Agradecemos a Alberto Sueke por darnos autorización de publicar esta sección.
PERASHA VAIAKHEL:
"La mujer judía"
En la construcción del Mishkan, la Torá destaca en varias oportunidades
la participación de la mujer: "y vinieron los hombres con las mujeres ....
y toda mujer con inteligencia en su corazón en sus manos hiló .... y las
mujeres que elevarón su corazón con inteligencia hilaron sobre los
chivos" (Shemot 35). Nuestros Sabios nos enseñan que en el suceso del
becerro de oro las mujeres se negaron a entregar sus adornos de oro; en cambio,
para la construcción del Mishkan lo hicieron e incluso donaron los espejos que
utilizaban para embellecerse. Esto nos enseña el valor de la mujer en temas
tan fundamentales como la Sedaká y el favor al prójimo, como la propia
Guemará en Meguilá 14 comenta: "las mujeres son piadosas, hacen favores y
son vergonzosas". Por lo tanto, hay que prestar una atención especial a la
educación de las hijas de Israel, aprovechando este sentimiento especial que
poseen.
Los Jajamim nos relatan varios sucesos en donde la mujer se destaca por
su bondad, para mostrarnos así el poder que tienen para influenciar sobre sus
maridos y sus hijos beneficiándolos con la bendición que este proceder
ocasiona. En el Ialkut Shimhoni Rut 4 se relata un suceso sobre un Jasid que
empobreció. Mientras araba un campo, se le presentó Eliahu Hanabi con aspecto
de un árabe y le dijo que le regalaba seis años de riqueza y que debía elegir
si los quería en ese instante o al final de su vida. El Jasid no creyó lo que
le decía y lo expulsó de su lado, pero al repetirse esta situación por
tercera vez, decidió contarle a su esposa. La mujer le respondió: "dile
que los quieres ahora". Cuando el Jasid le respondió a Eliahu Hanabi, éste
le dijo que antes de regresar a su hogar sería rico. Realmente fue así, ya que
en ese momento sus hijos habían encontrado un tesoro del que podrían
alimentarse durante seis años. ¿Cuál fue la actitud de esa mujer tan
correcta? Le dijo a su esposo: "debemos agradecer a Hashem por este
milagro, pero también debemos ocuparnos de ayudar al prójimo con este
dinero". Así lo hizo y todos los días le decía a su pequeño hijo que
anotara en una libreta la Sedaká que daban. Al finalizar los seis años se
presentó Eliahu Hanabi delante del esposo y le dijo: "llegó el momento en
que debo quitarte lo que te di". La respuesta del Jasid fue que ahora debía
nuevamente consultar con su esposa. Ella le propuso: "ve y dile que si
encuentra a otra persona más fiel que nosotros, le entregaremos lo que nos
dio". Cuando Hashem vio el comportamiento que habían tenido, les brindó aún
más bienestar para que se cumpliera en ellos el versículo: "y será el
acto de la Sedaká paz" (Ieshaia 32).
El mérito de la mujer con respecto a la Sedaká es mayor que el del
hombre, ya que en la mayoría de los casos ella entrega al pobre comida
preparada, a diferencia del hombre que normalmente sólo da al pobre dinero con
el que pueda adquirir su alimento. El Talmud en Ketubot 67 comenta sobre un
sabio llamado Mor Ukbá que todos los días dejaba unas monedas en el orificio
de la puerta de la casa de un pobre, para que éste las encontrara al salir de
su hogar sin saber quién era su benefactor y de esta manera no se avergonzara.
En una oportunidad, el pobre decidió averiguar quién era el que lo ayudaba y
se escondió detrás de la puerta. Ese día Mor Ukbá iba con su señora. Luego
de dejar las monedas, se escaparon rápidamente cuando vieron que el pobre
intentaba reconocerlos. Se escondieron en un horno al que le habían retirado
las brasas pero que aún estaba caliente. Como a Mor Ukbá se le quemaban los
pies, su esposa le dijo: "apoya tus pies sobre los míos". El Rab
sorprendido, le preguntó cómo era posible que no se le quemaran los pies. Ella
le respondió con el concepto que comentamos: "por estar dentro del hogar,
mi ayuda a los pobres es superior a la tuya, ya que yo les doy alimentos y tú
das sólo dinero. Por ese mérito,
Hashem me protege".
