que cada ser humano posee cualidades positivas y negativas,
situaciones de éxito y fracaso. Sólo que en lugar de valorar el
éxito propio se analizan sólo los fracasos y las frustraciones.
Con el compañero el análisis es inverso, sólo se consideran
todos los progresos en su vida sin investigar los puntos negativos que también
existen. Así nace la envidia. La persona no se puede relacionar con la
sociedad, se llega -en casos extremos- a desear incluso la muerte del prójimo
y es por eso que Hashem le envía el castigo con la misma vara que
él había utilizado: la muerte en vida por su comportamiento
equivocado que lo marginó de la sociedad. ¿Por qué sólo
existía esta enfermedad en ropas de cuero, lino y lana? Para explicarlo,
recordemos quién fue el primer envidioso de la historia. Nuestros Sabios
nos enseñan que fue la serpiente que al ver a Adam Harishon y a Java en
el Gan Eden, celó de ellos y pretendió ocupar el lugar de Adam. Su
castigo fue que su cuerpo tuviera una especie de Saraat y que nadie pudiera
convivir con ella por el egoísmo y celo que había tenido. Quien no
aprendió el mensaje fue Cain, que al ver que su ofrenda de lino no era
aceptada por Hashem, mientras que lo contrario sucedía con su hermano
Hebel que ofrecía corderos, decidió asesinarlo. Estos tres
elementos: la lana, el lino y el cuero, que marcaron el comienzo de la humanidad
con la envidia venenosa, fueron precisamente sobre los que recae el tema de la
lepra en las ropas.
En la porción de los profetas (Haftará) que leemos en esta
semana, se narra la historia de un general del ejército del pueblo de
Aram llamado Naaman que era leproso. Una joven judía, que había
sido llevada cautiva, le comentó a la señora de Naaman que el
profeta de Israel estaba en condiciones de curar a su esposo de la lepra. El Rey
de Aram le envió una nota al rey de Israel para que se ocupara del
enfermo y de su curación. El rey de Israel rasgó sus ropas en señal
de duelo, porque intuyó que lo único que se buscaba era una excusa
para comenzar una guerra. Sin embargo, cuando el profeta Elisha escuchó
lo que sucedía le dijo al rey: "¿Por qué has rasgado tus
ropas? Que venga hacia mí y sabrá que hay profeta en Israel"
(Melajim 2-5). Cuando Naaman llegó, el profeta Elisha le mandó un
emisario con la receta de la curación: debía bañarse siete
veces en el Iardén (Jordán) y su cuerpo volvería a la
normalidad. ¿Cómo supo el profeta Elisha que así sucedería?
Su condición de profeta le permitió saberlo, pero nuestros Sabios
nos enseñan que todo está escrito en la Torá y en ella
también estaba la respuesta. Hay sólo tres versículos que
empiezan y concluyen con la letra "Nun" como sucede con el propio
nombre de Naamán. El primero de ellos está en nuestra Perasha:
"Nega Saraat Ki Tihie Beadam Vehuba el Hacohen" (Vaikrá 13)
("si aparece lepra en la persona, debe ser llevado ante el Cohen"); el
segundo se encuentra en el Sefer Debarim 18: "Nabí Mikirbejá
Meajejá Kamoni Iakim Lejá Hashem Elo-keja Elav Tishmaún"
("un profeta de tus propios hermanos te pondrá Di-s y a él
escucharás"). El tercero se refiere a cuando las tribus de Gad y
Reubén le pidieron a Moshe habitar del otro lado del Jordán:
"Najnu Naabor Jalusim Lifné Hashem Erez Kenaan Veitanu Ajuzat
Najalatenu Meeber Laiarden" (Bamidbar 32) ("nosotros cruzaremos
armados delante del Eterno a la tierra de Kenaan y con nosotros quedará
la posesión de nuestra heredad de la parte de esta orilla del Jordán").
