Vaiakhel
Ser consagrados a partir de un Día Sagrado...
"Congregó Moshé a toda la Asamblea de los hijos de Israel y les dijo a
ellos: Éstas son las cosas que ha prescripto HaShem, para hacerlas. Seis
días se habrá de hacer trabajo, empero el día séptimo será para vosotros
consagrado, Shabat, día de descanso ante HaShem..." (Shemot, Cap.35:1,2).
El segundo libro de nuestra Torá está alcanzando sus últimas perashiot.
"Vaiakhel", la anteúltima de ellas, nos propone un momento de re-unión, de
congregación multitudinaria de todo un pueblo. Así lo insinúa el vocablo
Vaiakhel, que incluye el concepto de Kahal, y en extensión el de Kehilá. El
cuerpo social y espiritual va cobrando forma en el deambular por el
desierto, y se va integrando -junto al aprendizaje y práctica de las
mitsvot- a la centenaria ya cadena iniciada por el patriarca Abraham.
Leímos en el transcurso del Sefer Shemot, acerca de un lugar -"Mará"-,
característico por sus amargas aguas, que "...sham sám lo jok u-mishpat",
allí fue donde Israel comenzó a ejercitarse con las mitsvot, pasos previos
a Matán Torá, a la Revelación Divina en el Monte Sinaí. En esa ocasión,
ensena el Midrash, los hijos de Israel fueron interiorizados acerca del
cumplimiento de las normas de Shabat, entre otras.
Sin embargo, junto a la sección pasada de "Ki Tisá", es nuestra perashá la
que enfatiza en detalle los aspectos de observancia y santificación del
séptimo día en el seno de la comunidad del pueblo judío. "Vaiakhel", es,
como su nombre lo indica, el ingreso del Shabat en la Kehilá de Israel.
El momento durante el cual nuestra perashá hace mención del Shabat, tiene
que ver con los instantes previos a la erección del Mishcán, el Santuario
Móvil, que sería construido con las donaciones de cada una de las doce
tribus. Este Tabernáculo, que se habría de levantar en medio del desierto
estéril y temible, era una construcción singular, a la cual hemos hecho una
extensa e intensiva referencia.
Sin embargo, el día de Shabat no debería ser profanado ni siquiera para
levantar un lugar sagrado como el Mishcán. "Binián haMishcán einó dojé
Shabat" sentenciaron los Sabios de Israel, al apreciar la contigüidad de
los textos entre el día séptimo y su observancia y los menesteres de la
construcción del Mishcán.
Así también, de las labores mencionadas en ocasión de los trabajos
realizados para levantar el Santuario, habrán de deducirse -bajo un
profundo y meticuloso estudio rabínico-, los trabajos prohibidos durante el
transcurso del día consagrado por D-s durante la creación del mundo, y
ahora depositado en manos de toda la congregación de sus fieles.
Estos trabajos, denominados "Abot Melajá" fueron ordenados por la tradición
rabínica en treinta y nueve tipos, a saber:
1) Zeri'áh = Plantar/Sembrar;
2) Jarishá = Arar;
3) Ketsirá = Arrancar o cortar;
4) Hame'amer = Apilar o formar atados;
5) Dishá = Trillar, separar el grano;
6) Zeryiia = Arrojar granos al viento;
7) Berirá = Seleccionar;
8) Tejiná = Moler;
9) Harkadá = Cernir o tamizar;
10) Lishá= Amasar;
11) Afiá o Bishul = Hornear y cocinar;
12) Guezizá = Cortar lana o pelo del cuero;
13) Libun = Limpiar cualquier material;
14) Niputs = Peinar lana u otro material;
15) Tsebiá = Tenir;
16) Tevyiiá = Hilar;
17) Hansajat hamasejet = Colocar hebras en posición horizontal en el telar;
18) Asiat baté nirim = Colocar hebras en posición vertical;
19) Arigá = Tejer;
20) Petsi'á = Sacar una hebra;
21) Keshirá = Hacer un nudo;
22) Hatará = Deshacer un nudo;
23) Tefirá = Unir trozos de material;
24) Keri'á = Desgarrar o cortar;
25) Tsidá = Cazar;
26) Shejitá = Degollar (matar ritualmente);
27) Hafshatá = Despellejar;
28) '-Ibúd '-or = Preparar la piel del animal;
29) Sirtut = Trazar líneas sobre la piel para marcarla antes de cortarla;
30) Mejikát ha'-ór = Extraer el pelo de la piel para suavizarla y permitir
su escritura;
31) Jituj = Cortar;
32) Ketibá = Escribir;
33) Mejikat Ketab = Borrar letras o ilustraciones;
34) Benyiá = Construir;
35) Setirá = Destruir;
36) Kibui = Extinguir un fuego;
37) Hab'ará= Encender un fuego;
38) Maké bepatish = Dar el toque final a un objeto para terminarlo;
39) Hotsaá = Transportar en la calle o llevar de la casa a la calle y de la
calle a la casa.