Si la mujer fue importante por su aporte frente a la construcción del
Mishkan, mucho más lo es por su influencia en ese pequeño santuario que es el
hogar judío. Rashi comenta sobre el versículo: "se movían
los hijos en su vientre" (Bereshit 25), que cuando Ribka Imenu pasaba por
un lugar de Torá como la Ieshiba de Shem y Eber, era Iaacob Abinu quien quería
salir. Si -por el contrario- pasaba por algún lugar de idolatrías era Esav
quien se movía. Nuestros Sabios deducen de este concepto el valor de una madre:
si ella enaltece y ama nuestra Torá, nacen de ella hijos que se encaminan en
la senda de nuestro Patriarca Iaacob. Pero si ella valora la idolatría,
representada en la actualidad por la educación contraria a nuestras raíces y
principios, sus hijos seguirán el camino de Esav el perverso. Todo depende
de la madre. Su imagen es observada por sus pequeños hijos desde el mismo día
del nacimiento, su preocupación por el Kashrut de los alimentos, sus
cualidades, su delicadeza y su temor a Di-s influyen en la formación de sus
hijos quienes atentamente analizan su comportamiento que les quedará reflejado
durante toda la vida. Su rostro lleno de alegría, fe, optimismo, amor y
entrega por cumplir la misión que Hashem le otorgó, es observado por sus hijos
continuamente siendo ésa la primer enseñanza que reciben: una educación muda,
silenciosa, basada en un ejemplo de vida más que en palabras.
El Jafez Jaim solía hacer Tefilá con el mismo libro que su madre ya
fallecida utilizaba en vida. Era común escuchar de su boca: "yo sé
cuantas lágrimas derramó mi madre humedeciendo las hojas de este libro con sus
Tefilot, para tener un hijo que sea temeroso de Di-s". De acuerdo con la
escala de valores de la madre dependen las inclinaciones de los hijos. Si
ella se impresiona por los alcances de la ciencia, la medicina o cualquier otro
tipo de profesión, sus hijos se inclinarán por ser doctores, científicos o
profesionales. Pero si ella reitera a sus hijos la frase del rey David en
Tehilim 19: "es mejor para mí la Torá de tu boca que miles de oro y
plata"; si ella se impresiona no sólo de las aptitudes de sus hijos sino
del temor a Di-s que posean; si ella lee junto a sus hijos ejemplos del
comportamiento de vida que nuestros Sabios nos legaron, con seguridad que esos
hijos desearán ser dignos del elogio de su madre y el objetivo de sus vidas será
crecer en el camino de la Torá y los preceptos.
Cuando Hashem iba a entregar la Torá al pueblo de Israel, le dijo a
Moshe Rabenu: "así dirás a la casa de Iaacob y anunciarás a los hijos de
Israel" (Shemot 19). Nuestros Sabios explicaron que "la casa de
Iaacob" se refiere a las mujeres de Israel y a ellas se debía dirigir en
principio Moshe, ya que son las encargadas de educar a los hijos en el camino
de la Torá, para así obtener el futuro eterno del pueblo en todas las
generaciones. Sobre estas mujeres el rey Shelomo dijo: "una mujer
virtuosa quién encontrará? .... confía en ella el corazón de su esposo y
recompensa no le faltará .... su boca habla con inteligencia y la Torá del
favor está en su lengua .... se levantan sus hijos y la felicitan, su marido la
alaba .... es mentira la gracia y vana la hermosura, la mujer temerosa de Dis-
es alabada..." (Mishle 31). Hay quienes piensan que en nuestra generación
estos conceptos perdieron vigencia. Se pueden comprar comidas preparadas, enviar
la ropa al lavadero, que la mucama se encargue de la limpieza de la casa, que la
niñera cuide al bebé y que las maestras eduquen a los hijos. Pero todos
sabemos que pese a todos los adelantos tecnológicos, no hay nada que
suplante a la mujer en su hogar. En cada casa se puede distinguir la mano
trabajadora de la mujer o de lo contrario su pereza e indiferencia. La mujer que
con alegría se dedica a su familia sin sentirse discriminada ni disminuida por
la función para la que fue elegida por su Creador, no busca excusas para no
cumplir con su tarea o exceptuarse del trabajo. No piensa que es despreciada
dentro de las paredes de su hogar, ya que precisamente en él encuentra el lugar
apropiado para desarrollar la fuerza espiritual que dispone. ¿O acaso existe
una mayor felicidad para un hijo que encontrar a su madre en el hogar al
regresar de la escuela? Escuchamos las preguntas que hacen los niños cuando
la madre debe salir: "¿Cuándo regresas?, ¿podemos ir contigo?".