Uniendo los versículos encontramos la relación: si se presenta un
caso de lepra (primer versículo) y se presenta delante del profeta
(segundo versículo), la solución es bañarse en el Iarden
(como lo refleja el tercer versículo).
¿Cuál fue la reacción de Naaman ante el consejo del
profeta Elisha? Se enfureció y dijo: "Pensé que saldría
hacia mí con el nombre de Hashem su Di-s y pondría su mano en los
lugares enfermos y los curaría... ¿No son acaso mejores Abaná y
Parpar -ríos de Damasco- que todas las aguas de Israel? ¡En ellos me bañé
y no me purifiqué!". ¿Por qué tuvo ese rechazo Naaman? Si de
todas formas estaba perdido y no tenía solución, ¿qué perdía
con probar la receta de Elisha? Nuestros Sabios analizan profundamente los versículos
y llegan al punto central: la furia de Naaman se originó en que Elisha
no le había dicho personalmente la forma en que se curaría, sino
que lo había hecho por medio de un emisario. Era preferible para él
regresar leproso a su país, pero no le perdonaría a Elisha que no
le hubiera dispensado la honra que creía merecer. Lo que la Mishná
en Abot comenta: "la envidia, la ambición y la búsqueda del
respeto sacan a la persona del mundo", no sólo se refiere al mundo
venidero, sino que como en el caso de Naaman, no le permiten vivir en sociedad
apartándolo también del mundo terrenal. Una prueba contundente de
esta reacción negativa de Naaman es el comportamiento de los sirvientes
que lo acompañaban. Ellos le dijeron: "Si te hubiera pedido algo difícil
igualmente lo hubieras hecho. ¡Con más razón sumérgete y
purifícate!" (Melajim 2-5). Ellos -al no estar sobornados por la búsqueda
del respeto personal- comprendieron que nada se perdía con probar.
Analicemos la actitud positiva de Naaman. En el momento de recibir el
reproche de sus sirvientes no los hizo callar ni les gritó. Por el
contrario, se dio cuenta de su error, se avergonzó por su actitud y se
sumergió siete veces en el Iarden como le había dicho el profeta
Elisha. Instantáneamente "su cuerpo volvió a ser como el
cuerpo de un pequeño joven y se purificó", enseñándonos
que incluso para aquel que está atado a la ambición de la honra
hay esperanza si sólo está dispuesto a escuchar el reproche.
Precisamente, Naaman después de comprobar su curación fue el
único que reconoció la existencia de Di-s de entre todos los
soldados y esclavos que lo acompañaban y decidió no servir más
idolatrías a partir de ese instante. ¿Y sus sirvientes? ¿Acaso
no habían visto lo que sucedió? ¡Siguieron siendo idólatras! Lo
que sucedió es que sólo aquel que había soportado en carne
propia el sufrimiento, pudo liberar su mente de las sogas que lo ataban a un
camino incorrecto en la vida. Para los sirvientes fue una simple historia
-interesante por cierto- pero que no les modificaría la actitud en la
vida.
Si creemos que las malas cualidades como las que mencionamos pueden
existir sólo en aquellas personas que no tienen conocimientos sobre la
Torá, nos equivocamos. Incluso los grandes Sabios deben trabajar sobre sí
mismos para poder superarlas, ya que de lo contrario toda la sabiduría
que posean no será valedera en el momento de la ambición o deseo.
Es lo que sucedió con Guejazí, el alumno predilecto del profeta
Elisha. Cuando vio que su Rab no aceptaba la ofrenda que Naaman quería
darle, corrió detrás de él pensando que Elisha no se daría
cuenta y le dijo a Naaman: "mi señor me envió para decirle
que llegaron dos jóvenes profetas del monte de Efraim, déme por
favor para ellos un pan de plata y dos cambios de ropas". La desesperación
del dinero lo perdió. Naaman lo hizo jurar y le dio dos panes de plata
además de la ropa y Guejazí regresó ante Elisha luego de
haber escondido su botín. El profeta Elisha desde su lugar sabía
todo lo que había hecho y le dijo cuál sería su castigo:
"La lepra de Naaman se pegará a ti y a tu descendencia eternamente,
y salió (Guejazí) delante de él (Elisha) leproso como la
nieve" (Melajim 2-5).