Naturalmente hay muchos más de treinta y nueve tipos de "melajá" prohibidos
en Shabat, hay centenares. Estos treinta y nueve tipos son sólo categorías,
cada una de las cuales incluye muchas otras actividades semejantes. La
preservación de la Santidad pasa por establecer un "cerco" -"Seyag"- al
decir de nuestros maestros. Prohibir es proteger, en este sentido. Es hacer
que no se pierda la esencia. Poner a resguardo. Prohibir no es impedir. En
este caso, es poder crecer con límites...
Estamos entonces en presencia no sólo de una mitsvá más entre las 613
ordenadas por el Todopoderoso: será el Shabat un signo distintivo
-"Ot hi bení ubenejem"- como lo afirma el texto de la Torá, una senal que
nos habla de la Eternidad, de un vínculo de Eternidad entre el Creador y Su
pueblo.
Será entonces Shabat, el "tiempo" para afirmar en lo cotidiano, nuestra Fe
en D-s. Tal como lo afirma el Tehilím 92, precisamente: "Mizmor shir leiom
haShabat": es nuestra actitud para con Él y en extensión para con Sus
sabios preceptos, ya que "col hamekaiém et haTorá keilu kofer baavodá zará"
('todo aquel que observa los preceptos de la Torá es como si negara la
idolatría toda') debe ocurrir a lo largo de nuestra existencia, signada por
días y noches: "...lehaguid baboker jasdeja" - "pronunciaré por las mananas
Tu bondad", "ve-emunatejá balelot" - "afirmando nuestra Fe en Ti por las
noches", propone el salmo.
Así, el Shabat. Un Tiempo de Santidad. "Shabat Kodesh" se traduce como
"Shabat de Santidad". Y nuestra perashá parece insinuarnos que, antes de
poseer un lugar sagrado -como lo será el Mishcán en el desierto- deberemos
atenernos a un tiempo sagrado. De ahí entonces la dimensión del Shabat.
Si observamos el mundo de la Creación, apreciaremos que el concepto de
Santidad se aplicó por primera vez en el universo respecto de un día, de un
tiempo, que arribaría precisamente en el ocaso del sexto día, al comienzo
del Shabat: "...Vaibaréj Elokím et Iom HaShebií, Vaikadesh otó" - "Bendijo
D-s al sétimo día, y lo Santificó", explica el Sefer Bereshit. Shabat no
pertenece al "orden temporal del mundo". Su dimensión sagrada lo ubica por
encima de una cadena de horas y días que se enhebran formando semanas,
meses y anos para integrar el sentido propio de la eternidad, eternidad que
se conjuga entre la obra creada y el Creador.
Será el Shabat, la cuarta escala en la progresión ética de los diez
mandamientos ordenados en Sinai, actuando como enlace peculiar entre
aquellos preceptos vinculantes con D-s y los que nos ponen de cara a
nuestros semejantes. Por allí pasará Shabat, uniendo el "Yo Soy Tu D-s", el
"No tendrás otros dioses" y el "No pronunciarás el Nombre...", con el
primer escalón en la conexión "a tierra" aunque teniendo mucho de cielo en
el "Honra a tu padre y a tu madre". Allí se completará la Primera Tabla.
Cuando el Creador, su Senal exclusiva -el Shabat- y los responsables
terrenales en la transmisión -en tiempo y espacio-, los padres, sean los
pilares de esa Fe, que crece con el amanecer y se agiganta en cada
anochecer.
