PERASHA VAIJI:
"Vacaciones: Alegres y Kasher"
Nos encontramos en la última Perasha del Sefer Bereshit. Antes de irse
del mundo, Iaacob Abinu reunió a sus hijos y comenzó a bendecirlos. A cada uno
de ellos le habló de acuerdo con las condiciones naturales que poseían para
que las desarrollaran al máximo posible. Intentemos referirnos en este capítulo
a la bendición que recibió uno de sus hijos: Isajar.
En dos versículos del capítulo 49, Iaacob bendice a su hijo Isajar diciéndole:
"Isajar es un asno robusto que yace entre cercos. Vio que el descanso era
bueno, la tierra agradable y extendió su hombro para soportar". ¿Cuál es
el sentido de la comparación de Isajar con un burro? ¿Por qué no lo igualó
con un caballo? Para comprender la respuesta, debemos recordar previamente que
la tribu de Isajar representa a los Sabios estudiosos de la Torá. Existe una
diferencia muy clara entre el descanso del burro y el del caballo. Cuando un
caballo concluye un día en donde fue montado por su dueño y debe descansar, es
indispensable retirarle su montura para que pueda hacerlo. En cambio, al burro
le alcanza con que le den un lugar tranquilo en donde pueda arrojarse con toda
la carga y el yugo que tiene sobre sí. En forma similar, la prueba verdadera de
la persona que convive con los preceptos y el estudio de la Torá es en el
momento del descanso. ¿Cuál es su comportamiento en ese período? ¿Se olvida
de las obligaciones que tiene como Iehudi? Si bien es necesario en los días de
vacaciones apartarse de la rutina diaria y de las preocupaciones normales de la
vida, ¿le está permitido olvidarse de Su Creador en esos días? ¿El lugar de
veraneo al que concurrirá tiene las condiciones de recato que la Torá
solicita? ¿Los alimentos que consumirá son estrictamente Kasher? ¿Hay un Bet
Hakeneset donde concurrir para realizar sus Tefilot con Minian?
Debemos entender que en cada momento y situación de la vida, las bases
de la Torá son ineludibles y nos acompañan por siempre. Tanto en el comercio,
la oficina, el hogar, el Bet Hakeneset o en el lugar de veraneo, debemos adaptar
nuestro comportamiento a las leyes de la Torá. Quien se encamina en esta senda
recibe el nombre de "Ben Torá", que significa "el hijo de la Torá".
¿Un hijo puede en algún momento perder su calidad de tal ante su padre? Ni
siquiera por un instante. Es lo mismo que sucede con quien se considera a sí
mismo como un hijo verdadero de la Torá. La raíz del término "Torá"
proviene de "Horaá" que significa "enseñanza", ya que la
Torá marca e indica las actitudes de la vida. No existe separación entre el
estudio y la práctica. Para
todo momento hay una jurisprudencia que determina cómo actuar.
Se cuenta sobre un Iehudi que se encontraba sumergido en su trabajo y su
única preocupación era conseguir dinero. Un día, su Rab se presentó
repentinamente en su comercio. El hombre sorprendido y absorto de observar a su
maestro en ese lugar, se dirigió a su encuentro. El Rab comenzó a reprocharlo:
"¿Es lógico que un Iehudi que cumple Torá y Mizvot se olvide de todo por
su trabajo? ¿Has olvidado el objetivo por el que fuiste creado? ¿Lo único que
te importa es el dinero?". Mientras el Rab continuaba hablando, el Iehudi
se estremecía por sus palabras. Como una señal de aceptación del mensaje que
su Rab le transmitía, el Iehudi sacó el dinero que tenía en su bolsillo y lo
arrojó al suelo. En ese instante, el Rab le gritó: "¡Qué haces! ¡Levanta
el dinero rápidamente y guárdalo en tu bolsillo!". El Iehudi quedó como
desconcertado sin saber qué hacer. El Rab se dio cuenta de la confusión que
reinaba sobre él y le dijo: "No me has comprendido, ven que te contaré un
suceso y me entenderás". El Rab le relató que en una ciudad, se reunían
todas las semanas los campesinos del lugar para conversar sobre temas comunes.
