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Reflexiones sobre la Parasha
De que se tratan los Korbanot (Sacrificios que tomaban lugar en el Templo) y que tiene que ver esto con nosotros?
Para muchos de nosotros es difícil entender el concepto de Korbanot (sacrificios) que se llevaban a cabo en el Templo. Aprovechando que ese es el tema de esta Parasha, vamos a tratar de entender un poco de qué se trata el asunto de los Korbanot y qué representa en nuestros días.
Debemos primero saber que el Templo era el lugar más santo sobre la tierra, el punto de encuentro entre los cielos y la tierra, entre lo espiritual y lo físico. Y era justo en ese lugar en el que estábamos encomendados a ofrecer sacrificios. Tratemos de entender esto.
Nosotros somos el resultado de una composición de dos entes separados, uno
espiritual y uno físico, los cuales durante nuestra existencia en la tierra se
encuentran unidos. Cuando la persona termina su vida, cada uno de estos entes
vuelve al lugar del cual provino: la parte física vuelve a la tierra y espera
por la resurrección de los muertos y la parte espiritual vuelve a su reino,
viviendo entretanto en la cercanía de D—s, hasta que llegue el momento de la
resurrección de los muertos. Durante la vida, cada uno de ellos jala hacia su
dirección. Finalmente, quién seremos, queda determinado por nuestra(s)
decisión(es) sobre que dirección tomaremos.
El Ramban (Vaikra1:9) explica que nuestras acciones están compuestas de tres elementos: pensamiento, habla y acción. Paralelamente, el proceso de la traída de los Korbanot al Templo era así: D—S nos encomendó que después de haber pecado teníamos que traer un sacrificio y poner nuestras manos sobre su cabeza (correspondiendo a la acción) mientras que confesábamos verbalmente el pecado (correspondiendo con nuestra habla) y posteriormente quemar diferentes partes del animal en el altar. Los órganos que eran quemados, eran justamente los órganos internos que son el lugar en donde se generan los pensamientos y deseos (correspondiendo a los pensamientos). Las manos y piernas del animal también eran quemados ya que representan los agentes por medio de los cuales nosotros llevamos a cabo las acciones. La sangre, el alma, era salpicada sobre el altar.
Con todo y esto, es difícil de entender cómo el simple hecho de ofrecer a un
animal como sacrificio expía por cualquier pecado que uno haya hecho.
La persona al traer el sacrificio debía entender que en realidad es él el que debería estar sobre el altar. Que es él el que ha pecado contra su Creador, tanto con el cuerpo como con el alma. El increíble estado de Teshubá (retorno hacia D—s ) que la persona siente cuando está viendo el sacrificio y se imagina a él mismo estando en el lugar del animal, lo lleva a él (y al animal) a un estado espiritual totalmente diferente.
Está escrito: "Adam ki yakriv mikem Korban laHashem” (Vaikra 1:2). (El hombre, cuando sacrifique un Korban suyo para D—s). Por qué se utiliza el término Adam en este pasuk (versículo)?
El Nefesh Hajaim explica que al mencionar a Adam, la Torá nos quiere enseñar
como un sólo acto de Adam tuvo el poder de cambiar al mundo y al curso de la
humanidad!. Es como si la Torá nos dijera: ‘date cuenta de las consecuencias que
tienen tus actos! A pesar de que no veas los resultados de tus decisiones y
acciones, reconoce que tú también eres un Adam! Decide corregir la forma de
pensar que te llevó a cometer esa acción….. trae un Korban (sacrificio).
El Slonimer Rebbe Shlit”a, explica que esto es a lo que se refiere con la
palabra Mikem - tuyo. No traigas simplemente un animal! El sacrificio debe ser
hecho por tí! Sacrifícate a tí mismo! Sacrifica esos deseos, esos pensamientos,
esa forma de ver la vida que están asociados con la parte animal de la persona.
Si el Korban es Mikem (tuyo), en ese caso y sólo en ese caso, es considerado
Korban laHashem (un sacrificio para D—S); el verdadero significado de Korbán es
acercarse (el verbo Korban en hebreo viene de la misma raíz que Karob, cerca).
Por medio del verdadero sacrificio nos acercamos a D—s.
Está escrito en la Guemará de Menajot que "no importa la cantidad que se traiga
para hacer el sacrificio, lo importante es la intención de corazón que se tenga
al traer el sacrificio".
Desde que se destruyó el Templo por nuestros pecados, no tenemos ni Templo, ni
Cohanim, ni Altar. Pero dicen nuestros sabios que se instituyó la Tefilá, el
rezo, en lugar de los Korbanot. Y así como lo principal al traer un Korban era
la intención del corazón, de la misma manera es con el rezo. Como dice la
Guemará en Berajot "y Lo servirás con todo tu corazón. Pregunta ahí mismo, cuál
es el servicio que se lleva a cabo con el corazón?, a lo que responde la Tefilá".
