De que trata la Parasha:

1.  Yehuda se enfrenta a Iosef.

2.  Iosef se revela a sus hermanos.

3.  Iaakov recibe la noticia: Iosef está vivo.

4.  D-s se revela a Iaakov.

5.  Iaakov y Iosef se encuentran.

6.  Los hermanos de Iosef se presentan al Faraón.

7.  Iaakov ante el Faraón.

 

Haftará: Iejezkel 36:15

 

El profeta Iejezkel profetiza sobre la reunión de los dos reinados de Yehuda, e Israel, sabiendo que este último fue destruido hace años y sus habitantes exiliados.

 

Iejezkel sabía que la división entre lo dos reinados era muy profunda.

 

Efraím que representa al reinado de Israel ha creído conquistar su grandeza política aboliendo las leyes divinas y quiere sustituir la protección de D-s con alianzas inútiles con otros pueblos, sobre todo con los que iban hacerlo desaparecer.

 

El reinado de Yehuda, que reconoce a D-s y quiere permanecer fiel practicando una gran parte de la Torá, de hecho carece de confianza en D-, además no observa las leyes de justicia y no de valor del honor de sus semejantes.

 

Iejezkel anuncia la unión de los dos reinos, pero en un mismo espíritu para servir a D-s, de manera que sea plenamente realizado lo que Moshé Rabenu, nos había fijado en la sagrada Torá.

 

Y   Yehuda se enfrenta a Iosef.

 

C

uando los hermanos vieron que Iosef había tomado a Biniamim, no supieron como reaccionar. Yehuda, que era el responsable, tomó la iniciativa y así habló a Iosef: “Ruego a mi señor que escuche mis palabras, sin enojarse conmigo, aunque seas como faraón”.

 

- Será mejor que deje libre a mi hermano, porque si no usted y todo Egipto sufrirán las consecuencias. Recuerde bien lo que hicieron mis dos hermanos, Shimón y Levy, con la ciudad de Shem por haber faltado a mi hermana Dina. Mucho más podré hacer yo, pues ya habrá escuchado lo que hizo nuestro D-s al Faraón.

 

- ¿Por qué abres tu boca? – Contestó Iosef -, puedo ordenar a mi gente que termine con ustedes.

- Es mejor que sus hombres se cuiden de mí, ya que si llego a desenvainar mi espada. Mataré a todo Egipto. Empezaré contigo, oh virrey, y terminaré con el Faraón.

- Si sacas tu espada, la tomaré y la pondré en tú cuello y en el de tus hermanos.

- Si llego abrir la boca, te tragaré y destruiré todo tu país.

- Te taparé la boca con una piedra y no podrás hablar más.

- D-s, el Altísimo, es testigo de que no queremos pelear con usted – dijo Yehuda – devuélvanos a nuestro hermano y su país no será destruido.

 

Yehuda llamó a un lado a su hermano Naftalí y le pidió que contara cuántas calles había en la ciudad. Naftalí volvió y dijo que había doce. “Yo destruiré tres – dijo Yehuda – y cada uno de ustedes destruirá una y no dejaremos nada con vida”.

- Subiremos a las colinas que rodean la ciudad – dijo Shimón – y tiraremos piedras sobre la ciudad y en un momento mataremos a todos los habitantes.

 

Iosef vio que Yehuda estaba muy nervioso y que podría convertir en realidad sus amenazas. Entonces hizo una señal a su hijo Menashe para que pidiera refuerzos y en un momento llegaron cincuenta guerreros bien armados, que rodearon a los hermanos, que sintieron un gran temor.

 

Yehuda dijo: “¿Por qué tienen miedo? Estamos aquí por una causa justa y D-s nos ayudará” Yehuda sacó su espada y dio un grito que ahuyentó a los guerreros de Iosef.

- Muéstrale a este hombre que eres tan fuerte como él – Dijo Iosef a Menashe, quien comenzó a patear las paredes del palacio hasta que empezaron a temblar. Yehuda quedó atónito y preguntó quien era ese hombre tan fuerte. “Debe ser de la familia de Yaakov – dijo -, ya que posee tan tremenda fuerza. No me conviene comenzar una pelea; mejor trataré de hablar al virrey para que libere a mi hermano”

 

Cuando vio Iosef que yehuda se había tranquilizado, le preguntó: “Dime, ¿Por qué sólo tú peleas por tu hermano?”

