Agradecemos a Alberto Sueke por darnos autorización de publicar esta sección.

 

PERASHA TESAVE:

"El buen dirigente"

 

El pueblo de Israel salió de Egipto dividido en doce tribus. Uno de los milagros que sucedieron cuando cruzaron el Mar Rojo, fue que éste se abrió en doce caminos, uno para cada una de las tribus, como el rey David escribió en el Tehilim 136: "para el que cortó el Mar Rojo en trozos, porque su favor es eterno". En todo el camino previo a la llegada al monte de Sinai, se mantuvo esta división que los versículos atestiguan con los términos (en plural): "y acamparon", "y partieron", que reflejan esta separación. Sólo en el monte de Sinai se encontró la unión de todo el pueblo: "y acampó allí Israel frente al monte" (Shemot 19), que posibilitó la presencia Divina, la entrega de la Torá y el deseo de Di-s para que ese comportamiento fuera eterno: "Quien daría que ese sentimiento de temor hacia Mí y de cuidar Mis preceptos fuera para todos los días" (Debarim 5).

 

Con esta misma base, Hashem ordenó la construcción del Mishkan: "y harán para mí un Santuario y posaré dentro de ustedes" (Shemot 25). El Mishkan era el ejemplo del Shalom y unión de todas las tribus, ya que todo el pueblo debía participar en su construcción para que nadie se considerara dueño de él.

 

Nuestra base como pueblo fue la unión. Con ese principio debemos comprender en esta Perasha la orden que Hashem le dio a Moshe: "y tú acercarás hacia ti a Aharon tu hermano y a sus hijos con él dentro de los hijos de Israel, para que sea mi sacerdote" (Shemot 28). El Midrash Rabá pregunta cuál fue el mérito de Aharon para recibir el cargo de Cohen Gadol (Gran Sacerdote). La respuesta la encuentra en el mismo versículo: él estaba "dentro de los hijos de Israel", su trabajo era constante para acercar a los alejados al seno familiar ayudando así a la unión e integración del pueblo. La Mishná en Pirke Abot 1 comenta: "debes ser de los alumnos de Aharon Hacohen, querer el Shalom y perseguirlo, querer al prójimo y acercarlo a la Torá". ¿Cuál fue el mérito por el que Aharon podía entrar al Kodesh Hakodashim, el lugar más sagrado del Mishkan? Ribi Izjak contesta en el Midrash: el mérito de las tribus entraba con él, como está escrito: "y esto es lo que harás para ellos" (Shemot 29). Sumando las letras en hebreo que componen el término: "y esto", el resultado es doce y se refiere a las doce piedras que representan a cada una de las tribus de Israel y que estaban incrustadas en la ropa de Aharon. Hashem observaba las piedras que reflejaban la unión de todo el pueblo, en la ropa de quien justamente trabajaba para lograrlo.

 

Existen distintos sentimientos en el ser humano. Hay quien es egoísta y sólo piensa en sí mismo. Hay quien se preocupa también por el prójimo. Pero el corazón del dirigente debe estar integramente en la necesidad y unión de sus dirigidos. Precisamente, ése era el corazón de Aharon: "Y alzaba Aharon los nombres de los hijos de Israel en el Joshen del juicio sobre su corazón cuando entraba al Kodesh ....". El Midrash comenta que cuando Hashem le dijo a Moshe que Aharon sería el sacerdote, Moshe se sintió mal ya que pensaba que él mismo sería designado con ese cargo. La respuesta de Hashem fue: "la Torá es mía y te la entregué a tí". ¿Cuál fue el consuelo de Hashem a Moshe? El Maguid Midubna explica que para acercar a los alejados de la Torá hace falta un dirigente cercano al pueblo y no alguien elevado espiritualmente a una máxima altura. Debido a su gran nivel, Moshe Rabenu no era el adecuado para esta función y ésa fue la respuesta de Hashem: "la Torá que era mía no se la enseñé yo mismo al pueblo, sino que te la entregué a ti para que tú lo hicieras". Lo mismo sucedió con el cargo de sacerdote, que representaba a quien debía buscar con los sacrificios que se ofrecían el perdón del pueblo por los pecados y acercarlos al camino de Hashem. Sólo Aharon, integrado plenamente dentro del pueblo y cercano al corazón de cada Iehudi al conocer la vida de todos sus hermanos, era apto para esa función. De la misma forma que un gran profesor de ciencias no puede dedicarse a enseñar las primeras letras a niños de jardín de infantes; así como una ropa no puede ser vestida salvo que sea de la medida exacta de su dueño, el buen dirigente no podrá estar en un nivel extremadamente superior de sus dirigidos.

