Herederos de una sucesión viviente
En este Shabat habremos de transitar la segunda sección del Libro de
Shemot, que nos presenta el proceso -lento y fatigoso- que demandó la
liberación del pueblo hebreo de la esclavitud egipcia.
A la mediación ya incondicional de Moshé y su hermano Aharón, deberemos
sumar una terca y soberbia obstinación del Faraón, que pasada cada plaga,
responde, en palabras del texto: "endureciendo su corazón" y obviamente,
negándose a liberar al pueblo judío.
Siete serán las plagas que asuelen el suelo egipcio y sus aguas en el
transcurso de nuestra perashá. Sobre las mismas nos explayaremos la próxima
semana, cuando planteadas las tres últimas, sobrevendrá el instante
anhelado de la libertad. Allí, entonces, estableceremos las pautas
educativas -si así lo podemos decir- que ha dejado este triste y oscuro
episodio, conocido como "Eser Macot" -las "diez Plagas"- que hubo entre la
mediación y la salida final de la esclavitud egipcia.
Pero esta vez, quisiéramos poner nuestra atención sobre un aspecto que no
puede pasar desapercibido al lector -habitual o circunstancial- de nuestro
texto semanal. Los primeros versículos de nuestra perashá, hacen alusión a
un racconto histórico del cual Moshé es informado a través de La Palabra de
D-s. Es allí, entonces, donde escucharemos la siguiente promesa:
"Y os traeré a vosotros a la Tierra... Y la daré a vosotros por Heredad"
(en hebreo = "morashá") (Éxodo Cap. 6:8).
Del mismo se desprende que Moshé es informado acerca de una promesa
-formulada por D-s a los patriarcas- y que se refiere al futuro de sus
descendientes ligado a un espacio, una tierra de "promisión". Lo que
resulta difícil de comprender en el versículo citado, es el concepto final
del mismo, pues de momento que HaShem "los va a traer a la tierra, y se las
dará", ¿cuál es el sentido del concepto "Morashá"? Y aclaremos: en hebreo,
cuando se hereda algo, el verbo y el nombre empleados se pronuncia:
"Ierushá" (herencia), o bien "Ioresh" (heredero).
Comenta respecto a este versículo Rabenu Iaacob ben Asher, autor del famoso
Código Legal Arbaá Turím (Las Cuatro Columnas, código precursor de nuestro
Shulján Aruj) cuya autoría le valió el sobrenombre de Baal haTurím
(1269-1343): "A lo largo de toda nuestra Sagrada Torá, encontramos sólo dos
veces la palabra "Morashá" (heredad). En la perashá de Vaerá, -la sección
que nos ocupa-, es empleada dicha expresión para referirse a la Tierra de
Israel: 'Y la daré a vosotros por heredad'; y la segunda vez, en la perashá
'Vezót haBerajá' -la bendición con que Moshé se despide de todo el pueblo
judío antes de morir-, donde 'Morashá' hace alusión a la Torá: 'Torá tsivá
lanu Moshé, Morashá kehilat Iaacob' - 'La Torá que nos fue ordenada por
Moshé, heredad de la Congregación de Iaacob' (Deuteronomio 33:4).
"Así -asevera el Rabino- nuestro versículo viene a vincular a la Tierra de
Israel con la Torá del pueblo judío y decirnos, que por mérito de la
observancia práctica y la preservación de la Torá, heredarán los Hijos de
Israel La Tierra, tal como está escrito: 'Y les dio las tierras de las
naciones... para que guardasen Sus estatutos y observaren Sus leyes..."
(Salmos Cap. 105: 44-45).
"De esa manera también sentenciaron nuestros Sabios -de bendita memoria-:
'Guedolá Torá' -Grande es la Torá- (dimensionada como esencial, vital,
importante) que por mérito de ella, el pueblo de Israel será redimido de
entre las naciones".
El exégeta español, Rabenu Bejaié ben Asher (1255-1340), explica de este
modo el vocablo "Morashá": "Herencia Eterna". "El Santo Bendito Él aseguró
de esta forma -a los Hijos de Israel-, que la tierra prometida para ellos,
les sería entregada no tan sólo a aquella generación, sino que quienes
ingresen a ella por vez primera habrán de darla por herencia a sus hijos y
descendientes en pos de ellos".
