Agradecemos a Alberto Sueke por darnos autorización de publicar esta sección.
PERASHA
TERUMA:
"Los
Kerubim y nuestros hijos"
Leemos en esta Perasha sobre la construcción del Mishkan con todos
los elementos que lo componían. La Torá describe la forma y las
medidas de esos componentes con un detalle y precisión que llaman la
atención. Podríamos preguntarnos: ¿para qué fue necesario
ese detalle tan estricto? ¡El Mishkan sólo se construyó por el
período que debían estar en el desierto! La respuesta de nuestros
Sabios es que del Mishkan debemos deducir enseñanzas para todas las
generaciones, como bien explica el Sefer Hajinuj: "Todos los objetos del
Mishkan indican temas elevados sobre los que la persona debe reflexionar para
poder comportarse en forma correcta gracias a ese análisis".
Analicemos algunas de las enseñanzas de sólo uno de esos
componentes: los Kerubim.
En el Kodesh Hakodashim -el lugar más sagrado del Mishkan- se
encontraba el "Aron Hakodesh", o sea el Tabernáculo en cuyo
interior estaban las tablas de la ley y que estaba cubierto por una tapa de oro
llamada "Kaporet". Moshe fue ordenado: "Y harás dos
Kerubim de oro ... desde los dos extremos del Kaporet ... Y serán los
Kerubim con sus alas extendidas por arriba sobre el Kaporet y sus rostros estarán
uno frente a su hermano" (Shemot 25). El orden, la forma y la posición
de los Kerubim reflejan no sólo la belleza y el esplendor que poseían,
sino que por sobre todo indican bases fundamentales con respecto a la educación
de nuestros hijos. Por cierto, el Talmud en Jaguigá 14 comenta que
los Kerubim tenían aspecto de niños y lo deduce del propio término
Kerubim que traducido al arameo significa: "como jóvenes". Los
niños de Israel son valorados por la Torá como el propio Aron
Hakodesh, ya que los Kerubim estaban apoyados sobre él, demostrando
así que ellos son factores determinantes para que la Torá se
engrandezca e ilumine. Pero para que ello sea posible, deberán cumplirse
las condiciones detalladas en los propios Kerubim.
En primer lugar, las alas que las figuras de los Kerubim poseían,
estaban extendidas hacia arriba. Las alas representan para las aves la
posibilidad de elevarse y sobreponerse a cualquier situación difícil
que se presente. Si el ave -por ejemplo- se sumergió en el barro o algún
peligro se le presentara, en caso de que sus alas se encuentren sanas e íntegras
podrá elevarse y superar la dificultad. Pero pobre del ave cuyas alas estén
partidas o lastimadas, quedará sumergida en el barro o no podrá
escapar del peligro que la acechaba. Las alas que nuestros jóvenes
poseen están simbolizadas en la fe en Di-s que les permitirá
superar cualquier prueba que se presente, no caer en el temor por algún
acontecimiento negativo que la vida depare y tener el espíritu y la
fuerza necesaria para sobreponerse frente a cualquier tropiezo.
Bienaventurado el ser humano cuyas alas están extendidas hacia arriba.
Pobre de aquel que la desesperanza y el pesimismo gobiernen a su propio ser.
¿Por qué eligió Hashem la figura de un niño para
colocarla en el Mishkan y no cualquier otra imagen de las tantas creaciones que
existen en el mundo? Quizás para enseñarnos que Hashem valora el
deseo de aprender y crecer espiritualmente -como normalmente sucede con un niño-
sin considerarse a sí mismo como si ya supiera todo lo que se pueda
explicar. El profeta Hoshea 11 expresa en nombre de Hashem: "porque es un
joven Israel y lo quiero", significando que cuando Israel se comporta
como un joven, o sea con ánimo de aprender y evolucionar, es cuando
Hashem le perdona cualquier falta que pueda existir y lo quiere. En todo el
Talmud nuestros Sabios son mencionados con el nombre de "Talmid
Jajam", que significa literalmente "alumno del sabio" y no
propiamente sabio. Precisamente ésa es la grandeza que poseen,
considerarse a sí mismos como alumnos con un deseo profundo de aprender. No
existe en los valores de la Torá el permanecer estático, siempre
debe existir la voluntad de progresar en el estudio y en el cumplimiento.
Quien permanece en el mismo nivel, en realidad está descendiendo de
categoría.
Por otra parte, toda la importancia de los Kerubim se sintetiza en lo que
la Torá resalta: "sus rostros estaban uno frente al otro"
(Shemot 25). El ser humano debe querer al prójimo y debe estar
permanentemente atento a las necesidades de quien se encuentra frente a sí.