 

Sobre Aharon Hacohen está escrito: "y a muchos hizo retornar del pecado" (Malhají 2). ¿Cuál era su secreto? El amor y cariño por cada Iehudi. Nuestros Sabios nos explican que cuando Aharon se encontraba con un perverso, lo saludaba afectuosamente. Cuando esa persona quería cometer alguna transgresión, pensaba en el cariño que Aharon le demostraba y en que no tendría coraje para poder observarlo a sus ojos luego de la transgresión. De esta forma se apartaba del pecado. Cuando dos personas habían peleado por algún motivo, Aharon se acercaba a una de ellas y le decía que su compañero estaba arrepentido por lo que había sucedido y que reconocía su culpabilidad por la pelea. Luego repetía el mismo proceder con la otra persona involucrada, hasta que ambas se encontraban circunstancialmente, se abrazaban y se pedían perdón mutuamente. En Abot de Ribi Natan está escrito sobre el versículo: "y lloraron a Aharon treinta días todo el pueblo de Israel" (Bamidbar 20), que a diferencia de la muerte de Moshe donde está escrito: "y lloró el pueblo de Israel" (Debarim 34), en el caso de Aharon el llanto fue de "todo el pueblo", ya que Aharon nunca reprochaba a alguien en forma directa diciéndole: "eres un transgresor", sino que con gracia y sabiduría corregía a sus hermanos. Miles de Iehudim que tenían por nombre Aharon, iban detrás de su féretro ya que eran hijos de padres que se habían reconciliado gracias a la intervención de Aharon y que ponían a sus hijos ese nombre en reconocimiento a su proceder.

 

El Rab Dessler en su libro Mijtab Meeliahu comenta que es difícil para el reprochado aceptar la crítica, ya que está sobornado por su propio deseo que lo enceguece y no le deja reconocer la verdad. Sólo con actitudes de amor y entrega sincera hacia el prójimo se podrá corregir. A este concepto se refirieron nuestros Sabios: "las palabras que salen del corazón entran en el corazón". Toda persona -incluso aquella que se siente incluida en lo que se critica en forma pública- distingue las expresiones sinceras nacidas en el cariño arraigado en el corazón del que corrige.

 

De la misma forma que el que corrige debe pensar si él es digno realmente de hacerlo, también debe observar si el implicado es apto o no para recibir la crítica. "No reproches al burlón por si te odiará, reprocha al sabio y te amará"; el rey Shelomo en Mishle 9 nos da esta clave. ¿Quién de nosotros no conoce al típico sobrador que desprecia el reproche con expresiones de burla que provocan el odio y la separación? Por eso, el Talmud en Iebamot 65 comenta: "así como es una Mizva decir todo lo que será escuchado, también es una Mizva no decir lo que no será escuchado". Se debe proceder con sabiduría y según cada momento y situación. En una oportunidad, un Rab muy importante de una ciudad le pidió a su acompañante que fuera con él a la casa de un director de un banco sin explicarle el motivo de la visita. Cuando llegaron, el director soprendido por tan agradable sorpresa, los recibió y les sirvió frutas y masas para que dijeran bendiciones. El Rab no sólo que no se sirvió de las frutas, sino que no dijo ni una sola palabra y así permaneció durante unos minutos hasta que se levantó para retirarse. El dueño de casa no comprendía su proceder y le preguntó: "¿Me puede explicar el motivo de su visita?". El Rab le respondió: "debo pedirte algo pero estoy seguro de que no lo harás. Como el Talmud comenta que también es una Mizva no decir lo que no será escuchado, vine a visitarte, tomé asiento y permanecí callado durante el tiempo que tenía que haberte hecho el pedido y de esta forma cumplí con la Mizva. Ahora ya puedo reitrarme". El hombre, estupefacto, le dijo al Rab que no era así, sino que estaba dispuesto a hacer lo que le pidiera y ante su insistencia, el Rab le dijo: "hay una viuda en nuestra comunidad que vive con sus hijos en una pequeña casa. Como no puede saldar una deuda que tiene con el banco, recibió una orden de desalojo del banco del cual tú eres el director. Debes solucionar el problema". El hombre intentó explicarle al Rab que no era una carta personal suya, sino que era una decisión de los dueños del banco y que él era sólo un empleado jerárquico. El Rab desesperado comenzó a gritar: "¡He pecado! ¡He pecado! ¡Sabía que no me escucharías! ¡No debí aceptar comentarte el tema!". El director al observar la angustia del Rab le dijo: "¡No se preocupe! A pesar de que no es mi responsabilidad, estoy dispuesto a pagar la deuda de mi propio pecunio para ayudar a la viuda". El Rab con su inteligencia había sabido cómo llegar al corazón de esa persona. Le agradeció y se sentó a bendecir las frutas que el hombre había preparado. ¿Qué hubiera sucedido si el Rab le reclamaba directamente que él debía pagar la deuda de la viuda? Con seguridad que el hombre no hubiera accedido, al no estar involucrado con ella.