Es cierto que Guejazí era el mejor alumno de Elisha. Pero, ¿de qué
le sirvió? Al no vencer a su ambición y egoísmo terminó
siendo un leproso sin solución. Se imaginaba que él seguiría
el camino de Elisha y no quería que nadie más aprendiera de su
maestro. Se paraba fuera del lugar en donde su maestro enseñaba e impedía
el ingreso de los otros alumnos diciendo que no había novedad alguna en
lo que enseñaba, sino que siempre repetía lo mismo. Su egoísmo
lo perdió, quería que nadie estudiara para así poder
destacarse y sobresalir. Un maestro o un sabio pueden elevarse sobre sus
alumnos de dos formas: la primera es positiva y consiste en crecer ellos mismos
continuamente. De esta forma sus alumnos siempre los necesitarán, ya que
no se quedarán estancados en sus conocimientos. La otra forma es
negativa, es lo que quería Guejazí, que nadie creciera y
desarrollara sus conocimientos para así estar siempre arriba de todos.
Hasta tal punto llegó el egoísmo de Guejazí que dos capítulos
más adelante del libro Melajim 2, el profeta nos comenta un terrible
suceso. El pueblo de Israel estaba sitiado por el ejército de Aram y el
hambre hacía estragos entre los Iehudim. Guejazí con sus tres
hijos leprosos estaban fuera de la ciudad, ya que por esa enfermedad no podían
ingresar allí. En un momento de desesperación, decidieron ir al
campamento de Aram en busca de alimentos para poder sobrevivir, puesto que de
todas formas no tenían otra alternativa y morirían igualmente.
Sucedió un milagro y Hashem hizo escuchar voces de carros y de caballos
como si fuera que un ejército grande y poderoso estaba atacando a los
hombres de Aram, que temerosos escaparon dejando todas sus pertenencias y
alimentos. ¿Cuál fue la actitud de Guejazí y sus hijos? ¿Acaso
no debían ir corriendo a avisar al pueblo de Israel que estaba
desfalleciendo de hambre? ¡Cuántas muertes se podrían haber
evitado avisando un segundo antes que había comida disponible para todos!
¡Cuántos niños hubieran salvado sus vidas! Sin embargo, Guejazí
prefirió pasar toda esa noche comiendo, tomando y ocultando el mejor botín
para él y sus hijos. Sólo al otro día y por temor al
castigo que podría recibir del rey de Israel, decidió ir a avisar
el milagro que había sucedido. Otra vez el egoísmo lo perdió,
la lepra externa que sufría era el fiel reflejo de la lepra interna de su
alma.
¿Cómo hacemos para no
envidiar? Los ángeles no envidian, pero el ser humano... ¡Es imposible!
No, es posible. Sólo debemos saber un secreto y es el siguiente: el
error fundamental es creer que todo lo bueno lo poseen los otros. Observamos
la riqueza y el bienestar de nuestros vecinos y nos olvidamos de buscar la
riqueza que está en nuestro interior. Analicemos todo lo positivo que
Hashem nos dio: nuestra familia, los hijos educados en el camino de la Torá
que asegurarán nuestra eternidad, nuestro sustento, la salud que Di-s nos
otorga, la paz de nuestro hogar a pesar de las dificultades que puedan existir.
Cada uno de nosotros tiene éstas o muchas otras cosas más que
valorar en lugar de observar y luego envidiar al prójimo. Un Bet
Hakeneset construido en Praga (Checoslovaquia) posee una chapa en su exterior
con la siguiente historia: Rab Iekel de Praga soñó varias veces
que había un tesoro debajo de un puente de una ciudad vecina. Luego de
explicarle a su señora quien no podía comprender el comportamiento
de su esposo, decidió viajar a buscar el tesoro que sus sueños le
anunciaban. Cuando llegó al lugar, los soldados del rey no lo dejaban
pasar ya que el camino llegaba hasta el propio palacio del rey. Desesperado, les
explicó lo que sucedía y uno de los soldados le respondió:
"¡Judío necio! ¿Acaso crees que los sueños son verdaderos?