De idéntica forma comenta Rabí Naftalí Tsví Iehudá Berlín (HaNaTSI"B de
Volozhyn, 1817 - 1893): "La Tierra le es prometida aquí a Israel como un
regalo para la eternidad, y será de ellos, no sólo durante el tiempo que
estén asentados en ella, sino también en épocas en que sean exiliados de la
misma por la fuerza..."
En el Libro Otsar Jaim -Tesoro de Vida- del Rab. Iaacob Zuckerman, que es
una vasta recopilación de dichos, frases y enseñanzas acerca de la porción
semanal, se nos enseña a partir del autor de LeNefesh Jaiá, el siguiente
criterio:
" 'Morashá' -explica el autor citado-, como queriéndonos insinuar:
Habitaréis allí como herederos de vuestros padres, quienes se sostuvieron
en ella solamente por mérito a la espiritualidad que emana de la tierra,
virtud que solo adquirirán cuando viváis en la tierra sagrada... Pero en
cuanto a lo material, a disfrutar de la misma, aún no la habéis disfrutado.
¿Con qué se lo puede comparar? Con aquel relato que nos cuenta que 'había
una vez un Gran Rabino, muy importante; los habitantes de la ciudad y de la
comunidad decidieron construir un lujoso palacio, para que vivieran en él
el Rabino y toda su familia. Asimismo habría también en el lugar una gran
sala reservada para su Tribunal Rabínico, del cual emanaría la Sabiduría de
la Torá con juicios justos y rectos.
"Pero la construcción demandó su tiempo, y ocurrió que al concluirla, el
Gran Rabino falleció -D-s nos libre-, y fue que vinieron sus hijos y
familiares, reclamando ese hermoso edificio, por ser ellos los herederos
del Rabino.
"Los hombres de la ciudad y los dirigentes comunitarios les dijeron: 'Si
hubiere entre Uds. alguien adecuadamente apto para reemplazar a vuestro
padre en el Rabinato, no habría problema alguno, y hasta sería posible
heredar el palacio, a pesar de que vuestro padre, el Rabino, de Bendita
memoria, no lo poseyó nunca en su vida. Empero, tal como se presenta la
situación, al no haber ninguno entre Uds. que pueda heredar el puesto
vacante dejado en el Rabinato, ¿cuál es vuestro derecho a esta casa, si aún
en días de vuestro finado padre -nuestro Rabino de Bendita memoria- la
misma todavía no le pertenecía?'
"Así se explica 'Y la daré a vosotros por heredad', con la condición de
'herencia', es decir, que puedan ocupar el lugar de vuestros padres en
ella, al menos, tan sólo por la espiritualidad que de ella emana".
Por último, el Rabino Mordejai HaCohen Z"L, nos brinda al respecto una
profunda y aleccionadora reflexión: "La Torá que nos fue ordenada por
Moshé, heredad de la Casa de Iaacob (Deut. 33:4). En las dos, tanto con
respecto a la Torá como a la Tierra de Israel, se ha empleado el término
'Morashá' -heredad- y no 'Ierushá' -herencia-. Esto nos viene a enseñar
que: así como la Torá requiere estudio y dedicación, pues si la persona no
se sienta y estudia, no adquiere conocimientos y no tiene 'parte y
herencia' en la Torá, así pasa con la 'Tierra de Israel', si no nos
asentamos en ella, y no nos dedicamos a construirla y a poblarla, no
tendremos parte en ella ni la heredaremos. Como hemos aprendido (Pirké Avot
2:12): 'Prepárate para el estudio de la Torá, que no te es dada a ti por
herencia', lo que significa: No digas 'la Torá es la herencia de ellos', y
como mi abuelo fue un gran sabio, y mi padre también, yo no necesito
estudiar...' por eso, 'Sabe que no te es dada por herencia; si, empero,
eres una persona dedicada al estudio de la Torá aun cuando tu padre y tu
abuelo fueron grandes sabios, sin duda 'la Torá golpeará a tus puertas...'
- 'Torá mejazéret al hajnasiá shelá' ".
No somos herederos. Debemos, en toda época y en toda circunstancia
"heredar-la..." Eso es "Morashá": tener a quién darle lo mejor de mí -mi
esencia, mis raíces, mi fe- con la esperanza de continuarme en él...