Decir Tefilá sin ponerle corazón, es claro que no se puede llamar un servicio,
por lo tanto no es tefilá. No sabemos cómo tantas veces perdemos la
concentración en el rezo, y no hacemos más que leer corriendo y dejamos salir
las palabras de nuestra boca sin controlar lo que estamos diciendo, perdiendo
así la oportunidad de hablar con nuestro Creador y acercarnos a El. Con un poco
de concentración al momento de rezar podemos realmente hacer un servicio, una
tefilá como debe ser, con el corazón; sobre lo que está escrito en el Tehilim 51
“Los sacrificios para D—s son el ánimo roto, el corazón roto y golpeado. Eso D—s
no lo desprecia”, también está escrito que a pesar de que todas las puertas del
cielo se cerraron, la puerta de las lágrimas no se ha cerrado, está abierta. Que
pidamos de corazón, que nos acerquemos a D—s con el corazón en la mano, es lo
que El quiere.
En el Tanaj se relata la historia de Jana, una ejemplar mujer, la cual no podía
tener hijos, cosa que le dolía mucho, por lo que decidió hacer tefilá y pedirle
a D—s. En efecto su rezo, su llanto y su pedido fueron escuchados y tuvo un
hijo varón quien se convirtió luego en el renombrado profeta Shmuel.
Preguntan nuestros sabios, cómo fue esa tefilá de Jana que fue escuchada y
gracias a la cual pudo tener un hijo? Dicen que la tefilá de Jana fue la
siguiente: Jana se dirigió a D—s y le dijo: D—s me diste ojos y los uso; me
diste manos y las uso; me diste piernas y las uso; me diste boca y la uso…… Me
diste un vientre también, permíteme quedar embarazada y tener un hijo. Y Jana
quedó embarazada.
Si es así, entonces cualquier mujer que no es fértil puede dirigirse a D—s y pedirle que le deje usar su vientre, que sea fértil. No es esa es la intención de la tefilá de Jana?
No! dicen nuestros sabios. La tefilá de Jana fue: D—s me diste ojos, para qué
los he usado?, Acaso he visto algo prohibido?, No, los he usado sólo para ver
las cosas que me están permitidas, para estudiar la Torá; me diste manos, para
qué las he usado?, para pegarle a alguien?, No, para acariciar a alguien que
está triste y calmarlo, para dar tzedaká, para cumplir con las mitzvot; me diste
piernas, para qué las he usado?, para ir a lugares prohibidos?, No, sólo para ir
a la sinagoga, para dirigirme a cumplir mitzvot; me diste una boca, para qué la
he usado?, para burlarme de alguien?, para hablar mal de alguien?, no, para
decir tefilá, para difundir la Torá; me diste oídos, para qué los he usado?,
para escuchar que hablan mal de alguien?, no, para escuchar la sabiduría de
nuestros sabios y aprender de ellos, entonces le dijo: me diste un vientre que
tiene como función traer hijos al mundo, entonces dame por favor la posibilidad
de usarlo de la manera correcta.
Ahora podemos entender mejor por qué le fue respondido a Jana su pedido. Si
nosotros nos pudiéramos presentar así ante D—s y decirle: ‘todo lo que me has
dado lo he utilizado de la manera adecuada, estoy haciendo lo que debo hacer’,
entonces también seríamos respondidos inmediatamente.
La tefilá es una de las armas más fuertes que tiene el pueblo Judío. Nuestra
fuerza está en el rezo y en el estudio de la Torá. Para ambas cosas necesitamos
la boca, por lo que considero importante mencionar que si queremos que nuestras
súplicas sean escuchadas, debemos de cuidarnos de utilizar la boca de la manera
apropiada; no hablar mal de la gente, no insultar, ni hablar groseramente, ya
que de lo contrario le estaríamos haciendo daño al arma llamada tefilá, que
también sale por la boca.
Pidámosle a D—s por nuestros semejantes, por aquellos que necesitan las mismas cosas o parecidas a nosotros, sintamos las necesidades del otro y pidámosle a D—s por ellos. Si queremos que D—s sienta nuestras necesidades, demos tzedaká, ayudemos a otros de manera que abramos la puerta de la misericordia y D—s también nos quiera ayudar a nosotros, al ver que estamos dispuestos a ayudar a otros. Y por último, pidamos con el corazón y seamos como Jana, demostremos con nuestras acciones que tenemos con que justificar lo que le pedimos a D—s.
SHABAT SHALOM!!!
JODESH TOV!!!
PD Parcialmente basado en: Rab Ciner y Lekaj Tov.
Hecho por: Eli Avram y Dani Avram