Yo mismo he soñado durante varias noches que debajo del horno de la casa
de un Iehudi llamado Iekel que vive en Praga existe un tesoro. ¿Acaso según
tu idea debería salir a encontrarlo? ¡Vuelve a tu casa!". Rab Iekel
se dio cuenta del mensaje y rápidamente regresó a su casa, rompió
su horno y encontró un tesoro con el que construyó ese Bet
Hakeneset y escribió en la entrada lo que le había sucedido.
Se trata de la misma enseñanza que mencionamos: no debemos
buscar la riqueza del otro lado del río, no debemos envidiar a los que se
encuentran alrededor nuestro, sino que debemos observar todo lo que Hashem con
su bondad nos concedió. Así encontraremos la felicidad y la
dicha de estar contentos con lo que el Todopoderoso determinó que nos
correspondía. Seremos queridos y apreciados por los que nos rodean y por
sobre todo, encontraremos esa tranquilidad invalorable que aquellos que tienen
su alma leprosa nunca alcanzarán.
PERASHA TAHOR - SHABAT
HAGADOL:
"La historia del mundo"
Está escrito en Shemot 12: "Hablad a toda la congregación
de Israel diciendo: en el día diez de este mes (Nisan) que ellos tomen,
cada varón, un cordero por cada casa paterna, un cordero por cada familia
.... Será guardado por vosotros hasta el día catorce de este mes y
lo degollará toda la comunidad de Israel entre el atardecer .... Y tomarán
de la sangre y pondrán sobre las dos jambas y sobre el dintel de las
casas en que lo comerán". Se trata de la Mizva del Korban Pesaj.
Es por eso que este Shabat recibe el nombre de Shabat Hagadol: "el Shabat
grande", por el milagro que aconteció en él, ya que el
cordero era la idolatría principal de los egipcios. Sin embargo, quedaron
como paralizados y no pudieron reaccionar pese a que degollaban a su idolatría.
¿Por qué Hashem ordenó que tomaran al cordero el día
diez del mes? ¿Y si era el nueve? ¿El
día once no era lo mismo? Quizás podamos explicar que la salida de Egipto
fue un jueves 15 de Nisan, por lo que el día 10 fue un sábado y al
suceder el milagro del cordero en él, se analizó y se profundizó
el concepto del Shabat. Hasta entonces, el Shabat reflejaba principalmente que
Hashem había creado el mundo -los cielos y la tierra- y en el séptimo
día descansó. Pero había quizás una posibilidad de
equivocarse y creer -como lo hicieron algunos filósofos- que Hashem no
conduce su mundo y que lo deja librado a su suerte y a los deseos de sus
habitantes. Pero con el suceso del sábado 10 de Nisan, este concepto
desapareció. En ese Shabat se demostró que Hashem supervisa y
maneja los hilos del mundo. De esta forma, el Shabat se hizo "grande",
se transformó en el punto de partida de la formación del pueblo
judío para acentuar el concepto que al terminar la Creación no
concluyó la función del Creador, sino que comenzó una nueva
misión que se prolongaría por siempre. La fe en la supervisación
individual de Hashem sobre todo lo que sucede en el mundo, parte de la base lógica
de la fe en la Creación. Quien hizo un mundo extraordinario como el que
vivimos, no lo dejó abandonado a su suerte, sino que lo dirige de acuerdo
con Su criterio. Lo que los filósofos argumentaban como una separación
entre la Creación y la supervisación es absurdo completamente como
fue demostrado ese Shabat. Este mismo concepto ya se lo había transmitido Hashem a
Adam Harishon. ¿Por qué le ordenó no comer del árbol del
saber? ¿Acaso realmente adquiriría un saber mayor al que tenía?