Incluso cuando la mujer compra comidas preparadas, dentro de sí está esperando
el reclamo de su esposo: "para el próximo Shabat prepara tú misma el
pan que es más sabroso".
La mujer judía es la fábrica de las almas del pueblo judío. Sobre
ella recae la educación natural de sus hijos, con sus palabras cálidas, suaves
y dulces sobre cómo hacer el bien a los ojos de Hashem y del prójimo, con sus
relatos llenos de valor y enseñanza enraiza en sus hijos el amor a la Torá. El
Talmud pregunta en Berajot 17: "¿cuál es el mérito por el que las
mujeres heredan el mundo venidero?". La respuesta es "por llevar a sus
hijos a lugares de estudio y por esperar a sus maridos cuando éstos concurren
al Bet Hakeneset a estudiar Torá", e incluso como comenta Rashi permiten
que sus esposos estudien en otras ciudades. Sucedió en una oportunidad en que
un gran sabio (El Radbaz) invitó a su casa en Sefat a distintos Sabios para la
lectura correspondiente al aniversario de su madre. Era una noche de pleno
invierno con nieve y cada persona llegaba muy abrigada, colocando su sobretodo
en un rincón de la casa. El Radbaz en forma repentina comenzó a llorar
desconsoladamente. Nadie sabía qué le sucedía y cuando le preguntaron,
respondió que lloraba por su madre, que a pesar de que hacían casi cincuenta años
de que había fallecido, aún no podía olvidarse de ella. Recordó el Radbaz
que en su niñez en Rusia había dos escuelas, una más adelantada que la otra y
que gracias al esfuerzo de sus padres lo educaron en la mejor de las escuelas
pese a que eran pobres y sólo tenían lo mínimo para vivir. Cuando la situación
se tornó aún más difícil, recibieron una carta de la dirección de la
escuela en la que les informaban que si no pagaban las cuotas correspondientes,
lamentablemente no podrían seguir enviando a su hijo. El padre del Radbaz se
encargaba de construir hornos para poder pasar el invierno y lamentándose le
dijo a su esposa que no tenía dinero para comprar ladrillos y así poder
construir un horno para una persona muy adinerada que se lo había solicitado.
La mujer respondió inmediatamente: "¡tengo la solución!".
Romperemos nuestro horno y con esos ladrillos podrás construir el horno para
esa persona tan adinerada". "Mi padre -continuó el Radbaz- aceptó el
consejo y la Torá que adquirí fue gracias a esa entrega de mi madre que estuvo
dispuesta a pasar el invierno sin comida caliente y sin calor en su hogar, para
que su hijo pudiera estudiar Torá en la mejor escuela".
Sin lugar a dudas que el hogar judío a lo largo de la historia fue y será
la garantía por excelencia de nuestra continuidad como nación. Es el escudo
que nos protege de aquellos que intentan exterminarnos espiritualmente y la
mujer judía tiene el mérito de ser la principal protagonista de ese hogar.
El Talmud en Sotá 17 comenta: "un hombre y una mujer que tuvieron mérito,
la Shejiná se encuentra entre ellos; de lo contrario, el fuego los
consume". Cuando la pareja se esfuerza para que la presencia Divina los
acompañe y conducen el hogar con las bases de las Torá y el temor a Di-s, el
Shalom reina en ese hogar ya que el objetivo que se persigue es hacer la
voluntad del Creador. En este punto, es fundamental el trabajo de la mujer como
bien lo atestiguan nuestros Sabios diciendo: "la casa .... es la
mujer" (Iomá 2), significando que es digno de llamarse el hogar de acuerdo
con el nombre de la mujer por el sentimiento puro que ella posee. Bienaventurada
la mujer que sabe valorar el legado que Di-s depositó en sus manos y es la
responsable que la Shejiná pose en su hogar, educando a las futuras
generaciones en el camino de los preceptos y asegurando nuestra continuidad como
pueblo.