Con esta base se debe educar a un niño judío, debe aprender a
querer y a valorar a cada Iehudi. El Talmud en Babá Batrá 99
presenta una contradicción entre este versículo y el de Dibre
Haiamim 2-3 -que detalla la construcción del Bet Hamikdash por el rey
Shelomo- en donde está escrito que los Kerubim dirigían su rostro
hacia la pared de la Casa Sagrada. La respuesta del Talmud es que sucedía
un milagro por el cual los Kerubim se movían -a pesar de tratarse de
bloques de oro macizo- de acuerdo con la condición espiritual del pueblo
de Israel: cuando hacían la voluntad de Hashem se miraban mutuamente. En
cambio, cuando se apartaban del camino de Hashem sus rostros milagrosamente
giraban hacia la pared. ¿Por qué el milagro no sucedía en forma
inversa? ¿Por qué cuando el pueblo de Israel cuidaba el camino de Hashem
los Kerubim no miraban hacia la pared y cuando se apartaban de la senda de la
Torá se observaban mutuamente? Quizás para enseñarnos este
aspecto: hacer la voluntad de Hashem significa mirarse uno hacia el otro y
tener en cuenta las necesidades del prójimo. Pero si sólo se
limita la persona a observar su casa y su propia pared, es un reflejo que no está
actuando de acuerdo con la voluntad de Hashem. Este concepto se refiere no sólo
a estar atento a las necesidades materiales del prójimo, sino también
a las espirituales esforzándonos en transmitir y difundir los preceptos
de la Torá a todos nuestros hermanos. El Pirke Abot 1 nos amplía
el concepto: "si yo no me preocupo por mí mismo, ¿quién lo
hará?". O sea, debemos esmerarnos en aprender la Torá por
nuestros propios medios. Pero la Mishná continúa: "y cuando sólo
me preocupo por mí mismo, ¿quién soy?", significando la poca
validez de quien se preocupa por crecer espiritualmente sin transmitir al prójimo
sus experiencias.
El versículo de los Kerubim finaliza: "hacia el Kaporet se
dirigía la faz de los Kerubim" (Shemot 25), enseñando que
toda la importancia de los Kerubim radicaba en que observaban al Kaporet debajo
del cual se encontraban las Tablas de la Ley. Es fundamental transmitir este
concepto a nuestros hijos, ya que todo ser humano -especialmente los jóvenes-
puede considerarse a sí mismo como algo especial, como si de él
comenzara la historia y que tiene la opción de vivir de acuerdo con su
libre criterio y entendimiento. Por eso, se debe poner el acento en educarlo
desde su niñez en que se trata de la continuación de una cadena
que comenzó mucho tiempo atrás y que lo obliga a no apartarse del
camino que nos marcaron nuestros antepasados. En el momento en que el pueblo
de Israel se encontraba en el monte de Sinai para recibir la Torá, les
dijo a ellos Hashem: "ciertamente les entregaré la Torá, pero
sólo si me traen garantes que la cuidarán". El pueblo de
Israel presentó como garantes a los Patriarcas y a los profetas, pero
Hashem no estaba conforme. Sólo cuando los garantes fueron los niños
de Israel pudieron escuchar la respuesta de Hashem: "ellos son buenos
garantes, por ellos les entregaré la Torá".
Por lo tanto, debemos educar a nuestros hijos en el camino de la Torá,
enseñándoles los conceptos escritos en ella que abarcan todos los
temas que existen en el mundo. Por otra parte, ese estudio tan sagrado permite
el desarrollo mental de nuestros hijos, que se acostumbran a razonar sobre cada
punto, especialmente cuando profundizan en los temas del Talmud.
En una oportunidad, un gentil se dirigió a un Rab y le preguntó
si era cierto que el estudio del Talmud desarrollaba la mente y que no existía
sabiduría en el mundo que se equiparara a él. Ante la respuesta
afirmativa del Rab, el gentil quiso comprobarlo y le pidió al Rab que le
diera algún ejemplo del tipo de estudio que ejercitaba la mente incluido
en el Talmud. Debido a la insistencia del gentil, el Rab accedió a su
pedido y le preguntó: "Dos personas cayeron desde una claraboya
hacia la tierra, uno se ensució y el otro no, ¿quién debe
limpiarse?". El gentil respondió: "es una pregunta muy
sencilla, el que se ensució debe limpiarse". El Rab le dijo:
"observa cómo no entiendes. Todo lo contrario: quien no se ensució
debe limpiarse". "¿Por qué?", inquirió sorprendido
el gentil. La respuesta del Rab fue: "el que se ensució observa cómo
su compañero no se limpia y piensa que él tampoco debe hacerlo.