Por ello es que la ordenanza del Shabat se enclava aquí, en los instantes
previos a la creación de un espacio tan particular, del Mishcán, como
dijimos. Porque si Shabat es signo de nuestra fe en D-s, de Su Creación y
de la portentosa liberación de Israel de Egipto, "Zéjer liTsiat Mirtsráim
veZéjer leMaasé Bereshit", el Mishcán, el Santuario Móvil a erigir, es
senal de nuestro amor y compromiso por Su Torá. Pues el Mishcán, asiento de
Su Presencia, portaba en su reducto "más" interior un Arca, que contenía la
Ley, la Torá: el "Arón haKodesh". Un Arca que desde adentro, muy adentro,
llamaba también a la Santidad...
Desde entonces Shabat y Torá se entrelazarán para brindarnos la posiblidad
de Kedushá. Desde entonces, Shabat será día para lectura y estudio de Torá,
día para encuentros; para ser "santos". "...Kedoshím tihiú... beShabat
Kodesh..."
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Pekude
Erigiendo santuarios, día a día...
Arribamos en el presente Shabat a la culminación de un ciclo, el del Libro
de Shemot, segundo de nuestra Torá. Cerramos un capítulo en la historia de
nuestro pueblo, signado -como todo aquello que rodea al ser humano- de
elevación aunque también de profundas depresiones. El desafío, para el
estudioso de nuestras tradiciones y del relato-ensenanza bíblicos, es poder
"caminar y transitar" esa geografía que ofrece la Torá, que no es ni más ni
menos, que la biografía de nosotros mismos. En este sentido deberemos
aprender a resistir "las altas cumbres", como así también fortalecernos
para atravesar las oscuras tempestades de las profundidades... El Sefer
Shemot nos ha presentado todas las alternativas: desde la horrorosa y
discriminadora esclavitud a la cual fuimos sometidos en el Egipto de los
faraones a la portentosa liberación de ese yugo, obrada por el Todopoderoso
y guiada por Moshé Rabenu; desde la escasa convicción y la débil fe
insinuada por un pueblo de "ex-esclavos" hacia el milagro de las aguas del
mar Rojo... "Vaiaaminú BaHaShem ubeMoshé avdó", allí entonces, se
"fortaleció su fe en D-s y en Moshé, Su servidor"; desde la sutil y hasta
pueril queja del "qué vamos a comer o a beber" escuchada por Moshé y Aharón
-su hermano- a cada paso en el trayecto del desierto, al espectáculo que
rodeaba la caída del "man" -la famosa maná-, la comida celestial que
abasteció por espacio de cuarenta anos a un pueblo durante su travesía
hacia una tierra, cada día, al amanecer y cada viernes -erev Shabat- en su
"doble ración", como sinónimo de la bendición del séptimo día...
Así es el relato. Así es nuestra Torá. "La Torá se dirige al hombre en el
lenguaje del ser humano" sentenciaba Rabí Ishmael. Para insinuarnos que la
misma nos habla un idioma comprensible, accesible a nuestros oídos, para
nada difícil... Pero también nos presenta, nos indica cómo somos, quiénes
somos. Cómo hablamos, cómo sentimos, cuánto fallamos...
Tan antagónico resulta ser nuestro comportamiento, que el mismo llama al
asombro del Midrash, cuando expresa: ..."nitbaím la-éguel ve-notním,
nitbaím la-Mishcán ve-notním". El Midrash, esta maravillosa creación
intelectual rabínica, observa otra de las paradojas que plantea Sefer
Shemot, y es la referida a dos momentos cruciales en el devenir
histórico-religioso de Am Israel: ?cómo es posible comprender esta
dualidad? se pregunta el Midrash ..."Cuando se les pide oro para hacer un
becerro, lo entregan (gustosos), y cuando se les pide de su oro para
construir el Tabernáculo -"Mishcán"-, una suerte de Santuario "móvil"
(predecesor de lo que sería el Santuario de Jerusalém), lo entregan también
con todo corazón"... La conducta paradojal también es parte de nuestro
patrimonio. Pero no es buena. Habrá que educarse, superarse, habrá que
luchar incesantemente contra aquello que se interponga entre nosotros y Su
Voluntad...