 

Por otra parte, se debe tener en cuenta quién es la persona que se pretende corregir. ¿Es el destinatario de la crítica? ¿No sería conveniente esperar a que ella misma se corrigiera? ¿Tenemos acaso derecho a avergonzarlo en forma pública? ¿Sabemos hablarle con el respeto y educación que toda persona merece? ¿Le explicamos que nuestra preocupación es sólo por su propio bien para que pueda cumplir preceptos que lo llevarán a la vida eterna? ¿No será que queremos sentirnos superiores a él al mostrarle sus defectos que nosotros no tenemos? Cuántas preguntas más podríamos formularnos antes de corregir, pero la realidad es que a pesar de que hablemos con buen corazón y sólo por querer hacer una Mizva, no siempre los resultados son positivos. La sociedad moderna prefiere una especie de pacto silencioso: que nadie moleste al prójimo, que cada uno decida qué hacer por su cuenta. En la Torá existe el concepto de que "todo Israel es garante uno por el otro". Todo el que puede corregir al prójimo ya que sus palabras son escuchadas y no lo hace, es responsable de la transgresión como si él mismo la hubiera hecho. Nuestro pacto mutuo consiste en cuidarnos uno al otro para no apartarnos del camino de Hashem.

 

Una de las ropas del Cohen Gadol era el "sis", una lámina de oro puro que cubría su frente en la que estaba escrito el nombre de Hashem. El Talmud comenta que el "sis" perdonaba a los insolentes, en él estaba la fuerza para perdonar una de las peores cualidades del ser humano y cuyos símbolos más claros son el orgullo y la burla de quien se comporta con insolencia. Ese tipo de persona no se avergüenza de nadie, no respeta a los mayores ni a los Sabios; el odio, la pelea y la envidia son características que lo acompañan en su vida, no tiene problema en transgredir los preceptos de la Torá y no puede aceptar las críticas de quienes lo corrigen. Sobre él está escrito: "el insolente irá al infierno y el vergonzoso, al paraíso" (Pirke Abot 5). El Talmud en Besa 25 comenta: "hay tres que son insolentes eternamente: Israel entre las naciones, el perro entre los animales y el gallo entre las aves". El Midrash aclara el concepto: "¿acaso crees que el concepto insolente es en forma despreciativa? Por el contrario, se refiere a que el Iehudi está dispuesto a entregar su vida y no renegar su fe". Ése es el caradurismo positivo y comenta sobre Ribi Abá bar Zaminá, alumno de Ribi Zerá que en una oportunidad en la que estaba trabajando como sastre en la casa de un gentil en Roma, el dueño de la casa le trajo carne taref y lo amenazó: "o la comes o te mato". El Rab le respondió: "aunque me mates no comeré taref". El gentil luego le explicó al Rab que sólo quería probarlo y que lo hubiese matado realmente sólo si hubiera comido, ya que todo ser humano debe respetar su fe (Ierushalmi Shebiit capítulo 4).

 

Debemos buscar lo positivo de la insolencia. Después del suceso del becerro de oro, Hashem dijo: "Observé a este pueblo y es duro de cerviz" (Shemot 32). Una de las maneras de explicar este versículo es que Hashem dijo que precisamente por eso les había entregado la Torá, ya que luego de recibirla no se apartarían de ella y sin embargo ahora habían pecado con el becerro. En resumen, debemos trabajar para aceptar las correcciones, no escuchar los consejos de los perversos, utilizar la insolencia para no avergonzarnos del cumplimiento de los preceptos y elevar nuestras plegarias al Todopoderoso para que nuestros dirigentes tengan la raíz de Aharon Hacohen, para que bajo esa dirección pura tengamos el mérito de corregir nuestras cualidades y hacer el bien a los ojos de Hashem y de todos los que nos rodean.