Pero el que no se manchó, observa cómo el otro se ensució y
piensa que a él también le sucedió y se retira a
limpiarse". El gentil sorprendido le pidió al Rab una nueva
oportunidad y el Rab le repitió la misma pregunta: "Dos personas
cayeron desde una claraboya hacia la tierra, uno se ensució y el otro no,
¿quién debe limpiarse?". El gentil respondió: "recién
usted me aclaró el tema, el que no se ensució debe
limpiarse". El Rab le dijo: "observa cómo no entiendes. El
concepto es inverso, quien se ensució debe retirarse a limpiarse y quien
no, no se retira". El gentil comenzó a confundirse y le solicitó
al Rab una nueva oportunidad. El Rab le reiteró por tercera vez la misma
pregunta y en este caso el gentil le respondió: "terminamos de
aclarar que el que se ensució debe limpiarse". El Rab le dijo:
"no es así, ambos deben limpiarse. El que se ensució porque
observa que está sucio y el otro también se limpia, ya que al
observar a su compañero que está sucio cree que también
él lo está". El gentil admitió que no lo había
pensado y le pidió una nueva oportunidad y el Rab le repitió por
cuarta vez la pregunta. El gentil contestó que ambos debían
limpiarse como habían terminado de comprender. El Rab le respondió
que no era así: "ninguno de ellos debe hacerlo, el que no se ensució
porque se observa que no está sucio y el que se ensució no se
limpia al observar que su compañero está limpio y piensa que
él también lo está". El gentil se dio por vencido,
pero le pidió al Rab la última oportunidad y cuando el Rab le
reiteró la pregunta, el gentil en ese momento comprendió que el
Rab esperaba que él respondiera que ninguno debía hacerlo -como
habían concluído anteriormente- y le cambió la respuesta:
"¡Ambos deben limpiarse!". El Rab lo terminó de desconcertar:
"¿aún no entiendes? ¿Cómo es posible que dos personas hayan
caído al mismo lugar y una se ensucie y la otra no? ¡Es
imposible!". En resumen, el mensaje que intentamos transmitir es que el
estudio de la Guemará contempla todas las respuestas existentes sobre
cada tema en cuestión, lo que estimula el desarrollo mental de la persona
y en particular de los jóvenes y niños. Por otra parte, se
analiza por qué cada sabio responde de una forma determinada y en forma
contraria a la posición del otro sabio, alcanzando finalmente la conclusión
adecuada. No se trata de un estudio donde se repitan en forma automática
y de memoria los conceptos escritos en ella, sino que debe analizarse
profundamente cada posición para poder comprenderla. De esta forma, los jóvenes
se preparan para enfrentar cualquier situación de la vida analizándola
con detenimiento y profundidad.
Retomando nuestro tema y para finalizar, sólo nos limitamos a
analizar algunas de las enseñanzas que la figura y la posición de
los Kerubim nos transmiten. En forma similar, podríamos aprender
distintos conceptos del resto de los objetos del Mishkan. Pero concluyamos el
artículo con la siguiente reflexión: el Mishkan representa la
construcción que el pueblo realizó en el desierto aportando
distintos elementos para poder lograrlo: oro, plata, cobre, lino, aceite, lanas,
etc. Ellos poseían todos esos elementos, pero necesitaban también
el cuero de un animal llamado "tajash" que como explica Rashi, fue un
animal que existió en forma milagrosa sólo en esa época,
para que así pudieran obtener el cuero necesario para el Mishkan. También
utilizaron madera de cedro para la construcción, que pudieron disponer
gracias a que Iaacob Abinu había observado con su profecía que la
necesitarían. Por eso, cuando muchos años antes debió
descender a Egipto, había llevado consigo cedros que plantó y
ordenó a sus hijos que, en el momento en que salieran de Egipto, los
llevaran con ellos. En todas las construcciones que la persona realiza en su
vida: su hogar, su propio ser, sus hijos, su Bet Hakeneset, se necesitan estos
tres componentes. En principio todo lo material necesario para poder
lograrlo, pero también es fundamental -como los cedros de Iaacob Abinu
nos enseñan- seguir el ejemplo de nuestros Patriarcas, continuar el
rumbo que ellos nos marcaron y en donde este punto adquiere una relevancia
fundamental es en la educación de nuestros hijos. Tampoco debemos olvidar
la enseñanza del "tajash": se necesita la ayuda Celestial
para poder conseguirlo. En nuestras Tefilot, debemos rogarle continuamente
al Todopoderoso para que todas nuestras construcciones en la vida y -por sobre
todo- la educación de nuestros hijos, prospere en el camino de la Torá
y Mizvot. Que podamos ser testigos de que el nombre de Hashem no se aparte de
nuestros hijos y de los hijos de nuestros hijos hasta la llegada del Mashiaj. Amén.