¿Cuál fue esa sabiduría? Debemos
explicar que la orden fue para que Adam entendiera que Hashem seguía
dirigiendo al mundo y que la historia humana dependería de las
actitudes de las personas. La prohibición de comer del árbol,
determinó que Adam y sus descendientes comprendieran el tema de la libre
elección y el pago y castigo con el que Hashem maneja el mundo. Ese fue
el saber que el árbol le dio a Adam, para que no sólo él
sino toda la humanidad comprendiera que después de la creación no
abandonó Hashem al mundo, sino que se ocupa de él permanentemente.
Leemos en la Hagadá de Pesaj: "Y pasaré en esta noche
Yo y no un ángel, y castigaré a todo primogénito de la
tierra de Egipto, Yo y no un ángel, y en todos los dioses de Egipto haré
juicio, Yo soy Hashem, Yo y no un enviado, Yo soy Hashem y no otro". En el
momento en que se introduciría la base de la supervisación
individual, era necesario que Hashem mismo hiciera las maravillas y no por
intermedio de un emisario celestial, para así no dar margen a errores.
Precisamente el Korban Pesaj tenía características particulares.
Por un lado, era un sacrificio del Sibur con reglas específicas del
mismo, pero cada uno debía anotarse particularmente y no podía
exceptuarse por medio de otra persona. Su objetivo era transmitir la base de
la supervisación individual en cada hogar, en cada familia y en el corazón
de cada uno de sus integrantes. Quien por razones de impureza no podía
participar, tenía una segunda oportunidad en Pesaj Sheni un mes después.
Nadie podía liberarse de esta Mizva, ya que formaba parte de la base
indispensable de cualquier judío para comprender lo que sucede en el
mundo y en su vida particular. El Shabat Hagadol pregona a todos los vientos el
primero de los trece principios de nuestra fe: "que el Creador -Alabado Sea
Su Nombre- es el Creador y quien dirige a todas sus creaciones". No sólo
que las creó, sino que también las dirige.
El Midrash Tanjumá en Toledot 5 comenta que el César
Adrianos dijo con referencia al pueblo de Israel: "es grande la oveja que
se mantiene entre setenta lobos", a lo que Ribi Iehoshua ben Jananiá
le respondió: "grande es el pastor que la protege". En
todos los éxitos aparecen los triunfadores y responsables de la victoria.
Cuando el pueblo judío triunfa, existe la visión equivocada de que
fue por su propia fuerza: la oveja hizo lo que debía hacer. El pueblo de
Israel sale de la esclavitud de Egipto y se podía pensar que ellos mismos
habían encontrado la libertad, rebelándose y escapando de sus
opresores. Para que no se confundieran, en ese mismo Shabat Hagadol Hashem les
avisó que dentro de cuatro días saldrían a la libertad,
para que tuvieran claro que "grande es el pastor que las protege". No
dependía de la fuerza propia de la oveja. Muchos piensan que el
"Pesaj" de nuestra época comenzó con la formación
del Estado de Israel. ¿Y quién pregonó la libertad? La oveja se
levantó un día y dijo que quería ser fuerte como los lobos
y no seguir siendo débil. A partir de ese día, se enorgulleció
de su poder y -lamentablemente-se olvidó del Pastor que la cuida. Algunos
llegaron a pensar equivocadamente que podían salvarse de los setenta
lobos que la rodeaban por sus propios medios. Los que tenemos fe sabemos que
de la misma forma que sucedió en Egipto y en todos los acontecimientos de
la historia, es la mano de Hashem la que maneja el mundo más allá
de lo que a simple vista se puede observar.