- Porque le prometí a mi padre que le devolvería a mi hermano y si no lo hago habré pecado contra él para toda mi vida; por favor, ponga en libertad a Biniamim.

 

Iosef habló con Yehuda amigablemente: “Estoy dispuesto a dejar libre a tu hermano con la condición que me traigan a su otro hermano. Ustedes me contaron que él viajó a Egipto; si es así búsquenlo, que se presente ante mí y el será mi esclavo en lugar de Biniamim, ya que no podía tomarlo a él porque tienes que devolverlo a su padre” Yehuda comenzó a llorar de furia y dijo a sus hermanos:

- ¿Qué quiere el virrey que destruyamos todo Egipto?

Dijo Shimón a Iosef: “Ya le hemos dicho que no sabemos donde se encuentra nuestro hermano”.

 

Iosef se revela a sus hermanos

 

Iosef vio que Yehuda se encolerizaba nuevamente y no quería que eso sucediera; por lo tanto decidió hablarle en tono amigable.

- ¿Están seguros de que vuestro hermano murió?

- ¿Por qué mienten? ¿Acaso no me dijeron que ustedes lo vendieron? Si es así, ¿Cómo saben que murió? Yo lo compré como esclavo y ahora lo llamaré.

Entonces exclamó: “¡Iosef, hijo de Yaakov, Iosef, hijo de Yaakov! Ven aquí y habla con tus hermanos”.

 

Los hermanos se volvieron a uno y otro lado para ver por donde aparecía Iosef. Cuando vio Iosef que ya estaban tensos les dijo:

- ¿Qué están mirando? Yo soy Iosef ¿Aún vive mi padre?

Vio entonces que sus hermanos retrocedían y pensó: “Ahora mis hermanos se avergüenzan”. Por eso les habló dulcemente y también les mostró que estaba circuncidado, para que le creyeran que era Iosef, su hermano.

Sus hermanos no pudieron responderle pues se asustaron ante él. Yehuda, especialmente, tuvo miedo. Biniamim corrió hacia Iosef, lo abrazó fuertemente y lloró junto a él.

 

Los hermanos lloraron de emoción. “No se sientan mal por haberme vendido a Egipto – dijo Iosef – D-s así lo quiso, para que pudiese proveerles alimentos en la época de hambre”.

 

Al enterarse el Faraón y sus súbitos de que Iosef se había hecho conocer ante sus hermanos, fueron al palacio del virrey y se alegraron con él. El faraón le propuso que trajera a su padre y a sus hermanos a vivir a Egipto, donde les daría las mejores tierras. Se estaba refiriendo a Goshen, que estaba limpia de ídolos, y que el Faraón anterior había concedido a Sara, la esposa de Abraham.

 

Iosef ordenó traer regalos, vestidos y dinero para sus hermanos y se los entregó.

Biniamim recibió ocho vestidos y trescientos siclos de plata y a cada uno de sus hermanos le dio un vestido y cien ciclo de plata.

 

El Faraón les regaló once carruajes y les dio el carruaje especial para traer a Iaakov. Iosef mandó regalos para sus sobrinos y cuñadas, vestidos, productos de belleza y perfumes. A su padre le envió diez asnos y a su hermana Dina vestidos de oro, plata y piedras preciosas.

-Viajen rápido a Kenaán – dijo Iosef a sus hermanos -; díganle a mi padre que estoy vivo y que soy el virrey de Egipto. Si mi padre no creyera que esté vivo, recuérdenle que cuando me mandó a visitarlos a Shjem habíamos terminado de estudiar el tema Egla Arufa (Decapitado de la ternera. Estábamos solos cuando hablamos sobre el tema; ésa será la prueba de que estoy vivo.

 

Iosef despidió a sus hermanos y antes de que dejasen Egipto les dijo: “no riñan en el camino” Les dio otros consejos: “No discutan en el camino la culpabilidad de cada uno en mi venta a los medianitas, no se ocupen de discutir leyes, porque se les hará pesado el camino, y no se apresuren para no llegar con sol a la ciudad. Entren en los lugares por los que pasen antes de la puesta del sol y no salgan de ellos sino cuando salga el sol, para evitar cualquier problema”.