Uno de esos días, un campesino le dijo a su compañero: "Te veo
preocupado, ¿qué te sucede?". Su amigo en principio no quería contarle,
pero finalmente accedió a revelarle su problema: "Hace muchas noches que
sueño algo muy feo y me avergüenzo de contar el sueño a alguien". El
compañero le respondió: "Te ofrezco un trato. A mí me sucede lo mismo
hace varias noches. Cuéntame tu sueño y yo te contaré el mío". Así
hicieron y la sorpresa fue mayor cuando comprobaron que ambos habían soñado lo
mismo. ¿En qué consistía el sueño? En que la cosecha de ese año provocaría
la locura para quien la consumiera. La preocupación de ambos radicaba en que
ninguno quería comer la cosecha nueva para no enloquecer. Por otro lado, si no
la comían, el resto de la gente enloquecería y ellos serían los únicos
cuerdos. Tampoco era muy grata esa posibilidad, ya que una persona cuerda
conviviendo en un mundo de disminuidos mentales no es una alternativa agradable.
Decidieron ir a ver a un anciano sabio que vivía en el lugar para recibir su
consejo. El anciano les dijo: "Yo también tuve el mismo sueño. No sé si
viviré el año próximo, pero mi consejo es el siguiente: deben comer el cereal
de la próxima temporada. Sólo que antes de hacerlo deben atar un hilo a
vuestra cintura que les servirá como señal para recordar que en ese instante
enloquecerán. A diferencia del resto de la ciudad, que enloquecerán sin saber
que están locos, ustedes tomarán conciencia de que lo están". Luego de
narrarle este ejemplo, el Rab continuó explicándole al Iehudi: "Debes
ocuparte de la manutención de tu hogar. Es lógico y justificable. Pero cuando
observé que estabas tan sumergido en tu trabajo, intenté hacerte reaccionar
con mis palabras de reproche. Lo material no es el objetivo sino el medio para
el verdadero sentido de la vida: cumplir la Torá y los Mizvot. Debes recordar
continuamente que vivimos en una especie de "locura" con la corrida
por el sustento. El dinero es necesario para la vida como un medio y no como un
objetivo. Por eso te dije que lo recogieras del suelo". Este relato nos
deja como mensaje que en todo instante de la vida debemos recordar nuestra
posición como "hijos de la Torá" y todos los pasos de la vida deben
estar sustentados en ese título.
Hay una aparente contradicción entre el principio del versículo 15 con
el final: si Isajar vio que "el descanso era bueno", ¿por qué
concluye diciendo que "extendió su hombro para soportar"? ¿Qué es
lo que debe soportar? Debemos entender en principio que el verdadero descanso al
que Isajar se refería era a dedicar su vida al estudio y cumplimiento de la Torá.
Normalmente, se considera que el descansar y recibir los placeres mundanos le
dan a la persona la sensación de una satisfacción interna. Todos sabemos que
no es así. A veces, lo único que provoca es un gran deseo o confusión que lo
lleva a reclamar más placeres. Los Sabios lo comparan con una persona que
intenta apagar un fuego arrojando bencina sobre el mismo. O con quien toma agua
salada para saciar su sed. Por un instante, cree que ya está satisfecho, pero
enseguida se dará cuenta de que está más sediento aún. El verdadero descanso
se consigue sólo en lo espiritual, desarrollando el espíritu y haciendo crecer
el alma. Para ello, se debe tener presente lo que el libro Mesilat Iesharim
comenta en su primer capítulo: "La persona debe tener en claro cuál es su
obligación en este mundo y en dónde debe poner sus fuerzas".
En algún momento, puede parecer que la Torá priva a la persona de
encontrarse feliz. No es así, todo lo contrario: "Bienaventurados por lo
bueno de nuestra parte y por lo dulce de nuestra suerte" (Tefilá Shajrit).
En la Torá encontraremos toda la alegría. Los Sabios lo comparan con una
persona que provenía de un país subdesarrollado y que visitó una ciudad muy
adelantada. Observó cómo una persona se trepaba sobre una columna muy alta y
se ataba a sí mismo con unas sogas en la cabecera de la columna. El hombre
sorprendido preguntó: "¿Esta ciudad se considera adelantada? En mi país
es normal observar cómo cuelgan con sogas arriba de los árboles a quienes
transgreden nuestras leyes. Pero no lo hacen por voluntad propia, sino que son
llevados a la fuerza por quienes administran las leyes. ¡¿En esta ciudad
progresista se cuelgan solos?!". Seguidamente, escuchó la respuesta de uno
de los habitantes: "Te equivocas, el hombre que has observado trepado sobre
la columna es un electricista que está cambiando la lámpara que se encuentra
arriba de la columna. Se ata a sí mismo por su beneficio, para no caer desde
las alturas. Las sogas lo protegen, son ataduras de amor que lo cuidan para que
no se dañe". Es lo que sucede con las Mizvot. Todos los preceptos de la
Torá son para proteger a la persona de no caer en la trampa que el mundo y sus
placeres prohibidos le presentan. Lo que puede parecer difícil para otros, para
quienes se encaminan en la senda de la Torá es la mejor protección que pueda
existir, tan necesaria para la vida como el propio aire que la persona respira.