También la salida de Egipto fue explicada por distintos
historiadores o renegados como una revolución de esclavos que habían
llegado al máximo de paciencia posible y se rebelaron venciendo a sus
opresores. De este modo, intentaron explicar lo sucedido sin querer ver al
Salvador verdadero. En la noche de Pesaj leemos un canto conocido como "Jad
Gadia" (un cabrito) que echa a tierra esa visión equivocada. El
resumen del canto es el siguiente: un padre había comprado un cabrito por
dos monedas, pero un gato salvaje lo devoró. Luego un perro mordió
al gato, a continuación un palo golpeó al perro, pero a su vez el
fuego quemó al palo. El agua apagó al fuego, pero luego un toro tomó el
agua. Posteriormente
un matarife degolló al toro, a continuación el ángel de la
muerte retiró el alma del matarife hasta que finalmente Hashem degolló
al ángel de la muerte. Existen quienes observan los acontecimientos de la
historia en forma natural. Es normal por ejemplo que el gato devore al cabrito y
que el perro muerda al gato. No
es necesario -según esa visión- unir los acontecimientos. ¿Acaso
sabe el perro que el gato había devorado al cabrito? ¡Todo es normal y
así debe ser! ¡El agua apaga al fuego y si el toro tenía sed,
tomará el agua! ¡La
función del matarife es degollar al toro y la persona no puede vivir
eternamente y tiene un final! Esa visión parcial no observa que todos
esos acontecimientos tienen una raíz que los motivó: la
injusticia que cometió el gato al devorar al cabrito. Eso debía
solucionarse y para eso se desarrollaron los hechos que a simple vista
parecieron normales. Supongamos que fue "normal" como dicen esos
renegados que la langosta apareciera en Egipto y devorara la siembra o que una
epidemia matara a los animales y así sucesivamente con las diez plagas. Todo
fue "casualidad". También se puede explicar que los
esclavos se rebelaron a sus opresores. ¿Pero acaso se puede explicar que
todo ocurrió simultáneamente en forma casual? Es
el mismo error del canto "un cabrito". Cada etapa del canto puede ser vista como natural
individualmente, pero la unión de los acontecimientos refleja la mano de
Hashem que supervisa todo. Esa supervisación Divina que utiliza medios
naturales -el gato, el perro, el palo, etc.- que llegarán a que se
concrete lo que ha determinado el Todopoderoso.
La historia del mundo está ejemplificada en ese canto de Pesaj:
"Un cabrito". El problema es que la mayoría sólo
observa al gato, al perro y al palo y se olvidan del cabrito como motivo
original de los otros sucesos. No observan que Hashem espera pacientemente su
cuenta final con todos aquellos que cometen transgresiones. La historia no es
una continuación de sucesos sin relación alguna entre ellos, sino
que cada uno de ellos forma parte de un mecanismo complejo manejado por Di-s
fuera del alcance humano. Quien acepta la base de "un cabrito" en
la historia de los pueblos, reconoce el milagro de la salida de Egipto. Sabe
también que la última palabra es la de Hashem, ni siquiera el
ángel de la muerte se salva de El. Finalmente la justicia llegará
y la salvación de la humanidad también, no sabemos cuántas
piezas tendrá ni cuánto tiempo demorará "el
cabrito" del mundo, pero llegará el momento en que todo se entenderá.