Pero hay una cima, existe un alto en una pequena montana, cuya visión y
magnificencia le pertenece tan sólo a este Libro que concluimos hoy. Tal
vez -y no creo ser desmedido en ello-, sea el instante donde todos nosotros
-sin excepción de generaciones, ni de rango ni de status social o
económico- estuvimos "al pie de la cumbre espiritual" que puede anhelar
cada creatura, y ser partícipes -tal como lo aseveraron nuestros Sabios-,
de un momento, de una voz, de una eternidad...
Como podrán observar, nuestro libro posee cuarenta capítulos. El centro,
"la mitad" de los mismos, será obviamente el Capítulo 20. Allí estará
inserto nuestro compromiso con esa Eternidad. "Matán Torá", la Revelación
del Todopoderoso, Su Voz, reverberando en cada uno y uno de los oídos allí
presentes... "Aseret ha-Dibrot", las diez alocuciones emanadas de la
Divinidad, establecen -aunque no lo querramos- un límite en este Séfer
Shemot. Un límite hacia atrás: ya Egipto quedó en el olvido, pues eso será
lo primero y primordial:..."Yo Soy Tu D-s... que Te saqué de la tierra de
Egipto, de la casa de la esclavitud", principian los "mandamientos". No más
esclavitud, no más noches ni días donde la razón quede relegada a la nada;
no más tiranos que decidan quién vivirá y quién no...
Pero también hay un "delante": sólo que este "por-venir" es ilimitado. Las
compuertas de la historia se abren. Los pórticos de la vida dan la
bienvenida a un grupo de seres humanos que deberán saber cómo llegar hacia
aquello que no tiene "límite" ..."Devarím she-én lahém sheur" de acuerdo a
la tradición mishnaica. ?Cuál es la llave, nos estaremos preguntando? Algo
que dijimos, en medio del temor irracional, de la confusión y del
nerviosismo, pero que aún, así y todo, era la respuesta esperada: "Col
asher dibér HaShem, naasé ve-nishmá" - "Todo aquello que ha hablado el
Senor, haremos y escucharemos". Podemos discutir el orden tal vez, pero el
"producto" del mismo es inalterable: allí se encuentra la "llave" para
poder empezar: hacer y oír, oír y hacer... "Shemá Israel..." nos convoca
nuestra Torá a proclamar dos veces al día: "Escucha, oh Israel...", y a
partir de allí, del aprendizaje, llegar a la acción -"maasé"-. Una acción
que está dirigida
-sensiblemente- hacia la búsqueda de la "cumbre", pero sin olvidar que
debemos elevarnos desde nuestro escenario, que es la tierra.
Así concluye nuestro Segundo Libro, con la lectura de sus dos últimas
perashiot, proporcionándonos -en minucioso detalle- todo aquello que tuvo
que ver con la construcción del Tabernáculo -"Mishcán"-, esa suerte de
Santuario Móvil, que habría de guiar los pasos del pueblo judío, en un
camino sin senales ni rutas, como el camino del desierto. "HaShem roí...",
cantaba el Rey David: "D-s es mi pastor". Nada más apropiado. "Al tikrá
roí, ela reí", no leas "mi pastor" (roí), sino mi amigo (reí). Una
"amistad" que exige de nosotros amor. Amor responsable, irrestricto,
reverente. Sefer Shemot hablándonos de un espacio terrenal, donde poder
expresar ese amor... Ese espacio tiene medidas propias, dimensiones, algo
de cada uno de nosotros, y tiene -por sobre todo- la eternidad de Israel
-Nétsaj Israel-: "...ve-asú Li Mikdash, ve-shajantí betojám" - "Harán para
Mí un Santuario" dice el Todopoderoso, "y habitaré en medio de ellos"...
Cada uno deberá "hacer un Santuario" de su vida, de su hogar, de su
familia, de sus actos, de su capacidad de escuchar. La Divina Presencia
-"Shejiná"-, no tardará en anidar dentro de él. Sólo así tal vez,
comprendamos el lenguaje sabio y reflexivo que nos propone cada día y a
cada hora nuestra Sagrada Torá. Que habla -dicho sea de paso- "nuestro
mismo idioma". ?O no?