La Torá es dulce como la miel. No hay sufrimientos en ella. El Jafez
Jaim compara este tema con un comerciante de joyas preciosas que debió viajar a
una ciudad lejana para adquirir mercancía. Llevó consigo dinero para comprar
las joyas y también lo que sería necesario para los gastos de hospedaje y
comida. Luego de llegar al lugar y adquirir las joyas, se quedó sólo con 200
monedas para los gastos de regreso a su hogar. Cuando estaba por emprender la
vuelta, se le presentó un vendedor de joyas que le ofreció una mercadería de
mucho valor por un precio ínfimo. Le respondió que -lamentablemente- había
invertido todo su dinero y no disponía nada más que de unas monedas que
necesitaba para el regreso. El vendedor insistió y le pidió que por lo menos
inspeccionara las joyas que le ofrecía. Se daría cuenta de que era una
oportunidad especial, ya que tenía que desprenderse de ellas a cualquier precio
por problemas personales que lo aquejaban. Cuando el comerciante vio las joyas
se dio cuenta de que todo era verdad. No podía perder esa oportunidad de su
vida. ¿Cómo podía hacer? Luego de analizar, llegó a la respuesta justa. El
regreso a su hogar era sólo un camino de pocos días. Era preferible
"sufrir" en ese tiempo, comiendo lo mínimo posible y alojándose en
hoteles de un nivel inferior, pero al llegar a su hogar tendría las joyas en su
poder. Dejó consigo 20 monedas y con las 180 restantes adquirió las joyas que
le ofrecían.
En el camino de regreso, nadie podía comprender lo que sucedía. Un
comerciante millonario con el que se encontró le preguntó: "¿Cómo
duermes en un hotel tan inferior? ¿Por qué comes sólo comida tan
sencilla?". El comerciante le respondió: "Debes saber que gracias a
este "sacrificio" me convertiré en millonario". En ese momento
le contó lo sucedido y le mostró las joyas que había adquirido. El millonario
le dio la razón, pero le preguntó: "¿Cómo tienes fuerzas para
"soportar" esos hoteles de tan bajo nivel?". El comerciante le
respondió que cuando pensaba de esa forma, abría la valija en donde estaban
las joyas, las observaba y se tranquilizaba al recordar la riqueza que poseía y
la vida llena de lujos que se daría al regresar.
El Jafez Jaim concluía diciendo que así es la vida terrenal. Debemos
adquirir las joyas que existen en este mundo: estudio de la Torá y buenos
actos. Los pocos días de regreso a su hogar a los que se refirió el
comerciante de la joyas, representan los 70 u 80 años de la vida humana. Lo que
en apariencias es "soportar" en este mundo, equivale a deleite y
placer eterno en el mundo venidero. Si en algún momento se cruza un mal
pensamiento por la cabeza del ser humano, debe recordar la dulzura eterna que
recibirá por haber cumplido con los preceptos Divinos. Así se sobrepondrá al
instinto del mal que intenta seducirlo y vencerlo. Los preceptos no serán una
carga para él, sino que como Isajar: "extenderá su hombro para
soportar", sabiendo que la Torá es la que le otorgará la verdadera
felicidad.
No es casualidad que la lectura de esta Perasha coincida con el período
de vacaciones que anualmente tenemos. Quizás sea para recordarnos -como lo hizo
Iaacob Abinu con su hijo Isajar- que el Iehudi, si bien puede disponer de un
descanso físico necesario para recuperar sus fuerzas, nunca en esta vida tendrá
un descanso de preceptos. Sólo después de los 120 años la persona queda libre
de Mizvot. En este mundo no hay vacaciones de Torá. Ella nos acompaña a todos
lados y en cada paso de nuestra vida. Que Hashem nos bendiga para tener un período
de vacaciones con alegría, pero por sobre todo que sea "Kasher" con
todo lo que este término implica. Amén.