Cuántas cosas sucedieron en la historia del mundo a las que no les
encontramos explicación. ¿Por qué tanto antisemitismo? ¿Por qué
debimos sufrir la inquisición? ¿Alguien tiene una explicación
clara del porqué de seis millones de hermanos muertos en la segunda
guerra mundial? Preguntas como éstas se podrían repetir sin que
tengamos respuestas convincentes. Pero hay algo que tenemos claro y que puede
ser ejemplificado de la siguiente forma: un Iehudi que caminaba por un bosque
con mucho dinero de una sociedad que compartía con un amigo fue asaltado
por un ladrón que lo detuvo. Luego de sacarle el dinero le dijo: "Es
tu día de suerte, normalmente asesino a mis víctimas, pero como
hoy es mi cumpleaños estoy contento y te dejaré con vida. Sólo
te robaré". El Iehudi aprovechó esa oportunidad que el ladrón
le había dado y le dijo: "debes hacerme un favor; mi socio no me
creerá que me han robado y te pido que me des pruebas de que así
fue realmente". El Iehudi se sacó el sombrero y el saco y le pidió
al ladrón que disparara sobre ellos. De esa forma probaría que había
sido robado. Cuando comprobó que al ladrón se le habían
terminado las balas, lo atacó y pudo recuperar su dinero. Las balas se
terminan, las persecusiones y asesinatos que debieron soportar los judíos
a lo largo de la historia están concluyendo. Estamos cerca de la época
del Mashiaj en donde Hashem se presentará y todas las naciones del mundo
lo reconocerán. En ese momento comprenderemos todo, será muy
claro que todo lo sucedido anteriormente fue sólo un engranaje más
de ese mecanismo tan complejo con el que Hashem hizo la Creación. Debemos
esperar con paciencia y esperanza ese instante de la Revelación Divina.
Hay una pregunta que muchos formulan y que no es nueva, ya que el propio
Moshe Rabenu se la hizo a Hashem cuando le dijo: "Muéstrame tu
honra" (Shemot 33); Rashi explica que el pedido de Moshe fue el siguiente:
"¿por qué hay rectos que sufren y perversos que tienen el
bien?". El tema es complejo. Pero hay varias respuestas que se pueden dar
para que la pregunta no sea tan difícil. En principio, como explicamos
hasta ahora, se debe tener paciencia y no juzgar sólo por lo que los ojos
ven, sino esperar para ver el desarrollo de los acontecimientos. Es lo que
sucede con aquellos dibujos que se forman uniendo puntos que se encuentran en
distintas direcciones, formando así un dibujo totalmente impensado
previamente. Sólo al finalizar se dará cuenta la persona de que
esas líneas que unía formaron una hermosa obra. Igualmente,
para analizar la vida hay que esperar hasta el final. Ahí encontraremos
la verdad, en este mundo o en el venidero, pero todo quedará claro.
Cuando una mujer entrega una tela a su modista y ésta la corta para poder
coserla, no le pregunta por qué lo hace, sino que comprende que ése
es el proceso para poder tener su vestido en perfectas condiciones. En muchos
casos presenciamos los cortes de Hashem sin comprender lo que sucede, pero
sabemos que todo forma parte de un proceso que será beneficioso para
todos. Incluso para quienes
no lo entiendan así.
Nos olvidamos también de hacer dos preguntas básicas: ¿estamos
seguros de que esa persona que a nuestros ojos es perversa lo es realmente para
Hashem? ¿Y el Sadik es
tan recto como creemos nosotros? Cada persona es juzgada por Hashem de
acuerdo con la potencialidad que recibió, si realmente la llevó a
la práctica o no. Por lo tanto no somos quienes para determinar quién
es el recto y quién el perverso. Por otra parte: ¿qué es el
bien y qué es el mal? Lo que a nuestros ojos pueden ser sufrimientos,
para quien los padece quizás no lo sean. Nosotros medimos todo con
nuestra vara, pero hay que ver si a quien juzgamos está de acuerdo con
esos valores.
Muchas otras respuestas se podrían dar: quizás esa persona
incorrecta reciba un bienestar en mérito a lo que hicieron sus
antepasados; quizás Hashem le paga el poco bien que hizo en este mundo,
pero no adquirirá el mundo venidero al no corresponderle por sus malas
actitudes. Si tomamos el tema de las reencarnaciones, las respuestas son más
claras aún. En resumen, la justicia se verá. Vivimos acostumbrados
a los resultados rápidos, pero en este caso debemos comprender que no es
así. Sólo sabemos que el castigo llegará para quienes lo
merecen y el pago para aquellos que obraron con corrección. Es una de
las bases con las que Hashem hizo al mundo que bajo Su Supervisación y
manejo avanza al encuentro de la verdadera Gueulá con la llegada del
Mashiaj. Amén.